25 febrero, 2011

Contra el relativismo y a favor de la indignación

Empecemos por la anécdota del día y luego ascendamos paso a paso, si podemos. Una persona muy próxima anda en una universidad buscando firmas para solicitar una política menos cicatera de promoción de profesores titulares acreditados como catedráticos. Se argumenta en el escrito que para una universidad debería ser timbre de honor y motivo de prestigio contar con muchos profesores que han recibido ese visto bueno oficial y que, por tanto, más lógico sería que recortase gastos de otras partidas inútiles y no de esa, pues el cambio de titular a catedrático supone al año unos siete mil euros por cabeza, no más.

Firman todos los compañeros a los que el escrito es presentado, pero un profesor titular les acaba de razonar así, esta misma mañana: tenéis toda la razón y está requetebién esta campaña, pero yo no voy a firmar. ¿Por qué? Porque yo no estoy acreditado todavía, aunque pronto lo solicitaré, y si para todos los que ahora tienen ese título hay plaza en este momento, a lo mejor ya no quedará ninguna cuando sea yo el acreditado que la solicite. Con un par de cojones; concretamente, cojones de burro. Sí señor.

Imbéciles que razonan con el culo los hay en cualquier parte, eso no es novedad. El cretino es especie que abunda más que los gorriones, pues se adapta a todos los ambientes. Lo particular de estos tiempos, creo, es la soltura con que se exhiben y la naturalidad con que se explican. Sin que nadie les dé un par de bofetadas o los mande para casa a cascarse lo que los monos. Sujetos de esta calaña se consideran como Demóstenes mientras hablan, aunque no tengan ni maldita idea de quién era Demóstenes, y no sienten ni complejo ni remordimiento al hacer ostentación de su falta de seso y su egoísmo visceral, todo a la vez. No, luego se miran al espejo, se ven guapísimos y les asalta de nuevo su pasión de narcisos: otra pajilla por lo guapo que soy y el tipo que tengo.

Y, miren por dónde, creo que si se mueven con una libertad y una impunidad impropia de su condición, es por culpa del relativismo. A esto hemos llegado con la dichosa matraca de que todo el mundo es bueno, de que no hay que hacer de menos a nadie, de que cada cual tiene sus valores, aunque no se le vean, y de que todos valemos lo mismo y que el que no ascienda por sabio progrese por puntos de antigüedad. ¡Mentira!

Y luego, en la universidad y antros similares, está lo de la especialización. Usted puede ser profesor del más alto nivel sin saber hacer la o con un canuto y razonando como el tonto del pueblo que usted es. Es más, en su propio pueblo alucinan, pues es la primera acémila local que triunfa en la docencia. ¿Cómo es posible? Porque a lo mejor usted es el que mejor tritura la concha de los caracoles o el que mejor pone la mierda de caballo en un tubo de ensayo o el que con mayor garbo le trasplanta a una oveja una lombriz intestinal o el que con más habilidad cuenta los hilillos que a las alas de una mosca se le aprecian en no sé cuál microscopio. Fuera, de ese detalle, no sabe nada más y hasta tiene dificultades para firmar o pronunciar su propio nombre. Quizá hasta le cuelgan los mocos o se le cae la babilla. Pero ahí tienes al sujeto, hecho un experto superespecializado, publicando en revistas internacionales e indexadísimas sobre alas de mosca o lombrices de oveja y convertido en todo un profesor e investigador, aunque no sabe escribir tres líneas sin torturar la ortografía, ni comer con la boca cerrada.

Y ay del que vaya y le diga cuatro frescas o en público ose criticarlo o simplemente preguntar si es que en el claustro han puesto cuota de tarados. ¡No! ¡Mal compañero! ¡Soberbio! ¡Creído! ¡Tú de qué vas! ¡Reaccionario! ¡Qué atentado! ¿No te das cuenta de que todos tenemos derecho a ser como somos y a ser lo mismo, tanto el borrego como el normal, tanto el decente como el más asqueroso?

