12 diciembre, 2007

Censura

Sobre lo de hoy no sé si escribir en serio o con pura guasa, que es una forma más seria de escribir. Porque no sabe uno si reírse o llorar, francamente. Esto es una pesadilla, un perfecto remake: ha vuelto el franquismo. En tantísimas cosas. Aquel nacionalismo rancio de unidad de destino en lo universal, pregonado por el general chaparro y bigotudo y por sus palmeros, reaparece en cada esquina por obra y gracia de otros enanos bigotudos con vocación de generales. Rediós, se nos está poniendo todo el país perdido de unidades de destino en lo universal, en navidad al dos por uno y una chapela de papá Noel de regalo.
Pero vamos con lo de hoy. Retornan los zombies. ¿Se acuerdan –los que sean un poco mayores o hayan leído- de cómo se ponían de plastas y obsesivos los Fraga y compañía cuando comenzaron a llenársenos las playas de bikinis y las películas de “destape”? Sí, eso, que había que prohibir tales exhibiciones epidérmicas porque nos ponían malamente golosos y, sobre todo, porque suponían la degradación de la mujer. Je, pues lo acabo de leer, pero en boca de feministas con cargo y mucho morro, aunque sin pintar (supongo). Allá por los años sesenta el argumento era que todas las señoras nacían para vírgenes y/o monjas, o, en el peor de los casos y porque alguien tenía que reproducir el género (humano), para sacrificadas y purísimas madres de familia. Hoy ya no sé qué razón se invocará para volver a tomarla con el destape, pero creo que es en nombre de la versión más fantasmal de la liberación femenina y al grito de mejor gorda, tapada y sin depilar, si no quieres que esos cabrones machistas te degraden toa.
Bueno, un poco de orden y vamos por (las) partes. Ando así por la noticia sobre el calendario de Ryanair. Véanlo, amigos/as, aunque no se sientan guarros ni falócratas ni cosa por el estilo, porque no hay para tanto ni para nada de nada. De lo más puro y casto que uno se puede echar a la cara en estos tiempos, incluidas las ilustraciones de Camino para chicos de buen ver, que ya es decir. Insisto, repasen esas fotos que salen hoy gratis en todos los medios de comunicación –si usted quiere montarse una buena campaña de publicidad y que le salga económica, procure que se piquen las del Instituto de la Mujer- y comprobarán que se les nota menos cañalillo que a mi santa cuando se arregla para ir a misa. ¿Entonces? Hija, pues no sé, habrá que preguntarle a una psicoanalista de cuota; o a un psicoanalista argentino, que viene a ser lo mismo.
Con nuestro sentido común y los modestos saberes que nos adornan, vayamos a los argumentos del mentado Instituto, que talmente parece fundado por el Duque de Ahumada. Una portavoz del Instituto de la Mujer ha justificado así el berrinche con el calendario: “Supone una representación sexista de las mujeres que trabajan como tripulantes de cabina de pasajeros y de todas las mujeres” (el subrayado es de un servidor). Viene en El País de hoy, página 77 de la edición impresa. Así que no me lo invento, pese a mi proverbial perversidad. Coño (con perdón), pues aviados vamos. Y dicen que van a llevar el caso “a la próxima reunión del grupo de alto nivel sobre género de la Unión Europea”. Mucho level. Andan los órganos buscando su función. Hasta mete baza el Instituto Nacional de Consumo (¡?) para decir que el calendario atenta “contra la dignidad de las trabajadoras de la compañía”. Amén.
Por esta regla de tres, ya podemos ir suprimiendo casi toda la publicidad de la tele, la de las colonias, la de los coches, la de la ropa interior y exterior femenina. Y la masculina. Porque digo yo que ese anuncio de Beckam en calzoncillos que circula por ahí tampoco podrá ser. A mí me degrada, qué quieren que les diga. Por muchas razones. Nada, nada, a censurar a tutiplén. Y comités de moralidad pública recorriendo las playas y los pubs. Y que se cree un grupo de alto nivel del género general y que se reúna en el Valle de los Caídos, ahora que ya no se va a poder exaltar allí a Franco de frente. Nueva Sección Femenina, mira qué bien.
¿Y los pobres camioneros? Cómo van a decorar sus cabinas si se vetan los calendarios de señoras? ¿Les obligamos a llevar retratos de gordas peludillas o les imponemos estampitas de santa María Goretti o de doña Teresa o de Ana Botella? ¿Y en qué quedan los derechos históricos de los camiones? ¿Así conservamos y fomentamos nuestras tradiciones?
Creo que ya conté alguna vez mi primera salida de España, a los catorce años. Nos llevaron los curas del colegio a Lourdes y en la primera parada para mear en tierra de infieles, creo que en Pau, los chavales nos abalanzamos sobre los quioscos a comprar barajas de tías en top-less. En cuanto retornamos al autobús, el padre Tomás, más conocido como el Tomasón, nos las requisó todas, dizque para quemarlas. La hoguera no la vimos, pero ahí nos quedó a algunos para siempre el rescoldo de la represión. Me imagino ahora a una feroz servidora del Instituto de la Mujer, tal vez la Tomasona, arrebatándonos de nuevo aquellas cartas con voz tronante y repitiéndonos de nuevo el rollo de que esas fotos degradan a las modelos, a nuestras santas madres y a nosotros mismos. Tanto nadar, para morir en la orilla. Para este viaje no hacían falta alforjas.
Tengo algún amigo degenerado, como todos los hombres que no sean metrosexuales, al que lo ponen mucho más las fotos de monjas, con el traje enterizo y la toca y todo. Osti tú, y con ésas fotos qué hacemos. ¿Prohibimos los calendarios de monjas si a los de Ryanair se les ocurre promocionar de esa guisa sus próximos vuelos? Porque lo de la clausura sí que degrada a las víctimas. ¿Cómo dice? ¿Que las monjas lo son porque quieren y visten así porque les da la gana? Muy bien, entonces dígame usted quién obligó a las modelos de Ryanair a posar en paños menores.
¿Cuándo dejaremos de una maldita vez que cada cual, hombre o mujer, se lo monte cómo le pete? ¿Cuándo asimilaremos que entre adultos que consientan y no dañen a nadie no hay por qué andar metiendo la represora nariz franquista?
Parece que una parte del problema está en que las modelos eran empleadas de la propia compañía. ¿Y qué? ¿Consta que alguien las haya obligado o chantajeado para quitarse la blusa ante el fotógrafo? ¿No les pagaron acaso las horas extra? ¿Cambiaría mucho si las modelos las hubiera puesto una agencia especializada en anoréxicas de pasarela y damas de compañía para ejecutivos?
Represión cuando Franco, neorepresión ahora. No bebas, no fumes, no comas grasas, usa el Power-Point, no poses para calendarios si eres mujer. Pero existe una diferencia preocupante entre aquellos tiempos y éstos. Antaño los progres protestaban contra la censura, el dominio de los cuerpos, las plurales alienaciones que el sistema procuraba. Ahora no rechista nadie. Chitón. Ni una maldita voz crítica se escucha cuando vuelven a decirnos que nos tapemos, que nos lo hagamos por lo legal, que el cuerpo es de mírame (pero poco) y no me toques, que las mejores relaciones son con el espejo, que date cuenta de que te degradas con el calendario. Aquél iba para discurso único y se quedó a medio camino, por fortuna; a éste se le augura mejor porvenir. Los corderos guardamos silencio. Bien vestidos, eso sí. Al fin y al cabo, lo de censor debe de ser una vocación. Incontenible.
A lo mejor estamos errando el tiro por completo y todo se explica porque alguna jefa del Instituto de la Mujer es prima o cualquier cosa de un alto directivo de Iberia. Tendría gracia.
PD.- Increíble. Tremendo. A las dos horas de escribir lo anterior echo un vistazo a las novedades vespertinas de los periódicos y me encuentro esto (pinche aquí, pinche). Qué nos quedará por ver.

11 diciembre, 2007

Putadas

Al bueno de Hugh Grant han vuelto a pillarlo con la masa en las manos. Y en Puerto Banús, para más inri. No, no es concejal. Es que se fue de putas. Como cualquier buen padre de familia, sólo que a éste lo cazan siempre. Debe de ir dejando un rastro de (a)miguitas; o está gafado. La otra vez fue en un coche, mientras una señora del oficio más viejo del mundo, después del de la política municipal, practicaba a su costa el noble arte de Gorgias y demás maestros de la oralidad. Escándalo farisaico a todo trapo entonces, pues su novia lo dejó porque probablemente tenían firmado un contrato de exclusiva. Periodistas eufemísticamente llamados del corazón llegaron, a todo correr y subiéndose los pantalones, a la redacción de sus periódicos para informar con todo lujo de detalles del singular evento. En todo el mundo no se habló de otra cosa durante varias semanas, y tengo entendido que a la salida de misa de doce el pueblo llano se hacía lenguas del descaro del actor. A quién se le ocurre. En lugar de montárselo por la brava con alguna aristócrata de papada recortada a bisturí que luego lo contara con las señales y los pelos en Salsa Rosa, al pobre Hugh le moló probar al estilo plebeyo. Horrible. Con lo edificante que habría sido gestionarse a una señora decente que luego lo explicara todo en la tele para solaz de las familias bien avenidas. Mucho vicio, eso es lo que tiene ese tipo.
En esta ocasión se propuso obrar según los cánones más tradicionales y se fue a un night-club. O sea, a Puerto Banús. Y ahí han vuelto a trincarlo, aunque, por lo que parece, sólo quería tomar una copa. Que es lo que dicen todos cuando los descubren en locales así, que sólo era por tomarse un güisqui y hacer unas risas con los amigos. Imagino que el hombre deseaba una relación sin complicaciones y sin tener que regalarle a la contraparte de la farándula una pulsera de diamantes y un papelito en la próxima peli. No, se dijo, esta vez buscaré sexo de pago propiamente dicho. Y ahí lo descubrieron, como a un vulgar colegial.
Hasta aquí todo normal, y más en estas épocas de cenas navideñas y despedida del año con los compañeros de la ofi. Lo desconcertante es lo de la hetaira. ¿No se equivocaría él de local? Pues, según cuentan los periódicos, la honesta profesional declara que el muy atrevido quería besarla, pero que ella no estaba por la labor porque en la mesa de al lado se hallaba su novio, el suyo de ella. Lo dicho, que el pobre señor Grant fue a dar con sus huesos y tal en el sitio erróneo. Él venga ponerse insinuante y meloso y la chica dale que te pego con hablarle de Derrida y la reconstrucción del ser sentiente. Y él: ¿Pero esto qué es? Y ella: La Facultad de Filosofía y Letras, mi amol. ¿Y aquí no se folla? Sí, corazón, pero cuando se acabe el seminario que estamos haciendo sobre posmodernidad y deseo. Ah.
No me digan que no es tierno. La ejemplar señora, que se llama Alvina Sabino, se había llevado el novio al trabajo, por si aparecía algún actor con la visa platino y había que mantener contra viento y marea la virtud incólume. Y luego dicen que la familia está en crisis. Con todo y con eso, parece que don Hugh consiguió sentarla en sus piernas de él, imagino que mientras ella insistía en preguntarle si no creía que iba siendo hora de someter a nuevos patrones hermenéuticos el segundo capítulo de Sein und Zeit. De modo y manera que es fácil entender que él se fuera a bailar con otras damas menos dadas a la fenomenología existencialista, con el consiguiente despecho de Alvina y la consternación de su novio, al que me imagino atribulado con el ordeño de alguna esencia zubiriana.
Es que en este país ya no hay donde caerse muerto. Está claro. Ni pagando. La próxima vez que se lleve un PowerPoint. O unas transparencias.

