01 diciembre, 2009

Secuestros, Estados y rescates

Sé que me puedo meter hoy en un berenjenal complicado, pero está haciendo falta reflexión sobre algunos problemas político-jurídicos o de la llamda razón práctica, problemas sobre los que se suele pasar de puntillas para no dar que hablar al censor de guardia armado de political correctness y sensibilidad de señorito Pepis. Así que allá vamos y que sea lo que los diablos quieran.
Acaban de secuestrar en Mauritania a unos cooperantes españoles; perdón, catalanes. O catalanes y españoles, no sé. O quizá de Tarrassa -o del que sea su pueblo-, catalanes y españoles. No sé y no sé si importa, pues sólo importaría si esas clasificaciones sirvieran para prorratear responsabilidades y esfuerzos cuando vienen mal dadas, pero me temo que no es así. Este secuestro, como el de los pescadores de atunes, es un “problema de Estado”. El Estado está para los marrones y las demás entidades con vocación de unidad de destino en lo universal o en lo parroquial están para tocarse los... doblones. Pero ése es otro tema y vamos a lo que vamos.
Dos preguntas habría que intentar responder, relacionándolas. Una, la de qué debe el Estado hacer cuando un ciudadano suyo es secuestrado; y, dos, qué diferencias hay entre unos secuestros y otros y de qué modo pueden repercutir esas diferencias en la manera de actuar del Estado.
Parece obvio que al Estado hay que pedirle que haga lo posible para que los ilegalmente retenidos regresen a casa sanos y salvos. El primer componente de la legitimidad del Estado, de Hobbes para acá, consiste en su misión de proporcionar seguridad a sus ciudadanos, si bien, de Locke y Kant en adelante, esa tarea ha de combinarse con otras, como la de asegurar la libertad de los ciudadanos y su liberación de la arbitrariedad del propio Estado, lo que se traduce en que el Estado ha de salvaguardar la seguridad actuando dentro de la legalidad. No sé si no se nos estará olvidando actualmente este último detalle.
¿Cuáles son las posibilidades legales del Estado? Las que tienen que ver con el funcionamiento cabal y a pleno rendimiento de determinados servicios, como la policía, los servicios de información y, cuando el secuestro es en país extranjero, la diplomacia y la política exterior. ¿Y dónde está el límite de lo legal? Complicado asunto cuando se trata de Derecho interno, por ocurrir el secuestro en territorio nacional, y más complicado aún si interviene el Derecho internacional por suceder fuera de España. Con todo, y sin ser uno para nada experto en estas lides, diríase que se da una curiosa paradoja: mientras que posiblemente existe mayor justificación jurídica para ciertas intervenciones de rescate en algunos casos en que el secuestro acontece fuera del territorio español, como en el caso reciente del Alakrana, son ahí mayores los miramientos y las reservas que cuando los hechos se dan dentro del país.
Cuando se trata de actuar por la parte de fuera de la legalidad, el blando pacifismo que impera lleva a preferir las soluciones provisionales sin sangre frente las más resolutivas con riesgo de muerte o lesiones. Quiero decir que casi nadie parece que se atreva a discutir que es mejor pagar que intentar un rescate armado en el caso de que los secuestradores estén localizados y haya medios suficientes para ello. Aunque al precio de cada rescate hay que sumar el consiguiente aumento de las probabilidades de nuevos secuestros por los que se pedirán rescates. Y así sucesivamente.
Algo debería cambiar en la configuración de lo jurídico si resulta que determinadas prácticas ilegales, como pagar con dinero público por la liberación de los secuestrados, se consideran más legítimas y defendibles que otras más acordes con el Derecho, al menos en ciertos casos, como el intento de rescate por la fuerza. Además, si vamos estando seguros de que jamás de los jamases y caiga quien caiga vamos a usar el ejército para pegar tiros ni los cuerpos especiales de la policía para operaciones violentas, deberíamos ir pensando en ahorrarnos esos sueldos. ¿O los queremos sólo para los desfiles del día de las Fuerzas Armadas, que tampoco son del gusto de la intelligentsia pacífica y panzuda?
No se entienda mal. No se trata de ponerse ahora a reclamar el uso indiscriminado de la fuerza ni de solazarse con la violencia, sino de delimitar funciones y razones de ser de cada institución. Bien está el pacifismo, muy bien, pero dentro de un orden, como todo. Lo que va haciendo falta es una reflexión sobre la paradoja en que nos vamos instalando. Mientras que los ciudadanos vivimos más vigilados cada vez, con cámaras en cada rincón y seguridad privada en cada puerta, con escuchas legales, ilegales y alegales, con procesos judiciales en los que la condena se anticipa a la sentencia, se trata de convencernos de que estamos instalados en un oasis de paz y libertad. Mientras continuamente se asiste a ceremonias de linchamiento mediático de delincuentes sexuales o “de género”, se nos quiere hacer pasar a todos, y en particular a las instituciones públicas y las empresas, por cooperantes entregados a la causa de la solidaridad humana.
Llamemos a las cosas por su nombre y cuando los soldados españoles van a la guerra, como en Afganistán, háblese de guerra y no de construcción de la paz. Cuando el Estado paga un rescate, desígnense las cosas como corresponde y no se escurra el bulto para fingir escrupuloso respeto a todo tipo de normas. La neolengua y el eufemismo son signo distintivo de las tiranías, no lo olvidemos, de la misma manera que cualquier tiranía llama justicia y exigencia moral a la vulneración de toda garantía de los derechos básicos de los individuos.
No hay Estado sin violencia y la pugna de siglos es para hacer que esa violencia sea lo más legítima y controlada posible: conforme con el Derecho democráticamente sentado. Presentar un Estado como pacífico y manso por definición no es transformar su esencia, sino buscar impunidad para su violencia y ocultarla, o reemplazar el ejercicio legítimo de la misma por su práctica encubierta y al servicio de fines inconfesables.
Por otra parte, conviene que meditemos con seriedad sobre lo que de igual o distinto hay en unos secuestros u otros y sobre las consecuencias de esas diferencias, cuando las haya. ¿Por qué debe el Estado estar más comprometido con sus ciudadanos cuando se hallan fuera de sus fronteras que cuando se encuentran dentro de ellas? Al fin y al cabo, puestos a exigir responsabilidades, tal vez quiméricas, es mayor la responsabilidad estatal por lo que ocurre dentro de su territorio. Si a mí un día me secuestran en Sebastopol ¿ha de pagar mi rescate el Estado y si me secuestran en Gijón no? ¿Por qué? Y si yo me meto, a sabiendas o por negligencia, en la boca del lobo en un país peligroso, ¿merezco mayor atención y esfuerzo de las instituciones que si me capturan en Londres o Berlín? ¿O depende de que mi estatuto personal o mi actividad tengan algún matiz especial? ¿Debo ser pescador o cooperante acaso? ¿O depende de que mis secuestradores sean islamistas fanáticos o piratas, por un lado, o delincuentes comunes, por otro? Mientras no se expliquen las diferencias, si ha lugar a ellas, sólo percibiremos las distintas reacciones como pura discriminación llevada a cabo con ánimo propagandístico, generalmente la combinación del ánimo propagandístico de los secuestradores y del ánimo idéntico de los gobiernos -y de la oposición, por supuesto-.
Tampoco está de más incorporar al análisis un componente de responsabilidad personal de los secuestrados. Por supuesto que en la balanza se puede poner igualmente el sufrimiento de las víctimas del secuestro y de sus familias. Por cierto, y entre paréntesis, hay que ver el peso que está cobrando la idea de familia en esta sociedad nuestra. A medida que el concepto se ensancha, su papel se hace más profundo y basta decir que sufren los familiares de alguien -un secuestrado, un soldado enviado a la guerra, una víctima de algún atentado, un preso en cárcel lejana, etc.- para que se considere razón bastante para saltarse toda norma general o cuestionar cualquier función del Estado y de sus instituciones. Otro curioso elemento para la investigación y la reflexión sosegada en estos tiempos. Quizá la ley del aborto que viene libra a las menores de la consulta con los progenitores para evitar el dolor familiar.
Hablábamos de la responsabilidad personal. No es lo mismo que yo me ahogue en una piscina cercana a mi casa que tiene su reglamento de uso, que he respetado, y su socorrista, que el que me pase tal desgracia por lanzarme desde un acantilado del Cantábrico en día de mar bravío. Los pescadores del Alakrana estaban ganándose la vida con su oficio, los cooperantes catalanes cumplían con una muy meritoria labor de solidaridad, pero... Pero unos y otros no ignoraban donde se metían. Va siendo hora también de que se conceda alguna relevancia, para todo y no sólo en estos casos, a la responsabilidad personal. Si a mí me ponen pegas para fumar porque arriesgo mi salud y porque resultan caras para la Seguridad Social las enfermedades que por mi vicio puedo contraer, quizá haya que hacer también una advertencia a algunas generosas oenegés y a algunos pescadores, con un aviso bien visible del tipo “Si usted se mete en tierra de infieles, sepa que pone en grave peligro su salud y el equilibrio emocional de sus parientes, usted verá. Luego, a reclamar al maestro armero; o al armador”. ¿O vamos a mandar mercenarios -otro concepto que no se estila y que se reemplaza por tranquilizadores eufemismos- armados hasta los dientes para acompañar a las caravanas de los cooperantes? ¿Y por qué con ellos no y con los pescadores sí? Por cierto, si uno de esos mercenarios mata un negro -huy, sigo con las palabras prohibidas-, ¿es menos grave o discutible esa muerte que si lo mata un infante de marina?
¿Quiero decir con todo esto que no debe el Estado pagar rescates? No exactamente, pues sobre el punto concreto no sé muy bien qué sostener. Sólo que, si se pagan, ha de ser explicándolo sin mentiras a la opinión pública, abriendo un debate serio que atienda todo tipo de argumentos y cambiando las leyes que haya que cambiar para que los poderes públicos no se inclinen cada vez más o no se vean forzados a tanta hipocresía y doble moral como hoy se estila. No podemos tener el Derecho más ejemplar unido a la práctica gubernativa más impresentable, pues se trata de una nueva modalidad de esquizofrenia o de fariseísmo.
Queda otro tema bien apasionante para discutir, aunque mejor será tratarlo otro día y hoy sólo lo planteo. ¿Qué estatuto debe darse en el Derecho internacional a ésos que se llaman Estados fallidos? ¿Han de gozar en sus territorios y para sus poderes de los mismos derechos que se reconocen a los Estados capaces de mantener un mínimo orden y de cumplir sus obligaciones con su propia población y con la comunidad internacional? ¿Es justo, en nombre de gastadas soberanías, dejar a sus pobladores en esa nueva versión del estado de naturaleza? ¿Y quién le pone el cascabel al gato y qué cascabel se le pone? Continuará.

