12 marzo, 2009

Meditación sobre la caza y el Estado. Por Francisco Sosa Wagner

(Publicado hoy, 12 de marzo, en El Mundo)
Algunos se enteran ahora de que en España se necesitan 17 licencias para cazar como se necesitan 17 licencias para pescar. Entre ellos se encuentra el presidente de Andalucía, mi viejo amigo y compañero de Facultad Manuel Chaves, quien -sólo después de que saltara a los medios el episodio del ya ex ministro de Justicia Fernández Bermejo- ha calificado tal sistema de «poco lógico» en declaraciones subrayadas por este periódico.
Y acto seguido, Chaves confiaba en que «los consejeros de Medio Ambiente de todas las Comunidades Autónomas, junto al Gobierno central, lleguen a un acuerdo para que haya una licencia de caza válida para todo el territorio nacional». Es decir, que el presidente andaluz está descubriendo el Estado. «Y a tales horas», como exclamó don Quijote en la aventura ante la jaula de los leones.
Pero no es el único que se topa con tan sensacional hallazgo.En el Ministerio de Sanidad pasa algo parecido estos días: como el documento que permite el acceso al Sistema Nacional de Salud es distinto en cada comunidad, están ideando el ministro del ramo y los 17 consejeros autonómicos un sistema unificado para toda España. Es decir, se hallan a punto de descubrir el Estado, una institución que es hucha del tiempo y, como tal, luce barbas luengas y canosas.
Idéntica emoción inventora se está produciendo en el mismo departamento al comprobar que los calendarios de las vacunas de los niños difieren en cada territorio, pues los hechos diferenciales han acabado afectando a la prevención infantil del sarampión. Así de exigente se muestra a veces la España plural.
Cuando un ciudadano entra en un juzgado no puede imaginar que -en buena parte de España- la oficina que pisa y los oficiales que le atienden dependen de la correspondiente Comunidad Autónoma; el secretario, del Ministerio de Justicia; y el juez ... del Consejo General del Poder Judicial, del Ministerio de Justicia...cualquiera sabe. ¿Tiene algo que ver esta donosa realidad con el hecho de que este personal no se pueda comunicar a través de las redes informáticas y ello provoque inseguridad? Probablemente, pero ¿y los beneficios que aporta toda esta riqueza organizativa a nuestra patria, nación de naciones, espejo del federalismo más avanzado?
Parecido caleidoscopio encontramos entre los demás funcionarios, pues pronto podremos enorgullecernos de disponer de 17 leyes de empleo público distintas, o de materias y contenidos educativos diferentes en cada región española. Y en la enseñanza universitaria, cada facultad está elaborando su propio plan de estudios para facilitar la «movilidad y la convergencia europea». Por su parte, no hay manera de que la Ley de Dependencia eche a andar porque las comunidades ostentan competencias en este sector, un detalle que ignoraban los redactores de la norma. ¿Y qué decir de la política hidráulica, que recientemente llevo a exclamar al presidente de Extremadura, Guillermo Fernández Vara, que «intentar trocear un río es una solemne estupidez»? ¿O de los cambios recientes en la administración del espacio radioeléctrico?
La crisis económica, que anuncia ya un crepúsculo surcado de arrugas, está siendo combatida por los 17 gobiernos con medidas tan descoordinadas que no faltan voces que piden en España la celebración de un G-17 donde alguien coja la batuta para poner orden en el desconcierto de ayudas a la vivienda, al empleo, a los vehículos, al hogar. A su vez, se elaboran presupuestos regionales sin lazo alguno con el nacional...
Quien no es lerdo se vale de las ocasiones que depara el decurso histórico para reflexionar y ajustar conductas y convicciones. Pues bien, ¿no debería aprovecharse el episodio de las licencias de caza para meditar acerca del tipo de Estado que estamos construyendo? ¿No es suficientemente seria la situación económica como para extraer alguna conclusión que nos haga revisar viejos postulados?
Yo creo que sí. El Gobierno ha puesto en marcha un irreflexivo proceso de reforma de los Estatutos sin preguntarse previamente qué estaba funcionando bien y qué mal en nuestros servicios públicos, dando por buenas siempre las pretensiones de los gobernantes regionales -nacionalistas confesos a veces, otras simplemente conversos oportunistas-. Y, sin embargo, nos hacen tan serias señales desde instancias foráneas sobre el deterioro de muchos de esos servicios que unos gobernantes prudentes deberían prestarles atención. Los informes PISA sobre nuestra realidad educativa son demoledores; por su parte, nuestras universidades, tan autónomas y democráticas ellas, ni por casualidad aparecen en lugares destacados cuando de su valoración mundial se trata.
Y, últimamente, nada menos que el Parlamento Europeo acaba de atizar una buena resplandina a las autoridades urbanísticas españolas poniendo en cuestión el modelo sobre el que se asienta el desarrollo de ciudades y costas.
De otro lado, hemos contemplado el espectáculo de los presidentes de las Comunidades Autónomas acudiendo a La Moncloa para plantear sus reivindicaciones financieras: justas, sin duda, destinadas -¿cómo podía ser de otra manera?- a mejorar la vida de los ciudadanos de sus territorios. Y al presidente del Gobierno tratando de contentarlos con la creación de tantos fondos que acabaremos añorando el castizo y caciquil fondo de reptiles. Ante este panorama, la pregunta que muchos nos hacemos es: ¿por qué el presidente no se interesa nunca por la forma en que sus colegas regionales gastan sus dineros? Porque, a lo mejor, se descubre ahora que haber creado una Universidad por cada provincia es una prodigalidad sin justificación alguna. O que la política hospitalaria se rige por criterios de dudosa racionalidad. O que hay demasiados coches oficiales o demasiados asesores y gabinetes, o demasiadas empresas públicas, televisiones, consejos consultivos y órganos administrativos de cuestionada utilidad, etcétera.
¿No se puede hablar de todo esto? Y sobre todo, ¿no se debería hablar antes de proceder a reformar Estatutos de Autonomía o buscar nuevos cauces de financiación para las regiones? ¿Por qué el Gobierno de la nación no utiliza las armas de que dispone para comprobar la racionalidad del conjunto del modelo administrativo y de gestión pública que se está construyendo?
Si no queremos sucumbir en el desbarajuste, tal modelo es indispensable que exista, siendo el Gobierno, como custodio del interés general de España, y las fuerzas políticas que han de ser convocadas a un pacto, los llamados a velar por su vigor y energía ordenadora. Si miramos hacia atrás en la historia, comprobamos que los Austrias implantaron un modelo administrativo y un sistema de gobierno, lo mismo hicieron los Borbones, y la revolución liberal trajo otro asentado en una concepción determinada del papel del Estado.
La época que estamos viviendo ¿cuenta de verdad con un modelo de gestión pública? ¿O simplemente se va haciendo esto o aquello en función de la coyuntura o de las vigilias propiciadas por los votos en tal o cual ocasión parlamentaria?
Este es el problema que debemos plantearnos. Sin sectarismos ni esas groseras descalificaciones que pasan por cargar en el debe de la derecha todos los males ni los bienes en el haber de la izquierda (o viceversa). Aunque sólo sea porque ambas opciones han sido y son responsables de lo bueno y de lo malo que ha acontecido en España en el último cuarto de siglo: de los resplandores de los aciertos y de las sombras de los desaciertos. Entre estos últimos se halla claramente el navío averiado de una Administración ineficaz y cara, de un Estado cada vez más inerme, rebajado al deslucido papel de coordinador de territorios que ganan músculo, fuerza y potencia. Un Estado fragmentado y esqueletizado.
Ya que hablamos de caza, se impone pedir licencia para cazar el animal salvaje del despilfarro.

