10 abril, 2009

Psicopatología zapateril

Creo que sí es posible entenderlo. Es más, su actitud tiene algo así como una lógica vital aplastante. Ahora se hacen cruces muchos comentaristas porque parece que quiere llevar de propia mano cuanto de relevante haya en el gobierno de la nación, desde la economía en crisis radical hasta el deporte. Ahí es donde hasta muchos de los que lo votaron y de los que a brazo partido lo defienden en foros y tertulias comienzan a hacerse cruces. Ellos también son más simples que el mecanismo de un chupete, como vulgarmente se dice. En realidad, se trata de una superposición de simplezas. Comencemos el análisis por los simpatizantes dizque ilustrados y terminemos con el propio Zapatero.
Una de las más curiosas circunstancias que se observan en los debates de los últimos años sobre Zapatero y su política es la esquiva actitud de sus defensores cuando los más críticos le imputan al Presidente atributos muy negativos. Por ejemplo, éstos que yo mismo, modestamente, sintetizo ahora mismo aquí con plena convicción y sin el más mínimo afán hiperbólico: Zapatero intelectualmente es un zote, moralmente es un cretino, políticamente es un trepa infantiloide y personalmente es individuo plano, carente de cualquier habilidad -más allá de un enfermizo afán de poder por el poder y nada más que para sentir que tiene poder, aunque no sepa qué hacer con él- o encanto y que, sabedor en el fondo de su propia inanidad, procura rodearse de sujetos grises y maniobra para alejar e inhabilitar a cualquiera que pueda hacerle sombra, lo cual, dada su ruindad y lo infame de su carácter y su intelecto, le lleva a rodearse de sujetos tan mezquinos como él y de luces aún más escasas que las suyas.
Pues bien, es rarísimo toparse con algún defensor de Zapatero que se anime a discutir este tipo de retratos del personaje, cada día más frecuentes y, desde luego, no exclusivos de la llamada derecha. Es más, lo común es que en privado lo concedan todo y aun añadan de su cosecha algún otro epíteto poco caritativo. ¿Quién no conoce a algún alto cargo del PSOE que al segundo vino y en confianza pone a Zapatero de chupa de dómine? Y, sin embargo, unos y otros lo votan y lo defienden de puertas para afuera. Misterios del alma humana, pero que han de tener alguna explicación.
Hace poco más de dos horas escuché en la radio las palabras del cardenal italiano que ofició la misa por los fallecidos en el terremoto del centro de Italia. Hablaba de la necesidad de encomendarse a Dios, a su amor y su caridad. Supongo, aunque eso no lo oí, que también exhortaría a los que se salvaron a dar gracias al Señor por su suerte. En lugar de pedir cuentas a Dios por la desgracia que no evitó, agradezcámosle su misericordia por no haberla querido mayor. En lo que marchen mal las cosas de los hombres, pidámosles cuentas a ellos por el mal uso de su libertad o preguntémonos cuán grandes serán sus pecados si los hacen merecedores de tales castigos; en lo que sonría la fortuna, no olvidemos que no es fortuna sino Dios el que nos protege y nos salva y rindámosle la gratitud correspondiente. Pues, mutatis mutandis, lo de los zapateristas es parecido, secuela de religiosos atavismos. Por mal que marchemos bajo la guía de semejante cantamañanas, no podemos olvidar que sin él estaríamos infinitamente peor, devorados por una derecha inmisericorde que come niños, viola mujeres, cocina en escabeche ancianos y explota trabajadores. No hay una vara de medir, sino dos. Con una se juzga lo que “los otros” hagan y se califica como expresión de su maldad congénita; hasta cuando en algo aciertan o nos benefician lo hacen con luciferino propósito, con el designio oscuro de que acabemos en sus manos o sucumbamos a sus perversos halagos. Con la otra vara de medir juzgamos a “los nuestros”. ¿Cómo podemos considerarnos de los mismos que Zapatero?, ¿cómo podemos rebajarnos a pensar que un tipejo como Zapatero y una gentecilla como los que suelen bailarle el agua en carguetes y agasajos son de “los nuestros”? Pues porque el mundo se divide a partes iguales entre las fuerzas del Bien y las fuerzas del Mal y Zapatero y nosotros estamos en el lado bueno, en el sector de la Luz, aun cuando ni él ni nosotros seamos perfectos y aunque tengamos que perdonarnos algunos inconvenientes. Maniqueísmo para dummies. Y como él y nosotros nos hallamos, por metafísico designio, en la zona positiva, no podemos sustraernos a este elemental razonamiento: por mal que vayan las cosas bajo la batuta de Zapatero, que es la batuta de “los nuestros”, lo que da pánico es pensar en cómo podrían marchar sin mandaran los otros, las fuerzas del Mal, los representantes de lo Oscuro, los rehenes del Pecado, los ejércitos del Averno. ¿Y quiénes son esos malos? Todos los que no sean Zapatero o no le den la razón.
