15 septiembre, 2014

Por qué las instituciones hacen idioteces



  Septiembre, y es hora de retornar al blog y a las vueltas. Me digo que vamos a ir recuperando la soltura con las teclas y me viene a la cabeza antes que nada este tema que me sume día tras día en la perplejidad. Decían los clásicos que nada hay sin razón suficiente y a algún motivo tiene que deberse el que tantas instituciones públicas sean tan disfuncionales. Estoy pensando de nuevo en las universidades, pero seguro que podríamos hablar de otras muchas. La respuesta sólo puede ser una: cuando las funciones teóricas y que sobre el papel justifican y legitiman la institución se descuidan con tanto empeño, ha de ser porque son otros los cometidos y los servicios que tácitamente la institución asume, aunque no se confiesen y aunque se finja, cada día menos y cada día peor, andar a lo que se debe. El gran enigma está en cuáles sean esas otras misiones que tergiversan los cometidos y qué fines deforman la razón de ser de lo que entre todos los ciudadanos se paga.

  Hace unos días hablaba con uno de los profesores universitarios que más admiro, un colega ya algo veterano y que es un pozo de sabiduría y un honestísimo profesional de la enseñanza y la investigación. Me contaba que tiene muy pocas clases, que le van quitando horas de docencia y que a su alrededor crece la indiferencia por su trabajo y los reparos ante cualquier esfuerzo serio que quiera hacer. Me aventuré a decirle que, por mucho que cínicamente podemos pensar que está estupendo que le paguen lo mismo por laborar menos y dedicarse discretamente a lo que le dé la gana sin incordiar a compañeros y a los excelsos cargos académicos, seguro que en verdad estaría dispuesto a aceptar mucho más trabajo si se lo pidieran y lo animaran un poco. Me respondió que por supuesto que sí, pero que es lo que hay y para qué darle más vueltas. La institución que un día te formó y que te sigue abonando tu nómina sin reparo ninguno prefiere que te quedes quieto y que ni produzcas ni te entregues con excesivo afán a la docencia. Alguien debería mirarse el alma o las posaderas, esto es raro de verdad. Cierto que conozco o he conocido a más de cuatro rectores que no saben hacer la o con un canuto y que rozan la estulticia extrema, narcisos sin luces y soplagaitas irredentos, pero ni aun así me lo explico.

  Lo lógico y normal sería que la universidad de mi amigo tratara de explotarlo de la mejor manera, aprovechar su buen hacer y su mucho saber para animarlo a enseñar mucho, a dar un montón de clases y dirigir un puñado de investigaciones. Pero es exactamente al revés, sobra, estorba, hasta molesta. Con su erudición inquieta a los zánganos, con su profundidad desconcierta a los discentes, con su sentido crítico, que sale de una cabeza bien formada, preocupa a los mandamases sositos. La propuesta es clara, usted vaya quitándose de en medio y a cambio nosotros le pagamos su sueldo entero y hasta le permitimos que incumpla cuantas normas quiera. Si fuera una empresa de fontanería se mandaría a los más competentes para que hicieran los trabajos más exigentes y se encargaran de las instalaciones más complejas. En las universidades no, bien al contrario, para las clases en el máster descartamos a los más expertos y últimamente las tesis doctorales ya las dirigen los que ponen las copas o planchan las servilletas. ¿Por qué?

  Hace poco andaba un servidor por una Comunidad Autónoma en la que conozco a muchos profesores universitarios, y estaban muchos sobrecogidos del todo porque la autoridad autonómica había nombrado para un alto cargo de gestión académica a un tipo sobre cuyas taras e incompetencias se podría escribir un libro bien gordo. Es ignorante, es lerdo, es un inútil completo, es mala gente y, de propina, no pasaría ni el más elemental examen psiquiátrico. Tampoco ha estudiado nada serio en su mísera vida de triunfador. Eso sí, es experto en artes de mamporrero y hábil al hacer la pelota a quien quiera que mande en algo y comparta, en el fondo, atributos similares a los que a él lo adornan. No hay un tonto con el que no se entienda ni un corrupto con el que no pacte. Tengo entendido que ha sido el ojito derecho de más de un rector.  En mi pueblo había uno que se iba de prostitutas y volvía encantado porque la de turno le contaba que nunca había conocido a alguien tan hombre como él y con tan descomunal miembro viril. Era un pobre diablo, pero se lo creía y se ufanaba del halago mercenario. Hoy sería consejero autonómico, quién sabe si ministro. Si a muchos de nosotros nos dijeran que buscáramos a alguien apropiado para destruir la institución en cuestión, lo señalaríamos a él sin dudar, a ese que tiene flamante cargo, al que hace el papel de hetaira ante el gobernante regional. ¿Acaso el consejero de turno desea que esa parte del sistema universitario se vaya al carajo y ayudar a que todo se hunda más? No sé, cuesta creer tan alta dosis de cinismo y mala fe. ¿Entonces?