11 marzo, 2009

Ahora a por el deporte

He vuelto a tener una visión. Resulta que en medio del duermevela de la siesta se me ha aparecido una crónica periodística que se publicará en el diario “El Parrús Digital” el 25 de junio del año 2035. Se la transcribo. Juzguen ustedes si resulta verosímil o si será que ya me falla el visor de futuro. Se titula “Medianos resultados del deporte español”. Y dice:
“En los recientes campeonatos del mundo de atletismo los deportistas españoles han vuelto a obtener resultados mediocres que quizá deberían obligar a la autoridad a un replanteamiento de la política deportiva. Llueve sobre mojado, pues ya dejó bastante que desear el deporte español en las pasadas olimpiadas y en el último campeonato del mundo de fútbol. ¿Qué está pasando?
Los síntomas externos de esta crisis los puede apreciar cualquier espectador. Los deportistas salen al campo o a la pista sin ningún espíritu competitivo. Se les ve apáticos y como si pensaran en otras cosas durante los torneos. Recientemente uno de nuestros velocistas se enfrentó con los jueces de la competición, argumentando a voz en grito que él no tiene por qué arrancar cuando suena el disparo, pues él es pacifista y los disparos le dan siempre mal rollo. En los mismos campeonatos un saltador de altura, Jon-Trasgu Iraola, se negó a saltar cuando el listón estaba a dos metros, alegando que ya no le apetecía y que echaba de menos a su mamá. En el pasado campeonato de Europa de selecciones de fútbol unos cuantos jugadores de nuestra selección rompieron en llanto desconsolado cuando algún jugador del equipo rival les echó una simple zancadilla, y prorrumpieron en gritos de “quiero volver a mi casa” o “que juegue la puta madre del seleccionador”. Es más, se comenta en círculos habitualmente bien informados que el seleccionador ha tenido verdaderos problemas para formar el equipo titular, pues todos los seleccionados querían quedarse en el banquillo de los reservas. Cuando un alto cargo de la Federación les preguntó por qué, respondieron casi todos que lo que a ellos les mola es el viaje y conocer gente, pero que pasan de sudores y de darse el gran atragantón con ese clima. A todo esto, el clima del lugar era de unos veinticinco grados.
Tanto o más que esas actitudes desconcierta el aspecto físico de la mayoría de los atletas y jugadores, pues muchos muestran una más que evidente obesidad y alguno que otro tiene unas canillas o unos bracitos más propios del que nunca ha hecho ejercicio. Tal vez se deba a la política de cuotas autonómicas y municipales que la ley impone para formar la selección, pero se rumorea que la causa principal son los malos hábitos higiénicos y alimenticios de nuestros deportistas. De hecho, en un reciente partido de la nuestra selección de baloncesto se vio a un par de jugadores comiendo pipas en la cancha mientras jugaban, y varios componentes de nuestro equipo de balonmano pidieron hace unos días el cambio durante un partido y se sentaron a devorar varias hamburguesas que sacaron de sus mochilas, mochilas con curiosas imágenes de Disney.
Y qué decir de los entrenamientos. En la mayor parte de los deportes ya están prácticamente suprimidos los entrenamientos, después de varias huelgas y manifestaciones de los deportistas, los cuales aducen que va contra su derecho al descanso y al libre desarrollo de la personalidad el obligarlos a esforzados ejecicios para poder practicar profesionalmente o en alta competición su deporte favorito. No hace mucho declaraba el capitán de la selección de hockey que el derecho al deporte es fundamental en toda persona y que deporte no tiene por qué ser sinónimo de esfuerzo, pues en ese caso se priva de su disfrute y práctica a quien no está muy dotado físicamente o simplemente no tiene ganas de esforzarse. Y la última vuelta de tuerca la dio una reciente campaña de la “Asociación de Padres y Madres de Deportistas Profesionales” (APAMADEPROF), bajo el lema, “Que nuestros hijos jueguen, pero que no sufran ni se hagan daño”. “Cada vez que lo veo llegar a casa todo sudao me pongo mala” declaraba la presidenta de la Asociación, refiriéndose a su hijo Chuchi, miembro del equipo español de medio fondo. Y hasta una denuncia presentó en un juzgado el padre de un jugador de tenis del equipo de Copa Davis, porque su hijo había tenido agujetas al día siguiente de un importante partido. “Me pasé todo el día dándole masajes y no se curó hasta que su mamá le hizo la tarta de nata que más le gusta”, declaró ese padre ejemplar, entre lágrimas. El Presidente del Gobierno, don José Luis Rodríguez Zapatero, recibió la semana pasada en la Moncloa a la Directiva de esa Asociación de padres de deportistas y les prometió que a partir del año próximo será delito y se castigará con pena privativa de libertad el jalear a nuestros jugadores y atletas para que corran más o consigan mejores marcas. “Tenemos la mejor generación de deportistas de la Historia de España –ha declarado el Presidente del Gobierno- y no vamos a permitir que se nos estropee por culpa de esa obsesión por las marcas y los triunfos, obsesión propia de los ultraconservadores norteamericanos y de los del PP de aquí. Es más, -añadió- subvencionaremos económicamente a los deportistas más torpes para que no se sientan infravalorados, y como parte de nuestra política social de apoyo a los más débiles”.
¿Cuándo y cómo comenzó ese cambio de actitudes en nuestro deporte? Parece que todo arranca de la aplicación a la enseñanza y práctica del deporte de aquellas teorías pedagógicas que por aquí hicieron furor desde los años ochenta del siglo XX. Los pedagogos, bien instalados en universidades y ministerios de Educación, primero convencieron a los padres y los profesores de que la enseñanza no debe ser impositiva y de que cada niño debe aprender a leer, escribir o contar cuando se lo pida el cuerpo. ¿Y si alguno aprendía muy pronto? Pues, como es bien sabido, se le mezclaba con los más torpes y perezosos a fin de que refrenara toda tentación de vanidad y de que no desarrollara una personalidad marcada por la soberbia. Se dijo que el tonto del culo no es tonto de tal cosa porque sepa menos o tenga mal alguna neurona, sino que simplemente es listo de otra manera, es diferente, y que tratar peor al diferente es discriminarlo. “El listo sí que es tonto de los testiculitos”, rezaba el título de una tesis doctoral que a principios de este siglo se defendió con gran éxito en la Universidad Complutense, en su Facultad de Educación. Así que se acordó tratar mejor a los más zotes y aprobarlos obligatoriamente, mientras a los mejor dotados y más dispuestos se les ponían todo tipo de trabas para que no aprendieran casi nada y para que, así, no se les subieran los humos.
Una vez que se consiguió que todos los jóvenes españoles llegaran a la universidad sin haber leído apenas un libro, sin conocer las cuatro reglas y haciendo cientos de faltas de ortografía por página, al mismo tiempo que las estadísticas demostraban que en España había sido eliminado el fracaso escolar, los pedagogos aplicaron su saber a la educación deportiva. Las ideas básicas eran las mismas: nadie debe ser forzado al ejercicio físico que no desee y a todos los jóvenes les llegará el momento en que les apetezca hacer algo de tales ejercicios, ya sea desperezarse, echar una carrerita o flexionar las piernas para recoger una moneda caída. En las clases de Educación Física de los colegios se hacían debates sobre las ventajas e inconvenientes de correr o saltar y en las competiciones escolares se daban mejores premios a los últimos clasificados. Por ejemplo, en las de atletismo infantil la medalla de oro la llevaba siempre el más gordo de los participantes y la de plata el que se hiciera pipí durante la prueba, todo para que no se sintieran en inferioridad ante esos tipejos musculosos y rápidos que eran unos auténticos obsesos del ejercicio.
Pasaron los años y esas primeras generaciones tratadas con las nuevas herramientas de la pedagogía deportiva han llegado a la edad de representar a nuestra nación en las más altas competiciones. No ganan nada, pero la postura oficial es que así es mucho mejor, pues lo que nadie podrá discutir es que la sensibilidad de nuestros representantes es más elevada que la de los de otros países. “No quieren ganar, no quieren humillar a nadie y sólo quieren disfrutar en la pista junto con los compañeritos de otros lugares” declaró hace poco el presidente de la Federación de Atletismo, quien agregó que “así damos al mundo una lección de humildad, señorío y solidaridad”. Palabras similares pronunció el Presidente Zapatero al recibir a los últimos clasificados en las competiciones internacionales de este año: “El que tenga prisa que corra y el que no esté tranquilo que salte, pero en nuestro país tenemos un nivel de bienestar que hace innecesarias esas demostraciones de individualismo”. Les entregó de propia mano un diploma a todos ellos, diploma que les leyó en voz alta una lectora contratada al efecto, pues esos deportistas gordos y perezosos tampoco han aprendido a leer. En esto están al mismo nivel que los pedagogos que durante las últimas décadas han marcado su formación, quienes tampoco saben leer y, si saben, no quieren, porque dicen que todavía no están maduros para entender la letra escrita y que total pa qué, si la vida son cuatro días y hay que hacer curriculum”.

10 marzo, 2009

Impresionante artículo de d. Roberto Centeno.

Hoy no tengo tiempo para teclear ni tres líneas, pero aprovecho para invitar a la lectura de este artículo de D. Roberto Centeno, Catedrático de Economia de la UPM, "De mentiras masivas y sectarismo ciego". Una de dos, o el doctor Centeno miente como un bellaco, cosa que habría de demostrar quien pueda hacerlo, especialmente los aludidos en su escrito, o la sinvergonzonería de quienes nos gobiernan es como para echarse al monte definitivamente. Ustede dirán qué les parece. Pinchen aquí y lean, lean.

09 marzo, 2009

Palabras abominables. Por Francisco Sosa Wagner

Los préstamos -me parece que los filólogos lo llaman así- que tomamos de los idiomas extranjeros constituyen una muestra expresiva de por dónde andamos en nuestras costumbres, en nuestra manera de vivir y en nuestra forma de conducirnos por entre los corredores de la colmena humana.
Aunque hoy hablar de préstamos obliga a tocar madera porque están en directa relación con la crisis, con las hipotecas basura y con otros nombres que el buen gusto debe evitar, estos préstamos a los que me refiero son simples juegos de palabras, frutos los más de cierta gandulería mental. Ahora, por ejemplo, se ha puesto de moda el galicismo “poner en valor” que ya repiten todos los papanatas titulados que nos rodean con el garbo idiota que es propio de estos sujetos. Siempre me ha intrigado la velocidad con la que se aceptan estas expresiones nuevas -y un poco necias- especialmente por las personas de cierta edad a las que se supone con un vocabulario ya macerado por los mimos y el uso.
Quiero que se me entienda bien: no estoy en contra de tales importaciones pues son una forma de enriquecer nuestro lenguaje. Además, en una época como esta en la que es muy difícil hacer contrabando porque hemos quitado las fronteras -¡con lo emocionantes que eran!-, nos debemos conformar con el tráfico ilegal de esas palabras que traemos prendidas en el doble fondo de nuestras conversaciones como antes pasábamos el tabaco en el doble fondo de nuestras maletas.
Además hay algunas que, tomadas del extranjero, se ennoblecen entre nosotros. Dijérase que adquieren vida propia, una existencia más rica y ya desligada de su origen, como esos hijos que hacen famosos a sus padres. Una de ellas es “restaurante” que viene de Francia y no por casualidad sino porque Francia es a la buena cocina lo que la Roma de los Papas del Renacimiento a las malas costumbres: la referencia inequívoca.
Mientras se ha cultivado el amor al buen trato a los alimentos, mientras confeccionar un plato era una muestra de arte parecida a una página de buena escritura, la palabra restaurante para designar el templo del comer ha sido la más ajustada, precisamente por ese entronque con la patria de las elegantes maneras culinarias. Era una forma de reconocer una paternidad cierta, lo que resulta siempre una muestra de buena crianza y de generosidad. Y así la “casa de comidas”, propia de un pasado pródigo en rudezas, se hace restaurante cuando el yantar se estiliza y se compromete con el ingenio y la filigrana.
Y en esa edad pletórica estábamos cuando hace irrupción entre nosotros la palabra “catering”. Pocas veces un simple vocablo denota con mayor elocuencia toda una evolución, un cambio definitivo y, en este caso, literalmente pavoroso. Inquieta ante todo el origen del préstamo: el idioma inglés. Es claro que de quienes lo hablan hemos aprendido la democracia, la división de poderes, el derecho electoral, el rule of law y las maravillosas paradojas de Oscar Wilde. Pero ¿la comida? ¿qué tienen en común la dulce Inglaterra y la buena mesa?
Nada. De ahí que las consecuencias sean nefastas: porque el catering esconde bazofia reseca y el tieso artificio del papel albal. Y además se presenta en una bandeja que tiene aire mortuorio como esas que se ponen en los velatorios para acoger las tarjetas de condolencia a los familiares del finado.
Estamos ahora en condiciones de afirmar que entre el restaurante y el catering hay la misma distancia que entre el banquete y el cóctel (por seguir con las cosas de la “bucólica”, como las llama Cervantes). El banquete era lo que se daba a los escritores cuando publicaban una buena novela o al orador que en las Cortes había pronunciado un discurso demoledor contra las oposiciones. El banquete era cosa maciza que generaba discursos entonados, discursos trufados de puyas envueltas en celofán, propias de lenguaraces hábiles en asperjar maldades. Pero ¿el cóctel? El cóctel es cosa de la beautiful people, por donde llegamos de nuevo a la chabacanería. Y, lo que es peor, a esa desesperanza que se engendra cuando sabemos que el arte de la nutrición se ha convertido en la atención a una simple necesidad destinada a mantenerse en pie diciendo sandeces.

