20 mayo, 2012

El honor de la patata frita. Por Francisco Sosa Wagner


No, no y no. Se impone proclamar de una forma rotunda que no siempre la ayuda a la investigación es un elemento indispensable para el progreso de una sociedad. Es esta una cantinela que estamos escuchando ahora -con motivo de la crisis- con una insistencia que aturde, desgasta y aburre. Pues no hay experto, gurú o sacerdote de las nuevas tecnologías que no nos la canten a diario en español y aun en los idiomas más peregrinos del mundo.

¿A qué viene esta afirmación mía tan heterodoxa?

Para entendernos conviene que recordemos previamente qué es una patata frita.  De entre el rico prontuario de creaciones que la cocina internacional nos ofrece, la patata frita se alza como una de las más selectas, más distinguidas y más sabrosas. Me refiero, claro es, a la patata frita española, la que se produce a base de nuestras inmejorables patatas y nuestro aceite, ese producto milagroso que es vida frágil y color cifrado, un misterio de la naturaleza que solo un poeta de verso terso podría cantar adecuadamente. Hablamos además de esa patata que se fríe en una de nuestras sartenes tradicionales, artefactos antiguos que hemos recibido de las manos temblorosas de la Historia y que tienen como misión adorar las lumbres y dorar las patatas.

No aludo pues a las patatas fritas hechas sobre un producto congelado, que es como un ser  insepulto, insípido y escorbútico. Pues ha de saberse que en los países centroeuropeos se permiten el lujo de afrentar a la patata metiéndola en un congelador días y días ... un crimen este que se encuentra entre los más aflictivos que conozco. Al verlas así maltratadas, yo me desespero y me doy en cavilar qué autor o qué religión justificarán estas tropelías cometidas impunemente contra los ritos más excelsos.

Estamos pues ante las patatas fritas tal como se producen y consumen entre nosotros. Que, acompañadas de unos huevos también fritos, se convierten en un universo para la boca dichosa que los disfruta, en la cumbre de los placeres afectantes a la bucólica que es como llama Cervantes a los achaques del comer.

Pues bien, ahora, unos investigadores ociosos se han preguntado la razón por la cual no es posible comer una sola patata frita. Es decir, se enfrentan al hecho natural de que, quien come una patata frita, lo que desea es seguir comiéndolas: desordenamente y con desafuero. A estos energúmenos, esta sensatísima inclinación humana les parece mal y la atribuyen a la acción de los “endocannabinoides” (así, como suena), unas sustancias que al parecer nuestro propio organismo genera y cuyas características químicas son similares al componente activo de la marihuana.

Los tales “endocannabinoides” son factores poderosos para desencadenar la gula, proceso químico que empieza en la lengua y termina en el cerebro adonde llega la orden bendita de comer patatas fritas y jamón.

Es decir, lo que a cualquier persona bien constituida le parece normal y plausible, a estos científicos les suena a aberración de la humana naturaleza y es por ello por lo que se afanan en crear unos fármacos que permitan bloquear los receptores de “endocannabinoides”. ¿Se da cuenta el lector de lo que estamos hablando? De tomar unas pastillas ¡para obstaculizar nuestro sano apetito de patatas fritas! Unas pastillas que habríamos de añadir a las de la lucha contra el colesterol, el ácido úrico, la desgana en el trance mingitorio ... etc.

En este despropósito emplean el dinero ciertos centros de investigación. Se verá ahora la razón del grito contrario a la investigación con el que he abierto esta Sosería. Que cierro con el deseo de que el fracaso más sonado corone los lamentables esfuerzos de estos desaprensivos.

19 mayo, 2012

Mi señora de premio


Pues sí, ahí la tienen, mi dueña y señora, doctora Pilar Gutiérrez Santiago, en el momento de recibir el XXVI Premio La Ley de trabajos doctrinales, de manos del Fiscal General del Estado, don Eduardo Torres-Dulce. Fue todo un evento. Es el premio más veterano y mejor dotado de cuantos se convocan en España para trabajos de investigación en materia jurídica. 

Allí estábamos Elsa y yo, encantados al verlo todo y al verla a ella. Y menudo discurso hizo para la ocasión, por cierto. 

Sí, ya sé, afortunado que es uno. O que la tierra para el que la trabaja, qué diantre. 

 


Batracios reales



Esta es la foto oficial del encuentro de reyes en el palacio de Windsor con ocasión de que la Reina de Inglaterra lleva sesenta años ejerciendo de eso sin que se le altere el cardado. Falta la Reina de España, que es griega, miren qué pérdida. Como somos de lo más chulo, no la mandamos a esa feria de muestras coronadas porque pasa no sé qué en Gibraltar y a lo mejor un día de estos declaramos la guerra a la pérfida Albión y morimos de fuego amigo. 

A un servidor casi lo alivia que no se vea rastro real hispano en esa foto. Porque vaya tela de gente, menudo ganado granado. En el ABC, diario monárquico hoy muy ofendido, repaso los nombres de los fotografiados y mi asombro se incrementa. Además de los de por aquí, Isabel de Inglaterra, Beatriz de los Países Bajos, Carlos Gustavo de Suecia o el Príncipe Alberto de Mónaco, a todos los cuales conocemos de toda la vida gracias a Hola, hay otros tipos que me dejan patidifuso. Por ejemplo, el rey de Suazilandia, el de Tonga y el de Lesoto (¿alguien sabe dónde están Suazilandia, Tonga y Lesoto, monarquías como nosotros?), el Príncipe Heredero de Yugoeslavia, que no sé cuándo va a heredar ni qué, pues Yugoeslavia ya no existe, o el "Gobernante Supremo (Rey electo) de Malasia". Este último es el pequeñito que está en primero por la derecha en la segunda fila. ¿Se puede ser rey electo? ¿Desde cuándo? ¿Cada cuánto se elige? ¿Lo elige Franco o lo escoge la gente? ¡Qué lío!

Pero lo más real de la realeza, lo que reina entre las monarquías son los jeques. Ah, eso es harina de otro costal, oro (negro) en paño. A esos seguro que la Isa no los invita por su rancio abolengo y porque su árbol genealógico se pierda en la noche de los tiempos y en el rigor de las batallas. No, esos son tan plebeyos como yo y bastante más zafios, pero con un pastón y harenes de lo mejorcito, amén de defensores de los derechos humanos y partidarios del racionalismo y la Ilustración. Como todos los reyes y reinas y príncipes y princesas, pero más todavía, una pasada. Ahí los ven y fácilmente los reconocerán porque van vestidos de sí mismos, el Príncipe Heredero de Abu Dhabi, el Príncipe bin Nawaf Al Saud de Arabia Saudí, el Emir de Qatar o el Príncipe Meryem de Marruecos. Ah, y Abdalá de Jordania, que creo que es el que está casado con una maciza cuyo nombre ahora no recuerdo, la Leti jordana.

¿Esta gente de qué hablará mientras come o se toma una cerveza? ¿Sabrán hacerse el nudo de los zapatos? ¿Dirán bobadas cuando se pasan con los vinos, tal como me sucede a mí? Y más digo, con el ruego de que se me disculpe por el atrevimiento: ¿los reyes y reinas y príncipes y princesas hacen caca? ¿Y se masturbarán o tendrán personal para todo? ¿Cuántos elefantes habrán cazado, más o menos, entre  los reunidos en Windsor alrededor de la Isabel eterna? ¿Las reinas se depilan? ¿Cuánto? ¿Usan bidé las reinas? ¿Ellos se sacuden las gotitas últimas como el común de los varones?