10 diciembre, 2007

Fórmula €

Leo esta mañana lo que probablemente cobrará Fernando Alonso por año en su nuevo equipo, que se rumorea que será Ranault. He tenido que echar mano de calculadora, pues a mí me dicen lo de 35 millones de euros, que es la cifra de marras, y, como no estoy acostumbrado, me quedo tan ancho y ni me pongo de mala leche ni nada. Así que lo pasé a pesetas con ayuda de la calculadora y pensé que me había equivocado y se me había ido la mano con los ceros. Nada, nada, lápiz y papel, la punta de lengua entre los dientes y a multiplicar. Y me sale lo mismo, casi seis mil millones de pesetas de las de cuando éramos jóvenes y tomábamos las cañas mucho más baratas. Y eso sin contar lo que ingresará por publicidad y no sé qué mas. Ya puestos, divido entre trescientos sesenta y cinco días del año para ver lo que pilla la criatura por jornada, trabajada o no, y resulta que son quince millones de pesetas diarios. Mas de seiscienta mil por hora. Algo más de dos mil duretes por minuto. Casi doscientas pesetas por segundo. Es decir, en los tres segundos que tarda en pedirse una caña en un bar, ya ganó para pagarse tres. Como yo, mira. O como usted, so capullo, que encima llora y se caga en el padre de Hamilton cuando nuestro Fernandito nacional pierde ante uno más joven, inexperto y, encima, medio negro. Qué falta de respeto.

Mientras escribía el párrafo anterior, Alonsito se acaba de embolsar trescientos y pico euros. Y eso que lo redacté de prisa, para joderlo.

¿Se imagina usted, querido amigo/a, lo que debe de ser despertarse por la mañana, a eso de las diez o las once, después de haber pasado buena parte de la noche haciendo lo que uno quiera, tal que quemando unos billetitos de mil euros y tiznando con los restos las posaderas de una señora de alguien –o de uno, incluso-, levantarse, tirarse unas ventosidades a la salud de Bernie Ecclestone –que estará en ese momento haciendo lo mismo, después de haberse trajinado a tres mises anoche y de jugar con ellas al tres en raya-, mirarse en el espejo y preguntarse qué güevos haré con los jodidos quince millones de pesetas que me van a entrar hoy en la cuenta por mi cara bonita y amplia? Al cabo de menos de una semana ya puede comprarse a tocateja un piso superguapo, de ésos que usted paga durante treinta años y a base de renunciar a casi todo lo que le gusta. Y así.

Claro, se entiende que mi coterráneo Alonso se mosquee con los periodistas a cada rato, se queje de las servidumbres de la fama y se vaya a vivir a la Conchinchina para que no le toquen esos cataplines de Banco Central que se le han puesto. Normal. Con esos quebraderos de cabeza yo también andaría con un carácter insufrible. Si ya tiene uno problemas para organizar los cuatro cuartos de la hucha, cómo serán las angustias financieras de alguien a quien le endilgan día tras día un puñado así de pasta. Una putada.

Así que, por lo que sufre entre unas cosas y otras, tenemos que seguir fieles en nuestra afición a la Fórmula 1 y en nuestro apoyo a Fernando I de Asturias y de Suiza. Al principio cuesta, pues no hay deporte más aburrido. Hasta el golf parece puro dinamismo cuando te apalancas en el sofá para ver el automovilismo de los domingos y escuchar los comentarios, siempre imparciales y sosegados, del personal de Tele5. Yo suelo acompañar esas emociones con una cerveza grande y unas aceitunas y, así, cuando llegan los ferraris al primer repostaje ya les saco tres décimas de ventaja. Porque a ver, qué hace uno si no se toma unos tragos y no se suelta unos regüeldos ad hoc, ¿acaso cronometrar lo que dura un cambio de neumáticos para seco por unos para agua? ¿Desquiciarse con el tremendo dilema de si los McLaren irán a dos o a tres paradas? Yo este año, cuando vea una carrera, voy a pensar en cuánta guita le cae a Alonso durante los segundos que dura una carga de combustible, por ejemplo. Oye, es una manera como otra cualquiera de encontrarle sentido a uno de los deportes menos deporte y más bobalicones del mundo.

Digo yo que cuando el próximo año el asturiano carapán gane algo y en Oviedo se reúnan unos miles de enfebrecidos paisanos para celebrar tamaño éxito de la nación asturiana y de un guaje humilde, el jodido piloto mandará unos euros para unas sidras y unos bollos preñaos. Porque, si no, ye como pa matalu, FÍA.

08 diciembre, 2007

El PP de los torpes

Hace una temporada que manifesté aquí que el PP debe de estar infiltrado por agentes de Rubalcaba y asesores de ZZ. O puede que sean ocurrencias del confesor. Esta derecha siempre acaba llena de cardenales. Lo digo un poco en broma, pero vaya usted a saber. Cosas más raras se han visto. En el fondo quedan mejor los del PP si es ésa la razón de tanta metedura de pata, tanto despiste y tanta torpeza. Porque si hacen lo que hacen porque se les ocurre a ellos solitos y les parece lo más inteligente, aviados están: son tontos de remate.
¿Qué si lo lamento? Que no haya una oposición más seria y eficaz sí que lo lamento. Que se lo pongan tan fácil a un cretino vacuo como ZZ lo lamento muchísimo, aunque, puestos a contemplar con distanciamiento y una pizca de cinismo la marcha del país, he de reconocer que una nueva legislatura con Zapatero de jefe puede dar para muchas risas y mucho tirarse de los pelos todo el mundo, hasta quienes lo voten como mal menor; que manda cojones. Fuera de eso, creo que un servidor votará a alguno de esos partidos nuevos que están haciendo mucha falta y que se atreven a decir cosas evidentes que la izquierda zampabollos considera tabú y contrarias a la political correctness, tan monos, tan fisnos. Zapatero no estás solo y tal. Y los de la otra acera política atizándole a Zerolo, pero evitando la rima obvia.
Pero sigamos con las desgracias del PP. No me voy a referir, por ejemplo, a quién sería el pedazo de jurista que convenció a ese partido para intentar recusar a los tres magistrados del Constitucional por una conversación privada entre magistrados y que, encima y para más guasa, era falsa. Consiguieron los del PP que hasta “sus” propios magistrados se salieran del cercado y votaran lo inevitable. Hoy un editorial de El País se ensaña con los llamados populares a costa de ese tema, y no es de extrañar.
Lo que a un servidor, ciudadano de provincias sin pedigrí, lo ha dejado patidifuso ayer mismo fue un cartel del PP, de esos de propaganda electoral preelectoral. Iba conduciendo y casi me trago el vehículo que circulaba delante del mío. En el gran cartel una foto de Rajoy entre que sonrío y ya veremos, y esta inscripción inteligentísima: “Con Rajoy llegar a fin de mes es posible”. La madre que los parió, no saben ni donde tienen la mano derecha, aunque parezca mentira. ¿En qué país viven?
No creo que semejante lema le dé a Rajoy ni un voto, más bien le quitará unos cuantos miles. En este país de nuevos ricos y pobres acostumbrados a vivir como ricos, donde todo el mundo trampea para poder vacilar de que se conoce de pe a pa los íntimos secretos de cada añada de Ribera de Duero, donde quien más y quien menos da el palo para comprarle a la amante o el amante el detallito de oro con dinero B, donde la única consigna que socialmente ha calado en mucho tiempo ha sido la de antes muertos que sencillos, donde a la hora del vermú se compite a base de presumir de muchas hipotecas y pon otra ronda que la pago yo con lo que aún me sobra, donde las estrecheces económicas no reconocidas las compensa el abuelo de turno con su pensión o llevando esas zapatillas con ventilación frontal para que los hijos y los nietos puedan seguir vistiendo ropitas de marca, donde todos nos sentimos ricos gracias a que podemos explotar a alguna asistenta sudaca y, de paso, hasta tocarle el culo un poquito por la cosa del fomento de la multiculturalidad, en este país, en suma, ni el tato reconoce, ni para sí mismo siquiera, que no llega a fin de mes. Que nos llamen malnacidos, ladrones, jetas, corruptos, inútiles, vagos, ignorantes o zapateristas no nos ofende lo más mínimo, pero hay dos calificativos que bajo ningún concepto toleramos los españoles: facha y pobre. Aquí hasta la teología de la liberación lleva visones a misa de una en la catedral. ¿Y a nosotros nos va a insinuar Rajoy que no llegamos a fin de mes? Será facha el tío.
El día menos pensado veremos al PP presentarse como el partido de los pobres y hasta los más tiraos le gritarán a Rajoy que se vaya para Bolivia a hacer el indio, que aquí todos somos hidalgos conquistadores y gentes de posibles. Habráse visto. Qué falta de respeto, hombre.
Para que no se diga, y definitivamente obnubilado por entusiasmo rajoyista, quiero ofrecerle al PP mi granito de arena y ayudarlo con nuevos eslóganes igual de impactantes y efectivos. Se los regalo. De nada. Ahí van unos pocos. “Nos oyen hasta los sordos”. “Capaces con los incapaces”. “Echaremos una mano a los mancos”. “Sabemos de qué pie cojeas”. “Para que PISA no te pise”. “No sigas votando a lo tonto”. “Con Rajoy recobrarás la potencia”. “Con Rajoy se acabarán las mariconadas”. Y el definitivo: “Rajoy te quiere aunque seas así, so calamidad”. Nada, nada con unos cartelitos de este estilo y poco más, éxito seguro. Enhorabuena.

06 diciembre, 2007

Cutrez diplomática

Si lo que cuenta hoy ABC sobre las gestiones de Moratinos para que Chávez vuelva a querernos son ciertas, apaga y vámonos. No es que haya de darse mayor importancia al famosísimo incidente entre un Rey y un cantamañanas exgolpista y seboso, al que le acaba de salir mal su nuevo intento de convertirse en caudillo perenne de los venezolanos, pobres ciudadanos de un Estado rico. Pero una cosa es no dar importancia a esas paparruchas y otra dedicarse a sobarle el lomo al ceporro bolivariano para que se envaine las reprimendas que nos echa. Bien está joder, pero no arrancar los pelos. Este Moratinos tiene menos peso y menos dignidad que un gusanito de gominola. O será su jefe que no quiere perder la amistad con los matones del barrio, yo qué sé.
Por otro lado, excelente la política informativa del Ministerio de Exteriores: a cada rato reconoce lo que media hora antes había negado, y lo va reconociendo todo a medida que Chávez va cascando las cosas como le convienen y porque le convienen.
¿Qué hay que hacer para solicitar que este Gobierno no lo represente a uno en las cosas de la política internacional? ¿No puede uno hacerse apátrida, igual que en lo religioso podemos hacernos apóstatas?
Pinche aquí y deléitese con nuestra valerosa política exterior. Luego tire de la cadena.

04 diciembre, 2007

Manifestaciones y terrorismo.

