31 mayo, 2012

Ética y política otra vez


            Juguemos con una comparación más o menos afortunada, pero en lo que sirva, que algo será. Ponga que usted es el administrador de una comunidad de vecinos que vive en cierto inmueble, veinte o treinta familias ahí residentes. A usted le consta con gran certeza que en todas o casi todas las casas se cometen graves delitos, que las familias que allí residen han convertido sus hogares en lugares para el crimen, los unos dándose al proxenetismo y la explotación sexual de adultos indefensos o de menores, los otros escondiendo en la despensa bienes robados, los de más arriba guardando explosivos para hacer atentados, algunos manteniendo secuestrados en las habitaciones y atados a la pata de la cama. Usted se plantea si debe echar a andar hacia la comisaría para denunciar semejantes descalabros, pero no acaba de decidirse, pues en su conciencia pesan también otras consideraciones: que la autoridad puede clausurar el edificio entero y que se quedará toda esa gente en la calle, cuando puede ser que entre tantos haya algunos inocentes, que la noticia traerá mala fama al barrio y perderán valor las otras casas, en las que viven personas de bien que ninguna culpa tienen, que muchos niños averiguarán sobre sus padres macarras cosas que más les convendría no conocer, que la gente de otros sitios dejará de ir a tomar el vermú en los afamados bares de esa zona, con la consiguiente ruina de los honestos propietarios de los establecimientos hosteleros...

            ¿Qué debería hacer usted y qué haría? Desde una ética de principios se alegaría que el bien es el bien y el mal es el mal y que el primero hay que protegerlo y el segundo perseguirlo, caiga quien caiga y aunque se acabe el mundo, o poco menos. Se recordará la contundencia con que Kant planteó ese rigorismo de una ética deontológica y nada utilitarista. Desde enfoques éticos consecuencialistas se nos indicará que a lo mejor hay que ponderar un poco, sopesar consecuencias y buscar el daño menor para los más, el interés de los grupos y las colectividades antes que el descarnado culto a la norma por la norma. También desde Max Weber se repite aquello de que los políticos no tienen que comprometerse únicamente con una ética de principios, de ideales teóricos a cualquier precio, sino que están amarrados tanto o más a una ética de la responsabilidad y que, otra vez, deben mirar las consecuencias de sus acciones, porque de buenas intenciones morales estaban llenos los gobernantes de muchas sociedades hundidas y arruinadas.

            Ahora vamos con las cosas de España a día de hoy. Una impresión se nos va imponiendo con evidencia difícilmente discutible, la de que los gobiernos, hoy el del PP y ayer el del PSOE, no pueden decirnos la verdad sobre nuestra situación porque los datos son tan contundentes que acabarían por destruirnos y se terminaría toda esperanza de que levantemos cabeza a medio plazo. Hasta ahora parecía que había mucha corrupción y bastante maniobra turbia, tanto en las instituciones públicas de todo tipo como en empresas privadas o semiprivadas que manejan dineros de la gente, como cajas de ahorros y bancos. Pero es evidente que estábamos equivocados, ya que el robo y la más vil fechoría no eran excepción, aunque ciertamente abundante, sino la regla pura y dura. Estábamos y estamos en un país asentado sobre el robo y la mentira. O sea, que el cáncer es radical y la metástasis se extiende a todo el cuerpo social e institucional. Y que describirnos a calzón quitado la gravedad del mal será sumirnos en la desesperación a nosotros y espantar a quienes desde fuera aún puedan tener alguna intención de darnos alivio, de buscarnos una terapia última o de pagarnos unas medicinas para un tratamiento de choque. Es más, que puede que hasta nos echemos a la calle nosotros mismos para jugarnos malamente las diez de últimas o para dilapidar los cuatro ahorros finales y quién sabe si para colgar de las farolas a unas docenas de malandrines.

            Sabían y saben que las cajas y los bancos falseaban sus balances y que no tienen solución viable, que el Estado y las Autonomías escondían déficits enormes, que ante las alarmas que se encienden están los pícaros llenando sus sacos para salir huyendo, que en cuestión de unos pocos meses reventará el Estado todo y dejarán de cobrar los funcionarios y no se prestarán ya los servicios públicos más básicos, igual que llevan tiempo sin cobrar los proveedores de la Administración. Pero a nosotros se nos oculta y solo vemos un gobierno que mendiga ayudas y apoyos de la Merkel y compañía. No se nos deja ni el pequeño consuelo de ensañarnos con algún chivo expiatorio, el nimio placer de ver en el banquillo o la cárcel a tal o cual gestor fraudulento, de que se ponga de patitas en la calle a algún descarado que se aprovecha cínicamente de la institución pública que preside. Nada. Tapar y tapar y tapar, echar balones fuera, culpar a los hados o a los extranjeros, cuando no a los cuatro valientes que denuncian, desviar las responsabilidades hacia entidades abstractas y por abstractas inasibles, que si los mercados, que si el capital financiero, que si la especulación. Y todo se disfraza sutilmente de ética política de la responsabilidad, dejando caer la idea de que será peor para nosotros si los que saben hablan y si a los que perpetraron las sinvergonzonerías se les obliga a confesar cuántos eran los implicados y cuán tremendas las implicaciones, las complicidades, las tolerancias.