Yo qué sé, son curiosidades que a menudo no me dejan dormir. Al toparme con esta foto retornaron tales inquietudes intelectuales y hoy me siento desasosegado, me toco la testa y me pregunto cómo sería mi vida si hubiera nacido en palacio en lugar de en Ruedes y si me gustaría. Creo que no y que me mosquearía bastante la vecindad de tanto jeque que seguro que financia la fiesta y se trae unas modelos para la noche sin que la tía Isa le reproche nada. Porque donde pago cago, como decimos los bestias de mi pueblo.

Bueno, que les vaya bonito. Alzo el roncito con hielo que me he puesto para recibir la noche y brindo por el rey de Tonga y por el tongo universal. ¡Salud!

PD.- Tengo entendido que si un cualquiera del arroyo besa a uno de estos seres coronados, el que recibe el ósculo vuelve a su ser y se convierte en rana, con gran alegría de los depresadores de ranas. No sé, probemos.

18 mayo, 2012

Enseñar religión


                Anteayer, 16, el diario La Razón publicaba una nota de Santiago Cañamares, profesor de Derecho Eclesiástico de la Universidad Complutense, sobre la reciente sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos en el caso Fernández Martínez contra España. La sentencia puede verse aquí y no voy a comentarla ahora, aunque me gustaría tratarla en otro momento. 

                Por ser corta, reproduzco dicha nota del profesor Cañamares:

                “Puede sorprender que el Tribunal de Estrasburgo dé la razón a la Iglesia frente a un profesor de Religión despedido por su condición de sacerdote casado. El fallo se comprende mejor atendiendo a la naturaleza de los derechos enfrentados: la libertad religiosa de la Iglesia y la vida privada del recurrente. La libertad religiosa reconoce a las confesiones un ámbito de autonomía para definir el contenido, objetivos y fines de la enseñanza y también para elegir los medios materiales y humanos. Como el ejercicio de dicha autonomía debe ajustarse a derecho, serán los tribunales quienes valoren si la decisión de no renovar a los profesores de Religión está basada en razones de índole religiosa o moral (libertad religiosa colectiva) y si respeta los derechos del trabajador.
Aunque los docentes no pierden derechos por dedicarse a la enseñanza religiosa, los casos en que se involucra el derecho de las confesiones religiosas a enseñar su doctrina han de resolverse reconociendo una posición prevalente a la libertad religiosa de las confesiones, ya que, en otro caso, se colocaría en difícil tesitura el derecho de la Iglesia a la transmisión de sus creencias, contenido nuclear de la libertad religiosa colectiva”.

                Ahora algunos comentarios de cosecha propia.

                1. Los casos más comunes que en este tema han llegado a los tribunales han sido los de profesores de religión católica a los que los obispados no renuevan su contrato porque o bien se casaron civilmente, no por el rito canónico, o bien conviven maritalmente con otra persona sin estar casados. Este asunto de ahora, en cuyos detalles no entro, versa sobre un señor que era cura, colgó los hábitos, se casó civilmente y tuvo cinco hijos, sin que ello fuera óbice para que el obispo competente le mantuviera su contrato de docente de religión. Dicha relación contractual se rompe cuando el hombre aparece en la foto de periódico que acompaña a la noticia sobre una reunión de partidarios del celibato opcional entre los sacerdotes. De esto, y por lo pronto, dos conclusiones parece que se desprenden:
                a) Recibió de la autoridad eclesiástica mejor trato que otros que por contraer matrimonio civil ya fueron puestos de patitas en la calle.
                b) A la Iglesia no le importó tanto lo que hiciera o fuera como que socialmente se conociera la situación de dicho profesor. Lo del qué dirán y esas cosas.
                Pero repito que de los hechos concretos del caso y los pormenores de la sentencia espero poder ocuparme otro día.

                2. Se nos dice que “La libertad religiosa reconoce a las confesiones un ámbito de autonomía para definir el contenido, objetivos y fines de la enseñanza y también para elegir los medios materiales y humanos”. Excelente, aceptémoslo así, al menos por el momento. Aquí se trata de la elección, por la Iglesia, de los medios humanos para la enseñanza de su credo. El tema está en qué requisitos caben y en si es exigible la coherencia en la aplicación de los que a tal efecto se establezcan. Puede tratarse de:
                a) La fe. No debe enseñar religión católica quien no profese sus dogmas y creencias. El problema surge el preguntarnos cómo se comprueba la fe o la sinceridad de su proclamación. Por ejemplo, yo siempre he estado convencido de que hay muchos curas que han perdido la fe y siguen a lo suyo por pereza, cobardía o porque no tienen otro oficio ni ganas de aprenderlo. ¿Deberían quedar excluidos de la condición de enseñantes? ¿Y del ejercicio general de su ministerio? ¿Hace la Iglesia comprobaciones periódicas y rigurosas de la fe sincera de sus ministros? 
                b) La congruencia entre la fe y los comportamientos del correspondiente sujeto. Aquí la lupa se pondría en si la conducta o el modo de vida de la persona es congruente con los postulados religiosos que en sus clases expone. Habría dicha incongruencia, por ejemplo, en un profesor de religión católica que viviera tranquilamente en pecado con su pareja o en un sacerdote casado que participara en movimientos para que cambie la regla del celibato. Bien, pero también existiría tan escasa sintonía entre la fe difundida y los hechos de la vida en el caso de sacerdotes que abusen sexualmente de sus alumnos o, por no ponernos tan tremendos y citar un ejemplo más llevadero, sacerdotes que a la vista de todos se entregan al pecado de la gula o a la persecución sistemática de feligresas. No estoy seguro de que encuentren tantas pegas a la hora de ser profesores de religión en colegios religiosos.
                Creo que una mínima y elemental reciprocidad exigiría que si los obispos controlan la “calidad” de los profesores de religión de los colegios públicos, los poderes públicos controlen la de los que enseñan religión en los colegios privados. No vaya a ser que se nos meta ahí un inmoral redomado o un delincuente disfrazado y nadie lo vigile y lo ponga en su sitio.
                c) La imagen pública. Si este es el criterio, no importa tanto lo que el profesor cree en el fondo de su alma o que ajuste o no las acciones de su vida a los dogmas de la religión en la que adoctrina a los niños en las escuelas, sino el qué dirán, la imagen social. Con tal de que esos profesores no “den el cante”, no se exhiban públicamente en formas de vida opuestas a los mandamientos que en sus clases difunden, pueden hacer de su capa un sayo. No se exigiría ni autenticidad en la fe ni rigor en la vida virtuosa conforme a esa fe, sino fariseísmo, buen desempeño como sepulcros blanqueados. Este es el criterio que, visto lo visto, la Iglesia aplica. Lo cual, dicho sea de paso, me choca bien poco y a ninguno sorprenderá, ni de los partidarios ni de los opuestos.

                3. No hay por qué negarle a cualquier iglesia o confesión religiosa (a cualquier iglesia o confesión religiosa de naturaleza no palmariamente delictiva y cuyos postulados básicos sean compatibles con el orden constitucional vigente) la libertad para la transmisión de sus creencias, como dice el profesor Cañamares. Otra cosa es, digo yo, hasta dónde alcance esa libertad. Me parece muy bien que escoja la Iglesia el qué y el cómo de lo que se enseña, y también que seleccione a las personas que van a enseñarlo. Que haga lo que le plazca o le convenga. Pero en mi casa no. O séase, que si viene la Conferencia Episcopal o hasta el Papa en cuerpo mortal a decirme que mañana un profesor de religión católica va a dar en mi casa una clasecita sobre el sacramento del matrimonio, en horario de una a dos de la tarde, no tengo por qué tolerárselo. Eso que lo haga la Iglesia en los locales y centros de la Iglesia. 

