31 julio, 2008

En León seguimos pobres

Esta temporada nos hemos enterado de que, según todos los indicadores, estadísticas, encuestas y sondeos, en León vamos de cráneo, que nuestra economía y bienestar andan a la cola del país, de la Comunidad Autónoma y de lo que nos echen.
Es rarísimo, pues por aquí llevamos unos cuantos años pensando que había llegado nuestro momento de gloria, que íbamos a ser como la Sevilla de los noventa, pues esta vez teníamos nosotros nada menos que Presidente del Gobierno, ese señor que sonríe aunque diluvie y al que medio León llama desenvueltamente José Luis, como si lo conociera de toda la vida. Y no, vaya por Dios.
Como andamos tan desideologizados como en cualquier otra parte, más allá de cuatro eslóganes baratos para quedar de progre ante los colegas a la hora del vermú, aquí mucho personal votó al PSOE pensando que con Zapatero en la Moncloa nos pintarían oros todo el rato y que íbamos a cantar las cuarenta y hacer hasta las diez de últimas. Oiga, y qué chasco. A ver si va a resultar que ya no funcionan los enchufes, justamente ahora, cuando nos tocaba a nosotros forrarnos y convertirnos en el emporio de España.
Cierto es que León ha salido más que nunca en los medios de comunicación, ya que cada vez que hay una reunión superinternacional sobre alguna cuestión más o menos peregrina, tipo Conferencia Mundial sobre Derechos de los Animales de Peluche, el San Marcos se llena de delegados de ocho o diez países que no sabemos ubicar en el mapa. Seremos pobres, sí, pero de vanguardia.
Puede que la culpa sea del gatillazo económico. Cuando las vacas flacas no habían llegado al país, el Gobierno tenía que disimular y nos reservaba sus favores para esta segunda legislatura, y justo ahora que nos iban a hacer de primera división, se acaban las pelas. Mecachis. También hay que ver que el Gobierno de España tiene que atender antes que nada el interés general, razón por la cual, sin duda, debe cumplir el Estatuto Catalán y poner más dineros para esa humilde Comunidad Autónoma que tiene la balanza fiscal hecha unos zorros.
Y qué me dicen del Ayuntamiento leonés. Los tres partidos que pintan algo aquí se han ido organizando metódicamente y por turno para arruinarlo sin remisión, y el sufrido elector capitalino va a votar en las municipales como quien tiene que elegir entre acostarse con el Conde Drácula o con el Hombre Lobo, y sabiendo que, gane el que gane, le va a morder la yugular, con la ayuda en todo caso de El Hombre del Saco autóctono, que es especialista en pactos alimenticios.
Pero no todo van a ser quejas, por supuesto. Sin ir más lejos, ahí tenemos esa pedrea de los cuatrocientos euros, con los que, al menos, nos da para poner también la cama.

1 comentario:

roland freisler dijo...

Maravilloso artículo aparecido en El Mundo, ¡deles caña!