11 mayo, 2008

Mensaje recibido

¿No decíamos ayer que cómo se está poniendo el correo electrónico? Pues miren qué mensaje me encuentro hoy: supuestamente, unos cristianos de Abidjan me invitan, a gastos pagos, ¡a ser corista cristiana! Diablos, qué ilusión más grandísima. No dicen si tendré que llevar mi propio liguero o si lo ponen ellos. Podrían invitarlo a uno a hablar sobre derechos humanos y globalización, o sobre nuevos retos de la enseñanza universitaria, que viene a ser lo mismo que lo de hacer de corista; pero no, éstos llaman a las cosas por su nombre, seguramente por su condición religiosa.
Ya sé, ya sé que es todo broma y un intento de estafa. ¿Pero por qué se me parece tanto a otros mensajes reales?
Este es el mensaje:
ABIDJAN LE 10/05/08

CLUB SDCC D’ABIDJAN

01 bp 1289ABIDJAN 01 TEL / 0022566 624 972
FAX/ 00225 23466564 /

BONSOIR MR / MME
Pour l'ouverturede notre centre de chretien , baptisé CHRETIEN DE CHRIST , nous aimerions vous faire participez à cette évènement.
Après des recherches sur internet , nous avions pu voir votre adresse et preferez vous faire cette demande qui serait d'un grand intérèt pour notre centre .
En effet plusieurs invités seront à cette céremonie et nous sommes à la recherche de choristes chrétiens qui pourraient animer cette manifestation dans le but de varier les cultures et d'echanger comme des enfants de christ un mème language.
les frais de vos prestations et vos billets seront à la charge du centre .
les dates sont :
le 11 et 12 juin 2008 .
s'il vous plait nous attendions une réponse rapide de vous afin de pouvoir entamer les premières démarches .

évangeliste claude .

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BUENAS NOCHES SR./SRA.

BUENAS NOCHES el SR./
la SRA. Pour el ouvertu nuestro centro de chretien, bautizado CHRETIEN de CRISTO, nos quisiera hacerles participamos en este acontecimiento. Después de investigaciones en Internet, habíamos podido ver su dirección y preferez presentarles esta demanda que sería de un gran intérèt para nuestro centro. En efecto varias huéspedes serán de del céremonie y estamos en busca de coristas cristianas que podrían animar esta manifestación con el fin de variar las culturas y de intercambiar como niños de Cristo los m language. gastos de sus prestaciones y sus billetes estarán a cargo del centro. las fechas son: el 11 y 12 de junio de 2008. si él plait les esperemos una respuesta rápida ustedes af poder iniciar las primeras gestiones.
e . conquet

cordialement

CLUB SDCC D’ABIDJAN
01 BP1289 ABIDJAN 01 /TAL / 00225 66 624 972
FAX/ 00225 23466564

10 mayo, 2008

Real realismo mágico

Los aficionados a las buenas historias y a la literatura de aventuras y quienes piensen que ya todo es trivial y previsible, que pinchen aquí y no se pierdan esta noticia que aparece hoy en el periódico colombiano El Tiempo. Y que reflexionen sobre lo turulata que se ha puesto la revolución. Quedaría rebuscado y excesivo en una novela, y, sin embargo...
También esto otro que cuenta El País parece de cine. Pero lo cuenta El País...

Impacientes electrónicos

Sigamos con el fin de semana intimista y vamos a perder unos pocos amigos más. Hoy tocan los plastas del correo electrónico. A ver, a ver, aclaremos bien las cosas desde el principio, que quedarse sin algunos interlocutores es una cosa y perderlos a todos, otra bien distinta. Pues no todos son del mismo palo.
Me tengo por entusiasta del correo electrónico y uno más de los que viven con el síndrome de consultarlo cada diez minutos. Cuando en la pantalla veo el aviso de que ha llegado mensaje nuevo ensalivo como el perro de Pavlov y me excito como pijo-progre ante Zapatero y sus girls. Luego, como es bien sabido, la cosa se queda en conato, la revolución en florero de todas a cien y lo que se nos ofrece es un alargamiento de penes de pena o los vídeos completos de Corrupción en Coslada y Tiresias de alcalde uno y trino.
A veces llegan cartas con sabor a gloria, llenas de esperanza, cantaba Julio Iglesias, antes de la laicidad con pompones que nos trae Tere. Perdón por la cita, pero es que estoy entrenándome para lo de Bolonia. Ahora, a veces llegan mensajes de correo electrónico que no están nada mal y otros que vaya por Dios. Entre los últimos, en mi leonina universidad se cuentan los que nos envía Gerencia para comunicarnos el fallecimiento de parientes de compañeros. Apasionante. Se comunica que ha fallecido don Torcuato Guijuelo Cuatrojotas, padre político de doña Eduvigis Santo y Seña, que presta sus servicios como auxiliar en el Laboratorio Universitario de Cata y Plines del Campus de Ponferrada. Mira qué interesante. A mí esos mensajes me despiertan unas ganas horribles de fumar, pero supongo que ésas serán perversiones de uno, sin más historia.
No menos numerosos son los mensajes institucionales que te comunican que hace ochenta y tres días que finalizó el plazo para que presentes la memoria de aquel congreso que desorganizaste y que algún ente autonómico financió con sesenta y nueve euros y la cama para los ponentes; o que en el curriculum que mandaste para el fondo ministerial de intelectuales al peso no haces constar claramente si eres diestro o siniestro; o que te ruegan que rellenes una encuesta sobre tu grado de satisfacción con el género y sus políticas en los cursos de extensión universitaria. Por lógicos requerimientos de eficiencia administrativa, te ordenan que las respuestas las mandes por vía electrónica entrando en un programa padre de pura madre que ha parido la Consejería de Tócala Otra Vez, Sam, pero que adjuntes igualmente nueve copias en papel en las que figure tu huella dactilar y la talla de los juanetes de tu equipo, firmado esto último por todos los miembros.
Quieras que no, esto del correo electrónico, que tanto te gustaba, empieza a darte un poco de yuyu. Menos mal que, cada tanto, también entra algún mensaje en que un amigo te cuenta algo entretenido sobre su inminente divorcio o te informa de que la plaza de no sé dónde la ha sacado, contra todo pronóstico, el conejo de la Loles. Son pequeñas alegrías, amenas distracciones.
Pero a lo que aquí quería referirme es a ciertos pelmazos, ésos que te remiten un correo a propósito de cualquier cosa, a veces incluso interesante. Como uno no da abasto a responder a tanta cosa, puede que no conteste inmediatamente. A las dos horas tu interlocutor virtual te reenvía de nuevo el mensaje, al día siguiente te lo manda repetido, manifestando su preocupación por tu silencio, y al otro día una vez más, en esta ocasión con un reproche más o menos sutil por tu pasividad. Acabas con un agobio monumental e implorando que se convierta en delito el acoso informático. Las cosas de palacio van despacio, pero, por lo visto, la comunicación electrónica no admite calma, reflexión ni demora. Paciencia.
Espero que ningún amigo se tome a mal este post, francamente. Hablo de una minoría, de habas contadas, por supuesto. Porque la mayor parte de los que a uno le escriben son gentes comprensivas, que te dicen cosas que te importan y que tienen más que hacer que esperar tu respuesta delante de su ordenador y sin levantarse ni a mear. Pero a los otros, a los sádicos insistentes, más les valdría comprarse un perrillo o, al menos, un tamagochi de aquellos.

09 mayo, 2008

Pequeñas y apuradas reflexiones de un padre solo

Que nadie se alarme. El título es deliberadamente tremendista. No es que mi compañera de fatigas haya tomado las de Villadiego y me haya adjudicado a la pequeña Elsa de propina. Simplemente está de viaje y Elsa y un servidor se organizan en plan familia monoparental. Elsa ya va a cumplir pronto once meses. Y no hay queja, pues los pequeñajos tienen una cosa en común con los mayores: estarán encantados con usted si usted les dedica todo su tiempo y su esfuerzo por entero. La diferencia está en que con los pequeños no cuesta tanto trabajo, pues se pone más entusiasmo, o ellos se lo gestionan con más encanto. Su llanto es mucho más eficaz que los pucheros de los adultos.
No es mala experiencia lo de la paternidad tardía. Te cura escepticismos y te redescubres humano y sumamente vulnerable, tirando a piltrafilla. En otro orden de cosas, valoras como es debido todo el tiempo que has perdido en los últimos años, cuando tenías casi todas las horas para ti y las malgastabas leyendo editoriales de El País o contemplando los repostajes de Fernando Alonso. Al final, trabajo casi tanto como antes, ahora que las horas se escurren en pañales y biberones, y produzco prácticamente lo mismo. Prueba irrefutable de que en épocas de bonanza se nos va la vida en chorradas sin cuento.
¿Y los humores? Con los años el carácter se va agriando y nos puede la impaciencia. Todo el día rebotándose con cualquiera por un quítame allá esas pajas. Hasta que un bebé te pone en tu sitio. Justo cuando se te ha ocurrido una idea para el blog, la enana se pone a bramar porque se le ha caído el juguete. Bueno, propiamente no se le ha caído, lo ha arrojado ella para pedírtelo a voces exactamente en este momento, pues te ha visto cara de post o sabe que esa película tan interesante que estabas viendo llega a su esperado desenlace. Te levantas con cara de pocos amigos o de papá austriaco –perdón por el humor negrísimo y que nadie se me ofenda-, pero te para en seco con una sonrisa. Otra vez no eres tú, con tu famosa destemplanza, sino esa masa pringosa que se arrastra por el suelo y la abraza como un ectoplasma.
El futuro pinta incierto. Después de todo lo que uno ha despotricado y escrito, ¿seré verdaderamente capaz de librar a Elsa de las actividades extraescolares? ¿Conseguiré que no se me ponga cara de (H)AMPA? ¿Volverán los amigos a encontrarme en los bares? Ay, qué incertidumbres.
Acaba de despertarse y me llama a capítulo. Tengo que dejarlo aquí. Ustedes sabrán disculparme. Quien manda, manda. No somos nada.