                ¿Reprimo yo, con mi actitud, la libertad eclesiástica para la difusión de las creencias? No. Bueno, pues si estoy en mi derecho al no dejarle mi casa al docente de religión para hacer su cometido, ¿por qué tenemos que dejarle las casas comunes, las que son de todos nosotros, los ciudadanos, los centros y locales públicos? Por ejemplo, las escuelas y colegios públicos. ¿A cuento de qué?

                Y, si así ha de ser, exíjase otra vez reciprocidad: si en la escuela pública a la que van mis hijos puede el escogido por el obispo explicar el mensaje católico en horario escolar, que me permitan a mí o a una delegación de padres no creyentes del mismo colegio acudir a la iglesia de la parroquia en horario de misa para, cuando toca el sermón, explicar lo que pensamos del dogma de marras y de quienes de él viven y con él golpean. 

                En otras palabras, y para concluir: no se me hace raro que la Iglesia despida o contrate profesores de religión católica para la enseñanza pública; lo que me choca y me desconcierta es que haya clases de religión católica o de cualquier otra religión en la escuela pública. ¿Que son voluntarias? De acuerdo, pues que cuando vaya yo cada domingo a la una a dar mi discurso en la catedral de León sea también voluntaria la asistencia de los feligreses. Simetría total. 

                ¿Por qué se nos hace tan cuesta arriba lo perfectamente evidente y por qué es tan poco común el sentido común?

17 mayo, 2012

Un lugar donde mirar. Por Francisco Sosa Wagner


Entre la población es un clamor. Por eso, con una u otra fórmula se oye a diario: la situación es de tal deterioro que no hay institución ni lugar alguno al que se pueda mirar.

Da igual que hablemos del tribunal constitucional, del supremo, del gobierno, de los bancos, de los parlamentos, de las cajas de ahorro, de la universidad, del rey y de la monarquía, de las comunidades autónomas, de los municipios o de las provincias... todo parece empantanado a los ojos de una gran parte de la ciudadanía que deplora aquí y acullá comportamientos irregulares o tropelías sin cuento. El resultado es una gran inquietud y un desasosiego continuo apenas aliviado con grandes dosis de balompié. 

¿Qué hacer? se hubiera preguntado Lenin si anduviera todavía preparando revoluciones por estos pagos. Descartadas estas porque a muchos nos pilla ya muy artríticos y desvencijados y los más jóvenes no aciertan a formular propuestas que calen entre las masas, habrá que buscar fórmulas salvadoras o que al menos mitiguen la situación de desconcierto y desamparo que estoy tratando de analizar. Al menos para seguir tirando...

La más tradicional es la de darse a la botella. Caldos hay para todos los gustos siendo hoy el conocimiento de añadas, denominaciones de origen y bodegas uno de los signos de desparpajo mundano más acreditado, parecido al que antiguamente confería seguir y conocer las cotizaciones de bolsa (lo que hoy a nadie se le ocurre hacer a menos que se haya forrado previamente de ansiolíticos). A partir de ahí, están el coñac, el whisky, el ron, el vodka y otros mejunjes que te disparan rápidamente y también otras bebidas explosivas que, por increíble que parezca, se venden en los supermercados con la tranquilidad de conciencia con la que venden unas pastas para el desayuno las monjas clarisas.

Entre los escritores ha sido la escapada del alcohol muy habitual, tanto que resulta un poco vulgar, y ahí están para confirmarlo Pessoa, Erich Kästner, Truman Capote, Hemingway, Simenon más un largo etcétera y no digamos Verlaine que luego vomitaba ante sus admiradores con serena templanza y aplaudida eficacia. El insigne poeta Max Estrella, el de las luces valleinclanescas, se pasea por la noche madrileña, noche con más ansias y penas que estrellas, con una pítima en relieve para olvidar el maltrato que a su musa le daba el paisanaje ignaro.

Todo esto es muy convencional y por eso debe descartarse para el tratamiento de las tribulaciones actuales. Como lo que se denuncia, y con razón por parte de la ciudadanía, es que no hay un sitio donde mirar conservando la mirada limpia -mirada de balcón sereno-, lo mejor es pedir a los ayuntamientos que apresten un espacio municipal para este fin. Ahora que los alcaldes se ven obligados a cerrar tantas empresas públicas y tantos servicios como habían creado, podrían habilitar lugares donde los ciudadanos pudieran depositar su mirada sin quedar heridos de angustia. No me refiero a un lugar virtual al que se accede por wifi -que eso es todo industria y embeleco- sino un lugar real, una zona concreta y acotada, prevista en el plan urbanístico, que sirva de descanso al batallar de los ojos contra tanto despropósito.

Habría allí una maqueta que reprodujera un tribunal constitucional funcionando, una caja de ahorros con aspecto de hucha y no de sumidero, una universidad cuyo rector aplicara la ley sin mirar a quien afectaba, y hasta un parlamento donde los diputados razonaran sin encalabrinarse ... todo ello envuelto en un paisaje de farolas acogedoras y de flores descaradas. Al fondo se oiría el sonar de unas campanas que darían una hora única, envuelta en un velo de fantasía, la hora que anunciara el disipar de esta tormenta interminable ...

¿No sería una meritoria iniciativa municipal?    

16 mayo, 2012

País fatal


Sigo con mi matraca y obnubilado por el asombro. Me asombra que tan poca gente se asombre. Me sorprende que sean tan escasos los que se alarman por la pinta que va tomando la dichosa crisis. Estamos literalmente al borde del abismo o con medio cuerpo colgando en él, y sigo viendo las mismas caras de aquí no pasa nada que no se vaya a arreglar en cuatro días y con unos poquitos daños colaterales. Sé que soy un pelmazo y los amigos amables que leen este blog tienen buena constancia de ello, pero me quedo a cuadros en las conversaciones del día a día con las personas con las que algún rato dialogo. Me han puesto los amigos el sambenito de pesimista, fatalista y cenizo y me rehuyen como pueden en cuanto les saco las cuentas negativas que me salen.

            De acuerdo, no hay quien entienda cabalmente lo que está pasando, no se saben muy bien las causas de este hundimiento y los mismísimos especialistas llenos de títulos y ponencias andan hechos un lío. Menos acuerdo todavía hay sobre las terapias que se deberían aplicar para atajar el mal. Pero voy al diagnóstico, y el diagnóstico es que el mal que aqueja a la economía del país y de Europa entera es gravísimo y empeora a paso ligero. Así que si uno es consciente de la enfermedad que padece y de que es grave y va a más día a día, lo primero que se supone que debería hacer es poner atención para calcular lo que le queda de vida o cómo se quedará después de los achaques. Por simple prudencia, por un elemental instinto de supervivencia o como reacción defensiva. Lo primero enterarse de lo que está sucediendo. Pero no.

            Si miramos en las ediciones digitales de los periódicos cuáles son las noticias más leídas y enviadas, siguen dominando abrumadoramente las informaciones sobre fútbol, sobre la farándula y sobre los métodos mejores para conseguir orgasmos imprevistos. Lo de la prima de riesgo no interesa apenas ni al riesgo ni a su prima. Y cuando alguno que otro se pone estupendo y decide dar un paso al frente y hacer como que piensa, saca de la repisa con alcanfor alguna receta de andar por casa, que si fusilemos a los banqueros, que si acabemos con el capitalismo, que si volvamos a la naturaleza, que si es por fumar. Oigan, eso es como si a alguien le diagnostican cáncer de páncreas y se va al brujo o pide los sacramentos o deja a la amante de toda la vida. Está bien y allá cada cual, pero me temo que con fórmulas atávicas, ritos supersticiosos o reacciones tribales no va a sanar.

