04 julio, 2013

El país que somos y que tenemos



                Una de las razones por las que dentro de unos años pensaremos que hemos salido de la crisis y que qué contentos, pero seguiremos siendo un país cutre y abocado a vivir de otros o a engañar a los que podamos será porque perdemos oportunidad tras oportunidad para regenerarnos y convertirnos en algo digno.

                Salvando todas las distancias que haya que salvar, creo que en las últimas décadas ha habido dos principales ocasiones desaprovechadas. Una fue con la llegada del PSOE al gobierno, en 1982. Entonces una parte del país estaba resignada a que a esto se le diera la vuelta completamente, desde las instituciones hasta los más tradicionales usos y modos. En lo profundo se fracasó, debido a que las estructuras caciquiles y los grupos de siempre dominantes supieron enseguida hacerse con las riendas de la situación, favorecidos también por una organización constitucional del Estado que, en el 78, no tuvo en cuenta que al viejo caciquismo le bastaría cambiar unos pocos conceptos y varios eslóganes para que el clientelismo y todas y cada una de las corruptelas se perpetuaran al más viejo estilo. Y debido también a que los líderes de aquel partido que se decía socialista ni tuvieron la fuerza moral para resistir los cantos de sirena de la riqueza fácil ni la entereza para parar a tiempo la podredumbre en sus filas.

                El segundo gran fracaso para la regeneración institucional y moral de España está ocurriendo ahora mismo, con esta mayoría absoluta que una sociedad acostumbrada a delegar los trabajos y las responsabilidades ha puesto en manos de Rajoy y el PP con ocasión de una crisis económica feroz que es culminación de una moral social en decadencia. En verdad no era seriamente esperable para cualquier observador no obnubilado que este partido, que es un puro nido de sinvergonzones redomados, emprendiera ninguna reforma seria y bienintencionada, pero sobre el papel ese poder lo tuvo, y la sociedad estaba mentalizada para afrontar unas cuantas transformaciones importantes. Nada relevante está cambiando ni va a cambiar tampoco ahora, más allá de que la política de recortes y de esquilmado de las clases medias-bajas termine o no en un alivio de la situación económica general.

                Sea como fuere, me parece que lo que nos suele fallar, politólogos incluidos, es el diagnóstico de cómo somos y qué tenemos. Y mientras no haya un veredicto tan objetivo como inclemente no estaremos en situación ni de explicarnos nuestros males ni de administrarnos terapias que no sean estos placebos con los que ahora se nos trata. Continuamos con un exceso de autoindulgencia, entre el maniqueísmo de unos y la ley del embudo de otros, buscando terceros a los que echarles las culpas, pretendidos enemigos que unas veces son enemigos de clase, otras extranjeros, otras los del pueblo de al lado.

                Estaré equivocado, pero creo que en la España de nuestros días son incontestables las siguientes características, cuya síntesis provoca esta catástrofe que es a la vez moral, política, jurídica y económica.

                1) Estamos en manos de unas élites descaradamente extractivas, de un conjunto de gobernantes políticos e institucionales, a todos los niveles y en cualesquiera escalas, cuyo designio crucial es el propio y máximo beneficio, la obtención de las mayores ventajas económicas y sociales para sí mismos y sus círculos, sea por vía legal o ilegal, valiéndose de los recovecos de las leyes o vulnerándolas sin reparo.

                Naturalmente que en todo hay excepciones y que estoy generalizando, pero creo que no hay injusticia al describirlo así: una parte grande, la mayoría incluso, de los que, aquí y ahora, desde parlamentos, gobiernos, consejerías, alcaldías, diputaciones etc., se dedican a la política son corruptos sin paliativos o están en lista de espera para forrarse a golpe de comisiones ilegales, enchufar a los suyos, autogestionarse pensiones y compensaciones de lujo, etc. En síntesis, nos hallamos en manos de ladrones y desaprensivos, y los que no lo sean y militen en los partidos dominantes verán constantemente bloqueado su ascenso político, y si pertenecen a partidos pequeños probablemente van a quedarse para siempre en la irrelevancia y la protesta nada más que testimonial.

