16 diciembre, 2005

To ej mundo ej bueno. O de cómo acabar con lo público y sus instituciones

Ayer me sucedió algo muy poco habitual en este oficio mío, y tengo una contradicción instalada en el alma, sensaciones agridulces que me dicen de lo poca cosa que es uno. Despotricas y despotricas y luego te tiembla la mano a la hora de ejecutar. Menos mal que hubo buena ayuda y la cosa salió bien.
Resulta que me tocaba ayer presidir (uno ya va teniendo su antigüedad, no crean) un tribunal de tesis doctoral. Al parecer es uno de los actos más relevantes de la vida universitaria. Pero si vemos la importancia que se la da hoy en día y que nadie hace caso del acto ni la ocasión, pensamos de inmediato que no será para tanto. Consecuencia, seguramente, de que en estos tiempos se hace doctor a cualquiera que se deje y le eche un poco de morro. Y con la máxima calificación, cómo no. A eso voy.
Pues ayer al buen hombre que defendía su tesis en una Universidad capitalina no le dimos esa nota más alta, la de sobresaliente cum laude. Sólo sobresaliente, a secas. La diferencia no es de matiz, no es pequeña en este mundillo que tiene sus pocas reglas y tantas convenciones no escritas. Yo digo que muy bien hecho, la decisión fue muy justa, pertinente. Pero me da pena, mira por donde, así ando. Porque el doctorando era una excelente persona, un latinoamericano que se había esforzado mucho y había hecho todo lo que había podido, en medio de dificultades reales. Pero no había podido mucho. Y la nota es justa, el trabajo no merecía más. Y a mí me da lástima, vaya por dios.
Si los otros del tribunal llegan a sentir como yo, habríamos hecho la cacicada, probablemente. Ya lo sé, sí, me resta algo de humano, maldición. Me queda la parte peor, la compasión impropia. Por fortuna, tenía cuatro compañeros jóvenes y cabales, rectos, justicieros de los buenos, equilibrados. Así que en el fondo estoy muy satisfecho de haber asistido a un acontecimiento excepcional. Y, pues me libré del pequeño oprobio y voté con ellos esa nota que no es la más alta, seguimos con la caña como si tal cosa. Porque, repito, lo normal es que pase lo otro, que se le dé incluso al muy malo (no era ése el caso tampoco) la máxima calificación con la excusa de pobrecito, pero mira qué cara de buena gente tiene. Y si es ella, más. Discriminación positiva.
Creo que no es sólo en la Universidad, aunque en ésta quizá sea donde más. En todo tipo de concursos para plazas del sector público es moneda común oír eso de cómo no le vamos a dar la plaza a Fulano, caray, fíjate que acaba de separarse y anda muy jodido; o lo de no nos olvidemos que esta chavala tiene dos hijos a su cargo y está pagando una hipoteca.
Tal parece que cuando alguien oposita deja de haber Estado social. Todo el mundo ha de hacerse funcionario para evitar la ruina definitiva y el dolor perenne. ¿Que usted se ha hecho alcohólico, está embargado (no de melancolía o cosa poética, no, quiero decir judicialmente) y su vida amenaza quiebra absoluta? Venga acá, buen hombre, que lo hacemos titular de Universidad. Conozco algún caso literalmente así. Bueno, con el detalle añadido de que su hermano era catedrático de la casa y del área de conocimiento. No es detalle baladí. Otro hubo que colocó a su vera, siempre a la verita suya y funcionarios docentes, como él, for ever, a sus tres hijos. Creo que tenía un cuarto que no se dejó, es que hoy, hija, el que te sale rebelde te amarga la vida, ya no saben lo que quieren. And so on. Un colega mío tenía su mujer de contratada para dar clases de lengua española en la Facultad de periodismo, pues es filóloga. Corcho, me fui de viaje unos meses y a la vuelta me enteré de que había conseguido colarla de profesora titular de Derecho. Los caminos del Derecho a veces son torcidos, como dicen de los renglones de dios, que escribe empinado, pese al buen pulso que lo define.
No muy lejos de donde yo en tiempos paraba se chinó definitivamente un cátedro entrado en años. Ni una a derechas daba ya, un auténtico cencerro. Pobre, sí, estoy de acuerdo, es una desgracia. Pero lo hicieron emérito para que, ya jubilado, enseñara unos añitos más a sus perplejos alumnos. Pidió la Universidad dictamen a dos de su gremio y el uno le dijo al otro dilo tú que a mí me da la risa. Y el otro respondió no, dilo tú que es un marronazo. En cosa de dos minutos ya se habían puesto de acuerdo ambos para dictaminar positivamente a dúo. Pavarotti y Plácido dando el cante, mismamente. Por el bien de la institución y defendiendo los valores de la santa tradición.
¿Que usted ha preparado diferentes oposiciones serias y no ha pasado de la primera prueba en ninguna? Pobrecito, míralo, treinta años, con novia y sin sueldo ni nada, saquémosle plaza de titular de Escuela Universitaria. Y no crean que la mayoría de estos sujetos responden con agradecimiento a la Cosa (perdón, quise decir Casa) y a los que prevaricaron en su honor. No. Generalmente en cuanto firman la toma de posesión dejan de aparecer por el trabajo, cuando de la Universidad se trata. Y todos, comprensivos, los disculpan con argumentos de este pelaje: es que ha comprado piso en Torrelodones y, claro, le cae lejos, no le vas a pedir que se haga el mogollón de kilómetros cada día. Elemental, magnífico y excelentísimo Watson.
Se me va la ira a lo mío y parece que sólo en la Universidad cuecen habas. Para nada, aunque ahí las haya a calderadas. ¿Que usted ha comprado una casa más cara de lo que puede pagar? Tranquilo, le convocamos una plaza de técnico en concurso restringido, tres mil al mes (va por ti, anónimo) y ya puede ir tirando, pobre chaval. ¿No es Juanín, el del Sindicato, el que lleva tres años liberado? Pues eso, hombre, ya bastante ha hecho para merecer ascenso. En el Ayuntamiento de mi tierra gijonesa saben bastante de eso últimamente, han perdido pleitos pero no han dado brazo a torcer. Puxa el sindicatu, mecagoenlespitesroxes. ¿Que usted le tiene fobia al condón y tampoco es precisamente el rey de la marcha atrás? No se angustie, su amplia prole le hará merecedor de estatuto funcionarial y le votaremos para cubrir la próxima vacante, aunque haya otros muchos con méritos mucho mayores. Mira esas criaturas, por dios, clavaditas a él, qué monos. Qué mala suerte tuvo mi abuela. Con sus catorce hijos se habría ganado algo más que el cielo si llega a ser hoy y se arrima a alguna tómbola autonómica, municipal o universitaria, algo caería, por el bien de su descendencia.
Y no se le ocurra a usted criticar el resultado, pues lo etiquetarán de insensible y descastado, ser sin entrañas, enemigo de la cláusula de Estado social presente en lugar bien visible de nuestra atribulada Constitución. Qué gente tan compasiva, tan caritativa, ésa que dispara así con pólvora ajena, pólvora pública. Dar limosna grande de la cartera de otro y encima presumir, eso sí que tiene gracia. Viven felices enumerando cuántos inútiles le han endilgado al Estado y sus sucursales y se sienten orgullosos de su exigente moral y de su compromiso con la sociedad democrática. Tienen aquello tal cual como se dice del caballo de Espartero.

14 diciembre, 2005

Cuba y los disidentes. Un maravilloso artículo en El País

Miren qué cosa, un artículo hermoso y que debería dar que pensar incluso al que no quiere enterarse. Y lo publica hoy El País, así que puedo citarlo y recogerlo aquí sin que me acusen de traidor a la causa. ¿A qué causa? Yo que sé, a la causa, hombre.
Pues se titula Nuestros lectores en La Habana y lo firma Theresa Bond. Pichen y léanlo allí. Pero me permito reproducirlo también aquí, por el bien de la causa. De la causa de la libertad, esta sí me la sé.
Primo Levi lleva casi tres años entre rejas en Cuba, y ha permanecido durante meses enteros en varias cárceles. Después de la represión enérgica contra los disidentes en marzo de 2003, Günter Grass fue enviado a la prisión de Boniato a animar a Manuel Vázquez Portal, un poeta cubano condenado a 18 años. Es obvio que la frágil y valiente esposa de Manuel, Yolanda, prefiere a los europeos del Este: realizó con Ryszard Kapuscinski, Milan Kundera y Josef Skvorecky el trayecto de 980 kilómetros desde su casa hasta la cárcel. Y El tambor de hojalata llegó junto con una goma de borrar y un pedazo de jabón, ya que las ratas se habían comido las provisiones de Manuel. La más viajada probablemente sea Aung San Suu Kyi, líder birmana pro democracia. Cruzó la isla desde la penitenciaría de Santiago de Cuba hasta la prisión de Pinar del Río con Normando Hernández, que se había declarado en huelga de hambre y fue trasladado como castigo.
Cuando Fidel Castro ordenó el encarcelamiento de 75 de los disidentes más activos con condenas de hasta 28 años, asestó un duro golpe al movimiento de la oposición. Pero no hay mal que por bien no venga. Por un lado, las mujeres de los "75" descubrieron una resistencia interna que jamás habían sospechado, muy similar a la de las madres argentinas cuando exigieron información sobre sus desaparecidos en los años setenta. Por otro, la mayoría de estos presos políticos están empleando su tiempo "libre" para instruirse en historia, ciencias políticas y poesía, aprender idiomas y estudiar manuales médicos. Estos internos recientes son la flor y nata indiscutible del movimiento disidente. Antes de su detención, eran periodistas independientes, activistas sindicales, economistas, médicos o bibliotecarios con un apetito lector superior a la media.
Alfredo Felipe Fuentes es un periodista independiente y bibliotecario que solía compartir con el vecindario su impresionante colección de volúmenes sobre los derechos civiles. (Su acusación nos informa de que "la literatura noble se mezclaba con libros de evidente inclinación por la desobediencia civil, que incitan y promueven el cambio del sistema social y de Gobierno"). Y la lista de sus obras confiscadas menciona 50 títulos sobre derechos humanos como La protección internacional de los derechos de la mujer y Teoría de la justicia y derechos humanos, además de 51 copias de la Declaración universal de los derechos humanos. ¡Material incriminatorio, ya lo creo! No es de extrañar que la petición de 15 años de la acusación se incrementara a 26. Durante los dos últimos años, Alfredo ha estado desprovisto de sus derechos humanos y de sus libros sobre los mismos, pero tiene en su celda una biografía de Gandhi, Los miserables, de Víctor Hugo; El poder de los sin poder, de Václav Havel, y La segunda revolución, de Adam Michnik.
Los ex disidentes Michnik y Havel comparten la inusual distinción de haber escrito misivas desde prisión que los internos cubanos ahora saborean entre rejas. Cartas desde la prisión, de Michnik, y Cartas a Olga, de Havel, figuran entre las lecturas penitenciarias más populares. Réquiem, de Anna Ajmatova, parece dirigido a las esposas; la gran dama de la poesía rusa escribe desde el Leningrado de 1940 sobre el permanecer frente a la puerta de la cárcel, una actividad conocida para bastantes mujeres de La Habana en 2005. Manuel Vázquez comentaba en una ocasión que gracias a las entregas de Yolanda, su solitaria celda parecía una versión en pequeño de la Feria del Libro de Francfort. Sus libros circulaban entre los prisioneros políticos y los internos comunes, e incluso por el corredor de la muerte. Manuel no podía creer que todas aquellas delicias lograran pasar el escrutinio de la censura carcelaria. Quizá la explicación sea que si los guardias fueran lo bastante refinados como para interpretar poemas de Ajmatova y distinguir entre Karl Marx y Karl Popper, ellos también serían líderes de movimientos disidentes y no empleados del sistema de seguridad del Estado.
La supervivencia física es el principal reto en las penitenciarías cubanas, de modo que clásicos del gulag de la era soviética como Un día en la vida de Iván Denisovich, de Alexander Solzhenitsyn, o Mi testimonio, de Anatoly Marchenko, se consideran manuales prácticos, aunque la relevancia de los consejos para resistir el frío siberiano es dudosa. Muchos detenidos tienen un acceso muy limitado a los libros. En su visita trimestral, la familia de Adolfo Fernández Sainz, traductor estatal en congresos internacionales que más tarde se convirtió en periodista independiente, debe incluir el peso de los libros en los 13,5 kilos de comida autorizados, Su esposa prefiere que Adolfo coma en lugar de leer, así que los frijoles negros entran, pero Shakespeare se queda fuera.
Berta Soler desafía a los guardias y lleva a su marido, Ángel Moya, otro prisionero político del grupo de los 75, biografías de Martin Luther King Jr. y del mulato Antonio Maceo, héroe cubano de la independencia del siglo XIX. Y cuando Moya necesitó una operación de espalda pero fue retenido en prisión, Soler organizó una sentada frente a la oficina de Fidel Castro en la Plaza de la Revolución de La Habana. Dos días después, Moya se encontraba en el pabellón de cirugía. La noticia sobre esta desobediencia civil sin precedentes se difundió de boca en boca. Pronto, a la esposa de otro detenido se le acercó una prostituta de La Habana con un walkman: "Dale esto a la negra que se plantó en la Plaza, es pa' su macho". Los walkman no están permitidos en las celdas, así que la esposa sugirió libros en su lugar. "Ay, mamita, de eso sí que no tengo", respondió la trabajadora sexual, "pero le compro algunos". Unos días después, apareció con obras de E. A. Poe, un Arsenio Lupin, de Maurice Leblanc, y una biografía de Vincent Van Gogh.
Lo que más tarde acabaría convirtiéndose en una biblioteca itinerante para estos internos consistía al principio en las sobras de las colecciones de los acusados. Luego, una de las esposas empezó a comprar libros en la zona. Hay tres formas de adquirir libros -o cualquier otra cosa- en Cuba: en divisa local, pero las opciones quedan limitadas a literatura propagandística, excepto un Dostoievsky o un Balzac aquí y allá; en tiendas del Estado que sólo aceptan moneda extranjera, pero cuya oferta apenas va más allá de las novelas de suspense en otras lenguas para que las disfruten los turistas de vacaciones con sol y playa, que no es precisamente lo que prima en el paisaje penitenciario; y en puestos de libros privados, que están permitidos en la parte histórica de la capital para dar un aire popular al entorno, y en los que los géneros y los precios se adaptan a los extranjeros: la mayoría son obras por y sobre Castro y Che Guevara.
Más tarde, amigos en el extranjero establecieron una lista de lectura principal y empezaron a enviar manuales, diccionarios, enciclopedias, biografías y novelas históricas, con lo cual la colección llegaba a unos 400 títulos. Al principio, las esposas pedían "libros grandes", ya que parecía que sólo se autorizaba uno por visita; las extensas "obras completas" publicadas en papel fino hacían furor. Luego el peso se convirtió en un problema, así que los ligeros libros de bolsillo eran más codiciados que las ediciones en tapa dura. El escoger títulos para su lectura en la celda es delicado; no valen El Conde de Montecristo o Robinson Crusoe, aunque Berta Soler -por ingenuidad o pura valentía- llevó a Moya un clásico del género: Papillón, de Henri Charrière. Tampoco nada demasiado gráfico, como El amante de Lady Chatterley o Trópico de Cáncer. Ni el Marqués de Sade, por favor, aquel otro preso distante de La Bastilla. Pocos intelectuales son indiferentes al castrismo, así que los escritores o bien se oponen a su dictadura y sus obras no llegan detrás de los barrotes (Mario Vargas Llosa, Octavio Paz, Susan Sontag, Hans Magnus Enzensberger y otros por el estilo), o bien son apologistas incondicionales (encabezados, lamentablemente, por Gabriel García Márquez) y es mejor no irritar más a los prisioneros evocándolos. Por supuesto, los escritores cubanos exiliados están prohibidos -cuanto más importantes, peor-, así que nada de Reinaldo Arenas o Guillermo Cabrera Infante.
Cuando se conoció la existencia de la biblioteca itinerante para los internos, hubo donaciones de libros por parte de cubanos que no se atrevían a alzarse, pero que querían mostrar solidaridad con quienes sí lo hacían. Uno de esos partidarios afirmaba al entregar algunos volúmenes: "Puede que yo sea un cobarde, pero que después no digan que Roberto no ayudó a los disidentes". "Después" está en muchas mentes de la isla, en la que todo el mundo espera discretamente la muerte de Fidel, también conocida como el "hecho biológico". Sin embargo, toda una generación de disidentes que podría haber ayudado a preparar a la sociedad cubana para la era pos-Castro sigue inactiva, leyendo libros. Tal vez haya esperanza en el pragmático espíritu emprendedor del pueblo: cuando se le pidió que donara obras para la biblioteca itinerante de los presos, un librero particular de la Plaza de Armas, en la Vieja Habana, que ofrece servicios tanto a turistas como a exiliados cubanos de Miami, aceptó, pero a cambio pidió autógrafos de los presos políticos. ¿A lo mejor el pago inicial para una Cuba libre?
Theresa Bond es analista política. Traducción de News Clips.