            ¿Ganaríamos algo, colectivamente, si fueran más los que se informan y meditan seriamente sobre los motivos del desastre? Creo que sí, porque está haciendo falta materia gris y en momentos así, de penuria galopante, las reacciones sociales son muy importantes. Necesitamos que la ciudadanía tome conciencia de la situación para que, sobre esa base, se debata cabalmente y se busquen acuerdos básicos para escapar de la hecatombe. Sí, he dicho hecatombe, pero me quedo corto. Mas al tratamiento, el que sea, solamente se va a someter el que sabe de la quiebra de su salud, no el que decide no ir al médico ni preocuparse.

            Nos han mentido mucho y probablemente nos siguen mintiendo. Pero nuestros errores y los desconocimientos que cargamos no son solamente imputables a quienes intentan engañarnos o nos dicen medias verdades. Ya vamos siendo responsables, individual y colectivamente, de nuestra situación. No porque la hayamos provocado, que también y de muchas maneras, sino porque voluntariamente buscamos el encandilamiento de las promesas vanas o el hechizo de las esperanzas alevosamente inducidas. Con plena deliberación nos hemos puesto en manos de quiromantes, feriantes y variados asaltantes. Por la cosa de darle emoción y para que se vea qué ovarios nos gastamos. Pues ya está, ya lo hemos visto. Nos arruinaron y ahora nos piden para el entierro. Y seguimos atendiendo sus demandas como quien paga viejas deudas. O será responsabilidad por daño culposo. Por cierto, y a propósito de delitos y faltas y daños múltiples, un día de estos voy a abrir aquí un concurso para que alguien encuentre cinco diferencias en los conocimientos de sanidad de Leire Pajín y Ana Mato.

            Y la política, esta política del país, la suprema añagaza. Nada más que un pueblo mínimamente informado y dispuesto a tomar en sus manos la responsabilidad por su destino puede terminar con esta política maniquea, frívola y de puro estercolero, con empedirnidos tontos tontos y tontas profesionales aupados a ministerios y cargados de sinecuras. ¿Cómo es posible que si mi partido y el partido rival hacen la misma cosa, me ponga como un energúmeno en los casos en que así proceden los otros y calle y asienta cuando son los míos los que de igual forma actúan? Tal o cual medida será justa o injusta, oportuna o inoportuna, eficaz o inútil, pero lo será por sí y con sus razones, no dependiendo de que la ejecuten estos o aquellos.

            No veo diferencia entre los grandes partidos, entre los partidos que en tal o cual sitio gobiernan o están en la oposición. Eso, la decadencia, el descaro y el infantilismo de los partidos políticos, es causa principalísima de nuestro desvalimiento como ciudadanos. Pero en nuestra mano, en nuestra diaria actitud y en nuestros votos está el obligarlos a cambiar y a tomarnos en serio. Porque no nos toman en serio. Y donde digo partidos digo también sindicatos y más de cuatro movimientos dizque ciudadanos.

            El último ejemplo. Acabo de leer esta información sobre las medidas que ha decidido el nuevo gobierno andaluz, formado por el PSOE y IU, a saber: bajada de aproximadamente un seis por ciento del sueldo de los funcionarios y empleados de la Administración, aumento de la presión fiscal de los andaluces, paralización de la obra pública, incremento de la jornada lectiva del profesorado, etc. ¡Son exactamente las mismas directrices que está aplicando el PP! Ignoro por completo si son decisiones buenas o malas, convenientes o no en estos instantes. Ahora bien, si cuando las ejecuta el PP se dicen horribles, ¿serán oportunas y justas ahora que las aplican los del PSOE con IU?

            Voy al pie de la noticia a ver cuáles son las primeras reacciones y aparece la protesta de unos sindicatos de funcionarios, pero de UGT y CCOO no se dice nada. Y, para colmo, va Javier Arenas, presidente del PP andaluz, y lo califica como “recortazo” y acusa de que esa era la agenda oculta del bipartito. Lo mismo que dicen los otros cuando se trata del PP.

            Son asquerosos. Los unos y los otros, los tirios y los troyanos, los capuletos y los montescos. Son detestables y no sé cómo hay todavía tanta gente con estómago para votarlos. Con ellos, con los unos y los otros y los otros y los unos, no salimos de esta. O se ponen y nos ponemos ahora mismo a estudiar la situación seriamente y a calzón quitado y a pactar cuanto la razón y el sentido común nos demanden, o no de esta no nos salvamos. La responsabilidad común del PP y del PSOE y del PSOE y el PP es tremebunda. O acuerdan por nuestro bien o nos acaban de hundir por buscar el bien suyo. Pero si buscan ganancia particular a costa de nuestra decadencia, son unos miserables. Y se lo tendremos que cobrar algún día. 

14 mayo, 2012

¿Qué se requiere para ser ministro?

No tengo hoy tiempo para escribir ni pío, pero voy a regalar una joya a los amigos de este blog que aún no la hayan descubierto. Son fragmentos de reciente rueda de prensa de doña Ana Mato, ministra de Sanidad. 
Vaya tela. Aquí.

13 mayo, 2012

Pequeño manual de traducción simultánea


                Si uno es muy ingenuo o acaba de aterrizar en una institución pública que debate sobre asuntos organizativos o programáticos, puede no enterarse de nada. No porque el lenguaje correspondiente esté lleno de palabras técnicas o de modismos extraños, no es por eso. Es por el doble sentido, por una especie de ambigüedad estructural que tiene que ver con la posición de los interlocutores y la manera de dar rienda a sus intereses sin que parezcan ni intereses ni suyos.

                Si lo pensamos un poco, resulta que en casa pasa otro tanto, en la vida de pareja sin ir más lejos. Usted o su media naranja dicen “me duele la cabeza” o “estoy cansado/a” y, en ciertos contextos hogareños, no significan esas expresiones lo que sus palabras dicen, sino cosas tales como “Estoy enfadado/a porque ayer llegaste tarde” o “No me gustó lo que le contaste de mí a tu primo”. Hay que estar en el cotarro, en el ajo, para captarlo, pues un espectador no implicado se quedaría a dos velas, confundido en las apariencias y los sentidos claros de los enunciados.

                Pues en determinados ámbitos públicos pasa igual. Otra vez voy a poner la Universidad como ejemplo, pero vale la muestra para otros muchos lugares en los que se dispare con pólvora del contribuyente. Puede que también para bastantes consejos de administración de empresas privadas.

                Las frases que a continuación recojo, seguidas de su traducción, pueden oírse a menudo en reuniones de todo tipo de órganos colegiados de gobierno universitario e, igualmente, en los pasillos de las facultades o las cafeterías del campus.

                - “El plan de plantilla que ha presentado el Rectorado no cumple con los requisitos legales”. Traducción: Mi primo Conrado no ha pillado plaza en la nueva plantilla.

                - “Lo importante es que todos los del departamento colaboremos, nos apoyemos y velemos por el éxito conjunto, sin peleas ni zancadillas”. Traducción: Como no des tu voto para que salga adelante la tesis de Puri, que está como un tren y tiene unos labios así, de pecadora, voy a votar yo contra la conversión  de la plaza de tu mujer en contratado doctor.

                - “La investigación es un objetivo capital en la labor universitaria y no podemos permitir que nos restrinjan ni el tiempo ni los medios para ella”. Traducción: Ni pa Dios estoy dispuesto a que mis horas de clase semanales suban de una a tres, que para eso soy catedrático y tengo bigote.

                - “Vistas las nuevas circunstancias, por un elemental sentido de la justicia y la solidaridad cambio mi voto y doy mi apoyo a Fulanito/a”. Traducción: Fulanito/a acaba de pasar su mano/pie por debajo de la mesa y me está haciendo en las partes un refrote riquísimo; creo que vamos a follar un día de estos.