Al escribir estas líneas, principios de la noche del martes, ya se ha celebrado en Madrid la concentración “unitaria” contra ETA y, según leo en El Mundo, la asistencia no ha sido espectacularmente numerosa. Dice el periódico que es la ausencia de la Asociación de Víctimas del Terrorismo y del Foro de Ermua lo que ha restado gente. Quién sabe. A lo mejor también influye la falta de presencia de Z. Cuando digo falta de presencia quiero decir ausencia; aunque tal vez no sólo.
No sé quién será más causante de que no haya sido esa concentración tan multitudinaria. En cualquier caso, puede que tenga mucha razón el amigo Mercutio cuando, en un blog de la competencia, señalaba que hay que olvidarse ya de las zarandangas de la unidad de los demócratas y otros tópicos similares y basta con pedir que cada cual haga su trabajo: la policía, los jueces y el Gobierno (al final del post copio el texto de Mercutio). ¿O es que porque mi vecino y yo no nos pongamos de acuerdo para ir juntos a una manifestación contra los matones o contra los que pensaban que ya no eran matones debe debilitarse la acción antiterrorista del Estado?
Pero, por otro lado, que la gente esté aburrida hasta la boina no me extraña nada. Llevamos demasiado tiempo de manifestaciones y contramanifestaciones, clasificando y calificando a los manifestantes según los vientos que corran y hablando cada partido de la feria según le va en ella. Si poner verde a Zapatero con insultos está mal en momentos en que se debe ir de la mano, llamar asesino a Aznar en aquellas manifestaciones de cuando entonces se supone que estaría igual de mal; ¿o no? Si llamar a Zapatero traidor y cobarde y cosas así en una manifestación está mal, digo yo que también lo estará que Pepiño y otros genios de similar talante se dediquen a llamar fascistas y otras lindezas a los del PP; ¿o no? Si está mal que el PP exagere y tilde de extrema izquierda roja y no sé qué gaitas a los más belicosos del PSOE, igual habrá que considerar el que el PSOE señale como extrema derecha a todo el que levante la voz contra su política y sus líderes, aunque sea en caliente y en una manifestación.
Curiosa esa política de pases al extremo del campo político. Como en este país rige la consigna de lo políticamente correcto y el principio de que todo el mundo es bueno mientras no tenga sentencia firme en contra (y cuando la tenga no tiene que encasillarlo o etiquetarlo entre los malos tampoco), un mínimo enojo y un poco de visceralidad verbal de unos u otros se interpreta como el terrorífico resurgir de los extremismos más radicales y el retorno de la parte más sanguinaria de las dos Españas de antaño. Hombre, tampoco es para ponerse así. A ver si no vamos a poder ciscarnos en la sombra de chorizos, pícaros y vendepatrias, sean diestros o zurdos, sin temer que se acabe el mundo, vuelva la guerra civil y nos condenemos todos al infierno. Es lo contrario lo que hace falta: palabras bien contundentes, para que sepan los inútiles que nos gobiernan y los inútiles que se les oponen que no van a irse, encima, entre aplausos de lata y sonrisas de cartón.
Es normal que la gente se canse de ir de manifestación contra el terrorismo, porque, según por qué lado caiga uno o lo que grite, acaban encasillándolo en otras películas que no son la que convocaba a todos, que si facha, que si rojo, que si traidor, que si alarmista, que si españolista, que si antiespañol. Una porquería. Puede que la solución fuera que en una de esas manifestaciones convocadas unitariamente por los partidos bocazas no se presentara ni el apuntador. Y dejar en el suelo antes una pancarta con el siguiente lema: “No hemos venido porque estamos contra el terrorismo, pero no a vuestro favor, gilipollas”.
También andará el personal harto de que lo chuleen, y no me extraña. Ha declarado hoy Caldera, que estaba en la manifestación representando al Gobierno, que a los culpables los van a detener, encarcelar y de todo. Está listo si piensa que a estas alturas la gente se cree la irrevesibilidad de esos propósitos. Hoy te detengo y te detesto, mañana ya me caes mejor pues a lo mejor ya no eres tan malo, pasado le pido al fiscal manga ancha a ver si negociamos, al día siguiente te nombro hombre de paz, horas después te doy el chivatazo de la policía va a por ti, al otro día, como has vuelto a matar o a intentarlo, digo que nunca he querido ni querré saber nada contigo. Diantre, es un guión más digno de un culebrón televisivo mexicano que de la política seria de un país que no sea puramente bananero. Así que con qué espíritu va uno a escuchar los alegatos justicieros de Caldera o a ver los pucheros falsarios de Z. Mejor quedarse en casa más ciego que un topo y más sordo que una tapia.
Y luego los grandes ejemplos. Como los extremos se magrean –he dicho extremos, no extremismos, ojo; aunque éstos también se achuchan-, resulta que por la manifestación no aparecen ni Alcaraz ni Zapatero. Por si algún exaltado los insulta, ¿sabes? Coraje cívico creo que llaman a eso; y ética de principios. Contra el terrorismo como un solo hombre, pero en casa por un quítame allá esas pajas. ¿Les extraña que la gente aplique cada vez más lo de "que se manifiesten ellos"?
Pero como hasta en los días más negros aparecen destellos humorísticos, ha salido Pepiño de su armario de alcanfor y telarañas mentales y nos ha explicado por qué Zapatero no ha acudido a la concentración unitaria. No es que se acoquine si cuatro viejas –fascistas, seguro, porque en las manifestaciones sólo insultan los fascistas, salvo que sean manifestaciones antifascistas, claro- lo llaman botarate o cualquier cosa. No, si fuera por eso iría, que menudo es él para dar la cara cuando pintan bastos.
Imagínese la siguiente escena. Usted va por la calle con cuatro amigos y unos delincuentes malísimos los rodean con las peores intenciones de dejarlos hechos unos zorros. La única esperanza de que todos salgan indemnes es que los cinco se mantengan firmes y se defiendan como una sola mujer. Si uno echa a correr, posiblemente ése se salve, pero sólo ese. Y es imposible que puedan escapar todos, cosa que todos saben. Ahora imagine que uno de los cinco es Zapatero y respóndame con la mano en el corazón, aunque sea usted votante del PSOE: ¿cree que Zapatero escaparía el primero y más rápido que ninguno? Para conocer la respuesta obvia, leála aquí al revés: ÍS. Pues por eso, como para andar manifestándose con él o para defenderlo si lo atacan; ya te digo.
Pues Pepiño dice que el valeroso Z no es que se haga el zorro o el longuis para no ir, porque le entre el cague y se le encrespen las cejas; no ha ido por dos razones bien distintas, según el maquiaveluco de Lugo. Una, porque no tiene costumbre de ir a esas manifestaciones de cuando ETA mata, al menos desde que es Presidente. Si no acudió cuando lo de la T-4, por qué va a hacerlo ahora; a ver, por qué. De cajón. Y el otro motivo mola más todavía: es que a esa hora había quedado con la Presidenta de Filipinas, vaya por Dios. Que si no llega a ser por eso a lo mejor va, pero mira qué fatalidad de cita, hombre. También es mala suerte. A ésta no quiso plantarla, como cuando al polaco aquel. Di que aquella cita era en Polonia y en fin de semana, claro.
¿Y con ese ganao quieren que nos manifestemos? No valen ni para El Rey de la Comedia; ni siquiera para el de la Tragedia.
**************
Copio a continuación el comentario del amigo Mercutio en el blog de Santiago González:
No sigamos engañándonos, coño. La unidad de los demócratas no derrota a la ETA. La ETA no se presenta a las elecciones, y sus actos no están sujetos a la aprobación popular. Lo único que puede derrotar a la ETA es la fuerza del Estado: la fuerza física, literal -el uso legítimo de la violencia, que corresponde sólo al Estado de Derecho-, y la fuerza legal. Es decir, policía, jueces, prisión; y antes, durante, alrededor y después, encima y debajo, el Imperio de la Ley. Y punto.
Esto no son unas elecciones, en donde manda la mayoría; ni siquiera una manifestación de cuarenta millones de españoles derrotaría a la ETA. Esto es la lucha, el enfrentamiento violento (a ver si perdemos el miedo a las palabras) de una banda de asesinos y chantajistas contra la ciudadanía, su organización cívica y sus decisiones. Y para vencer en esas luchas cruentas -que siempre han existido en las sociedades- después de miles de años de tanteo y error lo mejor que hemos encontrado es la creación de un sistema muy complejo de normas punitivas e instituciones que las apliquen. Las rogativas y el pensamiento mágico quedaron obsoletos hace siglos.
Gobierno de España: no necesito guardar un minuto de silencio, ni salir a la calle, ni hacerme una foto abrazado a mi vecino, ni encender velitas para que Vds. -mis empleados- cumplan con sus obligaciones. Y la primera de ellas es proteger mi seguridad y la de mis conciudadanos. Apliquen la Ley, persigan, detengan, juzguen y encarcelen a los delincuentes.
Oposición: cuando el Gobierno de España haga lo que tiene que hacer, Vds. se callan. Cuando no lo haga, Vds. lo denuncian.
Lleven a cabo todos Vds., políticos de mierda, aquello para lo que los hemos elegido. Y déjense ya de la unidad de los demócratas, que a los asesinos no les importa una higa; déjense de consignas como lo de no utilizar el terrorismo electoralmente (¿por qué? ¿Es una parte de la acción gubernamental vedada a la crítica?), déjense de gestos, toreo de salón, logomaquias y demás palabrería. Legisle el poder Legislativo, y actúe el Ejecutivo. Ya está bien, hombre.

¿Cuántos derechos tienen los hijos de perra?

No, no voy a hablar de los etarras que tan valientemente matan por la espalda a guardias desarmados, en lo que Rubalcaba llamó un tiroteo, tal vez por querer imitar el lenguaje hasta hace poco habitual en su jefe, quien ahora pone unos pucheros más falsos que las convicciones de Bono, que ya es decir. Estos que han acabado con el PSOE, los Z, Bono, Pepiño, Rubalcaba… de tanto echarle cintura y descaro a la vida política ya sólo son eso, descaro y cintura, sin seso y sin más principios que el todo vale y tonto el último.
No, no voy a hablar de ratas etarras, sino de perros, de una perrita a la que ABC le dedica hoy primera página de su edición digital, aprovechando que estos días aquí apenas hay noticias que menear. Resulta que una señora, naturalmente norteamericana, le dejó en herencia a su perruna mascota la módica suma de doce millones de dólares. La perra se llama Trouble. Me refiero a la heredera. A lo mejor eran hermanas de madre y nadie más lo sabía. Y, claro, ahora la perrita tiene problemas, debe viajar de incógnito y hasta se cambia el nombre para que no la maten o no la secuestren. Se la imagina uno toda dulce con sus lazos de seda y sus correas de oro, moviendo la colita repeinada y reprimiendo alegres ladridos, mientras cualquier humano infecto y sin pedigrí ni nada le pregunta y tú cómo te llamas, perra, y ella para despistar contesta y dice que Magdalena Álvarez, al tiempo que enseña un colmillo, y todos los perros de los alrededores la apoyan sin dudar y al módico precio de cien mil dólares per capita. Que ya se sabe lo desinteresados que son los canes y cuan firmes sus convicciones a la hora de defender a las de su especie en apuros.
El periódico añade que “el cuidado de Trouble -seguridad, atención médica, cepillado, alimentos preparados por un chef- cuesta unos 300. 000 dólares anuales”. Por lo visto, la chucha ha tenido que cambiar de ciudad porque recibía constantes amenazas de muerte y de secuestro. Eso sí, el traslado lo hizo en jet privado y con nombre falso.
Qué quieren que les diga. Uno ha vivido muchos años con animales, los quiere y detesta la crueldad con ellos. Pero como esa convivencia fue en un pueblaco astur y no en un loft de Chueca, también he visto con qué naturalidad y limpieza se mataba un gallo para zampárselo el día del santo y cómo se dejaba fuera de combate a un conejo antes de prepararlo con arroz. Y eso sin contar lo que pasó con aquel perro que teníamos y que se llamaba Güisqui. Era peludo, feo y torpón, pero se le reconocían sin problema sus derechos mientras se mantuviera dentro de la ley, que era más bien la ley del Oeste. Este Güisqui era propenso a engancharse a la pierna del primero que le pasaba al lado y a moverse cual si la jamba de uno fuera la perra más maciza de la comunidad autónoma. Aunque, ahora que recuerdo, de aquella todavía no había comunidades autónomas, sino el centralismo opresor que impedía a los de mi pueblo las dosis de autogobierno que hoy disfrutan. Pero un día a Güisqui le dio por practicar la caza de gallina de corral (de corral propio, pues si era ajeno, se perdonaba esa afición, como si en verdad ya hubiera comunidades autónomas. Se me ocurre que también habríamos podido llamarlo Carod, pero quién nos lo iba a decir). Y ahí se acabaron los dulces días de Güisqui, que pasó a mejor vida por no haber entendido que aquellas gallinas también eran de la familia y que la familia no se toca.
¿Y esta historia a qué ha venido? Pues a que se me ha despertado la bestia que llevo dentro y que es la misma que me hace coger el insecticida ZZ cuando veo a Z en plan ácaro con mucha cara. ¿Y qué me dice de lo de la perrita mi bestia íntima e inclemente? Pues que yo mismo me la cargaría sin ningún esfuerzo. Nunca he roto nada tan caro. Anda, ¿y la perrita?, me preguntaría el mayordomo del bicho. Y yo: uy, se me cayó por el barranco, qué putada.
Además es una gozada imaginar a su pútrida dueña muerta revolviéndose y aullando en su tumba. Realmente les haría un favor a las dos pues dicen que cuando la dulce Trouble se muera, quien sabe si hasta de muerte natural, como Franco, las reunirán a las dos en un panteón de millón y medio de dólares. Aunque, pensándolo bien, ¿qué tal si luego vamos al panteón y le pegamos fuego?
Por cierto, ¿los panteones pagan impuesto sobre el patrimonio? ¿Y sin son panteones grandísimos y así de caros? Lo digo porque como Z va a ahondar en su política social mediante la supresión del impuesto sobre el patrimonio…