07 marzo, 2009

Mujeres

Vaya por delante que me considero feminista práctico, ejerciente y convencido, partidario radical de la igualdad plena entre mujeres y hombres. No me cabe en la cabeza ni una sola justificación razonable de lo contrario. Mi feminismo, si así se puede llamar, se basa simplemente en eso: convicción teórica y ejercicio práctico rotundo y radical. Permítaseme la inmodestia de afirmar que conozco muy pocos hombres que en su vida diaria apliquen con más rotundidad esa convicción y se lo curren más continuamente. Además, lo hago con un punto de orgullo masculino -¿ya empezamos a contradecirnos? Pues no- ya que igual que no admito que haya nada que los hombres hagan por naturaleza mejor que las mujeres, tampoco tolero la idea opuesta y no veo por qué las mujeres hayan de ser por definición más competentes que yo para nada, y, desde luego, para ninguna de las tareas que tradicionalmente les ha asignado el pensamiento conservador y discriminatorio. No permito que ninguna mujer se dedique a cocinar para mí, a cuidar mis hijos más que yo o a organizar mi descanso porque me ve como su guerrero. Que no. Y punto. El movimiento se demuestra andando, no con frases ni posturitas.
Dicho lo anterior, y precisamente por eso, me ponen de los nervios muchos de los discursitos de estas fechas en que se celebra el Día Internacional de la Mujer. Son celebraciones que hacen a los y las panolis sacar lo mejor que llevan dentro, lo mejor de su condición de panolis. Por ejemplo, esta mañana escuché en la radio un fragmento del discurso de la señora Aido que tenía muchísima gracia. Para empezar, desde la firmeza en la igualdad deberíamos ver con sumo recelo que existan ministras florero. ¿Que también hay ministros jarrón? Seguro, pero también sobran. Como se dice una cosa, se dice la otra. Afirmaba la ministra recomendada por su padrino -no por su madrina, casualmente- que siempre que en la historia de la humanidad han pasado cosas grandes y se ha progresado, “las mujeres estaban ahí”. Y enumeraba ejemplos, aunque ya no me acuerdo cuáles. Pero era más o menos así: cuando progresó la ciencia, la mujer estaba ahí; cuando se descubrió América, la mujer estaba ahí; cuando se consiguió la democracia, la mujer estaba ahí; etc. Mira qué cosa. Ozú. Discursos fungibles, verborrea de quita y pon. Pues claro que estaban las mujeres, cómo no. Cuando se hallaban oprimidas y sometidas, estaban allí, y cuando se van haciendo libres siguen aquí. Dónde carajo van a estar, vamos a ver, ¿en Marte? Con la misma lógica tontaina podría el machista construir una pieza oratoria idéntica: cuando se hicieron las guerras, la mujer estaba ahí; cuando se instauraron dictaduras, la mujer estaba ahí; cuando se explota y se abusa, la mujer está ahí; cuando se vota a un idiota o un Berlusconi, la mujer está ahí y también vota. Qué solemnes gilipolleces. ¿De verdad es así, con frasecitas de usar y tirar, como se fomenta la igualdad entre mujeres y hombres?
Y habló también Zapatero, of course. Al parecer, el auditorio estaba lleno de mujeres. Supongo que eso sería casualidad, igual que si se tratara de celebrar una asamblea machista estaría lleno de hombres y si es una reunión de enfermos del riñón van los enfermos del riñón. Oye, igual resulta que son divisiones naturales, aunque uno se resista a creerlo. Zapatero dijo: “que sepáis que me siento feminista”. Y el auditorio (¿o era auditoria?) estalló en gritos de “guapo”, “guapo”. Genial. Si yo asisto a un acto público de Bibiana Aido y a las primeras de cambio empiezo a gritar “guapa” y “tía buena” me caen mamporros hasta en el DNI, y si se lo llamo a Zapatero se produciría la gran descojonación. Pero si soy señora en mi Día puedo hacer esas concesiones a los viejos usos del género, de cuando el género andaba más bien alienado. A veces cuesta mantenerse en el antimachismo, no me digan que no. Pero hay que perseverar, pese a tanto feminista postizo y tanta feminista al baño maría.
El Presi aprovechó para retar de nuevo a la crisis e intentar acoquinarla con su verbo. También afirmó que no permitirá que la crisis afecte más a las mujeres que a los hombres. Oigan, y eso cómo se hará. Ya embalado y crecido volvió a asegurar que "de ninguna manera la crisis puede suponer un deterioro de los derechos civiles o sociales, antes al contrario". Me encanta, sobre todo por la parte del “antes al contrario”. Usted, señor o señora, se va al paro sine die, le regala la casa al banco (al banco y a la banca, ojo) porque ya no puede con la hipoteca y se acerca a Caritas a buscar un plato de sopa, pero tranquilo o tranquila, sus derechos sociales siguen incólumes y los civiles ni te cuento. Menudo cuento.
Supongamos -es un decir- que vuelve la peste negra y que la gente muere por miles, como hace siglos. Ya imagino a Zapatero desafiando a la epidemia con voz tronante: no pasarás, morirá el personal a mogollón, pero con los derechos civiles y sociales bien puestos. Hasta vendajes le tirarían de puro entusiasmo, como a un Jesulín de la política y en aras de la igualdad y contra los estereotipos. La fe mueve montañas, pero no alimenta mayormente, aunque nos la den con queso.
La igualdad habrá comenzado en serio el día que no se hagan discursos para mujeres.

06 marzo, 2009

Lavar trapos

Uno de los tópicos hoy muy habituales que me ponen de peor humor es ese de que los trapos sucios se lavan en casa, que las disputas se dirimen en familia. ¿Qué casa? ¿Qué familia? ¿Cuántas casas y cuántas familias tiene usted? En sentido muy estricto puede tener su razón de ser. No hay por qué poner al mundo por testigo de las rencillas domésticas. Qué lamentable que una pareja se tire los trastos a la cabeza en una sala de espera de la Seguridad Social o que padres e hijos se voceen en el autobús. Pero ¿es aplicable el dicho a los asuntos que tienen una dimensión pública y que afectan a los dineros de todos y al interés general?
Un ejemplo. Supongamos que los del PP salieran con que los asuntos de corrupción de los que se acusa a algunos de sus altos cargos son temas de la vida interna del partido que no tienen por qué mostrarse a la opinión pública y que se deben ventilar de puertas adentro. ¿Qué diríamos? Como mínimo, que qué cara más dura y que no son ésas las reglas del juego en un Estado de Derecho, puesto que afectan a cosas bastante más importantes que las relaciones y los comportamientos dentro del propio grupo. Cosa distinta es que en público no se deban manejar falsas acusaciones ni se pueda injuriar o calumniar impunemente. Pero para evitar tal impunidad existen garantías e instrumentos jurídicos al alcance de quienes se sientan injustamente vejados.
Me cuentan que en un reciente Consejo de Gobierno de mi universidad un señor pidió la palabra para expresar su disgusto por una columna que recientemente publiqué en un periódico leonés y en el que manifestaba que el rector anterior debía dar cuenta, en la forma y lugar que estimara procedentes, de la situación en que había dejado la economía de la institución. Por supuesto que dicho orador está en su derecho de discrepar con un servidor, pero lo que no me convence nada es su alegación de que esas opiniones no deben sacarse a la luz pública. ¿Por qué? ¿De quién es la universidad? ¿Quien la paga? ¿Sólo nos afectan a nosotros, a los de dentro, su buen o mal gobierno? Y, por cierto, ni ese colega ni sus compañeros de antaño han dicho ni mu sobre el fondo de la cuestión, sobre cómo están las cuentas y por qué. Pues que hablen libremente en lugar de implorar silencios como el suyo.
Con todo el respeto, y salvando todas las distancias que haya que salvar, me parece que esos planteamientos nos acercan peligrosamente al proceder de “familias” muy poco ejemplares. El ejemplo más extremo nos lo da la Mafia. En la Mafia rige una muy estricta ley del silencio y, ciertamente, se procura que los conflictos se resuelvan según sus propias normas y sin luz ni taquígrafos. Y ya sabemos cómo son sus soluciones cuando alguien se sale del camino marcado o cae en desgracia, o cuando cambian los jefes y la correlación de fuerzas.
Bajo la luz pública no caben ni la indefensión ni la impunidad. Si alguien critica o reta en un periódico, por ejemplo, se puede replicar; si alguno yerra en sus juicios, cabe corregirlo; si hay quien opina con inadecuada información, es posible hacer valer la información correcta. Pero limitarse a atacar al mensajero y a pedirle que se muerda la lengua es una manera de otorgar: el que manda callar, otorga. El que manda callar o no tiene arrestos para debatir o se sabe sin argumentos.
Mil y una veces se escucha la misma cantinela. Usted lamenta en público el sistema de concursos y le replican que por qué no se calla, pues con tales alegatos deslegitima la institución. Usted denuncia manejos o incompetencia en la gestión y le repiten el mismo cuento. Mientras un grupo domina le dicen que no se queje de sus mañas, por la cuenta que le tiene, o que se atenga a las consecuencias. Cuando ese grupo ya no manda, le indican que siga en silencio, esta vez por el bien de la colectividad. El caso es achantar siempre, todo el rato, primero para que sigan en lo suyo y más tarde para que lo suyo, en su caso, quede en el olvido y se pase página como si tal cosa.
Pues no. Sin crítica no hay transparencia y en la oscuridad todos los gatos son pardos y hasta nos pueden dar gato por liebre. Nunca sobran críticos ni debatidores y suelen abundar en demasía los discretos, resignados y sumisos. Y en las universidades más. Y así nos va.