                - “El candidato X reúne los requisitos ideales para el cargo al que concurre y todos nos beneficiaremos grandemente de su capacidad de gestión y su variada experiencia”. Traducción: El candidato X acaba de ofrecerme un cargo a mí, o a mi cónyuge o a mi hijo o a mi amante.

                - “El candidato X no reúne los requisitos apropiados para el cargo al que concurre y todos saldremos perjudicados por su falta de capacidad de gestión y su muy limitada experiencia”. Traducción: El candidato X, si gana, va a cesarme a mí en el cargo que hasta ahora ocupo, o va a cesar en el suyo a mi cónyuge, a mi hijo o a mi amante.

                - “Los que tienen sexenios/proyectos de investigación y tanto blasonan de ellos no se dan cuenta de que los obtienen a base de corruptelas y porque en este país no hay más que enchufes”. Traducción: Yo no tengo sexenios/proyectos de investigación, o tengo muy pocos para mi edad.

                - “Los que no tienen sexenios/proyectos de investigación y tanto dicen que no es objetivo el modo en que se conceden no expresan más que su propia envidia”. Traducción: Yo sí tengo sexenios/proyectos de investigación.

                - “La crisis económica está impidiendo la ejecución de los grandes proyectos de este equipo de gobierno y debemos aguardar a que el temporal escampe”. Traducción: Ya sé que es una mierda este equipo de gobierno en el que yo estoy o al que apoyo, pero hay que disimular hasta que consolidemos la titulación/el centro que a mí me interesa.

                - “Seré el director/decano/rector de todos y no me moverá más que el cuidado de la legalidad y la defensa del interés general”. Traducción: Os la voy a meter doblada a todos, y a los que más a los imbéciles que acaban de votarme porque se creen estas cosas.

                - “No soporto las malas maneras de los colegas que sacan nuestros trapos sucios a pasear por ahí”. Traducción: Todavía tengo dolorido el ojete de la acometida de Pepito ayer, tengo que decirle que se ponga más cremita.

                - “No todo va a ser trabajar, también hace falta que la institución te deje tus momentos de asueto y que te permita la conciliación de la vida laboral y familiar”. Traducción: Llevo diez años sin dar palo al agua y ni bajo tortura me voy a volver ahora laborioso/a.

                - “Las plantas de los descansillos están horribles y resecas, todas llenas de hojas muertas y hasta con gusanos”. Traducción: El/la jardinero/a ya no me hace cositas.

                - “Esas plantas están preciosas, pero son de especies raras y por eso tienen apariencia sorprendente”. Traducción: El jardinero/a ahora me hace cositas a mí.

                - “Los becarios de sinestesia ramificante deben tener voz y voto en este organismo”. Traducción: el único becario de esos que en este organismo existe me votará a mí.

                - “Los Los becarios de sinestesia ramificante no deben tener voz y voto en este organismo”. Traducción: el único becario de esos que en este organismo existe lo votará a él, no a mí.

- "Yo a tí siempre te he apoyado".  Traducción: Te voy a joder vivo si no haces lo que a mí me conviene.

10 mayo, 2012

Defensa condicionada de Gómez Benítez

Dichoso país de paños calientes y papel de fumar para asirse las partes. Aquí es mucho más difícil denunciar ilícitos que cometerlos, y más viable dar pelotazos que frenar al que a ellos se entrega. Se armó la marimorena porque José Manuel Gómez Benítez, vocal del Consejo General del Poder Judicial, ha presentado, por la brava y sin encomendarse a Dios ni a sus delegados, denuncia contra Carlos Dívar, Presidente del mismo CGPJ y del Tribunal Supremo. ¿De qué lo acusa? De haber cargado a los fondos del Consejo seis viajes privados a Marbella en el plazo de trece meses entre 2010 y 2011, que supusieron un gasto de 5.658 euros y que corresponden con costes de transporte, alojamiento y manutención del señor Dívar en tales ocasiones. Lo que el denunciante aduce es, repito, el carácter estrictamente privado, particular, de dichos desplazamientos y estancias, algunas de hasta siete días, sin que estuviera en esas oportunidades el Presidente del CGPJ ejerciendo de tal en acto oficial ninguno ni en actividad que con su cometido se relacione. O sea, que se habría pagado con dineros públicos sus escapadas de fin de semana o puente, a Marbella siempre, ya que solían tales estancias abarcar sábados y domingos. El señor Dívar dice que sus papeles están en orden y sus cuentas claras y que así se demostrará. Que así sea.

Dos cosas quiero decir a toda prisa y en ellas están las condiciones que en el título se insinúan. Una, que a don Carlos Dívar hemos de aplicarle y le aplico la presunción de inocencia, exactamente en los mismos términos y con idéntico alcance que a cualquier otro ciudadano que sea objeto de denuncia penal o enjuiciamiento por esa vía, trátese de la más alta magistratura del Estado, supongamos, del más “tirado” de los supuestos ladronzuelos o del que es imputado por terrorista. La ley, al menos en eso, es igual para todos, aunque no estoy seguro de si igual es su aplicación a todos. Y más digo, me alegraría de todo corazón que la inocencia del señor Dívar fuera inmaculada, pues supondría un pequeño consuelo en medio de la depresión que día tras día nos provoca este sistemático choriceo en las arcas comunes. No lo conozco en persona, por supuesto que no, y ningún prejuicio tengo sobre él, ni para bien ni para mal.

Tampoco he tratado jamás con el señor Gómez Benítez, afamado penalista y abogado experto, aun cuando algún amigo en común sí tenemos. También doy por sentada la “inocencia” del tal denunciante, en el sentido de que su acción estará movida por una legítima sed de legalidad y amparada en datos fiables. Que no habrá denunciado frívolamente, sin fundamento y a humo de pajas, vaya.

Así que, por esos lados, mi equidistancia y me sincero deseo de que gane el mejor y de que pague el malo, si alguno en esta historia hubiera. Y si todos son buenísimos y no pasó nada más que una desgracia provocada por algún error, pues bendita sea y que vuelvan las aguas a su tranquilo cauce.

Dicho y muy subrayado lo que antecede, yo, modestísimamente, me identifico un montón con el señor Gómez Benítez. Ya lo están crujiendo por haber denunciado. Que si por qué no avisó antes al propio al que denuncia, que si cómo no se lo dijo primero a sus compañeros del Consejo, a ver si lo avisaban ellos o cómo lo veían, tal vez para parar el golpe o buscar un arreglo, al hispánico modo, que si lo mueve el resentimiento porque tiene muy mala “follá” o que si es amiguísimo de Garzón y hace de longa manu para su venganza.

Vamos a ver, analicemos como si fuéramos normales y casi honrados. Voy a poner algún ejemplo para comparar, dando por sentada la buena fe de los actuantes, igual que la doy en esta oportunidad que comentamos, mientras lo contrario no se demuestre.