02 diciembre, 2007

El sudor.Por Francisco Sosa Wagner

Se acerca un tiempo terrible, de desaseo y de desaliño. Viene el tiempo de la sudoración y llega el reino del sudoroso.

A diario lo oímos en las soflamas de los políticos, calientes como andan por esa época de celo que son las elecciones generales: compañeros ¡a sudar la camiseta!

El triunfo de cada formación está asegurado, así lo proclaman los sociólogos de las encuestas, arúspices modernos que miran nuestras intenciones como antes se miraba el bazo de una vaca. “Nos sonríe la fortuna, el elector se inclina por nosotros” pero solo llegaremos a ese edén prometido si estamos dispuestos a sudar la camiseta.

¡Qué desazón nos espera! Porque ¿quién no conoce a un candidato puesto por un partido en las listas? Pensando en esa persona, en tiempo de urnas, su proximidad nos pone en una disyuntiva pavorosa. Si no suda, ya sabemos que no pasará de candidato, su estrella se apagará y su verbo no podrá resonar recio en la bóveda del Parlamento. Por el contrario, si suda, llegará a diputado y sin duda derramará los mejores bienes sobre la población. Pero -de momento- con lo que contamos es con la cercanía poco grata de un tipo en plena secreción de sus glándulas sudoríparas.

Porque sudar la camiseta exige mucho caudal sudante, del pecho, de la espalda y de los sobacos. Habrá quien utilice trucos, por ejemplo meterse en un baño turco o en una sauna y poner la camiseta perdidita de sudor por esta vía artificial. No es extraño que este atajo de sudores se halle rigurosamente prohibido en los manuales del buen candidato al que se exige un sudor natural, de buena calidad y obtenido según reglas tradicionales. Libre de sospechas y de tretas.

Alguien dirá que poner en relación el sudor con el arrojo político resulta enigmático pero debemos admitirlo pues, si con tanta insistencia se proclama esa vinculación, razones existirán para ello.

El problema que se me plantea es el siguiente. Ya tenemos al candidato que, por estar empapado en sudor, ha conseguido su acta de diputado. A partir de ese momento ¿debe dejar de sudar o, por el contrario, debe seguir sudando? Este extremo es importante que nos lo aclaren antes de que cumplamos el rito de comulgar con la papeleta ante la urna.

Dicho en otros términos: el periodo de sudoración ¿tiene su ámbito de vigencia reducido a la campaña electoral o se extiende al mandato en su conjunto? He acudido a los grandes tratadistas que han inventado el sistema democrático, desde Locke y Rousseau para acá, y la verdad es que de sudor no se habla. Debe de tratarse de hallazgo moderno, una ocurrencia ingeniosa, tan habitual en la actual clase política.

Pero nos falta completar la información y que nos ilustren: el diputado ¿debe sudar o no? Porque se entiende mal que tenga que sudar para buscar el voto y no tenga que sudar redactando los artículos de la ley hipotecaria. Si con el sudor se está haciendo referencia al esfuerzo (“con el sudor de tu frente”), no hay ninguna razón para que se deje de sudar al conseguir el acta. ¿O sí? ¿y qué significado tendría la interrupción de la transpiración?

Este es el busilis, el quid como si dijéramos. Que llega a torturar cuando la pregunta se amplía: si el diputado llega a ministro o a presidente ¿debe seguir sudando o ya puede dejar de sudar?

Como se ve, son demasiadas cuestiones las que quedan en el aire. Solo de pensar en su trascendencia ya me he puesto a sudar con el riesgo de que me metan en una lista ...

01 diciembre, 2007

Esquizofrenias.

La autodenominada izquierda y la Iglesia catolica cada vez se parecen más. Las coincidencias son múltiples. Les gusta tergiversar la historia, eligen con pésimo criterio sus líderes, inspiradores y gurús, adoran los mitos y los ritos, disfrutan moviendo malamente a las masas, cuando más alienadas y enfebrecidas mejor, reparten frívolamente condenas y bendiciones, lanzan muertos a las cabezas de sus rivales, tanto muertos propios como ajenos, tienen una visión del mundo y de la sociedad perfectamente maniquea...
Un rápido vistazo a los periódicos de hoy basta para captar el calibre de los desatinos. El Papa vuelve a tomarla con el ateísmo, al que hace culpable de crímenes sin cuento. Entre ateos y materialistas, que son dos caras de la misma moneda, están llevando al mundo a la perdición, la desesperanza y las masacres. Claro, claro. Se confirma lo que muchos sospechábamos. Todos aquellos inquisidores eran ateos disfrazados de dominicos. El Papa del Syllabus y todos los que desde la Silla de Pedro echaron pestes contra los derechos humanos, la democracia, el constitucionalismo moderno, la igualación de la mujer, el sexo libre sin culpas ni traumas –con eso siguen dale que te pego-, la libertad religiosa, etc., etc., etc, eran materialistas haciéndole regates al Espíritu Santo. El cardenal Gomá era otro ateo infiltrado en el franquismo para hacerlo bien sangriento, y aquella Carta colectiva del Episcopado español también fue obra de materialistas travestidos de pastores. Cómo no. Igual que fríos materialistas y ateos eran los obispos argentinos de cuando Videla y los chilenos de cuando Pinochet, por no hablar de los sin dios con sotana que acompañaban los vuelos de la muerte y repartían bendiciones a los que lanzaban al mar a los detenidos narcotizados. Claro que sí, Su Santidad Suya de Usted, claro que sí, ateos malísimos todos. Igual que ateos acaban siendo esos teólogos de la liberación a los que el Santo Oficio tiene que poner en su lugar para que no contaminen todo de materialismo, o esos misioneros que se dejan la piel entre los que sufren y hasta les reparten condones para que no siga matándolos cruelmente el sida. Porque son ateos y materialistas acierta la Iglesia de Roma al pararles los pies. Con lo bien que podrían estar repartiendo bendiciones y recibiendo óbolos suculentos en alguna parroquia de ricachones, comentando con las marquesas de a millón lo mal que anda el mundo y cómo el materialismo lo impregna todo, horrible, horrible. No me consta que el Santo Oficio la haya tomado nunca con ningún eclesiástico ordeñador de marquesas ni adulador de banqueros ni reconfortador de espadones golpistas. No señor, el problema somos los ateos, todo el día explotando al personal, matando sin ton ni son, torturando en horas extra y destripando inocentes en nombre del No-Dios. Exacto, Santidad, exacto. Y que su Dios le conserve la vista.
De prelados y purpurados de por aquí cuentan hoy los periódicos que los Rouco hacen doblete, pues el Rouco Antonio María ha conseguido, dicen, hacer obispo a su sobrino. Mira, como los ateos. Beneméritas tradiciones. Los concejales colocan esposas, amantes, primos y demás familia, pero los curas sólo maniobran con sobrinas y sobrinos. Bien está, pues la familia es célula básica de la sociedad, aunque sea la colateral o la ajena. Tendrá grandes méritos eclesiásticos el Rouco II, no digo que no ni soy quien para juzgarlo, pues de méritos trascendentes entiendo menos que de golf o julepe, pero lo que me llama la atención es que, según los periódicos, el joven Rouco es de Comunión y Liberación. Esos tampoco son ateos y se desviven por la humanidad sufriente. Por ahí sí que va la Iglesia camino de ganar adeptos entre la flor y nata de la humanidad pensante y sintiente. Sensibilidad cristiana a flor de piel. A flor de piel de chinchilla o de visón, quiero decir.
La izquierda oficial muy bien también. En las mismas. Como en el caso de los católicos, aquí o allá los hay que se parten el alma y se juegan la salud por los pobres y la justicia social. Pero a la izquierda de escaparate le pasa lo mismo que a la iglesia institucional, lo que más le gusta son los fantoches, los esquizofrénicos, los voceras y los que hacen las putadas más gordas a los inocentes y desprevenidos. Después de ver las imágenes de Ingrid Betancourt secuestrada durante seis años, junto con cientos de personas más, por esa guerrilla sangrienta, tan sangrienta como los paramilitares que juegan a lo mismo, seguirá habiendo cabestros con pluma empeñados en sostener que las FARC representan la insurgencia latinoamericana y la esperanza de los pobres. Volverán oenegés y partidos de pseuodoizquierda a recibir aquí, entre alabanza y mimo, a los embajadores de semejantes asesinos y habrá quien se crea que el cretino de Chávez realmente media con las FARC por razones humanitarias. Contaban los periódicos hace unas semanas cómo Chávez recibió a un tal Ivan, representante de las FARC, y estuvieron cantando y riendo muchas horas, según palabras del propio Presidente vitalicio de los venezolanos demócratas. Imagino que de algo más hablarían, tal vez de la revolución bolivariana y del antiimperialismo para dummies.
Por cierto, hoy se cuenta igualmente que Chávez amenaza con meter mano, si el Rey de aquí no se disculpa, a los bancos españoles que hacen negocio en Venezuela. Eso también es sana política izquierdista. Lo que haya de hacer el gobierno venezolano con los bancos no dependerá de ideologías o cálculos con el interés general, sino de que un rey se disculpe con un patán que juega a ser rey, aunque sea de bastos, versión caribe de un Luis XIV baboso y con más papada. Si Juan Carlos le pasa la mano por el seboso lomo a Hugo, seguimos en Venezuela con capitalismo financiero; si no, nacionalizamos los bancos. Seguro que nuestro Yamasfabes babea aquí de gusto ante semejante izquierdismo que combina con tanta sabiduría la lucha anticapitalista, la oposición al imperio y el republicanismo. Por cierto, del Santander y el BBV no me da ni gota de pena. Otros ateos, seguro.
No queda donde caerse muerto y líbrennos los dioses de los paraísos. Tanto el paraíso eterno como el paraíso comunista se están llenando de idiotas, pendejos y cretinos. Yo me quiero ir al infierno de toda la vida, con la gente normal y del montón. Y, por cierto, menos mal que en su nueva encíclica insiste Benedicto XVI en que infierno haber haylo, aunque no esté lleno de fuego y dolor de tripa. Uno se conforma con que no aparezcan por allí ni Chávez ni los de las FARC y los paramilitares ni los funcionarios del Santo Oficio ni Rouco y su sobrino. Todos ésos al cielo, por lo mucho que han hecho por la humanidad. Y que les vaya bonito. Qué te apuestas a que no los aguanta ni Dios.
PD.- Acabado este post, oigo en la radio la noticia del atentado de ETA en el Sur de Francia. Larguísima declaración de Zapatero después, sin decir "accidente" ni palabra similar. Llama a la unidad para deternerlos y acorralarlos, con un énfasis que ni Aznar en sus más furibundos tiempos. Es lo bueno de no tener ideología, que puedes sostener en cada momento lo que más te convenga.
Pero el que me deja más contento es Yamasfabes, bufón que haría mejor la carrera si hubiera nacido en la Venezuela de su colega bolivariano. Dos declaraciones le escucho. En la primera manifiesta su solidaridad con las familias de “los afectados”. Así, “los afectados”, como si se tratara de una sequía o un tornado. En la segunda se solidariza con "las víctimas". Las víctimas, como si lo fueran del sida o de los accidentes de carretera. No tiene lo que hace falta para pronunciar las palabras “guardia civil”, ni siquiera “cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado”. Será para que no se le enfade Madrazo o para no parecer cómplice objetivo de la opresión y la represión y todas esas gaitas de otros tiempos y otros lugares -por ejemplo, Venezuela-. Triste destino el de ser el clown de la política española, siempre poniendo la mano a ver quién le da una limosna, un carguito y una palmadita por su depurada sintaxis. Puaj. Y a eso lo llaman izquierda. Que falta de respeto a la izquierda.
Por cierto, los de ERC, otros depurados izquierdistas, no van esta tarde a la reunión de los grupos políticos en el Parlamento. Si Zapatero llama a la unidad contra el terrorismo y ésos no se unen contra el terrorismo, ¿puede Zapatero seguir unido a ellos sin que parezca que nos toma por idiotas a todos? Pues sí, puede. Y somos idiotas casi todos. Es lo que hay.
Ah, y dice la Iglesia que recuerdos para monseñor Setién. Otro materialista, mira tú.