Frente a la tolerancia boba y al ecumenismo de pocilga, reivindiquemos la indignación y la agresividad. Y la palabra gruesa y el gesto hostil. Porque no es verdad, no somos iguales ni tenemos el mismo valor. Faltaría más. Ya que no podemos pegarles, y bien está (asumamos, al menos como hipótesis, que bien está), describámoslos tal como son y en los únicos términos que les hacen justicia.

Mutatis mutandis, en el nivel de los estados y las culturas debe de ocurrir algo similar. El multiculturalismo y parecidos movimientos han tenido sus partes buenas, ante todo el ayudarnos a relativizar un poco las creencias nuestras, las de los occidentales, y el forzarnos a revisar con ojo crítico nuestra propia historia de dogmas irracionales y abusos sin cuento. Digo las creencias nuestras porque no me consta que a las otras culturas les haya hecho ninguna mella este empeño en remover cimientos culturales y en equiparar el derecho de cada pueblo o grupo a ser como es. De la misma manera, exactamente de la misma, que al idiota pendejo del ejemplo con el que comencé no le da ningún apuro exhibirse tosco ante el que se le dirige educado y luego se marcha, por culpa de la buena educación maldita, despidiéndose con una fórmula cortés.

No, de aquel habría que despedirse con un buen exabrupto, por lo menos, y a ciertos estados y culturas habría que darles su receta de críticas y actitudes contundentes. Pero entre los intelectuales se lleva poco la vehemencia y predomina la flojera dormilona y acomodaticia, pues nunca sabes cuándo te van a llamar de algún país para dar una conferencia sobre el derecho de autodeterminación de los pueblos caníbales, y, entre los Estados, el relativismo y el mandamiento de gran respeto a las identidades colectivas ha acabado en este supremo ejercicio de cinismo que en este momento estamos contemplando sin que se nos caiga la cara de vergüenza. La mayor, mejor y más pacífica revolución que se ha visto en muchos siglos, si es que alguna ha habido así, y andan los europeos, tan progres ellos, todos timoratos y preguntándose a cómo quedará el barril de petróleo y cuánto subirá mañana la gasolina. Nuestros estados y sus gobernantes son exactamente igual que el zoquete con el que empezamos, basura, escoria, indecencia, hez. No han salido de la fase anal del desarrollo moral.

Si usted, paciente lector –y más hoy-, fuera egipcio o libio y se estuviera jugando los garbanzos y la vida nada más que por la libertad y la dignidad -esos conceptos con los que los europeos se masturban en miles de conferencias, certámenes y escritos-, si usted se estuviera jugando el pellejo contra tiranos y sátrapas y viera, a distancia, que lo único que los estados de Europa hacen por los grandes valores que no sacan de la boca es mandar aviones para rescatar a sus nacionales y luego reunirse para ver a cómo quedará la semana que viene el kilo de lentejas, si usted viera eso, ¿no tendría un acicate mayor para ganar su revolución y luego dar un gran corte de mangas, poner el barril de petróleo en mil dólares y, de propina, contento, decirnos ahí os quedáis, relativistas de las narices, farsantes, payasos? Ceo que si yo fuera libio, me haría hasta islamista radical, nada más que para joder y hasta simulando la fe que no tendría. Y llamaría todos los días a algún hogar de España o Francia o Italia y gritaría nada más que ¡uhhhhh!, para sentir cómo a los del otro lado se les aflojan las tripas.

En el título de esta entrada se dice indignación. Otro día quiero volver sobre el tema, pero hoy me conformo con explicar que si uso estos términos gruesos es con plena deliberación, no cegado por un calentón pasajero. Las finuras de los que estrechan nuestro lenguaje para que suene siempre dulcísimo y acogedor, incluso cuando hablamos de la irracionalidad y la injusticia, no son más que truco para diluir la crítica, para facilitar la impunidad de los peores y para que tanto el achantado como el crítico parezcan lo mismo porque hablan igual. Acaba condenado el que se indigna, no el zopenco o el criminal o el que los tolera y hace nada más que juegos florales. Pues no, amigos, pues no. La libertad se construye con la palabra y la palabra debe ser contundente, firme y agresiva cuando los hechos lo merezcan. Caiga quien caiga. Y, si alguno se ofende, que venga, que venga, y hablaremos.

16 comentarios:

Delibero dijo...