07 mayo, 2008

Lo que es del César y lo que es de César

Seguimos demasiado colgados de aquella vieja costumbre de cargar al “sistema” las culpas de los males del mundo y hasta del barrio. Nos posee una especie de estructuralismo de andar por casa, pues acaba casi siempre por parecernos que los males que aquejan a las instituciones y a sus prácticas dependen de las “estructuras”, del diseño de los poderes, del entramado más o menos abstracto o general de las organizaciones bajo las que vivimos. Y no, las cosas podrán organizarse mejor o peor, eso es cierto, pero el fallo determinante suele estar en los individuos.
En últimas, el problema termina por ser la mayoría de las veces más moral que jurídico y más dependiente de caracteres, temperamentos y hábitos que de aspectos tan evanescentes como contrapesos, equilibrios, dibujos e ingenierías sociales. Un magnífico ejemplo lo brinda la universidad, y más en particular las maneras de seleccionar el profesorado. Probablemente la manía de imputar las responsabilidades a las leyes y a sus autores no hace más que reflejar el propósito de escurrir el bulto y de evadir el componente principal de los desastres, que tiene que ver con las actitudes de los individuos y con sus perversiones. Cuarenta mil veces se reformará la legislación universitaria con el supuestamente sano designio de procurar mayor objetividad y más alta imparcialidad, y otras tantas volverán los mismos sujetos a perpetrar idénticas fechorías. No hay sistema legal bueno cuando sus operadores y ejecutores tienen la talla moral de los ratones, y que me disculpen los pobres roedores que, al fin y al cabo, ni concursan ni evalúan méritos de sus congéneres.
Y lo que decimos para la universidad y sus cacicadas usuales vale igual para casi todos los ámbitos en los que toque dirimir sobre vidas y haciendas. Pensemos en otro tema recurrente, el de jueces y tribunales. Solemos afirmar, por ejemplo, que el Tribunal Constitucional no funciona adecuadamente o que el Consejo General del Poder Judicial no se atiene rectamente a su función. Puro eufemismo, caritativo circunloquio. Al fin y al cabo, las instituciones como tales ni se venden ni se corrompen ni propiamente hacen alcaldadas. Cuando un árbol se cae sobre un tipo y le parte le crisma, no decimos que el bosque está en crisis o que la vegetación se sale de madre o que convendría regular mejor la función clorofílica. Cuando unos eximios magistrados barren para donde a ellos les interesa o se arriman al sol que más calienta, afirmamos que el correspondiente tribunal presenta serias deficiencias y que convendría reformar su estatuto normativo o sus reglas organizativas. Pues no, mejor llamar al pan pan y al vino vino. Si el problema es de honestidad y decencia, las calificaciones correspondientes han de hacerse de las personas, no de órganos o instituciones.
Ah, pero cuando toca hablar de sujetos con poder nos cogemos la prosa con papel de fumar. Además, discriminamos a conveniencia. Si algún machista malnacido mata a su pareja, es un machista malnacido y corremos a endurecer la ley que lo castiga. Cuando la mayoría del CGPJ favorece a los suyos o la mayoría del Constitucional decide lo que a su interés más espurio le conviene, cambiamos de estilo y cargamos contra el sistema de nombramiento o la lista de sus competencias y planteamos reformas “estructurales”, como si el pecado mayor estuviera en la ley o el legislador. Tendrán éstos su parte, por supuesto que sí, pero si quienes ostentan los poderes en tales órganos decisorios fueran dignos y asumieran la parte ética y no meramente formal de su cometido, hasta el sistema peor y las estructuras más disfuncionales se tornarían buenos en la práctica.
Tanta reforma legal, tanto manoseo normativo, tanta disquisición orgánica, acaban por ocultarnos lo que no se debe perder de vista: que estamos en manos de trepas, aduladores y soplagaitas y que nada va a cambiar mientras no apuntemos con la crítica a donde se debe apuntar: a las personas. ¿Que escuece? Pues que cada palo aguante su vela.

06 mayo, 2008

El ciudadano, ese conocido

No fue cosa de días ni de meses. Fueron años, bastantes años. Ocurrió una progresiva e imperceptible mutación de las instituciones políticas, en expresión siempre afortunada e inexacta de los politólogos. Pues de imperceptible nada. Lo vio venir y lo anunció con tiempo un tipo atravesado que tenía un blog titulado Dura lex. Pero se le echaron encima los sanchopanzas, quedó como que sólo quería criticar al Cazurro Felón y cayó en el olvido la profecía. Ahora ya sólo cabe reconstruir los hechos con bisturí de historiador apátrida.
El País parecía abocado al bipartidismo, mas poco a poco se fue erigiendo el Partido Único, si bien con dos cabezas, partido bicéfalo, bilingüe y bífido activo. Superada la crispación, cundió en las masas populares el entusiasmo y crecieron la militancia y la pilitancia. Los electores votaban como una sola mujer las candidaturas unificadas, pero escribían en el reverso de las papeletas electorales una frase que se convirtió en lema del Nuevo Régimen: “Qué hay de lo mío”. El Tribunal Constitucional estimó, tras una larga deliberación de cinco minutos, que tales papeletas no eran nulas, pues el propósito participativo no quedaba empañado por esa sana muestra la preocupación cívica por al interés general. Se rumoreaba en los días previos a la sentencia de los guardianes de la Constitución que podía haber un voto particular más bien discrepante, pero el casual ofrecimiento de una embajada en la Polinesia hizo al Magistrado renuente dimitir a tiempo, con gran pesar y dolorido sentido del deber.
Gobierno y Parlamento se esmeraban en dar satisfacción a militantes y pueblo en general a base de crear todo tipo de órganos de colaboración de la sociedad civil con la gobernanza: comités, comisiones, observatorios, órganos paritarios y maritarios, delegaciones, secretarías, secciones y subsecciones, consejos de administración de empresas públicas, sindicatos verticales ligeramente inclinados, asociaciones de interés público, patronatos, alianzas civilizatorias, torneos interculturales, clubes... Los designados para menesteres tan exigentes cobraban dietas y más dietas y el Ministerio de Hacienda eximió de tributación tales emolumentos, con el sabio designio de estimular el consumo y evitar la desaceleración del entusiasmo cívil.
Cada vez era más raro dar con alguien que no tuviera alguna de esas encomiendas, pues los habitantes ardían en deseos de servir a la ciudadanía desde responsabilidades de tamaña altura. En cierto momento, un censo provisional de cargos altos y medianos indicó que en todo el territorio del Estado no quedaban más que doscientas personas sin nombramiento y privadas de dietas y/o contratos blindados. Los afectados hicieron sentadas y manifestaciones y quemaron contenedores y cajeros automáticos para que se tomara conciencia de su malestar. El Ministerio de Igualdad dijo que semejante discriminación era intolerable, y hasta el Defensor del Pueblo tomó cartas en el asunto, concretamente un as de oros y otro de copas. Se sucedieron los proyectos gubernamentales y las iniciativas parlamentarias y a base de consenso e imaginación se logró asiento para casi todos en un flamante Observatorio de Observatorios. Pero un ciudadano, pastor en la Sierra de los Ancares, nieto de anarquistas, de carácter tirando a hosco y maneras anticuadas, se resistió vehementemente y no aceptó designación ninguna ni nombramiento ni canonjía. Único ciudadano de a pie, hubo de soportar inicialmente incomprensiones y reproches y se crearon organismos de nuevo cuño para hacerle un seguimiento puntual y velar por su bienestar.
A fin de cuentas, el prolijo entramado orgánico del Estado gustaba de justificarse por su servicio al ciudadano. Y, como ciudadano propiamente y a palo seco no quedaba ya más que ése, el buen hombre empezó a recibir subvenciones, atenciones y agasajos de todo tipo. Tanto, que terminó por ser la envidia de todo el mundo. Se le nombraba como El Ciudadano, con mayúsculas bien marcadas, y a él hacían referencia todos los informes oficiales, salía en todos los discursos de los padres y madres de la patria, se legislaba para él, se hacían los presupuestos del Estado pensando en él y en su homenaje se reorganizaba territorialmente el Estado. Pues no se quería perder el entronque del poder con la ciudadanía ni entraba en cabeza de nadie la renuncia al sacrosanto principio de la soberanía popular. Nuestro hombre encarnaba La Ciudadanía, en él hallaba su síntesis y quintaesencia el Pueblo soberano y por tales méritos se le agasajaba y se le tenía en palmitas. Pero la envidia, que corroe hasta el alma de las más excelsas instituciones, hizo mella en las entrañas de nuestro Estado. Ministros, Secretarios de Estado, liberados sindicales, miembros de la ANEP y las ANECAS, rectores universitarios, embajadores plenipotenciarios, magistrados de altas Cortes, diputados, senadores, consultores de Consejos Consultivos, concejales, consejeros de Estado, consejeros del Poder Judicial, directores de cine, presidentes de Observatorios, portavoces de Comisiones, consejeros autonómicos, obispos y un larguísimo etcétera contemplaban celosos al Ciudadano y secretamente ansiaban su puesto.
Afortunadamente, el buen pastor murió un día, se cree que por una sobredosis del aceite de girasol ucraniano con que se había cocinado su plato en una cena que en su honor organizó el CNI en presencia de don Bernardo Soria, entonces Asesor General de la Asociación Nacional de Aceites y Lubricantes (ANAL). Reunido de urgencia el Gobierno, se decidió que un puesto así era absolutamente fundamental en el Estado y se expidió un Decreto-Ley en el que se dispuso que en el futuro el cargo de Ciudadano lo asignaría el Congreso de los Diputados mediante elección de entre una terna propuesta por el Gobierno, previa consulta a las diversas instancias representativas de la Sociedad Civil, que a la sazón estaba en esos momentos presidida por doña Esperanza Aguirre. Una enmienda del Subgrupo Popular del Partido Único llevó a que los ciudadanos designados para cada mandato fueran dos, un Ciudadano y una Ciudadana, en aras de velar por la familia y con la esperanza de que La Ciudadanía acabara reproduciéndose.
La primera elección benefició a doña Elena Salgado y don Ángel Acebes. Se había postulado con mucha fuerza don Federico Mayor Zaragoza, ya muy mayor, pero a última hora resultó nombrado Presidente de la Federación de Bolo Palma de Mallorca y desistió de su sano empeño.
Los nuevos Ciudadanos han comenzado su mandato depositando unas flores y un ramo de laurel ante la tumba del Ciudadano Desconocido, monumento erigido en Madrid por suscripción estatal. Sobre aquel pastor de los Ancares que con su resistencia salvó para siempre al Estado español se están escribiendo en estos instantes quinientas veintisiete tesis doctorales, todas financiadas con sendas becas públicas, y su figura es objeto de mil trescientos proyectos de investigación subvencionados con dineros estatales, autonómicos, provinciales, municipales y de diversas sociedades de turismo y festejos. En las cañadas que en vida frecuentó se halla en construcción una Autovía que llevará su nombre, que, por cierto, era Celedonio Nipatrás. A un afamado artista plástico, homosexual y patizambo le ha sido encargada, por riguroso sistema de cuota, una escultura con los bustos de Celedonio y José Luis, abrazados y haciendo la B de la victoria. Se presentará con ocasión de los fastos por los Veinticinco Años de Paz y Fismo.