30 noviembre, 2007

Íntimos dilemas

Hoy tocan confesiones. Tan a gustín. Es que tengo un dilema, sabe uzté, y se me ocurre que a lo mejor contándolo aquí a todo quisque se me aclaran las ideas o recibo algún consejo que me alivie. Además del dilema, que ya es viejo y se está poniendo algo rancio, también he sufrido estos días un amago de gripe, incluido ese virus que recuerda la política actual de nuestro país. En fin. Se sabe que cuando el cuerpo se debilita el alma se pone tonta. Y en ésas estamos. Pero al grano.

Mi dilema es que no sé si tirarme a la bartola; o a la Bartola. Me explicaré mejor: que tentaciones me dan de dejar de trabajar. Sí, aprovechar estos años de vida útil que a uno le van quedando para cultivar el cuerpo y el espíritu sin volver a dar palo al agua. Uno a su manera es inquieto, tirando incluso a hiperactivo. Por tanto, no es mi sueño dejar transcurrir los próximos lustros apalancado en un sofá zapeando o contemplando los debates sobre el estado de la nación mientras las babillas se deslizan perezosas por el mentón. Tampoco pretendo dormir doce horas diarias y pasarme el resto del día con la mano en los riñones por el dolor que me ha dejado la sobredosis de colchón. No es eso, no. Estoy pensando en ponerme a leer a manos llenas literatura de la buena, en repasar cada día a fondo tres o cuatro periódicos, en navegar un poco por la red para ver qué hay de particular y si alguna nueva modelo se nos ensaña enseñándose, en pasear varias veces a la semana por el campo sin prisas, hacer algo de deporte, no perder los estrenos cinematográficos que merezcan la pena. Y viajar, viajar bastante, pero no a soltar una conferencia, esos viajes en que no se ve más que un aeropuerto, una habitación de hotel, la jeta de algún colega mejor o peor intencionado y un auditorio cautivo que se acuerda de tus muertos; no, me refiero a viajes de placer, hoy en aquella playita con una buena novela, mañana en una casa rural perdida en la montaña y leyendo poesía bajo una higuera. Sí, sí, sí, y la familia, claro. Románticos paseos despreocupados, como cuando novios, juegos sin prisa con la pequeñina, en lugar de tenerla sobre las piernas, toda perpleja, mientras tecleo como un poseso alguna cosa sobre las normas anankástico-constitutivas. Igualmente habría que dejar buenos espacios para los amigos: charlas, tertulias, reuniones, almuerzos que enlazan con la cena y, si vienen bien dados los licores y la conversación, con el desayuno siguiente.

Ah, qué buena vida todo eso. ¿Y saben qué? Me resulta totalmente posible, sólo tengo que proponérmelo. Tal cual, palabra. Mañana digo que no trabajo más, que no vuelvo a fatigarme y que dedicaré casi todo mi tiempo a lo festivo, lo lúdico, lo placentero y lo ocioso, y dicho y hecho. ¿Qué si me ha tocado la lotería? Quiá, mejor que eso. El premio de la lotería tarde o temprano se te acaba, lo gastas, aunque sea el gordo. No, lo mío es de otro nivel: soy catedrático de universidad, funcionario con sueldo presentable y casi ninguna obligación a cambio. Me refiero a obligación legal y controlada por la institución que me paga. Las obligaciones morales son otro cantar, cosa de uno consigo mismo. Contra ésas tengo que luchar, contra el maldito sentido del deber. Porque vamos a ver, ¿a quién le importa un carajo que yo deje de preocuparme y de meterle horas a la universidad? A ella no, desde luego. ¿A la ciencia jurídica? Oiga, y ésa quién es y por dónde para.

Imagínense qué vida. Habría de guardar unas mínimas apariencias eso sí, pero minimísimas. Repárese en que mi propósito es dejar de trabajar, no dejar de cobrar, ojo. Así que debería seguir apareciendo en planes docentes y cuadros horarios y tendría que rellenar cada año el cuadrante de las tutorías con los alumnos. Pero todo eso es problema menor. Con dar tres horas de clase a la semana cumplo de sobra y paso por todo un campeón, modelo de productividad docente. Si para impartirlas uso PowerPoint y siento a los alumnos en círculo alrededor de un periódico para comentar las últimas noticias sobre violencia doméstica, quedo como un rey y me gano los aplausos de los berzas de la pedagogía idiotizante, que son los que mandan ahora en todos los lugares donde supuestamente se debería enseñar en lugar de hacer el chorras. Si ni por ésas me apetece currar esas tres horitas, se las endilgo todo o casi todo el año a algún titular sumiso con vocación medrar o a algún doctorando o contratado inestable al que no le queden más bemoles que hacerme la pelota, y listo. En cuanto a las tutorías, hace aproximadamente ocho años que no me aparece ningún estudiante en tiempo de tutorías a preguntar ni la hora, así que en eso también podemos seguir fingiendo con el beneplácito de todos.

Si usted trabaja en el andamio o en Alimerka sé que no me creerá, pero le aseguro que si en los próximos cinco años no aparezco por mi puesto de trabajo más que unas horas de un solo día cada dos semanas, no pasa absolutamente nada. Vamos, hombre, como que hay gente que lo hace. Bastante. ¿Nombres? No se los puedo dar, porque como vulnere la ley del silencio, entonces sí que me la cargo. Omertà, omertà, sin ira omertà. No olvide usted la máxima suprema de nuestro país, nación o Estado: todo el mundo es bueno, incluso el más hijoputa. Repita conmigo: todo el mundo es bueno, hasta el más hijoputa. Bien, pues ya podemos cada uno hacer lo que nos dé la gana, y yo el primero: me quedo en casa a mis cosas y paso de esa zorra que trata igual a quien trabaja para ella que al que la chulea. Me refiero a la universidad.

Esto no es más que la culminación de un desencanto. Resumiré, que la confesión ya me va quedando larguita. Te metes en esto muy joven y creyéndote las milongas sobre docencia e investigación que vienen en los preámbulos de las leyes. Ay, tontín. Luego vas viendo que todo va al por mayor, que cuando tocan vacas gordas y hay sitio, se hace titular y catedrático hasta al limpiabotas –o se le crea, incluso, la titulación correspondiente: Ciencias de las Botas-, y que cuando se cerró el grifo porque no caben más inútiles ya no entra ni Einstein redivivo. Un día pillas oleaje a favor y te haces catedrático tú también. Gaudeamus. Ya sois cincuenta o cien en tu disciplina. Vas a una reunión con todos y empiezas a oír a éste y a aquél, cada uno con sus neuras o con sus vergüenzas al aire. ¿Por qué sufren tanto los catedráticos? ¿Por qué lloran así? ¿Por qué con el paso de los trienios se les va poniendo esa cara de carnero sodomizado? Conclusión: ya no te hace ilusión tu cuerpo. Ser del cuerpo de catedráticos, quiero decir. Después compruebas poco a poco cómo se lo montan tantos por el morro y por los usos variados que del morro pueden hacerse. Y te vas como retrayendo, ¿sabes? Pero te queda esa especie de orgullo de pensar que aunque todos seamos jugadores federados, no jugamos la misma liga. Que a ti te invitan a hablar donde no invitan a cualquiera, que tú publicas donde no lo soñarían otros. Mentira, compasivo autoengaño. Los friquis han invadido todo, comenzando por muchos rectorados, consejerías, ministerios... Viajas a Buenos Aires, pongamos por caso, a un curso muy selecto donde tienes que contar tus sublimes hallazgos. Y ya en el vuelo de ida te encuentras una torda que ha trincado plaza porque se ha pulido a medio escalafón, y a un cabestro que se ha hecho catedrático porque siempre dice sí, incluso con la boca llena. Van a lo mismo que tú y, además, los recibe el embajador porque son primos del Ministro de Administración Territorial, por ejemplo.

Que no, hombre, que no, que es todo mentira. Al menos si hablamos de las pomposamente llamadas ciencias jurídicas, sociales y humanas. Que es cierto que hay colegas que saben un montón, investigadores de primerísima de los que cabe todavía aprender, esmerados enseñantes que no se han abandonado al vicio de los pedagogos oligofrénicos; pero con ésos puedes quedar un día para tomar unos vinos y cenar, y ya saldrá la conversación maja. Porque todo lo que huela a oficial, a institucional, a propiamente académico, a gremial, está podrido.

Parece llegado el momento de leer con delectación a Séneca y Marco Aurelio, antes de salir a tomarse unas tapitas y a brindar por la decadencia de esta parte de Occidente que talmente parece la parte del culo.

29 noviembre, 2007

Premios sin apremios.

Me encantan esos premios que sé que nunca ganaré ni ganará jamás ningún amigo mío medio normal. No me refiero a los de la lotería, la bono-loto, el cupón de la ONCE y así, pues ésos son bien democráticos y populares –con perdón- y para tener alguna posibilidad real no hace falta más cosa que comprarse un boleto o sellarlo. No, me refiero a los premios que premian las grandes trayectorias vitales siempre cercanas a los poderes establecidos, los desmedidos esfuerzos para beneficiar a la humanidad por la parte que a uno le toca, la bonhomía de ilustres personajes forrados hasta las cejas, la generosidad de quienes, hartos de enriquecerse y de trincar plusvalías, fundan tres oenegés para hacer bibliotecas en el desierto de Gobi, la iniciativa y el valor personal de los que han escalado desde la nada hasta la lista Forbes, el humanismo de los que perdieron por los pelos las elecciones para presidente del Imperio y ahora se conforman con darnos conferencias, a veinte millones de las antiguas pesetas, sobre lo mal que va todo y que aquí no hay quien viva. Y así. También molan los premios Nobel de la paz a gentes que pusieron bombas u ordenaron ejecuciones o a esos que salen corriendo a solidarizarse con los móviles de ETA y de otros malnacidos que sean de los suyos.