Basura somos (casi) todos

Lean, lean este reportaje de El País y luego hablamos, si quieren. Y, al leerlo, reparen en géneros, cargos, estilos y maneras. Y vean cómo los/as masturbadores/as de lo/a políticamente correcto/a, de políticas de género tonto y de controles de calidad y códigos deontológicos de chichinabo a la hora de la verdad no hacen más que buscar chivos expiatorios para su mala baba de acomplejados sin paraíso y de mostrarse como los/as nuevos/as comisarios/as políticos/as que son. Puto país de de cretinos/as e impontentes/as morbosos/as. ¡Qué buena tropa hubiera sido esta para darle gusto al padrecito Stalin y ayudarlo a hacer purgas mientras se purgaban! Cada día estoy más convencido de que detrás de la mayor parte de los vehementes apóstoles de las nuevas causas chachis y modelnas y de los exaltados partidarios del punitivismo preventivo asoma la mirada turbia y el aliento sucio del fanático mal follado; del fanático por mal follado, quiero decir. Con perdón y lo que sea.
Y luego, por otro lado, nos hablarán de la crisis de la prensa y de la desconfianza de los lectores. Ya te digo.

30 noviembre, 2009

El Estado no es el rastro

Este texto de más abajo lo he enviado ahora mismo para mi columnilla del jueves en El Mundo de León. Es más de lo del post de ayer. Más vueltas al callejón sin salida en que andamos metidos. El problema no está tanto en los jugadores como en las reglas del juego, y mientras éstas no se cambien, no hay solución posible. Si, por ejemplo, en el reglamento del fútbol estuviera permitido o fuera usual que los árbitros pitaran en función de las broncas del público o de los jugadores, no podríamos propiamente culpar ni a los espectadores ni a los futbolistas ni al árbitro, sino a la estúpida regla. Este país se parece a uno de esos cócteles con canapés gratuitos que el personal se disputa a codazo limpio, y apelar al buen juicio y la solidaridad es como poner en tales reuniones un cartel que diga "coma usted moderadamente y no sea glotón". El más rápido y peor educado siempre se lleva los langostinos y la tortilla, no hay tutía. Lo que hay que hacer es suprimir los canapés o repartirlos con otro criterio.
Cuando acababa de escribir esa líneas que vienen a continuación -palabra- me llegó el comentario de "un amigo" y veo, complacido, que utiliza la misma comparación del matrimonio y el divorcio.
Pues ahí va el texto:
Las separaciones y los divorcios resultan emocionalmente costosos y económicamente complicados, pero no por eso hemos de imponer la indisolubilidad del vínculo matrimonial al que quiere irse con la música a otra parte, y más si se dedica a hacerle la vida imposible al cónyuge o al resto de la familia. El chantaje constante es intolerable en cualesquiera relaciones humanas y se sabe que no se arregla pagando lo exigido una vez ni dos. Ni siquiera hay por qué soportar el chantaje moral continuo, esa cantinela de o me haces lo que te pido o me marcho y te dejo para siempre. Pues adiós, muy buenas, otro vendrá que bueno me hará. Tampoco conviene plegarse al maltrato psicológico y, sin comerlo ni beberlo, pasar todo el tiempo por culpable de las desdichas reales o supuestas del otro: que si por tu causa estoy así, que si no me comprendes, que si me oprimes y me atosigas. Aire, y que se arregle lo tuyo como mereces.
Va por turno y ahora les toca dar la matraca a los partidos catalanes, con las excepciones que sean del caso. Leoneses, extremeños o andaluces del montón, como usted o como yo, ni tenemos conciencia de estar aprovechándonos de nadie ni queremos oprimir a ninguno, por lo que tampoco hay razón para que carguemos con reproches genéricos y berrinches ajenos. Quienes descreemos de naciones, espíritus del pueblo al germánico modo o unidades de destino en lo universal y somos poco inclinados a los sacrificios humanos por las patrias, nos vemos abocados esta temporada a callar ante los nacionalismos para que no nos llamen nacionalistas del otro lado. No puede ser.
Urge refundar el Estado y revivir la Constitución o hacer una nueva, partiendo de que el Estado se basa en la asociación de ciudadanos libres que buscan el beneficio propio junto con el beneficio mutuo, con reglas de juego claras e iguales para todos, con lealtad a las normas de convivencia que nos damos de consuno y con respeto a las instituciones comunes. El Estado no puede ser ni una familia mal avenida ni un matrimonio a la fuerza ni un mercado persa en el que sólo medren los expertos en llantos y regateos. Vale más un Estado serio de esa manera, aunque sea más pequeño, que esta ruidosa y reaccionaria jaula de grillos.