La palanca de Polanco y la impericia del imperio.

En la media horita de zapping que uno se concede cada noche, como pretexto para fumarse un cigarro bien guapo con pasión de exfumador inconsecuente, constaté cómo La 2 y Canal 4 daban caña simultánea a la Norteamérica de Bush, la una con un buen documental sobre las torturas en Irak y el otro con lo de la pena de muerte aplicada ayer a ese hombre para el que Terminator no tuvo clemencia. Y la evidencia se impone a cualquier espectador mínimamente avisado, que piensa míralos que monos y coordinados, marcando el paso al ritmo de la campaña que Pepiño y ZP, las lumbreras de la izquierda postmoderna ( o simplemente post), han ideado para recuperar imagen al grito de “los amigos de los otros sí que son malos” o “sabemos lo que hicisteis el último verano”.
Pero, ay, amigo, por mucha grima que dé, y a fe mía que la da, ver la política de acá en caída libre, no queda más remedio que reconocer honestamente una cosa: lo de Bush es un desastre que también vamos a pagar todos. Estamos copados, el mundo, de aquí al imperio, ha caído en manos de gilipollas convictos y confesos.
Detesto el antiamericanismo y, sobre todo, el de esos coleguillas que despotrican contra USA y citan sin parar a Chomsky al tiempo que se pirran por pasar cuatro días en una Universidad californiana o por mandar a sus hijos a hacer allá un curso, para que aprendan menos que aquí (que ya es decir), pero fardando el triple. Detesto el antiamericanismo, sí, pero a este Presidente norteamericano y a su gobierno no hay hijo de madre en sus cabales que pueda defenderlos.
Contra la amenaza del fundamentalismo islámico, contra esa alianza anticivilizatoria que quiere acabar con las libertades, la ciencia y la ilustración entera, no nos queda más defensa efectiva que la invocación consciente y bien documentada de la superioridad de nuestra cultura, de la excelencia de nuestras libertades, de las virtudes de nuestro humanismo y de la potencialidad de estas sociedades para seguir venciendo injusticias y superando discriminaciones. Queda muchísimo por hacer, pero los fundamentos teóricos están puestos desde hace siglo y medio o dos siglos y sólo hay que seguir haciendo de la política el medio para la mejor realización de los ideales de libertad, igualdad y justicia que son el alma de la Modernidad y la Ilustración en Occidente.
Muy bonito, ciertamente, y yo creo profundamente en eso. Pero, tal como vamos, no nos quedará mucho de qué presumir frente a esos fanáticos de dioses asesinos, apóstoles de la muerte y adalides de la crueldad. Porque miren quién se ha puesto a defendernos, a velar por nuestra civilización: otro fanático, un iluminado que se siente, él también, salvador del mundo a cualquier precio, llamado por su dios, al parecer, para imponer en la tierra a sangre y fuego la supremacía de los buenos, que son los de su clan y su iglesia.
¿Cómo vamos a proclamar las virtudes de nuestra cultura, la superioridad de nuestra filosofía de los derechos humanos o las promesas liberadoras de nuestras constituciones, si la vanguardia de Occidente la ocupa el Presidente de un país que sigue aplicando la pena de muerte en estos tiempos y que, para colmo y definitivo descrédito, ha reimplantado la tortura con todas las de la ley, manchando de paso a sus socios y contaminando a la vieja Europa, que pensaba tales modos definitivamente vencidos?
No somos quien nosotros, obviamente, para decirles a los norteamericanos quién debe gobernarlos ni a su Presidente que lea un poco y se entere. Pero sí debemos, desde aquí, implorar a la buena vieja Europa que tome la delantera, que se deje de pataletas de adolescente y que pase a llevar la iniciativa, que no se limite a criticar al papá yankee, se haga adulta y defienda de una vez por todas los valores que la hicieron como hoy es. Que los defienda por las buenas y por las malas, en la paz y en la guerra, si la hubiere. Pero que los defienda sabiendo que hay límites que no puede rebasar si no es al precio de destruir su propia esencia y hacerse cómplice de los mismos que quieren acabar con esta civilización que ha costado tanta sangre y tanta lucha, que se cimentó en el esfuerzo y el sufrimiento de tantos que fueron masacrados y torturados por buscar la libertad, combatir el dogmatismo, comenzando por el religioso, y oponerse a los privilegios.

13 diciembre, 2005

Gregarios

Hay muchos misterios. También en los asuntos sociales y políticos. Uno que me parece de los más hondos, un auténtico enigma es éste: ¿por qué las personas y partidos que hace unas décadas eran marxistas duros, comunistas y así, se han pasado últimamente con armas y bagajes al nacionalismo y al apoyo de toda ideología o filosofía –indigenismo, comunitarismo, relativismo cultural, etc.- que exalte las virtudes de la tribu y las ventajas del grupo, en detrimento del individuo y su primacía moral y política? ¿Por qué quienes hace años querían unir a los parias de la tierra en la lucha final, ahora quieren fragmentarlos en comunidades, culturas, pueblos y naciones? ¿Cuál es la razón de que su universalismo, que buscaba en la unidad de los proletarios de todos los países –clase universal, decía el viejo Marx, que poco se parecía a los que lo siguieron- la vía para hacer una revolución que acabara con fronteras y Estados e impusiera la justicia planetaria, se haya trasmutado en un parroquialismo casi obsceno, en un localismo que cuestiona toda pretensión de igual atención para los ciudadano del mundo y prefiere que todos se diferencien por razón del lugar en que los parieron, la tradición que los acoge o la lengua y los ritos que les inculcaron desde la cuna –en el mejor de los casos, pues otras veces se trata de una autoinoculación de lengua y folklore por adultos que buscan raíces con las que combatir su fobia a los espacios abiertos, a la autonomía personal, en suma-?
Se me ocurre que la respuesta tiene que hallarse por el lado de alguna coincidencia entre aquel marxismo pervertido de antes y este grupalismo de ahora. Y creo que ese elemento coincidente es el gregarismo. Probablemente lo que emocionaba a muchos de aquellos progres antañones, que militaban en los partidos de la revolución proletaria, no era tanto la idea abstracta de reparto y justicia que figuraba en sus programas, como la sensación de estar integrados, fundidos y confundidos en partidos de masas (todos los partidos querían ser de masas y la mayoría no pasaban de un pequeño grupo de amiguetes que vestían igual, leían las mismas cosas y soltaban las mismas monsergas malamente aprendidas) y la esperanza de que un día estarían entre los miles que, todos a una, cantando himnos enardecedores y ondeando banderas de vivos colores, tomarían las Bastilla nuevamente, o el palacio del Zar, o el edificio público que se pusiera a tiro. Seguramente lo que más les estimulaba era el sueño ese de ser masa, parte del organismo vivo de la revolución, igual entre sus iguales, uno más entre miles y millones. Todo antes que sujeto libre, crítico, autónomo, pensante, capaz, independiente. Buen repetidor de consignas, ejemplar manifestante en manifestaciones, jugador en la selección innúmera de los justos por decreto, cola de la vanguardia, conciencia abandonada en brazos de líderes y grupos, oveja disciplinada que da lustre al rebaño y es orgullo de pastores.
Puede que por eso a muchos les costara tanto abandonar el barco cuando ya se iba sabiendo en qué rudas tiranías habían ido a parar las revoluciones soñadas y qué clase de energúmenos degenerados eran sus mandamases, los Stalin, los Mao y compañía (y, en perfecto paralelismo, ya conocemos quiénes estaban del otro lado, en las cuadras de enfrente, con seguidores de programas opuestos pero talante personal bien similar en esto del gusto por hacer piña). Apartarse de una idea no es difícil, una vez que el sujeto cae en la cuenta de que es equivocada o que lleva a consecuencias perniciosas. Lo duro es dejar el rebaño. Al que tiene mentalidad de cordero le asusta la inmensidad de los prados, la falta de cercados y, sobre todo, la ausencia del pastor y de sus perros. Antes rodeado de carneros decrépitos que ser oveja sola, mejor arriesgarse a que el pastor nos desolle un día –y a cuántos les pasó, literalmente- que saltar la valla para vivir y pensar por libre. Un hombre un voto, qué horror, ¿qué ordena el partido?
Pero siempre aparece un amo para quien desea ser esclavo y nuestros amigos progresistas pronto pudieron echarse en brazos de un nuevo gregarismo. El proletariado los dejó en la estacada, pero no van a quedarse solos. Nuevos profetas surgieron (mejor dicho, resurgieron, pues su mensaje es más viejo que Matusalén y han tenido predecesores a porrillo, tantos como reaccionarios en la política mundial han sido), para decirles que no hay para el hombre liberación y justicia fuera del grupo, al margen de la horda, sin el calor del rebaño; que ha muerto la esperanza de que seamos los humanos iguales en derechos o en la satisfacción de necesidades mínimas, pero que podemos consolarnos haciéndonos idénticos con nuestros vecinos, para, así, diferenciarnos de los de más allá y sentirnos especiales por ser miembros clónicos de un grupo distinto. Todos hablando la misma lengua, bailando los mismos sones, comiendo los mismos platos, vistiendo los mismos trajes –en mi tierra anda un afamado político de izquierda haciéndose trajes regionales a medida para los actos oficiales, trajes que le quedan más falsos y postizos que una depilación a un chimpancé- creyendo y contando los mismos cuentos, quejándose al unísono por idénticos agravios, reales o supuestos.
Ni creían antes en la justicia para los proletarios y la humanidad, ni creen ahora en la liberación de los pueblos oprimidos, por cuya autodeterminación dicen que luchan. Lo que les gusta es sentirse calentitos y apretados entre sus iguales, ser masa, soñarse parte de algo que los supere, cuerpo de tropa orgullo de sus generales, ratoncitos para el laboratorio de la historia local. Son lo que sale del cruce entre un mentecato y un miedica. Y son unos reaccionarios. Y son los culpables de que no haya esperanza de que nos libremos los humanos de las cadenas. Porque aman las cadenas mucho más que a los hombres, y nunca van a dejar en paz a los que no quieren vivir encadenados ni a la tierra ni a la patria ni a los jefes ni a los dioses. Por eso tienen la obsesión de hacer obligatorias las señas del rebaño, el afán por ponerle a la gente la marca de su cuadra, la señal de su patrón, como se hace con el ganado. Y los marcan con la lengua obligatoria, la historia obligatoria, la religión obligatoria. Para que cualquiera que los vea sepa que tienen dueño, que no son libres, que no pueden dejar los muros que los encierran.