                2) Entre las élites políticas, por un lado, y éstas y los grupos económicamente dominantes, por otro, hay un auténtico concierto para delinquir. Es obvio que el PP y el PSOE, y no sólo, son grupos total y absolutamente corroídos por el delito y los más ilícitos manejos. Los llamados casos Bárcenas y ERE no son sino más que la cima de una enorme montaña, las partes más espectaculares y visibles de todo un aparato putrefacto. Quien los vote, antes y ahora, vota corrupción y vota por algo más sólido y denso que este o aquel partido: el sistema mismo de la suciedad, los fundamentos del latrocinio nacional. Hasta tal punto hay una identidad, una identificación y un tácito apoyo mutuo entre los dos partidos  a la hora de maximizar el beneficio de sus cuadros y protegidos, que practican una muy eficaz simetría en sus quejas e imputaciones. Cuando, con apenas un par de semanas de diferencia y frente a la judicatura que los pone en la picota, tanto dirigentes del PP como del PSOE declaran que los jueces están planteando una causa general contra el respectivo partido, tratan de achicar el campo de juego y de mostrar que no caben argumentos fuera de ese terreno de sus idénticos argumentos. Entrar a ese planteamiento argumentativo de los partidos y darles el menor crédito es consumar la irremisibilidad de nuestro cruel destino como país que no puede conocer la política honrada.

                Por supuesto, las grandes empresas, y en particular los bancos, tienen cogidos a los partidos por salva sea la parte y jamás de los jamases de esos partidos dominantes va a salir una reforma que acorte privilegios o permita castigar tamaña criminalidad de cuello blanco. Son muchos millones de euros de créditos condonados, hay una continuo ir y venir entre los consejos de administración y los gobiernos, sabe el político venal que su retiro de oro en una gran empresa se gestiona vendiéndole favores primero. A los políticos más indecentes se les compra con dinero y a los más idiotas se les seduce con unos lujos y unas palmadas. Pero poquísimos resisten la llamada del Rolex y el comedor privado con el presidente de un banco, a media luz los dos.

                3) Parte esencial de esa conversión de los grandes partidos en escuelas de delito económico ha sido el veto o la expulsión de cuantos dirigentes o militantes presentaran el más mínimo rastro de solvencia intelectual o de decencia moral. No cabe, pues, sorprenderse de que los más de los presidentes, ministros, consejeros autonómicos y tutti quanti sean del tipo Magdalena Álvarez o Ana Mato, por mencionar dos nombres de señoras que podrían ir acompañados de cientos de nombres de señores, pero con el agravante de que al buscar para puestos tan relevantes a mujeres tan brutas como poco ejemplares, se socava también la seriedad al exigir la paridad en el poder entre los sexos. Se está consiguiendo la paridad: casi tantas acémilas como lerdos y tandas corruptas como trincones.

                4) Un objetivo básico de semejante camada de desaprensivos y mafiosos es la ocupación plena y el manejo absoluto de las instituciones básicas del Estado, muy en particular las que puedan ejercer algún control sobre los desmanes y ponerles límite o sanción. En este momento la batalla decisiva y final se libra por el poder judicial. El Tribunal Constitucional se ha ido perdiendo paso a paso para la causa seria de la Constitución y del Estado y a día de hoy ya no sería gran perjuicio que desapareciera. El control de constitucionalidad es necesario y la protección de los derechos fundamentales por un órgano así es de elevada importancia, pero mejor es que tales mecanismos no existan, que no lo que vamos camino de ver para siempre: la descarada instrumentalización del Tribunal Constitucional para los fines más espurios de los partidos más desleales con la Constitución y con su base moral.

                Aunque está controlado por la misma mecánica perversa el Consejo General del Poder Judicial, les faltan los jueces, esos jueces de a pie que instruyen e imputan. Esa es la suprema lucha ahora mismo, tales jueces y magistrados constituyen la última esperanza para que este Estado no sea plenamente, de hecho y de Derecho, un Estado delictivo en manos de pícaros sin tasa. Se va a perder esa batalla casi con toda seguridad, o quedarán en nada los esfuerzos de la judicatura, porque anularán sentencias en las altas instancias que ya están totalmente controladas, con el TC como supremo exponente de la infamia que se avecina y el círculo que se cierra. Y si no, para eso están los indultos. Se acerca una derrota definitiva de los jueces honestos, pero hay que dar esa pelea, aunque sea por pedagogía y para que los ciudadanos de bien no se vean irremisiblemente solos en esta fase terminal.