29 noviembre, 2009

Esto no puede seguir así

Mientras andaba viajando por esos mundos del maracatú y la teoría de sistemas -sorprendente combinación- iba siguiendo en la red las informaciones sobre el editorial conjunto de los doce periódicos catalanes del Movimiento catalán y sobre las reacciones y contrareacciones de capuletos y montescos. Tedioso hasta la náusea, decadente, casposo, reaccionario todo; y cuando digo todo, digo todo. ¿Y el Gobiernito este que tenemos? Timoratito, poniendo velas a Santa Emilia de la Pompa y rezando, con los morritos así y la ceja flácida, para ir saliendo del día a día, y mañana ya seguiremos poniendo parches. Hastío, desengaño y ganas de tirar de la cadena, repito. Un TC impotente, un Gobierno incapaz, una oposición farisaica, una opinión pública pasota y asqueada, unos medios de comunicación -los de un lado y los del otro- venales y amarillentos, unos partidos políticos corruptos en lo territorial, vacíos en lo ideológico y organizados geográficamente por “familias” al itálico modo. Y siga usted contando. Tremendas ganas de largarse con viento fresco y a la primera de cambio, sea para tocar maracatú o para plantar cebollinos en las Chimbambas.
Esto no puede seguir así, porque, así, tal como está y va, no tiene arreglo. Algún día, no tardando, deberán los politólogos y los historiadores analizar con calma y con la necesaria frialdad por qué y por causa de quién o de quiénes hemos ido a parar a esta situación. Zapatero, gobernante de chichinablo adorado por una izquierda de canapé e ideología con preservativo, no saldrá muy librado, pero no será el único. En últimas, a todos nos tocará responder de algo, pues un incapaz demostrado no gobierna en todo un país una vez y otra sin que haya un fallo neuronal generalizado. Y lo más triste de todo, lo más, es que sigue habiendo buenas cabezas convencidas de que con él y a través de él manda la izquierda. Increíble. ¿O acaso ha mejorado en España la redistribución de la riqueza y ha aumentado la igualdad de oportunidades sin que algunos nos enteráramos? Eso es lo único que tiene que ver con la izquierda y lo demás son pendejadas, zarandajas, cuentos de mujercitas -en el fondo cuentos discriminatorios para las mujeres-, de homosexuales, de excavadores de tumbas, de recolectores de chollos, de pillos con turbante o sotana..., majaderías para que no se vea que somos una sociedad medio feudal -con sus señoríos territoriales, con estatutos jurídicos personales y escarnio de la ley general y abstracta, con sus lealtades al modo medieval, con sus estamentos...
Esto no puede seguir así y deberíamos ir pensando -no sé quiénes, pero deberíamos- en una reforma profunda de la Constitución o en un nuevo proceso constituyente. Basta reparar en el callejón sin salida en el que andamos metidos con el Estatuto de Cataluña. Si el TC le pone pegas relevantes, veremos seguramente una radicalización de la deslealtad constitucional de catalanes y de otros, de la mano de la incapacidad de los órganos principales del Estado, empezando por el Gobierno y siguiendo por el Parlamento -de la mano de los partidos dominantes- para mantener la Constitución en su sitio y hacer valer sus reglas de juego, las de la Constitución, ni más ni menos. Y, por cierto, si en Cataluña no valen ciertas normas que están parecidamente en otros Estatutos de Autonomía, ¿qué hacemos con esos otros Estatutos? Lo dicho, caos sin vuelta de hoja.
Si el TC da por bueno el Estatuto catalán nos hallaremos ante un más o menos tácito cambio de esas reglas básicas, bajo una reforma constitucional encubierta y el paso a un modelo de Estado aún más incierto, pues no se cerrará tampoco y duraderamente esa nueva forma la organización territorial, sino que se estará nada más que ante otra etapa en el tira y afloja permanente. Porque tenemos ahora, en la práctica, un régimen constitucional cuya esencia es ésa, el consistir tan sólo en un tira y afloja y en un sistema de pescadores de río revuelto y de demagogias combinadas.
¿Nos ponemos entre realistas y utópicos? Pues esto es lo que habría que hacer. En primer lugar, abrir de verdad procesos de autodeterminación. Que cada comunidad autónoma tenga la oportunidad de manifestarse, a través de su Parlamento, sobre si quiere autodeterminarse plenamente o no. Donde salga que sí, disolución inmediata del Parlamento correspondiente, nuevas elecciones y nuevo sometimiento de la cuestión. Si vuelve a salir que sí, referéndum en esa Comunidad y, si tiene resultado positivo, bye, bye, sin más problemas, sin llantos y sin mohínes. Con los que se queden, elaboración de una nueva Constitución con un modelo de organización territorial todo lo descentralizado que se quiera, pero cerrado, definitivo -todo lo definitivo que puede ser un modelo de Estado- y serio.
¿Sería tan difícil? ¿Acaso no se puede entender que a algunos no nos duele España en cuanto concepto metafísico, unidad de destino o gaitas, sino que lamentamos únicamente no poder vivir en un Estado que en verdad merezca su nombre y en una sociedad en la que sea posible luchar por la justicia social y la calidad de vida -debida- para todos sin estar mediatizados y condicionados por metafísicas nacionales, reyezuelos, burócratas de poca monta, partidos de campanario y pelotazo y fantasmas del pasado?

28 noviembre, 2009

Catedráticos por silencio. Por Francisco Sosa Wagner

Los ha habido por oposición, por concurso de traslado, por méritos sobresalientes -Marañón lo fue sin haber pasado pruebas específicas- pero el supremo invento, rigurosamente contemporáneo, es el catedrático por silencio.
Sepa el lector no avezado en el laberinto universitario que ya no existen las oposiciones públicas al cuerpo de catedráticos de universidad. Aquellas en las que un candidato se presentaba ante un tribunal de especialistas y, en unos cuantos ejercicios o pruebas, trataba de demostrar sus habilidades y de ocultar sus carencias. Luego obtenía la plaza o se marchaba contrito, en función de su calidad pero también, nadie puede negarlo, de los cambalaches de las escuelas y de los grupos en que se descompone la tribu universitaria (en rigor, las tribus universitarias del mundo entero, éramos muy poco originales). Todo aquello tenía muchos inconvenientes pero su ventaja consistía en que se hacía cara al respetable, “coram populo” que decíamos en el Lacio: enjuagues, sí, pero, al menos en el gremio correspondiente, todos se enteraban de que se había consumado un atropello a la razón o a la dignidad científica.
Ahora, la postmodernidad en la que vivimos, pletórica de excelencias, aptitudes, sensaciones y emociones pedagógicas finas, ha ideado un sistema en virtud del cual el candidato se limita a enviar su curriculum a una comisión que, integrada por no especialistas, “acredita” al interesado como catedrático que luego es nombrado por una Universidad, aquella en la que está. Pues sépase que la movilidad -tan cacareada- ha desaparecido entre los profesores quienes hoy tienen la misma posibilidad de salir de la Universidad que le ha acogido desde estudiante que la que tendría el doncel de Sigüenza si quisiera tomar unos vinos por los alrededores de la catedral, por estirar un poco las piernas mayormente.
El mecanismo nadie me negará que es original, una revelación del legislador actual, tan ingenioso él. Hasta ahora se había mantenido en los términos de su pintoresquismo hasta que de pronto se ha colado en su aplicación práctica el invento del silencio administrativo. Porque, si quien ha presentado su curriculum al comité que le juzga -compuesto, insisto, por no especialistas-, advierte que no obtiene contestación en el plazo previsto, su solicitud se entiende estimada por silencio positivo. La siesta de unos comisionados o el extravío de un expediente convierte a un señor/a en catedrático de esto/a o aquello/a.
No me negarán el supremo hallazgo. Acaso por lo exótico del asunto se han desatado las críticas entre los universitarios y más de una carcajada se ha oído en las sagradas bóvedas de claustros y aulas. Los carcas de siempre han clamado: ¡catedráticos por silencio positivo! Lo último que nos quedaba por ver.
Sin embargo, acaso porque ahora estoy fuera de mi oficio natural, pienso que el descubrimiento es magnífico y que lejos de ser objeto de burlas, debe ser imitado y generalizado. ¿Qué tal para cubrir una plaza de cirujano jefe del servicio de cardiología de un hospital de campanillas? ¿Y para el de físico encargado de un Observatorio Astronómico o Vulcanológico? ¿O para el de general al mando de una unidad muy acorazada?
La Iglesia, que es pionera en la historia del diseño de la selección del personal, podría nombrar así a sus cardenales u obispos. Se ahorraría intrigas y el manejo de dagas con mañas florentinas.
¿Quién decía que la Universidad se ha empobrecido o que no investiga? Ahí está a la vista de todos cómo, con la música callada del silencio, ha hecho su mejor contribución al I+D+I.