12 diciembre, 2005

Los desórdenes en Francia. Una entrevista con Alain Finkielkraut y otro desahogo de un servidor

En el periódico alemán Die Welt se publicaba el pasado sábado una larga entrevista con Alain Finkielkraut sobre los incidentes recientes en París y otras ciudades francesas. La entrevista lleva como título el de “Un progrom contra la República”. Naturalmente va en gustos el apreciar o no a este pensador y el compartir o no sus tesis sobre este tema. Pero, como mínimo, a mí me suenan a aire fresco y motivo de reflexión seria, en este mundo nuestro en que todos, de Presidentes para abajo, repiten consignas como papagayos y lugares comunes descomunales.
Y uno se queda pensando que la historia se repite por enésima vez y, de nuevo, legiones de intelectuales ociosos y bien alimentados, de profesores que cobran en dólares y presumen de su buen acento inglés, se abalanzan con auténtica ansia para suplantar la voz de los que en realidad no quieren decir nada, para elevar a ideología liberadora lo que es pura pulsión primaria e incontrolada. La historia europea de los últimos cien años, como mínimo, es la del entusiasmo de los intelectuales presuntos o los burguesitos leídos ante cualquier mastuerzo que proponga y practique la violencia. Siempre ese reparto de papeles, los de las camisas pardas, o rojas, o negras, rompiendo, quemando, agrediendo; los señoritos funcionarios con ínfulas mesiánicas poniendo letra a sus himnos tarados o moraleja a su odio. Muertos, felizmente idos los hitlers y stalins, andan los rebaños profesorales ansiosos de pastor, sedientos de fusta, locos por un amo, necesitados de macho dominante, nostálgicos de castigadores, sedientos de sangre, a ser posible inocente. Una mierda. Esto sí que es, una y otra vez, la traición de los intelectuales. Habrá ciento y un congresos y seminarios para tratar de los disturbios en Francia y volveremos a oír que al quemar coches, destruir tiendas o amedrentar a inocentes transeuntes lo que se expresa es el clamor de los desamparados. Pero ni uno de esos presuntos desamparados justicieros será convocado a una sola de tan sesudas sesiones ni se le pagará por ponencia o comunicación. No, serán aseados y bien orondos seguidores de Bourdieu o albaceas de Foucault u ordeñadores de Derrida los que hablen en su nombre y cobren por ello. Impostores. Gandules. Ojalá les quemen el coche y les saqueen la cuenta corriente. A ellos sí, por jetas, por desaprensivos.
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Bueno, a lo que íbamos. Traduzco aquí por mi cuenta, aunque sea un poco pedestremente y sin preocuparme mucho de las reglas de estilo, algunos fragmentos de tal entrevista con Finkielkraut que me parecen particularmente significativos y retadores. Me referiré a lo declarado por Finkielkraut con la inicial F y a las preguntas con P.

F.- En Francia estos desórdenes son relacionados con su aspecto social y se los concibe como manifestación de la irritación de los jóvenes de los barrios periféricos por su situación, contra la discriminación, contra el paro. Pero el problema está en que la mayoría de estos jóvenes son musulmanes negros y árabes. Mire usted, en Francia existen otros grupos de inmigrantes en situación difícil –chinos, vietnamitas, portugueses-, pero no toman parte en los altercados. De ahí que esta revuelta posea un claro carácter étnico-religioso. ¿Cuál es el origen de la revuelta? ¿Es una respuesta de los árabes y los negros al racismo del que son víctimas? No lo creo, pues esta violencia ha tenido precedentes que no pueden ser reducidos solamente a una reacción al racismo francés (...). Son claras muestras del odio a Francia. Todo este odio y esta violencia se han manifestado en los incidentes de estos días. Ver esos desórdenes como reacción al racismo francés equivaldría a cerrar los ojos ante un odio muy extendido, el odio a Occidente (...).
F.- Esta gente ha sido calificada como rebelde o revolucionaria. Esto es lo peor que se ha podido hacer a mi país, Francia, y me siento muy afectado por ello. ¿Por qué? Porque el único camino para acabar con los desórdenes es descalificarlos, avergonzar a sus autores. La vergüenza es la base de toda ética. Pero en lugar de tratar de avergonzar a los autores de esos hechos, les hemos proporcionado legitimidad. Se dice que son “interesantes”, que son “los condenados de la tierra”. Imagínese por un momento que esa gente hubiera sido blanca, como en Rostock, Alemania. De inmediato habría dicho todo el mundo: “el fascismo no puede ser tolerado”. Pero cuando un árabe ataca una escuela es una rebelión. Si lo hace un blanco, es fascismo. Yo no atiendo a colores. Malas acciones son malas acciones, da igual el color de la piel del que esté detrás (...).
P.- Pero el paro en los barrios periféricos es extremadamente alto. Casi el cuarenta por ciento de la gente entre quince y veinticinco años no tienen ninguna oportunidad de encontrar un empleo.
F.- Permítame volver de nuevo al tema escolar. Si los padres lo envían a uno regularmente a la escuela, ¿es normal buscar al mismo tiempo un trabajo? Yo mismo fui enviado a la escuela a aprender. Formación y cultura son valores autónomos. Se va a la escuela a aprender. Ese es el sentido de la escuela. ¿Y qué dicen realmente esos que destruyen escuelas? Su mensaje no es ningún grito de petición de ayuda ni ninguna exigencia de más o mejores escuelas. No, su deseo es destruir todo lo que se interponga entre ellos y el objeto de su codicia. ¿Y cuál es el objeto de su codicia? Dinero, ropas de marca, a veces chicas. Y esto es algo por lo que nuestra sociedad sin duda tiene parte de responsabilidad. Lo quieren todo y lo quieren de inmediato. Y lo que quiere son los símbolos de status de la sociedad de consumo, lo que ven en televisión.
F.- La única manera de luchar contra la discriminación es subir la exigencia en los exámenes y volver a introducir seriedad en la educación. Esa es la única manera. Pero eso no puede decirse.
P.- Muchos de esos jóvenes dicen que el problema es que no se sienten franceses y que Francia no los ve realmente como franceses.
F.- El problema es que ellos mismos deberían verse como franceses. Cuando un inmigrante habla de “los franceses” y quiere con ello decir los blancos, ya hemos perdido. Si su identidad tiene raíces en otra parte y están sólo en Francia de resultas de un cálculo utilitario, estamos igualmente perdidos. Debo añadir que también los judíos comienzan a usar esas expresiones. Los escucho referirse a “los franceses” y no puedo soportarlo. Yo les digo: “si Francia es para vosotros sólo un asunto de utilidad y si vuestra identidad verdaderamente se halla en el judaísmo, deberíais al menos ser honestos con vosotros mismos: iros a Israel”. Pero el problema es aún mayor: vivimos en una sociedad postnacional en la que el Estado es para todos sólo algo utilitario, una especie de gran compañía de seguros. Esta es una evolución que hay que tomar muy en serio.
P.- ¿Qué va a ocurrir en Francia?
F.- No lo sé. Yo estoy desesperado. Por los disturbios y por la manera como se informó de ellos en los medios de comunicación. Los disturbios decrecen, pero ¿qué significa esto? Terminarán ahora, porque hay muchas trabas. Los extranjeros tienen miedo y los traficantes de drogas quieren que retorne el orden. Pero el discurso autocrítico de los que hablan de esclavitud y colonialismo refuerza el sentimiento antirepublicano y los anima. No habrá retorno a la tranquilidad y al orden, sino un regreso a la violencia como rutina.
P.- ¿No queda ya ninguna oportunidad para las ideas?
F.- No. Yo he perdido. Es interesante que a mí actualmente, cuando hablo así como ahora, mucha gente me manifiesta su acuerdo. Mucha. Pero en Francia hay algo: el no querer saber la verdad, cuyo origen está en los sociólogos y los trabajadores sociales, y nadie se atreve a decir algo distinto. La lucha está perdida. Yo quedo atrás, solo.

11 diciembre, 2005

Saludo y luego: "Academias, universidades y tertulias, de ayer a hoy". Un artículo de G. Zaid