Si al acabar la película llegara realmente el Juicio Final y todo eso, Dios lo tendría fácil para dictar veredicto. Vamos a ver, ¿usted trae algún premio? Si, Su Majestad (o como sea el tratamiento que venga al caso con el del Ojo en el Triángulo). ¿Quién se lo dio? Una asociación de constructores de adosados, creo que se denomina Pared Solidaria. ¿Y cómo se llamaba el premio? Se llamaba Premio a la Integridad Integral. Pues al puto infierno for ever, so pecador, bribón, fistro.

Es muy buena cosa recibir premios, sobre todo si están bien untados de euros. Pero todavía es mejor darlos, es más rentable. Si usted tiene una empresa, tipo PALOSA, y quiere promocionarla, puede hacer dos cosas. O bien contrata en televisión un anuncio no sexista lleno de chicas en bragas y paga para que se lo pasen en el descanso de un partido de la Champions, o bien crea un premio para una trayectoria ejemplar en algo. Puede ser en derechos humanos o también puede ser en derechos humanos o en derechos humanos. Ésos son los mejores y hay como trescientos, generalmente a repartir entre cinco o seis sujetos, conocidos como los humanistas derechos. Pero si de derechos humanos no caben más, puede su empresa inventarse un premio sobre valores cívicos, sobre valores ciudadanos o sobre ciudadanía valorativa. De ésos solamente existen unos cien y están algo más repartidos, pues meten baza concejales y acaba apareciendo ese pariente con el que todos soñamos, de tan majo, pero que sólo tienen los concejales y los alcaldes.

Y, claro, si el premio sustancioso lo da una empresa para promocionarse a sí misma más que nada, no se lo va a endilgar a cualquier pringao, pongamos que a un labrador de mi pueblo que casi regala las patatas cada año o a alguna ama de casa que ha alimentado y quitado la mierda por el morro de cuatro generaciones enteritas de soplagaitas caseros: padres, hijos, marido y nietos. Porque esa gente no promociona nada y quedan de lo más cutre en la ceremonia de entrega. Todo un salón engalanado por obra y gracia de un decorador que trabajó con Almodóvar, los directivos e invitados luciendo galas de boutique carísima y el aldeano o la maruja empeñados en saludar y preguntando que qué se debe por los pinchos y si no queda alguno más de merluza. Además, qué coño, el pueblo no se quiere a sí mismo. Lo que al pueblo llano le gusta no es que se premie el esfuerzo y la generosidad de sus iguales, sino el desprendimiento de un Ronaldinho, la simpatía de una Pantoja o el acierto de un padre de la Constitución. Ahí sí hay valores, eso sí son méritos, en esos casos la ejemplaridad canta por sí sola.

Así pues, convencido como estoy de que los premios digitales son grandísimo invento, de que cumplen la encomiable función de prolongar el periodo de holganza del ya experto que los gana y, además, de que nunca me caerá uno de tales, salvo que me emputezca por completo y me ponga a joder a unos cuantos mientras finjo que los libero, hoy he recibido una nueva satisfacción en este tema. Pues leo que ha nacido un nuevo premio, albricias, llamado Premio Mutua Madrileña porque lo da, naturalmente, la Mutua Madrileña. Si lo diera la Central Lechera Asturiana, a lo mejor se llamaba Premio CLAS, o premio de derechos humanos. Éste de la madrileña Mutua trae en la alforja setecientos cincuenta mil euros, cifra que pongo en letra para que no se crea alguno que me han bailado malamente los ceros. Oiga, y qué premiarán tan bien premiado. Pues, por lo que veo, algo de lo más original: la trayectoria y el compromiso con la mejora de la sociedad. Excelente. Así se distingue este premio de otros que recompensan el compromiso y la trayectoria de mejora de la sociedad. Menos mal que para una cosa así el baremo sale solo, que, si no, menudo trabajo para los miembros del jurado. La de miembro/a de jurado tampoco es mala canonjía. Te llevan, te alojan de puto padre, te pagan unas dietas que ríete tú de la inflación y, de propina, quedas bien con el premiado y le vendes luego la moto como Dios manda. ¿Con qué me premiará este que premio? Bueno, claro, salvo en las ocasiones en que el tribunal es de una pieza, gente recta a carta cabal y que no se casa ni con el apuntador –con ése menos-. Así sucedió en el caso que comentamos, pues en el jurado estaban cuatro presidentes de reales academias, que no se llaman así por ser academias verdaderas, sino que lo de reales lo llevan por el patronato de la Corona. También había una miembra de número de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales y de la Real Academia de la Lengua, doña Margarita Salas, quien antes de ocupar cargos a porrillo –por ejemplo, presidió el Consejo Social de mi antigua Universidad- tenía prestigio grande como investigadora, y ahora se ve que lo tiene como académica pluriempleada, que es cosa bien distinta. Por cierto, se me hace raro que en ese sarao no haya aparecido el Presidente de la Real Academia de la Lengua, precisamente, que, como casi todos los ex curas (y los no ex), siempre aparece donde hay canapés y/o gente de posibles. En el principio fue el verbo y tal.

A todo esto, aún no he contado quién fue el agraciado con tanta guita y ese montón de prestigio. Tachán.... Pues los reales académicos han dado este premio tan real a.... el Rey de Empaña. Chachi. Dice la Casa Real que el dinero lo va a donar el Rey al Museo del Prado. Así, así, obras pías y de caridad. También se lo podría dar a la Tyssen para que le pusiera unos árboles al Museo suyo. Esa mujer se conjuga por activa y por pasiva y en otras posturas: tiene un museo y es de museo.

Qué manía tienen los reyes de andar donando cosas, ¿verdad? Con lo bien que se podría éste haber comprado una moto nueva, incluso con sidecar para llevar nietos/as. En fin.

28 noviembre, 2007

Recusa, que algo queda

En honor a la verdad he de reconocer que sólo he seguido por encima el culebrón de las recientes recusaciones de magistrados del TC por parte del Gobierno y de la otrora leal oposición. Da una pereza enorme meterse a fondo en semejante pozo, que es un pozo de eso que ustedes están pensando. Así que, como ni soy experto en materia de procesalismo constitucional ni ando completamente al día en los tejemanejes promiscuos de políticos y magistrados, mis ideas tal vez resulten claras y, además, podré expresarlas de modo comprensible. En Derecho la ventaja de saber poco de un tema es que así se entiende lo que uno dice y el sentido común no se ve suplantado por inverosímiles conceptos y abstrusas categorías.
Me referiré solamente a la recusación formulada por el PP contra tres de los magistrados que llevan en el lomo la marca de la cuadra progresista, igual que a otros del mismo Tribunal parcelado les han puesto en idéntica parte el hierro de la conservadora. Que manda narices que se los conozca más por las señas del respectivo patrón que por lo exquisito e independiente de sus fallos. Pero ese es otro tema, atinente a viejos oficios, y no vamos a ensañarnos ahora con las reglas del mercado de cargos. Si hablamos únicamente de esa recusación que el pleno del TC acaba de rechazar por ocho votos contra dos (también tiene cosa que esos dos sean los recusados por el Gobierno y cuyo asunto se va a ver próximamente en el Tribunal) es nada más que a título de muestra y porque en ella ya se rizó definitivamente el rizo del despropósito y el despiste, sin que por decir esto ni tratar de tal tema estemos dando por buena la otra recusación ni nada de lo que viene ocurriendo con el empeño de los políticos por meterles a los/as señores/as magistrados/as la mano por debajo de la toga.Puestos a dar al César lo que es del César y a Mariano lo suyo, habría que comenzar por preguntarse dónde busca el PP sus asesores jurídicos y si no estarán infiltrados por algún agente de Rubalcaba. Mis alumnos de primero de Derecho les llevarían los asuntos legales con más soltura y mayores éxitos, eso segurísimo. Pero allá se las compongan y cada cual se suicida como quiere o como puede.
Vamos con lo de la tal recusación. La razón invocada era que esos tres magistrados en una reunión en el despacho de la Presidenta, la señora Casas Bahamonde (hay que ver de qué modo sublime el azar ha combinado posmodernidad y memoria histórica en los apellidos de esta eminentísima aspirante a cargos de altos vuelos), habían manifestado su opinión contraria a la constitucionalidad de la norma legal sobre la que formalmente tendrán que pronunciarse en el Tribunal, norma que no es otra que la que prorroga el mandato de la señora Casas como Presidenta, a fin de que sobre el Estatuto Catalán vote, con voto de calidad, como se le supone, para lo que nos imaginamos y a cambio de que no se le cante aquello de tuviste una oportunidad y la dejaste escapar, ah, ah, ah. He oído que está perfeccionando su francés la excelentísima dama, pero a lo mejor no son más que lenguas viperinas las que así lo proclaman. En cualquier caso, hermosa tierra la alsaciana y buen lugar para alsaciarse.
Vamos al grano del asunto. ¿Que un magistrado constitucional manifieste una opinión sobre la constitucionalidad de la ley que luego ha de enjuiciar puede ser razón suficiente para su recusación? Me parece que hay que afinar mucho más sobre el cómo, el cuando y el dónde de tal manifestación y, sobre todo, se debería diferenciar más sutilmente entre opinión previa y prejuicio.Al parecer, lo publicado por El Mundo sobre tal reunión donde la Presidenta y lo ahí hablado era todo mentira, y así lo han mantenido los concernidos. El Mundo dice p´alante y alla va Mariano, sin reparar en el precipicio que se abre ante sus pies. No se da cuenta de que a Pedrojota le va el sado político y que se viene arriba justamente cuando alguien se la pega por crédulo y ligero de cascos. Pero aunque fuera verdad aquello que se informó, ¿qué pasaría? No tiene mucho sentido instalarse en la ficción de que los magistrados no tienen ideas preconcebidas sobre los asuntos que un día pueden tener que juzgar. Todos los que tenemos una minimísima formación jurídica nos hacemos algún juicio sobre si tal o cual ley discutida y discutible será constitucional o no y la manifestamos cuando viene al caso y tenemos con quien. Tener opinión previa no puede ser causa de recusación; manifestarla tampoco, siempre que se haga de un modo ponderado y que no lleve a pensar que esa opinión la provocan razones espurias. Ya ni digamos si tal manifestación tiene lugar en una reunión privada y entre colegas, sin ningún propósito de darle publicidad.
Cosa muy diferente será si el magistrado al dar su opinión previa se ha comprometido formalmente con alguna de las partes del ligitio y si por ello ha cobrado o con ello ha puesto en juego su propia reputación. Alguien que dictaminó para una parte que una norma legal determinada era constitucional queda, en efecto, inhabilitado para juzgar con objetividad sobre tal constitucionalidad como miembro del TC, pues ha puesto en juego su propio prestigio profesional y en alguna medida acaba convertido en juez y parte. Pero, fuera de esos casos, no me parece que la previa manifestación libre e independiente de una opinión anterior tenga que incapacitar para el juicio posterior. Al fin y al cabo, y este es el dato esencial, el juicio que el TC se forma es el resultado de un proceso en el que se ponen las máximas garantías posibles para que dicho juicio sea el fruto de una reflexión plenamente informada, ilustrada por los argumentos de todas las partes y asesorada por los expertos correspondientes, y para que dicho juicio sea el resultado de un debate y un análisis esmerado en el seno del propio Tribunal. Magistrados de buena fe y que operen con propósito de objetividad e independencia pueden cambiar ahí sus opiniones previas y nada tendría ese hecho de particular. Por eso no importa que tuvieran opiniones previas, ni siquiera que las hubieran manifestado.
Cosa distinta de la opinión es el prejuicio políticamente alimentado. Si la actitud de un magistrado es la de dejar que su juicio se guíe por los intereses del Gobierno o de la oposición, si sus consideraciones están determinadas principalmente por fobias o filias políticas, si sus consideraciones las orienta el interés por agradar a éstos o a los otros, si su reflexión jurídica está mediatizada por un cálculo de utilidad personal, entonces sí que resultará su modo de actuar incompatible con lo que tan alta magistratura exige. Y a tales efectos poco importará lo que previamente haya manifestado sobre esta ley o aquella, sino que habrá más bien que atenerse a su actitud general, al grado de independencia que cada magistrado haya mostrado frente a unos u otros poderes y a si en su labor predominan la competencia técnica y la libertad de juicio o si, por el contrario, cualquier chapuza se da por buena con tal de arrimar el ascua a su sardina o a la sardina del “jefe”.
Aquí, en esto último, es donde se nos aparece la gran paradoja. Andan Gobierno y oposición recusando magistrados por haber manifestado opiniones más o menos oportunas o fundadas, pero al hacer causa de lo secundario nos ocultan, tanto el Gobierno como la oposición, lo principal: que habría que recusarlos y echarlos a todos, a todos los magistrados; o casi. Pues si en las cuestiones más relevantes para este Estado y su Constitución su voto es completamente previsible, y lo es hasta el punto de que el Gobierno tiene que improvisar una ley para dirimir el empate a su favor y dando a entender así que sabe perfectamente lo que votará incluso esa señora Presidenta que con su voto, llamado de calidad, desempatará, ¿qué es lo que se nos está diciendo? Que todos los magistrados obran por prejuicio político, hacen lo que sus patronos les mandan y tienen su juicio completamente viciado.
Si al Gobierno y la oposición ese aliento prevaricador del Tribunal Constitucional les importara un carajo, se reunirían de inmediato y se pondrían de acuerdo para poner de patitas en la calle lo antes posible a semejante pandilla de sumisos de mírame y no me toques, que llevo toga. Pero no, no van por ahí los tiros. Bien se ve para qué quieren el Gobierno y la oposición la Constitución, aprovechando que ha resultado ser de papel. Y bien se sabe también qué cometido les reservan en eso a los señores magistrados del TC. El Derecho constitucional, así entendido, acaba siendo una cuestión de estómago; rollo visceral.