Una de Fernando Savater sobre universidad a la boloñesa

Estudiantes en vela. Por Fernando Savater.
El pasado 14 de abril comenzó en la Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense un encierro permanente de alumnos, que aún continúa cuando escribo esta nota. Esos estudiantes emplean las largas horas diurnas (¡y nocturnas!) de su enclaustramiento voluntario para debatir sobre el proceso iniciado en Bolonia, destinado a orientar y unificar los estudios universitarios europeos y en el que perciben aspectos realmente inquietantes. No son los únicos: sus motivos de inquietud pueden ser compartidos con mayor o menor alarma por cualquier persona interesada en cuestiones de educación superior.
El número de los que quieren ir a la Universidad desciende. Hace dos décadas, se inició en toda Europa la aproximación de los estudios universitarios a las demandas laborales de empresas y corporaciones. Parecía lógico acercar la Universidad a la sociedad productiva y beneficiarla con ayudas económicas que vinieran de la empresa privada en busca de buenos profesionales. Pero ya va dando la impresión de que las carreras universitarias se configuran cada vez más para satisfacer las necesidades episódicas del mercado empresarial. Se hacen más cortas y más específicas, de acuerdo con los requerimientos de quienes piden mano de obra cualificada y rápidamente rentable: quien paga, manda. Pronto las antiguas denominaciones de las carreras podrán ser sustituidas por marcas o logos: ya no se dirá "voy a ser filólogo, médico o ingeniero" sino "voy a ser un Pfizer, un Microsoft o un Endesa". Aquí como en otras ocasiones los europeos, mientras seguimos alardeando de antiamericanismo político, nos dedicamos devotamente a copiarles en lo social... y no siempre en sus mejores aspectos.
Por supuesto, si la demanda empresarial organiza y estimula cada vez más las nuevas titulaciones (es decir, si se decide su llamada eufemísticamente "rentabilidad social" de acuerdo con la aptitud para captar financiación de agentes externos y no por criterios más académicos) los estudios de humanidades y también de ciencia básica, poco adaptados a la lógica mercantil, irán siendo relegados al armario de las escobas o al desván de los recuerdos en la oferta universitaria. ¿Se nos permitirá a las bestias académicas en extinción un último lamento bajo el sol implacable del provecho, mientras suben las aguas... y los beneficios de algunos?
Por el momento, en España las universidades han pasado del Ministerio de Educación al de Ciencia e Innovación. Antes, cada vez que se hablaba de educación, inmediatamente se discutía el ordenamiento universitario como antonomasia de lo educativo (lo cual era un disparate, desde luego); bandazo al canto y ahora, cuando se mencione el tenebroso panorama educativo, los universitarios nos encogeremos de hombros porque jugamos ya en otra liga más respetable. No sé, no sé: tampoco me gusta este giro.
Entretanto, el número de estudiantes que quiere ir a la Universidad desciende, mientras la variedad de titulaciones que ofertan un poco a la desesperada los centros crece de manera frenética. Estas nuevas carreras, nacidas bajo la sombra boloñesa, recuerdan a veces a los maliciosos el muestrario de habilidades que debía adquirir una señorita a finales del siglo XIX: corte y confección, historia de Filipinas, preparar paella, etiqueta para disponer a los invitados en la mesa, etcétera. Encargada de evaluarlas según criterios que parecen atender más a la alquimia psicopedagógica y la rentabilidad social que a los propios contenidos de conocimiento, la Aneca (Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación) nunca olvida en sus dictámenes recomendar que se incluyan lecciones referentes a la igualdad de género. Se perfila así un diseño universitario que reviste de moralina edificante los afanes pragmáticos a más corto plazo, según la ideología que aplican en todos los campos nuestros actuales gobernantes.
Los rectores protestan que son exageraciones, que jamás consentirán en mercantilizar la Universidad y acceden a debatir con los estudiantes recelosos. Bien hecho. Pero ¿van a discutir lo que es mejor hacer o a explicarles lo que inevitablemente se hará? Para justificar su doblegamiento ante la Ley Natural, los estoicos decían: non pareo deo, sed adsentior (no obedezco al dios sino que comparto su criterio). Me temo que a los estudiantes les conviene ir haciendo ejercicios de estoicismo...
(Tomado de El País de hoy).

05 mayo, 2008

Las buenas causas las carga el diablo

El suplemento leonés de un periódico nacional –perdón: del Estado español- viene publicando estos días unos cuadernillos sobre “25 años de Castilla y León”. Parece que financian la Fundación Villalar y la Junta de Castilla & León. Hace unos días apareció el ejemplar dedicado a Los Comuneros. La primera revuelta por las libertades. Aprovechando que era domingo, ayer me puse a leerlo, para enterarme un poco de cómo se las gastaban los Padilla, Bravo y compañía y, sobre todo, para saber qué diantre tiene que ver todo eso con lo que nos pasa y cómo nos organizamos en pleno siglo XXI.
Después de ver los dos primeros párrafos me quedo pensando tal que esto: vaya, vaya.
Así rezan esos párrafos iniciales:
“Segovia, iglesia del Corpus Christi, 29 de mayo de 1520. La asamblea, reunida en el templo, se convierte, de súbito, en una maraña de insultos. El pueblo, el común, se abalanza contra el corregidor, Juan de Acuña, al que acusan de cruel y despiadado. De pronto, un tal Hernán López Melón, ayudante de alguacil y confidente de la justicia, sale en su defensa. Ha firmado su sentencia de muerte. La turba, enfurecida, lo agarra y lo arrastra por las calles entre insultos y golpes. Melón está muerto cuando lo suben al patíbulo.
De vuelta, la muchedumbre, aún enfurecida, se topa con otro confidente de la justicia, un tal Roque Portalejo, al que provocan: “¡Portalejo!, ¿sabías que tu amigo Melón está en la picota y dice que te espera mañana allí?” Portalejo no se calla: recibe la misma medicina. Al día siguiente, 30 de mayo de 1520, le toca el turno al procurador Rodrigo de Tordesillas, que acaba de regresar de las Cortes celebradas en Santiago de Compostela y La Coruña para dar cuenta de su actuación en la iglesia de San Miguel. Gasta demasiada saliva queriendo convencer a los reunidos de las bondades del acuerdo conseguido. Lo llaman traidor y lo acusan de vender la ciudad a la opresión imperial. Ataviado con una soga al cuello, lo arrastran por las calles bajo una lluvia de patadas y golpes. Lo mataron, cuentan los cronistas ´medio ahorcado por la soga de la que lo arrastraban, le ataron por los pies y le colgaron`. De inmediato, las autoridades fueron sustituidas y comenzó a regir el gobierno de la Comunidad”.

Esto debe de ser aberchalismo castellano, no me digan que no. Los hechos fueron los que fueron, pero este primor sádico de la narración sólo puede significar una cosa: que el fin justifica los medios y que la nobleza de las causas embellece los crímenes. Lo que pasa es que, como todo el mundo sabe, las causas las carga el diablo. Puede que cuando se cumplan los cincuenta años o cien de la Euskadi independiente, aparezca un cuadernillo del Gara o del Deia con una narración similar, detallada y admirativa, de cómo aquel gudari le colocó la pistola en la nuca al maketo opresor y apretó el gatillo, mientras las masas tronaban por la libertad y en todos los municipios surgían espontáneamente manifestaciones contra la opresión española y tal y cual.
Tampoco me hace gracia ya Castilla, y me ratifico en el propósito de irme a Suiza cuando me jubile o me toque la loto. O a Finlandia, para no entender lo que los libros cuenten de las gestas fundacionales de sus héroes. Los historiadores autonómicos deberían ir hoy en día con delantal de matarife, en su búsqueda desesperada de sádicos fundadores y de pueblos primigenios envueltos en sangre, vísceras y mierda. No hay nación que no apeste a carne putrefacta y a heces; y a alcanfor. Y lo malo es que hasta las comunidades autónomas más tranquilas empiezan a tener algo de ese hedor.

Artículo de Irene Lozano con buena guasa y mejor fundamento

Viene hoy en ABC y tiene gracia y miga:
Contactos, por Irene Lozano.

Lo suyo son los contactos. No el talento, el conocimiento, la experiencia o la capacidad de gestión, sino los contactos. Cómo llega a saber una gran empresa, pongamos de telecomunicaciones, o una gran patronal, por ejemplo, la del ladrillo, qué personas están bien dotadas para los contactos resulta sencillo: se publica en los periódicos. En la sección correspondiente se encuentra la información relevante: boys, alto nivel, insaciables, dispuestos a todo, 24 horas, a domicilio.
En los anuncios se ve con claridad que las habilidades ofrecidas son fruto del mero encanto personal: discreción, clase, elegancia, belleza, dicen. La discreción fue siempre una gran virtud; un valor añadido, por decirlo en términos de mercado. Para los grandes lobbies, una cacerolada es una manifestación de mal gusto, una vulgaridad. El ruido no agrada a los consejos de ministros, ni a los de administración. Los órganos colegiados prefieren el tú a tú, porque los integra gente campechana. Y no hay mejor lubricante para las relaciones entre órganos que ese elegido al que lo mismo se le pone al teléfono un presidente del Gobierno que una ministra de Vivienda. Viejo oficio, el de mamporrero, cuya filosofía y modos se muestran adaptables a los tiempos.
Cuando la rueda del mercado giraba sola, la avidez de los compradores de viviendas hizo de oro a los constructores, pero ahora anda necesitada de cierto engrase. Ellos querrían seguir activos, construir carreteras, puentes o centros culturales; no por nada, sino exclusivamente porque les disgusta verse obligados a destruir empleo. Con tal de evitarlo pedirían otra ronda, paga el Estado. La mano invisible del mercado es la que da un telefonazo a Moncloa para hacerle esta reflexión. No es nada personal.
A veces el precio del contacto figura en los anuncios: puede ser hasta de un millón de euros. Se acepta visa, naturalmente. La retribución depende, en alguna medida, de la experiencia internacional, del dominio de idiomas. Francés y griego son los más demandados, con sus respectivos dialectos: del francés se valora el natural, del griego se prefiere el completo. También pueden ponerse picas insospechadas en el exterior si se maneja el italiano, para que la voz inaudible del mercado se oiga molto cantabile en los limpios e incorruptibles recovecos del poder.
Esta gente ha llegado alto por sus purititos méritos, aunque no faltarán envidiosos que los critiquen por haber cultivado sus contactos gracias a la mera ventaja posicional de ostentar un cargo público. Habrá quienes pregunten qué día comenzaron a anotar teléfonos de la agenda oficial en su agenda particular, cuándo empezaron a trabajar para intereses privados y no para los de los ciudadanos que pagaban su sueldo, en qué momento se mostraron públicamente insaciables, dispuestos a todo, 24 horas, a domicilio. No se trata más que de maledicencias. Y en cuanto a la comparación, es sin duda ofensiva. Que me perdonen las putas.

