08 noviembre, 2005

Qué poder es más poderoso. La absolución de Atutxa

Es noticia de hoy la absolución de Atutxa, decidida por el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco. No sorprende mucho, pues la propia fiscalía cambió de tono en un momento conocido y solicitaba últimamente sentencia absolutoria. Cosa que tampoco causará sorpresa a nadie en esta fase del partido. Quiero decir del juego. Por mí como si le dan a Atutxa la medalla al ciudadano ejemplar o le imponen la banda al mérito jurídico. Ya tiene más bandas, imagino.
Lo que invita a reflexión más sesuda es el tema de cómo queda la relación entre los poderes del Estado. Es de sobra sabido y aceptado que los parlamentarios son inviolables "por los votos y opiniones que emitan en el ejercicio de su cargo", como dice el mismo Estatuto Vasco. Eso no se discute. La interpretación y el alcance de eso sí se puede debatir.
El caso arranca de la negativa de la Mesa del Parlamento Vasco, presidida por Atutxa, a cumplir la orden del Tribunal Supremo para que se procediera a la disolución del grupo Sozialista Abertzaleak. Atutxa y los con él absueltos ahora dijeron que nones, que rien de rien. Se les acusó de delito de desobediencia, pero esta sentencia dice que no hay tal, pues son inviolables "por los votos y opiniones" que emitan en el ejercicio de su cargo parlamentario. No voy ahora a lo de si esa decisión era una "opinión" emitida o una determinación testicular, ni a discutir sobre si éstas también se acogen a la inviolabilidad.
Lo que importa más resaltar es esto: la Mesa de un Parlamento puede desatender una orden formal del Tribunal Supremo. Y eso significa algo más y algo ligeramente distinto de la inviolabilidad parlamentaria y de su filosofía. Significa que la Mesa del Parlamento Vasco tiene jerarquía superior a la del poder judicial, por expresa decisión de éste a través del Tribunal Superior Vasco. Y como el fallo del Tribunal Supremo lo era en aplicación de una ley aprobada por el Parlamento Español, nos topamos con que la mencionada Mesa también está por encima de dicho Parlamento del Estado.
O sea, hay ahí soberanía de la buena, soberanía de pata negra, aunque sea sólo un trozo. Pero menudo trozo. Vayan imaginando más casos posibles y otros supuestos en que dicha Mesa diga tururú a los requerimientos de los poderes del Estado central, incluso en materias que fueran de la competenica de éste. Pues eso, que serían inviolables, que pueden hacer lo que quieran. El esquema es éste: que hagas tal cosa; no me da la gana; que te castigo; no puedes, porque soy inviolable por haber opinado que no me daba la gana. Estupendo, cambió el jefe del cotarro. Una revolución limpia.
Soberanía. Ya la tienen, mira por donde.
Aunque a mí me da bastante igual, que conste. Yo seguiré viajando, como si tal cosa, a los países que me sean simpáticos y donde me traten bien. A los otros que les den soberanía o pastillas de mentol. Tal cual.

8 comentarios:

ABSURDIS dijo...

Pues a mí no me da igual. Lo que ocurre es que el estado hace dejación de su deber con determinadas personas e instituciones. El problema es que el fallo del tribunal da a entender que no habría sido posible castigar a Atucha, y eso no es cierto porque esa inviolabilidad es inventada por el propio tribunal.
Saludos.

Anónimo dijo...

A mi tampoco me da igual , porque yo no puedo seguir viajando a ningún sitio por falta de abundancia, ni me interesa , porque da la casualidad que me gusta ESPAÑA.
La inviolabilidad debe dejar de existir ya que no es una opinión esa del Atutxa (la de no hacer caso al supremo)sino de su jefe sectario del PNV.

Mercutio dijo...

Por fin discrepo de Vd., propietario. Magnífico comentario, excepto el último párrafo. Como a los comentaristas que me preceden, tampoco a mí me da igual.

Por supuesto, no se trata de algo tan necio como que 'me guste España'. Se trata de que no soy nadie -como esa Mesa de la ouija tampoco lo es- para establecer impunidades. Hablando de otro tema (¡el insoportable Jiménez Losantos!), en otro foro, di unas voces a favor del imperio de la ley. Las repito: exijo el cumplimiento de las leyes por parte de las autoridades y los poderes públicos, el respeto escrupuloso al orden jerárquico normativo, la defensa a ultranza de las libertades y la persecución de los delitos.

A mí, si me pillan saltándome los BOEs me empapelan; parece que a Absurdis también. ¿Y a usted?

Pues eso. No me da igual. Soy ciudadano romano desde 212; no he decapitado tantos reyes desde entonces para esto.

Venator, modestamente dijo...

Me parece que no han leído el post del propietario -me ha gustado la calificación mercutiana (o mercutia)-en la clave irónica que creo que tiene. Vamos, que creo que están todos de acuerdo, y que a él tampoco le da igual. Creo. Modestamente.