Acabo de regresar a casa desde las entrañas del frío. Pero bien. He estado desconectado de la cosa ciberespacial desde el miércoles, cosa que no viene mal de vez en cuando, por lo de desIntoxicarse. Acabo de leer los comentarios de estos días. Los agradezco todos muy sinceramente, pues tener interlocutores y personas con ganas de debatir con uno y entre sí es un lujazo en estos tiempos. Me rasco un poco la cabeza (no es fina la expresión, pero sí gráfica), eso sí, al ver lo revuelto que anda todo. Lo de ofrecerme para comentar las cosas que a los amigos del blog se le ocurran es una idea tentadora, a la par que un tremendo ejercicio de soberbia. A lo mejor me animo, por tanto. Pero de muchas cosas o no tengo nada que decir o para qué decir nada.
Algún ejemplo rápido. Respeto enormemente la religiosidad de la buena gente, del mismo modo que aprecio poquísimo a cualesquiera iglesias. A Irichc le estoy francamente agradecido por su deferencia con este blog y admiro la fuerza de sus convicciones, que no comparto. Cuando las personas religiosas argumentan teología en mano, para mí ya ganan bastante, aunque yo no comuLgue con su fe. Desde ese respeto le digo a este amigo que tengo que leer más despacio su largo comentario con cifras y cálculos. Apenas he tenido tiempo aún para un vistazo. Pero, caray, tanto fallo de los preservativos en asunto de prevención del SIDA me sorprende. Y tampoco he entendido a la primera eso de que los que no lo usan tengan un promedio de relaciones fuera de la pareja muchísimo más bajo que los otros. Pero reeleré, calculadora en mano y juzgando también, cómo no, por la gente que yo conozco, jeje.
Lo del holocausto no lo voy a comentar, estimado anónimo oficial y amigo. Por la misma razón que no hablaré aquí de que los bípedos tienen dos patas y los cuadrúpedos cuatro. Para qué. No me lo tome a mal. Si todos los datos, testimonios, indicios, muestras, etc., etc. son falsos y amañados, no merece la pena hablar de nada, hasta es posible que usted y yo no existamos y que no seamos más que la ensoñación de un rumiante o cosa por el estilo. Si no es evidente la evidencia, imagínese lo evidente que será lo no evidente. Un lío, dejémo así, amistosamente. Como le deseo sinceramente lo mejor, confío en que no le toque a usted nunca vivir bajo el mandato del presidente iraní que usted ha empezado a mirar con simpatía. Por más de cuatro cosas de las que usted ha escrito aquí mismo, en este blog, ya le habrían cortado algunas de las partes que posiblemente más aprecia. Luego dirían que fue mentira, invento de historiadores. Y no me diga que esto es una falacia ad hominem, porque es otra cosa, simple ironía, pero para que lo medite.
En cuanto a su desahogo y sus juicios sobre el asunto de la policía,no lo comparto, pero sería preferible que lo habláramos en persona, ocasión en la que trataría de convencerlo a usted de algunas cosas sobre hechos, actitudes y, sobre todo, sobre lo poco que esos desahogos suyos aportan a las causas de la justicia que en ese tema posiblemente le interesan a usted y a los que usted quiere defender.
Cambio de tema. Lo de Fernández Ordóñez es verdad que tiene gracia, por lo que parece. Muchas abuelas estarán de acuerdo, a qué tanto viaje y tanto lujo, con lo bonito que es ver a toda la familia amarrada a la casita de setenta metros que se acabará de pagar en el 2030. Se le olvidó decir que las hipotecas caras son también la mejor receta contra el divorcio, pues así la gente no se casa y, si se casan, ni de broma se divorcian. Yo ya conozco algún divorciado que sigue compartiendo casa con su ex por culpa del mercado inmobiliario. Pero claro, para seguir tropezándose a la salida del baño cada mañana no hacía falta disolver el vínculo (esto suena a plato de Ferrán Adriá: "vínculo disuelto al aroma de gel, con tropezones de mala hostia". Un hallazgo).
Pero, insisto, hoy no tengo tiempo ni fuerzas para grandes tejemajes teóricos, pues aún noto el frío en las entretelas y restos de Bratwurst en el alma. Así que aprovecho para meter aquí una cosilla que había dejado en borrador el miércoles, míralo que previsor y que apañado el profe. AHÍ VA:
Tengo auténticas debilidad por el ensayista mexicano Gabriel Zaid. Acabo de pillar un artículo suyo en Letras Libres y lo copio aquí con todo descaro. Pertenece al número último, 84, diciembre de 2005, de la edición mexidana de esta revista. Uno puede suscribirse gratuitamente en www.letraslibres.com y alcanza los contenidos de la edición mexicana, la española y Vuelta. Todo un lujo. Lo digo para que no quede tan mal mi pirateo.
Es largo, para los que gusten de la erudición bien asentada, la crítica sutil y la historia de las cosas. Es éste:
Gabriel Zaid, Universidades platónicas.

Los presupuestos multimillonarios que hoy tienen muchas universidades llegaron con una administración cada vez más consciente de las realidades financieras, el mercado, las relaciones públicas y la política. Las consecuencias negativas fueron anticipadas por Thorstein Veblen (The higher learning in America. A memorandum on the conduct of universities by businessmen, 1918) y confirmadas por Derek Bok (Universities in the marketplace. The commercialization of higher education, 2003), después de presidir la Universidad de Harvard. Ambos critican, por ejemplo, el trato especial que reciben los deportistas universitarios, aunque apenas cumplan los requisitos escolares. No son como aquél tan ancho de omóplatos que fue llamado Platón, olvidando su nombre de Aristocles. Porque no se trata del deporte como ejercicio y recreo de los jugadores, en beneficio de su trabajo intelectual (mens sana in corpore sano), sino del espectáculo que exalta la identidad institucional. La euforia que produce un triunfo deportivo provoca llamadas de felicitación a las autoridades universitarias. En algún caso, provocó un homenaje en televisión, donde se examinó la trayectoria curricular del equipo y su figura principal: un dentista que había obtenido su "licenciatura en la universidad y su doctorado en el Real Madrid". ¿Cómo entender el énfasis deportivo? ¿Qué comparte con la enseñanza y la investigación? La sinergia corporativa. Son actividades distintas, pero el negocio es el mismo: la identidad, la marca, la legitimidad, que la institución vende y el mercado está dispuesto a pagar. Hasta los millonarios que no tienen interés en las cuestiones eruditas se identifican con las victorias deportivas de su alma máter, y la patrocinan. Para una trasnacional que patrocina investigaciones, un dictamen científico favorable, o cuando menos no negativo, vale oro. Y también valen mucho en el mercado las credenciales de saber expedidas por la universidad. Hacia fuera, las universidades buscan dominar el mercado, poner sucursales y absorber o controlar instituciones y proyectos que refuercen su prestigio y poder oligopólico. Una gran biblioteca, un canal de televisión, la sede de un acto que salga en los periódicos, cualquier fondo presupuestal importante o proyecto de relumbrón, no deben ir a la competencia. Hacia dentro, el mercado se divide por cárteles. La pasión por el saber toma la forma de pasión territorial. No te metas en mi área. No promuevas proyectos que no te corresponden. El saber se define y se defiende como turf. Por eso, no abundan los proyectos multidisciplinarios. Los avances en las fronteras del saber se prestan a conflictos en las fronteras del poder. A menos que la zona de nadie se instituya como una nueva especialidad, que merece nombre, oficinas, laboratorios, personal y presupuesto propios. Werner Jaeger (Aristóteles) afirmó que las universidades modernas "no pueden ver en Platón a su modelo". La Academia platónica era una especie de comunidad contemplativa, un ideal de vida: la bios theoretikós. Siglos después, el platonismo tomó un giro religioso que influyó en los ideales de las comunidades monásticas, como subraya el mismo Jaeger en Cristianismo primitivo y paideia griega. Harold Cherniss (El enigma de la primera Academia) buscó en las fuentes griegas a qué se dedicaba la Academia de Platón. Rechaza la "conclusión extrema de que la Academia era un culto místico", sostenida por Ernst Howald; así como la hipótesis, sostenida por otros, de que "la Academia estaba constituida legalmente como un thiasos o fraternidad religiosa". Pero confirma la posición de Jaeger. Los universitarios europeos "se han complacido en aplicar a sí mismos y a sus organizaciones" las palabras academia y académico, como si Platón hubiera sido un profesor universitario. Se burla de que los alemanes del siglo XIX creían que la "Academia era una especie de universidad alemana"; un "platonista francés describe la Academia en términos de una universidad francesa"; un inglés dice que se parecía a un college británico, "con su rector, investigadores y becarios". Las burocracias que hoy llamamos universidades necesitan diferenciarse de las otras con las cuales tienen afinidades: la Iglesia, el Estado, las trasnacionales, los grandes sindicatos. Usan el adjetivo académico para adornarse y legitimar sus proyectos, inversiones, actividades, nómina y presupuesto. Significativamente, el Oxford English Dictionary registra la primera aparición del neologismo academia (en inglés, para referirse al mundo universitario) en William H. Whyte, The organization man (1956): "Let's turn now from the corporation to academia". Pero los "organization men" del mundo universitario no fueron los primeros en apropiarse de academia como palabra legitimadora. Academo y Tertuliano son nombres propios de los cuales derivan academia y tertulia. Los personajes, naturalmente, no hicieron la derivación, ni la registraron como propiedad intelectual. Pero Akademeia (a diferencia de tertulia, que siempre ha sido un nombre genérico) sí tuvo propietarios. Cuando murió Platón (347 a.C.), la Academia continuó a cargo de su sobrino Espeusipo, no de Aristóteles, y acabó convertida en una pequeña institución que, con transformaciones, duró casi un milenio: hasta que la cerró Justiniano (529 d.C.). Aristóteles puso academia aparte, pero con otro nombre (Lykeion, Liceo). Respetó el nombre de la Academia como una marca de la competencia, y fundó una institución paralela, también cerrada por el emperador bizantino. La tertulia no es una institución de ese tipo: una persona moral, distinta de sus fundadores. Es una institución social, como el intercambio de regalos, pero no un instituto. Sin embargo, lo que empieza como intercambio de opiniones puede volverse otra cosa. La tertulia de los que discuten ideas se volvió iniciática con los pitagóricos y mercantil con los sofistas, que entrenaban a sus discípulos para hablar bien en público, argumentar y tener éxito en la vida, como hoy las universidades enseñan técnicas avanzadas de administración de credenciales para entrar por arriba al mercado laboral. La tertulia de Sócrates fue contraria al espíritu iniciático y mercantil. La de Platón tuvo algo de iniciática y nada de mercantil. Buscó influir en la vida pública, y resultó influyente, pero es de suponerse que no necesitaba dinero, porque su actividad central era la discusión entre amigos que leían y escribían en su casa y por su cuenta. En cambio, el Liceo era un centro de investigación que reunía y estudiaba materiales documentales, libros, colecciones de plantas y animales. Por ejemplo: obtuvo y comparó las constituciones de 158 ciudades griegas. Esto requería patrocinio, y lo tuvo del general Antípatro, regente de Alejandro (ambos macedonios, como Aristóteles, que fue tutor de Alejandro). Cuando Alejandro sacó a los persas de Egipto, fundó Alejandría (331 a.C.) como capital de un nuevo reino, a cargo de su general Tolomeo y sus descendientes (también macedonios). El proyecto político, urbano, portuario, militar, comercial, era una nueva Atenas, en grande y mejor. Su faro fue una de las siete maravillas del mundo. Bajo los primeros Tolomeos, Alejandría fue la capital comercial e intelectual de su época. La cultura estuvo a cargo de los discípulos de Aristóteles, que se inspiraron en el Liceo y su biblioteca para crear el Museo y una biblioteca como nunca se había visto. El Museo (o casa de las musas) alojaba a los sabios de la casa real, generosamente sostenidos para investigar, escribir y conversar. Los Tolomeos (desde el primero hasta Cleopatra) acudían con frecuencia y participaban en las discusiones y banquetes. El Mouseion no era lo que hoy es un museo, aunque tenía colecciones de objetos, sino una especie de real academia; de igual manera que la biblioteca no era una biblioteca pública, sino la biblioteca de la casa real, con investigadores que reunían, cuidaban y estudiaban libros de todo el mundo, comprados o confiscados. De toda nave llegada a Alejandría, se requisaban los libros, para quedarse con aquellos que no se tenían, y entregar a los dueños una copia o compensación (Mustafá el-Abbadi, La antigua biblioteca de Alejandría). Los primeros monasterios cristianos aparecen en el siglo iii (cuando todavía existen la Academia, el Liceo y el Museo) en Egipto. Pero no en Alejandría, sino en el desierto. Lejos de la urbe, el poder y el lujo; en la extrema independencia, solitaria y austera, de los ermitaños. Sin embargo, los solitarios, buscados como maestros por los que quieren seguir su ejemplo, acaban organizando redes de ermitaños y, finalmente, comunas. Bajo la regla de San Basilio (siglo IV), los monjes se entrenan como cristianos profesionales. Los ideales griegos de perfección (la paideia educativa, la askesis deportiva) se vuelven caminos de perfección evangélica: ascética y mística. La búsqueda monástica recibe el nombre de philosophia (Barbara Cassin, Vocabulaire européen des philosophies). El monasterio transforma el elitismo platónico de la bios theoretikós (la comunidad en busca de la verdad más alta) en elitismo espiritual (la comunidad en busca de la perfección cristiana). Prefigura la Ciudad de Dios, en la que sueñan los cristianos radicales, insatisfechos con la normalización del cristianismo, cuando deja de ser perseguido (313) y hasta se vuelve religión oficial, bajo el emperador Constantino. Con San Benito (siglo VI), los monasterios pasan de la cristiandad oriental a la occidental. Son comunidades contemplativas, más platónicas que aristotélicas. Dan mucha importancia a la lectura, el canto, la liturgia y la vida espiritual. Arraigan en parajes aislados y remotos, donde tienen que producir lo que necesitan, desde alimentos hasta copias de libros. Se vuelven polos de desarrollo agrícola, que acaban enriquecidos, porque consumen poco, trabajan mucho y reciben donaciones y legados de los señores feudales. Se vuelven polos de resistencia cultural, en medio de la barbarie que llega con las invasiones germanas. La nueva paideia se extiende a los simples cristianos. Además de las escuelas internas para los novicios, los monasterios crean escuelas externas (elementales) para la población que empieza a vivir cerca. Esto se imita después en las ciudades, donde los canónigos (eclesiásticos de las catedrales que en parte viven como monjes) crean seminarios diocesanos y luego escuelas adjuntas. Pero las escuelas catedralicias no son elementales. Son, de hecho, el embrión de las universidades. La de Chartres estudia a los griegos (en latín, traducido del árabe), y ya en el siglo XII tiene la conciencia progresista de superarlos: "Somos enanos encaramados en los hombros de gigantes. De esta manera, vemos más y más lejos que ellos" (Bernardo de Chartres). "Nunca encontraremos la verdad, si nos contentamos con lo que ya se ha hallado" (Gilberto de Tournai). "Aprendí de mis maestros árabes a tomar la razón como guía", no las autoridades; pero la gente no quiere "admitir lo que parece proceder de los modernos. De modo que, cuando encuentro una idea personal", se la atribuyo a alguna autoridad, para que me crean (Adelardo de Bath). (Jacques Le Goff, Los intelectuales en la Edad Media.) La rotación de cultivos, las mejoras en los arados y carretas, las herraduras, los molinos de agua y de viento, venían aumentando la productividad en la agricultura y el transporte. Los monasterios y feudos empiezan a tener excedentes comercializables de un nivel hasta entonces desconocido, en cualquier parte del mundo. Esto favoreció el desarrollo de las ciudades como centros de intercambio. (Lynn White, Tecnología medieval y cambio social.) Con las escuelas catedralicias, aparece el mercado educativo: profesores que no viven de la Iglesia, ni de los príncipes, sino que cobran a sus alumnos, como los antiguos sofistas. Primero los estudiantes, luego los maestros y finalmente ambos, se asocian para pagar locales y bedeles, reglamentar la actividad educativa y las pruebas que hay que pasar. La Universidad de Bolonia, la más antigua de Europa (1088), es una cofradía de estudiantes, hijos de familias con dinero, que quieren colocarlos en la Iglesia y la corte. Es decir, los administradores y bedeles estaban subordinados a los estudiantes y profesores, no al revés, como sucede donde mandan los patrocinadores, la administración, los sindicatos. Las universidades no descienden de la tertulia de Platón, sino de los seminarios eclesiásticos y el mercado, próspero en las ciudades medievales del siglo XII. Son cofradías religiosas, como todos los gremios artesanales, comerciales y de servicios que operan en el mercado y lo regulan. Compran y venden servicios educativos, aunque sintiéndose por encima de las otras cofradías. Durante siglos, después de que Justiniano cerró la Academia, el Liceo y otras instituciones no cristianas, no hubo más letrados en Occidente que los monjes y canónigos. Para revestirse de ese prestigio, los cofrades universitarios (que tenían fueros y privilegios eclesiásticos, pero no estaban obligados a hacer votos de pobreza, castidad y obediencia) se tonsuran y se hacen llamar clericus. Esto produce un desplazamiento en el significado de las palabras clerici y laici, que distinguían a los cristianos profesionales (los que hacían votos) de los comunes y corrientes. Con el surgimiento de las universidades, clerici y laici pasan a distinguir entre letrados e iletrados. (Olga Weijers, Terminologie des universités au XIIIe siècle.) En español, laici se desdobla en laicos y legos. En francés, clericus da dos significados de clerc: clérigo y letrado. En el Renacimiento italiano, aparecen los letrados independientes que no se identifican con la universidad, sino con la tertulia de Platón. La toman como modelo institucional. Organizan academias, que llegan a tener más prestigio que las universidades. Tanto, que las universidades se hacen llamar academias. Ya en 1516, según Nebrija (Vocabulario de romance en latín), el centro educativo que en español se llamaba universidad podía llamarse en latín academia; un término que no aparece en la documentación del siglo xiii, según Weijers. ¿Qué había sucedido? Que Marsilio Ficino funda en 1452 la famosa Academia Platónica de Florencia, y la nueva institución entusiasma. El siglo XVI se vuelve "el siglo de las academias": se fundan centenares por todos los países de Europa (Frances A. Yates, Les académies en France au XVIe siècle). Los universitarios no pueden ignorarlo, y, aunque siguen perteneciendo a la institución medieval, se hacen llamar académicos, para adornarse, como antes se adornaron llamándose clérigos. Se ha dicho que, después del apogeo del siglo XIII, las universidades medievales declinan. Jacques Verger (Les universités au Moyen Age) arguye que, más bien, se orientan a "la participación creciente de los universitarios en el desarrollo universal de las burocracias eclesiásticas y laicas". Ya en el siglo XIV, la mitad de los cardenales tenía grados universitarios, sobre todo en derecho. Entre los altos funcionarios de la curia, la proporción era mayor. Después, los universitarios se apoderan, no sólo de la Iglesia, sino del Estado; y, finalmente, de las grandes empresas. El deseo de ascender a la verdad más alta desemboca en ascensos a puestos cada vez más altos. La culminación de este proceso es la universidad millonaria, que no sólo vende las credenciales, identidad y legitimidad que demandan las burocracias y su personal, sino que se vuelve burocracia, y la más legítima de todas, porque es santa: supuestamente dedicada a la bios theoretikós. Disfrazándose de académica, domina el mercado del saber para subir. -