04 mayo, 2008

El liberalismo y otros pecados. Por Francisco Sosa Wagner

Todo crece y se desparrama, hasta los mandamientos aumentan, acomodándose a las nuevas formas que adopta la mente humana para contravenir y burlarse de valores y jerarquías.
Ahora es la santa madre Iglesia la que ha decidido ponerse al día en cuestión de pecados. Esta actitud es de admirar porque la Iglesia suele ser poco ágil a la hora de aceptar los dictados de la modernidad como lo demuestra la historia de sus condenas. El teatro, las corridas de toros, el cine, los trenes, casi todo ha caído bajo la mirada escrutadora y de pocos amigos de obispos y prefectos. En la biografía que escribí hace años del papa Pío IX cuento cómo su predecesor en la silla de Pedro, Gregorio XVI, hizo cuanto estuvo en su mano para que en los Estados pontificios no se construyeran vías ferroviarias con el argumento de que por ellas llegaría a toda velocidad y a golpe de silbato el pecado de las nuevas ideas liberales, un peligro para el magisterio eclesiástico y sus prudentes enseñanzas. Una encíclica de este santo padre, la “Mirari vos”, no dejó títere con cabeza. Y mi biografiado, su sucesor Pío nono (de quien toman el nombre los deliciosos pastelillos granadinos), condenó en el “Syllabus” todo lo que había por condenar en los años setenta del siglo XIX, especialmente el liberalismo y la separación de la Iglesia y el Estado.
En España publicó poco después el Padre Sardá i Salvany un libro que hizo mucho ruido en la época titulado “el liberalismo es pecado” donde argumentaba con encono la “sana intransigencia católica en oposición a la falsa caridad liberal”. Un ensayo escrito en lenguaje muy vivo y que, por cierto, se convirtió en la obra de cabecera de muchos personas influyentes, entre ellas, Sabino Arana. ¿A alguien le suena este nombre?
Por mi biblioteca anda otra joya -ésta de los años cuarenta del siglo XX- titulada “grave inmoralidad del baile agarrado” firmada por el padre Jeremías de las Sagradas Espinas donde el dominico arremete contra cualquiera de las modalidades bailongas porque propiciaban acercamientos escandalosos e incluso tocamientos impúdicos que podían afectar a la zona de las mamas femeninas, justamente llamadas por el fraile “sedes libidinis”. Anduvo detrás de hacer una segunda edición ya referida a los bailes sueltos que se pusieron de moda poco más tarde pues, adelantó, hacían sudar a los danzantes lo que les trasladaba a un estado de excitación que las más de las veces desembocaba en el desbordamiento lujurioso. Y en verdad que algo de ello había, para qué engañarse.
Me alarma que ahora, en estos comienzos del siglo XXI, la Iglesia haya acotado un nuevo pecado: el daño al medio ambiente.Ya no basta, ha dicho un prelado romano de sombría vestimenta, con los dictados de Yahvé a Moisés, blasfemar, robar, desear la mujer de tu prójimo etc, todo esto ya se sabe que son pecados gordos y con mala fama. Ahora hay otros, más modernos, que se cometen sin darse uno cuenta y con maneras como distraídas. Entre ellos están acciones como contaminar el aire, ensuciar los ríos, abandonar basuras, hacer ruido ... Esto último, el ruido, es de las tropelías más frecuentes. No hay Ayuntamiento que no tenga aprobada una Ordenanza contra el ruido que prohíbe entre otros desafueros, el escape libre de las motos y otra que prescribe la misma receta al claxon o los altavoces a altas horas de la noche. Es evidente que nadie hace caso pero en esto consiste la farsa social, que a todos entretiene y de la que todos vivimos.
Ahora bien, el asunto tiene otro cariz si es la Iglesia la que interviene porque basta que un cura nos prohíba algo para que encontremos especial gustirrinín en contradecirle. Así ha ocurrido siempre: con los trenes, con el liberalismo, con la laicidad, con el baile y con los toros. ¿Por qué va a ser distinto ahora? Lo previsible es que, si ya nos complace comportarnos como unos guarros y unos maleducados, ahora tendremos para ello un renovado aliciente.

03 mayo, 2008

Reserva espiritual de Occidente

Los que ya peinamos algunas canas recordamos aquello de que España era la reserva espiritual de Occidente, que se decía cuando Franco. La frasecita funcionaba para muchos crédulos como consuelo de la opresión y alivio de la miseria y era repetida machaconamente desde púlpitos y tarimas. Al parecer, Dios o el destino habían puesto sus miras en los españoles para hacernos guardianes de las esencias eternas y centinelas del único orden verdadero y justo. Y el pueblo, quieras que no, lo llevaba con cierto orgullo. De qué les valía a los franceses tanta libertad, igualdad y fraternidad, de qué a los alemanes el sentirse über alles, de qué a los nórdicos ese tren de vida. Nosotros, sin tanto para hacer, vivir o comer, estábamos llamados a logros inmortales, a hacer Historia, con mayúscula.
Pues han pasado casi cuarenta años desde aquellas monsergas, pero tal parece que seguimos en las mismas, idéntica mentalidad de paletos redentores y empeñados en ser los elegidos, la vanguardia de la civilización, los atizadores del fuego sagrado. Seguimos siendo reserva espiritual, pero ya del mundo entero. Los más progres, los más avanzados, los más innovadores; simplemente: los más. Por mucho que la hipoteca nos estrangule, que tengamos que trampear turbiamente para ir tirando, que la boina la llevemos adosada al alma por la parte de dentro, que se nos note cada día más zafios, que se nos atasquen los idiomas y que ni nuestros presidentes de gobierno sean capaces en chapurrear decentemente cuatro palabras en inglés, vamos con la cabeza alta, la soberbia a tope y la vanidad insufrible, pues estamos dando ejemplo al orbe entero. Los demás no tendrán más remedio que copiarnos y el día de mañana nuestros nietos nos recordarán como a auténticos pioneros. No es para menos, pues miren qué maravillas estamos consiguiendo: tenemos la ministra de defensa más embarazada del mundo, hemos hecho un ministerio para la igualdad que no tienen igual, a la crisis económica le comemos la moral llamándola desaceleración y cosas peores, a los ministros más leídos no los renovamos y mantenemos a los más torpes y canallas, para que se vea que lo de la cultura es un mito, que aquello de cuando el talante era vacile y que a ministro puede llegar cualquiera que tenga mala uva y mucho atrevimiento, y desconcertamos a terroristas y piratas con un pacifismo que no se esperaban y que tarde o temprano los hará recapacitar. Qué más se puede pedir.
Conseguidas metas tan altas, y bien contenta la ciudadanía de que seamos ejemplo para las naciones y comentario admirado de todo el planeta, urge que alumbremos nuevas ideas para envidia universal y asombro cósmico. Yo, modestamente, propongo que el próximo ministro de Justicia sea propiamente un caco -insisto-, el de Sanidad un enfermo, el de Educación un analfabeto, el de Igualdad uno bien raro, el de Defensa un delantero centro y el de Administraciones Públicas Chiquito de la Calzada, para que llame cobaldes y fistros a los que no dejen beber de su agua autonómica. ¿Y qué tal Pocoyó de Vicepresidente y portavoz? Ya me imagino los comentarios elogiosos: el primer muñeco animado que llega a la Vicepresidencia de un gobierno. Aun cuando sea mentira. De Presidente que siga el mismo, eso sí. Y a León que le pongan puerto de mar, aunque sea virtual, como todo lo demás.

01 mayo, 2008

Austria

Austria vuelve a estar de moda, y no precisamente como destino turístico –y lo es, maravilloso- ni como patria de algunos de los movimientos culturales, artistas y escritores más atractivos de aquel primer tercio del siglo XX, efervescente, sísmico. No, se habla otra vez de Austria como país del abuso sexual, del incesto, patria de sádicos sin alma y de obsesos con gran seso para el mal.
Los periódicos del propio país parecen sumidos en una catarsis y una muy dolorida interrogación. ¿Qué pasa aquí?, se preguntan. En esos pueblos de postal, en esas villas lustrosas y como detenidas en el tiempo, acecha el monstruo. Ya no es Transilvania, ya no son los Cárpatos los escenarios del horror mítico, sino las seductoras aldeas austriacas. Ahí el sádico secuestra muchachas y las encierra durante años, a ser posible de por vida, para servirse de ellas, para sentirse amo y señor de su cuerpo y su alma. Se supo hace un par de años el caso de Natascha Kampus y se descubre ahora la historia de Josef Fritzl con su hija y los hijos que a ésta le hizo durante veinticuatro años de cautiverio y violencia, puro espanto.
La prensa austriaca trata de dirigir la purificación nacional y formula las preguntas más dolorosas, sin evadir las respuestas más duras: pasa en Austria porque las gentes de este país carecen de coraje cívico, porque no hay una sociedad civil activa y sana, porque todo el mundo se ha acostumbrado a mirar para otro lado, a callar, a no meterse en líos e ir a lo suyo. Uno va leyendo esas imputaciones y se pregunta si Euskadi no será una región austriaca caída por accidente en la Península Ibérica. Pero sigamos con los periódicos de Austria y que cada cual saque sus conclusiones o haga sus comparaciones. En Der Standard, Ch. E. Ritterband se hace las preguntas obligadas: ¿cómo es posible que nadie haya visto ni oído ni sospechado nada durante más de veinticuatro años y con toda la logística y la infraestructura que el padre criminal ha tenido que organizar para consumar durante tanto tiempo su perverso propósito? Y, curiosamente, miren lo que cuenta el comentarista: en el lugar del crimen, Amstetten, existieron dos campos auxiliares del campo de concentración de Mauthausen, pero en la postguerra nadie allí sabía nada de la criminalidad de los nazis en los campos. Muchos de los rectores de esos y otros campos murieron muchos años después tranquilos y en paz en los pueblos vecinos y sin que nadie se metiera con ellos. La actitud de los lugareños la caracteriza el autor en su propio dialecto: nix gesehen, nix gehört, nix geredet (no se ha visto nada, no se ha oído nada, no se dice nada). Y el diagnóstico: cada uno se autoprotege yendo a lo suyo y negando la realidad. Maldita sea, vuelvo a acordarme de nuestros vecinos del Norte. Pero sigamos con los austriacos: “nadie quiere quemarse los dedos, nadie quiere molestias, se desea evitar las incomodidades. El coraje civil es raro por aquí, en mi opinión”. Eso dice el comentarista austriaco en el periódico austriaco hoy. Posiblemente quiere crispar.
Tampoco hay sociedad civil, nos dice, Ritterband, pues las gentes del país están demasiado acostumbradas a delegarlo todo en la autoridad, en la que confían ciegamente y a la que usan para descargarse de toda responsabilidad personal por lo que ocurra. Diablos, ahora se me viene la imagen de todo este puto país nuestro, por entero, más atento a diseños y poses que a lo que le ocurra realmente al vecino de al lado, más entusiasmado porque tenemos el gobierno más fashion del planeta que preocupado porque puede haber por aquí cada día gente más discriminada y hundida, bajo el ojo pintado, eso sí, de todo un Ministerio de Igualdad.
En Die Presse, Michael Fleischhacker (el apellido de este buen hombre se las trae, pero no vamos a hacer chistes a su costa ahora) osa formular algunas preguntas incómodas: ¿por qué a los funcionarios policiales se les pregunta en sus comparecencias sobre la potencia sexual del criminal? ¿Por qué esa obsesión por averiguar cómo se siente la mujer de Josef F. después de saber lo que se traía entre manos su marido durante estos años? La prensa austriaca seria está haciéndo estos días la crítica de los medios de comunicación nacionales y respondiendo sin tapujos a estas cuestiones: imperan periódicos sensacionalistas que dan carnaza a lectores crecientemente inmaduros. Pero en este artículo de Die Presse se añade algo más: cualquiera que contemple a los más altos representantes de la autoridad en sus comparecencias de estos días captará una realidad dramática: son perfectos analfabetos secundarios. ¿Pasará sólo en Austria tal cosa?
Pero no hace falta esperar a que surjan estas noticias para tomar conciencia de los desgarros internos de la sociedad austriaca. Como siempre, la literatura hace las mejores radiografías. Recordemos la furia incontenible de Thomas Bernhard contra sus compatriotas. Pero, para mi gusto, hay un novelista austriaco, mucho menos conocido, que retrata con más sutileza, con precisión de cirujano, esos tumores que emponzoñan el alma de muchos austriacos y esas deudas con un pasado tejido de cobardías y silencios. Se trata de Hans Lebert, de quien me permito recomendar dos novelas tremendas: La piel del lobo y El círculo de fuego.
Qué pena todo, pues para mí Austria es el país de las emociones juveniles. Recién acabada la carrera, para allá me fui, muy a principios de los ochenta, en compañía de Aquilino (actualmente Chusón) y de Ricardo Caballero. Nos habíamos matriculado en el Goethe-Institut de Viena para estudiar alemán. No teníamos beca ni nada. Mi padre había vendido una vaca y gracias a esos dineros pude comenzar a aprender algo de esa lengua endemoniada y hermosa. Estábamos alojados en una residencia al lado de una casa en la que había vivido Beethoven, sufríamos con los ejercicios diarios de la puñetera Sprache y aprovechábamos muchos fines de semana para viajar en tren a ciudades cercanas, donde nos alojábamos en modestas fondas y buscábamos discotecas con el inútil propósito de ligar un poco. En el colmo de la osadía, nos fuimos en una ocasión a Budapest ese verano y allí nos engañaron como a estúpidos occidentales con el cambio callejero. Por nuestros billetes austriacos recibimos unos hermosísimos recortes de periódico.
Cada cual tiene su temperamento. El de un servidor debe de ser tirando a extraño, pues si tuviera que irme a vivir a otro país por muchos años y con dinero suficiente para no andar en preocupaciones, elegiría, sin dudarlo, cualquier lugar de la Centroeuropa de habla alemana. Y no sé explicar por qué. Quizá porque, en el fondo, son tan miserables como nosotros, pero no lo llevan con una alegría tan insultante.