27 noviembre, 2009

Recife (Brasil)
















(Fotos: JAGA)







Varas de medir

El ciudadano del montón se queda perplejo cada vez que se da cuenta de lo claras que son las cosas para él y lo brumosas que se vuelven en las altas esferas. Baste pensar en que si uno de nosotros se dedica a espiar a otro pinchándole el teléfono para escucharle las conversaciones, le puede caer el pelo. En cambio, hay quien acusa al Estado de andar controlando las llamadas telefónicas de medio mundo con un chisme que llaman SITEL y no hay manera de saber si es verdad o es mentira o si está bien o está mal que el Gran Hermano vigile a diestro y siniestro.
Y qué me dicen de jueces y fiscales. Por un par de palabrotas mal dichas que uno le suelte a su pareja se ponen en marcha la policía, la fiscalía y algún juzgado especial y, para empezar, hay una orden de alejamiento. En cambio, a un etarra le chivan, parece que desde la policía o alguna instancia oficial, que lo van a detener y que ponga tierra de por medio, y nadie sabe ni contesta y las diligencias acaban archivándose porque dicen que no hay caso. Eso por no hablar de que si usted en su trabajo tiene que cumplir una tarea urgente para la empresa y responde que no le metan prisa y que ya lo hará cuando le dé la gana, lo ponen de patitas en la calle. Sin embargo, todo un Tribunal Constitucional puede tenernos años esperando por la sentencia sobre el Estatuto de Cataluña y no pasa nada.
Si hablamos de dineros, usted y yo tenemos las nóminas controladas por Hacienda hasta el último céntimo y a la mínima que uno esconde cuatro perras, le comunican que le abren expediente y que a apoquinar como Dios manda. Pero si fuéramos multimillonarios, se perdería la pista de nuestros euros entre paraísos fiscales y cuentas que juegan al escondite y, de propina, nos harían un régimen fiscal la mar de ventajoso para que no nos fuéramos con los cuartos al extranjero.
También es ejemplar lo de los partidos políticos, pues su financiación ilegal no es delito. O sea, que usted lleva las finanzas de un partido, cobra unas comisiones a cambio de unos favores turbios y las ingresa en la cuenta del partido, y no delinque. En cambio, si las ingresa en su propia cuenta, sí.
Todo eso antes se llamaba ley del embudo, pero ahora quién sabe qué nombre tendrá.
(Publicado hoy, jueves 26, en El Mundo de León)

25 noviembre, 2009

Un capítulo de mi testamento vital

Caramba, he leído ayer una noticia en la edición digital de El Mundo que me ha dejado sobrecogido. Resulta que en Bélgica acaban de descubrir que un hombre que supuestamente llevaba en coma veintitrés años y que ahora tiene cuarenta y seis en realidad no había perdido la conciencia, no se hallaba en "estado vegetativo" como se cría y pensaban los médicos, sino que sólo tenía todo el cuerpo paralizado y no podía moverse ni expresarse, pero se enteraba de todo.
Qué horror. ¿Se imaginan lo que habrá tenido que oír? Menudos comentarios se harían en su presencia al creer que estaba mentalmente ausente. Y cómo se habrá aburrido.
Se ha convertido en normal y lícito hacer testamento vital para dejar dispuesto que desenchufen a uno de aparatos y sondas cuando la enfermedad sea terminal e irreversible, y bien está y habrá algún día que firmar el documento de marras para evitar ensañamientos médicos y traumas adiconales de los allegados, pero me estoy planteando redactar una versión sui generis de esas manifestaciones de volutad: una declaración de lo que quiero que me hagan si un día me quedo en coma o piensan que estoy así. Por si las moscas y hay error en el diagnóstico o me doy cuanta de algo en esa situación, pienso disponer y rogar a quien proceda o ande cerca cosas como las siguientes:
a) Que nadie me critique de cuerpo presente ni comente cerca de mí que siempre fui un cabronzuelo o que menudo pelmazo y cuánta lata doy en ese trance.
b) Que cada tanto y sin grandes retrasos se me hagan unos mimos sexuales en todo lo que mi cuerpo permita y aún en lo que parezca que no reacciona. En una de éstas y con un buen tratamiento de ésos, revivo por completo.
c) Que no se diga en mi habitación ni pio de cómo va la universidad, qué tal marcha Bolonia y cuántos pedagogos se han encaballado en el poder académico, no sea que decida para mis adentros dejarme morir de verdad y por completo.
d) Que tengan todo el día sintonizada Radio Clásica al lado de mi cama y que los sábados por la tarde me pongan unos discos de salsa -Ismael Rivera, Gilberto Santa Rosa, Héctor Lavoe, Cheo Feliciano, El Gran Combo y así- y algún tango.
e) Que los domingos por la tarde me conecten un buen programa deportivo, para saber cómo le va a Sporting.
f) Que me mientan por piedad si, para entonces, Zapatero sigue ganando elecciones y gobernando, y que se inventen que manda cualquiera, aunque sea el tonto del pueblo. Quiero decir otro tonto cualquiera.
g) Que los viernes de madrugada me conecten la porno del Plus, o equivalente, y con buen sonido.
h) Que todos los días que sea posible alguien me lea un par de horas, pero buenas novelas y clásicos, nada de libros de Derecho o de autoayuda para comatosos y de resucítese a sí mismo con ayuda del power-point.
Y no sigo, porque casi dan ganas de fingir que uno ya está p´allá y que comience el tratamiento.

Más madera sobre la educación

Dentro de esa guerra en la que andamos unos cuantos, guerra de la decencia contra el engaño y de la razón contra la superchería en la enseñanza, merece la pena darse una vuelta por esta página o revista electrónica que hace unas semanas nos anuciaba el amigo "Desde la caverna de Platón": deseducativos.com
¿Cómo era aquello de cuando antes? Ah, sí: a galopar, a galopar, hasta enterrarlos en el mar. Llegará el día, queridos colegas, en que en alguna plaza pública colgaremos a un pedabobo por las competencias. Entre tanto, a seguir ablandando el terreno mediante bombardeos que progresen adecuadamente.

24 noviembre, 2009

Seguimos en campaña contra la estupidez universitaria

Jacobo Dopico (¡bienvenido a las barricadas, querido Jacobo!) nos manda esto que paso a primer plano. Impresionante. No se pierda de vista que asistir a estos cursos (sí, también a estos) puntúa como mérito para acreditaciones y cosas así. Además, las universidades que los organizan -como ésta tan chula de Madrid- marcan paquete de que están a la ultimísima en renovación docente, Bolonia y felación ministerial.
Repárese también en que el procedimiento de selección de los cursos que se ofertan es el habitual: un carguete o funcionario de confianza (¡?) dice "éste, que es muy guapo, y ya está". Todo depende de la secta del que diga esta boca es mía y prepárate, corazón. Luego hablan de controles de calidad y leches.
Vean y asómbrense.
En la UC3M nos mandaron hace dos tres semanas información de un CURSO DE NEUROAPRENDIZAJE, que impartía un señor portoriqueño llamado NOEL ALICEA. Nos lo presentaban como una actividad científica-cultural.
Pues bien: hete aquí que era una mezcla de Curso de Autoayuda Grimoso y Curso de Lectura Veloz (NO ES COÑA). Cuando comencé a googlear, me entero de que el fulano ha sido juzgado por estafa, por emplear sus cursos de Éxito Personal para colar un fraude piramidal (no sé cómo terminó la causa).
Pero además, OH, MARAVILLA, me encuentro vídeos de otros cursos suyos en Internet:
- NEUROSEXUALIDAD (por favor, no os lo perdáis; IMPRESCINDIBLE: "el homo erectus lo que hizo fue verticalizar los genitales, el corazón y el cerebro. No hizo nada más").
- NEUROESPIRITUALIDAD ("y alguien inventó el enlace cuántico").- NEUROMARKETING (etc.).
- Muy buenos también sus CURSOS DE NEUROSANACIÓN ("Todos somos sanadores de nacimiento: desarrolla tu gran potencial sanador"). El cartel es una joya.
-O sus cursos de ¡DISEÑA TU DESTINO! Neurociencia para el éxito y la realización. "¡Hazte dueño de tu futuro! Recuperar el DON CREADOR que tenemos. Aprender a crear el futuro que está en nuestra mente. ¡El ÉXITO está asegurado si se siguen las pautas de este seminario!".
Escribimos a Rectorado y al VR de Estudiantes para preguntarles (oficialmente) cuál era el criterio de selección de actividades, y (extraoficialmente) si esto es boloñesa o sólo salsa picante. En ambos sitios nos dicen que lo investigarán.
Pero hete aquí que me llama una administrativa diciéndome que fue ella la que recomendó el curso porque ya había asistido al de Neurosanación y que se siente muy bien por haber hecho el curso, que proporciona gran sabiduría. Y que además mi mensaje le había ofendido.
No sé qué le sorprendió más a la Neurosanadora Discípula del Lisensiado: si que le preguntase vehemente e insistentemente si nos habíamos vuelto todos locos, o que le dijese que quien se pica cuando le preguntan por pagos con dinero público, ajos come.
Ah: han borrado el curso de la página web. Y no lo llegaron a ofrecer. CAMARADAS: DE VICTORIA EN VICTORIA HASTA LA DERROTA FINAL.

