13 diciembre, 2006

Spam y misterios.

Existen misterios insondables.
El progreso técnico parece imparable y los nuevos descubrimientos sorprendentes. No hace falta dar ejemplos, los tenemos todos en mente. Sin embargo, quedan a veces lagunas inverosímiles, no se solucionan problemas que parecen más fáciles. Un ejemplo que ahora mismo me mosquea: ¿acaso no hay manera de acabar con el spam?
El spam es una avalancha que crece y se multiplica. Me llegan cada día veinte o treinta mensajes de ese tipo. Los servidores de internet localizan muchos y los clasifican como tal spam. Se equivocan a menudo, en los dos sentidos. Pero ¿no hay manera de parar de modo efectivo el envío de esos mensajes? ¿Nadie es capaz de inventar nada eficaz al respecto? ¿No podemos defendernos de alguna manera? ¿Alguien me puede explicar ese fallo de nuestras tecnologías? Y, si no hay herramientas técnicas para evitarlo, que parece que no, ¿cuándo va a comenzar la persecución jurídica, penal incluso, de los responsables? Cuatro chalados del mundo se ponen a intercambiar a través de la red fotos de niños en paños menores y se topan con el peso de la ley aunque se escondan en el quinto pino y se camuflen bajo alias y se refugien en cibercafés de cualquier rincón. En cambio, cualquier cabronazo se dedica a bombardear con propuestas de alargamiento de pene o con preguntas de claves bancarias y parece que no pasa nada. No lo entiendo. Habrá explicaciones convincentes, pero me gustaría conocerlas.
Y ya sé que más raro resuta que no se trinque a más alcaldes y concejales empapados de mordidas inmobiliarias. Esta sociedad vigilada y supuestamente transparente está llena de agujeros negros.
Y, a propósito de más enigmas y mosqueos, aunque no tenga nada que ver: ¿no tiene pinta de cortina de humo lo de los islamistas detenidos en Ceuta solamente porque planeaban hacer planes? No sé, no sé. Uno dobla la piel de toro por su mitad horizontal y Ceuta cae poco más o menos encima de... Es como spam, ¿no? ¿Alargamiento de Estado?

Cursos, mentiras y excusas.

Va siendo hora de que intentemos llamar las cosas por su nombre y de que nos dejemos de posturitas farisaicas. Vayamos un poquito más al fondo absurdo de algunos problemas de los que aquí hablamos a veces.
Nos quejamos con frecuencia de la escasísima disposición que tiene la inmensa mayoría de nuestros estudiantes universitarios para participar en cualquier actividad intelectual o académica que no sea el emburrecido empolle de apuntes rancios o manuales alimenticios. El noventa y nueve por ciento de ellos sólo asisten a una conferencia, un curso de verano o un seminario obligados o a cambio de precio. Se les obliga cuando uno les dice que lo que ahí se hable “entra” para el examen siguiente. Se les compra cuando se les paga en créditos de libre configuración. Y ahí los tienes, esperando que pasen la hoja para firmar la asistencia y, mientras tanto, ni siquiera fingiendo que escuchan esa apasionante charla sobre las particularidades cromosómicas de la lenteja berciana o la interpretación teleológica de la última directiva de la UE sobre tala de árboles en jardines públicos de ciudades de menos de cinco mil habitantes; ellos, que están en tercero de Filología Inglesa o en cuarto de Biblioteconomía. Y, claro, hablan, comen pipas, enredan, bostezan, roncan, eruptan, se tocan las partes –propias o ajenas-, mientras el expositor diserta concienzudamente. Súmese a esas espurias motivaciones la circunstancia, archiconocida, de que a la mayoría de los estudiantes universitarios le importa exactamente un bledo todo lo que no sea comer, cagar y aprobar con el mínimo esfuerzo el próximo examen parcial. Así que no esperemos que esa gran masa acuda enardecida y motu proprio a oír hablar de nada de ninguna materia, incluidas las de su carrera. Van a clase, los pocos que van, porque toca y porque en algún lado hay que meterse en invierno para no estorbarle en casa a la asistenta. Y punto.
Con estas consideraciones nos repetimos, obviamente. Y echamos balones fuera. Porque falta que seamos capaces de responder a calzón quitado a la siguiente pregunta: ¿entonces por qué nos empeñamos en organizar cursos variados –de verano, de otoño, de invierno, de primavera, de extensión universitaria...-, ciclos de conferencias, charlas de colegas, etc., etc.? Si tan a disgusto estamos los profesores con esas actitudes del alumnado, ¿por qué nos empecinamos en seguir con esas actividades a las que nadie nos obliga? Ay, amigo, ahí está la madre del cordero. ¿Nos sinceramos? Pues ahí va: lo hacemos porque nos interesa y porque, al tener, como tenemos, auditorios cautivos, nos movemos en una estupenda impunidad.
Sí, ya sé que conviene discernir un poco. Algunos perseveran por puro idealismo y sin contraprestación de ningún tipo, es verdad. De vez en cuando cierto evento de ésos alcanza tales grados de excelencia y buena administración que hasta unos pocos estudiantes sucumben sinceramente a su encanto, cierto. Pero la regla no es esa, sino la siguiente: curso o ciclo con programa perfectamente tópico y aburrido –que no falte la palabra “globalización” en al menos un par de títulos, porfa-, conferenciantes pesadísimos o puramente diletantes, alumnado en régimen de estabulación obligatoria y ambiente general como para echar a correr. ¿Entonces?
Pues lo que muchas veces sucede en el fondo –con las excepciones que vengan al caso, repito- es esto. El profesor propone un curso de algo, se pone de director del evento y se asigna a sí mismo un par de conferencias. Eso supone entre 600 y 900 euros en total. No es mucho, pero te da para cambiar las cortinas de la salita. Como conferenciantes invitas también a dos o tres amiguetes, que van a quedar bastante agradecidos al embolsarse por esa charla, cuya calidad y preparación nadie controla, sus trescientos euros. Como pago de una conferencia bien preparada y documentada y expuesta con salero, es poco; como retribución para el que suelta una sarta de gilipolleces improvisadas y aprovechando que todos están dormidos, es una barbaridad. Si ese invitado es de fuera, miel sobre hojuelas, pues tendrá además pagado el avión y la nochecita de hotel, con lo que su contento se multiplica. Con un poco de suerte, sacamos también para la cena a la carta o para el suplemento de camastro para su parienta, que es cosa de lo más ostentoso aparecer de señor/a del conferenciante/a y dormir y comer por el morro. Y, como funciona el do ut des y el hoy por ti mañana por mí, ése que tú invitas hoy te va a invitar a ti cuando él organice algo. Es una rueda, tuya-mía-cabecina-y-gol.
Por si los alicientes fueran pocos, últimamente esas cretineces cuentan para el curriculum de uno. Mismamente la ANECA y las anequitas parroquiales valoran mucho que los acreditandos hayan sido organizadores de chuminadas así. Es que, encima, se te computa como mérito, manda narices. Te lo pasas pipa con los colegas, das el palo y, para colmo, te dan las gracias y te ponen una medalla. Hagan juego, señores.
Semejantes montajes son posibles gracias a uno de los inventos más perversos y sutiles que en el mundo universitario se han dado en las últimas décadas: los créditos de libre configuración. Su fundamento teórico, es decir, su disculpa, resulta de lo más atractivo: que cada estudiante universitario pueda disponer de un tanto por ciento de las horas de docencia asociadas a su titulación para recibir las enseñanzas que quiera. Es decir, usted es estudiante de Económicas y puede cursar con cargo a esas horas las asignaturas de Derecho Laboral o Derecho Constitucional. Genial, se enriquece su formación.
Ja, y un güevo. Eso no lo hace ni un uno por ciento. Inicialmente los estudiantes se matriculaban en masa en ciertas asignaturas divertidas: natación, fútbol y así. ¿Que no se cree usted que existan esas asignaturas? Pues no siga leyendo, usted sigue en la inopia académica. En la segunda fase algunos profesores comenzaron a inventar asignaturas “atractivas”. El nombre o el tema eran lo de menos, pues lo que las hace deseables es que se corra la voz de que el aprobado es general con sólo firmar cada día –personalmente o por persona interpuesta- en la lista de asistencia. Con eso los tales profesores no cobran nada a mayores, pero sirve para que parezca que curras a tope. Tengo un conocido troll que se lo monta sólo a base de tales pelotazos docentes y le va de cine. Con eso y un par de chupaditas que hace al mes al Clinton de turno está hecho un triunfador. Y el hallazgo definitivo consistió en regalar créditos de libre configuración a los estudiantes que asistan a ese tipo de cosas que estábamos analizando: cursos de verano, de invierno, ciclos de conferencias, etc. Éxito asegurado, ahí van de tres en fondo, movidos por el interés del respectivo tema o la incuestionable calidad de los ponentes. Ya lo sé, José.
Alguien pensará: bueno, así por lo menos tienen una razón para asistir, algo escucharán y algo se les quedará. Que no, hombre, que no. Que no. Que se niegan a escuchar y los pocos que lo intentan la mitad de las veces se arrepienten, pues no hay nadie que controle la mera decencia de conferenciantes y ponentes. Que se organiza cada cosa que es para echarse a llorar; o para coger las armas y tirarse al monte.
Entonces, ¿qué hacemos? Ah, espere, concretemos la pregunta. ¿Qué hacemos para qué? Si es para asegurarnos de que la noria siga girando, continuemos echándole morro y alimentando de créditos y premios a esos auditorios tan cautivos como alienados. Si es para que ni estudiantes ni profesores pierdan lamentablemente el tiempo, fuera con todos esos apaños de libres configuracines y chantajes. Que cada palo aguante su vela. Que a una conferencia vayan los que quieran y los que la fama, los méritos y las calidades del conferenciante determinen. Y al que Dios se la dé, San Pedro se la bendiga. Esmerémonos en actividades de calidad y luego veamos si el público estudiantil responde o no. Si es que no, critiquemos a conciencia. Pero no hagamos como ahora, cuando, con tantísima razón muchas veces, nos cebamos con los estudiantes, pero saliendo los profesores de rositas y quedando como vírgenes y mártires. Que al que dé una charla indocumentada y soporífera se le resten puntos de algo, aunque sea del carnet de conducir. Que al que invite a un colega oligofrénico a contar payasadas lo linche el auditorio o, al menos, que los multen a los dos. Y problema resuelto.
Jo, tengo un día fatal.