05 marzo, 2009

Artículo interesante: España contra el principio de realidad

Hoy publica ABC este artículo que dice cosas bien interesantes:
España contra el principio de realidad. Por Manuel Arias Maldonado

Mucho se ha venido hablando últimamente del proceso de cambio que, a raíz del compromiso adoptado en Bolonia por veintiséis países europeos para construir un espacio único de educación superior, está realizando la Universidad española. Es razonable que un asunto de tal magnitud movilice numerosas opiniones y aun a unos cuantos estudiantes, empeñados por desgracia en confirmar, con el tenor de su protesta, la necesidad de renovar una institución capaz de producirla. Se han dicho muchas cosas, no sin acierto. Sin embargo, si las críticas formuladas contra esta reforma de la Universidad revelan algo, es el formidable problema que tiene la sociedad española con el principio de realidad. A mi juicio, este es el rasgo dominante de uno de los principales -y más celebrados- argumentos críticos con el proceso en curso: que esconde una renuncia al humanismo y la entrega de la Universidad al mercado. ¡Menos competitividad y más Suma Teológica! Tal podría ser su grito de guerra. Pero, ya sea porque uno pertenece a una generación que -digamos- no creció leyendo a Althusser y Deleuze, ya sea porque uno ha viajado y comparado distintos sistemas educativos y aun sociales, esta crítica me resulta tan noble como incongruente. Y no es una querella menor, porque el modo en que la solucionemos, o dejemos de hacerlo, definirá también el futuro de la sociedad española.
Recuerdo que, hará un par de años, se me ocurrió emplear en el transcurso de una de mis clases -desarrollada, ay, al modo clásico- el adjetivo «fáustico». Ya sé, ya sé; fue un desliz. Di marcha atrás y pregunté a mis alumnos si alguien sabía su significado. No es sorprendente que nadie lo supiera, pero quizá sí, por la reacción de una alumna que, sentada en primera fila, me espetó con retintín: «¡Es que nosotros no somos cultos!» Y aun le faltó completar la frase: ni queremos serlo. Había, en aquella actitud, un genuino orgullo español. Me recordó aquella anécdota que contaba Cioran, quien, de viaje por España, había presenciado en un tren cómo una niña se había arrancado a cantar de modo tan bello que un turista extranjero había querido recompensarla con unas monedas, que la ofendida niña no había dudado en arrojar al suelo. ¡Admirable altivez española!, concluía el filósofo rumano. Sin embargo, quizá no es el tipo de disposición más recomendable para la modernización de la sociedad y la economía: salvo que convirtamos el orgullo en industria.
Mi lenguaraz alumna representa una nueva casta, una generación tan desacomplejada ante el saber y sus rigores, que directamente los desprecia. Pero esa casta es producto del mismo sistema de enseñanza -primaria, secundaria, universitaria- cuya reforma en profundidad, arguyen los críticos, dejará de ilustrar a los alumnos para convertirlos en piezas de la inmensa cadena de montaje del capitalismo. Terrible destino, desde luego. Pero seamos serios: ¿dónde están todos esos humanistas que llevamos años formando? ¿Leyendo a Tolstoi en la playa, discutiendo a Kant sobre el andamio? Naturalmente, no existen. ¡Suprema paradoja! Y este es, precisamente, el principal problema de la actitud defensiva que teme arrojar la Universidad en brazos del mercado: no tiene en cuenta al licenciado realmente existente. ¿Por qué la sola mención del mercado tiene que llevarnos a la tediosa letanía frankfurtiana? Luchemos contra semejante reflejo espontáneo. Imagine el lector por un momento que es empresario -¡sólo un momento!- y un joven viene a pedirle trabajo:
Tengo 25 años. Soy licenciado en Economía por una universidad española mediana. He tardado seis años en hacer la carrera, uno más de lo necesario; como la mayoría de mis compañeros. Vivo con mis padres, en la misma ciudad donde nací; apenas he salido al extranjero. No sé inglés. No leo la prensa.
¿Lo contrataría usted? Difícilmente. Menos aún podremos empezar a superar con este joven -tan ficticio, tan real- el histórico problema de los salarios españoles. Porque sólo el sector público puede pagar salarios con independencia de las capacidades y funciones reales: verbigracia, nuestras provincialísimas diputaciones. Sucede, entonces, que el ominoso mercado pone fin a la ficción estadística que los distintos informes internacionales comparados ponen, una y otra vez, sobre la mesa: la formación de los jóvenes españoles es lamentable y su competitividad laboral ha de serlo a fortiori también. Suele decirse que la economía española no genera suficientes puestos de trabajo cualificados para el conjunto de sus titulados, pero se me antoja que pasa exactamente lo contrario: la sociedad española no produce profesionales lo bastante cualificados para modernizar el sistema productivo. No hacemos más que manufacturar licenciados sin la formación suficiente, en decenas de universidades de provincia apenas distinguibles entre sí. Y eso tiene consecuencias.
Hay que tener en cuenta que un título universitario debe ser un portador de significado de la persona que lo posee: un índice de sus capacidades. No es lo mismo, pongamos, ser licenciado en ingeniería por la Universidad de Berkeley que diplomado en Gestión y Administración Pública por Badajoz. Y en parte, gracias a la libertad de que gozan los alumnos americanos -o alemanes- para elegir una Facultad en razón de su prestigio y construir su currículum: tanto la carrera que escogen como las asignaturas optativas que eligen están llamadas a proporcionarles un perfil profesional. En cambio, el desarrollo del sistema universitario español ha convertido en indistinguibles a nuestros universitarios: tanto vale una cosa como otra, porque ninguna vale mucho. La ausencia de competencia entre universidades ha producido un alumno local que pasa del guiso de su madre al aula universitaria, frenando así el proceso de maduración de nuestros jóvenes y provocando una infantilización preocupante. Dejemos aquí a un lado el hecho de que los españoles no nos caracterizamos por vivir nuestra vida profesionalmente; hace demasiado buen tiempo, se come demasiado bien. Sin embargo, es necesario que el título universitario diga algo fiable sobre la persona que lo ha ganado; de lo contrario, el mercado iguala a la baja: qué le vamos a hacer.
Pues bien, es evidente que eso no lo ha conseguido la enseñanza superior española en los últimos veinte años: ni tenemos humanistas ni tenemos profesionales. Más bien, veranos de tres meses y faltas de ortografía. Es verdad que, mientras no mejoren la enseñanza primaria y la secundaria, poco puede cambiar. Pero también lo es que nada podremos avanzar si nos empeñamos en oponer mercado y Universidad de modo simplista como si siguiéramos encerrados, cuando entonces, en la Sorbona. Esta queja plantea un problema de principio: si la Universidad no está para formar profesionales, ¿para qué está? ¡Ojala pudiéramos ser todos intérpretes de Spinoza! Por desgracia, China no está por la labor.
Es un principio básico de la psiquiatría que un problema sólo puede empezar a resolverse cuando es reconocido como tal por el paciente. Nuestros gobernantes deben empezar a admitir que la sociedad española tiene un grave problema de formación de sus licenciados; problema que no se resuelve simplemente aprobando a un mayor número: ya hemos tenido bastante ficción. Se trata de exigir más al alumno; y si lo hacemos, nos sorprenderá el resultado. De lo contrario, no habrá nunca cambio alguno de modelo: sólo un declive a la italiana manera. En realidad, esa sinceridad es un discurso político ganador. Ojala alguien se dé cuenta a tiempo y pasemos de la negación a la cura.

Familia y Administración

(Publicado hoy el El Mundo de León).
Leo en este periódico las informaciones sobre las quejas porque en unas oposiciones para cubrir 40 plazas de auxiliar administrativo en la Diputación “una buena parte de los candidatos que han sido calificados con las mejores notas sean familiares directos de funcionarios o cargos políticos del Partido Popular”. Ignoro si hubo trampa o decencia, pero hay que ver lo mal pensada y picajosa que es la gente.
¿No quedamos en que la familia es célula básica de la sociedad? Pues por qué no va serlo también de la Administración. ¿Y no va a servir más fielmente a la Administración quién la mamó desde pequeño, viendo a su padre, por ejemplo, desvivirse por las instituciones y dejar en el empeño lo mejor de sus energías, pasando incluso privaciones por causa de su amor al interés general? ¿Ha de chocarnos que haga mejor los ejercicios de la oposición quien desde la infancia se acostumbró a oír en casa hablar de reglamentos, escalafones, transparencia y hasta del sacrosanto principio de mérito y capacidad? ¿No servirá mejor al Estado y a sus variados entes quien lleva hasta en los genes el apego al servicio público y la vocación de funcionario? Ahora que está de moda la novela histórica y que nos perdemos en nostalgias de tradiciones, ¿no será el momento adecuado para volver a vincular el gobierno de los asuntos comunes a una Corte formada por familias bien seleccionadas y aglutinada por lealtades personales a los jefes, en lugar de seguir con el frío concepto de burocracia que Max Weber colocó como pilar del Estado moderno?
Es más, ya metidos en gastos y reformas, los puestos administrativos deberían ser hereditarios y así las familias que velan por el bien común evitarían los sinsabores del paro y la desazón hipotecaria, cosa que repercutiría en un trato más cordial con el áspero administrado.

04 marzo, 2009

En la universidad aún hay clases

(Publicado esta semana en Gaceta Universitaria).
La Universidad Carlos III de Madrid pretende poner en marcha un sistema revolucionario en las universidades públicas españolas: el cultivo esmerado de élites y la organización de una enseñanza de dos velocidades, una normalita, para estudiantes del montón, y otra puntera y guapa, para chicos y chicas con mejores notas y que se puedan pagar más créditos. Suponemos que la noticia se comentará con entusiasmo en las asambleas de estudiantes anti-Bolonia, aunque, al parecer, en dicha Universidad no hay tales. Y pensar que en tiempos se rumoreaba que era la universidad del PSOE...
Para los estudiantes que comiencen la carrera o acaben el primer curso con las calificaciones más altas habrá un “Programa de Honores”, si bien sólo para aquellos que, además, lo soliciten y paguen los correspondientes créditos. El documento de presentación explica que se trata de seguir el modelo de muchas universidades públicas norteamericanas. A ver si a continuación también seleccionan a los profesores y les pagan como en ellas. Esos estudiantes de primera cursarán cierto número de créditos “de nivel de honores”, con mayor exigencia e impartidos por profesores especialmente escogidos. El resto de sus clases serán de nivel “normal”, es decir, las mismas que reciben los estudiantes que ni fu ni fa y con menos relumbrón. Fuera de las clases de la titulación de cada uno, los megaestudiantes recibirán enseñanzas de segundo idioma y de “temas relacionados con la comunicación, liderazgo, edición de ensayos en inglés, negociación, gestión del tiempo, etc.”. Qué materias tan significativas. Ya se los imagina uno. Como dice el documento, “a los alumnos del programa se les da la oportunidad de completar su formación curricular dotándoles de habilidades de liderazgo y dirección”. Nacidos para mandar. ¿Les regalarán también la gomina?
En cuanto al precio, se dice que “El programa de honores será completamente gratuito para los estudiantes becarios. Los restantes estudiantes tendrán que abonar la matrícula de los créditos adicionales que componen el programa, incluyendo los complementos formativos y los cursos de idiomas”. No habrá problema, a la mayoría ya les habrán pagado colegios bien caros previamente.
Esto de dividir al estudiantado en una pequeña minoría selecta y una masa de “normales” ¿será moderno y progresista o será una discriminación como la copa de un pino? ¿Servirá para parecerse a las universidades públicas del país de Obama o a las privadas cutres de por aquí mismo? Menos mal que en la Carlos III tienen un Instituto de Derechos Humanos que seguro que hace un dictamen fetén y lo aclara todo.