  Dos posibles explicaciones. Una, que el tal consejero o consejera o lo que sea tenga una especial propensión a favorecer a quienes lo halagan y le hacen la rosca sin pudor ni vergüenza. Pero en ese caso estaríamos ante un sujeto con autoridad y poder, ciertamente, pero cuyos signos psicológicos y de personalidad son equiparables a los de una lombriz intestinal o de una ameba ligera de cascos. La otra posibilidad es que ese que manda y nombra sea bobo con alevosía, tontaina sin paliativos, un zascandil que no sabe ni a qué está ni por dónde se anda. Es probable que tengan mucho de cierto las dos hipótesis, combinadas en la proporción que corresponda. Viene a ser como si al entrenador de un equipo de fútbol que pretende competir por la Champions le diera por poner de portero a un manco que le sonríe mucho y le pasea al perrito los sábados por la tarde, cuando no que le masajea (con los pies, claro) las partes en el vestuario mientras los demás entrenan. Entrañable, sí, pero inverosímil. ¿Por qué en las universidades y en tantas instituciones públicas lo inverosímil se convierte en regla y lo anormal es la pauta? Ahí está la madre del cordero.

  Ciertamente, el sábado pasado a Casillas le pitaba una parte del público del Bernabeu, y es Casillas al fin y al cabo, nada menos. En otros lugares nadie pita, seguramente porque no tenemos pito, chitón y a callar, no vaya a enfadarse alguno o nos perdamos un par de invitaciones para un cóctel. ¿Será que en la selva ya no reinan los leones y se ha transferido todo el poder a los topillos? Parece probable, pero en ese caso los raros no son los topillos, que nunca la vieron más gorda, sino los leones, que deben de estar atusándose las melenas o haciéndose la manicura en las garras.

  Mientras todo se degrada y se ensucia y en la barra americana vocean los más macarras, los virtuosos de pega ponemos las copas y apretamos el culete, sonreímos y cambiamos las sábanas. Por si nos dan propina o algo; o no sea que se nos enfade el patrón y haya que ganarse la vida honestamente. O a ver si alguno se fija en nosotros y nos pide en matrimonio, mire usted; o que nos acrediten. Vaya tropa.

05 agosto, 2014

Por qué las universidades no funcionan como las orquestas



 Este mañana he pasado un rato entretenido intercambiando con colegas amigos correos electrónicos (estoy de nuevo al otro lado del Atlántico) jocosos sobre algunos nombramientos recientes en materia de política universitaria autonómica. Uno de esos amigos me decía que sería gracioso que en las orquestas se eligiera así a los músicos. Eso me recordó mi vieja comparación entre las universidades y los equipos de fútbol, pero hoy vamos a usar ese buen ejemplo de las orquestas para subrayar algunas de las lacras de las universidades españolas y de la política universitaria.

 Imaginemos qué pasaría si en cualquier orquesta sinfónica bien importante se nombrara un director completamente incompetente o se escogieran unos violinistas de extrema torpeza. Y veamos si hay similitud o notables diferencias con lo que pasa en las universidades. Comprobaremos que las diferencias son apabullantes.

 1. Una orquesta da conciertos y los conciertos tienen un público capaz y crítico. Si el director nombrado no sabe lo que se trae entre manos y los conciertos resultan bochornosos, el público va a reaccionar con indignación y abucheos y, además, en los periódicos del lugar serán nefastas las críticas al día siguiente.

 En las universidades no sucede eso, pues en verdad no hay público y falta ese control fundamental. Un profesor ignorante y zángano, un director de departamento o decano que no sepa lo que se trae entre manos, un rector corrupto y torpe o una autoridad académico-política que no tenga ni la más remota idea de lo que gestiona o que esté loca de remate no da pie a que nadie en la sociedad se escandalice o diga ni mu. Ciertamente hay en las universidades estudiantes y profesores que podrían levantar la voz y protestar un poco. Pero los estudiantes apenas tienen elementos para juzgar de la gestión y la calidad de la institución, y los que puedan tenerlos no los usan, para no complicarse la vida y porque están a otra cosa. Y en cuanto al profesorado, ay el profesorado, predominan las ambiciones mezquinas y de medio pelo, la búsqueda de la comodidad o la lucha por la ganancia puntual y el vive y deja vivir. En cuanto a la sociedad en su conjunto, lo que pase dentro de los muros universitarios trae a la gente completamente al fresco.