                Fuera de (una parte de) la judicatura ya no queda casi nada limpio y moralmente no averiado, salvados unos pocos individuos que se van agostando o a los que se prejubila o se traslada o se acosa. Pero no podíamos esperar una imagen tan perfecta de la situación que hay como la que nos ha dado la Corona. Supino engaño consentido, hasta hace poco, por gobiernos y medios de comunicación, la prepotencia, la soberbia y la avaricia del Rey y de la Casa Real toda han roto el cántaro y han puesto a cacarear a su gallina de los huevos de oro. Resultó que el querido monarca campechano era experto en el tráfico de influencias para beneficio propio y de los que a él lo tapaban, maravilloso feedback entre amigos de lo ajeno con distinta ubicación institucional y empresarial, retorno a un feudalismo, pero ahora sonriente y populista, cruda realidad de una Corte que parecía de cobistas, marquesonas y algún catedrático despendolado y que acabó siendo la cueva de Alí Babá, contubernio de expertos en las más sofisticadas variantes del delito económico y traidores a cuantas causas políticas e ideológicas retóricamente proclaman, cruzando los dedos, a modo de somnífero para el público más crédulo. La síntesis de lo hereditario y el arribismo engendra este tipo de monstruos, jefaturas del Estado que se mueven en la alegalidad, en una especie de anomia de sangre azul, y élites políticas que otorgan al Jefe del Estado impunidad y secreto a cambio de unas llamaditas al jeque o al jefe o presidente de tal compañía que les asegure el negocio del mañana o el voto para ir a parar a un organismo internacional tan inútil como bien pagado.

                5) El Derecho se está disolviendo en este Estado que gusta de funcionar por fuera de las leyes. Esa disolución de lo jurídico y de su función no supone la disminución de la actividad legislativa, sino su incremento, pero como legislación simbólica, como normatividad propagandística y donde todo propósito de regir con verdad conductas básicas o de sancionar comportamientos dañinos es sustituido por ínfulas didácticas. La parte de la legislación actual que más se piensa y en la que los parlamentos echan el resto son las exposiciones de motivos o esos primeros artículos en los que, con maña de fariseos, se invocan principios y se finge amor a todas las éticas que se van a violar en las disposiciones adicionales y transitorias.

                La mejor prueba de cómo el Derecho se está volviendo irrelevante, a fin de que las relaciones que a las élites importan se rijan por otro tipo de parámetros, es el frívolo entremezclamiento de lo formal y lo sustantivo. Los mismos a los que se les llena la boca al traer a colación todo tipo de principios de raigambre moral se tornan legalistas estrictos cuando de echar mano de presunciones legales o plazos o caducidades o prescripciones se trata, quienes repiten que la justicia es máximo faro que ha de guiar la labor judicial, no reparan en gastos al insistir en que una absolución por razones formales vale como prueba sustantiva de inocencia. El discurso político se ha juridificado por completo y por esa vía el Derecho se politiza, pues de lo jurídico nada queda al margen de ese uso político de sus normas y categorías. Al licuar la ley mediante una evanescente retórica con moralina barata, al acosar a los jueces para hacerlos dóciles, al someter al pimpampún de las críticas contradictorias las sentencias que al sistema de apropiación mafiosa menos le convienen, al manipular el sistema judicial para que cuente más la persona del juez que la calidad de sus resoluciones, el Derecho se presenta ante la sociedad como herramienta totalmente inadecuada para gestionar conflictos y reprimir atentados graves contra los derechos básicos de los ciudadanos y el interés general. Hay que buscarse la vida por otras vías y con otros medios.

                6) Nos falta el ingrediente esencial de este cóctel explosivo: una sociedad que, en lo moral, vive instalada en la zona gris, en una semianomia que no es anomia del todo porque las normas que a cada uno favorecen sí son seriamente tomadas en cuenta, pero jamás las otras. Esos gobernantes corruptos y esos dirigentes económicos que cultivan los trucos y las maneras de la más enfebrecida delincuencia económica no son mirados por la mayoría social con distancia e incomprensión, sino con una perversa mezcla de admiración y envidia. Nadie les negará el saludo, ninguno se apartará a su paso, no habrá quien de ellos rehúse una invitación para un almuerzo o un café, bien al contrario. Ese bloqueo de las conciencias y el infantilismo de los que anteponen su interés más pedestre a todo respeto a las pautas sociales van ligados a un maniqueísmo o tribalismo que nos hace pensar que los criminales nuestros son, con todo, mejores que los honestos del otro lado, sea el otro lado el territorio de otro ayuntamiento o de otra comunidad autónoma o sea el partido rival de aquel con el que simpatizamos. Un país en el que por sistema los sinvergüenzas más comprobados y los más indudables delincuentes económicos no pierden voto y apoyo popular, sino que los ganan en cada nueva convocatoria electoral, es un país moralmente enfermo y que no sólo no tiene apego cierto a las normas constitucionales y al tipo de ética que las fundamenta, sino que más bien abomina de las normas y las formas propias y definitorias de la Ilustración y del Estado de Derecho. No habrá de extrañar, en consecuencia, que entre nosotros crezcan los parásitos y los aprovechados, igual que en los pedregales medran las zarzas.