12 diciembre, 2006

Autonomía unibraguetaria. Gaudeamus.

Esta es una historia que parece real. Me llama mi amigo Benigno. Hace tiempo que no hablamos y me sorprendo. Benigno es hijo de una querida pareja de mi pueblo. Pero él se fue de Asturias muy joven y estudió su carrera en Valladolid. Ahora es profesor ayudante de Trigonometría Castellana en la Universidad de Béjar.
- Toño, qué tal hombre, ya sé que te casaste, jodío. A todo gochín le llega su sanmartín. – Así me saluda, desenfadado, como es él. Debe de sufrir por esas sierras adustas-.
- Coño, Benigno, qué gusto oírte, cuánto tiempo.
- Te llamo porque me hablaron de tu blog y quiero contarte una historia cierta y que me afecta, a ver si sigues teniendo lo que tienen los de Ruedes y te atreves a ponerla en tu página. ¿Os siguen saludando todos los compas a tus amigos y a ti?
- Los que saludaban, saludan. Y los que ya antes torcían el morro ahora bajan la jeta y salen corriendo a dárselas de matones en la cafetería, Benigno. Como el Troll, la mujer del Pecas, la Zapatones y tal. Ya no hay con quien contar ni para zurrarse, chico.
- Pues te voy a explicar ese caso que te digo y luego tú ves si quieres escribirlo.
- Cuenta, cuenta, que me siento periodista de investigación talmente.
Pobre de mí, lo que aún no sabía es que el periodismo de investigación era tipo Caca Rosa o Dónde Estás so Pendón. Resumo la historia que Benigno me narró con lujo de detalles y aderezada con tacos, juramentos y frecuentes alusiones al progenitor B de los protagonistas del cuento.
Resulta que en esa universidad suya, que no parece ni más ni menos virtuosa que las otras que conocemos, el rector se echó una novia. Bien, hasta ahí lo ampara su autonomía personal, pues la condición personal no la daña ni la disipa el estatuto rectoral; o sea, ellos también son personas, que diría el Neng de Castefa –en cuestiones televisivas mi desfase promedio es de dos años-, lo que pasa que a veces disimulan por pudor y modestia. Pero personas sí, magníficas personas.
Pues resulta también que la novia de turno es joven, caramba. Tampoco en esto hay especial originalidad, pues somos muchos los que nos damos a esa parte de la especie y del género. También es profesora y tampoco pasa ná por eso; sobre el particular, véase la nota anterior. Pero, córcholis, sucede que en esa Unibéjar hay un puñado de profesores ayudantes doctores que quieren promocionar a profesor contratado fetén o algo así, figura con la que se pilla un sueldo bastante mejor. Para eso hace falta que te haya acreditado la ANECA2, que es como una agencia de modelos académicos de ámbito nacional, o alguna de las anequitasmeallaesaspajassoguarro que nacen a la vera de cada Comunidad Autónoma, siempre en las zonas más húmedas y umbrías.
Pues esos aspirantes a profesor contratado de primera, entre los que se halla mi coterráneo Benigno, están acreditados por la ANECA, que es, como si dijéramos, que te han dicho que das la talla para todo el país y que vaya busto aunque sea operado. Así que van una y otra vez a ver a su magnífico rector y le dicen que bueno, que a ver, que pa cuándo, que por qué no solicita a la Apretada (perdón, quise decir de la Junta) los contratos de marras. Y el rector que un día silba tangos, otro día pasodobles y al tercero se arranca por seguidillas, pero de contratos para los anecados rien de rien. Perplejos, los profesores de condición manifiestamente mejorable se pierden en especulaciones e hipótesis: será porque es tímido, a lo mejor es que quiere ahorrar, nos tendrá preparado algo mejor. Benignos, que son todos unos benignos.
Un día, hace poco, mi apreciado Benigno propiamente dicho se va de vinos y se topa con un miembro del equipo rectoral, por la parte de abajo, decimonovena puerta a la derecha, sexta fila. Benigno le expone las cuitas de su colectivo –ay, qué ganas tenía de usar esa palabra un día- y el otro primero achanta, pero a la tercera libación se suelta y canta la verdad verdadera, que se puede sintetizar así: mira, chico, la novieta del magnífico también quiere un contrato de esos y todavía no ha conseguido acreditarse. Ahora anda Él, el Supremo, presionando en la agencia autonómica para que se lo hagan a su jai, pero todavía no lo ha conseguido. Y el otro día nos lo dijo bien clarito a los de su confianza: mientras la mi churri no pueda aspirar a uno de esos contratos aquí no se convocan esas plazas ni pa dios.
- Ay, Toñín, fiu, no sé por qué no nos quedamos con les vaques allá en el pueblín, esto de la universidá ye muy afogadizo. – Se ve que de repente le vino el ataque de nostalgia. A los asturianos nos sale el bable cuando estamos muy mal o muy bien, jodidos o jodiendo, sin términos medios.
- Calla, oh, Benigno, non ye pa tanto; qué más te da el cuchu de vaca que la mierda d´ésos.
- Les vaques caguen igual, pero no joden así a la gente, Toñín.
- Pues si ye por joder, non me paez a mí qu´éstos merezcan un honoris causa tampoco.
- Ye lo que hay, chico, tú verás si quiés contalo.
- Yo contar, cuéntolo, Benigno, pero como si digo misa, ya ves qué preocupaos deben tar. Toy seguru que en Béjar sábelo tol mundu y callen como muertos.
Y con esto y cuatro frases hechas, nos despedimos. Me quedó en el cuerpo la sensación de siempre. Déjà vu.
Gaudeamus igitur,
iuvenes dum sumus. (bis)
Post iucundam iuventutem,
post molestam senectutem,
nos habebit humus.
Otra vez, ¡todas!:
Gaudeamus igitur,
etc.

Minima moralia y una pepsi del tiempo.