 Así pues, no hay público ni masa crítica, lo que significa impunidad para los torpes y quienes los eligen por variados motivos espurios. No existe un control real y efectivo sobre el cumplimiento cierto de los fines que justifican las universidades y el gasto que suponen, ni sobre la calidad del servicio que prestan. Por eso puede usted poner al conejo de la Loles o a Incitatus, el caballo de Calígula, a dirgir un departamento, una facultad, una universidad entera o una dependencia de la consejería del ramo, y no pasa nada, aun cuando abunden los desastres y la calidad del servicio público esté por los suelos. Nadie se entera y los pocos que observen con realismo la situación silban tangos, a sabiendas de que si se quejan los defenestrados serán ellos y no los incompetentes y lameculos.

 2. Una orquesta dirigida por un mandanga que ni entiende de música ni está en sus cabales acabará yéndose al garete. Las malas críticas y el abandono del público forzarán a la disolución o la reforma seria. En las universidades no es así. ¿Por qué? Porque los resultados no importan en verdad ni a los de dentro ni a los de fuera. Cierto, si un día un profesor o departamento consiguen una patente importante o un descubrimiento destacable, se informa a diestro y siniestro para legitimar la institución y que parezca que ahi hay mucho bueno. Lo que jamás aparece en los medios y no se difunde nada son los fracasos, la inoperancia y la falta de resultados. Es como si de los conciertos de la orquesta de zombies enchufados no se diera noticia en los periódicos o como si se tocara a puerta cerrada.

 Con un agravante aquí. Las universidades van a ser financiadas y sus profesores y empleados van a percibir sus nóminas tanto si producen ciencia como si destilan mierda. También por ese lado es plena y total la impunidad. Una institución que sea inmune a toda consecuencia negativa por falta de rendimiento está irremisiblemente abocada a la incuria y la corrupción.

 3. Si en una orquesta hay un puñado de buenos músicos prestigiosos y el director es un zoquete y el primer violín un cantamañanas que no ensaya y que ha logrado su puesto por ser sobrino de alguien, aquellos músicos capaces harán las maletas y se irán con la música a otra parte, dejando a los torpes a su suerte y puesto que a ellos, los aptos, no les faltarán ofertas y alternativas. En las universidades no sucede así, pues estamos todos atados a la nuestra y no hay vías para marcharse. Ni al más competente físico o químico del país y que trabaje en una universidad le llegará hoy ninguna oferta de trabajo en una universidad (española) distinta de la suya. Si el del violoncello es un músico de primera categoría que se desespera porque sus compañeros o el director hacen de cada concierto una vergüenza, la consigna general e institucional es muy simple: que se joda, que no proteste y que no se dé tanto pisto, ¿o qué se ha creído?

 La falta de competencia y el absoluto rechazo de la meritocracia y el total desprecio del esfuerzo acrecientan la impunidad de los desalmados y enchufados: el bueno y el malo están amarrados a la misma institución y cobran lo mismo, con la ventaja para el segundo de que él tiene posibilidades de llegar a rector o de que lo nombren para algún carguete, mientras que el otro se va convirtiendo en un apestado al que se instala en el ostracismo.

 4. En una orquesta, al que por cualquier razón inconfesable eligió y nombró al pésimo director, se le acabará pidiendo cuentas y tendrá que responder de alguna forma. Puede que hasta se tambalee su propio cargo. Cuando se alcen un montón de voces escandalizadas por la torpeza del director y la birria de conciertos, alguien de más arriba demandará explicaciones por la pésima selección del director aquel. En las universidades, no. El consejero de la correspondiente comunidad autónoma nombra director de universidades, por ejemplo, a una acémila turulata que en poco tiempo consigue que no se de pie con bola en ninguna universidad de ese territorio, y no pasa nada. Si fuera director de deportes de la comunidad y todos los equipos bajaran de división y ningún atleta consiguiera medallas en los torneos de esa época, probablemente sería cesado. Por destruir las universidades a base de poner al timón a soplagaitas dementes ni se cesa ni se llama al orden a ninguna autoridad.

 Concluyamos. Si todo lo anterior es verdad, y a fe mía que lo es y que no habrá quien razonablemente me lo pueda discutir, nos queda por tratar lo esencial: por qué están así las cosas y cómo se arreglarían.

 Brevemente. Ocurre lo que ocurre porque a la sociedad las universidades no le importan nada y porque de puertas adentro en las universidades son o somos mayoria los perezosos sinvergüenzas. Sí, con las excepciones que se quiera, pero internamente la universidad es un antro en el que el respeto a los objetivos de la institución se han evaporado y donde nada más que busca cada cual su personal beneficio y su interés individual. Yo estoy bien si gano unos cientos de euros  más al mes, aunque a mí alrededor no haya más que corruptelas y timos y aunque al estudiante y al contribuyente le estemos dando gato por liebre.