02 marzo, 2009

Camba y yo en Alemania. Por Francisco Sosa Wagner

Releo a Julio Camba estos días, sus crónicas viajeras por Europa, y me encuentro con una dedicada a Alemania en la que bajo el título “Viva la desorganización” cuenta lo que le pasó en un restaurante de Berlín donde quiso tomar una cerveza. “Imposible -le dijo el camarero- este es un local dedicado al vino. Aunque hay una sala para bebedores de cerveza, a la que puedo acompañarle si es su gusto”. Camba se resistía en esa ocasión a entrar en esa sala recomendada porque le parecía “algo así como entrar en la masonería”. Probó suerte después en un café con el ánimo de tomar esta infusión pero no contó con que era la hora de los licores.

Todo esto ocurre en los años veinte del pasado siglo XX. Desde entonces muchas cosas han cambiado en aquel país. Para bien y para mal. Así por ejemplo muy pronto ya no se encontrará en ninguna ciudad alemana la típica “Gasthaus” o “Gaststätte” toda forrada en madera con sus mesas también de madera adornadas con una vela y haciendo ángulos extremadamente acogedores. ¡Ah, fino placer sentarse a una de ellas con una cerveza y un periódico! Me refiero a uno de esos periódicos alemanes interminables que estaban atravesados por un palo para que el cliente no tuviera la tentación de llevárselos distraídamente. Ahora no hay más que bares americanos, lo que se debe sin duda al antiamericanismo que es tan propio de las sociedades europeas.

El caso es que prácticamente la misma anécdota de Camba la hemos vivido mi mujer y yo este verano pasado en una pequeña ciudad balnearia del sur llamada Bad Wildbad donde habíamos acudido a oír un par de óperas de Rossini pues todos los años se celebra un festival en recuerdo de la temporada que el compositor pasó allí para recuperar su averiada salud. Solo que en lugar del café o de la cerveza de Camba, el protagonista en esa ocasión fue la salchicha. Pedimos, en efecto, un plato suculento de salchichas para cada uno pero, al decirnos el camarero que era demasiada cantidad, le dijimos que trajera uno solo para los dos.

“Imposible”, contestó. “No se pueden dividir los platos”. Pues no los divida, póngalo en medio y ya nos apañaremos nosotros. Esta fórmula de elemental reparto le mosqueó, movió entonces un rato la cabeza en sentido negativo y acabó diciéndonos que aparentemente estaba bien pero iba contra “el orden de la casa”. Como el asunto se ponía de un absurdo cada vez más subido, le pedí que pidiera autorización en la cocina para infringir dicho orden, en la confianza de que el cocinero o alguno de sus superiores fuera más flexible en la aplicación de aquella norma y supiera encontrar algún resquicio por la que evitar su riguroso cumplimiento.

Esperamos impacientes que se produjera la resolución en aquel tribunal de la cocina y, cuando vimos regresar al camarero con la cara iluminada por una amplia sonrisa, pensamos que el asunto se había solucionado favorablemente y que estábamos a un paso venturoso de podernos comer las salchichas. Craso error. La cara de satisfacción se debía a que su sentencia en primera instancia había sido ratificada en apelación por el cocinero jefe: “es imposible, señores, lo que ustedes piden va en contra el orden de esta casa”.

Consciente de la dureza de la decisión, intentó dulcificarla diciéndonos:“Y ahora, ¿qué hacemos?”. A lo que contesté: “felizmente hay otros locales en la ciudad, de manera que ya encontraremos otro donde no esté en vigor esa norma”. “Como ustedes gusten, señores”. Y nos acompañó hasta la puerta. Que el rigor jurídico es hermano de las buenas formas.

En efecto, cerca de allí había otro restaurante donde pudimos cenar bien y en compañía simpática porque trabamos relación con un señor que hacía largas caminatas por las montañas cercanas y cuya conversación resulto muy estimulante, ayuna además de cualquier invocación legal. Por suerte, el ámbito territorial de vigencia de esos reglamentos malditos es reducido o, al menos, su aplicación conoce todo tipo de modulaciones y dispensas. Como debe ser pues los juristas sabemos que una norma solo se dignifica cuando se la viola.

La amabilidad alemana quedó además salvada. Yo quiero mucho a Alemania porque me siento en aquella tierra ascendido de categoría: quien sabe mi oficio, jamás apea el “Herr Professor”. Lo que aquí no me llaman ni los alumnos de primero.

Izquierda Hundida

Ya sé que aquí siempre rajo contra Zapatero porque me parece un zote de tomo y lomo. A veces algunos amigos me replican que vale, que leído no estará ni sabrá distinguir un cuadro de Velázquez de uno de Picasso, pero que hábil es a tope. Y, hombre, eso sí hay que reconocérselo. Es hábil para lo suyo, que es la política sin nobleza ni idealismo, igual que la rata es hábil para localizar el queso o el topo es hábil para ir aumentando su laberíntica galería subterránea. Hablamos de cosas distintas. Se puede ser hábil como el ratón y el topo y ser tan ignorante de los asuntos humanos como ellos.
Una de las más impresionantes ratonerías de Zapatero, y de las que más me apenan - al tiempo que me hacen gracia porque le da gato por liebre a cierta progresía- es la siguiente. El tipo va de látigo de la derecha, baluarte de los rojísimos y dura cruz del PP. Y, como los del PP tampoco son lumbreras, le entran al trapo de las mayores chorradas, bendecidos por roucos y otros especímenes, también curiosos restos del parque jurásico nacional. Total, que se forman grandes trifulcas que sólo afectan a unos cuantos símbolos o a derechos puramente nominales y que ni fu ni fa. Porque, a la hora de la verdad, en cuestiones de política económica y social los desacuerdos son mínimos y apenas existe debate entre PSOE y PP.
Sin embargo, Zapatero le saca un gran rédito a ese montaje teatral de presentarse como martillo de ultraconservadores, unido a la amenaza, constantemente pregonada por sus pepiños y pepiñas, de que si viene la derecha volvemos todos a cantar el Cara al Sol en pantalón corto y a llevar flores a María en mayo, quieras o no. Cosa que, por lo demás, es una exageración como la copa de un pino.
¿En qué consiste tal rédito? En convencer a la progresía más boba, que es la mayor parte de la progresía –me duele decir esto, amigos, pero es lo que hay, salvo opinión mejor fundada- de que no queda más remedio que votar a este PSOE para cumplir de una el doble objetivo de frenar a la derecha y avanzar en eso que todos los políticos llaman la modernización de este Estado, cosa que no se sabe qué carajo es. Y por ahí, justo por ahí, vienen los dos grandes timos que han acabado con la izquierda en este país, que han hecho que ya no exista una presión coherente y sólida proveniente de la izquierda y que evite la berlusconización de España, que es a lo que vamos, piano, piano, con Zapatero y Cia.
El primer timo no merece mucho comentario. Es de ésos tan claros y evidentes que sólo un ciego voluntario no lo verá. Consiste en convencer a tantos de que si un día gana otra vez el PP nos poseerá violentamente y reverdecerá de su mano el fascismo más oscuro. Pues no, mire usted, no. Se puede estar –como un servidor está- en contra de muchas de las opiniones que el PP expresa en sus programas y actuaciones, pero tan falso es gritar que con el PP viene Franco como que con Zapatero gobierna la horda roja o manipula el stalinismo. Ni Zapatero fusila ni va a fusilar curas, ni Rajoy va a encarcelar ateos. No. Pero la farsa funciona, y para Zapatero funciona haciendo que personas que se sienten de izquierdas y que, sin embargo, reconocen que no ven por ningún lado la política social verdaderamente progresista del zapaterismo, lo voten al grito de “si no, va a ser peor”. Por ese camino perdió y pierde Izquierda Unida la mitad de su fuerza de antaño, que no era tanta, pero era.
La otra mitad se le va por los propios errores de IU, ligados al despiste monumental del frívolo izquierdismo patrio. Pues aquí a cierta izquierda a la izquierda del PSOE le ha dado por pensar que no hay cosa más izquierdosa, revolucionaria y rupturista del capitalismo monopolista que los nacionalismos. Tócate las narices. El mundo al revés. En nombre de la liberación de los pueblos falsamente oprimidos, se olvida ese izquierdismo pueril de la liberación de los oprimidos por los pueblos y de la defensa de los oprimidos en general. Es como si antes de auxiliar a alguien que padece en la calle le pidiéramos el DNI y una partida de nacimiento. Absurdo.
Esta izquierda de IU ha confundido la lucha de clases con la lucha de naciones. Y las naciones, reales o supuestas, se toman como exentas de clases y, además, sin dar importancia a la diferencia entre naciones más ricas y más pobres, al menos cuando se trata de “naciones” del que llaman Estado español. Y así hemos visto y vemos a los de IU embarcándose en todo tipo de pactos con partidos nacionalistas perfectamente conservadores y burguesotes y picoteando en su mano las sobras de un plato de lentejas. ¿Consecuencia electoral? Pues que los que votan nacionalista por convicción seguirán votando a los partidos nacionalistas por su doble condición de nacionalistas y conservadores - ¿o no es conservadurismo puro la defensa a ultranza de las tradiciones, los símbolos patrioteros y la discriminación por razón de nacimiento o apellido?-, mientras que los no nacionalistas con alguna sensibilidad social se apresuran a abandonar a IU y a apoyar al PSOE, en una nueva versión del voto voto útil. El ejemplo de Madrazo en las elecciones vascas de ayer mismo es bien elocuente. Y antes fue LLamazares.
En esto último también se va mostrando la habilidad político-ratonil de Zapatero: primero mete al PSOE en alianzas con los nacionalistas e IU para marginar al PP por facha y españolista, y luego se lleva los votos de IU para frenar a los nacionalistas y su populismo reaccionario. De ese modo, este PSOE acaba teniendo el monopolio de la izquierda y, con ello, se acabó la presión de la izquierda en la política española, pues este PSOE tiene tanto de izquierda como un servidor de obispo de Mondoñedo.
No soy votante ni simpatizante de IU por diversas razones políticas, éticas y estéticas. Pero que en España desaparezca del mapa político la izquierda me parece una desgracia, una desgracia para el sistema político como tal y una desgracia para la gente más humilde. Y más cuando también ha sido borrada la izquierda sindical y sólo quedan ya sindicatos verticales y pesebreros.
Si resulta que ya no hay más alternativa que Zapatero o el diluvio, apaga y vámonos: lloverá en todo caso.