Supóngase que usted vive en una urbanización y que ejerce ahora como secretario de la comunidad de vecinos correspondiente. Un día le llegan unas pruebas, que parecen claras y concluyentes, de que el presidente de esa comunidad ha violado a una muchacha (o a un muchacho, ea) hace poco. En su poder están unas fotos muy acusadoras y algunos otros testimonios que le hacen pensar honradamente que es muy probable que el suceso haya acontecido así. Entonces arranca usted para el juzgado o la policía a denunciar. ¿Habría hecho bien o habría hecho mal? ¿Le reprocharíamos que no hubiera ido antes a conversar con el presunto violador o que no lo comentara en una reunión de propietarios o, al menos, de la junta directiva de la comunidad? ¿Verdad que parece ridículo? ¿Por qué se debe avisar a un delincuente que conocemos de que lo vamos a denunciar? ¿Qué porquería de lealtad grupal y cuasimafiosa es esa? ¿No nos debemos antes, todos, a la ley legítima y al interés general? ¿O hay que quedar personalmente muy bien y la mar de corteses, aun a riesgo de que el posible culpable destruya pruebas o amañe otras entre que usted lo avisó y usted llega a la comisaría a presentar su denuncia? ¿Y avisarlo para qué y esperando que le diga qué cosa? Usted tiene las pruebas que francamente le parecen incontestables (si lo quiere más claro, usted mismo presenció aquella violación sin poder hacer nada en tal momento), pero al parecer es de buena educación ciudadana y democrática ir a contarle al violador que a lo mejor lo denuncia. ¿Para esperar qué? ¿Qué le diga que por favor, por favor y que no se repetirá? ¿Qué lo compre a usted pagándole unas copas, ofreciéndole un carguete en algún lado o llevándoselo de putas/os? ¿O invitándolo a dar una conferencia, que viene a ser lo mismo?

Que me identifico, humildemente, ya lo he dicho. Que he vivido en carne propia lo que supone denunciar ilegalidades, aunque más leves, en un medio mafiosillo y rodeado de colegas con la conciencia moral haciendo la esquina. El reproche, ese: que qué poca lealtad al infractor y que cuánto de mala educación por llamar ilegal al ilegal en lugar de tratarlo de usted y ofrecerle unas pajillas y que qué hay de lo mío, monsieur, como (la mayoría de) los demás.

Y ahora lo de la otra parte. Ignoro absolutamente si el señor Dívar ha cometido en verdad el delito que en la denuncia se le imputa. Ahora bien, al margen por completo de su persona y en términos puramente probabilísticos, resulta que lo más verosímil o probable es que sí. Habría hecho lo mismo que la inmensa mayoría de los que ocupan cargos similares: emplear para su propio beneficio y su particular disfrute los medios puestos por razón del cargo y para uso exclusivo con ocasión del ejercicio del cargo. Anda, que no se habrán cargado, en este país, viajes privados y estancias de personal asueto al presupuesto público del organismo correspondiente. Eso es la regla, no la excepción. Hasta el tonto del pueblo lo hace así desde que es concejal.

Tanto es la regla, que las propias fronteras de lo legal y lo ilegal me resultan y me han resultado siempre brumosas a mí mismo. Un ejemplo. Un rector de universidad tiene coche oficial y conductor. Vale. Si en agosto ese rector que, pongamos, lo es de Huelva (el ejemplo me lo invento al tuntún, conste) se va de vacaciones a la Costa Brava, ¿puede legalmente hacer que su chófer lo lleve en el coche de la institución, cargando a la institución la gasolina, la comida y la pernocta de ambos a medio camino, y que al mes vaya a recogerlo? ¿Y retenerlo con él todas las vacaciones por si un día le apetece acercarse hasta la Costa Azul y que el otro lo lleve en tal vehículo? Que me asesore quien sepa. Yo desconozco si eso es legal y hasta si es decente, pero he visto hacerlo decenas de veces.

Si tal proceder fuera legal, y quiero pensar que no, tendríamos que preguntarnos qué diferencia existe entre que ese cargo público se lleve el coche con conductor para su fin de semana o sus vacaciones o que se pague un billete de avión con la Visa de la institución. Al precio que se ha puesto el combustible y cogiendo una buena oferta de vuelos, con el avión hasta se ahorra.

Más digo: estoy sinceramente convencido de que esos prebostes que así hacen no tienen conciencia ninguna de la antijuridicidad de su acción, por expresarlo con el rebuscado estilo de los amigos penalistas. Y añado que tampoco la tienen de que su conducta pueda ser inmoral. Para nada. ¡Si lo hace todo el mundo…!, nos replicarían. Y tienen razón en eso, que es lo que fastidia. Aunque tendríamos que aclararles que la violación masiva de la legalidad legítima no es ni eximente ni atenuante, sino síntoma de que el correspondiente Estado está en manos de una banda de ladrones; y que la vulneración sistemática de las más sencillas y evidentes reglas de la decencia no excusa al infractor, sino que hace su papel más triste, por el gusto con el que vive en un estercolero y sin escandalizarse por la abundancia de gusanos de su misma especie.

Abracadabrante

Sin rodeos, cuento la historia que acabo de conocer, absolutamente real y confirmada. 
En una universidad que no es la mía está prevista la defensa de una tesis doctoral para el día 2 de julio. Entre los grandes expertos en la materia de ciencia dura sobre la que la tesis versa hay un profesor colombiano, de Bogotá, persona muy reconocida y con antiguos y estrechos lazos de investigación con el equipo en el que se elaboró la tesis. 
Hace unos días, ese reputado investigador colombiano fue al Consulado español para solicitar el pertinente visado para entrar en España para la citada ocasión. Repito, para formar parte de ese tribunal doctoral que se reúne el 2 de julio. Respuesta del Consulado, al parecer gestionado en estos temas por una empresa privada (¡?): cita para el diez de julio. El procedimiento, tengo entendido, es como en la pescadería: usted pulsa un botón y una maquinita le asigna fecha para la cita en la que debe presentar su solicitud. Usted quiere contar el importante motivo de su viaje y las razones para resolver más pronto lo del visado. Pero con una máquina no hay manera humana de hablar y los empleados ni saben ni contestan. 
Es lo que hay, y así nos va. Y lo que te rondaré, morena.
A propósito de visados, por cierto: ¿seguimos temiendo que nos invada una imparable oleada de inmigrantes latinoamericanos? ¡Pero si somos nosotros los que tendremos que marcharnos para allá! 

09 mayo, 2012

Nuestros tontos ya no son útiles


            Tendrán muchas causas y muy hondas explicaciones nuestros males presentes, pero estoy más que convencido de que entre ellas figura, y no en lugar secundario, esta costumbre de elegir tontos útiles para que nos gobernaran. Y cuando digo gobernar, voy desde el gobierno de la nación o de cada Comunidad Autónoma hasta el más pequeño ayuntamiento o cualquier tipo de institución en la que los rectores sean seleccionados mediante algún procedimiento democrático. La universidad sería un ejemplo más, entre tantos. Luego ya ellos, los por nosotros escogidos, seleccionan sus equipos según otro patrón impepinable: el tonto útil que se sabe tonto y que conoce para qué se lo ve útil, se rodea en su gobierno de otros que son tan tontos o más, pero, de propina, inútiles. Para que no le hagan sombra ni le metan el codo ni se vayan a llevar, por sus encantos, los favores de la plebe alzada en urnas.

            Mas es bien sabido todo esto y solo lo negará el ciego vocacional y empedernido. Mayor interés habrá en que definamos un poco mejor al tonto útil con mando en plaza, a ese servidor nuestro por nosotros señalado y que se sirve sirviéndonos, en un concierto de corruptelas y con un tácito acuerdo para que todos salgamos ganando ilícitamente y sin pisarnos el callo. El tonto útil con mando tiene estos atributos:

            a) Es profundamente egoísta, va a lo suyo. Puede padecer hasta la correspondiente psicopatía. Mismamente, a mí me hacen mucha gracia esos que, ya desde el cargo, te cuentan, con la emotiva lágrima apuntando, que ellos desde pequeñitos tuvieron el sueño de ser alcaldes, o rectores o ministros de Medio Ambiente y que fíjate qué bien y cuánta dicha ahora. ¿Para hacer qué cosa?, les podría uno preguntar. Y sería vano el interrogante, pues no les mueve ningún propósito de hacer, sino que aspiran nada más que a tener y a creerse que son.