27 noviembre, 2007

Rosa Montero: olé.

No me resisto, tengo que copiar aquí la columna de Rosa Montero que sale hoy en El País. Ahí va. A a ver cuando nos tomamos más en serio a las mujeres que sufren que a las feministas que sólo se mojan contra los maltratadores de aquí y que, pasito a pasito, van pillando carguito. Pero otras feministas haberlas, haylas, como Rosa Montero. Olé sus narices: se atreve a decir lo obvio en estos tiempos en que lo progre parece el discurso insustancial y de todo el mundo es bueno -menos el PP-, al estilo del Gran Churri que nos preside a todos y a todas.

Éste es el texto:

Siempre. Por Rosa Montero.

En Arabia Saudí han condenado a seis meses de cárcel y 200 latigazos a una chica de 18 años que fue violada por siete hombres. Se la castiga porque, en el momento del asalto, ella estaba hablando con un amigo, y estar junto a un varón "sin parentesco" allí es un delito. No hablamos de una región primitiva y remota, sino de Arabia Saudí, un país riquísimo y amigo de Occidente. Me pregunto qué haremos ahora con tan incómodo colega para impedir este atropello.

También me pregunto qué opinan del caso todos esos individuos que abogan por el relativismo cultural. Aquellos que dicen que no podemos juzgar las sociedades islámicas desde Occidente. Y que los nigerianos e iraníes que lapidan a las adúlteras, por ejemplo, tienen sus razones culturales para hacerlo, razones que no podemos entender y que debemos respetar. Aunque parezca mentira, hay personas cultivadas que sostienen tal cosa, y el argumento se utilizó en la crisis de las viñetas de Mahoma. Esta falacia finge ser respetuosa con el contrario, pero en realidad es paternalista y cobarde: desdeña la capacidad ética del otro y evita ayudar al oprimido. En todas las sociedades ha habido individuos que supieron denunciar los abusos del entorno. Romanos que clamaron contra la esclavitud y renacentistas que combatieron el genocidio indígena. En cuanto al Islam, hay una maravillosa tradición de intelectuales tolerantes: "Mi corazón lo contiene todo/ Una pradera donde pastan las gacelas/ un convento de monjes cristianos/ un templo para ídolos / la Kaaba del peregrino/ los rollos de la Torah/ y el libro del Corán", decía, en el siglo XII, el poeta sufí Ibn Arabí. Lo malo no es el Islam, sino los integristas. No es un problema de cultura ni de ética, sino de desarrollo social y político. Y las atrocidades han sido y son atroces siempre y en todas partes.

Como la tripa de Jorge

Esta España mía, esta España nuestra, ay, ay, ay, estira y encoge según quién se la quiera trajinar. Ahora resulta que Saramago, don José, escritor muchos años afincado en Lanzarote, comunista vitalicio y vocacional recitador de variados manifiestos, anda diciendo que Portugal debería unirse a España en un solo país, un Estado Ibérico. Hombre, y en el escudo un jamón, también ibérico, junto con don Saramago y un micrófono en la Puerta del Sol.
Quieren marearnos. Allá en la lejana juventud, uno se leyó lo suyo de Marx y los marxistas de cuando había marxistas, y se llegaba a la conclusión de que la meta era un mundo sin patrias, pues terminará con todas el proletariado, agente insobornable de la revolución, cuando el proceso de acumulación capitalista llegue a su culmen y cuando las masas depauperadas acaben de tomar conciencia de su condición de clase universal. Las naciones y los nacionalismos les hacían una gracia escasa a don Carlos y a don Federico y, para colmo, los estados todos habrían de irse a la porra cuando, pasada la fase de dictadura del proletariado, las estructuras represivas de la política y el Derecho se disolvieran como un azucarillo en el caudal de la justicia cósmica. Uy, qué sofoco me ha dado con esto de los recuerdos. Con el tiempo excita más acordarse de la primera fe que de la primera novia magreable. Por cierto, y valga la confesión de parte: sólo los conservadores y machistas hemos tenido novias magreables. Los curas y los progres siempre han visto en cada ser humano femenino un remedo de la Virgen María y siempre han obrado en consecuencia. Conste así, y a los pies de los caballos me pongo por rijoso y por ateo.
Dónde íbamos. Ah, sí, que Saramago es comunista para lo que quiere y marxista cuando no se olvida, como éstos nuestros de IU, que ponen la mesa para nuevos estados ibéricos a nada que se los sirvan bien cortaditos y les den una consejería autonómica, aunque sea de Macramé o, pásmate, de Interior. Me voy a los periódicos a ver cómo es eso del nuevo Estado saramaguense, pues me imagino su Constitución sin puntos y aparte, una parrafada asfixiante para echarse al coleto jurídico, como las novelas de don José. Este hombre no sólo lo dice todo de una tacada de trescientas páginas sin respirar, sino que tiene un problema con su tierra, vaya usted a saber si por algún desarreglo psicológico. Quizá le vendría bien una temporada con psicoanalistas argentinos. Para que se entere de lo que vale un peine y de que no te puedes juntar con cualquiera al buen tuntún. Digo lo del trastorno con su Portugal porque tan pronto escribe que se desgaja del continente junto con el resto de la Península, a modo de balsa de piedra, como pide que se junte con España para tener más público él para esos manifiestos antiimperialistas que recita cada mes ante la mirada apasionada de actores y actoras.
Me pongo a leer un poco más las noticias atrasadas y me topo con que Günter Grass apoya la propuesta de Saramago y ve con simpatía el nuevo ensayo sobre la ceguera. Cada uno se pela la cebolla como puede. Entiéndaseme, a un servidor la idea del nuevo Estado de bellota no le molesta nada y benditos sean los Estados cada vez más grandes y menos naciones. Aunque, puestos a pedir, yo rogaría que nos juntaran también con Dinamarca, Suecia y las Seychelles. Pero no es eso. Lo que se me hace raro es que el Grass diga tal cosa, cuando él estuvo más que en contra de la reunificación alemana. Y, ya puestos a buscarle tres pies al gato, tengo una pregunta para usted, señor Saramago: ¿cree que las mismas razones que valen para arrimar a Portugal sirven para mantener a Cataluña y el País Vasco o sobre tal asunto no sabe o no contesta? Y, si no contesta, ¿no lo hace porque para qué o porque igual no le llaman a leer más manifiestos los progres de la nueva España cañí? ¿Su vieja mirada de comunista con buenos derechos de autor abomina de los nacionalismos y patrioterismos en general o sólo del portugués?
Bah, supongo que usted, don José, con esas canas, esa experiencia y esa obra sin pausa ni puntos, ya no se corta ni un pelo. Hasta el mismo Grass, don Günter, dice que lo admira porque usted dice cosas que pueden resultar incómodas. Así que venga, anímese y suelte alguna que pueda parecer incómoda aquí. Y no vale la de que Bush es un malón y un imperialista, que esa ya se la conocemos y la dice, con razón, hasta el/la tonto/a de mi pueblo.
Ay, qué chicos estos. Todo el día dando la matraca con el dichoso aguinaldo.