23 noviembre, 2009

El bloguero cambia de oficio y se pasa al Maracatú

Al bloguero lo invitaron a tocar Maracatú en una favela de Recife y dicen que se quedó allá y dejó el Derecho. ¿Será posible?



video

Maracatú


Parece que el bloguero cambia de oficio y se va a dedicar a tocar Maracatú...


21 noviembre, 2009

Hasta el lunes

Esta vez toca cruzar el charco para andar de congreso y "talleres" y ver qué hay de nuevo por Brasil, concretamente en Recife, lugar de sol, mar y amigos donde la última vez dejé también algún enemigo gracias a esta manía del blog y de andar contando lo que no se debe.
Así que, si todo va bien, nos vemos por aquí, en el blog, el lunes; o cuando ustedes quieran.

20 noviembre, 2009

Artículo de Roberto Blanco Valdés sobre el TC y Montesquieu

No estamos solos. Vean el buen artículo que publica en La Voz de Galicia Roberto Blanco Valdés con el título "El Tribunal Constitucional ayuda a enterrar a Montesquieu". Aquí está el enlace.

19 noviembre, 2009

Lógica política

Que tenemos una opósición al Gobierno que es de traca y que sólo resulta parangonable a la oposición que el Gobierno hace a la oposición parece fuera de toda duda razonable. Que no habrá ingenuos que piensen que los excesos del capitalismo financiero y más depredador los va a podar el PP cuando pueda, también parece claro. Que un debate cualquiera entre la señora Sáenz de Santa María y la señora De la Vega es el mejor acicate para la defintiva desesperanza pocos lo discutirán. Que votar a los unos o a los otros como mal menor es como escoger entre un cáncer terminal o un infarto fulminante resulta difícilmente discutible, hooligans aparte.
Pero miren lo que acabo de leer en una columna, vecina de la mía, en El Mundo de León: "Lo peor es que, en esta crisis económica, todos estamos pagando por la ambición y la avaricia sin límites de un grupo de personajes (banqueros, empresarios, políticos) sin escrúpulos. Por eso me molesta tanto escuchar a algunos miembros del partido de la oposición".
Como es de todos sabido, el PP ha metido últimamente un montón de millones de euros del erario público para financiar a los bancos y ayudarlos a salir de los apuros en que se habían puesto ellos solitos y por su conocida ambición. Elemental, querido Rockefeller.