07 diciembre, 2005

Bis bald. Nos vemos en Hamburgo.

Esto es un no parar, hija. Mañana a tomar de nuevo el avión, rumbo a Hamburgo. A pelarse de frío, casi seguro. Trataremos de sacar tiempo para echar un buen vistazo, arruinarse comprando algo y, cómo no, hacer unas fotos. Y como esto del blog hay que alimentarlo con carnaza diaria, veremos si hay manera de enchufarse un rato y faltarle a alguien desde allá, para no perder la costumbre. Si no, nos reecontramos el lunes.
Salud y Constitución (jeje).

Un día (laborable) en la vida de los profesores universitarios J. y H.

En la Universidad hay de todo, sin duda y sin la más mínima ironía. Con las proporciones no nos metamos, de momento. Lo cierto es que existen, en el número que sea, profesores que se dejan la piel intentando trabajar y otros que venden el alma al diablo con tal de no dar palo al agua. Como en cualquier oficio, al fin y al cabo. Pero aquí la gracia del asunto reside en que los primeros suelen encontrar todo tipo de dificultades, obstáculos, inconvenientes e incomprensiones, y a los segundos parece que todo se les pone “a huevo” en estas universidades de nuestros dolores.
Los profesores J. (por Jekill) y H. (por Hyde) de nuestras historias son, respectivamente, caricatura y resumen de esos modelos de profesor que se estilan: el que se desespera por trabajar y el que se desespera por no trabajar pero pasa por portento y fetén. No estamos pensando en nadie, palabra, sino en la síntesis de muchos de uno y otro lado. Pero el que se pique...
Así que, aunque uno no sea Plutarco, ahí van esas vidas paralelas, comparadas minuto a minuto a lo largo de toda una jornada.