30 abril, 2008

¡Marchando cuatro de cine! Por Rafael Antuña Egocheaga

El llamado “séptimo arte” siempre permite la agradable tarea de plasmar unos breves comentarios, que espero sirvan para informar, entretener y -¡como no! – fomentar la pasión que conlleva para muchos.

1.- SEXO, MENTIRAS Y HOLLYWOOD. Un libro de los llamados imprescindibles.

El cine no solo son películas en todas sus versiones (salas, DVD, televisión...), sino que hay también su lado escrito, donde hay además una ingente marea de publicaciones interesantes. Y cuando se da con una de gran nivel, uno se llena de satisfacción.

El libro citado es una de estas “joyas”, donde su autor, Peter Biskind (prestigioso periodista especializado de USA), nos regala más de 680 páginas abigarradas y apasionantes, con ese estilo tan eficaz y común en tierras norteamericanas, que hace que nos cueste cesar en su lectura.

No, no busquen morbo, el título solo parafrasea la sorprendente y genial película de Steven Soderbergh, SEXO, MENTIRAS Y CINTAS DE VIDEO. Sobre la misma y sobre su director podría escribirse mucho, pero no es el momento; aunque no puedo pasar sin decir que a pesar de su éxito inicial, este director-autor pasó una verdadera “travesía del desierto” de unos diez años, hasta que finalmente se ha encumbrado y se permite el lujo de acometer obras personales como TRAFFIC o meramente comerciales como OCEAN’S ELEVEN.

Pues bien, el libro trata de acometer los secretos e interioridades de un período de más de doce años que resultó realmente trasformador para el llamado cine independiente americano, centrándose (como indica el subtítulo del libro, que por tanto no tiene intención de engañar a nadie sobre su contenido) en la historia de la productora MIRAMAX (con el devenir paralelo de otros productores independientes) y en el FESTIVAL DE CINE INDEPENDIENTE DE SUNDANCE (creación del gran Robert Redford, el cual no sale demasiado bien parado en el libro), con apariciones intermitentes de múltiples personajes “secundarios”, como el citado Soderbergh, Tarantino, De Niro, Bob Thorton, Matt Damon y Ben Affleck, Roberto Benigni y un largo etcétera, desarrollándose la narración con un verdadero río de lectura apasionante.

Sí, no se sorprendan, ahora todos conocemos a MIRAMAX como una gran compañía que es propiedad de DISNEY, cuyo logo nos encontramos en películas de gran éxito que parece que poco tienen que ver con el cine independiente (incluyendo una masiva presencia en los Oscar en los últimos diez años), pero esto no tiene nada que ver con sus inicios y uno se sorprende de cómo ha llegado hasta allí de la mano de los irrepetibles hermanos “manostijeras” Weinstein.

No hay espacio para más, por lo que me remito al libro, no sin antes destacar lo necesario que es enterarse de todo lo que es el proceso de gestación de una película y todo lo que condiciona el resultado final que vemos en la pantalla: compra de idea o guión, preproducción, selección de repartos, firma de contratos, filmación, postproducción (de aquí viene el sobrenombre de los hermanos Weinstein, siempre empeñados en “arreglar” las películas en el montaje a costa de pisotear a su director, todo en aras de experiencia en viabilidad comercial, jugando al límite aunque no se los permitiesen las cláusulas contractuales –siendo habituales las que dejan el montaje final en manos del director siempre que se ajustase a un máximo de tiempo establecido, normalmente dos horas de duración- y actuando muchas veces como verdaderos extorsionadores y enemigos peligrosos..., aparte de su reiterada técnica de hacer pases de prueba con público real para decidir el montaje final) y distribución en salas nacionales (del numero de ellas depende mucho el éxito de una película, así como el gasto en publicidad, en lo que eran maestros los hermanos), del extranjero, en video y en televisión por cable. Sin olvidarnos de las “maniobras” para obtener una buena cosecha en los Oscar (nos enteramos así de que Roberto Benigni obtuvo su Oscar al mejor actor por LA VIDA ES BELLA gracias a sus encantos y simpatía personal ,que derrochó en innumerables eventos en Hollywood el mes antes de la ceremonia).

No se lo pierdan.

2.- SHORTBUS. Una película absolutamente sorprendente.


Es posible que no hayan oído hablar de la misma, pues su difusión comercial en 2007 fue realmente escasa y por Asturias creo que ni pasó.

Pero baste que les diga que es la película con mayor número de minutos (y son muchísimos) de sexo explícito de la historia del cine, sin ser una película pornográfica.

Se desarrolla a través de tres historias personales que se narran paralelamente y acaban convergiendo en el “Shortbus”, una especia de club liberal de intercambio (y mucho más), que es algo que sin duda solo puede encontrarse en un Nueva York post-moderno.

Personalmente tengo que decir que la historia engancha en lo personal (a pesar de mi rechazo visual de la escenas de sexo gay) y produce la sensación de que se nos está contando algo muy personal y humano. Me sumo, por tanto, a las palabras de Sergio Benítez cuando dice: “...aunque lo parezca, ... no es una película sobre sexo, es una película sobre la libertad y la autodeterminación del individuo”.

Su gestación es obra personal de John Cameron Mitchel (autor de un musical “alternativo” que triunfó en los escenarios “off-broadway” de N.Y. y que luego llevó también al cine, protagonizándolo el mismo, llamado Hedwig and the Angry Inch; que posteriormente, ya como película, triunfó en el Festival de Sundance de 2001), sobre el que invito a todos a profundizar pues es un verdadero genio del cine independiente (búsquenlo en la web labutaca.net, entre otras). Y su obra no fue flor de un día, sino que esta gestada con un proceso de recopilación de videos con historias personales, de las que luego se nutre la película, y un sin fin de improvisaciones de los actores (especialmente en las escenas de sexo en grupo en unas de las salas del “Shortbus”).

Al resultado final contribuyen una música excepcional y unas imágenes de ordenador de un N.Y. que parece de plastilina, realmente geniales y sorprendentes.

No se la pierdan, que se puede localizar con cierta facilidad.

3.- LA SOGA. El sesenta cumpleaños de una de las grandes obras del maestro Alfred Hitchcock.

Es no solo una de las obras más grandes y personales del impagable “gordinflón” (ejemplo destacable del “suspense” de que era especialista señero, pues el asesinato se produce al principio del film y a pesar de ello nos arrastra inevitablemente en su visionado sin que perdamos un ápice de interés), sino un verdadero hito técnico en su filmación (me remito a las explicaciones que da el propio Hitchcock en el libro de conversaciones con François Truffaut), pues no solo se desarrolla en tiempo real desde el principio al fin (con los cambios de decorados con movimientos de nubes y la propia luz solar, pues la acción transcurre en una apartamento acristalado de N.Y.) sino que además es una película filmada “en una sola toma”, es decir, sin cortes (hay que explicar que los rollos de filmación duran diez minutos, por lo que los enlaces entre cada uno se producen con el paso de una persona delante de la cámara que ciega la escena y con ese movimiento de persona se comienza el siguiente rollo).

Recientemente he podido leer un artículo sobre esta película (llamada ROPE, o sea, solo SOGA en inglés) en la revista de internet “El Catoblepas” (dirigida por el ilustre Gustavo Bueno) donde su autor Raul Fernández Vitores, aparte de comentarla de modo interesante, pretendía finalmente relacionarla con la SHOAH (que no es ni más ni menos que el genocidio de los judíos por el régimen nazi, analizando si la película era una alegoría del nazismo o una tesis sobre la homosexualidad), pero esto último me pareció totalmente fuera de lugar, por mucho que queramos ver paralelismos de comportamiento nazi en los asesinos del film, supuestamente homosexuales (que causan la muerte de su víctima por estrangulación con una “soga” por la mera decisión de hacerlo, como un acto de maldad pura).

No se pierdan la oportunidad de re/visionarla en cuanto puedan.

4.- LOS FALSIFICADORES. Un oscar merecido para otra genial película sobre el exterminio judía por los nazis.