18 noviembre, 2009

Crónica de un curso de formación del profesorado universitario

Pues sí, ya he asistido a uno de esos cursos de formación del personal docente universitario que están tan de moda. Sin unos cuantos diplomas por haber aguantado esas cosas es difícil hoy en día acreditarse como profesor titular o catedrático. Ahí está el truco, está garantizado el público cautivo. Yo ya no necesito pasar por ese aro, pero quería comprobar con mis propios ojos si es verdad lo que se suele decir de tales eventos. Y sí, es verdad, aunque haya que tener mucho cuidado con las generalizaciones y aunque yo no haya estado presente más que en uno. Pero, con lo poco que he visto, lo mucho que me han contado, lo que se lee por ahí en la literatura al uso sobre el tema y lo que flota en el ambiente, creo que puedo sacar alguna conclusión, dejando a salvo, repito, la posibilidad de que alguna de esas actividades sea útil y meritoria. Al fin y al cabo, también cuando se dice que los varones españoles somos muy machistas, que las mujeres están oprimidas o que los latinos somos ruidosos se están haciendo generalizaciones compatibles con las excepciones que sean menester.
A la hora de escribir esta pequeña crónica con mis impresiones también he de poner por delante que el profesor que impartía ese curso que presencié me parecía buena persona y nada tengo en lo personal contra él. Cada uno se gana la vida como puede, y en ésas estamos todos. La culpa, si alguna hubiere, no es suya. Es más, hubiera preferido que me cayera mal, pues me habría cortado menos durante su curso a la hora de ponerle objeciones, hacerle críticas o buscarle las vueltas. También he de decir que sólo presencié algo menos de la mitad del curso, en parte por falta de tiempo y en parte porque mi capacidad de resistencia sin violencia -verbal- llegó a un límite que no quise rebasar.
Cierto es igualmente que busqué a posta un curso que prometía, pues en los descriptores ya se apuntaba que se iba a tratar de cosas como “autoconciencia emocional”, “autoevaluación emocional”, “confianza en uno mismo”, “empatía”, “compromiso ético”, “adaptabilidad”, “orientación al logro” (no al ogro), “asertividad” (¡?), “liderazgo” y temas así. El ponente explicó al inicio que todas esas cosas formaban parte de los planteamientos y objetivos de Bolonia, lo cual, como es lógico, incrementó mi apego al sistema boloñés. En los descriptores (otra palabreja de moda) se afirmaba también que se entrenarían “las competencias socioemocionales que están incluidas en las directivas de estudio de la Convergencia Universitaria Europea (Tuning)”. ¿Ustedes sabían eso?
La base teórica se la proporcionaba el “Análisis Transaccional” de Eric Berne. Pues vale. Se trata de analizar los “juegos psicológicos” en los que participamos, y se hace desde los conceptos de yo Padre, yo Adulto y yo Niño. Carezco de toda competencia para juzgar de dicha teoría que, por lo poco que sé, tiene una orientación esencialmente terapéutica. Sólo hablaré de lo que he visto. Y, con lo que he visto, concluyo que hay mucho peligro en la vulgarización y trivialización de ese tipo de teorías, pues son traducidas -seguro que injustamente- a una especie de manual de autoayuda para gente que no lee, piensa poco y le gusta sentirse muy guay.
Ésa fue la impresión que tuve todo el rato, la de estar asistiendo a un curso de autoayuda expresado en términos de extrema corrección política, plagado de los tópicos al uso y hasta impregnado de un estilo y una estética cursi y blandengue hasta la náusea. De vez en cuando se proyectaban imágenes supuestamente ilustrativas y que o bien no se sabía a qué venían -por ejemplo un monólogo chistoso tipo “Club de la Comedia”- o bien ponían los pelos de punta. El clímax llegó cuando durante más de diez minutos se nos proyectaron los contenidos de una de esas composiciones de imagen y música con que nos suelen bombardear a través del correo electrónico los conocidos más ñoños y dados a la memez pretenciosa. Iban pasando fotos con imágenes de pajaritos -el martín pescador y así-, paisajes nevados con cabañitas, mares al atardecer, playas solitarias y barquitos en alta mar, y en cada imagen figuraba una inscripción “profunda”, apta, al parecer, para inspirar el “guión de vida” que, según el expositor, todos debemos hacernos. Fueron ¡cuarenta! y anoté, sobrecogido, todas las que pude. Eran tal que así: “escucha buena música todos los días, es alimento del espíritu”, “vive con las tres E´s (sic): energía, entusiasmo, empatía”, “juega mas juegos que el año pasado”, “mira el cielo al menos una vez al día, date cuenta de lo majestuoso que es el mundo que nos rodea”, “come más alimentos que crezcan en las plantas y en los árboles y menos alimentos manufacturados o que impliquen sacrificios”, “elimina el desorden de tu casa, tu auto y tu escritorio y deja que la energía fluya en tu vida”, “desayuna como rey, come como príncipe y cena como vagabundo”, “ponte en paz con tu pasado, así no arruinará tu presente”, “aprende algo nuevo cada día”, “lo que los demás piensen de ti no es de tu incumbencia”, “lo mejor está aún por venir”, “ten sexo maravilloso siempre con... plenitud de tu ser”, “recuerda que estás demasiado bendecido para estar estresado”. Acababa de este modo, en la imagen cuarenta: “por favor, envía este mensaje a quien te importa”. De fondo, todo el rato, una musiquilla que ustedes se pueden imaginar, tralará, tralará, entre aeropuerto y casa de citas japonesa.
Por lo que pude colegir, se trata de consignas que nos ayudan a instalarnos como es debido en el yo Adulto, en lugar de andar todo el día con las normas y los cabreos del yo Padre o enredando y dándose gusto a lo tonto con el yo Niño.
Puesto que el tema iba de la comunicación adecuada y fructífera, se nos contaba a los presentes que comunicarse es meterse en transacciones con otros y que esas transacciones pueden ser complementarias -las buenas-, cruzadas o ulteriores. En lenguaje de andar por casa, resulta que las comunicaciones o transacciones buenas son incompatibles con ir dando cortes al personal, gastarse ironías, o salirse por la tangente cuando nuestro interlocutor nos toca las narices. Ésas son transacciones cruzadas o complementarias. Lo bueno es la simpleza. Yo levantaba la mano todo el rato y le ponía al conferenciante ejemplos de lo enriquecedores de la comunicación y lo útiles que son el lenguaje figurado, la guasa, la insinuación, la provocación, la reducción al absurdo, etc., y de cómo en muchísimas ocasiones está perfectamente justificado, desde cualquier punto de vista, interrumpir la comunicación, ejercer la autoridad, invocar las normas de cualquier tipo y pegarle cuatro gritos a alguien.
Pero con mis alegatos ocurrían varias cosas. Una, que mi interlocutor generalmente no entendía lo que yo trataba de explicarle, y miren que presumo -permítanme la inmodestia- de hablar con propiedad cuando me lo propongo. Otras personas presentes me lo decían por lo bajinis: déjalo, que no te entiende. Otra, que no me permitía hablar o salía por peteneras, con lo que ponía en práctica esas transacciones cruzadas que supuestamente son tan dañinas. Una más, que de inmediato iba y me diagnosticaba tal que así: a ti (en estos cursos el tuteo es preceptivo y yo también lo adoptaba para no parecer de Derecho) lo que te pasa es que tienes un yo Padre negativo que te impide comunicarte adecuadamente. Tócate los cataplines o lo que por género corresponda. Resulta que si le das la razón al profe tienes un yo Adulto estupendo, un yo Padre positivo o un yo Niño enternecedor y la mar de guapo, pero si debates, aunque sea con las buenísimas maneras que yo lo hacía, no sabes comunicarte, eres un autoritario de tomo y lomo y seguramente padeces un desarreglo en las partes. Hay que joderse con la teoría de la comunicación, la asertividad y la autoconciencia emocional.
Pero también logré alguna cosa interesante: que se contradijera estrepitosamente, creo que sin darse cuenta. Por ejemplo, en medio de su desconcierto, llegó a poner ejemplos de los cortes que él había metido a veces a algunos de sus estudiantes o de lo malísimamente que le habían sentado algunas observaciones de sus alumnos. Ah, pero en esos casos eran los otros -o yo- los que incurrían en transacciones cruzadas y horripilantes, las suyas, las de él, siempre eran complementarias, es decir, constructivas y positivas a tope. Es lo que sucede cuando una teoría cualquiera, en este caso una teoría psicológica, se emplea nada más que como muleta para construir un discurso en el fondo perfectamente vacío y compuesto al buen tuntún. Hoy en día la ley del embudo suele presentarse de esta guisa, envuelta en ropajes aparentemente sesudos que no son más que camuflaje de la indigencia y hasta de la inmadurez moral e intelectual.
Por cierto, una joven y entrañable asistente pidió la palabra para explicarme con suma amabilidad lo que es la inteligencia emocional, pues yo había soltado la “boutade” de que si es inteligencia no es emocional y si es emocional no es inteligencia. Pero ponte a explicar lo que es una “boutade”. En cualquier caso, agradecí sinceramente el esfuerzo y el tono afable.
Cuando estaba insistiendo en que la comunicación tenía que ser positiva, buscando siempre las razones del otro y tratando de comprenderle, no cortándolo o reprimiéndolo jamás, le planteé un ejemplillo que lo puso de los nervios. Era éste, poco más o menos: imagínate que me encuentro con un tipo que está violando a una mujer y que, al verme, me dice: fíjate cómo me lo estoy pasando y qué maravilla. ¿Debo pegarle cuatro gritos o atizarle unos mamporros, si puedo, o tengo más bien que hablar con él y pedirle, mientras tanto, que me vaya ilustrando sobre sus razones y su estado emocional? Me contestó que el caso no servía porque la comunicación que el violador estaba manteniendo con su víctima era inapropiada. Toma castaña. Bueno, insistí, pero en lo que concierne a la comunicación entre el violador y yo, ¿qué? Pues que no, que no podía ser que yo me comunicara tan mal y me pusiera violento. Claro, si el violador me dice eso y yo me pongo a gritar ¡policía!, ¡policía!, tenemos un magnífico ejemplo de actuación de un yo Padre negativo e incurro en una transacción cruzada, lo cual, es malo por sí. No digo que en la doctrina originaria sobre el asunto se mantenga eso, que no lo sé y supongo que no, pero eso se deducía de la explicación. Así que, como ese ejemplo no valía, le insistí en qué haría él si viera a un alumno copiando o un estudiante le pedía que lo aprobase por la cara. Su respuesta: lo echo a la calle sin contemplaciones. Viva la Pepa y aúpa la coherencia teórica.
Me parece que el problema, en este caso y en tantos, no estriba en que se acuda a un fundamento teórico u otro, como era en este caso esa doctrina del análisis transaccional. El problema está en los prejuicios ambientales, que fuerzan al uso selectivo de tales teorías. Esos prejuicios ambientales, sintetizados en los topiquillos para bienpensantes y en lo políticamente correcto, hacen que este tipo de profesores que dictan los cursos de este género partan sin dudarlo de que todo el mundo es bueno, de que toda norma es reaccionaria, de que cualquier autoridad es represiva y de que quien enseña debe preocuparse mucho más de que sus estudiantes sean felices que de que aprendan esto o lo otro. El pedagogismo actual está saturado de un buenismo simplón, de un adanismo superficial. Intenté expresar algo de esto y se me ocurrió citar a Rousseau y el Emilio. Para qué. “Cruzó la transacción” respondiéndome que sobre Rousseau habría mucho que hablar porque pegaba a sus propios hijos. Le repliqué que más bien los mandaba al hospicio, pero no se interesó por los matices de la biografía de Juan Jacobo.
Frente a su insistencia en la pureza originaria de nuestros sentimientos y a sus ejemplos de cómo antes imperaba en la sociedad y en la educación el yo Padre negativo y castrante y ahora ya podemos al fin comunicarnos todos horizontalmente y en cósmica armonía, yo traté de hacerle ver que no estaba teniendo en cuenta el elemento contextual, el dato de que en todo momento y en toda sociedad se funciona con pautas normativas y diferenciación de roles, en el marco de cada cultura o de eso que los fenomenólogos llaman el mundo de la vida (esto lo dije así para fastidiar). No lo pilló, estoy seguro. Venía a cuento porque nos había dicho que había que sustituir los castigos por “límites adecuados”. Magnífico ejemplo de eufemismo buenista. Imponer castigos -a los estudiantes, a los hijos, a los asesinos...- está mal, hay que limitarse a aplicarles “límites adecuados”. Le solicité un ejemplo de “límite adecuado” y me lo dio: si tu hijo se porta mal o no hace los deberes, lo dejas sin propina o sin salir ese fin de semana. ¿Eso no es un castigo? ¿No se puede decir que lo castigas sin propina o sin salir? No, cuando castigas aplicas tu yo Padre negativo, pero cuando impones “límites adecuados” haces de yo Padre positivo o yo Adulto. Ah, mira qué cosas. ¿Conclusión? Ciertas palabras asustan a estos apóstoles de la bondad universal, lo que no les impide funcionar como todo el mundo y como toda la vida, incluso convertirse en sádicos y cabronazos en la peor tradición; pero cambiando las palabritas se sienten distintos y piensan que han entrado en una fase evolutiva superior de la humanidad, marcada por la inteligencia emocional y una sensibilidad de pajaritos y verdes praderas.
Ah, se me olvidaba. También se nos hizo saber que son muy importantes las caricias y que hay que acariciar bien, aunque en este “taller” no íbamos a hacer terapia de caricias. Como mi mujer estaba presente, nos quedamos con la copla e hicimos nuestro taller por la noche: sin novedad, bien. Con los/as estudiantes no sé si funcionará así, y a ver quién es el guapo que se lo plantea.
Un servidor se expresa como se expresa, seguro que por culpa de que es un carca-mal y no ha hecho suficiente meditación zen, amén de la repulsión que siento por la estética merengosa y el eufemismo autocomplaciente, pero repito que todo lo que acabo de contar así no está reñido con que el hombre me pareciera buena gente. Pero buena gente también era mi tía Obdulia (q.e.p.d.) y nadie la invitaba a impartir cursos de innovación docente. Ahora que lo pienso, qué carrerón podría haber hecho mi tía en estas lides de la teoría educativa.
A lo que iba, para acabar, es a que lo que no puede ser no puede ser. No puede ser que se nos dé gato por liebre de esta manera, no puede ser que al profesorado se lo humille poco menos que obligándolo a aguantar estas cosas, no puede ser que las universidades se gasten los cuartos en estas mentecateces, no puede ser que se nos intente convencer de que esto lo exige Bolonia y de que por esta vía vamos a mejorar una barbaridad nuestra docencia, no puede ser que se nos tome por ingenuos espectadores de sermones baratos o por consumidores decadentes de manuales de autoayuda para gentes sin seso, no puede ser que la teoría, cualquier teoría -la pedagógica, la psicológica, la política, la jurídica...- se degrade a estos niveles de simplismo y consigna fofa. No puede ser, y tenemos los decentes con autoestima y libres de chantaje que dar la batalla. No basta quejarse en la cafetería y seguir tragando en el BOE y en el día a día, es necesario dar la batalla y reclamar respeto, respeto a nosotros y respeto a la universidad que nos da de comer. Es un imperativo moral dar la cara y decir las cosas donde y cuando hay que decirlas, plantarse, dar guerra, aunque nos repliquen que somos unos reaccionarios, que qué horrible carácter y que tenemos excitado el Edipo.
Me voy a apuntar a más cursos. Seguiré informando.