10 comentarios:

Juan Carlos Sapena dijo...

Pues que Amén.

LARRA dijo...

Magistral artículo, Sr. García Amado.

La prensa extranjera habla de una " España podrida por la corrupción y de una economía destruida ". De todas las instituciones del Estado, tocadas . Se están dando los aspectos más anómicos y extremos de la cultura postmoderna en contubernio con el individualismo español del sálvase quien pueda ( poco que ver con el respeto escrupuloso por las libertades individuales, compatible con la fiscalización correcta y eficiente de las instituciones colectivas ) y el tradicional tribalismo clientelar de estirpe más o más celtibérica milenaria. Los tópicos todos de la picaresca afloran de nuevo remozados e incontestables, ante un pueblo o " populacho " desesperado, pero presa de nuevas dictaduras silenciosas en marcha, censuras y autocensuras, la desviación de su descontento por el consumismo imperante, la ignorancia que ridiculiza todo lo que no entiende, el clima de impotencia, resignación y nuevos consuelos adictivos, que ofrece toda la maquinaria denunciada por la escuela de Marcuse y tal : lo fácilmente ridiculizable que es un
Jeremías profesional ( similar a un amargado ), aún dotado
de poderosos arsenales argumentales
y dialécticos, etc
Ojo, con la laminación de las clases medias más humildes, y el aumento de la pobreza, la ignorancia y la intemperie,...

Larra II dijo...

Magistral,Sr.García Amado.








Magistral artículo, García Amado.


Los esfuerzos idealistas por transformar la situación política, son fácilmente desviados,
ridiculizados,neutralizados o acallados. Se ha instaurado una cultura postmoderna en sus peores y más autistas aspectos, unida sin duda a los extremismos individualistas españoles del sálvase quien pueda y una nueva cultura anómica brutal ( poco que ver con el respeto cívico y pluralista secular a las libertades individuales de otras latitudes, compatible con el correcto funcionamiento fiscalizado de las instituciones colectivas ) y de tribalismo clientelar más o menos celtibérico milenario. La prensa extranjera habla de " una España podrida por la corrupción y de una economía destruida " y la verdad es que los tópicos todos de la picaresca afloran de nuevo incontestables. La gente, en realidad, está desesperada, pero hay nuevos consuelos, evasiones instanteístas consumistas y adictivas esclavizantes, resignaciones, censuras y dictaduras silenciosas en marcha.
El que se queja, incluso con poderosos arsenales argumentales y dialécticos, da simplemente la impresión de ser un desgraciado Jeremías amargado, predicando en el desierto.
Aumenta la pobreza,la marginación, el empobrecimiento de las normalitas clases medias; se recorta a las clases funcionariales y medias y humildes o bajas, hay una burla de los principios democráticos, quedándonos escandalosamente en la politiquería de votar a las maquinarias de los partidos-estado sólo cada cuatro años.
En España, no dimite ni abdica ni Dios. Somos un modelo chulesco, aferrado a poltronas, poco participativo, con nuevos miedos derivados de la impacable situación laboral y económica y de la ignorancia de cómo articular discursos alternativos, que no antagónicos por antagónicos, ante los gravísimos problemas de España.
Se roza el esperpento diario más descarnado, frívolo y terrible, por las consecuencias de mal ejemplo y
mal gobierno para "el populacho ".













Sr. IA dijo...

Largo pero bueno. Insisto en el último párrafo... Que nos encontremos en tan triste situación, dominados por chorizos es puro reflejo de la calidad cívica de nuestra sociedad. Y en menor o mayor grado es algo cosustancial a las democracias. En el caso de España puede usted generalizar sin miedo: el que no trinca, consiente y calla. Debería actuar, pero no lo hace, ergo, chorizo igual.