Con el mayor respeto por el autor y alabando y apoyando íntegramente el contenido de esta entrada, querría simplemente comentar un desliz conceptual, seguramente motivado por una querencia a utilizar algunos de los términos propios de su especialidad.

Cuando se dice: "si uso estos términos gruesos es con plena deliberación", se da a entender que se emplean tales descalificativos tras un debate sobre sí hacerlo o no, cuando lo que parece dar a entender el autor, lo que habría de escribirse, es que tal acción la hace deliberadamente, o de forma plenamente deliberada.

un amigo dijo...

Propondría una primera distinción, a saber, entre relativismo relativo y relativismo absoluto.

El absoluto resulta aniquilador - precipitamos en el abismo de la irrelevancia.

El relativo me parece un instrumento imprescindible para no agarrarnos a hostia limpia a partir de la más nimia diferencia.

Salud,

Antón Lagunilla dijo...

¿Donde están aquellos paladines del "No a la guerra", mientras el régimen dictatorial de Gadafi asesina a sus ciudadanos? ¿Hasta cuando una masacre de gente desarmada va a seguir siendo una cuestión interna? ¿Para cuando una intervención militar internacional que ayude al pueblo libio a enterrar (que no desterrar) a sus tiranos?. ¿Para qué sirve el Tribunal Internacional de La Haya? Los tan cacareados valores europeos de libertad y democracia: maldita palabreria hueca.
Saludos.

Garciamado dijo...

Está bien, me apunto a las distinciones. Es buena esa entre relativismo absoluto y relativismo relativo. El margen de relativismo que hay que defender es el que sirve para oponerse a los absolutismos. Pero hemos caído en una absolutización del relativismo y eso en clave teórica es autocontradictorio y en clave práctica y popular sirve para la trivialización que pretendía criticare en la entrada: el todo el mundo es bueno y el no levantemos la voz nunca ni por nada, ya que todos somos iguales, pensemos y hagamos lo que pensemos o hagamos, porque todo es relativo. Aunque este relativismo de patán también acaba en la inconsecuencia, porque entonces habría que preguntarse por qué la tomamos con los varones machistas, por ejemplo.
Es el sentido crítico lo que ha desaparecido. Lo han reemplazado tópicos bobalicones: los únicos malos son los maltratadores domésticos, Bush y Aznar, todavía. El hijoputa del quinto o de la ofi no, el concejal ladrón de nuestro partido no, y Gadafi tampoco. Al menos mientras los nuestros no nos den para ese caso la consigna y la pancarta para la manifa.
¡Putos pijos superficiales!

un amigo dijo...

Yo también estoy a favor de la indignación, que conste.

Como por ejemplo, la del sr. Lagunilla, quien tiene toda la razón al señalar el incomprensible silencio social y político ante la tragedia libia. La UE y los 'líderes' de sus estados -con la excepción de Sarkozy, y con un cierto retraso Merkel- están mostrando su poca talla.

Sueño con ver al Gadafi sentado en el banquillo de La Haya. Y en no dejar que el asiento se enfríe - hay unos cuantos presidentes y ex-presidentes que sentarle detrás, aplicando el noble principio de considerar como crimen la 'masacre de gente desarmada'. Unos por ir a buscarlas y otros por quedarse perpetrándolas.

Volviendo al relativismo - su especie absoluta no es que extirpe sólo el sentido crítico, sino que hace lo propio con todos los sentidos. Cuando se cree que da lo mismo echar antes el tomate que la cebolla, ya podemos imaginar qué bueno va a salir el sofrito.

Salud,

Anónimo dijo...

traduciendo que no quieres que nombren muchos catedráticos por eso te devalúa. Y que cómo vas a ser élite si cualquier puede serlo...ufff..anda ya..si todo el mundo sabe el mamoneo de los catedráticos.Un día me dijeron..Todos pasan por ...una amiga mía del pueblo ¿por la piedra? qué?...bueno. pasan..Puro mamoneo. ¿prestigio? sí, saber esperar. supongo. Cuando tengas un ratito nos cuentas como te hiciste catedrático para así filosofar sobre lo divino y humano con esa superioridad que te caracteriza.Es que hoy estoy inspirada, pero me entretienes cuando me da por leerte.