Hay días en que el blog se vuelve de lo más fértil, gracias a las historias y reflexiones de los amigos que cuentan y comentan. Hoy, sin que sirva de prececente, me permito seleccionar y traer a primera plana tres aleccionadores comentarios. Uno va de lo de Pinochet y los otros dos de universitarios y burócratas. Gracias, compañeros.
Esto nos dice Ariadna (casualmente hoy en clase mencioné de pasada las teorías medievales y modernas del tiranicidio. Por cierto, no sé si tendrá que ver, pero he recibido un mensaje anónimo de un alumno cagándose en mis muertos; su prosa me suena como de verlo salir de misa o de alguna obra, pero a lo mejor me confundo):
Veo en El País la fotografía de unos soldados trasladando el féretro de Pinochet. Leo en el pie de página que la ministra de defensa asistió a la ceremonia. Y no entiendo (casi) nada. Leo el artículo de hoy de Arcadi Espada: "Todos estos detalles, incluidos los paradójicos atenuantes del caso español, basados en la evidencia de la persona interpuesta, no pueden hacer olvidar la profunda inmoralidad que conlleva la alegría por la muerte de un hombre. Tal vez se trate de un non sequitur moral, aunque lo he mirado lentamente por el derecho y por el revés. Pero todos los que exhiben la alegría de la muerte deberían hacerlo también en la hipótesis de una muerte violenta. Es más: en la medida de sus posibilidades deberían haber contribuido a que esa muerte se produjera. Y desde luego deberían absolver a sus autores de cualquier responsabilidad en el crimen. No tengo posibilidad de discutir el tema clásico, si hay razones (y cuáles son) para justificar el asesinato del tirano, e incluso del ex tirano (este ex... ¡oscura marca de legitimidad!). Sólo que este champán desbordante, esta refundación de la necrología y este repugnante «¡Viva la muerte!» son propios, peor que de un asesino, del que contrata un matón a sueldo". Y aún entiendo menos.Sin duda estoy espesa, o no tengo un buen día. Pinochet, ¿no fue ese que asesinó y torturó impunemente a tantas personas? ¿No fue un dictador? ¿No se cargó un regimen democrático a golpe de golpe de Estado? Si es así, y perdonen la simpleza, no entiendo a qué vienen tantos miramientos.
Esto nos lo cuenta un nuevo amigo, que firma "Fieramente Humano" (joer, cómo se ponen estos ángeles):
Esto está rescatado de un correo que envie en la tarde de ayer: Siento que te toque a ti ser la primera en oír mis estridencias (perdón de antemano), pero justo acabo de subir de una charla del profesor Zorita, una de esas del ciclo de conferencias para universitarios.Vengo de muy mala hostia, y lo peor que te podia pasar es que me pusiera al teclado. ¿Por qué?, porqué un montón de universitarios calentaban otras tantas sillas entre cuchicheos, gracietas y DESINTERÉS. Vale que el tipo podía ser algo más alegre a la hora de hablar, pero ¡coño! al menos alguien podía haber advertido que es un pozo de ciencia, todo el rato trayendo a colación citas de Chomsky, Marx, Ortega, casos históricos constrastados y documentados, expresiones dignas de un científico con visión global del conocimiento..., todo eso, siendo veterinario (no doctor en filosofía)...no sé hombre no sé, un poquito de respeto joder!! que somos mayorcitos.... Bueno no, que hostias, no sólo por la autoridad científica del conferenciante, no, no, es que hay más. Es que esa caterva juvenil (salvo excepciones) con estar allí y firmar en una hojita gana algo. Gana un credito y no se cuántos, y algunos, por lo que vi, creo que hasta ganan tiempo para pasar apuntes (cosa que posiblemente no harían en la cafetería o jugando al futbol), sólo sea por esa míninma ganancia curricular en forma y aunque ya solo sea por educación...digo yo que se debe poner un mínimo de atención, hombre..!!! El primer premio se lo lleva la tríada de intelectuales que se sentaron delante de mí, (en otra ocasión también cayeron cerca, pero aquel día entraron solo a firmar, me imagino que estarían muy ocupados en revisar la teoría unificada de la física cuántica...). Los tipos, bien vestidos, tirando a pijos y a insolentes, no paraban de hacer chistes sobre el catedrático o de hablar de gilipolleces. Cuando llegó el momento de firmar, el que parecía más revoltoso de los tres dijo un "uy, que bien", y seguido le pidió a un compañero "firma tu por mí, anda, pero haz la letra diferente, la letra diferente..." Hay que joderse...hasta ese extremo. Me parece ques este es otro argumento más que pone de manifiesto lo que pasa en esta mierda de país, universidad o llamese como quiera.
Y aquí está la aportación del bueno de AnteTodo:
Ahora, una sobre "autonomía universitaria". La nunca suficientemente maldita Agencia de Calidad de la Comunidad de Madrid (ACAP), a quien Allah confunda, se permite decir a las universidades quién debe firmar los documentos acreditativos de los méritos X, Y o Z. Así, no basta que la docencia de uno de los profesores la acredite el director de departamento, o el vicedecano de profesorado: no. Ha de ser el secretario de universidad o el de facultad. Si has impartido nosecuántas horas de doctorado, no lo puede acreditar el funcionario de tercer ciclo. Et sic caetera. Les comento que se meten en jardín. Me dicen: "tenemos capacidad normativa". El tío se enfadó porque se me escapó un "¿qué?" medio descojonado de la risa. No es más que una nueva humillación a la universidad. En este caso es Espe, porque los rectores (esos magníficos y excelentísimos, mágicos y alegres seres amigos de Garciamado) se le plantaron en su día...

11 diciembre, 2006

Mano Negra no se rinde.

¿Quién dijo que las críticas a los pedagoguitos y a los cursitos para tontainas con babero y power-point no salían de este blog?
Pues vean, hoy aparecemos a cara descubierta -tampoco aquí nos la cubrimos, conste- en El Diario de León, que ciertamente no es el New York Times, pero es lo que leemos en esta provincia que un día de estos va a ser autonosuya, nación y de tó. Vean, pulsen aquí encima y vean.
Se admiten donativos de cascos, escudos y antipolillas.
Dentro de poco tenemos que pasar a la fase dos: inscribirnos en unos cuantos cursitos de esos los que no tenemos nada que perder, salvo el tiempo, que no es poco. Y preguntar, opinar y tal. Hace rato que algunos queridos amigos me proponen organizar un grupo de dinamitadores de conferencias bobas y descojonadores del power-point. Puede ser un buen comienzo, para ir haciendo puños y tal. Como conviene siempre empezar con un lema, propongo este: para enseñar hay que saber... y para enseñar a enseñar, hay que saber más aún.
O sea, que un respeto y una cosa. Cuidadín.

Sobre la autonomía universitaria. El profesor Sosa Wagner en el Congreso de los Diputados

Un amable frecuentador de este blog, Luis Simón Albalá, aludía por ahí abajo a la intervención del mi admirado colega y gran amigo, y amigo también de este blog, Francisco Sosa Wagner, ante la Comisión de Educación y Ciencia del Congreso de los Diputados. Ocurrió el 7 de noviembre y merece la pena leer lo que el profesor Sosa manifestó ante tan preocupadísimos diputados. Los que leímos y admiramos su libro El mito de la autonomía universitaria ya conocíamos su pensamiento sobre la engañifa en cuestión, pero merece la pena repasar para volver a reflexionar, aunque no haya arreglo ni lo pretendan los muy disciplinados parlamentarios, tan considerados con los señores del feudo; perdón, quise decir con los rectores.
Vean las actas de la sesión en la siguiente dirección, teniendo en cuenta que las palabras del profesor Sosa están recogidas en las páginas 23 y siguientes del documento en PDF que se abrirá si pulsa aquí:

10 diciembre, 2006

Acueducto de Segovia, hoy. Por Francisco Sosa Wagner

Al pasear por Segovia se encuentra uno con el acueducto, una vista hermosa la de esta obra pública convertida en símbolo de una ciudad, en su seña de identidad, como ahora dicen los modernos del embrollo político.
Me acordé de Ramón Gómez de la Serna que tiene una novela que se llama precisamente “el secreto del acueducto”. Es una novela, como todas las de Ramón, desencuadernada, sin hilo conductor ni trama, como no sea el esfuerzo de trenzar ocurrencias, frases, ingeniosidades del lenguaje. No es una novela apta para quienes andan buscando un guión de cine o si Julio Alberto se casa con Yolanda Tania o si al final él la mata muerto de celos por las miradas que echa la gachís a un vecino que tiene el músculo altivo y trabajado. Las novelas de Ramón son para quienes gustan del lenguaje como gusta un castillo de fuegos artificiales, para el deleite momentáneo, fugaz, sin remuneración directa. Igual que una verónica de Sebastián Castella. Son placeres efímeros pero es que justo ahí está su busilis.
Véase un ejemplo de la prosa de Ramón: “don Pablo creyó que debía someter a su esposa a su mismo andar, como si fueran pareja del mismo tílburi. Macho y hembra”. Y luego: “no te lo digo, que me da vergüenza decirte estas cosas delante del campo”. Cuando se enfrenta a las tejas, Ramón dice de ellas que “el tiempo se las come como galletas tiernas para sus formidables dientes de anciano”.¿Somos muchos o pocos los que apreciamos esta forma de decir? No lo sé, tampoco me importa, a mí me gustan y las releo porque es una manera de dar un achuchón al diccionario y meter anarquía en su vida ordenada y alfabética. Ramón en la Academia de la Lengua hubiera sido un ser tan extraño como lo sería el pirata Morgan haciendo de magistrado en la sala de lo civil del Tribunal Supremo.
Pero a lo que íbamos: el acueducto. ¿Para qué sirve un acueducto? Pues para llevar el agua de donde está, allá en su regazo natural y en sus soledades desdeñosas, al lugar en que se consume porque los humanos se empeñan en instalarse en sitios raros. Esta simpleza, lejos de ruborizarme, es la que me llevó a pensar en el blindaje de los ríos, y de ahí pasé a los trasvases de agua de una cuenca a otra. La conclusión a la que llegué es que hoy, con la fiebre estatutaria y ecologista, no se hubiera construido el acueducto de Segovia porque se hubiera constituido una coordinadora y una mesa contra la obra que hubiera dado al traste con ella. O se hubiera visto envuelta en una maraña de pleitos contencioso-administrativos imposible de desenredar. Una cabalgata fastuosa de abogados y procuradores. Es decir que el intento hubiera quedado atrapado en escritos de demanda, en proposiciones de pruebas, en trámites de alegaciones, y en una catarata de considerandos, de sumandos y de normandos. Enterrado en cemento de papel.
Sin embargo, la obra se hizo porque de aquella no había estatutos ni coordinadoras y probablemente porque los romanos disponían de unas leyes destinadas a llevar a cabo sus proyectos, no a permitir su paralización indefinida por el juego de intereses encontrados (por lo demás, siempre inevitables). El resultado ha sido no solamente que muchos han bebido y se han lavado sus posaderas con el agua transportada a lo largo de los años, sino que se logró construir un emblema urbano.
Por eso, quien se opone a los trasvases debe oponerse también al gasoducto que trae el gas de Argelia o al que nos enchufará a las reservas rusas. Es decir, se apunta a la idea de que la armonía de la naturaleza diseñada por la divina providencia es perfecta y la mano del hombre no es quién para meter en ella la pata. Igualito que sostenía la Iglesia hace siglos ante determinadas construcciones, por ejemplo las vías férreas. De donde se sigue que quien más alejado cree estar de los postulados religiosos, más envuelto se halla en puridad por el discurrir teológico.
Paradojas, lector, acaso las alforjas de nuestras vidas.