 El arreglo es sencillo sobre el papel e imposible en la práctica. Exigencia férrea de resultados serios y seriamente controlados en la docencia y en la investigación. He dicho resultados serios y seriamente controlados, no pendejadas para la galería o cretineces posmodernas. O sea, producción científica real y formación verdadera de los estudiantes, no aprobados estafadores para embellecer estadísticas. Al profesor que no rinda, a la calle bajo la fórmula legal que proceda. El departamento o centro que no tenga resultados debe ser suprimido, pasado el plazo razonable para que pueda ponerse a tono. A quien nombró o eligió a los que llevaron al desastre hay que pedirle cuentas políticas y averiguar si en su gestión del caso influyeron factores que nos acerquen a algún delito o a algún ilícito administrativo.

 Tan evidente, sencilo y fácil como eso. La universidad se pondría a funcionar en un periquete y bajo la sola condición de que fuera gestionada como una orquesta o un equipo de fútbol. Pero no va a suceder, descuide usted. Nadie clausura un antro, ni lo reforma, si de él saca ganancia o si en él le dan placer gratis con buenas técnicas de experta meretriz.

30 julio, 2014

El caso (de los) Pujol en el Süddeutsche Zeitung

(Ayer, martes 29 de julio, el periódico alemán Süddeutsche Zeitung informaba sobre el caso Pujol, bajo el título "Es bleibt in der Familie". Aquí recojo la traducción que me envía un amigo).

Süddeutsche Zeitung (Munich), martes 29 de julio de 2014, página 8 de la edición impresa

Todo se queda en la familia 

El fraude fiscal del expresidente del gobierno regional catalán Jordi Pujol no es el primero de su clan. Ahora se especula sobre la procedencia de ese dinero.

Durante 23 años Jordi Pujol, de 84 años, gobernó la región autónoma de Cataluña en España. Su partido regional de corte democratacristiano CDC sigue aún en el gobierno – y está bochornosamente tocado por el fraude fiscal de su fundador. AFP.

Madrid.-  Los medios madrileños hablaban de una noticia sensacional ocurrida en Barcelona, capital catalana, pero para los portavoces oficiales de los grandes partidos catalanes se trataba de un "asunto privado". Sólo el PP (partido conservador) exigió el lunes la creación de una comisión parlamentaria que se ocupe de investigar la fortuna en el extranjero del antiguo presidente del Gobierno Regional, que hasta ahora permanecía oculta. Sin embargo, el PP de Mariano Rajoy que gobierna en Madrid con mayoría absolutano pasa de ser un partido marginal en Cataluña. En estos momentos hay divergencia de pareceres acerca del efecto que tendrá este asunto en las aspiraciones del actual presidente regional Artur Mas de conducir la región hacia un estado independiente.

Pujol, de 84 años, considerado el padre político de Mas, admitió el pasado fin de semana haberse llevado la fortuna familiar heredada de su padrea un paraíso fiscal extranjero hace 34 años y no haberla declarado a la Agencia Tributaria española. También afirmó que ya se había regularizado la
situación, pero sin proporcionar más datos sobre la fortuna.

En su época como presidente regional, el cristianodemócrata siempre se había manifestado claramente en contra de la soberanía de Cataluña y, en su lugar, defendía la ampliación de las competencias autonómicas. Pujol era considerado un político sensato, cuya palabra tenía mucho peso en Madrid. Este catalán políglota habla un alemán fluidotenía excelentes relaciones con los cristianodemócratas europeos y era muy apreciado. Pero recientemente, movido según él por la presión ejercida por Madrid en los asuntos económicos y culturales de Cataluña, ha pasado a defender públicamente la línea política de Mas, el cual planea realizar el 9 de noviembre un referéndum que Rajoy ha calificado repetidamente de ilegalpara decidir sobre el camino hacia la independencia. Este miércoles se encontrarán ambos (Rajoy y Mas) por primera vez en dos años con objeto de hablar a puerta cerrada; según informa la prensa, este encuentro tiene lugar a instancias del nuevo Rey Felipe VI.