Jacobo Dopico dijo...

¡Claro que sí! ¡Alcemos nuestra voz!
¡OTRO RELATIVISMO ES POSIBLE!

Anónimo dijo...

Solo un comentario: Gadaffi no está bombardeando civiles inocentes...si eso fueran no haría falta gastar bombas con ellos. Hablando más claro y siendo más objetivos, aunque menos interesados y por supuesto políticamente incorrectos, lo que hacen esos señores, ciudadanos todos, es usar la fuerza para derrocar al tirano que emplea otra fuerza, o la misma, también para evitarlo. En un claro, a mi entender, ejemplo de la calaña que se gastan en ambas esquinas de ese cuadrilátero llamado Libia.
Ahora me dirán que la fuerza es el único recurso que les queda a esas pobres gentes...bueno, a esos pobres niños, pobres mujeres, pobres ancianos, pobres, solo les queda esperar salir vivos. Al resto, a los interesados en el rico poder y en el los míos bolsillos llenar, también conocidos como las pobres gentes explotadas por el maníaco homicida, les queda la financiación internacional y el buen pago en contraprestación.
Tomen la pastillita, tómenla y cambien de canal porque está todo muy mal...
Por cierto, el artículo, como siempre, a la altura. Todos somos iguales, aunque unos más que otros, jejeje...

un amigo dijo...

Huy, si nos ponemos a hablar de inocencia en sentido amplio, en Libia o mucho más cerquita. Lo que puede salir del oscuro armario...

Invito sólo a formularnos una única pregunta, solitos ante el espejo: ¿somos corresponsables del estado actual de las cosas?

Sí, sí, mejor sigamos disfrutando de un tranquilo domingo bienpensante.

Salud,

Antón Lagunilla dijo...

Decir, a estas alturas, que el régimen dictatorial de Gadaffi no está masacrando civiles inocentes, o es mala fe, o es estulticia. La revuelta comenzó con manifestaciones pacíficas, que fueron brutalmente reprimidas, represión que ha causado miles de muertos civiles entre los manifestantes. Que a partir de ahí, la oposición comenzara también a utilizar las (pocas) armas a su alcance, o las que pudo obtener (así como las de las unidades militares que se negaron a continuar la represión, pasándose al lado de la protesta), no solo resulta lógico, sino necesario. Pero poner en el mismo plano a quien ataca y a quien se defiende resulta miserable. Y más aún afirmar que lo único que pretenden los que encabezan la revuelta es llenarse los bolsillos y lucrarse de la financiación internacional.

En cuanto a la corresponsabilidad, estimado Un amigo, es una importante pregunta, siempre que no se utilice como estratagema para no hacer nada, o para justificar el actual estado de cosas (lo que, estoy seguro, no es su caso). En mi opinión: somos responsables de este estado de cosas cuando: a) lo justificamos, b) lo ignoramos, c) lo consideramos natural y lógico y, por tanto, imposible de cambiar, o d) sacamos provecho de él. Al margen de todo ello, considero que esa mala conciencia difusa de que todos somos culpables de los abusos de los poderosos, por el mero hecho de vivir en el mundo occidental (o en un país rico, o comiendo caliente todos los días, si le parece mejor la expresión) es una actitud tan alienante y paralizante como la de mirarse continuamente el ombligo sin ver más allá, en una curiosa mezcla de imbecilidad y narcisismo.
Saludos.

Jacobo Dopico dijo...

Yo quiero alzar mi voz para APOYAR SIN AMBAGES EL RELATIVISMO.

Sin embargo, mi propio talante relativista me lo impide, por lo que simplemente me quedaré agazapado para cuestionar lo que ustedes vayan diciendo, como si supiese mucho más de lo que muestro.

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¡OTRO RELATIVISMO ES POSIBLE!
(Probablemente)
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AnteTodoMuchoMuammar dijo...

Ah, me encanta, la equiparación que se pretende hacer entre una posible intervención bélica en Libia para impedir los crímenes contra la humanidad (algo que sólo el pensamiento soberanista más conservador rechaza hoy en día)... de la invasión de Irak como supuesta respuesta... ¡al 11-S!