Chirimbolo dijo...

Un ejemplo de a qué se dedican nuestros representantes electos:

http://www.lavozdegalicia.es/noticia/galicia/2013/07/03/faltar-respeto-publico-conciertos-sera-infraccion-grave/0003_201307G3P7991.htm

No es sólo que se dediquen a arramblar con los recursos públicos y extraer(nos) las riquezas, sino que además, como eso en sí mismo resulta bastante aburrido, pierden el tiempo con ordenanzas y leyes autonómicas absurdas.

Nada, nada, a emigrar...

pitxiri dijo...

Dado que soy valenciano y vivo en Valencia, no puedo más que compartir el análisis del profesor García Amado. Sólo echo en falta una mayor atención al pulso moral de una mayoría de la población (a la que se alude en el punto 6), o más bien, para nuestro mal, a la ausencia del mismo. Creo que si el problema fuera exclusivamente la corrupción de las elites, la situación no sería tan grave. Por el contrario, estoy convencido de que el nervio moral de los ciudadanos, el sentido cívico, o como queramos llamarlo, están tan desaparecidos como la honradez de los gobernantes. Si es por una consecuencia perversa de nuestra historia reciente y no tan reciente, con una dictadura que condenó a tres generaciones a una perpetua minoría de edad cívica y política, y una economía que sólo ha logrado funcionar a base de corrupción, especulación inmobiliaria y despilfarro del capital ecológico y cultural, es algo que desconozco. Lo que sí sé es que vivir en España se ha convertido en algo asfixiante precisamente por la naturalidad con la que se vive tal carencia.

Rafael Jiménez dijo...

Su escrito me parece una perfecta radiografía de la situación de España.

Anónimo dijo...

CHAPEAU!

Anónimo dijo...

les recomiendo la web "Un espia en el congreso" porque pone en noticias de dia a dia lo que Garcia Amado expone en ideas. La practica y la teoria, vamos.

Perplejo dijo...

Lo ha repetido uno infinidad de veces; pero no viene mal volver a repetirlo. Con esto se resume todo:

"Un país en el que por sistema los sinvergüenzas más comprobados y los más indudables delincuentes económicos no pierden voto y apoyo popular, sino que los ganan en cada nueva convocatoria electoral, es un país moralmente enfermo y que no sólo no tiene apego cierto a las normas constitucionales y al tipo de ética que las fundamenta, sino que más bien abomina de las normas y las formas propias y definitorias de la Ilustración y del Estado de Derecho."

Subrayo y generalizo:

1) Si estamos "dominados por chorizos", como afirma el señor lA, es porque los "dominados" nos aprovechamos o esperamos aprovecharnos de los privilegios de esos "dominadores". El clientelismo de toda la vida.

2) En España existe un resentimiento casi consustancial contra el "excelente". Somos pillos que asistimos con regocijo al esquilme de los grupos social y económicamente productivos. Sentimos simpatía por el ignorante extrovertido, vociferante y pícaro ("Cómo se lo monta el tío...". Las personas cultas nos resultan cursis y estiradas ("Qué se creerá ese..."); a las educadas y prudentes las vemos como buenazos e inocentones ("tontos") del que fácilmente podremos aprovecharnos. Esas clases productivas acaban huyendo, si pueden (véase la emigración actual de "cerebros").

3) Pensar que la "ciudadanía" va a forzar a los partidos a cambiar el sistema es una quimera. Partidos y masas se sienten solidarios en su espíritu extractivo. Los españoles de "arriba" y de "abajo" responden a una dinámica común: todos se sienten en deuda consigo mismos y no dudarán en saldar esa deuda con el bolsillo ajeno.

4) ¿Solución? Profunda, ninguna. Las elites productivas constituyen un grupo pequeño, desmoralizado y menguante, sin poder para reconducir la situación. Las recaídas económicas crónicas provocarán pequeños ajustes para mantener el negocio en pie. Parches. Acaso, la confluencia con Europa y la competencia con los países emergentes nos obliguen a ponernos en manos, parcialmente, de los grupos productivos y solventes. Pero pensar que España se va a regir generalizadamente por principios meritocráticos es sueño, fantaseo y delirio.

"Sucede, sin embargo, que es verano".

Saludos cordiales.