            Se ha vuelto cuestión de dignidad. El enfermo terminal, para morir algo más aliviado, merece al menos saber quién lo envenenó, permitirse el desahogo de ciscarse en los muertos de los criminales antes de ir a dar en el tanatorio. Es asunto de pura y simple dignidad, hay que hacer un colectivo examen de conciencia y debe respetarse el derecho a la expiación simbólica, incluso a través de la violencia verbal. No podemos acabar nuestros días manteniéndonos fieles a la corrección política, a la tolerancia fofa, al señuelo pseudoideológico, a las perrunas lealtades partidistas, al maniqueísmo banal y paralizante.

            Llegada es la hora de la ética de los principios, hasta de reconocer los pecados y de quitarles los atenuantes, de admitir, si hace falta, que todos vivíamos encantados mientras del expolio general y de la inconsciencia autoinducida nos beneficiamos todos. Aunque se acabe el mundo, pues en cualquier caso se nos acaba. Y porque, si alguna esperanza restara, aunque fuera muy leve, pasaría por nuevos pactos sociales y renovadas reglas de juego, amén de por hacer que los culpables mayores paguen por sus faltas. Porque así como ahora estamos, encerrados en el engaño y en el miedo, engañados por miedo y temerosos de las durísimas verdades, no habrá ni soluciones ni dignidad de la despedida.

3 comentarios:

Luis Rull dijo...

Esa es la perversión, que nos convenzan de que hay dos opciones: o enseñamos todo lo que hay y se cae el sistema financiero, o lo vamos ocultando y limpiamos poco a poco. Los golfos no son los que se llevan sueldos y pensiones de escándalo. Los golfos son aquellos que dieron créditos a amigos o que se hicieron amigos de constructores que querían crédito. O los que fomentaron que en las sucursales se dieran creéditos a todo trapo, porque daban muchos incentivos a sus empleados. Ahora, todos esos se hacen los imprescindibles, amenazando con que todo se irá a la mierda si mostramos sus verguenzas

IuRiSPRuDeNT dijo...

He leido demasiados tiritos al localismo, la comparación con la comunidad de vecinos, y con el barrio a veces me hacía gracia, pero no encajaba muy bien todo eso es como fumarse un porro y delirar com idealismos perfectos.... Sé que la intención era otra la idea de un EStado agil. Perfecto.

Pero aqui que ahora deseo hablar de mi comuidad de vecinos la castellano y leonesa. Las cajas. Las Santas Cajas y el localismo.

Caiga quien caiga. Comenzando por el localismo disfrazado en los consejos de admistración. Comenzando por los empresarios que estaban detrás de esos políticos ocupando cargos en el consejo de admistración. Y uno a uno analizar la relación personal de esas cajas con sus cuentas personales. Por ahi se comienza sacando a relucir todo todo hasta llegar a la raiz del problema y diagnosticar controles de cara el futuro. El sistema falla porque en los organos inferiores todo está podrido.
Me hablan de una cosntrucción europea cuando el Estado español todo el aparato institucional del estado español está podrido. Podrida la justicia en los partidos judiciales ( que se supriman todos ya y cuanto antes, localismo puro y duro manda más el empleado de toda la vidda que el juez que llega de prácticas y tiene que acoplarse al siempre ha sido así)

Podridas las Cajas de ahorro dominadas por los politicos localistas y sin control alguno.

Podridos los ayuntamientos. AQUI YA NO MALGASTO MÁS TIEMPO.

Podridas las admistraciones autonomicas que llevan años y años con una metastasis brutal pero con apariencia de normalidad y de perfección directamente proporcional a los años con el mismo color político.

No comprendo tan dificl es crear tipos penales claritos para penalizar las actuaciones de los cargos públicos? A estas alturas amigos eso ya es más sencillo que tipificar el homicidio. Venga el que se quiera masturbar que lo haga pero está claro que lo publico no funciona. Las instituciones están, los principios organizativos están la carcasa para el funcionamiento perfecto está ¿ qué falla?

IuRiSPRuDeNT dijo...

¿Ayuntamientos? ¿qué es una comisión de cuentas? nada fantasía. Habilitados nacionales interventores: Fantasía. Con la que está cayendo.... ¿cuántos se han ido al otro lado al hotel de cinco estrellas? ninguno pues su papel es de pura fantasía... Informes de fantasía y papel coucche. Eliminemos todos los interventores habilitados de caracter nacional pues no son útiles, eliminarlos o atribuirles verdaderas responsabilidades para que queden atados por los "guebos a su mesa de trabajo" de lo contrario son meros personajes valedores de la nada o de unos atributos celestiales que no significan nada. Aqui está el informa del interventor: Aprobado¡¡¡¡ ahhhh pero que dice el informes? que tiene que ver este informe con lo que se aprueba. ah pero es que la ley no pide más el informe se tiene que ceñir a esto solamente.. ahhh vale¡¡¡