Hombre, yo no niego que los españoles tengamos pinta de gilipollas (y no tengo nada en contra de los gilipollas: algunos de mis amigos y familiares lo son). Pero de verdad: por muy gilipollas que parezcamos, no somos TAN gilipollas como para tragar semejante memez. Intenten con niño de menos de siete años moderadamente ebrio: probablemente ahí pueda colar.

El ius cogens internacional poco a poco avanza hacia un imperativo internacional de intervención para lograr el cese de crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad. Por ejemplo, y volviendo a Irak: el enternecedor salvamento internacional de la dictadura kuwaití ante el crimen de agresión de la dictadura iraquí en 1992 aún tenía su explicación (cínica, eso sí, pero conforme a la legalidad internacional). También lo hubiera tenido una intervención en el Irak de Sadam Husseín (¿y en Turquía?) para detener el genocidio kurdo. Pero lo del 11-S no, hombre. ¿Qué genocidio estaba en marcha? ¿Una dictadura? ¿Como la de varios de los países del entorno, que colaboraron con EEUU en el ataque a Irak?

Querido Lagunilla, deje de leer esos panfletillos, que le van a salir pelos en las manos y se va a quedar ciego. La reescritura del pasado es labor de oscuros funcionarios del Ministerio de la Verdad, no de luminosos blogueros como nosotros ;-)

Por cierto: mejor que "Tribunal de La Haya" diga "Corte Penal Internacional". Es que la denominación "Tribunal de La Haya" es ambigua, y si no yerro, está hablando usted de enjuiciar la responsabilidad penal de personas que han cometido gravísimos crimenes. Y es que ahora que sí les interesa invocar la Corte Penal Internacional, estaría bien que quedase claro que es algo bueno y no un invento de antiamericanos malísimos y progres trasnochados...

Anónimo dijo...

Espacio reservado in memoriam de un pobre comentario que ya no será más.
Descanse en paz junto a tantos conceptos, ideas, principios y valores que ahora serán más humo, como él.
Su amada libertad y la trascendiente dignidad de su recuerdo no le olvidan.
Lamento el estilo del señor catedrático, de Derecho...en fin, no quería molestar...un abrazo.

Agustín dijo...

No entiendo muy bien eso del “cambio de titular a catedrático” (sic). Si mal no recuerdo, no se trata de un sistema automático de progresión hacia el estrellato pues para obtener plaza de catedrático se requiere atravesar un concurso entre acreditados. ¿No contempla usted ni siquiera como hipótesis la posibilidad de que obtenga la plaza un acreditado procedente de otro sitio, ansioso por trabajar en su insigne Universidad? En ese caso, me temo, el coste no sería de siete mil euros anuales, sino muy superior (el sueldo del titular de la casa más el del nuevo catedrático).
Ya, ya sé que estoy haciendo ciencia-ficción y que me habré caído de algún guindo. Pero lo que me extraña es que precisamente eso no le produzca la indignación que nos muestra por otras nobles causas.
Un saludo

Garciamado dijo...

Estimado don Agustín, entienda que no puedo indigmarme con todo a la vez y en la misma entrada. Si sigue con alguna frecuencia este blog ya sabrá bien lo que pienso de todas estas trampas, incluida esa a la que usted alude: cada universidad ha establecido un sistema para que en sus concursos internos no acceda nadie que venga de otro lado. Sobre eso no podemos hacernos los inocentes a estas alturas. ¿Cómo podríamos juzgarlo? Como manifiestamente impresentable. Es arma de doble filo, pues cuando en una universidad como la mía no se da oportunidad a los acreditados, eso significa que no la tienen en ningún lado, pues las que la dan a lo suyos solo la dan a los suyos.
El sistema es irracional y absurdo de los pies a la cabeza. Tal cual.
Salud.

Antón Lagunilla dijo...

Estimado ATMC:
Tiene usted razón, quise decir Corte Penal Internacional.

En cuanto a lo de los panfletillos asesinos (que digo asesinos: cabrones e hijos de puta lavacerebros), ya sé que soy algo torpe y lento de ideas, y que no me expreso muy bien, pero le aseguro que mi no comprender su crítica sutil.
Saludos