8:30.
J.- Deja a los niños en el colegio
H.- Deja a los niños en el colegio
9:00.
J.- Llega a la Facultad
H.- Toma un café en el bar próximo al colegio y cuyo dueño es de su mismo pueblo
9:05.
J.- Enciende el ordenador
H.- Saluda a varios conocidos que entran en el mismo bar
9:10.
J.- Constata que en menos de doce horas le han enviado 40 e-mails
H.- La tertulia se anima
9:11.
J.- Suena el teléfono. De la Junta X. le comunican que a una de las cinco copias del proyecto que presentó le faltan tres hojas. Le dan dos días de plazo para que presente la copia completa.
H.- La tertulia se calla unos segundos y repara, con posterior estrépito, en que en la MTV canta una señora con un espectacular escote
9:15.
J.- Comienza a leer por encima los e-mails que puedan ser urgentes
H.- La tertulia se anima más: se suman varios funcionarios de distintas entidades públicas, contentos porque hace un rato han fichado como es debido.
9:20.
J.- Un juramento en arameo se escapa de sus labios: de la unidad P le solicitan que mande a la mayor urgencia (pues la Comisión se reúne a las 12) un currículo actualizado y conforme al impreso 19, a fin de que se le incluya en la base de tasación de la media inversa de los profesores del pool I+D+1,2/3,5 a los que se asignará consideración preferente para proyectos relacionados con la biosfera del Mercosur.
H.- Mira el reloj por primera vez
9:25.
J.- Suena el teléfono. La secretaria del Vicedirector del Área de Suelo y Atmósfera de Mercosur le informa que hubo un error en el e-mail y que la reunión de la Comisión es a las 11. Y que no se puede retrasar porque el Director del área se va, junto con el Vicedirector y un profesor de natación, a Polonia a firmar un convenio para el intercambio de estudiantes de filología clásica.
H.- Va al baño
9:27.
J.- Comienza a adaptar los datos de su currículum al modelo 19
H.- Vuelve del baño
9:45.
J.- Termina de rellenar el impreso modelo 19, lanza su mano hacia el ratón para pinchar la orden de guardar y su ordenador se queda a oscuras. Se ha ido una fase de la corriente eléctrica. Segundo juramento, más fuerte.
H.- Se despide, con parsimonia y afecto, de los contertulios que quedan y del barman. Pero no logra irse. El barman le llama aparte y le habla de su hijo que ya es diplomado.
9:50.
J.- Ha constatado que el programa le salvó la versión penúltima del impreso 19, lo ha completado y lo guarda con rápidos movimientos.
H.- Se interesa por las circunstancias personales y académicas del hijo del barman, al que recuerda, y así lo hace saber al preocupado padre, como un chico sumamente formal y agradable.
9:55.
J.- Escribe e-mail a la dirección de la unidad P, mete en attach el impreso 19 y da a “Enviar”. Mensaje de error. No hay conexión, la red está caída
H.- Ante tan lisonjeras palabras, el padre se anima y cuenta que ha oído hablar de unas becas muy majas para recién diplomados
9:56.
J.- Llaman a la puerta. Entra el profesor A., que le cuenta que hay rumores de que el Decano está muy harto del Secretario y que está pensando en proponer para el cargo a C., que es ayudante suya y más de confianza
H.- El chaval no necesita ganar mucho, pues vive en casa. Lo importante es ir haciendo curriculum. Pater dixit
10:10.
J. Ha conseguido sacar a A. de su despacho. Suena el teléfono. Es el conserje de la Facultad, que le cuenta que no podrá usar el Aula que tenía reservada para la conferencia de ese profesor de Madrid porque ese día todas las aulas estarán ocupadas por los grupos de estudiantes convocados por el Comité Intercentros de Evaluación de la Dinámica Coaxial Profesores-Alumnos. Y que sí, que sí, que hace un mes que él la había reservado, pero que esto son órdenes directas y terminantes del Vicerrector de Innovación y Control (I&C)
H.- H. le explica a su paisano el barman que él, H., ya no tiene ahí tanta influencia como antes, más que nada porque ahora los sindicatos andan todo el día tocando los güevos a la gente que de verdad produce y sabe lo que hay.
10:15.
J. Sale corriendo para su clase de las 10,15
H.- Pero que le dé los datos del chaval, que va a hablar con uno de la Junta que juega la partida con el del Secretariado de eso y tiene mucha mano con él.
10:17.
J.- El delegado del curso le sale al paso y le comunica: a) que el próximo jueves están pensando en no venir, porque tienen parcial el viernes; b) que han oído que el Decano quiere suprimir la convocatoria de febrero; c) que mañana faltan el profesor de las 9 y el de las 11, con lo que, si se cambia para otro día su clase de las 10, libran la mañana para estudiar todo el rato y sin parar, y sin perjudicarse por ir a clase.
H.- Abandona el bar con gesto concentrado.
10:25/11:00.
J.- Imparte su clase
H.- Recoge en la zapatería unos mocasines que había dejado para poner “pilis”. Compra el periódico. Va al banco y protesta porque le siguen cobrando por la tarjeta que anuló hace tiempo. Camino del coche, para un momento en la tienda de Benita y compra un tarro de queso de cabra en aceite. Bromea con Benita y se va. Benita comenta con la clientela lo natural y sencillo que es don H., no como otros, que, siendo menos que él, parece que sólo cagan ciencia. Murmullos de aprobación.
11:05.
J. Sale de clase y, camino de su despacho, se encuentra a un grupo de jóvenes titulares de universidad que se dirigen al café. Lo invitan. Rehúsa cortés. Se paran un rato más para compartir con él su indignación por los rumores de que a los titulares de escuela doctores los van a promocionar automáticamente a titulares de universidad. Responde con evasivas y logra llegar a su despacho.
H.- Ha llegado al Edificio de Gobierno. Bromea con el conserje de la entrada, que es de Vigo, porque el Celta no ha pasado del empate en casa con el Cádiz. Hace un guiño al paso a la de la fotocopiadora, recién casada, y le pregunta qué tal los ajetreos conyugales. Ella sonríe y tal pareciera que dice algo por lo bajo.
11:07.
J.- Nuevo intento de enviar el e-mail. Esta vez sí funciona.
H.- Ha entrado en su despacho de Vicesecretario de la Comisión de Relaciones Exteriores e Institucionales del Área de Animación Humanística. Su Secretaria está tomando el café pero le ha dejado la correspondencia muy bien ordenada encima de su mesa. Y un caramelo de nata. Sonríe.
11:08.
J.- Suena el teléfono. Le llama la secretaria del Vicedirector del Área de Suelo y Atmósfera de Mercosur y le comunica que la reunión de la Comisión está a punto de terminar y su curriculum no ha llegado, por lo que sin duda van a tener que dejar de lado su solicitud y... La interrumpe y le comunica que lo envió hace un minuto. Ella responde con un “ah ,¿sí?” y hay un silencio de unos treinta segundos. Suena de nuevo la voz de ella que le dice que sí llegó y cuelga sin más.
H.- Comienza a leer su correspondencia. Decide empezar por el resumen de prensa.
11:11.
J.- Suena el teléfono. Es su colega L., que le pregunta cómo diablos se rellena la página XXXVI del puto impreso 19. Le responde y le aconseja a L. que se dé prisa porque la Comisión está reunida en este momento. L. suelta una retahíla de gruesos términos y asegura que a él nadie le ha avisado de semejante plazo.
H.- Llama a su viejo compañero M, Presidente de la Comisión de Estadística Universitaria, y comparte con él su indignación por lo que aparece en el periódico local: un cabrón de Derecho tiene un blog en el que se hacen coñas con los profesores. Mejor se dedicaba a investigar y no a joder la marrana. M. manifiesta su acuerdo entusiasta y sin matices, pese a lo que se citan para comentar mejor el tema mientras toman el café de las doce.
1:20.
J.- Llaman a su puerta dos becarios del área y entran. Le cuentan en perfecto coro que un tercer becario lleva tres días sin aparecer y que hay gente que le echa mucho morro y que a ver si van a tener ellos que hacerse cargo también de rotular las probetas del retrolaboratorio de prácticas.
H.- Llama a B., ayudante de su área. Le comunica en tono formal, y con un ápice de lamento en la voz, que debe sustituirlo en la clase de las doce, pues tiene una reunión y varias citas urgentes. Obtenido el asentimiento obediente de B., le pregunta qué tal evoluciona su tía después de la delicada operación. B. se anima a dar unos pocos detalles y H. se despide precipitadamente.
11:30.
J.- Ha conseguido tranquilizar a los becarios con la promesa de que hablará con el otro y con el compromiso de que la rotulación de las probetas se tratará en una reunió del área.
H.- Ojea el periódico.
11:31.
J.- Llama al Secretariado de Aulas para que le solucionen lo del espacio para la conferencia programada. Le piden que escriba un correo electrónico a la atención del Director de Aulas para Conferencias. Le deletrean la dirección: apaco@unimax.es
H.- Descuelga y marca. Contrariado, toca la tecla de llamada en espera y vuelve al periódico.
11:35.
J.- Suena el teléfono. Es H., que le ofrece participar en un camping de fomento del humanismo que se está organizando para julio. Puede hablar de lo que quiera con tal de que lleve en el título cualquiera de estos términos: “hombre”, “humano”, “humanista” o “persona”. Quizá esto último es lo mejor, que ya sabes cómo se ponen las tías con lo del lenguaje machista, je. La conferencia son 200 euros, pero lo va a poner también en una mesa redonda de un taller para que le llegue a 300. Las fechas ya las concretarán, porque por ahora es sólo un borrador de anteproyecto. Por cierto, qué tal se porta como alumno el sobrino de mi mujer. Ya sabes que lo queremos como si fuera un hijo, pues se crió con los abuelos y nos tiene a nosotros como modelo para todo.
H.- Llama por teléfono al cabronazo de J. En cuanto el sobrino de las pelotas acabe la carrera le va a ofrecer conferencias su señora madre, que a este J. lo conozco yo y cuanto más tiene más quiere. ¿No es tan importante? Pues que lo llamen de La Moncloa, no te jode. Y luego va de divo por ahí presumiendo de los tramos que se gana con las invitaciones que le gestionamos los que estamos aquí a pie de obra partiéndonos los cuernos para que esto funcione.
11:50.
J.- Redacta y envía el e-mail para el Director de Aulas para Conferencias. Luego saca una carpeta de un cajón y se pone a leer.
H.- Saluda a su secretaria, que ha regresado del café con una bolsa de Zara. Le pregunta, simpático, si la daban como tapa. Ella le cuenta que aprovechó para recoger unos pantalones que su hermana había dejado para meterles el bajo. Cordial conversación sobre sucesivos temas y pormenores de la vida cotidiana.
11:55.
J.- El Director de Departamento lo convoca para tratar de inmediato un asunto de la máxima urgencia. Lo cita en la Cafetería para cinco minutos más tarde.
H.- Sale de su despacho y pasa a buscar a M. por el suyo.
12:05.
J.- El Director les expone, a él y a otros profesores del Departamento, su gran preocupación porque en los baños del segundo piso han aparecido pintadas de este calibre: “directores=tírania”. Enumera las medidas que ya ha tomado (orden de borrado inmediato de la inscripción, carta al Rector y al Decano para ponerles al corriente y rogarles medidas contundentes, interrogatorio a las limpiadoras sobre el día y la hora aproximada en que el rótulo apareció y sobre las costumbres horarias de los diversos usuarios del recinto...) y que se propone tomar (petición de peritaje grafológico, apercibimiento general a los becarios y solicitud al Consejo de Departamento para que formalmente le renueve su confianza)
H.- En el café habitual coincide con los habituales, de los que la mitad tienen cargo y la otra mitad lo pretende. Amena conversación. Dimes y diretes. Rubor de H. cuando el Rector dice bien alto: “El que mejor se lo monta es H., que bien que lo vi el sábado por la noche dándole a la mandíbula en La Divine Amasuelette. Risas cómplices. Palmeos a H. Un Director de Área reacciona ágilmente y le dice al Rector que si lo vio será porque algo hacía él por allí también. Sonrisa beatífica del Magnífico y cabreo interior de H. por no haber dicho él algo así antes que el otro.
12:30.
J.- Suena el móvil de J. Es su madre que le recuerda que hace más de tres días que no le lleva los niños a casa. Corta rápidamente y finge ante los demás que la llamada era de alguien que tenía citado en el despacho y le espera. Aprovecha y se marcha.
H.- El Rector se va. H. y cuatro más se apartan un poco y comentan que se sabe de buena fuente que a fulano le están haciendo la cama en el Departamento. Concluyen que es mejor no meterlo en las listas para el Claustro hasta que no quede mejor definida su situación.
12:35.
J.- Se sienta en su despacho y vuelve a leer de las mismas hojas. Letelefonean de la Administración del Centro para explicarle que llamaron del Ayuntamiento y que ya puede pasar a recoger el pin que regala a cada asistente al Congreso que próximamente J. organiza. Esto le recuerda que tiene que hablar con el Vicerrector de Congresos.
H.- Rellenan la quiniela que juegan conjuntamente cada semana. Las habituales bromas a S. cuando toca poner el resultado del Betis.
12:40.
J.- Llama al Vicerrectorado de Congresos y pide hablar con el Vicerrector. Le informan de que está en un Congreso. Le preguntan dónde se celebra el Congreso. Responde que en la misma ciudad. Le pasan con el Director de Congresos Metropolitanos. J. le expone su problema y aquél le ruega que le dé unos días para aterrizar, pues acaba de tomar posesión.
H.- Pasan a los partidos de segunda división.
12:50.
J.- Le avisan de Conserjería de que tiene una carta urgente que le acaban de enviar con mensajero. Y que baje a buscarla antes de las dos, pues hoy cierran más pronto porque es la patrona de Gerencia y están todos los conserjes invitados a un vino en el Edificio de Gobierno. H.- Comentan los que van quedando que mañana será un día aún más duro, pues a las once hay Claustro y a la una ceremonia de doctorado honoris causa.
12:55.
J.- Sale hacia Conserjería. Se encuentra con T., quien le cuenta: a) que acaba de regresar, ayer mismo, de Toronto; b) que allí presentó una ponencia en un curso internacional del máximo nivel; c) que le sorprendió mucho ver lo viejo que estaba el prof. McGill, pero que el que tuvo, retuvo; d) que el prof. McGill lo había invitado a dar un curso de doctorado en su Instituto en Kansas; y e) que estas cosas le reconfortan a uno y le renuevan el ánimo, pues nuestro medio es mezquino en reconocimientos.
H.- Se despiden a la salida del bar y H. se va en coche a la Facultad. Para en la gasolinera y reposta súper y pan.
13:15.
J.- J. ha logrado desprenderse de T., a quien no ha llegado a decirle más palabra que el inicial “hola”. Mientras camina reflexiona acerca de: a) que anteayer vio a T. comprando congelados en Carrefour; b) que es la tercera vez que T. le coloca el mismo cuento de la invitación a Kansas y lo regular que se conserva McGill, si bien en otras ocasiones el supuesto encuentro había tenido lugar en San Francisco y Gotinga, respectivamente; c) que hay que jorobarse, pues T. acaba de conseguir su cuarto proyecto europeo sin hincarla; y d) que no somos nadie.
H.- Llega a la Facultad. Recoge la correspondencia. Sube a su área. Entra en el primer despacho ocupado. Pregunta qué tal el fin de semana. Antes de que le respondan cuenta que esta tarde no vendrá por aquí porque tiene que ver unos muebles de nogal para el salón de la nueva casa, porque ya sabes cómo es esto, primero te apetece cambiar a una casa más grande, pero luego se te cae el alma a los pies con el tiempo que lleva amueblar tantos huecos. El becario mira a su jefe, y luego calla.
13:16.
J.- Tres metros antes del aposento de Conserjería, le aborda Y., muy excitado. Le dice que lo siga sin falta.
H.- Lo dicho
13:18.
J.- Despacho de Y. Le muestra un periódico donde se dice que el Vicerrector de Áreas Afines, cinco de sus Directores de Área y los profesores V, W y O acaban de regresar de la ciudad de Worms, donde han realizado importantes negociaciones con el Instituto Mundial de Ornitología Tropical. Y. pide a J. que le confirme si es o no cierto que a) el Instituto Mundial de Ornitología Tropical cerró el año pasado; b) su sede no estaba en Worms, sino en Múnich. J. se lo confirma sin lugar a dudas. Piensan que deberían hacer algo y concluyen que total para qué.
H.- Lo mismo en el siguiente despacho.
13:45.
J.- Y. le pregunta a J. si ya recogió el disquete con el nuevo modelo automatizado de acta multicultural, en el que las notas aparecen traducidas a caracteres cirílicos y cuneiformes. J., que no. Y., pues el plazo se acababa ayer y si no lo tenemos, hay que dibujar los caracteres a mano. J. e Y. al unísono: acerquémonos a Administración a buscarlo
H.- No había más despachos abiertos. H. entra en el suyo.
13:50.
J.- En la Administración del Centro. Punzantes comentarios sobre la desidia del profesorado. Y que ya se pasó el plazo. J. e Y.: cada día está usted más guapa, doña Argentina. Nuevas puyas. Nuevos requiebros. Aparece misteriosamente un último disquete. Alivio.
H.- Llama a su esposa. Llevo una mañana que no he parao. Ya te digo yo que deberías dejar ese cargo que acaba contigo. Eso quisieran muchos. Bueno, pero no me vengas luego estresado, que la pagan los niños. Tranquila, paso a recogerte en quince minutos. Espero que para y media Eloína tenga lista la comida, que si no doy una cabezadita después de comer no me aclaro con los muebles luego.
14:00.
J.- Llega a la carrera a Conserjería. Cerrado.
H.- Sale lentamente de la Facultad y se mete en su coche.
16:00-22:00.
J.- Lee y escribe, encerrado en su casa
H.- Al final yo creo que el cerezo nos pega mejor con el parquet
22:00.
J.- Da un beso y las buenas noches a sus hijos. Les lee un cuento.
H.- Da un beso y las buenas noches a sus hijos. Les cuenta con énfasis lo que hizo durante el día. Ve un rato Tele 5, para relajarse.