28 febrero, 2009

Nuevo título universitario: "Dinámicas del coito"

Según mis últimas noticias, la ANECA va a proponer a las universidades españolas un nuevo título universitario que provisionalmente se denomina “Sexo transversal y dinámicas del coito”. Se pretende que se imparta como postgrado y que esté abierto a los diplomados en Derecho, Económicas, Ciencias de la Actividad Física y el Deporte, Biotecnología, Lenguas de todo tipo, Física, Relaciones Laborales y Geografía.
En el borrador de memoria, elaborada por un comité de expertos presidido por un ingeniero agrónomo catalán, el doctor don Albert Pi y Somier, se dice que “la cultura de los derechos humanos no puede dejar de lado lo que de humano y de derecho tiene el sexo, auténtico eje transversal en el que cuerpo y espíritu se interpenetran en dialéctica amalgama que rompe, al tiempo, la separación constitutiva entre individuos tomados como mónadas y configura el ente social en transcendente plenitud, ahormando las costumbres en un entramado de reglas siempre provisionales y siempre superadas por nuevos ritos y nuevos hitos”. Aclarado así el fundamento último de la empresa, se pasa en dicha memoria a señalar que “la perspectiva de género, tan en boga, precisa el complemento de un género en perspectiva, bajo un enfoque plural y pluralista que descosifique como si tal cosa la fusión carnal, entendida como encuentro en la diversidad y diversidad de los encuentros. En el abrazo íntimo la identidad de los individuos implicados se desidentifica al identificarse con el otro y se entona con nuevos tonos a tono con las tonalidades del sujeto cognoscente que se desconoce en el encuentro con el conocido”.
Luego se mencionan, en apretada síntesis, los antecedentes doctrinales que vienen al caso: “El amor como idea y como ideal, tan presente en el idealismo platónico, descubre a su contraparte física en la mismísima caverna, donde Aristóteles supo de ver un zoon politicon que es un zoon sexon que funda la comunidad social haciendo de la necesidad virtud. La ataraxia de los estoicos puede ser leída como trasunto de la tristitia post coitum y el retirarse del sabio cabe de entenderlo como placentero abatimiento del sujeto ahíto. La república agustiniana deja de ser una banda de ladrones cuando la voluntad se de vuelve voluptuosa y los individuos se abandonan al empuje del más natural de los derechos naturales. Mientras que la Escolástica se esforzó en oposición a los planteamientos contra natura, el racionalismo ilustrado trató de que nuestra naturaleza polimorfa entrara en razón para que el de hacer no se hiciera sin pensar. El positivismo científico moderno contribuyó a poner de relieve el componente físico-causal de la empresa erótica, mientras que la metafísica hegeliana insistía en que madre no hay más que una, llámese sociedad civil o Estado ético, y Kant desconocía el verdadero imperativo categórico del animal humano. El método fenomenológico husserliano sirvió para de poner en claro que poca cosa es la cosa cuando se reduce a su esencia, si bien la llamada rehabilitación de la razón práctica volvió a insistir en que la única práctica que merece la pena es la práctica razonablemente rehabilitada. Con las éticas comunicativas de corte habermasiano y apeliano se propone un modelo de práctica sexual dialogante y se insiste en que conviene hablarlo, frente al patrón silente hasta entonces imperante. En el plano jurídico-político, las doctrinas neoconstitucionalistas explican que, de resultas del poderío del poder constituyente, la Constitución está preñada de principios que nos avalan y nos embalan, como el de libre desarrollo de la personalidad y el de dignidad del ser yacente, amén de otros de carácter menos sustancial y más procedimental, como el de non bis in idem y el de presunción de inocencia”.
Seguidamente en el referido documento se enumeran, según los esquemas al uso, las habilidades, destrezas y competencias que el estudiante ha de adquirir. Entre las competencias se menciona la competencia sexual, base indubitada de toda sexualidad competente. Como destreza se insiste en la destreza sexual, de la que se dice que “no ha de ser entendida como patrimonio exclusivo de los diestros”, pues cabe con ambas manos y dependiendo de las circunstancias contextuales y de las coyunturas inmanentes. En cuanto a las habilidades, se destaca la habilidad sexual, distinguiendo entre sexo habilidoso y sexo hábil y primando este segundo por ser mejor y más completa expresión de una personalidad integral y mejor integrada.
El lo que se refiere a la organización de las enseñanzas, la opción por el sistema de créditos ECTS deja al alumno el necesario margen para el trabajo personal debidamente computado, frente a la dinámica pasiva y meramente contemplativa que aquejaba a las enseñanzas tradicionales, especialmente en lo que tiene que ver con la clase magistral asignada a maestros con escasa maestría y excesivamente dados a la oralidad. También se insiste en la conveniencia de que las tutorías sean auténticamente personalizadas y en que tutores y pupilos se tomen su tiempo, a fin de evitar los sinsabores de un tránsito frío y precoz por los despachos.
El programa concreto de la materia se deja a la decisión de las universidades, en ejercicio de su autonomía, limitándose el documento oficial a sugerir algunos ítems temáticos de muy conveniente asunción. Entre ellos, los siguientes: “El sexo como turbación y más”, “El sexo en grupo como coitocircuito”, “Sexo estético y sexo dinámico”, “Estiramientos y apósitos”, “De la química del estímulo al estímulo químico”, “Jaquecas y pretextos”, “Estrategias depilatorias”, “Cuando el otro tiene lo mismo que tú: recursos y recovecos”, “Derechos de los animales”, “El sexo en la patrística y en la matrística”, “Sexo no deseado y sexo sin matrimonio”, “Sexo fortuito y otros juegos de azar”, “Sexo por un tubo: los peligros de las nuevas tecnologías”, “Patologías sexuales I: el sexo con el jefe”, “Patologías sexuales II: el sexo con la jefa”, “Patologías sexuales III: sexo y política”, “Patologías sexuales IV: el sexo de los sábados”, “Patologías sexuales V: el cilicio no es solución”, “Patologías sexuales VI: por qué te vas”, Patologías sexuales VII: cuándo llegas”, Patologías sexuales VIII: fantasías con la pareja propia”.
Se espera que pronto se pronuncie la CRUE, que por el momento está más pendiente del botín y de las ayudas del Banco de Santander para la implantación de los nuevos títulos de la enseñanza pública. La ministra, señora Garmendia, ha vuelto a declarar, esta vez a este propósito, que Bolonia anda imparable y que este título es un importante paso en el acelerado proceso de modernización de nuestras universidades, que están que se salen.
Por ahora, la única universidad que ha manifestado su inequívoco propósito de implantar estas enseñanzas es la Universidad Juana la Loca, universidad privada de reciente constitución y que destaca por sus modernas instalaciones en Jarandilla de la Vega y por su buen trato a las blancas.
Si non è vero...

Un poquillo de vanidad

Permítaseme que me ponga hoy un poquito vanidoso.
José María Ruís Soroa es persona a la que leo, admiro y aprecio. Nos conocimos personalmente el pasado verano en la Menéndez Pelayo, convocados por amigo común.
Así que me pone orgulloso verme citado en artículo suyo en El Correo y, además, comprobar que estamos sustancialmente de acuerdo al criticar los excesos punitivos que ponen a las víctimas como coartada.
Vean aquí o aquí el escrito de Ruís Soroa. De paso, no le pierdan la pista, si es que no lo siguen ya.

27 febrero, 2009

Bolonia y las huelgas

(Publicado esta semana en Gaceta Universitaria)
El Sindicato de Estudiantes ha convocado para el 4 de marzo una nueva huelga contra Bolonia. Vaya por delante el derecho de cada sindicato o grupo a protestar por lo que mejor le parezca y a hacerlo desde sus convicciones. También entre las huelgas generales las hay como huelgas políticas o contra el sistema establecido y como huelgas contra medidas concretas. Pero parece claro que una huelga puede tener tanto más éxito cuanto más abarcadoras y comunes sean las razones con que se justifique.
En el documento de convocatoria de tal Sindicato leemos, entre otras cosas, alabanzas a las pasadas acciones de los estudiante griegos como forma de sacar a la luz “todas las injusticias opresión y represión que sufre la juventud y la clase trabajadora en Grecia”, y se afirma que la juventud no puede tener un futuro digno bajo el capitalismo. Por su parte, un “padre de la patria” sentenciaba el domingo 14 en El País que afirmaciones como la de que se trata de privatizar la enseñanza universitaria son falsedades que “calan en algunos sectores del alumnado y favorecen posiciones radicales de grupos antisistema”, y se refería a “personas infiltradas en el movimiento, que tienen intereses ajenos a los universitarios para crear el desorden y descalificar al sistema”. Vieja táctica.
Un asunto tan importante puede desembocar en puro diálogo de sordos y cabe que, entre tales polos, los estudiantes acaben decidiendo en función de razones que no sean datos y juicios ponderados sobre lo que el sistema de Bolonia tenga de positivo o negativo. En la medida en que los estudiantes hayan de luchar en común por una universidad mejor o menos mala, deberán esmerarse en el análisis concreto de las reformas desde la óptica de lo que a todos concierne, por encima de sus adscripciones políticas o “de clase” y no con la vista puesta en lo que sea útil para otro tipo de fines políticos. Sin la confluencia basada en el interés en una universidad seria y una educación pública de calidad, sólo imperará la división y habrá tantas posturas como partidos e ideologías políticas en liza. Del mismo modo que trabajadores de diferente extracción y encaje partidista o sindical pueden acordar una huelga por motivos de interés común cuando esos motivos son claros, no puede esperarse ningún logro útil del movimiento estudiantil contra Bolonia si no se consigue que prevalezca en él un enfoque suficientemente aglutinador, basado en análisis bien calibrados y en propósitos suprapartidistas. Evitar la involución universitaria es una cosa; propugnar la revolución social es otra bien distinta, aunque también merezca respeto.