09 diciembre, 2006

Libertad de expresión

La libertad de expresión es la madre de todas las libertades. Por eso la primera tentación de toda tiranía y de todo autoritarismo, y la primera propuesta de los poco liberales –en el sentido más noble de la expresión "liberal"- consiste en suprimirla o limitarla de múltiples modos, brutales unos, los otros sutiles. Y en esas estamos siempre, no hay tregua. Los amigos de la libertad han de aguzar su sensibilidad para defender ésa como la primera de todas; los liberticidas tampoco bajan la guardia e inventan cada vez nuevas excusas para oprimirla, domesticarla, someterla a otros imperativos privados o públicos.
Los que detestan la libertad de expresión se pueden encajar en dos grupos. Unos, los que piensan que la mejor manera de que un mundo ideal –esos mundos ideales suelen ser asquerosos y opresivos, pero ese es otro cantar- llegue a realizarse es hacer que antes se hable mucho de él. Otros, los que creen que la manera de evitar que el mal –y hay que ver qué cosas consideran algunos como manifestaciones del mal; por ejemplo, el libre uso del propio cuerpo entre personas con capacidad de elección que consienten- llegue a hacerse es evitar que se hable de él. En las tiranías esas dos vertientes, positiva y negativa de la censura, van unidas como dos caras de la misma moneda. Verdaderamente la distinción es meramente analítica, son dos manifestaciones del mismo fenómeno, aunque unos hagan más hincapié en un aspecto y otros en el otro. Algo de las dos cosas hay en el actual imperio del lenguaje políticamente correcto.
Una muestra de lo primero se da en los que opinan que si hay más clases de religión en las escuelas habrá más creyentes. Un ejemplo de lo segundo aparece en quienes creen que si se reprime la literatura homosexual habrá menos prácticas homosexuales. Ambos tienen razón cuando piensan que de cuantas más cosas podemos hablar más alternativas personales y sociales podemos plantearnos. Pero los dos bandos se equivocan en la creencia de que se puede poner puertas al campo, cercados a la imaginación. Al final, la censura y la represión de la palabra compensan su impotencia con el uso de la fuerza, de la represión física y la eliminación del disidente que propone otras cosas. Caen después de la libertad de expresión los otros derechos básicos.
En esas estamos, como siempre. Para comprobarlo sólo hace falta echar un vistazo a los periódicos. Dos noticias de hoy, mismamente. El País da cuenta de cómo el lobby judío va consiguiendo que se les cierren puertas y foros a los intelectuales, incluso intelectuales judíos, que critican el modo de conducirse del actual Estado de Israel. Es lo que está pasando con Tony Judt, prestigioso historiador que vio cancelada una conferencia en el Consulado de Polonia en Nueva York después de una serie de llamadas a las autoridades polacas de la Liga Antidifamación y del Comité Judío Americano. Fue ejemplar la reacción de algunos: "Una larga lista de profesores universitarios e intelectuales, entre los que figuraban Mark Lilla, Richard Sennett, Ian Buruma, Franklin Foer y Timothy Garton Ash, entre otros, publicó una carta abierta a la ADL en la que repasaban los hechos y afirmaban: "En una democracia sólo existe una forma adecuada de responder a una conferencia, artículo o libro con el que uno no está de acuerdo: dando otra conferencia, escribiendo otro artículo o publicando otro libro". Y continuaban: "Aunque los abajo firmantes discrepamos sobre diversos aspectos políticos, nos une la convicción de que un clima de intimidación no es coherente con los principios fundamentales del debate en una democracia".
Otro caso, más problemático seguramente, es el empeño de tantos Estados en convertir en delito la negación del Holocausto. Asociar con la censura la defensa de los derechos humanos y la dignidad de las personas no parece la mejor receta. Convertir en mártires de la libertad precisamente a esos “negacionistas” descerebrados sólo servirá para conseguirles las simpatías que no merecen y para mitificar lo que no es más que desvergüenza e ignorancia. Ahora, según viene hoy en El País, resulta que se reúnen en una conferencia multitudinaria en Teherán y se convierte así en arma política lo que no es más que bobaliconería. Que lo cuenten aquí, caramba, con la misma libertad con la que hemos de poder criticarlos y desenmascarar sus falsedades y sus intenciones más aviesas.

08 diciembre, 2006

El tribulito y los hijos de Putin.

Bueno, bueno, bueno, lo que nos faltaba. La ciencia sigue resolviendo misterios. Leo en los periódicos de ayer que se ha descubierto que la contaminación química está produciendo cambios de sexo en peces y caracolas. Al parecer, es una sustancia llamada tribulito la que hace que les salga un pene milimétrico a unas caracolas que no gastaban tal atributo, o que les aparezcan ovarios a unos salmonetes que iban de machotes. Les pasa también a las ostras, ¡ostras!
Lo prudente sería ir estudiando, con discreción, si los humanos también nos estamos tomando del tribulito ese. Así se explicarían muchas cosas. Por ejemplo, el lenguaje políticamente correcto, que es como hablar con un penecillo milimétrico surgido en el cerebelo; o los discursos de nuestros líderes parlamentarios, que a lo mejor contienen tantas paridas porque el tribulito les ha puesto unos ovarios chiquitines en la epiglotis. Y qué decir de esas damas que le pegan a uno semejantes bufonazos cuando suelta un chiste en el que queda mal una señora.
Me parece que también debe de ser el tribulito el responsable de que a tantos se les haya puesto estrábico el progresismo y a la virulé el ansia infinita de paz. Porque si todo el mogollón de pacifistas y defensores de los derechos humanos (causas nobles donde las haya y merecedoras de todo aplauso cuando están en manos y cabezas de personas íntegras o consecuentes y no de charlatanes y chupaconsignas) no están en las calles, los medios de comunicación y las galas de los Goya para protestar por la práctica sistemática del asesinato por obra y gracia de ese nuevo Rasputín que se ha quedado sólo en Putin, debe de ser por culpa del tribulito, pues seguro que esa maléfica sustancia ha producido una descompensación en la parte de ahí mismo, que nos hace ver del mundo sólo la mitad o indignarnos únicamente con las acciones del diez por ciento de los cabrones sádicos y asesinos que en el mundo son, mientras que a los otros los contemplamos con ojitos amorosos, entre atribulados y atribulitados. Como lo de Cuba, mi amol, ¿te acuerdas de cómo lo gosamos?
Porque explíquenme si no, queridos amigos, cómo es que ni los antinucleares dicen esta boca es mía cuando los agentes del tirano aquel que fue matón del KGB contaminan los aviones y el sushi a base de polonio radiactivo, igual que las feministas achantaron cuando mataron hace poco a aquella valiente periodista o los enemigos a muerte de la guerra en Iraq miran para otro lado cuando los rusos se andan con menos miramientos (aún) en Chechenia. Una nueva epidemia que necesita nombre científico: desviación de columna moral; o este otro: moral bífida.Seguramente es el tribulito la secreta razón de que nos estemos convirtiendo en unos auténticos hijos de Putin