17 noviembre, 2009

Males universitarios

Acabo de enviar para mi columna de los jueves en El Mundo de León el texto que copio aquí al final. Es uno de esos días en que anda uno caliente con la universidad. Vean.
Por un lado, ayer y hoy cumplí mi propósito de asistir a uno de esos cursos de innovación docente, o como se llamen. Aguanté lo que pude y procuré no hacer el gamberro. Pero, como sospechaba, eso es la leche en bote. Mas sobre eso y sobre experiencia experiencia extrasensorial espero escribir aquí detenidamente mañana o pasado.
Por otro lado, esta mañana recibí la llamada a la que aludo en el texto de más abajo. Era del funcionario de la universidad al que llegan las reclamaciones por las facturas impagadas de libros. Como algunos otros de mi Facultad, me voy agenciando, con ayuda de los amigos del equipo, proyectos de investigación. Sólo así se puede en estos tiempos conseguir dinero para comprar los libros con los que trabajamos, libros que no son nuestros, obviamente, sino que quedan en la biblioteca universitaria. Pues resulta que, aunque las facturas sean de marzo, la universidad no las paga hasta diciembre. Los proveedores montan en cólera, llaman o escriben indignados a ese funcionario y éste, que es amigo, me telefonea a mí. Yo le respondo que nada puedo hacer y que no es mi culpa, pero me replica que sí puedo hacer algo, protestar. Así que protesto a mi manera, ésa que siempre me critican los partidarios de lavar los trapos sucios en casa (¿qué casa, dónde hay una casa?) y de dirimir los conflictos en reuniones de "la Familia"; es decir, protesto públicamente, pues ya me sé yo de qué sirve escribirle una cartita al cargo académico de turno.
Para colmo, un buen amigo y prestigioso investigador de "ciencia dura" en universidad andaluza me reenvía, indignado, un correo electrónico en el que se informa de que los investigadores universitarios podemos solicitar proyectos con cargo al plan E del 2010 ("Fondo Estatal para el Empleo y la Sostenibilidad Local 2010" -qué puñetera manía con la sostenibilidad; ¿qué zarandaja es ésa de la sempiterna y omnipresente sostenibilidad? Metafísica para botarates-) para los ayuntamientos. Miren en qué acertados y desesperados térmios me lo cuenta:
"Hacer comentarios ya me da pereza, ¡estamos cayendo tan bajo! Ahora los concejales van a decidir los Proyectos de I+D+i que se financian. Mi colega -el que le envió el mensaje a mi amigo- me decía que se va, que no aguanta más, es joven y puede buscarse la vida fuera de este maldito país. No puedo evitar decir algo: Para que no se pierda el dinero en levantar y volver a cerrar aceras, que se invierta en I+D+i, ¿pero por qué coño no se invierte directamente en I+D+i con todas las garantías que exigen esas inversiones?".
También me entero, por otro querido compañero, de que a una profesora que conozco y estimo se le ha denegado la acreditación para titular de universidad pese a que los dos informes de los expertos encargados de revisar su currículum eran favorables. ¿Argumentos? Que esa profesora, que no ha podido pasar de profesora ayudante de los de toda la vida -se llame como se llame su concreto contrato- no ha dirigido tesis doctorales ni ha sido investigador principal en proyectos. Ah, ¿pero se conceden proyectos de investigación que lleven un profesor ayudante como investigador principal? ¿Cuántas tesis doctorales han dirigido hasta ahora en Derecho -en adelante serán casi todas, lo sé- los profesores contratados? La monda. Viva la evaluación objetiva y bien motivada y adelante con los controles de calidad. De paso, que nos revisen la próstata, o lo que corresponda según el género.
Bueno, esto es lo que mando al periódico y que espero que salga pasado mañana. Ganando amigos por amor al arte. ¿Sufriré algún grave desarreglo psicológico? El pedagogo que dictaba el curso de esta mañana llegó a la conclusión de que sí y me hizo ver que tengo un Yo Padre negativo, en lugar de tener un Yo Hijo juguetón y un Yo Adulto consentidor y aficionado a la inteligencia emocional, que es -por lo que he podido concluir- algo así como la inteligencia con condón y la puntita nada más. Bueno, pues será eso o que mi Yo tiene un cabreo de P.M., que no es Policía Militar. Al texto:
LOS MALES DE LA UNIVERSIDAD
Los males de las universidades son estructurales, endémicos. El ruinoso y deprimente estado de cosas cada vez depende menos de quién sea el rector o qué equipo gobierne esta universidad o aquella. A los de aquí los tengo por gente honesta y con buena intención, pero esto ya no hay por dónde cogerlo. Entre modas pedagógicas en plan new age con caspa, legislación hecha por necios con ínfulas y ruina derivada de la mala financiación y, al tiempo, de una pésima gestión económica que ya es tradicional, vamos de crisis en fracaso y de fracaso en ridículo.
Contaré un caso. Hoy he recibido una bronca amistosa. Resulta que un servidor, como tantos otros colegas, consigue proyectos de investigación con cargo al ministerio del ramo o a otros organismos públicos. Con esos dineros los investigadores vamos adquiriendo aparatos, libros u otros medios para nuestros departamentos. El ministerio, por ejemplo, ingresa el importe anual de cada proyecto a la universidad y a ésta le toca abonar las facturas. Esos pagos a las empresas proveedoras se retrasan meses y meses. Nuestra universidad tiene un agujero heredado de veinticuatro millones de euros y retiene aquellas cantidades para atender otros gastos más urgentes, imagino.
Pero la catástrofe económica no impide a las universidades seguir pagando actividades perfectamente inútiles y hasta se sufragan congresos y seminarios sobre la colaboración universidad-empresa o sobre cómo crear empresas. Estupendo. Primero decimos cómo hay que erigir empresas y de qué manera pueden cooperar económicamente con nosotros y luego las arruinamos porque no les pagamos a tiempo. Bonita paradoja.
Si un servidor y tantos otros compañeros no nos molestáramos en lograr financiación con proyectos, en comprar libros -o aparatos de laboratorio, etc.- y en investigar, o simplemente en aparecer por el puesto de trabajo, nadie nos reclamaría nada o nos abochornaría, como hoy me ha ocurrido. Podríamos pasar mejor el tiempo, y con mayor aplauso, buscándonos algún carguete, conspirando en las cafeterías del campus o asistiendo a cursos -financiados por la universidad- sobre inteligencia emocional o sobre el papel de las empresas en la investigación. Todo muy sostenible, eso sí.