Mercutio, un poco disperso, dijo...

Venator, pues yo tengo la impresión de que no hay ironía; que, como muchos otros -como a todos, incluso, alguna vez nos sucede- el propietario se rinde ante las vindicaciones nacionales.

¿Quién no ha oído decir, desde hace años y con cabreo incontenible, algo como esto: 'pues si los vascos quieren la independencia, que se la den de una vez y que dejen de matar'? ¿Quién no lo ha dicho?

Pues no. Empecemos por definir 'los vascos', tanto a la hora de adjudicarles una reclamación de independencia como, sobre todo, antes de achacar a ese fantasmal genérico lo que sólo un grupo de criminales hace: matar. Y resulta que ese 'los vascos' se refiere a 'determinados vascos'.

Quiero decir que yo, que no soy vasco ni catalán, ni vivo en Euskadi ni Cataluña, puedo abandonarme al 'me da igual' y al 'con su pan se lo coman'. Pero ni es justo ni está bien. Hay vascos y catalanes acusados de no serlo 'de verdad' por no querer lo mismo que los nacionalistas de sus respectivas comunidades. Hay vascos físicamente perseguidos... ¡por 'no ser vascos', según 'los vascos'! Y eso es intolerable; exige de cada uno de nosotros, siquiera, la actitud cívica de decir lo que pensamos al respecto, ya que no que hagamos algo más útil.

Bien, pues lo que yo pienso al respecto es que cuando un grupo de personas pretende modificar el status ciudadano de otro grupo de personas, y saltándose las reglas del juego (como Atutxa y la Mesa) lo menos que puedo hacer es expresar mi discrepancia. Y aquí consta.

También es verdad que tenía ganas de discrepar (je, je). Vivimos en un país en el que hay tanta gente en la Sociedad General de Bombos Mutuos que la coincidencia ininterrumpida es, cuanto menos, sospechosa.

Y acabo, que estoy pesadito (la verdad es que pretendo colocar unos comentarios larguísimos para que el titular del asunto cambie el formato; aborrezco estas columnas). Hace poco un conocido escribió con furiosa ironía estas frases terribles que nos describen: '¿Para qué vamos a luchar por la justicia cuando podemos pagar para que nos dejen en paz? ¿Cuánto es?'

Pues no. No pago. Prefiero la justicia.

Salud.

Anónimo dijo...

Bueno Mercutio, muy bueno, te vas a ganar a pulso que en esa tal Euskadi te nombren enemigo del pueblo vasco. Pero que no te importe.

Garciamado dijo...

Estimados Absurdis, Mercutio, Venator, Anónimo:
Veo con regocijo que se ha producido una discrepancia interpretativa a propósito del último párrafo del post. La cosa me atrae tanto que voy ahora a hacer un post nuevo sobre el asunto que titulo "¿A quién le importa que se vayan los de la boina?" Os lo dedico con gusto.
Mercutio, yo encantado de que discrepemos, aunque sólo sea para eliminar sospechas de contubernio, pero no sé si en esta ocasión va a ser posible mucho rato más, pues estoy más de acuerdo con Vd. de lo que conviene a la discrepancia. O no, usted me dirá después del nuevo post. A própósito de su grito en favor del imperio de la ley, que aplaudo y comparto sin reservas, sólo me permito rogarle que repare en que no es casual el nombre que elegí para este blog, aun con su ambigüedad y sus posibles guiños: "dura lex". Ya sabe, "dura lex, sed lex". Las leyes se cumplen; y si son males se vota a otros que las cambien; y si no hay libertad para cambiar a los que mandan, a las barricadas y abajo con ellos. Pero las leyes de un Estado constitucional y democrático de Derecho hay que cumplirlas y HACER QUE SE CUMPLAN. Por eso figuras como el Sr. Fiscal General del ESTADO, me parecen no sólo patéticas (habrá visto Vd. sus discrepancias sobre la argumentación de la sentencia, que no sobre el fallo), sino disolventes y dañinas, son como termitas: a lo suyo a lo suyo, van socavando todo. Un Estado que no vela por el cumplimiento de sus leyes no es democrático; y va dejando de ser Estado; y llega en cuetión de poco tiempo a ser una casa de putos/as. Creo que también coincidiríamos bastante si nos pusiéramos a diagnosticar por cuál de esas tres fases andamos esta temporada.
Lo de propietario se lo agradezco y me hace cuidar el blog con más esmero. Tomo nota de su aversión a esta columnita y estudiaré cómo demonios se cambia este diseño. Será como hacer obras en la propiedad de uno, je.
Salud

Mercutio dijo...

Garciamado, que las obras le sean leves. NO (repito: no) crea a los pintores cuando le digan que no manchan nada.

Me llevo un trozo de su respuesta a otra parte de este mundo sólo en apariencia virtual (en realidad, detras de las pantallas me han dicho que hay gente; personas que hablan entre sí).

Y permanezco en sintonía. Salud.