07 diciembre, 2006

Escritores mal fusilados: Hinojosa y Ciges. Por Fracisco Sosa Wagner

Como en la granja de Orwell había unos animales que eran más iguales que otros, en el recuerdo de la guerra española hubo algunos más asesinados que otros. O mejor asesinados, no sé, con mayores miramientos o, quizás, asesinatos cometidos ya con la vista puesta en los libros de literatura y de historia.
Viene esta consideración a cuento de dos escritores que fueron fusilados, uno por los republicanos, el otro por los nacionales, precisamente en 1936, sin que hayan sido citados a lo largo de este año de conmemoraciones, tan pródigo por otro lado en recrearnos en los pormenores del enfrentamiento civil. Me refiero al poeta José María Hinojosa, asesinado en Málaga por ser persona vinculada a las derechas, y también al narrador Ciges Aparicio, asesinado en Ávila por ser afiliado al partido de Manuel Azaña.
Ciges intervino en la guerra de Cuba en su juventud, época que llevó a varias novelas que tituló “el libro de ... la cruedad, la decadencia etc”. Crítico con las prácticas corruptas de la Restauración, se acercó a Azaña quien le metería en la política activa republicana. Fue muy combativo desde las páginas de los periódicos y dejó testimonio literario de conflictos sociales espectaculares, como el de Mieres de 1906, en la novela “Los vencedores”, donde hace un retrato despiadado de la poderosa familia Gilhou, propietaria de la Fábrica de Mieres, lo que desencadenaría una persecución contra él bastante cruel. Los ejemplares de esta novela llegados a Asturias fueron adquiridos íntegramente por los señores retratados (y maltratados). Más lío minero describió en “Los vencidos” (1910), ahora con Río Tinto y Almadén como escenarios. Su obra es bastante larga, también como biógrado (de Joaquín Costa) e historiador (los Borbones desde principios del XVIII a 1931).
Se afilió a la Izquierda Republicana y ostentó los cargos de gobernador civil en varias provincias. En la de Ávila murió fusilado por las tropas franquistas en los primeros días de agosto de 1936.
La última novela que he leído de él -fuera de una que me parece se llama “La romería”, muy floja- es “Los caimanes”, descripción de las miserias de la España rural, libro soberbio por su fuerza y por la pintura de (arque)tipos.
El poeta José María Hinojosa, miembro de una familia de propietarios de tierras, estuvo vinculado, como no podía ser menos dado su origen malagueño, a Emilio Prados y la revista “Litoral”. Tuvo las amistades propias de un poeta de la época que se movía en el mundo del surrealismo, es decir, se relacionó con Dalí, Buñuel, Alberti, Lorca, Cernuda y Altolaguirre. Dalí llegó a ilustrar varios de sus libros de poemas que va publicando con un considerable ritmo productivo: “Poema del campo” (1925), “Poesía de perfil” (1926), “La rosa de los vientos” (1927), “La flor de California” (1928) ... La amistad con Dalí y con Gala fue grande y pasaron juntos vacaciones en la hoy llamada Costa del Sol.
Determinante en su evolución ideológica fue el hecho de haber viajado a Rusia a admirar los logros de la revolución. Como tantos otros, advirtieron que casi todo era una patraña estalinista y volvió despotricando de quienes le habían contado unas mentiras que consideró gigantescas. En 1931 publica su último libro de poemas “La sangre en libertad”, y en 1932 está ya entregado a la política, del lado agrarista y conservador. En julio de 1936 fue encarcelado por las autoridades republicanas y, como consecuencia de un bombardeo de los militares sublevados, los anarquistas asaltaron la cárcel y muchos presos fueron pasados por las armas ante las tapias del cementerio: entre ellos, Hinojosa y un hermano de Manuel Altolaguirre.
¿Alguien se ha acordado de estos dos creadores, Ciges, un epígono del 98, Hinojosa, un poeta del 27, ambos trágicamente desaparecidos a causa de la violencia y la intolerancia política? Por eso decía al principio que hay fusilados y fusilados. Y que hasta en esto de ser fusilado hay que tener suerte para saber hallar a quienes lloran y recuerdan sin discriminaciones.

06 diciembre, 2006

Barato, barato

Nuestro Presidente del Gobierno ha vuelto adonde le gusta, a casita, después de entrevistarse largamente con el Presidente de Senegal allá en aquel país. Cuentan las crónicas que las pasó negras ZP para entenderse, pues todos sabemos que no está hecho lo que se dice un políglota y aquellos senegaleses hablan nada menos que francés. Y eso que esta vez se lo había aprendido hasta con música, pues como iba a darles a los senegaleses, entre otras cosas, unos barcos para vigilar sus costas, lo cantaba tal que así:

Il était un pertit navire,
il était un petit navire,
qui n'avait jajaja mais navigué,
qui n'avait jajaja mais navigué. Ohé! Ohé!

Y Moratinos, con el embajador y un par de docenas de subsecratarios, secundando al jefe. Pinche aquí y oígalos.
Como si nada. El senegalés, impasible el ademán. Empeñado en venderle a José Luis un cinturón. Cuero, cuero puro, le decía, chapurreando la lengua de Cervantes en lo que le convenía. Y José Luis que no, que ya tiene. Y el senegalés que bueno, entonces abanico, barato, barato, pa Consoles, más barato que Carrefour, José Luis, José Luis, Conseles contenta, tú vas a ver. Y Moratinos terciando, cómprale algo, Papes, joer, a ver si hay manera de hablar de lo nuestro. Pues cuánto el cinturón, le pregunta José Luis. Y el negrito que dos mil euros y José Luis que suelta la exclamación, confiado en la torpeza idiomática del interlocutor: ¡la madre que lo parió! El negrito que se pone negrazo y que le habla apresuradamente y de modo airado a su traductor. Y éste que resume: que usted, señor Zapatero, le ha mentado a la madre y que o pide disculpas o él retira al embajador en Madrid y pone una fábrica de cayucos. Bueno, perdón. Nuestro Presidente pone esa cara suya, convincente, tan riquín. Y el otro que vale, pero que además el cinturón. Saca José Luis la cartera, pero se le adelanta Moratinos y paga los dos mil euros. Creyendo solventada esa parte inicial del protocolo, vuelve la delegación española a la carga con el tema principal de la reunión. Óiganlo.
Como si nada. El otro apenas los deja terminar su musical perorata y contraataca con una billetera. Billetera, cuero, barata, barata, para fondos reservados. ZP y Moratinos se miran, le echan paciencia y preguntan que cuánto otra vez. Tres mil, tres mil, ustedes muchos euros, barato, barato, más barato que Carrefour. Se les congestionan los rostros a los españoles y el otro lo nota. Así que interpela a nuestro ministro de Exteriores: tú comprender negro porque tú Mora, tú comprender negro porque tú Mora. Caramba, no había caído, comenta Moratinos con una sonrisa de oreja a oreja. Qué jodío, mira qué ocurrente. Cómprale la billetera, hombre.
Y así fue transcurriendo la reunión, según fuentes diplomáticas. Todo un éxito. Allá se quedaron varios barcos guardacostas que ya los senegaleses están examinando a ver si son reversibles o de doble uso. Y la delegación española regresó feliz, cargada de presentes. Bueno, al menos ya tengo resuelto lo de los reyes para Sonsoles y las niñas, comentó al aterrizar José Luis. Qué tío, cómo negocia.

05 diciembre, 2006

Duelo de cerdos

Cáspita y recórcholis, ojeo La Voz de Galicia y no doy crédito al titular: “Muere el cerdo de George Clooney”. Mis dos primeras sospechas se demuestran infundadas en cuanto con un clic accedo al cuerpo de la noticia. Había creído que se había muerto el famoso actor y que el redactor gallego la tenía tomada con él por alguna oscura razón, tal vez un problema de lindes en algún pueblo de la Ribeira Sacra. Pero no, Clooney sigue vivito y coleando, se supone, para deleite de sus muchas admiradoras, y el que sí estiró la pata fue su puerco, llamado Max y que, con sus 130 kilos, estaba realmente hecho un cerdo.
Mas, pensándolo bien, sí me parece que el periodista quería ajustarle las cuentas al guaperas de Hollywood por algún motivo que se nos escapa. Quién sabe qué disputarán. A lo mejor andan quitándose percebes o moviéndose los mojones por las noches. Pues vean el subtítulo con que aparece la luctuosa noticia: “el animal convivió con el actor a lo largo de 18 años”. Convivió. No hace falta ser Roland Barthes redivivo para darse cuenta de lo poco inocente que resulta la expresión. ¿Convivían? Sólo hubiera faltado, para hacer las delicias del periodismo galaico de manda carallo, que el animal hubiese sido hembra. Imagínense: “muere la cerda con la que George Clooney convivió 18 años”. Y todos a deshojar la lista de actrices famosas y modelos de postín y visa platino. Verdad es que el actor lleva también su parte de culpa, por andar declarando lo que declaró. Pues dice, si a Burela no llegó la noticia deformada por los vientos de estos días, que no se va a echar otro cerdo, pues “Max cubrió todas mis necesidades de cerdo”. Es lo que tiene la convivenica con un cerdo, que cansa. Que se lo digan a más de una.
A propósito de cerdos: hace un rato escuché en la radio que el cardenal primado de Santiago de Chile, que ni sé si se llama Max ni cuánto pesa, visitó hoy a Pinochet -quien, dicho sea de paso, se está curando milagrosamente- y al salir rogó a los fieles que recen por su recuperación. Por la recuperación del otro cerdo, quería decir. ¿Y esos dos cuánto convivieron, 18 años o más? Hay que joderse.