Esta producción alemana y austriaca, dirigida por Stefan Ruzowitzky, nos cuenta una historia real de Salomon Sorowitsch, insigne falsificador y bohemio, que tras su confinamiento en el campo de concentración alemán de Sachsenhausen en 1944, aceptó colaborar con los nazis en la mayor operación de falsificación de billetes de la Historia, con la que se pretendía contribuir a la financiación de la guerra. Durante los últimos años del conflicto, cuando el Reich veía cercano su final, las autoridades decidieron imprimir sus propios billetes en las divisas de sus principales enemigos. Con aquel dinero falso pretendían anegar las economías de los países rivales y al tiempo llenar sus propias arcas, vacías por la guerra. En dicho campo de concentración dos barracones fueron aislados del resto de las instalaciones y del mundo exterior para ser transformados en perfectos talleres de falsificación. Así nació la denominada Operación Bernhard...

Tuve ocasión de visitar dicho campo de Sachsenhausen, que está situado a unos 60 km de Berlín, llegando a sentir una intensa emoción al pisar sus instalaciones, hasta el punto de no poder resistirme a escribir, en unas notas que dejaban para que los visitantes expresaran sus opiniones, simplemente las palabras “befehl ist befehl” (las órdenes son las órdenes), como protesta anónima por seguir sin comprender cómo el pueblo alemán fue capaz de consentir (aplaudiendo o apartando la vista en la inmensa mayoría de los casos) todo aquello.

Esta película se suma a la larga lista de grandes filmes que recientemente hemos podido visionar sobre el holocausto, comenzando por LA LISTA DE SCHINDLER de Spielberg (con la realización impactante que este genio del cine sabe dar, sin que quede exenta de críticas, como por ejemplo que en las escenas en que se amontonan cadáveres desnudos de judíos muertos, veamos personas normales y no los “esqueletos andantes” que producían los campos de exterminio), a la que han seguido LA VIDA ES BELLA, de Begnini, (sorprendente obra maestra del que hasta entonces había sido un cómico de segunda), EL PIANISTA, de Polansky, (cinta algo sobrada de metraje, por buscarle algún pero, excelente y destacada en todo lo demás, incluyendo la reconstrucción histórica del guetto de Varsovia), así como la más polémica AMEN, de Costa Gavras, (sobre las relaciones entre la iglesias y el nazismo) e incluso HIJOS DE UN MISMO DIOS, de Yurek Bogayevicz, (historia más íntima de un niño judío al que intenta salvar un cura polaco). Todas las cuales tienen en común con la comentada que se basan en historias reales.

Y concluyo: si quieren de verdad vivir una experiencia intensa sobre lo que fue el Holocuasto, intenten visionar la película SHOAH de Claude Lanzmann, documental de 9 horas de duración con entrevistas a supervivientes de los campos, realizada en 1985.

En fin, no se lo pierdan.

Gijón abril 2008.

29 abril, 2008

Estados fallidos

Anda alterada la Ciencia Política y cada vez que sale por la noche vuelve a casa con un concepto nuevo. Entre los más resultones de esta temporada está el de Estado fallido. Todos los comentaristas y expertos hablan de Somalia como un Estado fallido. Al parecer, en sus costas y sus aguas se secuestra porque Somalia es un Estado fallido. Tomemos nota.
Lo de Estado fallido suena a gatillazo estatal, a quiero y no puedo con la política. Estado sí es, al parecer, pues en el caso de Somalia nadie ha dado el grito de a ocupar aquel territorio, que no tiene ni padre ni madre ni perrito que le ladre. Es Estado, pero fallido. Un Estado fallido debe de ser, por lo que se ve, uno que lo es sin ser capaz de erigir un orden y de poner concierto en la convivencia de sus súbditos. Tiene de todo nominalmente, jefatura del Estado, himno, bandera, capital y altos cargos, pero en plan salvaje y al buen tuntún, para figurar nada más. "¿Y usted a qué se dedica?". "Soy Ministro del Interior de un Estado fallido". "¿Y qué tal lo lleva?". "Pues bien, poco trabajo. Estamos privatizando la seguridad: cada uno se busca la suya y se lo monta como puede".
Qué quieren que les diga, a mí la categoría de Estado fallido me mosquea bastante. Tengo aquí dentro un runrún que no sé. Digo yo que un Estado fallido debe de ser aquel en que la sociedad funciona por libre y las cosas van bien o mal porque sí y según pinte. En Somalia parece que van mal, salvo para el que tenga una lancha y unas escopetas y pueda cobrar a los empresarios de la pesca un impuesto revolucionario. Son gente que quiere autodeterminarse, y a ver quién es el guapo que les niega su derecho. Cada uno quiere autodeterminarse propiamente a sí mismo consigo y para sí, y vete tú a decirles que no y que para autodeterminarse bien tiene que ser en grupo y marcando el paso de la oca mientras se canta no sé qué de unos gudaris que eran la bomba. En otros sitios las cosas siguen marchando pasablemente bien, aunque el Estado tiene el mismo aspecto de fallido, pues lo miras y lo ves con la mirada baja, encogido y tirando a mustio. Le ponen unos ministerios monísimos en cartoné y con bigudíes, echan a los ministros que hayan leído más de tres libros sin dibujos y renuevan a los más zotes y canallas. Oye, y no pasa nada. Y preside un hijo de papá que va de tremendo igualitario y que es lo más parecido a un gañán de casino de villorrio. Y no pasa nada, oye. Y ponen para velar por la Constitución y el Derecho a unos tipos y tipas que parece que se ejercitaron antes en la puerta de alguna iglesia al grito de señorito, déme algo, que no tengo para el Aranzadi, y que antes de decir esta sentencia es mía llaman al Gobierno o a la oposición, según cada cual, para ver qué le parece a mi amo respectivo y no vaya a ser que cuando se me acabe esto no me hagan magistrada estrasburguesa con doble de cebolla o embajador en las Caimán, se va, se va. Y no pasa nada.
En Somalia será fallido el Estado, pero el nuestro es apaleado y cornudo. Sirve para poner la cama y limpiar los restos de la juerga. ¿Que usted es promotor inmobiliario y se forra en la época de Bonanza, llenando de casas la Pradera? Ah, pues al Estado que le den, que yo bastante hago con mantener al concejal, a la amante del concejal y al somalí que le cuida la lancha al concejal. ¿Que la Pradera ya no da más de sí y que el personal ya no tiene cuerpo donde tatuarse otra hipoteca y que los beneficios van un poquito a menos? Pues pídale al Estado que saque la teta, y chupe, buen hombre, chupe hasta que sangre el pueblo. Un Estado en el que las ganancias son más que nada del que las pilla, pues vamos quitando impuestos de sucesiones, de patrimonio y todo lo que obligue al potentado a sacar la billetera, y en el que las pérdidas se socializan para que al trincón no se le baje de repente el beneficio con la desaceleración, tiene que ser un Estado fallido o cosa similar, no me digan que no.
En Somalia el Estado es fallido porque no hay quien ponga en su sitio al que secuestra barcos. En España el Estado no es tan fallido, no, porque todavía queda quien le lleve los millones en unos plásticos al secuestrador somalí. Cuidadín, hay diferencias. Me juego las obras completas de Gamoneda a que la pasta se transportó en la superfragata ésa que tenemos para que el Príncipe de las mareas se ponga el uniforme de vez en cuando y pase revista del corazón. La conversación tuvo que ser bonita. El capitán de la fragata: “¿El señor jefe de los negros, por favor?” El jefe de los secuestradores: “Llámame Jim. ¿Tú cómo te llamar?”. Y el capitán de la fragata, que es de Vigo y entiende por Eugenio Díaz del Río Jaúdenes (pinche aquí y verá al lobo marino tal como lo presenta el periódico de su pueblo), pero que, para no acojonar al otro y no fuera a dañarse la misión, decide acortar su propio nombre y comportarse con desenvoltura, responde: “Me llamo Eugenio, pero puede usted llamarte Jaudy”. Y el otro: “Bueno, jody, ¿tú traer pasta de rescate?”. Eugenio Díaz del Río Jaúdenes: “Me han dado este saco de dólares para usted, pero me dicen que no es rescate, sino donativo para ayuda al desarrollo”.
Acabaron intimando y, antes de despedirse, brindaron por la amistad de las naciones con unos restos de cava que quedaban de cuando la botadura de la fragata. Es más, el capitán le compró a uno del otro grupo tres cinturones, unas babuchas y un puñado de deuvedés con las últimas pelis, todo por traerle a la familia y que no se diga y como recuerdo de un encuentro tan emotivo. Corcho, y mucho mejor así que si se lesiona alguien por andar haciendo el oso con los cañones. Al fin y al cabo, para qué queremos el dinero, vamos a ver; si, total, como siga así la inflación, se nos va a quedar en nada.

28 abril, 2008

Polvo de alquiler

Tengo la insólita costumbre de consultar casi todos los días el periódico colombiano El Tiempo, pero, por si acaso, un comunicante a quien no conozco, que firma Juan Gabriel, que imagino que cantará boleros y que parece todavía algo escocido por aquel infausto post satírico sobre Colombia, me hace llegar la nota con el enlace que pasamos a comentar. Gracias, hombre. Desde que se me ocurrió la dichosa broma de que muchas colombianas vuelven tarumbas a los europeos con sus corpóreos arrebatos, no hacen más que enviarme todo tipo de escritos referidos a que tampoco las europeas se reproducen por esporas ni se resisten a un achuchón gestionado con diligencia. Como si uno hubiera insinuado tal cosa; como si a uno en realidad le importara un pimiento qué haga cada cual con su cuerpo. Fíjate qué preocupación más grande. Pero así está el mundo. Tú escribes que en Sebastopol hay mosquitos que pican y de inmediato cien celosos parroquianos de allá te replican que más picaron a tu reverenda madre y que así saliste tú. Es lo bueno de la comunidad ideal de diálogo, de la que habla el pobre Habermas sin comerse y rosco y metido todo entero en su torre de marfil y actos de habla en silencio.
Bueno, pues a la noticia, que sí tiene su gracia. Cuenta el muy independiente diario bogotano que “Se extiende por Europa el fenómeno de pagar con sexo alquiler de vivienda”. Repámpanos. Y en León sin enterarnos. Se lanza uno en tromba a leer la noticia y resulta que donde más revolcones arrendaticios se dan es en Roma, Milán y Nápoles. Jodidos italianos. Es que, al parecer, están muy caros los alquileres por allá. De todos modos, siempre que leemos enumeraciones así cabe preguntarse si el periodista dice las primeras ciudades que se le vienen al coco o si tendrá alguna base cierta para mencionar, por ejemplo, Nápoles en lugar de Génova o Milán en vez de Turín.
Según declaraciones de una señora italiana que recoge el mentado periódico, “Está quien hace de gigoló, de chica de compañía o quien se desnuda delante de una webcam”. Ya estamos mezclando churras con merinas. Qué quieren que les diga, conviene matizar. A un servidor le dicen que por un bonito apartamento en la parte más guapa de Roma tiene que echarle cuatro tientos por mes a una casera avara de metros cuadrados y requiebros, pero generosa en arrobas y con más años que nacionalidad histórica, y salgo huyendo de vuelta a mi apacible residencia leonesa; ahora bien, si la ambiciosa dama se conforma con que me muestre sin depilar y sin comparaciones odiosas ante una webcam, y con ello me perdona la renta, pues se podría hablar, para qué vamos a engañarnos. A ver si resulta que en verano vamos casi todos con el pitirrín al aire por la playa nudista y luego, en otoño, no podemos ni mandarle una foto al natural a nuestra casera.
Claro, como uno es un pringao y no nació para jefe, tiende a ponerse en el lugar del inquilino. Pero miren cómo se las gastan los propietarios: “Ofrezco gratuitamente una habitación amoblada, independiente y con baño a una estudiante universitaria a cambio de dos prestaciones sexuales al mes". Este vota a Berlusconi seguro, segurísimo. Antes, el avezado periodista nos había explicado que por esas tierras italianas el alquiler de habitación andaba por los mil euros mensuales. Ahora resulta que los caseros los cambian por dos “prestaciones sexuales” al mes, luego..., rediez, lo que está caro es el sexo de pago.
Nos quedamos perplejos y rascándonos la cabeza, hasta que llegamos al párrafo final de este artículo que supongo que no va a ganar un premio de periodismo. Dice así: “Pero este problema ya no es exclusivo de Italia. Recientemente, el diario francés Libération reveló que en varias páginas de anuncios en París también se pide sexo a cambio de un techo. Y los rumores de que está pasando lo mismo en Madrid son cada vez más fuertes”. Son rumores, son rumores... Ay, como se entere la Espe. Por cierto, ¿en los partidos se darán al sexo con el dueño del cotarro y a cambio de portavocías, direcciones generales y secretarías, o no serán ahí las pasiones tan primarias?
Pero, a ver, no nos obnubilemos. Pensando y pensando, sale que esto de abrirse de extremidades inferiores a cambio de un techo hace mucho que está inventado. ¿Qué era el matrimonio tradicional sino un arriendo de habitación pagado en especie? Salvo para las familias de orden y buenos principios, claro, donde el pago no se consideraba tal, sino débito a secas. A secas o como sea.
En todo caso, agradezco enormemente a mi comunicante colombiano que me haya hecho ver que los europeos también tienen sexo y lo usan como pueden o les dejan. Fíjate qué cosa. Pero qué grandísima suerte tienen en países como mi querida Colombia, en los que ni ocurren ni se permitirían, bajo ningún concepto, semejantes excesos inmobiliarios.