16 noviembre, 2009

Escarabajos y además cochinos

Quiso el azar que mientras escribía un artículo de encargo sobre corrupción y financiación ilegal de los partidos políticos fuera a dar con esta noticia: entre los escarabajos hay una especie, el Neochlamisus platani, que se protege de los depredadores embadurnándose en su propia mierda. Se hace una armadura con sus excrementos y ni el más voraz y hambriento devorador de escarabajos le hinca el diente, de tanto asco como da. Gracias a eso el bichejo puede crecer tranquilo, engordar a gusto y campar a sus anchas en plan a mí no hay quien me tosa, aunque muchos vomiten al cruzarse en mi camino.
Oigan, y me vino la comparación sin querer. Puede que sea obsesión, no digo que no. Pero son tantas las analogías... También existen algunas diferencias, es verdad. Los políticos profesionales españoles -con las excepciones que vengan al caso, por supuesto- no sólo se echan al hombro la caca propia, sino que, sobre todo, se recubren con las cagadas ajenas. ¿Que a mí me pillan en renuncio? Hombre, por Dios, pues fíjense ustedes en lo que hizo el del otro partido cuando aquella vez. ¿Que un juez quiere trincarme por mis patentes fechorías? Pero, caramba, y por qué no estuvieron los de la toga así de diligentes cuando permitieron que aquel otro felón se saliera con la suya. Y así todo el rato, hasta dejar en los ciudadanos y las instituciones de control la idea de que es la especie misma la que apesta, con independencia de los colores que cada individuo de la misma lleve en sus alas o de lo largo que tenga el pico. Convencidos de que la naturaleza los hace así, taimados, soeces y tramposos, acabamos votándolos igual, o incluso más, en la certeza de que se trata siempre de elegir entre dos males y que no importa su hedor sino lo que nos den de lo que pillen, o de que nos den por donde más nos gusta cuando nos pillan.
Nada, nada, ni rosas, ni gaviotas ni gaitas nacionales, que pongan en sus emblemas el escarabajo de marras y que nos atufen a pecho descubierto. Y los jueces, fiscales, policías y demás depredadores que se fastidien. Quién es nadie, al fin y al cabo, para cuestionar el designio inteligente que todo lo dirige. Amén.
Lo que los científicos no han explicado aún es si estos escarabajos malolientes viven en simbiosis con otra especie, la del escarabajo palmero, ése que los jalea al grito de duro con los otros y que cuándo uno le dice aquello de hay que ver qué peste suelta ese líder de tus entrañas, replica y el tuyo más, aunque uno no tenga líder ni perrito que le ladre.

15 noviembre, 2009

Santiago González dice verdades como templos

Me maravilla la entrada que viene hoy en el blog de Santiago González y que se titula "Una canta y otra no". Modestamente, alguna vez he querido expresar aquí ideas similares, aunque no lo haya logrado con esa claridad, esa contundencia y una ironía tan fina. Y conste que tampoco yo creo en ninguna religión o iglesia, ni siquiera en las verdaderas. Pero las cosas son como son y ya me dirá usted, querido multiculturalista equidistante y equipolente, si le molaría que su hermana se casara con un primo de Jomeini o del ayatollah de su barrio, más que nada para verla con sus derechos bien defendidos y su igualdad bien respetada. Hay que ver lo que algunos progres son capaces de hacer por las mujeres de otros y, sobre todo, por esos otros.

Lean, lean lo de Santiago González y me cuentan.

¿Puede un tribunal constitucional pasarse la Constitución por el forro?

Menuda noticia venía ayer, sábado, en La Vanguardia. Vean. Espeluznante. A lo mejor son todo infundios, en cuyo caso no estaría de más que el Tribunal, su Presidenta o quien corresponda aclarara las cosas como es debido y pusiera a cada cual en su sitio. Si no, pensaremos que el que calla otorga.
Es sobre la desesperadamente esperada sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto catalán. Fíjense en este párrafo de la noticia:
Casas tiene el plácet del Gobierno para hacer un último intento de aprobar una sentencia interpretativa, sin anulación de artículos importantes del Estatut. Pero si fracasa el empeño, como es previsible, el debate quedará congelado hasta dentro de un año, para que no haya sentencia mientras los partidos catalanes preparan y celebran las próximas elecciones autonómicas”.
¿Puede caer más bajo un tribunal tan alto? ¿A la señora Casas no se le cae desde ahí arriba la cara de vergüenza? ¿Será ella realmente eso que a tenor de estas informaciones parece, una mandada, una machaca, la simple chacha del Gobierno? ¿De verdad le trae al fresco la Constitución de la que supuestamente es guardiana, junto con sus compañeros magistrados? ¿Qué busca para sí, qué quiere, qué pide, qué le pasa? A lo mejor nació tarde y se habría realizado mejor, como esmerada jurista, presidiendo el TOP o el Tribunal Supremo allá por los años cincuenta, bien dirigida por el gobierno de entonces e interpretando las Leyes Fundamentales como conviniera a Franco.
A ver si lo hemos entendido bien. Nos cuentan que la señora Casas tiene el visto bueno del Gobierno para hacer un intento más de que no se anule por inconstitucional ningún artículo del Estatut y piensa obedecer al Gobierno también si la jugada no sale, en cuyo caso se mete el asunto en el refajo y lo deja pendiente un año más, hasta después de las elecciones catalanas o hasta que un nuevo Tribunal esté por la labor que hay que estar. ¿Será posible tanta desfachatez? Y luego andamos criticando a Chávez, a los dictadorzuelos latinoamericanos y a tanta república bananera. Al lado de esta gente Fujimori era un hombre de Estado como la copa de un pino y un demócrata cabal, y Montesinos un verdadero padre de la patria.
Como hay magistrados de un lado y de otro que mantienen su criterio y no se doblegan a las presiones y a los contoneos del poder, resulta que, según se dice en ese periódico, la señora Casas “ha terminado por colmar la paciencia del Gobierno, hasta la exasperación”. Pero qué Gobierno ni qué exasperación ni qué paciencia ni qué niño muerto. So indecentes.
¿Dónde dice la Constitución que el Tribunal Constitucional deba velar por los intereses de algún partido o dónde se establece que tenga su Presidencia que someterse a las órdenes de cualquier gobierno? La Constitución sienta que los miembros del TC serán independientes en el ejercicio de su mandato y la propia jurisprudencia constitucional ha declarado en tiempos cosas tan elementales como que “en el recurso de inconstitucionalidad el Tribunal Constitucional garantiza la supremacía de la Constitución, es decir, un interés público objetivo” (STC 86/1982). La supremacía de la Constitución, caramba, no del Gobierno o de cualquier otro grupo; un interés público objetivo, demonios, no intereses subjetivos de nadie, sean políticos, económicos o de cualquier otro género.
Se supone, o se suponía, que en estos órganos colegiados se funciona así: se debate todo lo que haya que debatir, se vota y se resuelve lo que determine la mayoría, aun cuando quepan votos particulares de los que estén en minoría y discrepen. Y punto. Lo que no cabe y es propio de mentes que o son abominablemente pueriles o de un cinismo desmelenado, o ambas cosas, es lo de andar haciendo votaciones informales para ver cómo están las cosas y no votar en serio mientras las cosas no estén como la Presidencia quiere. Eso puede ocurrir en un patio de colegio o en Somalia -que me perdonen los somalíes y que no me secuestren en mi bañera por andar comparando-, pero aquí no, salvo que la Constitución se haya convertido en puro desecho y nadie nos haya avisado.
Aquí publicas un cómic defendiendo a Hitler o vas a una manifestación para apoyar a un grupo que quiere subvertir el orden constitucional y te empluman, cosa que en este momento no califico ni bien ni mal, pero subviertes el orden constitucional desde la Presidencia misma del Tribunal Constitucional y no pasa nada, absolutamente nada, y hasta andas dando conferencias por ahí sobre la Constitución y sus garantías. Lo nunca visto, al menos desde que palmó Franco.
Luego van algunas lumbreras políticas catalanas, como ese señor Mas al que Zapatero se la da con queso cada vez que quiere, mientras muchos altos cargos de su partido se la dan a sí mismos con caviar, y dice que si el Tribunal Constitucional falla contra el Estatuto es porque ese Tribunal no es más que un poder fáctico sometido a las órdenes de Madrid. En cambio, si sentencia que todo muy bien y muy bonito, ni es fáctico ni es sumiso, aunque el Gobierno le esté dando órdenes para que así proceda y su Presidenta se ponga en pompa ante Zapatero y la Vicepresidenta sin el menor recato.
Al final, cada cual pasará a la Historia como lo que es.
Conste, para acabar, que nada de lo que digo depende de que el contenido de la sentencia pueda ser uno u otro. Esto y a estas alturas ya no se arregla ni con una sentencia declaratoria de la constitucionalidad del Estatuto ni con una que invalide cualquiera de sus normas. Este Estado nuestro es definitivamente fallido y sólo es cuestión de tiempo para que acabe de pudrirse. Pero, como ya apesta, se está llenando de gusanos.
Un servidor en cuanto se prejubile se pira para Sebastopol o la Conchinchina y ahí os las den todas, Emilia & Cia. Tú obedece al macho dominante y calla, como las mujeres de antes.
(Ilustración: Camilo Uribe)