13 septiembre, 2015

Poemilla dominguero



De dónde son los muertos
con los que hablas esta tarde, madre,
por qué los trajo el viento, a qué vinieron.
Me cuentas que llegaron de todos los rincones,
del pueblo de mi padre,
de la aldea del valle donde os conocisteis,
de la loma más alta, donde comienza el río.
Que hasta de la ciudad subieron dos
que trabajaban antes en los trenes.
Y toda esa gente, madre, por qué acude.
Porque estáis celebrando, me contestas,
el día en que mi padre y tú os encontrasteis,
un domingo de agosto en Pinzales.
Son los mismos que estaban en el baile,
los mismos que danzaban
y bebían, con los que hablasteis
y os vieron salir y despediros.
Qué quieren de ti, madre, qué te cuentan.
Que ellos también aguardan a mi padre,
que mi padre ha dicho que vendría
y por eso has sacado del armario
el vestido de flores que ya no te ponías
y te has hecho ese moño
y te llenan las ganas de reír.
Que cuando él aparezca, y ya tarda,
volverá a ser entonces y estaréis allí
y no habrá más horas ni más muerte,
nada que recordar, un perpetuo presente.