            El tonto útil, así, carece de ideología, por razón de su egocentrismo congénito. No quiere llegar a la cúspide del mando para hacer tal reforma o conseguir este o aquel objetivo institucional. No, el egocéntrico tonto útil es la institución, la institución es él porque para ver más allá no le da el cacumen. Puestos tan claramente los objetivos y siendo tan escasas las servidumbres, pues a ideas no se debe y los compromisos y las promesas se los pasa por el arco del triunfo de su particular disfrute, es libre cual pajarillo. Puede hacer hoy lo opuesto a lo que juró ayer, pactará ahora con los que hasta hace un rato eran sus irreconciliables enemigos y dejará en la cuneta a los que lo auparon o lealmente le sirven, cambiará las normas que rigen el juego o las vulnerará sin remordimiento, ya que se siente soberano de ellas y entiende que cuanta regla haya está para beneficio suyo y no para limitarlo ni, menos, para evitar el abuso de zotes a él semejantes.

            b) A su manera es manipulable. Quiero decir que entra al trapo de la negociación hábilmente llevada. Ni de lejos insinúo que el tonto útil poderoso se conmueva ante razones o se guíe por principios, para nada. Ni siquiera es inmoral, sino amoral, anómico con marcados rasgos narcisistas. A lo que se presta es al do ut des, al intercambio de favores, al hoy por ti y mañana por mí, al cotilleo frailuno y a la maniobra traicionera, a la conspiración de ociosos. Ahí se mueve como pez en el agua y se da gusto y lo da a los otros, a partes iguales. Es uno de los motivos por los que tantos buscan y votan al tonto útil, porque la mediocridad del personaje facilita que con él puedan entenderse los mediocres y porque la descarada instrumentalidad de cualesquiera convicciones ayuda a que los egoístas asilvestrados que pueblan nuestras calles y los pasillos de las Administraciones puedan tejer sus tramas para mayor gloria de sus más pedestres y exclusivos intereses.

            c) No pone en peligro la estabilidad de las instituciones ni la fiabilidad de los hábitos heredados ni las jerarquías preestablecidas. No es un reformista el tonto útil, ya se ha dicho antes. Y eso calma mucho a los conservadores. Llámanse aquí conservadores a los que no desean que se alteren las normas y las prácticas en el gobierno de lo público, en la gestión administrativa ni en los usos rutinarios. El tonto útil para ese fin es mano de santo, ya que es alérgico a las reformas, pues ninguna se le ocurre, por su carencia de luces. No, adaptable como es, con personalidad de licra y convicciones de plastilina, el tonto útil se vale de las corruptelas rancias, de las mañas de siempre y del hecho de que conoce mejor que nadie las entretelas de lugar y tiene contados los cadáveres que cada cual esconde en el armario de su despacho. Y, curiosamente, usa todo ese conocimiento práctico para comprar y vender. Sin chantajes, no es eso. El tonto útil seduce al homicida al explicarle que sabe que lo es, pero que tranquilo y que si le apetece puede matar otro poquito, él lo autoriza, pero con discreción y poniendo que la muerte la aprobaron tres comisiones, dos juntas y un consejo. A partir de ese instante, se produce el milagro, la mágica transmutación de dos indecentes en uno solo, que ya se quieren y se mantendrán leales como un solo cuerpo y una única alma; al menos mientras no se interponga uno aún más lerdo, pero que prometa mejor ganancia.

            d) El tonto útil da prioridad a los lazos y vínculos emotivos y estrictamente personales sobre cualquier deber impersonal o toda norma abstracta y general. Si hay una noción que no le cabe en la cabeza, es la de interés general. En su escala de valores y preferencias está antes que nada él, y él por encima de todo, pero después vienen la familia, los amigos, los colegas, los del barrio, los del pueblo. Como todos los simples, su orientación moral tiene base geográfica: merecen mejor trato los de más cerca y peor los alejados. En eso se resume su sentido de la justicia. Y claro, eso encanta al votante de tontos útiles. Pues o bien coincide que son del mismo pueblo o del mismo oficio, o bien hay posibilidad de arrimarse al bobo a base de ir haciéndose amigos y que los presente Fulano. Esa característica de nuestro mandatario con idiocia queda muy bien expresada cuando en campaña explica todo lo que va a hacer por su pueblo. Si es de Soria, pongamos al albur, se le llenará la boca explicando que va a poner a Soria en el primerísimo lugar del mundo. Y lo bueno es que los de Soria se lo creen y los de Segovia no se cogen el gran rebote por el agravio comparativo. No, piensan todos los sostenes de bobos, qué cosa más natural que el que cada uno barra para su casa y para los suyos. Le ven en eso un rasgo de entrañable humanidad y rastro de una sensibilidad muy a la medida del pueblo. Y es verdad, el pueblo suele hoy tener la madurez moral de una tenia.

            En esas estábamos, felices y contentos y con el futuro del régimen asegurado. Digo esto último porque no sólo se venía consiguiendo que el gobierno de la nación y el de la mayoría de las instituciones territoriales de cualquier rango y de la llamada administración institucional estuviera en menos de indocumentados demagogos, sino que también había garantía de que el recambio sería del mismo percal. El régimen se cierra sobre sí mismo y se asegura la continuidad perfecta cuando, a todos los niveles y en todas las escalas, el que dirige el gobierno es igual de incapaz que el líder de la oposición, y el líder de la oposición tan inútil y turbio como el que preside el gobierno. Per saecula saeculorum.

            Y llegó la Gran Crisis. O sea, que o hay quien gestione esto muy competentemente o nos partimos la crisma casi todos. Y entonces decimos que a ver qué pasa y por qué no se hacen las cosas competentemente y con justicia. Ay, a buenas horas mangas verdes. Lo de los lodos y los polvos. Que nos van a echar un polvo en el lodo, vaya, malamente y por obra de nuestros elegidos, los que buscamos en los tiempos de vino y rosas para que fueran fáciles de manipular, para que nos toleraran nuestra propia deshonestidad, para que con apaños y trampas nos permitieran vivir muy bien laborando muy poco y chinchando a los pobretones y a los honestos.

            Ahora que se necesitaría rigor intelectual, capacidad técnica, altura de miras y sentido del Estado y de su administración, ahora, no tenemos donde caernos muertos porque a los que podrían salvarnos los matamos a tiempo. Ahora las ratas chillan en los rincones y se reúnen por grupos para defender con malas artes los últimos trozos del que fuera gran queso. Al otro lado del recinto, el cadáver insepulto del quesero.

            A los buenos y dignos los condenamos primero al ostracismo o los mandamos a las tinieblas exteriores. Están quemados, los que aun están, o nos miran desde la defensiva torre de marfil en la que hubieron de refugiarse. Quedaron fuera del sistema, son marginales. Los partidos políticos reaccionan ante la crisis cerrándose sobre sí mismos y extremando la misma lógica que hasta el momento les bendecíamos: antes que nada, asegurar el cocido de los protegidos, de los parientes, de los camaradas, de los amigos. Las reglas del juego ya no valen para el juego que las circunstancias en el presente imponen, pero no hay cómo cambiar las reglas, pues al alterarlas se suicidarían quienes fueron nuestros favoritos porque se parecían a nosotros en su egoísmo insensato y en la cortedad de sus vuelos. Cuando no queda más salida que el cambio brusco, el sistema se perpetúa en su dinámica interna. Nos habíamos propuesto cambiarlo todo para que eternamente todo siguiera igual, y ahora que todo ha cambiado, nada se modifica.

