13 julio, 2016

Consejos gratuitos para vender periódicos. Por Francisco Sosa Wagner



Los periódicos no se cansan de tratar de engatusar a sus lectores con regalos domingueros y ofertas extravagantes. Ya es anómalo que interese más un juego de cucharillas de café o un número para el sorteo de un viaje que las noticias del día razonadamente explicadas. Pero este es el zafio barro del que estamos hechos, la incultura e insensibilidad que padecemos, un producto no de la casualidad sino de una concienzuda (des) educación planificada por legisladores chirles.  

Contando con esta realidad -que difícilmente vamos a reformar- me atrevo a ofrecer a los diarios un cambio en su forma de atraer al comprador. Ofrézcase un precio diferente en función de la información que interese al lector y proporcionésele solo las páginas correspondientes. Así quien elija la sección de deportes deberá pagar más porque es la más sustancial de cuantas se albergan en cualquier diario: goles y más goles, penalties y fueras de juego, esa lesión que sufre Juanito que le tendrá en el dique seco por una temporada más las declaraciones de su fisioterapeuta precisando en términos profesionales la dolencia, el tratamiento y las posibles secuelas, el calendario de las copas, recopas, torneos, contratorneos, champions y más champions ... A todo ello el dueño del periódico podrá ponerle el precio que quiera en la seguridad de que la cosecha va a ser apetecible.

Más cuidado habrá de poner con la información política porque, bien mirado ¿a quién interesa lo que pasa en Sudán del Sur o en los islotes del Pacífico que se disputan China, Filipinas, Vietnam ...? Hay que ser muy cursi y sobre todo muy pedante para querer allegar noticias referentes a estos temas abstrusos de manera que lo más prudente, desde el punto de vista de las expectativas comerciales, es fijar un precio de saldo a estas páginas y además a quien se las lleve ofrecerles un texto acompañándoles en el sentimiento.

A la excelsa música veraniega y a los grupos, pandas, bandas y cáfilas que las cultivan habrá que gravarla porque también tiene muchos adeptos. Sin embargo, la crónica referida a una ópera o un concierto de Shostakovitch (¡hay que ser desalmado para pasear este apellido por el mundo!) se puede prácticamente regalar pues no interesa más que a cuatro tristes amanerados.

Y así podría seguirse. Alfred Döblin, el médico y autor de Alexanderplatz, una novela  entretejida de aconteceres banales y otros terribles fundidos en una prosa que no hace ascos a ninguna novedad, anotó en uno de los artículos en la prensa alemana que había visto el anuncio de un ingenioso vendedor de periódicos que había colgado un cartel que decía: “hojee el diario por el cincuenta por ciento del precio de venta”.

Esta observación de Döblin me recordó que un amigo mío de Oviedo lograba colocar el periódico del día anterior a una vendedora del Fontán al 30% de su precio de venta. Lógico si se tiene en cuenta que a esa señora, que disfrutaba del paso pausado del tiempo en su pequeño rincón comercial, le daba igual enterarse del discurso del ministro de Hacienda presentando los presupuestos el día 27 que el 28 de octubre. A la macroeconomía no le afectan estos detalles del almanaque pensaba para sus adentros la vendedora asturiana, versada en sus arcanos, aunque su fuerte era y es la microeconomía.

Corolario: se impone echar a volar la imginación, amigos de la prensa, antes que seguir aturdiéndonos con la colección de relojes, cinturones o foulardes (llamados antes, cuando no éramos políglotas, pañuelos para el cuello).