04 diciembre, 2006

El pozo de las palabras

Los años se notan en cómo se van escapando las palabras. Algunas no vuelven o cuesta una barbaridad recuperarlas. Llevo años intentando acordarme de cómo se dice luciérnaga en asturiano. De niño veía muchas por la noche al lado de una fuente que llamábamos del Recebonío. Otras se muestran renuentes, se resisten, amagan pero no vienen hasta muy tarde. Vamos perdiendo la memoria de los términos, y no digamos de los nombres. Es como si todo eso que en nuestra cabeza estaba se fuera hundiendo en un pozo, perdiéndose en la oscuridad. El fondo del pozo debe de ser el Alzheimer.
Antes, allá por los veintitantos, era distinto, se nos grababan los diccionarios, cazábamos al vuelo cada nueva expresión y nos la quedábamos, repetíamos cualquier nombre de persona o lugar con sólo oírlo una vez. Y cree uno en su juventud y pese a las advertencias que permanecerán todas esas palabras grabadas a fuego en nosotros, indelebles, duraderas, compañeras seguras para siempre. Mentira, un día, hace tiempo, se nos marchó una, luego unas pocas más; a partir de cierto instante, no sé cuál, tal vez con la cuarentena bien cumplida, se percibe cómo se alejan en multitud, casi se siente el ruido que hacen al desfilar hacia afuera, al abandonarnos.
Y uno va cambiando ciertas técnicas sociales. Aprendemos a sonreír a cualquiera que con efusividad nos salude, aunque no tengamos ni la mínima idea ya no meramente de su nombre, ni siquiera de si alguna vez lo hemos visto y de por qué diablos ha de conocernos él. Cuando presentamos a un recién llegado decimos que es un gran amigo o una persona muy querida, en lugar de dar su nombre al otro, como mandan los cánones. A los/as amantes, quien los tenga, ya no se les repite su nombre al oído con voz ardiente, sino que se usan las manidas fórmulas estandarizadas e intercambiables, no vayamos a liarla por una jugarreta de la memoria.
Será que se van muriendo neuronas, será que las vías cerebrales se deterioran y se llenan de baches y charcos, no sé. Pero a veces sospecho que nuestra memoria no se empobrece porque en sí se debilite, por el mal que ella misma carga, sino que la causa es externa a ella, está en el mal funcionamiento de otras partes. ¿Cuáles? La reflexión y la imaginación, tal vez. Con los años, los pensamientos se vuelven repetitivos, obsesivos, cada vez menos variados, machaconamente los mismos. Pensamos con monótona repetición de unos pocos temas, vueltas y vueltas a lo mismo. Es un horizonte que se empobrece, un campo que se estrecha. Y al pensar en menos cosas, son muchos menos los datos que repasamos, los recuerdos que traemos al presente, las palabras que necesitamos para explicarnos las cosas. Es ese pensamiento-noria que marca la vejez, son las rancias obsesiones que desplazan a la fresca exploración con la mente. El pensamiento deja de ser aventurarse y se torna repetirse, abandona lo incierto y se encierra en lo seguro, lo fijo, lo inmóvil. Las otras cosas, los recuerdos diferentes, se van porque apenas les damos ya cabida en nuestra reflexión.
Antes, uno se esforzaba por repetirse a sí mismo los nombres de aquellas calles de la ciudad en qué vivió, los apellidos de los compañeros de antaño, la lista de las estaciones por donde transitó. Era revivir, era seguir allí de alguna forma. Ahora, cada vez más, nos concentramos en exclusiva en darle vueltas y repasos a lo cabronazo que es el jefe, lo caros que están los riojas o que el niño este no acaba de echarse novia y no sé yo. Y con el anquilosamiento de los recuerdos se abotaga también la imaginación. Cuando uno mira a su espalda es para calcular cuánto le falta para llegar a su destino al frente, para seguir corriendo hacia ese horizonte que se aleja y se aleja. Cuando uno ya ni recuerda ni sueña, es como si se hubiera sentado. Como si esperara la muerte, como si de las retadoras incertidumbres no quedara ya nada más que unas pocas dudas elementales. Es triste. Por eso, mecachis, hay que recordar para seguir haciendo, hay que jugársela para volver a ganar, hay que salir para volver a encontrarse. Eternamente; es decir, hasta la muerte . Para que no se nos vayan para siempre las palabras, para seguir hablando. Para seguir siendo.

El mayorzaragocismo, un fenómeno curioso.

Sí, ya sé que me voy a repetir un poco. Es inevitable, llevo año y pico dándole casi a diario a este invento y al final lo que de tanto tema se va destilando son las obsesiones de uno. Pues eso.
Vuelvo a preguntarme qué maléfica razón lleva a que investigadores ya de prestigio o en camino hacia el alto rendimiento científico sacrifiquen sus años de formación por unos platos de lentejas, aunque sean deconstruidas en El Bulli, o se autoinmolen en los fastos engañosos de la política y la burocracia, con olvido total de lo que parecía una vocación segura y una vida plena en esa feliz lejanía de oropeles y deslumbramientos que la ciencia, se supone, puede proporcionar.
Como no sé la respuesta a esa pregunta, me conformo con trabajar el concepto. Fenómenos así necesitan palabras nuevas, términos que resuenen con suficiente contundencia y precisión, que sin más explicación despierten en nuestras cabezas la asociación con los hechos que tratamos de referir. Creo que para este asunto que estamos comentando es palabra perfecta la de “mayorzaragocismo”.
Hace veintitantos años, en aquellos tiempos gloriosos de becario en Múnich, donde comenzaron algunas amistades que perduran y perdurarán, coincidí con un joven bioquímico al que llamábamos Fosforilo y que era discípulo, no recuerdo si directo o de segundas, de Federico Mayor Zaragoza. Y nos contaba que ese maestro suyo era una eminencia y un científico de primera. Y ya ven en qué se nos ha quedado, haciendo lo que cualquier político podría cumplir igual de bien: de cargo en cargo y ni uno paso de largo. Esa es la diferencia determinante, dramática: que muchos políticos podrían desempeñarse poco más o menos igual de bien que él en la UNESCO, antes, o en las maturrangas de la Alianza de Civilizaciones -¡ay, señorito, déme algo!-, ahora, pero ninguno de esos políticos sería capaz de ayudar ni un carajo al avance de la ciencia. Ahí tenemos una buena diferencia: los políticos son fungibles, mientras que los científicos de altura son únicos en sus frutos y, por consiguiente, irrepetibles en sus contribuciones a nuestro progreso.
Echa uno un vistazo a la biografía de este hombre y brota la perplejidad. Nacido en 1934, se doctora en el 58 y en 1963 ya es catedrático de Bioquímica en Granada, con veintinueve años, por tanto, cosa que en aquellos tiempos no resultaba tan inusual. Cinco años después, en 1968, y contando, pues treinta y cuatro años, es rector de la Universidad de Granada. No recuerdo que ya por ese tiempo fuesen democráticas las universidades ni progresistas los rectores, pero se nota que ya le tira al hombre lo de los cargos. En 1972 se hace con cátedra de su especialidad en la Universidad Autónoma de Madrid. Por esos años es Vicepresidente y Presidente en funciones del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Luego Diputado en el Parlamento de España, consejero del Presidente del Gobierno, ministro y eurodiputado. También fue Director General Adjunto de la UNESCO y, desde 1987, Director General de esa misma cosa. La UNESCO es ese organismo de la ONU que va diciendo cada año que cachos de ciudades, qué campanarios o qué tumbas son patrimonio de la humanidad toa. Desde el año 2000 preside la Fundación para la Cultura de la Paz, pero desconozco quién pone el parné en esa Fundación. En el año 2004 se jubiló de su cátedra en la Universidad Autónoma, cuyas aulas supongo que no pisaría ni tres veces, al menos para explicar bioquímica. Menos mal que Javier Solana, también catedrático universitario, pero de Física, lo es en la Complutense. Así se reparten las lagunas.
Siguiendo con el Mayor Zaragoza, en 2005 fue designado Co-Presidente del Grupo de Alto Nivel para la Alianza de Civilizaciones por el Secretario General de las Naciones Unidas. Digna culminación de una gran carrera... política, porque lo que se dice científica no parece. Y, oigan, qué se sentirá de Co-Presidente de un grupo de tan “Alto Nivel” como el de la Alianza de las Civilizaciones? ¿Dará vértigo por la Altura? ¿Tendrán mucho que hacer? ¿Les pagarán dietas o, al menos, dinerete de bolsillo para tomarse unos vinillos o para cogerse alguna turca a base de raki -ruego se le dé a la expresión "coger una turca" su significado más castizo y no el de allende los mares-?
Gana fama y échate a dormir. Aquel amigo mío me contaba en el ochenta y cuatro que Mayor era un bioquímico de primera, pero según estas cuentas que saco ahora debió de hacer su último experimento de laboratorio –los de despacho son cosa aparte- diez años antes. Lo que habrá sufrido ese hombre sin poder entregarse a su pasión por la ciencia, sin lograr satisfacerla como él deseaba.
Los mayorzaragocistas son personajes trágicos. Poseidos de genuino celo investigador, se lanzan a las cátedras y los laboratorios, pero se pierden por el camino, tentados por sirenas taquimecas, serviles mayordomos –primos éstos de aquéllos, como se ve por el apellido- y choferes con librea. Renunciaron al Nobel genuino en la segunda infancia por soñar con el sucedáneo del de la paz, pero se quedaron a medias, pues ni inventaron para salvaguardar la paz nada que no fueran placebos ni disfrutaron embarcándose en las guerras inocuas de los científicos. Son como esos jóvenes de los que oímos contar que iban para genios pero que se perdieron con la droga. La droga de los mayorzaragocistas es el carguete, el sillón, la visa oro por cuenta de otros, el coche oficial y la palmada en el hombro de cuantos malandrines gobiernan el mundo a fuerza de sonrisas y puñales, más, ahora, el polonio.
Lo que habrá sufrido esa gente. ¿Pero será verdad que se perdió algo bueno la ciencia o eso también se lo inventan ellos?