06 diciembre, 2005

CONSTITUCIÓN

En teoría del Derecho no hay noción o concepto que no se discuta y sobre el que no exista al menos media docena de teorías contrapuestas. El concepto de Constitución no es una excepción a eso. Pero que nadie se me alarme, pues no voy a ponerme la toga de doctrinante ni es mi propósito levantar dolores de cabeza a los sacrificados lectores de este blog. Únicamente pretendo hacer alguna consideración muy general al hilo de los debates políticos que en nuestro país acontecen sobre la Constitución, aprovechando, de paso, la fecha en que estamos. Lo que no excluyo es la mala leche, pues no sé cómo evitarla, con la que está cayendo.
Pocos teóricos del Derecho constitucional discutirían que para que una Constitución cumpla con el papel que le corresponde en el sistema jurídico-político hace falta algo más que la perfección formal de su diseño o la bondad del contenido de sus artículos. Y ese algo más alude a su aceptación generalizada como suprema regla del juego jurídico y político que en una sociedad tiene lugar. Porque una Constitución materialmente es eso, el conjunto de preceptos que una sociedad mayoritariamente acepta como delimitadores de la contienda social entre ideologías, creencias e intereses.
No en vano las idea moderna de Constitución nace cuando las sociedades se hacen y se aceptan pluralistas, roto el monolitismo anterior, generalmente de base religiosa, impuesto a sangre y fuego, la sangre de los disidentes y el fuego de las hogueras inquisitoriales. Repárese en que el orden social que permite la convivencia organizada se puede alcanzar por dos vías principalmente. Una, mediante la violencia pura y dura que un grupo ejerza sobre el conjunto de la población, a base de imponer mediante la fuerza sus prescripciones y de valerse de la coacción para que todos cumplan sus órdenes. Se trata entonces de sociedades en las que la lucha de todos contra todos ha sido sustituida por la lucha de unos, vencedores, contra los otros, compelidos mediante las armas a la obediencia y a no rechistar. En tales sociedades las Constituciones propiamente sobran y, cuando han existido, como en algunos de los totalitarismos que el siglo XX ha conocido, no son más que tapaderas con los que tales regímenes asesinos han tratado de legitimarse hacia el exterior o de disimular su verdadera faz criminal y liberticida. Son los regímenes que gustan a los pusilánimes, a los débiles mentales, a los cobardes, a los resentidos, a los envidiosos, a los sanguinarios, a los reprimidos, a los impotentes, a los imbéciles, a los que aman tanto el rebaño como se desprecian a sí mismos.
La otra vía es la que trata de conciliar, en alquímica síntesis, el orden con la libertad. Sin orden no hay convivencia propiamente dicha (convivir, vivir juntos organizadamente), no hay sociedad posible, pues nadie sabe a qué atenerse, no hay pauta común, no existen expectativas fiables, nadie puede confiar en nada ni en nadie allí donde no hay regla que tipifique conductas y fije consecuencias generales para cada una. Para qué voy yo a suscribir un contrato con nadie si no existe, o no es efectiva, la norma que determine la obligación mía y de la otra parte de cumplir lo pactado y que sirva para forzar al incumplidor y evitar la defraudación del que sí hizo lo prometido; por qué voy yo a abstenerme de matar a mi rival si no hay norma que me castigue por ello y, además, es mi acción preventiva la mejor garantía de que no sea el otro el que me mate a mí, en ausencia total de regla que prohíba el homicidio y mande castigar al que lo cometa.
Así que ya estamos ante el gran problema del derecho moderno: cómo conseguir un orden social, basado en normas de alcance general y cumplimiento forzoso, que no sea por definición supresor de la libertad e irrespetuoso de la diversidad de credos y aspiraciones de los individuos. Y las constituciones modernas nacen justamente buscando ese acomodo de orden en libertad, con tres grandes hitos: la Constitución inglesa, nunca escrita y que fue recogiendo a lo largo de siglos las conquistas de libertad del pueblo, garantizadas férrea y valientemente por los jueces ingleses; la Constitución norteamericana, hija de la sed de libertad de tantos colonos llegados a la América del Norte para huir de la represión religiosa y política; y la Constitución francesa, surgida de la revolución de 1789, que acaba con el Antiguo Régimen, estamental, discriminatorio y autoritario.
¿Cómo se articula esa moderna idea de Constitución, con su mencionada síntesis de orden y libertad? Mediante las siguientes características:
i) Sometimiento del poder. Ningún poder está por encima de la Constitución, no hay ningún gobernante, no hay ninguna fuerza (ni siquiera la militar) que se estime superior a la fuerza de las normas contenidas en el documento constitucional. El más alto poder es el del derecho, no el del que dicta las normas o hace que se apliquen. Todos, Parlamento, Gobierno y Poder Judicial quedan limitados por las disposiciones de la Constitución y ninguno hay que sea señor de ella o la pueda instrumentalizar o cambiar a su antojo. Esto fue una evolución lenta y de ritmo diferente en los distintos países, pero no vamos aquí a entrar en los detalles de cada lugar.
ii) Disciplinamiento del poder. ¿A qué quedan sometidos los poderes? A límites que las propias constituciones les fijan, y que son fundamentalmente de dos tipos: límites institucionales y límites vinculados al respeto de los ciudadanos. Lo primero alude a que el poder ya no puede organizarse como quiera, creando o deshaciendo a su antojo, sino dentro de los moldes orgánicos que la propia Constitución señala. Si legisla un Parlamento, ya sea unicameral o bicameral, si el Gobierno se elige por el Parlamento de una u otra forma, si hay un Presidente de la Nación o un Rey como Jefe del Estado, si la competencia para juzgar corresponde al un poder judicial organizado de una u otra manera, todo ello es así porque la Constitución lo determina y a ello tiene que amoldarse la sociedad y quienes en ella manden. Ningún poder puede hacer de su capa un sayo cuando y donde hay Constitución efectiva y los poderes son, en consecuencia, poderes constitucionales; es decir, poderes por constitucionales, no por lo que valgan, pretendan o merezcan en sí. En cuanto al límite referido al respeto a los ciudadanos, quiere decirse que las Constituciones modernas marcan esferas de intangibilidad de los sujetos, aspectos en que el individuo no puede ser tocado, castigado o forzado a actuar como no quiera. Las Constituciones indican, por tanto, que ningún poder es superior al valor de mi vida, de mis libertades (en lo que sean compatibles con las libertades de los demás) y de determinadas necesidades mías.
iii) Organización del poder. Todo poder tiene vocación de poder absoluto. Lo vemos hasta en la comunidad de vecinos de nuestro portal. El que más libertad pide cuando no tiene cargo se convierte en tirano desde que le toca presidir, a nada que nos descuidemos. En el Estado es igual, debe de ser cosa de la naturaleza humana. Siempre hay el riesgo de que el que gana las elecciones quiera quedarse en ventaja para siempre y no volver a convocarlas, o convocarlas tramposamente, o de que el Parlamento (central o autonómico, en nuestro caso) quiera saltarse a la torera aquellos límites que la Constitución le traza, o de que los jueces prefieran rechazar el corsé de la ley y dictar sus fallos según su sentido particular de la justicia o su ideología, sin consideración a la pauta general que vincula su juicio. ¿Cómo se evitan, en lo posible, tales riesgos? Mediante ese sutil mecanismo llamado separación de poderes, que en síntesis significa que cada poder (legislativo, ejecutivo, judicial; hoy habría seguramente que añadir también aquí el cuarto poder, el de los medios de comunicación y la opinión pública) vigila y controla al otro y lo frena cuando se desmanda. Es una mecánica tan precisa como frágil y no hay gobernante en ejercicio que no sueñe con dañarla, para sustraerse a los controles y perpetuarse en su dominación. Por eso andan siempre tratando de manejar con el menos control posible el nombramiento de los jueces o las cadenas de radio y televisión que adoctrinan y manipulan a los votantes, ya sean la COPE o La Cuatro, que tanto monta, monta tanto, Jiménez Losantos como Polanco.
iv) Habilitación y legitimación de las ideologías plurales, diversas. Todo lo anterior sirve sólo para un propósito: que ninguna persona o grupo imponga a la fuerza su verdad o su interés, de modo que en la sociedad puedan convivir en igualdad (en la mayor igualdad posible) las verdades y los intereses de cada uno y de cada grupo: religiosos y ateos, conservadores y progresistas, partidarios del marcado y partidarios de la intervención redistributiva del Estado, extremeños y catalanes, gitanos y payos, heterosexuales y homosexuales, trabajadores y empresarios, etc., etc., etc. Esto supone otro dato importante, como es la habilitación de la política como suprema actividad ciudadana, pues si nadie tiene derecho a imponer porque sí sus ideas o ambiciones, pero alguna pauta común ha de sentarse para posibilitar la convivencia, algún contenido ha de darse a las leyes, ¿cómo se dirime qué idea se impone y qué grupo predomina en cada momento? Haciendo que el cauce para la lucha por dicho predominio se sublime a través de la política, de la contienda entre grupos y partidos que formulan sus ideas con el propósito de ganar el apoyo social mayoritario y que, cuando lo tienen, por imperativo constitucional también tienen que ejercer su gobierno respetando a la minoría y sus derechos, lo que equivale a decir haciendo que la política siga siendo posible y resignándose el que hoy es mayoría a ser minoría mañana, si así le vienen dadas las cartas en ese juego político.
Se me ha ido la mano con la teoría. Era de esperar. Pero llego, al fin, adonde quería, a la presentación resumida (ya era hora) de lo que una Constitución significa y al diagnóstico de nuestra realidad constitucional actual. Una Constitución es, por todo lo expuesto, el reglamento supremo de la convivencia social. La Constitución delimita el campo y los límites con los que los distintos sujetos, individuales y colectivos, van a contender, con toda la vehemencia que se quiera, pero sin agresión; queriendo obtener la mayoría y el gobierno, pero amando, más aún que el poder, esas reglas comunes que inmunizan a cada uno del riesgo del exterminio, la agresión violenta o el abuso radical. Un ciudadano constitucional, un político constitucional es aquel que a la pregunta sobre si prefiere gobernar sin o contra la Constitución o estar en minoría bajo un gobierno constitucional, responde sin pestañear que lo segundo, pues asume que los derechos de todos y las garantías de cada uno valen infinitamente más que cualquier verdad que uno tenga o cualquier proyecto que con los suyos comparta. Por eso hay ideologías y credos que muy difícilmente se concilian con la idea de Constitución y otros que se agarran a la Constitución precisamente para evitar que aquéllas acaben con la libertad y el pluralismo en nombre de una única verdad, accesible sólo a los privilegiados o los iniciados que tienen comunicación directa con el más allá o han sido comisionados por los dioses para gestionar al precio que sea el paraíso sobre la tierra o la salvación de muchas almas.
Todo lo anterior acaba por resumirse en una idea bien simple: la Constitución, con todos esos presupuestos que vengo de señalar, no sobrevive allí donde la ciudadanía y las fuerzas sociales predominantes no creen en ella y no le son leales, donde la consideran más un estorbo para sus fines o metas que una manera justa de hacer que convivan en paz los objetivos plurales y legítimos de los muy diversos sujetos y grupos. De ahí que sistemáticamente fracasen intentos como los de instaurar un régimen constitucional real en lugares como Afganistán o Irak, pues a los fundamentalismos que mandan e impregnan las conciencias les repugnan las cortapisas que las constituciones imponen a su asesino afán de dominio exclusivo sobre vidas y haciendas.
Bueno, ¿y en España qué pasa? Pasa que parecía que la cosa iba bien. El personal andaba bastante satisfecho y la Constitución se consolidaba como suprema regla de juego que casi todos respetaban y casi ninguno cuestionaba, excepción hecha de la mafia asesina de etarras y de los idiotas congénitos e irrecuperables que le bailan el agua a cualquier baboso que pegue tiros y prometa revoluciones y fusilamientos al amanecer. Teníamos una Constitución que funcionaba bien y un problema con unos cuantos gañanes que la odiaban. Ahora hemos pasado a tener una Constitución atorada por culpa de otros cantamañanas que no saben si la quieren, la odian o se la trae floja. ¿A quén me refiero con calificativo tan poco amable? Pues al gobierno y a la oposición. A los unos, encarnados paradigmáticamente en ese prodigio de claridad mental, retórica excelsa y cinismo diarréico que nos preside y que se debate absorto en la vieja sospecha de que esto del derecho y la Constitución debe de ser cosa de carcas, maniobra de multinacionales, engendro superestructural de la oligarquía. Por eso el talante se le pone cachondo al ver cómo sus amigos Chaves o Castro se limpian el trasero con los textos de nuestras constituciones y las suyas; por eso duda tanto antes de defender la Constitución frente a los matones etarras o los reaccionarios catalanes, pues mal se defiende aquello en lo que no se cree, y menos frente a quienes se admira, con el rebillo de la conciencia, como última esperanza de la revolución imposible. Este hombre daría bien de portavoz del Comandante Marcos o de Ministro de Justicia de Fidel, como mandado de lujo y mesiánico ejecutor de revoluciones discapacitadas. Pero aquí pinta mal, pues su esquizofrenia va a conseguir que nos liemos todos a tortas un día de estos, todos por querer defender o cambiar lo que bien estaba quieto y aceptado, antes de que él aterrizara a lomos de una onda expansiva.
Ah, amigo, pero también hay que decir cuatro palabritas de los otros, de la poco lustrosa oposición, loca por ponerse el traje constitucional que el otro abandona y sin querer darse cuenta de que le aprieta por el lado de la bragueta y de que no tiene el alzacuello que tanto ansía. Podría la oposición, debería, hacer la pedagogía constitucional que nos está faltando ante el ataque combinado del oscurantismo antiilustrado de los Carod, Ibarretxe o Rubalcaba. Pero no, imposible, cuándo un oscurantismo sirvió para combatir a otro en nombre de la Constitución. Lo combate, sí, pero a beneficio de su propio delirio preconstitucional, de su sueño de rancias patrias, desfiles bajo palio y curas que manipulen a nuestros hijos. Se erigen en paladines de una Constitución que en puridad deja de serlo, por definición, cuando es sólo su Constitución, la Constitución de ellos.
Y así estamos. A los unos, el Gobierno y sus socios, las reglas del juego que la Constitución establece les traen al fresco, en el mejor de los casos, y las instrumentalizan a su antojo, con cambios diarios de interpretación y nuevos refritos que las dejan hechas jirones, y al ciudadano completamente privado de referencias y anclajes. A los otros, la oposición, les entra nostalgia de banderas e inciensos y paso a paso retornan a la muy gastada y peligrosa idea de que el texto constitucional no es más que pálido y subordinado reflejo de la esencia nacional y los valores patrios, de una unidad de destino en lo universal llamada España, reserva espiritual de Occidente, por más señas.
Si tuviera que acabar con un mensaje de optimismo diría que la última barrera defensiva de la Constitución, que la definitiva esperanza de que sigamos teniendo el régimen de libertades y separación de poderes que la Constitución quiere garantizar, se encuentra en la sociedad civil. Pero miro alrededor y veo a la sociedad civil tocándose los cataplines y las cataplinas en el sofá y absolutamente extasiada ante la posibilidad de que dos del Gran Hermano se echen por fin un casquete. Hondas preocupaciones embargan a nuestros conciudadanos. Démonos por jodidos.