            No hay salida. Van al timón tontos que ya no son útiles y nosotros, los de a pie, carecemos de resortes para sustituirlos. Estamos a verlas venir. Sobrevivirán los tontos estos, y los del montón, que tanto los aplaudimos, seguiremos haciendo el tonto. En el fondo ni siquiera es injusto que así pase. Es la naturaleza de las cosas y son los efectos de nuestra propia naturaleza. Primero las hicimos, ahora las pagaremos.

07 mayo, 2012

Oscuros temores


            Les confesaré, amigos, que mi habitual pesimismo se torna día a día catastrofismo militante. Ya no me llega la camisa al cuello. Deseo con toda mi alma no acertar en mis temores, pero en mi contra he de decir que últimamente atino bastante. Digo mal: acierto en líneas generales cuando me pongo cenizo, pero tiendo a quedarme corto al anunciar los desastres. Al fin, todo es peor de lo que a los menos optimistas nos parece.

            Me fijo mucho en Grecia, mucho. A los griegos los tengo por nuestros más significativos precursores. El lema del ciudadano español medianamente informado y con razonable mosqueo no puede ser sino este: como estén los griegos hoy, así estaremos nosotros mañana. Y ojo con lo que mañana les ocurra, porque nos tocará pasado. Por cierto, cada vez se oye menos aquello de no somos Grecia. Tenía su gracia. Ahora en vez de tales comparaciones hacemos cábalas sobre los encamamientos del Rey de aquí, casado, por cierto, con griega a la que no frecuenta ni a la manera griega ni a la ortodoxa, dicen. Perdón, se me fue la cabeza.

            Ayer fueron las elecciones griegas. Pues ya ven lo que hay. Partidos tradicionales perfectamente combustibles y variados extremismos que te ponen los peloponesos de punta. El contexto económico ya lo sabemos, ruina total y absoluta, Estado fallido, sociedad indignada, corrupción como humus cultural y resentimiento como sustrato moral. ¿Previsión? Antes de un año o dos andarán a tiros los griegos. Nazis matarán comunistas y comunistas matarán nazis. Y unos y otros se cargarán también, en perfecta sincronía, a los pocos demócratas de bien que traten de salvar las formas democráticas y de guardar la compostura y que no hayan puesto a tiempo pies en polvorosa. Cuando los griegos comiencen su guerra civil, ¿quién irá a interponerse y para qué? Nadie.O los turcos. A lo peor empieza por ahí la tercera.

            No somos del todo Grecia todavía. Pero ahí vamos, si Europa no lo remedia y si nuestros grandes partidos no recuperan el seso para hacer unidos las reformas que haya que hacer. En esto de la responsabilidad del PP y el PSOE las impresiones de ahora mismo no pueden ser peores. No saben, pero joden y destrozan y se aplican a la demagogia con saña de psicópatas.

            Si las cosas se ponen tan mal como en mis horas más bajas temo, hay un dato que me preocupa sobremanera. No sé en Grecia, pero lo que es aquí hay tal cantidad de hijoputas con sed de cheka y ambición de paseo al amanecer, que pánico me da. No, no me mire usted así, amigo, mire a su alrededor y eche cuentas. Es lo que hay. Unos te señalarían por gusto, otros por miedo y otros por un plato de lentejas o la mesa de tu despacho. Pero a esta prole amamantó nuestra cerda, igual que a aquellos romanos les dio de mamar la loba. Además, tenemos experiencia y más de uno lo trae en los genes aun. No hace tanto que murió el abuelo.

            Ayer en la cena tuve un arrebato todavía peor que este y mi pobre esposa me contemplaba horrorizada, mientras le contaba yo que, sin prisa pero sin pausa y por lo que pueda pasar un día, hay que tener siempre a mano el pasaporte y mil euretes y bien engrasados los contactos en el extranjero. En el 35 había aquí quien no se lo creía. En el 33 alemán, otro tanto. Y ya ven lo que están votando de nuevo los europeos, ya lo ven. De momento son votos de fogueo, pero más vale que empecemos a precavernos. Y a pedir a nuestros políticos del gobierno y de la oposición un poco de sentido común y un mucho de mesura.

            No me regañen, yo deseo más que ustedes que mis oscuros temores sean resultado de una insolación italiana o de que me tomé ayer unos corticoides con coca-cola y no sé yo.

06 mayo, 2012

Ay, que me troncho.

Miren esto. Qué impaciencia. ¡Zapatero ha escrito un libro sobre la crisis!
Ya veo la crisis entrando en crisis ante la noticia. Oye, a lo mejor se arregla así. Dialéctica cazurra.

Gloria de la espuma. Por Francisco Sosa Wagner

Andan muy ocupados los grandes cocineros en explicarnos los misterios de la espuma y al efecto han pedido la colaboración de varias especialistas, profesoras de Física, que nos hablan del desdoble de las proteínas, de la formación de una película elástica que hace que las burbujas resistan y por ahí seguido.

Pero la espuma tiene otros secretos que no se dejan capturar por la ciencia como ocurre con el amor que ya sabemos que no es sino luz y abismo, el bosque donde conviven los mejores aciertos con los más conseguidos errores.

Una cerveza tirada por un camarero español poco tiene en común con análoga acción protagonizada por un colega bávaro en un local de Munich. El nuestro actúa -con excepciones- de manera atropellada, saltándose trámites y dando por concluido el procedimiento cuando este no debería haber hecho más que empezar. La espuma apenas existe, de ahí el aspecto deslavado y escorbútico de nuestras cervezas, su falta de dignidad. Su desaliño. El alemán, por el contrario, se demora en el trance, repasa varias veces la espuma que se va formando poco a poco, la deja reposar para que medite sobre su destino y su circunstancia, y es solo así como nace una espuma tersa, una espuma con donaire, que es como el penacho que corona un peinado artístico o el pináculo admirable de una catedral gótica.   

Y lo mismo se puede decir respecto de la espuma del capuchino (me refiero al café, no al fraile). La tensión, el mimo y el respeto con que se fabrica en una cafetería de Milán nada tiene que ver con la desgana que vemos en Madrid. Aquella tiene de entereza y de gloria lo que esta de flaqueza y abatimiento.

La espuma es pues hija de la paciencia, de la diligencia y de la reverencia.

Que nosotros, los españoles, sí ponemos en la confección del merengue y del “soufflé”. Las pastelerías españolas -como las portuguesas- están llenas de ofertas de merengues gloriosos, orgullosos de su condición merenguil, merengues persuasivos, virtuosos. Un compendio de ficción y de capricho. Y lo mismo ocurre con el “soufflé” que, recién salido del horno, comparece ante nosotros como el altivo personaje que ha llegado a ser, todo él sensibilidad porque, en sus entrañas, lleva la sorpresa y la fortuna. Dispone además de mil rostros como un artista de circo o un ilusionista fértil.
                               
Cuando tantas y tan malas son las noticias con que nos obsequia la actualidad, convertida en una maga especializada en abatirnos y en sumirnos en la desesperanza, pensar en la espuma, en el “soufflé” o en el merengue, nos devuelve el optimismo y nos proporciona un aliento reparador que nos recupera -como un bálsamo- de nuestros pensamientos exhaustos.

Pues a lo mejor resulta que la causa de nuestros males está en querer llegar al meollo de los problemas, al hueso íntimo donde anidan sus explicaciones, a la raíz donde brota la savia de nuestras tribulaciones. Y como son enigmáticas y muy viejas y además gastan muy mala leche -sin espuma-, nos aturden y nos zarandean. Es decir, nos dejan como navíos partidos por la noche.

Por todo ello propongo que, al menos por un rato, por el leve espacio de una sosería, pensemos que podría ser que lo mejor del fondo fuera la superficie.