Según la opinión de muchos comentaristas políticos, la confesión de Pujol no ha sido una sorpresa para gran parte de los catalanes. En estos últimos tres años los periódicos más importantes han venido publicando un buen número de artículos que informaban sobre casos de corrupción en los que al parecer están implicados varios de los siete hijos de Pujol. Se contaba que en las concesiones de obras públicas exigían comisiones porcentuales. Oriol Pujol, que sucedió a Artur Mas como Secretario General de CDC, tuvo que renunciar a ese puesto tras publicarse que tenía capitales en Andorra que no habían sido declarados. La exnovia de otro de los hijos del antiguo presidente regional comunicó este lunes a las autoridades que la fortuna escondida no se  trata de ninguna manera de una herencia familiar.

No es seguro que el escándalo vaya a debilitar el movimiento separatista, sino que más bien podría provocar el desplazamiento del centro de gravedad dentro de este movimiento. Mas, en cualquier caso, se considera muy tocado después que, en las elecciones al Parlamento Europeo, su coalición electoral cristianodemocráta apenas alcanzase el 22% de los votos y, por primera vez, fuera superada por una coalición nacionalista de izquierda que logró al apoyo de casi el 27% del electorado. Los escándalos del clan de los Pujol podrían resultar útiles a Oriol Junqueras, jefe de los republicanos catalanes de izquierda. Éste se considera continuador de la tradición republicana de los años treinta, rechaza de pleno la Monarquía y acusa una y otra vez a Madrid de ser el bastión de una élite política corrupta. De hecho tanto el Partido Popular de Rajoy como los socialistas (en la oposición) tienen que bregar con sus propios casos de corrupción, de manera que las primeras reacciones de estos partidos al caso de Pujol han resultado ser muy comedidas.

Thomas Urban, Süddeutsche Zeitung (Munich), 29/07/2014
Traducción de J. M. García

29 julio, 2014

Una nueva cátedra. Por Francisco Sosa Wagner



La historia seria, la escrita por historiadores sesudos, ahítos de legajos guardados en archivos penumbrosos, está trufada por los datos económicos, las decisiones políticas, los acuerdos diplomáticos, las declaraciones de guerra o paz, todo lo cual va conformando el relato de un período del pasado.

Junto a esta historia formal, a mí cada vez me gustan más las historias tejidas sobre historietas, es decir, hilvanadas en el cañamazo de las anécdotas curiosas, de sucedidos indiscretos o de los dichos que se ponen en boca de este o de aquél personaje. Cuando la historia se edifica con estos materiales ligeros dijérase que se ha bajado de su pedestal de ciencia social o humana -o cómo se la llame- para convertirse en un familiar cercano o en uno de esos amigos que disponen de entrada franca en nuestras viviendas y la llenan de su trato confianzudo.

Porque la anécdota es justamento eso: confianza a la que se empareja la cercanía. Cuando se nos cuenta por ejemplo la forma en que trataba de fornicar Carlos II (en la prosa de Ramón J. Sender), la majestad de este personaje ha quedado a nuestro alcance y es entonces cuando ya podemos penetrar, sin que se nos nublen las entenderas, en los entresijos de su reinado, en las idas y venidas de su madre, de sus validos, de sus disparates y de sus testamentos. Y lo mismo ocurre con las menudencias adorables que Valle-Inclán nos ofrece en sus novelas carlistas o isabelinas.

La anécdota es así la llave con la que el curioso y el diletante puede entrar con cierta soltura en las estancias repletas del Archivo de Indias o de Simancas.   

Pero para ello hay que liberar a la anécdota de su azoramiento, de su comparecencia en la sociedad científica con el lastre de su recato, porque la anécdota cree, en su humildad, que carece de empaque y quien la cultiva acaba teniendo complejo de bufón intimidado y temeroso.

Por eso a la anécdota hay que darle entidad de ciencia y yo crearía -si en mano estuviera- la cátedra de historia anécdotica y llevaría a ella como titular a una persona que sepa cuidar la espuma, atenta además con los detalles y buena conversadora, uno de esos prójimos cuyos matices y fulgores al narrar tienen el colorido de la llama que chisporrotea en la chimenea. Es decir, una persona que tenga entronizada a la minucia irrelevante como una fuente de conocimiento y también como una pócima para el alivio de las amarguras varias con que la vida nos obsequia.

Si encima sabe encender el fuego de artificio de las imágenes chocantes, esas que producen lucecitas y más lucecitas desperdigadas, pero cada una de ellas con su significado estelar próvido, entonces ya tendríamos a un catedrático honoris causa.

La anécdota presta gracia a la historia y la dota de una credibilidad que el académico tradicional le hurta de manera que, si el anecdotismo creara escuela, sería como un torrente que iría a confluir al río de la ironía y del humor y eso que perdería el prontuario de los engolamientos.  

Crear la cátedra de historia anécdotica sería como hacer una estatua a una burbuja.  Que bien la merece.