05 diciembre, 2005

La foto de la semana






Residencia de verano
J.A.G.Amado
Olinda (Brasil), nov. 2005

Si no hablamos de ellos, acaban con nosotros. Respuesta a Mercutio.

Hace tres días publicaba servidor aquí un post titulado "Los condones de Benedicto. La Iglesia y el SIDA". Entre otros que hacen consideraciones dignas de atención, el amigo Mercutio escribió el interesante comentario que ahora, sin su permiso (espero que no me abronque por ello), me permito reproducir aquí a toda página, seguido de mi respuesta.
ESTE ES EL ESCRITO DE MERCUTIO:
Buenos días, Garciamado. Creo que comete Vd. varios errores de enfoque; son habituales en la prensa, pero a Vd. hay que pedirle más. Y me explico.
Uno. La doctrina de la iglesia católica es una estructura normativa completa, en la que están previstas casi todas (y subrayo el casi) las excepciones, pero que, sobre todo, cuenta con un 'deus ex machina' (nunca mejor dicho) excepcional en tales catálogos: el juez final es Dios, que valora intenciones, y no hechos. Esto es importante, aunque a estas alturas de mi comentario no se entienda.
Dos. La iglesia católica no tiene potestad alguna sobre la humanidad. Sólo quienes se proclaman y son católicos deben obediencia a sus reglas y sus autoridades. Aunque parezca una obviedad, no lo es; Vd. mismo dice: 'Pero los que le preguntan se mantienen en sus trece y le acucian para que concrete más: díganos, buen señor, si les damos los condones o no.' Ninguno de los 'encargados' de repartir las gomas providenciales debería preguntar a las autoridades eclesiásticas al respecto, puesto que la distribución de condones y la elaboración de una guía para la eterna salvación pertenecen a universos distintos, son asuntos inconmensurables.
Tres. Es obligación de la iglesia católica para con sí misma (y ella misma es la comunidad toda de fieles cristianos católicos; eso es la iglesia, y no una mera jerarquía de cargos) hacer lo que cree que debe hacer y decir lo que cree que debe decir. Es obligación de las autoridades civiles que se tengan por tales ignorar cuantas disposiciones dicten la iglesia católica, El Corte Inglés o los Boy Scouts. Por poner tres ejemplos.
Cuatro. El sexo fuera del matrimonio es pecado para los católicos. El sexo, aun dentro del matrimonio, si no está dirigido a la procreacíon, también.
Cinco. Que se encargue la iglesia católica de hacer llegar sus preceptos a sus fieles, y dejemos los demás, no católicos, de vocear sus errores. Mientras nosotros, los muchos millones de personas que no somos católicos, sigamos amplificando su respetable normativa moral, la iglesia católica seguirá teniendo una presencia desmesurada en la vida civil; una presencia deformada por la repetición hasta el mareo de sus opiniones en letra impresa y en letra web.
Y termino. Un imán -creo que chiíta- emitió una fatwa de obligado cumplimiento para dar muerte a Salman Rushdie. Personalmente, me siento tan poco concernido por tal orden como por la eclesial de no utilizar preservativos. Con la diferencia de que la fatwa, en los países en los que exista un estado de derecho, debe ser combatida por las fuerzas policiales y judiciales del estado -pues incita a la comisión de un crimen-, mientras que el asunto de los condones es cosa de cada cual. En todo caso, comparemos la cantidad de 'tiempo-prensa' malgastado en la denuncia de la incitación religiosa a un asesinato y el malgastado igualmente en hablar de condones -desde el punto de vista de una religión ajena-, de homosexualidad -desde el mismo punto de vista- o del celibato de los profesionales de esa misma iglesia.
Aquí estoy, haciendo aquello que critico. Pero no haga como yo, haga lo que yo le digo.
Esto me ha quedado largo; y eso que me he quedado corto.
Salud.

Respuesta de Garciamado a Mercutio: Si no hablamos de ellos acaban con nosotros.
No le quito a Mercutio mucha razón en lo que dice. Pero quisiera matizar un poco e introducir algún elemento nuevo en la reflexión.
Mercutio ve la iglesia católica como una asociación o agrupación entre tantas, con socios o adeptos, una jerarquía interna de cargos y poderes y un sistema de reglas que sólo a los suyos afecta y vincula. De acuerdo, no objeto a esa forma de contemplarla. Pero aquí es donde me parece que hace falta introducir una categorización más compleja, que nos permita algunas diferencias adicionales. Podemos distinguir, a los efectos que aquí nos importan, tres tipos de asociaciones humanas:
a) Las que atienden meramente a fines de sus integrantes y para nada pretenden, al menos directamente, influir sobre la vida o las acciones de los ajenos, de los no socios. Un club de coleccionistas de obras completas de ministras de cultura, por ejemplo, tendría ese carácter. De estas asociaciones y de sus miembros lo más que justificadamente podemos decir los demás que allá ellos o que hay gente para todo.
b) Las que tienen programas o propuestas concernientes al diseño de las cosas humanas o el modo de organizarse las relaciones sociales, pero que: i/ las ofrecen y defienden sin tratar de imponerlas de cualquier manera; ii/ no las anteponen al valor de las personas, el respeto de las vidas o la consideración de la libertad; iii/ someten su éxito, resultados y posibilidades de realización a las reglas del juego que dirimen su competencia con otros grupos que profesan ideales distintos y realizan propuestas diferentes, incluso contrapuestas. Tal sería el caso, por ejemplo, de un partido político exquisitamente democrático.
c) Las que se proponen dirigir la vida humana y el mundo social pero con unos planteamientos que, por obra de su fundamento presuntamente trascendente, esotérico, no reparan en gasto de vidas, sacrificio de libertades o consideración de pluralismos. Son asociaciones antisocietarias, pues rachazan por definición la competencia con las agrupaciones semejantes de orientación distinta y aspiran al monopolio de la verdad y, con ello, a ser rectoras únicas de todos los comportamientos, tanto individuales como colectivos. No se ofrecen a las conciencias como modelos de reflexión, sino que quieren fagocitarlas; no se atienen a verdades de este mundo que puedan chocar con sus mitos, o sus ritos, a veces escandalosamente estúpidos (un ejemplo bien actual puede verse en al actitud de los creacionistas en EEUU y en otras partes); no respetan la razón, sino que pretenden domeñarla y restarle toda aptitud para la crítica, la desobediencia o la revuelta, para el ejercicio de la humana autonomía, en suma.
Estas características del tercer modelo de asociación o agrupación humana son la causa de su gran peligro. Y eso por dos motivos principales. Uno, porque no les duelen prendas a la hora de sacrificar seres humanos en su camino hacia la dominación universal, pues el individuo es bien poca cosa cuando se lo compara con el designio de construir todo un mundo perfecto de seres felices por unanimidad. Dos, porque están siempre al acecho de su oportunidad para valerse de coyunturas, eventos o regímenes y usarlos al servicio de sus fines particulares de dominio universal.
Los partidos totalitarios tienen este carácter. Las iglesias principales que aún hoy (manda güevos) se disputan el dominio de los cuerpos y las conciencias de los seres humanos, también. Ahí es donde, para mí, se sitúa la iglesia católica, la iglesia institucional de la que estamos hablando con el amigo Mercutio.
Si lo anterior tiene algo de cierto, me lleva a discrepar con Mercutio de que la receta sea meramente “pasar de” la iglesia y sus dictados, dejarla que diga lo que quiera de puertas adentro sin pararnos a comentar los contenido de sus dictados o los efectos que tengan para terceros. Porque no sólo sus fieles quedan concernidos por sus mandatos, sino que éstos tienen vocación de alcanzarnos a todos y ánimo de destruir, en lo que puedan, a los que no se les sometan, a los que rechacen encerrarse en el vallado de su grey. Por eso, en mi interpretación, la insistencia papal en la prohibición de los condones equivale exactamente a una sentencia de muerte para personas que no son católicas o no reprimen sus cuerpos de la manera que las autoridades de los católicos ordenan.
Hay otro asunto en el post de Mercutio que debería darnos para buena meditación. Me refiero a cuando afirma que “ninguno de los 'encargados' de repartir las gomas providenciales debería preguntar a las autoridades eclesiásticas al respecto”. Yo estoy muy de acuerdo. Pero da la casualidad de que muchos de los que están en tal situación de salvar vida a base de entregar gomas son católicos, la mayoría religiosos y religiosas, que se hallan en esos lugares por razón de su fe, meritoriamente convencidos de que no sólo tienen que evitar muertes o aliviar dolores, sino también conducir almas hacia la salvación en el más allá, y que rinden estricta obediencia a la institución que ni los imita ni los comprende ni respeta sus ideales y su sacrificio. Pero, ahí sí, allá ellos, que elijan, que ellos sean los que decidan si de verdad es compatible su amor al prójimo con el acatamiento a los mandatos del que lo prefiere muerto antes que pecador. No voy a eso, sino a resaltar lo poco que reflexionamos sobre el fiasco de esta sociedad internacional, que tanto debate sobre intervenciones humanitarias cuando se trata de entrar a tiros en los sitios, pero que deja grandísima parte de la atención a los desamparados del mundo en manos de generosísimas personas maniatadas por los psicópatas que las gobiernan. ¿Es que no puede la ONU hacer nada efectivo y real para salvar a esos que el Papa prefiere muertos? ¿Es que nadie puede repartir los condones si no dejan distribuirlos a los misioneros y las misioneras de la iglesia católica? ¿Es que también para los individuos ateos y los Estados aconfesionales vale más la palabra obscena del Papa que la vida de esos millones de pobres gentes pobres? Menos alianzas de civilizaciones y más condones, carajo.
Salud.