03 diciembre, 2006

Hamburguesas y pena de muerte. Por Francisco Sosa Wagner

La polémica es intensa y se desparrama por tertulias, mentideros y figones. ¿Es procedente que el Estado prohíba, por razones de salud, el consumo de hamburguesas con más de mil calorías? ¿O es una impertinencia fuera de lugar? ¿Tiene atribuciones un ministerio para entrar en semejantes asuntos? ¿o debe hacerlo una consejería de comunidad autónoma con su competencia calentita y blindada, recién salida de su nuevo Estatuto?
Los argumentos se disparan y la verdad es que produce una cierta perplejidad atender las argumentaciones de los contendientes en la pugna dialéctica. Porque resulta que, a través de la hamburguesa, se plantean cuestiones de subido tono teórico que conectan con el ser del Estado, su origen como organización que trata de imponer la paz social, sale incluso a relucir el homo hominis lupus, y de ahí se invoca a Locke, a Montesquieu, a Rousseau y a un largo etcétera de autoridades remotas y, las más de ellas, paganas. Es decir que la hamburguesa opera en cierta manera como la magdalena en el té de Proust, un motivo nimio pero que es la llave para entrar en el mundo de los recuerdos y las evocaciones más variopintas.
El liberalismo, las formas de intervención de las autoridades públicas, el “laissez faire, laissez passer”, son capítulos que comparecen en la polémica, de manera que desfilan ante nuestros ojos los ismos más acreditados del pensamiento político, los que más tesis doctorales han engendrado. El mismo Keynes, que fue un sabio opuesto al Tratado de Versalles y un socialdemócrata contenido, surge en el enredo. ¿Hubiera avalado Keynes una medida de esta naturaleza? ¿Y el padre Adán, me refiero a Adam Smith, hubiera asegurado que la producción de hamburguesas era la causa de la riqueza de las naciones? Pues y Marx ¿qué hubiera dicho? Es seguro que este hombre habría escrito doce tomos con trece epílogos sobre el asunto. Pero ¿a favor o en contra? Todo son hipótesis, conjeturas, y cada cual -como suele ocurrir- barre para su propio cotarro ideológico. O a favor de sus prejuicios, vaya usted a saber.
Solo que la polémica está mal enfocada desde sus orígenes. Viciada “a radice”. Y ello porque el asunto no es si el Estado debe prohibir o permitir la hamburguesa de mil calorías por razones de salud sino que el Estado debe enviar sin contemplaciones a la cárcel a quien consuma tales productos, pero no para velar por su hígado, sino por razones estéticas y de rigor gastronómico. Quiero decir que la persona que, pudiendo comerse un botillo del Bierzo, de sacrosantas verduras y carnes henchidas de gloria, se come una hamburguesa de inciertos componentes (o “inputs” como diría un cretino), debe pagarlo con prisión menor. Eso para abrir boca, nunca mejor dicho, porque la reincidencia supondría los treinta años y un día.
Además, la reinserción del penado, tan difícil en otras ocasiones, en este caso sería sencilla. Bastaría proporcionarle un libro sobre la gastronomía de Castilla y León para que aprendiera finuras y poco a poco fuera alimentando sus ensoñaciones y segregando jugos. Pero, santo dios, en esta tierra donde hay, según el padre Isla, “torreznos, hornazos, longanizas y chorizos”, todos ellos con calorías que superan las que con tanto recelo analiza el ministerio, tomarse una hamburguesa apócrifa es una muestra de ignorancia compacta que ni siquiera la vigencia de la LODE justifica.
Donde se confeccionan yemas de santa Teresa, rosquillas bañadas, magdalenas memorables, la tarta de císter o de las monjas, donde se cosechan infinitas variedades de miel, en estos pagos, con tales endulzados productos, todos ellos por encima de la muga de las mil calorías, a quien se le ocurra profanar la tradición con una hamburguesa, a la cárcel con él. Sin miramientos, es que no puede haber piedad. Y dejo la pluma porque en mi irritación -que va subiendo de tono- voy a acabar pidiendo la restauración de la pena capital.

02 diciembre, 2006

¿Pueden los progres usar un lenguaje sexista y tratar a las mujeres como objetos?

Dice El País hoy que Sabina, don Joaquín, ha dicho en Guadalajara (México), lo siguiente: "Quiero mirarle el culo a las chicas cuando vaya por la calle y no que sean ellas las que se vuelvan para mirarme a mi".
Pues eso, reitero la pregunta.

Poetas y sistemas

Me ha venido un escalofrío poético. Me he venido en un escalofrío poético. O inspiración. Al leer el periódico de ayer, que ya es raro. Miren qué parto. Se podría titular "Sufrimientos de poeta" esta pieza que perpetro:
Hegeliano tormento del poeta
que en dialéctica síntesis se sabe
opositor ferviente del tirano
que le da de comer y pone piso
junto a la catedral, poder perverso.
Que tu musa izquierda no se entere
de que tiendes también la otra mano,
ambidiestro, sol y sombra,
corrosivo desgarro que tú sufres,
ya se nota,
como mandan los cánones,
como dictan los tiempos,
como dicen los medios que lo ocultan.
A ver. El País de ayer. Concesión del premio Príncipe de Asturias a Antonio Gamoneda. Estupendo, es buen poeta -como Brines, como Caballero Bonald..., entre los vivos- y, además, hay que darle su lugar a la poesía en los ritos mundanos. Nada, pues, que objetar, modestamente. Escritor de provincias, Gamoneda, como Jiménez Lozano, castellano de dichos y de hechuras, que también recibió el Cervantes allá por el 2002.
Me deleito con la lectura de las hagiografías pertinentes. Julio Llamazares nos recuerda al poeta paseando al lado de la catedral, allí mismo donde vive, en "vetusto edificio solariego". Ángel L. Prieto de Paula nos cuenta que "hasta 1975 Antonio Gamoneda había organizado su existencia a la contra: contra la opresión, contra la mendacidad, contra la miseria diaria. Muerto Franco, desaparecían bajo sus pies los motivos en los que había sustentado su vida". Vida dura, vida tensa, pues una información firmada por Javier Rodríguez Marcos nos hace saber que en 1969 "se hizo cargo del área cultural de la Diputación de León". No sé en qué parte explican que esa casa solariega y hermosa, con vistas a la catedral, era también de la Diputación en aquellos tiempos. La Diputación que, muerto el dictador, le publica, en 1977, Descripción de la mentira. Siempre fueron buenos sus títulos. Cuando aquella crisis vital del final del franquismo, pues ya no sabe el vate cómo orientar su vida sin tanta lucha, "asumió la gerencia de la Fundación Sierra Pambley" (ibid.), a la que pertenece hoy ese edificio en que vive, digno verdaderamente de poeta.
De que la poesía de Gamoneda merece el Cervantes, y también el Reina Sofía que recibió estos días, no me cabe duda alguna. Pero también el poeta, el buen poeta, está desnudo. A qué vestirlo de dialécticos trapos, con qué fin ponerle, a él también, los correajes de los abuelos aquellos que ahora resucitan.
Tengo un amigo que el otro día me contaba, muy serio, que él en su primera juventud había sido rockero y batería de un grupo alternativo. Qué jodío. Yo lo conozco desde que era un puro crío. Excelente estudiante y para de contar. Ahora creo que sueña con los Grammy.

No todo va a ser leña a los docentes. Así andan los estudiantes universitarios.

Pinchen aquí encima y echen un vistazo a este texto que ahí abajo nos colgó AnteTodoMuchaCalma. No tiene desperdicio y habla de cómo se malgastan recursos con muchos estudiantes que no los merecen. Suum cuique.

01 diciembre, 2006

Cómo me imagino esas coñas marineras. Homenaje a pedagogos universitarios.

Nunca he asistido a uno de esos cursitos sobre técnicas de enseñanza modelna que imparten pedagogos simplones. Pero entre lo que he oído a otros que sí han tenido que soportar tales chorradas –público cautivo en muchos casos- y lo que me puedo imaginar a base de conocer a cierto personal de ciertas facultades y de leer algunas de sus cositas, no me extrañaría que los eventos en cuestión fueran más o menos así. Vamos a presentar hoy un nuevo curso e iremos desarrollando sus clases apasionantes en días sucesivos. Confieso un problema: por mucha imaginación que le echemos para escribir gilipolleces, se nos acaba pareciendo a alguno de esos cursos que conocemos. ¿Cómo se hace la caricatura de una caricatura?