26 febrero, 2009

El harén del César

A ver, a ver, despotriquemos a diestra y siniestra. Esta temporada resultaba hiriente y muy poco edificante para el espíritu de las instituciones y las reglas del juego lo de ver a Bermejo y Garzón hechos un ovillo de pelo de muflón y dándose arrumacos entre tiro y tiro. Ciertamente, también los del PP tienen lo suyo y entre sus habilidades supremas no parece que se cuente la ciencia jurídica, tal vez porque se especializaron sus líderes en oposiciones memorísticas y tal. Pero allá se las compongan y que salga el sol por Antequera.
Lo que vuelve a dar grima es que el Vicepresidente del Consejo General del Poder Judicial salga bramando que Garzón es un prevaricador. Lo será o no lo será, doctores tiene la Santa Madre Iglesia y profesores de Penal paran por este blog y podrán ilustrarnos sobre el intríngulis de ese delito. Lo que a uno, pureta irredimible, no le cuadra, es que desde el órgano de gobierno de los jueces se dicten sentencias a tontas y a locas. Cualquier día veremos a los señores y las señoras que componen tan docta institución ciscándose en la mamá de alguien y volveremos a preguntarnos de dónde los sacan. Y ahí está la madre del cordero, en el de dónde los sacan. Pues los sacan de los partidos y de los secuaces de los partidos. Y los buscan, unos y otros, leales ante todo a la causa partidista y más entregados a sus líderes que a su función constitucional. Hoy en día ser independiente no mola y el que va por la vida sin más equipaje ideológico que la Constitución no vende una escoba en los altos poderes.
Resulta, y es bien sabido, que el señor Fernando de Rosa, Vicepresidente del contubernio judicial, fue hasta hace cuatro días Consejero de Justicia del Gobierno valenciano. Y, claro, cuando las garzonadas salpican a su jefe y a quien seguramente lo promocionó al cargo actual, se lanza a la yugular del enemigo. Impresentable, absolutamente impresentable. Pero nada sorprendente. De aquellos polvos partidistas vienen estos lodos institucionales. Si en vez de juristas serios y personas comprometidas con las reglas de juego se nombran hooligans, pasa lo que pasa: da asco.
No tendremos ni democracia seria ni Constitución tomada en serio ni Estado de Derecho que merezca tal nombre mientras no se establezca un rígido y exquisito sistema de incompatibilidades. Mismamente, el juez que se pasa a cargos políticos no ha de poder regresar a la judicatura en una larga temporada, por ejemplo diez años. Que cobre una buena pensión entre tanto, que le mantengan el coche oficial, que le den vales para vestirse de Armani, que le permitan cazar sin licencia, lo que sea. Pero que se acabe este corretear entre poderes dejando en el camino más babas que un caracol acatarrado.
Puesto que no sirve de nada implorar la prudencia de la mujer del César, dada su veleidosa condición y su ninfomanía incontenible, apliquémosle un cinturón de castidad legal. Y que tenga tres vueltas y ocho candados el de los señores miembros del CGPJ, el de los magistrados del TC y, como mínimo, también el del Tribunal Supremo.

25 febrero, 2009

Más pena y más asco

Leo en La Razón el titular que dice “Zapatero, reacio a la implantación de la cadena perpetua” y me pica tanto la curiosidad, que vuelvo a meterme en noticias que me resultan vomitivas. Lo que viene en el periódico es toda una retahíla de declaraciones del señor Antonio del Castillo, padre de la muchacha asesinada en Sevilla, así como de un tío que actúa de portavoz de la familia. Le han pegado un buen repaso al Código Penal y han planteado al Presidente del Gobierno lo que un periodista pedante llamaría toda una batería de propuestas: referéndum sobre la cadena perpetua, aumento de las penas por encubrimiento, la modificación del protocolo a seguir en caso de desaparición, el cumplimiento íntegro de las penas, etc., etc. Lo estupendo es que en tales declaraciones de estos hombres Zapatero queda exactamente como lo que es, un chiquilicuatre de chichinabo. Vean si no estas dos perlas salidas de la boca del señor Del Castillo: «Las penas se están cumpliendo ya íntegras, esta es la frase de Zapatero con la que me quedo» y «Él mismo [por Zapatero] se sorprendió de que los encubridores sólo tengan que pagar entre tres meses y dos años de cárcel».
Así estamos, exactamente así: las víctimas de los delitos acudiendo a La Moncloa para poner al Presidente del Gobierno al tanto de cómo anda el Código Penal y a cuanto sale este mes el kilo de reo, y éste informándoles, a su vez, de que ya casi está todo arreglado. Un gobierno de imbéciles y un modo imbécil de gobernar sólo puede -en democracia y estando garantizadas las libertades más básicas- ser indicio de una cosa: de una sociedad perfectamente imbécil.
Y por qué todo este ruido ahora. Como muy bien apuntaba Rosa Montero ayer o anteayer en su columna de El País, el homicidio o asesinato -eso aún hay que verlo- de Marta del Castillo es uno más de los que en este país y en cualquier país ocurren cada año. Lamentabilísimo como toda muerte violenta e injusta, tristísimo para sus allegados, merecedor de todos los esfuerzos investigadores de la policía y de un juicio justo para los culpables y una pena proporcionada..., pero uno más de los homicidios o asesinatos que ocurren cada día inevitablemente. Ni siquiera están presentes esos elementos que enardecen a la opinión pública o tocan más nuestra sensibilidad: no era un niño, no parece que existiera abuso sexual, no consta ensañamiento... Y, con todo, los periódicos le sacan un partido bárbaro al suceso y la familia aprovecha para presentarle al Presidente del Gobierno en La Moncloa toda una lista de reformas jurídico-penales urgentes, y el Presidente o calla o les dice que hay que ver cómo está todo y que, en efecto, que poca pena para tanto malón. Y a lo de la cadena perpetua les responde que no, porque la Constitución no lo permite, pero que para el caso da igual, pues con lo de cumplir íntegramente treinta o cuarenta años viene a ser lo mismo y ahí se pudran y que los resocialice su puta madre, como supongo que dirá también la Constitución, al menos en la interpretación del egregio jurista que nos preside, don Forrest Gump Garofalo.
Oye, y lo curioso es que uno escribe aquí o por ahí estas cosas y vienen los amigos progresistas de tres en fondo a manifestar su acuerdo y a insistir en que no puede ser y en que Zapatero mu mal, mu mal, parece mentira. Y en cuanto llega convocatoria electoral, desfilan en idéntica formación a votar a Zapatero porque si ganan otros puede ser entoavía pior, virgen santa que me quede como estoy porque aún puede llegar a mandar aquí uno más idiota, que ya es decir. El progresismo patrio tiene una fe en el progreso que corta el hipo.
Me apuesto una cena -no de las más caras, pero decente- a que antes de que acabe esta legislatura y si vuelve a haber un par de crímenes bien mediáticos y con padres sedientos de cámara y de tomarse unos vinos con el ZP, el inefable Presidente encuentra la manera de proponer la cadena perpetua para un mogollón de delitos y contándonos que es constitucional a más no poder y que sólo los fachas dicen que no porque quieren que sigan muriendo los pobres y los más inocentes, que mira cómo se mosquean si es un banquero la víctima. Ya me imagino sus argumentos, respaldados por la comitiva habitual de penalistas progres a mesa puesta: que si la Constitución dice que el castigo penal tiene que resocializar, pero que algunos sólo se mantienen resocializados mientras están en la cárcel; que, si dura una vida entera la pena de los deudos, por qué va a durar menos la de los criminales que se la provocan; que hoy en día la esperanza de vida de la gente ha subido mucho y si salen de la cárcel con setenta años aún pueden estar en contra del consenso como si fueran del PP mismamente; que en la cárcel viven como Dios y que de qué se quejan con el paro que hay fuera, aunque el Gobierno no va a dejar en la estacada a ningún parado y va a arrancar la estacada; que, si bien se mira, terrorismo es todo, pues a quién no lo aterroriza que le quiten el bolso y le den un par de leches... Y así sucesivamente, y los medios de comunicación de la derechona diciendo que pase por esta vez, pero que llega demasiado tarde, y los medios progres dicendo que, bien mirado todo, las cosas son como son y esto es lo que hay y Zapatero no puede hacer otra cosa en este momento histórico en que los mercados se hunden, y veinte profesores de Derecho penal firmando un manifiesto de protesta y doscientos mil profesores de Derecho penal firmando un contramanifiesto y tildándolos de reaccionarios que no tienen corazón y que su amor no vale nada, y la reforma legislativa saliendo adelante en el Congreso por unanimidad, y el Tribunal Constitucional que, cuando un juez plantee la cuestión de inconstitucionalidad, dirá que sí, pero no, pero sí y al final sí es constitucional la cadena perpetua porque ha ponderado los principios y valores enfrentados y le ha salido un gramo más para el lado de que a por ellos, oé, y citará muchos párrafos de otras sentencias ejemplares suyas de esta temporada otoño-invierno, como la de la violencia de género con discriminación por razón de género y así.
Lo dicho, va una cena. Pero sin alcohol ni excesos, no vayamos a pisarle un juanete a alguien y nos la carguemos de por vida mientras las televisiones entrevistan a aquella novia primera que nos vio el pito en la guardería.
Puto país deprimente.

24 febrero, 2009

Soneto para Bermejo, nuestro penúltimo franquista

Duran los cargos lo que un suspiro,
qué poco tiempo para tanta ciencia.
No le hace falta al Presi la licencia
para echarte como quien pega un tiro.

Es Bermejo jurista al que no admiro,
ligero de principios y conciencia,
experto en escopetas y pendencia,
cobardica muflón que se da el piro.

Temblaban ante él jueces y gamos
y en su mano comían los garzones
como comen los perros de sus amos.

Pensó que lo querían por sus dones,
pero importaban sólo sus reclamos:
su modo de tocarnos los cojones.

23 febrero, 2009

Mamones

Cada mes, al conocerse el aumento astronómico de los índices de paro, la calle se convierte en un inquieto hervidero y los sindicatos organizan nuevas protestas y más contundentes acciones. Es posible que el sistema capitalista no resista con su actual configuración la organizada presión de los trabajadores. La protesta sindical también está poniendo contra las cuerdas al Gobierno. Tuvo uno de sus puntos culminantes cuando este Ejecutivo pseudosocialista aprobó la entrega de grandes cantidades a los bancos para que éstos pudieran compensar lo perdido en pelotazos fallidos y créditos imprudentes. El lema de las manifestaciones fue "Más justicia social y menos botín".
Ante las cifras del paro, los sindicatos se han convertido en mucho más que protectores de los trabajadores con empleo y organizan auténticas cajas de resistencia para asistir a los desempleados que ya no tienen más recursos. También los trabajadores inmigrantes hallan en las organizaciones sindicales su sostén y su mejor amparo, y sólo hace falta recordar la virulencia con que los dos grandes sindicatos reaccionaron ante la reciente noticia sobre la persecución policial de inmigrantes sin papeles. Un portavoz de Cáritas declaraba la semana pasada lo siguiente: "Desde que los sindicatos se han movilizado para ayudar a la asistencia de los más desamparados, éstos ya no acuden tanto a pedir nuestro axilio".
Ante la presión de la calle, liderada por los trabajadores afiliados a CCOO y UGT, tanto el Gobierno central como muchos gobiernos autonómicos han tenido que elaborar planes de austeridad, han renunciado a lujos y tren de vida propios de ricachones sin escrúpulos y de pijos estreñidos y se han bajado los sueldos, todo ello para dar ejemplo y aplacar las iras obreras. Igualmente, varios grupos de izquierdas, integrados tanto por sindicalistas como por veteranos políticos como Alfonso Guerra, han emprendido una dura campaña para el saneamiento tanto económico como político y moral de las cajas de ahorros. Para empezar, se está exigiendo que en todas ellas se acrediten los títulos y los conocimientos económicos de sus presidentes y de los demás miembros de los consejos de administración, pues se ha corrido la voz de que algunos no tienen oficio conocido y de que hasta los hay que no dominan ni las cuatro reglas.
No acaban con eso, ni mucho menos, los quebraderos de cabeza de Zapatero y sus ministros. Por ejemplo, varios grupos ecologistas y numerosas asociaciones antitaurinas y de defensa de los derechos de los animales han tomado recientemente las calles al grito de “queremos muflón vivo y ministro dimitido”, “Bermejo, cabrón, respeta al muflón” y “Los derechos del muflón que los defienda Garzón”. Por su parte, la Coordinadora de Grupos Pacifistas del Estado español ha comenzado a recoger firmas contra el envío de más tropas españolas a Afganistán en cuanto Obama se lo ordene por fax a Zapatero, y le recuerdan a éste que su compromiso con la paz y la autodeterminación de los pueblos es incompatible con su empeño en hacerle la pelota al nuevo presidente norteamericano.
Y por si todo esto aún fuera poco, varios directores de cine pretenden llevar a la pantalla grande la vida y milagros de algunos de los más pintorescos ministros de Zapatero, como Bermejo, Maleni o la Aido. La película sobre esta última la dirigirá José Luis Cuerda y se titulará “La ahijada”, pues, al parecer, la tal chavala, ministra por méritos propios y por no tener pito, es ahijada del señor Chaves, padrino y, a la sazón, presidente de Andalucía.
Sí, todos sabemos que esto que acabo de escribir es una sarta de mentiras, que nada de tales cosas está ocurriendo ni va a ocurrir, pero ¿por qué? ¿Es tan raro? ¿Por qué se callan casi (subráyese el casi) todos los grupos críticos, progres y supuestamente levantiscos? Respuesta: porque tienen la boca llena. Pues ya está, que les aproveche.
Nuevo lema para la semana: “Mamones nunca mais, protestemos por libre”.