27 abril, 2008

Historia para dummies

Ha sido una semana muy simpática en León. Además, en la Universidad la hemos tenido de vacaciones desde el miércoles, inclusive, por acumulación de festividades autonómicas, locales y universitarias. Cuánto tiempo para pensar en Bolonia o en las musarañas, que viene a ser lo mismo. También es muy buena cosa para fomentar la relación entre Universidad y sociedad, porque así los de la primera vamos de bares y paseos y nos vemos mucho más con los de la segunda, esa señora que llaman sociedad y que, al parecer, está muy interesada en lo que se hace en el campus por la parte de dentro. Ya ves.
Entre esas fechas que hemos consagrado al estudio y la reflexión está la del 24 de abril, fiesta local leonesa recién instituida por obra y gracia de un pacto de gobierno municipal, en la que por vez primera se ha celebrado la heroica resistencia de un puñadito de leoneses ante la invasión napoleónica. En el supremo momento de exaltación nacional leonesa, el pasado jueves, se reunieron en León trescientas personas, convocadas por la Unión del Pueblo Leonés. Para empezar, ya debería dar que pensar que se junte menos gente para tales fines de exaltación patriótica que para un botellón, un partido del Madrid en la pantalla gigante de algún bar o una actuación de Los Lunis, pongamos por caso.
Pero lo más simpático es la polémica entre los historiadores. Ahora los historiadores de este país que vuelve a llamarse España no se dividen ya por escuelas científicas o metodológicas, sino en razón de sus naciones y parroquias. En León andan a papirotazos los historiadores leonesistas y los no leonesistas. Es como si entre los físicos teóricos hubiera dos grupos, los de Villamelones de Arriba y los de Villamelones de Abajo, y como si esa adscripción político-geográfica determinara visiones diversas e incompatibles de neutrinos y neutrones.
Resultaba gracioso estos días leer los sesudos análisis de las lumbreras historiográficas de estas pedanías, los unos insistiendo en que el 24 de abril sólo salieron a la calle cuatro gatos a tomarse unos vinos y a soltar unos gritos de nada en favor de Fernando VII, y los otros dale que te pego con que aquello fue el primer acto de resistencia que en la Península se dio contra el gabacho y que vaya bemoles y fíjate qué patriotismo y qué Volksgeist, que en leonés debe de traducirse como “espíritu pueblerino”.
Hasta ahí todo normal. También habrá interpretaciones diversas de por qué los árabes arrasaron en Guadalete o de cómo consiguió el Real Madrid su primera Copa de Europa. Oye, dicen que del debate nace la ciencia. Lo simpático del caso es que si eres leonesista, estás obligado a acoger una versión de la historieta de los cuatro gatos leoneses, y, si no eres leonesista, la otra. Lamentable ver la ciencia histórica así contaminada de política barata y cultivada por mequetrefes afanosos de pesebre. Pero en el fondo se entiende todo, pues ya se sabe cómo se anda poniendo el Euribor. Lo que uno no acaba de percibir es qué tendrá que ver lo que hicieran hace dos siglos aquellos parroquianos de por aquí con la división territorial del Estado hoy mismo. Pongamos que efectivamente hubo en León en 1808 una erección popular, que fueron los de aquí los primeros, antes que zaragozanos, madrileños y demás, que lo que movía a los excitados por el francés no era el cariño al rey absoluto o la añoranza del Antiguo Régimen, sino un genuino sentimiento leonés. Bueno, esto último no se lo cree ni el que asó la manteca, pues, todo lo más, se trataría de un fuerte sentimiento español y españolista. Pero admitamos como hipótesis lo que haga falta. Y a continuación hagámonos la gran pregunta: ¿y qué?
Ya sé que el razonamiento es tal que así: si una vez un puñado de paisanos de un lugar actuaron unidos contra alguien de fuera, eso significa que sus tataranietos y el conjunto de los que hoy viven por esos pagos tienen derecho a autodeterminarse como pueblo, a tener parlamento propio, gobierno autónomo, representante en Eurovisión y selección nacional de tiro con piedra. Así las cosas, no entiende uno cómo los numantinos no se han declarado hace tiempo Estado independiente, el Liechtenstein de la Meseta; o cómo los de un pueblo de mi tierra asturiana, llamado Següencu, no reclaman la condición, al menos, de Comunidad Autónoma uniparroquial.
Pues verán lo que una vez ocurrió por aquellas tierras de los montes de Cangas de Onís. Allá por mis catorce años, un grupo de mozalbetes de mi pueblo y alrededores nos acercamos a la romería de Següencu. Todo transcurría con normalidad y de modo bien cordial, hasta que, caída la noche, procedimos los foráneos con sibilina estrategia para sacarles unos bailes agarrados a las aborígenes, que se agrupaban cerca de la orquesta, lozanas, bien apretadas las faldas a aquellos muslos hechos a peñas y pendientes y los mofletes adornados de lo que parecían rubores y no eran sino huellas del sol y las faenas al aire. Ahí se armó la gorda. Los mozos nativos captaron nuestro designio de invasor y se pusieron como un solo jabalí a defender lo que tenían por suyo. Tuvimos los extranjeros que correr como alma que lleva el diablo, mientras nos llovían piedras y retumbaban aquellos gritos que, amén de hijoputas, nos decían que volviéramos a nuestro pueblo y que nunca más enfiláramos mozas ajenas ni riscos de otros.
Vean, vean. Eso sí era conciencia colectiva, sentimiento popular, orgullo de lo propio y resistencia al invasor. Hasta me temo que nos llovieran más piedras a los de Ruedes y alrededores de las que les tocaron en León a los franceses. Pues, por cierto, los franceses asomaron por León en julio y la valerosa resistencia de los de aquí tuvo lugar en abril, tres meses antes. Joder, así me peleo yo también. Pero volvamos a los de Següencu. ¿Es su actitud razón bastante para considerarlos nación? ¿Tenemos base histórica bastante para establecer que están oprimidos dentro de la Comunidad Autónoma de Asturias, la cual no les reconoce ni especificidad como pueblo ni particularidad como raza ni, tan siquiera, denominación de origen para sus bien alimentadas mujeres?
Permítaseme a modo de postdata una pequeña chanza, en contraste con la seriedad de las consideraciones que anteceden. Escribía en el Mundo de León el día 23 pasado una procuradora socialista por León lo siguiente: que “los leoneses y las leonesas” siempre han sido y son defensores de las libertades. Con un par lo afirma la buena señora, que debe de ser historiadora también. Claro que sí, mujer. No hay más que recordar lo putas que las pasaron Franco y los suyos en estas tierras, la enorme antipatía y la gran resistencia con que en los pueblos de toda la provincia se trató siempre al dictador y sus secuaces. O acordarse del otro abuelo. Brava tierra ésta, izquierdista, democrática, feroz en su lucha de siempre contra tiranos, opresores y obispos reaccionarios. Viva la memoria histórica. Manda güevos. Y yo con estos pelos.

26 abril, 2008

Humo

Mientras yo hablaba y hablaba e iba contando los pormenores de aquel intento que se saldó con fracaso y susto, el joven Güemes me miraba con el cigarrillo humeante entre los labios. Era una pose de película vieja, pero eso casaba con la personalidad apenas intuida del joven Güemes, que nos había llegado por una insistente recomendación de aquel añorado Marcelo que ahora se pudría lejos.
El joven Güemes entrecerraba los ojos y yo no sabía si era por el humo que subía de su cigarrillo o porque quería aparentar que me escrutaba. Me distraía un tanto su actitud, me descentraba y le fui tomando aversión. Esa postura de galán fatuo. Qué se creerá.
Los otros se quedaron callados cuando acabé mi speech. Ninguno me miró a los ojos, pero sus hombros caídos y sus gestos hablaban de fatalidad mansamente aceptada. El joven Güemes había abandonado la sala un rato antes de mi punto final y de que yo mirara retadoramente a todas aquellas figuras que se iban desvaneciendo por los rincones.
Me fui y eché a andar por las calles heladas. Al poco, percibí al frente una leve columna de humo que salía de detrás de unos contenedores. No cambié mi rumbo ni alteré mi paso. No me gusta faltar a las citas.