TÍTULO DEL CURSO: Renovar el aula universitaria: habilidades, competencias, apetencias, libretas y power-point.
PROFESOR.- Demetrio Trágala Contento. Profesor de Escuela Universitaria. Facultad de Ciencias de la Educación de Béjar. Licenciado en Ciencias de la Educación por la Universidad de Béjar. Doctor en Ciencias de la Educación por la Universidad de Béjar con una tesis sobre “Educar en Béjar: una experiencia sintética”. Vicedecano de Recreos de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Béjar. Autor de interesantes publicaciones, como “El alumno y tú: la interacción alumno-profesor en el contexto del aula. Un ensayo introductorio” (Béjar, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Béjar, 1983, 36 págs., ISBN: 69-7070-6969), “La relación alumno-profesor bajo el prisma relacional. Un trabajo introductorio” (Béjar, Imprenta Trágala, 1989, 29 págs., ISBN: 69-7070-9696). Ha presentado comunicaciones en congresos de su especialidad celebrados en Lugo y Tordesillas. Entre 1992 y 1993 fue concejal de Educación en el Ayuntamiento de Béjar. En su poco tiempo libre, adora los paseos por Béjar, los juegos de mesa y las estampas de arte etrusco.
OBJETIVOS DEL CURSO.- Renovarse o morir, dice el adagio. También las aulas requieren una renovación. Esa renovación no ha de ser sólo material (repintar paredes, reponer pupitres, acuchiyar parquéts, encalar techos...), sino también metodológica. Este curso se orienta a la metodología de la renovación o, en otras palabras, la renovación metodológica. Partiremos de definir qué sea método y a qué llamamos renovar para, a continuación, renovar nuestros métodos con metodologías renovadoras y siempre bajo la óptica operativo-funcional-parafarmacéutica de Empalmason y Licantrospown. Sentada la interacción curricular fonendoscópica entre los propios alumnos y el profesor del curso, ensallaremos técnicas de acercamiento fluido en aulas dinámicas, tales como juegos de rol, tocamientos leves, guiños y muecas, endilgamiento postraumático y rasca-rasca. Antes habremos presentado los diagramas de S.Wonder en power-point y dedicado alguna hora a la reflexión onírica de primer módulo. Cada media hora el estudiante habrá de enseñar al profesor y a cada compañero su libreta himpoluta y las uñas sin roña. Adquiridas las competencias retrofágicas y las habilidades helicoidales, se hará una performance mantenida en vilo y finalizaremos con un vino español y el gaudeamus.
MATERIALES.- Personal computer, sofware didáctico de Thomsom y Lhomsom, libreta de anillas con hoja cuadriculada y portada lisa, bolígrafo bic, típex, lápiz del 2, goma Milán, regla, leotardos, tampax, durex.
PROGRAMA.- Presentación del profesor. Presentación individualizada de los estudiantes. Minutos de libre interferencia. Presentación de los objetivos del curso. Exposición de los materiales individuales y colectivos. Noción de método. Relaciones personales y relaciones metódica. El aula. Noción de aula. Clases de aula. Problemas de las aulas: calor, frío, humedad, ruido, malos olores, etc. Noción de alumno. El alumno universitario, ¿alguien distinto? Clases de alumnos. El alumno y la alumna: parámetros diferenciadores. Las edades del alumno: una tipología. Problemas del alumno: calor, frío, humedad, ruido, malos olores, etc. El profesor: una noción a debate. El profesor universitario: ¿alguien distinto? Clases de profesores. ¿Influllen las áreas de conocimiento? Las edades del profesor: una tipología. El profesor y la profesora: parámetros diferenciadores. El grave problema de los matrimonios en la Universidad. Problemas del profesor/a: expresión, vestuario, presencia, calor, frío, humedad, ruido, malos olores. La interacción alumno-profesor en sus dos variantes: a) alumno-profesor, b) profesor-alumno. Una experiencia personal: el ejemplo de Béjar. Resumen: adónde vamos, de dónde venimos, quiénes somos.
Curso organizado por la Fundación UPT (Universidad para Todos) y patrocinado por la empresa Melasuda Ltda., la Asociación de periodoncistas de León y Lulú Turismo Rural Berciano.
MATRÍCULA: 100 euros.
INSCRIPCIONES: Vicerrectorado de Extensión Universitaria, Dirección de Formación, Area de cursos y recursos, Secretaría de cursos de otoño. Edificio de Servicios Rectorales Permanentes (EDISEREPE), pasillo w-33, puerta 9966.

30 noviembre, 2006

Para troncharse más. Continuación del capítulo sobre pedagogos y regüeldos.

Mucho me temo que más de uno amigo no ha hecho a conciencia los deberes que ayer les puse. Y se pierden muy buenas cosas, ya lo advertí. Porque se pasa risa de la buena. Aunque luego le queda a uno un no sé qué, una tristeza honda, una amargura nostálgica... ¡una mala hostia que pa qué!
Es imprescindible que entre los cuatro docentes decentes que van quedando se ayude a desenmascarar a esta tropa de tahúres. No podemos admitir que las universidades se gasten los cuartos en payasadas de este calibre. Debemos defender a los pobres e incautos profesores jóvenes que son poco menos que forzados a soportar tales tomaduras de pelo porque asistir puntúa las las anecas, las anepes y las comecacas diversas en las que pace todo el rebaño de trepas, zánganos y chupatintas.
Me parece que el arma mejor es la difusión de estas memeces. Que se entere la gente de lo que se cuece en esos cursitos para bobos excelsos.
Así que vamos allá un rato más.
¿Habían reparado ustedes en que si van al enlace que ayer les indiqué luego pueden pinchar, dentro de cada curso, donde pone "ficha completa del curso"? No se lo pierdan, es divertidísimo.
Un ejemplo. El primer curso, titulado, "El nuevo contexto universitario", tiene los siguientes objetivos:
"El seminario toma como referencia de partida un esquema global de los objetivos que animan el proceso de convergencia al Espacio Europeo de Educación Superior, para analizar, a partir de allí, el sentido y los puntos clave en las transformaciones que implican en la forma de entender y practicar la docencia universitaria. El objetivo es discutir y madurar una visión general del proceso en la que se ahonde de forma crítica y constructiva en sus razones, en los distintos aspectos que implica, los diferentes puntos de vista sobre los procedimientos a seguir, los principales frenos, las demandas que plantea al profesorado y los recursos y planificación necesarios. Esta reflexión global, aunque detallada en algunos de sus puntos clave, pretende profundizar en el sentido de las acciones -formación, innovación docente, tutorías...- e impulsar la planificación de una estrategia personal y grupal de trabajo para la convergencia al EEES".
Bla, bla, bla. Tienen un morro que se lo pisan estos/as tíos/as. No hay más que verles la prosa para adivinarles la impostura. Esto debería examinarlo con calma un buen equipo de psicolingüistas y sociolingüistas. Porque es un misterio que con una prosa así se pueda vender las motos que esta gente vende. Y si en el mismo sitio ven el programa de este curso, sentirán que les crece esa curiosa mezcla de ira y risa, pues es una fantástica combinación de vaciedades, un catálogo de trivialidades y una exposición de pedanterías sin sustancia.
Pero en esto del programa hay cursos más divertidos. En el curso titulado "Taller de tutorías en el contexto EEES" se menciona como uno de los objetivos el "uso del portafolio". También el curso "Aprendizaje autónomo en el contexto EEES" tiene como uno de sus contenidos "El portafolio como herramienta de aprendizaje y evaluación". Ay, que me parto. Qué panda de picarones. Y viven de eso. Hacen falta muchas competencias y habilidades para montárselo por la vida vendiendo viento de esa manera.
Un querido amigo ha echado esta mañana más leña al fuego. Me cuenta que se tomó la molestia de ir a la página del ISBN y comprobar qué libros tienen publicados, si es que los tienen, los que imparten estos cursos. Comprobó los que nos temíamos: casi nada, algún folletito, pequeñas milongas; o nada, según los casos. Por mi cuenta fui a fisgar en dialnet, base de datos bastante fiable de publicaciones de artículos recientes. Y compruebo más de lo mismo: que han escrito pocas cositas, de temas generalmente tontainas y orientadas sobre todo a la educación primaria. ¿Y esa gente va a enseñar al profesorado universitario técnicas docentes que valgan la pena? Por Dios, hombre, un respeto, seamos serios.
¿Por qué no asisten ellos -y quienes los contratan- a algún curso de verdad sobre cómo investigar o enseñar en serio en lugar de dedicarse a pendejadas de éstas? Se lo podríamos impartir muchos de nosotros. Y gratis. Así que propongo que se invierta el proceso. Que a toda esa caterva de pedagogos descarados se les obligue a cursar alguna verdadera enseñanza sobre el oficio universitario. O que los echen a la puta calle, sin más. Esto no es ni un asilo ni un orfanato ni un manicomio, rediós.
Así que propongo una cosa: creemos un grupo de activistas antipedagogía idiota, apuntémonos todos a este tipo de cursos y toreemos a esos profesores como hay que torearlos. Leña. Para que no vuelvan. Para que se dediquen a lo que verdaderamente saben: tocarse los/as cojones/as en casa.
No alargo más este post y voy a ir preparando para mañana unas escenitas que me imagino.