Bibicampañas. Por AnteTodoMuchaCalma

(Nuestro amigo ATMC ha colgado ahí abajo un comentario que merece primera plana a tope. Así que ahí va. El título de este post no es culpa suya, lo he puesto yo).

Permítanme un "on topic". Se trata de un anuncio del Ministerio de Igualdad. En un cartel reza la siguiente lindeza: "CUANDO MALTRATAS A UNA MUJERDEJAS DE SER UN HOMBRE". Se trata de una intimidación dirigida a un posible maltratador. Si maltratas, te ocurre algo negativo: dejas de ser un hombre.
"Hombre" es un término polisémico. Puede significar tanto "ser humano" como "ser humano varón".
O sea, que el texto puede significar dos cosas: que cuando maltratas...a) dejas de ser un ser humano para convertirte en algo peor: en un ser infrahumano; o
b) dejas de ser un varón para ser algo peor: un mariconazo, una tía o algo peor.
Olé. ¿Se puede ser más nazi? Como maltratador se te degrada por debajo de la dignidad humana y pasas a ser un Untermensch. O bien, en el colmo de la perversidad, para combatir la violencia machista, se reproduce al nivel más increíble el mensaje más machista posible. Biban el Ministerio de Higualdad, hoyga.
Probablemente en esta flatulencia intelectual y moral se entremezclen ambas ideas, como queda claro en el vídeo de la campaña, cargaíto de machismo barato y olor a farias.
La guinda es el nombre que tiene el cartel que cuelgan en la página del Ministerio de Igualdad. La imagen se llama "hombres.jpg".
Por favor, que nos invada algún país normal, o al menos menos anormal (Andorra, Gibraltar...) y nos imponga a sangre y fuego una Administración normal.

22 febrero, 2009

De pena

Ayer hubo una manifestación en Madrid para reclamar la cadena perpetua, se supone que previo paso por la correspondiente reforma constitucional. Nada que objetar, pero me llena de perplejidad saber que la convocaba la familia de la chica asesinada en Sevilla. Y el otro día leí que ya habían pedido vez para que los reciban en La Moncloa. Estupendo, tenemos nuevos rituales. Visto lo visto en los últimos tiempos, cada vez que una familia pierda un hijo de resultas de algún crimen horrendo, acudirá a La Moncloa unos días después del funeral y del sepelio y allí será recibida por el Presidente de Gobierno de turno, que pondrá la consiguiente cara de cretino apenado, posará con el padre mucho rato y luego dirá a la pobre gente que jolín qué fatal está todo y cuánto criminal anda suelto. Al siguiente día convocará de nuevo a la prensa para informar de que el Ministerio de Justicia ya está formando una comisión para el estudio de la correspondiente reforma penal que endurecerá la pena del delito que haya venido al caso. De dicha comisión, por supuesto, formarán parte algunos de los penalistas más progres del país, los cuales hasta el mismísimo día anterior habrán sostenido de palabra y por escrito que el punitivismo galopante y a golpe de víscera es moralmente reprobable y jurídicamente incompatible con la Constitución y el Estado de Derecho. Oye, pero por no sé qué misterio ocurre que si eres penalista progre (o jurista progre en general) y te llama el Presidente de un Gobierno progre (o, posiblemente, cualquier Presidente, incluso el de una Autonomía cutre) para decirte que te va a meter en una comisión para legalizar la tortura con picana de los que se hagan pajillas pensando en ovejas, tú te apuntas porque hay que darse cuenta de que las buenas doctrinas no son para el verano ni para cuando las elecciones. Y, carajo, hay elecciones cada dos por tres, por lo que conviene tener a la bestia popular saciada de sangre y bien surtida de laxantes penales.
Tengo dos hijos, un varón ya bien crecido y una pequeñita de veinte meses. Puedo imaginarme el dolor atroz si me mataran alguno, y también, si el crimen era muy cruel, mi sed de venganza. En cambio, no me veo ni telefoneando a La Moncloa ni organizando manifestaciones para solicitar reformas penales. Cada uno es como es y, de acuerdo, cada cual está en su derecho de reaccionar como pueda o quiera. Aunque, por mucho que estiremos la comprensión, a mí seguirá dándome una grima horrible el padre de la niña Mariluz, al que la semana pasada vi en foto reunido con Ibarretxe. En cuanto consiga encontrarse y retratarse con Obama y con el Papa, supongo que ya se dará por satisfecho; o quién sabe si empezará otra ronda para no perder audiencia. Es una mierda que alguna gente consiga sus minutos de gloria a costa del asesinato de sus hijos.
Y es una porquería cómo nos está educando mal este perverso contubernio de políticos y medios de comunicación. Nos quieren asustados, nos quieren histéricos, nos quieren mezquinos, nos quieren sumisos a ellos, con esa pueril cobardía del que busca para sus miedos amparo en padres ya imposibles. Con lo fácil que sería ir y preguntarle al manifestante si tendría narices para exigir la misma cadena perpetua o la misma pena de muerte si el asesino fuera hijo suyo, o incluso sobrino. Porque, ¿sabe usted?, un hijo violento o desequilibrado o psicótico total o con alguna sorprendente perversión nos puede salir a cualquiera, pasa hasta en las mejores familias. Además, no nos engañemos, si somos de víscera fácil y de los que nos calentamos con un par de telediarios para ir a gritar que maten a tirios o a troyanos a base de garrote vil, es más fácil, por razones genéticas y educacionales, que nos salga un hijo hijoputa. Si es nuestro hijo el que golpeó hasta la muerte con el cenicero y luego tiró el cadáver de la chica al río, ¿qué pena solicitamos? ¿Y si es hijo nuestro el pedófilo que nos enseñan cada semana? Porque no hay semana sin pedófilo nuevo, igual que no hay mes sin su luna llena, no sé si ustedes se han dado cuenta. ¿A qué estamos hoy? A veinte de marzo. Ah, pues ya toca detención de pedófilo peligrosísimo que tenía tres fotos y una barbie en pelotas, no se vaya a mezclar la noticia ésa con la detención a fin de mes de célula islamista que mandaba cajas de requesón a Pakistán.
Con lo fácil que sería también recordarnos a los ciudadanos lo que son los riesgos generales de la vida, hacer que no olvidemos que vivir es peligroso y que la vida es una tómbola, una jodida tómbola de la que no podemos librarnos. Cada vez que cojo el coche y salgo a la autopista estoy comprando papeletas para matarme o para matar a alguien, con culpa o sin ella, por torpeza o por pura mala suerte, por un fallo mecánico del coche o un fallo neurológico mío. Y eso no lo puede cambiar ninguna ley que amenace con pena de muerte, pongamos por caso, a los conductores imprudentes o a los que no lleven en su debido nivel el líquido de frenos. Cada vez que voy al fútbol y grito ¡gol! al marcar el Sporting, me estoy arriesgando a que camuflado a mi lado haya un forofo violento del Oviedo y que me haga fosfatina con una navaja trapera; o a que me llegue una bengala de la grada de enfrente y me atraviese la panza. ¿Qué hago? ¿Dejo de ir al fútbol o pido pena de muerte para los hooligans? Si soy mujer, cada vez que accedo a irme a la cama con un señor al que no conozco desde hace veinte años y me meto en su apartamento o en una habitación de hotel me expongo a que sea un tarado violento y asesino. ¿Qué hago, pido plaza de monja o me sumo a la legión de los y las que reclaman penas salvajes para la violencia contra la mujer, como si eso fuera a disminuir el riesgo de dar con un psicópata al subirte la falda? Pero es que si soy hombre también me puede pasar y me puede estrangular con mis propios pantalones el hermano macarra de la chica o el padre islamista de la señora. Y así sucesivamente, hasta el infinito. La única manera de que no haya delitos ni crímenes de los que pueda uno ser víctima es pegarse un tiro a tiempo. O renunciar por completo a vivir y a salir de casa. Cosa que, por cierto, es inútil, porque también se te puede caer encima la escayola del baño y dejarte los sesos en plan pastel de cabracho, lo cual puede ser excelente ocasión para que, animadas por los periódicos, las masas se manifiesten en pro de la cadena perpetua para escayolistas despistados y Zapatero se entreviste con la asociación de madres de víctimas de la escayola.
Los penalistas se pasan muchas horas y gastan mucha tinta dando vueltas a cuál es para cada delito la pena justa y proporcionada, así como intentando explicarse cuáles son los límites debidos de cualquier castigo penal. A lo mejor podríamos patentar un método revolucionario y solucionar tan esquivo enigma. Pregunte usted a cien personas qué pena querrían para el asesino de un hijo suyo. Luego pregunte a otras cien qué pena querrían para su hijo si éste hubiera asesinado al hijo de otro. Saque la media y ésa será seguramente la pena justa, proporcionada, aplicable y respetuosa tanto con las garantías del reo como con los fines del Derecho penal. Eso sí, procure que los entrevistados sean normales y que sus datos queden en el anonimato. Porque los hay que, con tal de salir en la tele treinta segundos, pueden decir cualquier cosa.