26 noviembre, 2007

Más troleros

No creo que sea mi sino fatal, es que verdaderamente está llena la universidad en todas partes de mentirosos compulsivos y trepas con fantasía desbordante. Una peste. Una auténtica pandemia. O que algo tiene este humus universitario, por llamarlo caritativamente, para que prolifere así esa especie de gusanos.
He dado con otro más, esta vez fuera de nuestro país. Ya se me había hecho tremendamente sospechoso la última vez que lo había visto, pero ahora he confirmado que es otro especimen de los que llegarán lejos a base de inventarse por la brava el currículo y las hazañas. Contaré brevemente la historia, para ilustración de incautos y escarmiento de crédulos.
Hace meses recibí el mensaje de que un joven profesor extranjero, al que conocía poco más que de vista, quería pasar por León a saludarme. Me contaba que en una universidad cercana a esta mía lo habían invitado a dar una conferencia y que, como León lo cogía en el trayecto, pues que le encantaría charlar un rato conmigo. Atentos a esto, pues por ahí nos entran siempre, dándonos coba y haciendo que nos sintamos importantes. De esa manera nos ablandan y luego entran con la suya y se nos suben a la chepa, desde donde se impulsan sin miramientos hacia otra chepa más alta. El caso es que le dije que por supuesto que podíamos vernos, que muy honrado y que con gusto lo invitaba a comer ese día. Otra característica de este personal: ellos nunca pagan, pero las gracias acabas dándoselas tú por dedicarte unos minutos de su valioso tiempo, aunque te los dediquen con la boca llena y a tu costa. Es duro admitir que quién hostias va a peregrinar a verlo a uno si no es para vacilarle y darle el palo. Así que nos gusta más creernos que ese que engulle te admira al mismo tiempo por tus innegables valores y tu sabiduría sin tacha.
Total, que lo recibí. Me extrañaba que viniera de donde decía que venía y de dar esa conferencia que contaba, pues conozco a sus supuestos anfitriones allá y los sé poco dados a eventos y compromisos. El mosqueo se me acentuó cuando, al preguntarle detalles a nuestro trilero académico, se me perdió en minucias más o menos borrosas. Ahí comenzó a encendérseme definitivamente la lucecita de alarma y empecé a cagarme en sus muertos y en mi propia sombra.
Si alguna duda me quedaba de que aquel cabronazo me estaba tomando el tupé para darse pote y quedar ante mí como un cotizadísimo profesor de fama mundial, siendo como es un puto pringao y un muerto de hambre -por Dios que le daba a la cecina como si cumpliera piadosamente con un sacramento-, se me despejó definitivamente al oírlo referirse a ciertos reputadísimos profesores. A Ferrajoli lo nombraba como Luigi, a Atienza como Manolo, a Comanducci como Paolo y a Alexy como Robert. Ah, no, pensé, conozco a los de tu percal. Supe que en el futuro y donde viniera a cuento se referiría a un servidor como Toño y aseguraría que le invité en León ese día a dictar una conferencia y que estamos pergeñando juntos algunos proyectos de investigación y algunas publicaciones. Y, en efecto, estos días he comprobado que eso va contando. Esos cuentos falsos y, de propina, también va malmetiendo con colegas y amigos de otros lugares. Otro hijo de puta con imaginación primorosa y dispuesto a alzarse en sus mentiras hasta donde haga falta.
Seguí esa vez la pista de sus andanzas en España y fui averiguando que a todos los sitios llegaba con el mismo truco, que en todos acababa comiendo de gorra y que en cada uno explicaba que venía de dar una conferencia en el lugar anterior, pues era íntimo y buen colaborador del respectivo anfitrión. También supe que, según dónde y con quién esté, cuenta que es doctor por una universidad o por otra y que se doctoró sobre este o aquel tema. Eso, por cierto, me recuerda a mi mentiroso de aquí de toda la vida, del que ya he hablado otras veces. Siempre dijo que su tesis había sido sobre filosofía griega, pero en una ocasión, en un concurso a cátedra en el que yo mismo estaba en el tribunal, lo oí con estos oídos pecadores asegurarnos en público que se había doctorado sobre Hegel. A ese también lo quiere mucho la autoridad, porque es muy bueno para la cosa esa que se hace con los caballos en los picaderos.
De este cretino nuevo al que dedico el presente post supe también que en su universidad lo adoran y que lo considera su autoridad académica el no va más de la intelectualidad y la ciencia. Claro, con tantos títulos y conferencias, como para no. En el país de los ciegos, el tuerto el rey. El tuerto este es en realidad más ciego que ninguno, pero da el pego con ese ojo de cristal que se pone.
He tratado de delatarlo y a quien ha querido oírme en su universidad le he contado lo que pienso y qué pruebas tengo de las imposturas del sujeto. Se quedaban cariacontecidos y me miraban un poco raro. Supongo que me tomaban por mentiroso a mí o pensaban que el otro me había arrebatado alguna novia y que por eso la ojeriza. Por cierto que tengo bien cerca otro embustero más, al que siempre le ha dado por contar que yo le he quitado sus mejores novias. Otro que tal, y éste catedrático.
¿Qué podemos hacer con semejante personal? Me temo que nada. El mundo es suyo, la universidad los desea. Para hacerle a ella un curriculum rápido y suciote, en plan aquí te cojo, aquí te mato, son mejores y más efectivos. Y a ella le gustan así, canallas y fingidores, aprovechados, maltratadores. Pues que la jodan. Estas universidades que hacen la esquina y se administran cual puticlubs envejecidos necesitan chulos así, con poca entraña y mucha labia. Pues ya está, que sea para bien. Los demás, a los cuarteles de invierno a toda leche, con la cartera en casa y el trasero contra la pared.

25 noviembre, 2007

Los sueños de la razón... Por Avelino Fierro

Amado, necesito que me ayudes. Llevo días levantándome temprano muy a mi pesar. No es para escribir sobre la piel dulcísima del día, como diría Umbral. Me despierto sobresaltado, siempre por el mismo motivo. Te iba a llamar al móvil, pero será mejor escribir, por ver si consigo conjurar esta especie de obsesión que me trastorna. No hay nada de ejercicio literario en esto, lo juro. No trato de apresar los sueños de la noche con el apresuramiento del que teme perder –como desaconsejaba Alfonso Reyes-, con la evaporación, las virtudes del yodo reciente.
El caso es que tengo sueños, más bien pesadillas, totalitarios. Pero ya te digo, no se quedan ahí, en su zona reservada, en el subconsciente o en algún cuarto oscuro del cerebro, que es donde me gustaría mandarlos y tirar la llave al Bernesga. Aunque alguna vez pensé que tiene que haber por alguna parte una especie de biblioteca gigante e inmaterial, algún limbo, algún disco duro (bueno, quizá blando; recuerda aquella intuición de los relojes dalinianos) donde vayan a parar todas estas energías nuestras. Porque uno se levanta agotado. Y todo este trajín no puede desaprovecharse, tendrá que ir, tendrá que estar en algún sitio. Y compadezco a los que estén para reciclarlo. Allá les llegará todo sin separar, embarullado. Sin la bolsa con lo orgánico, los recuerdos de amoríos o los recurrentes de la infancia; sin los envases, por ahí andará lo erótico, con tanta presentación diferente; el vidrio, como esto mío que les llega últimamente. Mis visiones son claras, como a través de mampara de cristal, que luego se hace añicos, saltan para herirte las esquirlas cortantes.
Sueño que soy una especie de capo de una especie de campo de concentración. Bueno, quita lo de especie, lo de “algo así como”. Lo siento nítido, lo palpo. Un par de veces tenía un parecido al Amon Goeth del campo de Plaszow, que sale en “La lista de Schindler” y sobre el que tú has escrito. Aunque, al menos, no disparo ni follo indiscriminadamente. Y voy condenando o absolviendo como él, con aquel gesto pontificial, misericordioso. Pero la mayoría de las veces no tengo cuerpo o tengo la visión esteoroscópica de una cámara o del gran hermano.
El campo es, la mayoría de las veces, aseado, bien trazado. Ya sabes de mi manía del orden. Asepsia y tiralíneas. Tipo bahuasiano o del movimiento moderno. Nada que ver con la sucia ciénaga donde los cadáveres y las inmundicias hacían irrespirable el aire nebuloso y blando, del que escribe Primo Levi en “La tregua”. Con alambradas en las que te puedes enganchar sin miedo a coger el tétanos. Hasta hay geranios. A ellos les dará igual, no lo pueden ver. Pero yo veo que estoy pendiente del detalle.
Allí están ellos, con bolsas negras de basura tapándoles la cabeza. Les gusta estar separados y tienen una indumentaria diferente. Los arquitectos, de negro y gris marengo. Son, se adivina, los más elegantes. Los políticos tienen peor gusto. Trajes que quieren ser demasiado modernos y corbatas gritonas. Ellas son más clásicas. Sólo un par llevan cazadoras del tipo de aquella que quiso ser alcaldesa de Madrid. Los periodistas son un desastre; mira que tampoco cuesta tanto ir un poco bien. Pero puede que sea una pose buscada, que obedezca a algún arquetipo, como un Walter Matthau con pinta de andar hurgándose todo el tiempo la nariz o un Ring Lardner, la vista nublada por el humo del cigarro, el pelo graso y las uñas negras como un vulgar cajista.
Cada día se repiten esas visiones, con tal nitidez que no parecen irreales. Alguna vez cambia algo el escenario. Hace un par de semanas fui a dar una conferencia a maestros sobre el acoso escolar. Esa noche, el horror estaba en un patio de colegio como el de mi escuela de niño, con muros de ladrillo visto coronados por pellas de cemento con cristales incrustados. Estaban a cara descubierta y, en un extremo, varios arquitectos arrodillados con grandes orejas de papel. Dos políticos gordinflones, se desgañitaban para hacerse acompañar por el resto en una canción infantil que me recordó a la de los jovencitos de camisa parda en “Cabaret”. Ese día, amanecí más tranquilo.
Imagínate qué agobio. Me pasa casi a diario. Además, está empezando a influir en mi vida “normal”. El viernes pasado coincidí tomando una cañas con dos amigos de un periódico local, una pareja que no escribe mal. No le reí los chistes a él y estuve ríspido con ella. Con los otros grupos me preocupa menos. Ya me pasaba antes.
Le doy vueltas y pienso si no me habréis contagiado otros estas obsesiones. No, tranquilo, no te voy a meter una querella por daños psíquicos del ciento setenta y tres del código penal. Qué te voy a contar a ti, que eres otra víctima. Pero leo tu blog y eso se va enquistando, seguro, en algún lugar del hipotálamo que empezará a segregar miasmas allá de madrugada. Y a mí, me está jodiendo la existencia.
También tengo yo mi culpa, no voy a negarlo. Vamos a ver, tengo claro que estos tres colectivos tienen en común varias cosas deplorables que, para los mortales y humillados, se pueden resumir en dos: no sabemos cuál es su visión del mundo, cómo razonan, ni en qué llegan a pensar. Qué estímulos les llevan a comportarse como lo hacen. Y luego, que les importamos un bledo. Entendería mejor a los marcianos.
Pero yo, con mi manía del orden, también he hecho algo para caer en este desorden nervioso: apunto frasecitas. A cientos. Estoy obsesionado. Tengo un cuaderno gruesito casi lleno. Te copio alguna. Esta te gustará, porque tiene que ver con Finkielkraut. Se habla de él entre un filósofo y un político. Al final, el escritor (Azúa, el 20.12.05) dice del segundo: “A quienes viven del dinero público les encanta castigar. El motivo es lo de menos. ¡Da tanto gusto mostrarse poderoso! ¡E incluso perdonar! ¡Qué grandeza, la compasión! / Hay algo peor que la fraternidad de los represores: la fraternidad de los cretinos.” Ya ves, les gusta hacer el Amon…
No quiero cansarte. Una más. No tengo la referencia; creo que es del ABC. “David Rose ha declarado sarcásticamente que él no encargaría a un arquitecto famoso que le construyera siquiera una caseta para el perro. ‘Cuando hago una caseta para el perro, yo estoy interesado en el perro. Él no.”
Y ya sabes que en los concursos empiezan a meterse cuestionarios para el jurado sobre el carácter más o menos emblemático de una propuesta.
De los periodistas, como la cosa está reciente por un asunto de mi trabajo, ni mentarlos. Yo pensaba que una tragedia familiar es eso justamente y algo íntimo. Para ellos, va a ser que no. Bueno, te remito a lo que escribió un tal Manfredi en esa revista de libros que los dos recibimos.
En fin, que voy a echar al fuego mi commonplace book.
No sigo. Bastante tengo con mis noches como para también alterarme en la vigilia. Eres el primero en saberlo. Aunque no sé si habrá más afectados, al menos hasta el punto que yo lo estoy. Pero como esos de los que hablo sigan así, será una pandemia más, como el VHI o la tendinitis por ratón de ordenador. Igual no es malo que se extienda: no votaríamos, volveríamos al filandón y volvería a estar de moda Vitruvio, obligándoles a vivaquear y a preguntar a los viejos del lugar. ¡Pero no te acuerdas de nuestras clases de primero, desgañitándonos porque había un motor achicando en el aula! No repararon en el apellido del topónimo: Villarrodrigo de las Regueras. ¡Dios!
En fin, voy acabando. El escribirte ha servido de algo. Me encuentro mejor, tras nombrar ese mi reverso tenebroso. Imagino que escribiendo, describiendo mis sueños, sin ninguna pretensión literaria (además, está desaconsejado en todos los manuales; lo han hecho medianamente bien Poe, Borges y cuatro más) me ayudará a llevar una vida corriente. Y tendré que ir al psiquiatra o al psicólogo. De momento, he dado el primer paso contándotelo a ti. Guárdame el secreto, pero aconséjame. Unas palabras tuyas, quizá basten para sanarme. Un abrazo. A.F.