Una de Arcadi Espada

Este Espada es un cabronazo. Mira que recordarnos ahora cuando el PP quemaba el monte gallego para crispar... Reconozco que se me había olvidado. Lo que han tenido que aguantar los zapateroboys y las zapaterogirls. Les han dicho de todo. Pobrecillos.
Una sentencia paradigmática. Por Arcadi Espada.
Querido J:
Teníamos una carta pendiente. Teníamos una carta pendiente desde el 19 de agosto de 2006 cuando con mi habitual altanería (hoy alegremente renovada) te escribí: «La madrugada del día 13 la Policía detuvo a Julio Pascual Díaz, en un arrabal de Orense al que unos llaman El Pino y otros Boadela. ¿Por qué lo detuvo? Es un hermoso misterio. La respuesta más franca es porque se encontraba en un lugar inapropiado en el peor momento. Anota esta frase, porque dentro de muchos meses, cuando juzguen y absuelvan a JPD, alguno de los que redactaron su drama dirá, cínico pero sin saberse, esa manida frase final.» ¿Recuerdas? Era verano y Galicia atravesaba un terrible verano de fuego. El Gobierno, reunido en Consejo de Ministros, insinuaba, como era y es su permanente obligación, que el Partido Popular estaba detrás de los incendios. Hacía pocos meses que se había producido un cambio político trascendental en Galicia, y que un gobierno socialista y nacionalista gestionaba la crisis. La sombra de antiguos brigadistas (locales), despechados por la caída del Antiguo Régimen, se proyectaba sobre los eucaliptos no autóctonos. Fue en ese contexto y sentido cuando el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, dijo sobre Julio Pascual Díaz: «Es una detención paradigmática. Quien está prendiendo fuego, sabe perfectamente lo que está haciendo». Era evidente que Julio Pascual Díaz sólo estaba formalmente acusado de haber quemado un trozo de bosque del arrabal de Orense. Pero las palabras del ministro le daban una impresionante dimensión simbólica: Julio Pascual estaba quemando Galicia. Es natural que inmediatamente lo metieran en la cárcel sin fianza. Con esa medida radical, y las lluvias, la calma volvería a la comunidad.
Tengo aquí la sentencia 139/2008, de la Audiencia Provincial de Orense, firmada por el presidente del Tribunal del Jurado, magistrado Abel Carvajaes Santa-Eufemia: «Se absuelve al acusado Julio Pascual Díaz del delito de incendio con peligro para la integridad física de las personas, del que le acusan el Ministerio Fiscal y la Acusación Particular, ejercida por la Xunta de Galicia, con todos los pronunciamientos favorables y decretándose de oficio las costas procesales». Una sentencia paradigmática. Cuando la jauría humana y política callan se escucha la voz simple de los hechos. La acusación era insolvente desde una razón mínimamente observada. Sólo era el temible efecto de la alianza entre las necesidades políticas (probar la trama pirómana, y en hallando al culpable, desculpabilizarnos), policiales (el jefe exige pruebas de la trama y hay que dárselas) y mediáticas (no hay nada que el periodismo, oficio sin argumento, aprecie más que una buena trama), proyectadas sobre infortunados transeúntes de la vida. La sentencia es aún más apreciable, teniendo en cuenta que se basa en el veredicto de un jurado. Está ampliamente distribuido el apotegma de que siendo culpable, ponme un jurado; pero no siendo ponme un juez. Aún así, produce escalofríos el exiguo margen con que los nueve hombres justos decidieron la suerte del inocente, para el que se pedía un lustro de buena y pedagógica cárcel: sólo fueron cinco hombres contra cuatro, tras casi dos horas de deliberación.
El pequeño margen impone todavía más cuando se examinan los fundamentos de la sentencia y lo que pudo escucharse en el juicio oral del martes 15. La abogada del inocente, Amelia López Rodríguez, ha tenido la amabilidad de resumírmelos. Es realmente preocupante que uno vaya a juicio, dados estos hechos y su conocimiento previo. Para empezar, nadie vio al inocente prender el fuego. Los bomberos no encontraron “alguna evidencia elocuente” (prosa textual de la sentencia) de que se hubiesen utilizado líquidos inflamables. Tal vez recuerdes que poco antes del incendio Julio Pascual paró en una gasolinera para cargar un poco de gasolina en una garrafa. Tal vez recuerdes también que era práctica habitual en su vida de siempre, porque tenía un coche maltrecho, cuyo depósito perdía, y que si paró y cargó fue para tratar de asegurarse que llegaría a casa, de madrugada, a pesar de la pérdida. Los bomberos no encontraron restos inflamables en el lugar de los hechos; de hecho, y en cuanto al inocente, sólo vieron que trataba de apagar el fuego con unas ramas; pero es que además la garrafa que le fue intervenida ¡llevaba exactamente la misma cantidad de gasolina que le habían suministrado en la gasolinera! La abogada López demostró, además, que a tenor de una llamada realizada por un joven con que se topó el inocente en las inmediaciones del bosque, y a tenor también del parte de actuación de los bomberos, el fuego ya se había declarado cuando el inocente llegó hasta allí. Recordarás (¡yo sé que tienes una excelente memoria!) que el inocente justificó su presencia en el lugar por su condición de brigadista, por ver si el fuego estaba bajo el control de alguien y por su interés en ayudar a sofocarlo, mucho más cuando algunas casas estaban amenazadas.
Esta semana llamé al inocente. Ha cumplido ya cuarenta años. Está sin trabajo. Su trabajo era el de brigadista rural, y llevaba ocho años apagando fuegos. Lo primero que hicieron después de su detención fue echarlo, claro. Ahora, con el papel de la sentencia en la mano, trata de recuperar su trabajo y su honor.
–¿Qué fue lo peor? –le pregunté.
–La detención. Me trataron como a un criminal. Y el juicio. Estuve muy nervioso. De pronto pensaba que iban a condenarme y que de veras que iba a pasar cinco años en la cárcel.
–¿Qué dicen ahora en el pueblo?
–Hummm… Supongo que ya lo tienen claro. Pero cosas como estas no se arreglan nunca.
–¿Va al bosque?
–Ya no. Me da miedo. Y como asco, también.
Ahora que ya hay sentencia, la forma más cómoda de despacharla será aludiendo a los errores policiales o judiciales. ¡Ah, amigo, los hombres, que son falibles! Eso los que se vean en la obligación moral de hacerlo, porque habrá otros que se limitarán a decir que las cosas siguieron su camino correcto y justo. Pero ni siquiera los bienintencionados tendrán razón. El inocente pasó tres meses de su vida en prisión y ha estado casi dos años (y los que colgarán) sometido al señalamiento infamante de sus vecinos, sin que hubiese ninguna razón para ello. No fueron errores de apreciación los que lo llevaron a la cárcel. Fue la histeria organizada del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Todos los árboles quemados en Galicia aquel verano no valen uno solo de los días de prisión e infamia de un hombre. Para vergüenza del medio ambiente hay que añadir que la madrugada del día de autos el inocente volvía a su casa después de doce horas de trabajo, ¡apagando fuegos!, en lugares diversos de la provincia y hasta de la raya de Portugal, con los pies reventando de ampollas y roto de cansancio. Así, en realidad, habían sido todos los días de aquel agosto, cuando pasaba del bosque a la cama, sin vida enmedio. Volvía a casa, pero se cruzó el bosque encendido. Y Alfredo Pérez Rubalcaba, el ministro del Interior. Aún no ha llamado al brigadista para pedirle, humilde y paradigmáticamente, perdón.
Sigue con salud.
A.

25 abril, 2008

Carta al rector venidero

En un mes aproximadamente tendremos en la Universidad leonesa nuevo rector. Son varios los candidatos. Me permito escribirle esta carta al que resulte ganador, en nombre propio y de esa mayoría silenciosa de profesionales de la Universidad que contempla, perpleja, en qué se ha ido convirtiendo semejante institución otrora prestigiosa.
Estimado/a candidato/a a rector:
Me dirijo a usted con ánimo constructivo y esperanzado, en el convencimiento de que no parece probable que las cosas de nuestra universidad puedan empeorar mucho más. En todo caso, me tomo el atrevimiento de darle algunas indicaciones que puede entender como consejos o como ruegos y que, sin duda, no estarán muy alejadas de sus convicciones presentes y de sus propósitos inmediatos.
1. La Universidad no es suya, sino que usted será su primer y más sacrificado servidor. Hay quien lo ha olvidado alguna vez y se ha puesto a cacharrear como si estuviera en el trastero de su casa y pudiera hacer de nuestra capa su sayo. Los resultados de tal ofuscación son conocidos y no he de recordárselos precisamente a usted.
2. La Universidad es Administración pública, presta un muy relevante servicio público y, en consecuencia, se rige por normas que forman parte del Derecho público y que, por tanto, ni son las reglas de un club privado ni están para utilizarlas sólo en lo que convenga al que manda, sino en toda su extensión y, en particular, en lo que protegen a los universitarios frente al capricho o los intereses más o menos confesables de sus regidores.
3. Para poder gobernar más cómoda y eficazmente usted necesitará mayorías en ciertos órganos colegiados, pero esas mayorías deben conseguirse a base de ideas, proyectos, actitudes y sana capacidad de convicción, no alimentando las más bajas miserias de lo peor de la casa ni captando desaprensivos dispuestos, por precio, a formar una especie de corte del rey absoluto o de camarilla de un sátrapa. Desconfíe de los que siempre votan a su favor: no son normales o no son honestos.
4. Cuando la política que se aplica busca nada más que el beneficio propio o el de los próximos y cuando no hay más patrón decisorio que el de la llamada dialéctica amigo-enemigo, la Universidad se convierte en una tiranía y el espíritu de sus gobernantes se asimila al de capos mafiosos. Estoy seguro de que ése no va a ser su caso, pues ya serían demasiados casos.
5. La Universidad tiene algo de gran empresa, pero no es principalmente una empresa, sino otra cosa. Por eso en ella no cuenta sólo lo que dé beneficio tangible e inmediato ni se puede dirigir con puntos de vista más propios de un respetable representante de comercio que de un genuino académico.
6. Visto lo visto, un buen rector ha de cuidar su equipo y evitar por encima de todo a cobistas, inútiles con ínfulas y mentirosos compulsivos de los que tanto abundan y tanto dañan. Dicen que a un enfermo de éstos podemos verlo incluso de gerente, pero no ha de ser cierto, si es que algo queda de cordura en usted y en nosotros.
7. El supremo honor de un buen rector es el amable retorno a su cátedra al acabar el mandato. Nada más patético que ver a esos rectores terminales que de partidos y gobiernos mendigan un puestecito cualquiera, con tal de no volver a encontrarse de igual a igual con los colegas que recuerden sus alcaldadas y desplantes. No quisiéramos contemplar de nuevo espectáculo tan degradante, y seguro que con usted no sucederá.
8. Aunque todo el mundo es bueno, también en la universidad hay personal más competente y menos, y hasta más decente y menos. Va siendo tiempo de que sean mejor tratados los mejores, y no como hasta ahora y como en tantas partes.
Atentamente.

24 abril, 2008

Sobre una conferencia de Sosa Wagner

El amigo Lopera nos pone en la pista de lo que en el blog de Javier Carballo se cuenta sobre una reciente conferencia de nuestro amigo Francisco Sosa en Sevilla. Está interesante el debate. Vean.