Nadie es perfecto, y los buenos tampoco. Lo que distingue y califica a los buenos es nada más que eso, que son los buenos y los son por definición y por narices, cosa que no impide que alguno pueda, por lo demás, salir torpón, ignorante, pícaro o hasta mentiroso y cínico como un demonio; mas será un demonio bueno en el fondo. Ahí está la alquímica síntesis: un bueno malísimo e hijoputa será siempre mucho mejor que un malo que no sea malo del todo. Esto es lo que permite a los zapateristas saber siempre a qué atenerse: joer, por mucho que sea verdad que Zapatero sea un cabronazo calamitoso, tenemos que defenderlo, pues es la última trinchera del Bien y de la Bondad, el resabio final de la Decencia, el vestigio terminal de la Inteligencia. Al final, para semejantes mentalidades cuasireligiosas lo de menos es que se trate de Zapatero o de Perico de los Palotes, lo que cuenta es la función, no la persona; y la función es semisacerdotal, papal, pastoral, paterna, mítica: es al que por designio del Destino le ha tocado dirigir a los buenos, a nosotros, en su lucha a brazo partido con la diabólica legión. Si en lugar de Zapatero fuera un Mister X cualquiera, plenamente analfabeto, criminal y ladrón, nada cambiaría: lamentarían sus huestes y votantes que no les haya salido mejor, pero se consolarían pensando que si éste es así, cómo serán los líderes de “los otros” y qué podría esperarnos con ellos en el gobierno.
Con tal mirada pseudoreligiosa y con semejante esquizofrenia ideológica, en materia política no cuentan los hechos o los datos, sino las intenciones, y las intenciones que cuentan no son intenciones reales, sino intenciones siempre presuntas y meramente presuntas. El hecho de que con Zapatero aumente a lo loco el paro no importa como importa su intención -presunta- de luchar contra el aumento del paro con las mejores armas de las que en el país se disponga; y las mejores armas serán, por definición, las que Zapatero use, pues para eso está ungido por la gracia de ser el líder de los nuestros. El peor de los datos económicos, sociales, educativos, etc., siempre será un dato mejor que el que tendríamos si no gobernara este que gobierna, representante de los buenos, representante nuestro. Como la fe genuina o como el más desesperado amor romántico, la adhesión política que es propia de este tipo de mentes es profundísimamente contrafáctica: es empecinada, se mantiene contra viento y marea y de cada decepción saca fuerzas para hacer más profunda la convicción y más ardiente la pasión. Con ellos no hay quien pueda y es perfectamente inútil todo argumento. Contra la fe no valen razones. Juran que ven moverse las montañas.
Ahora bien, los zapateristas sí que tienen un argumento recurrente: el rollo del tu quoque. Uno les recuerda las vergüenzas del líder al que votan y te responden que sí, que una pena y que qué pena, pero que fíjate Rajoy o fíjate éste o fíjate la otra. Y uno se pregunta: ¿alguien los obligará a votar? ¿Tan extremo es su compromiso con la democracia representativa? ¿No les cabe en la cabeza que, al menos alguna vez, uno puede abstenerse o votar en blanco para protestar sutilmente porque todos los políticos en ejercicio le dan algo de asquillo? No, no pueden. Sobre esto véase la nota anterior. Tienen que votar a Zapatero porque, si no gana Zapatero, viene la derecha y eso sí que puede ser el apocalipsis. ¿Y la derecha cuál es? Todo lo que no sea Zapatero o apoyo a Zapatero. Claro, claro. Tienen que votar a Zapatero porque es mejor el malo de los buenos que el mejor de los malos. Vale, siempre se me olvida. Pero no lo cuentan exactamente así, sino que el apego a su dios pedestre lo justifican rebajando a los demás dioses ante quien critica al suyo. Que mira Alá cómo se las gasta, que está bueno para hablar Manitú, que vaya timo lo de Zeus. Y uno se queda con ganas de decirles: a ver, guapete, estás hablando con un ateo y me importa tres narices que las otras divinidades del firmamento este sean una caca, yo sólo te digo que si no te da vergüenza ponerle velas al bobo ése al que adoras y por el que gastas toda esta saliva o tanta tinta. Pero no hay tu tía, te responde el machaca de turno que un sobrino cuarto de Zeus fue pillado el otro día haciéndose una pajilla en el portal de Diana Cazadora, y con eso siente que justifica de sobra su culto a Zapatero. Manda güevos. Por qué no lo dicen todo claramente y de una vez, con gallardía: mira, ya sé que Zapatero es un perfecto tarado y un tonto de baba, pero me importa tres narices porque yo soy hombre/mujer de rebaño; será una mierda, pero es mi mierda. Vale, así sí. Así ya entendemos que para qué vamos a intentar entendernos. Cada mochuelo a su olivo y el que sea ateo o no tenga olivo, que se jorobe. Tomamos nota de la profunda racionalidad del juego.
Ahora veamos por qué Zapatero está crecido y pretende arreglar los desaguisados del país a base de rodearse de ministros cada vez más inconsistentes y de acumular él mismo más poder. La hipótesis reza así: es rehén de su propia suerte. Dados su formación y sus alcances, posiblemente nunca ha sido capaz de procurarse a sí mismo una explicación rigurosa y coherente de cómo llegó a presidir el Gobierno de España. No es raro que él mismo esté perplejo con tal hecho, pues, sin duda, sobre esa cuestión tendrán que debatir durante décadas los historiadores y científicos sociales. Que un país del que se decía que se estaba modernizando a toda velocidad, que estaba acabando de integrarse entre los más desarrollados del planeta, que tenía una economía de las más dinámicas del mundo y una sociedad de las más abiertas, de pronto, sin ton ni son, acabara votando a un personajillo así para llevar sus riendas es algo que puede dejar perplejo al más pintado. Y que, para colmo, a la segunda volviera a votarlo en masa -¡once millones de votos!-, cuando ya no había cabida para el engaño y todos sabían ya más que de sobra que miente como un bellaco y que en lugar del famoso buen talante tiene una psique traicionera y cobarde, es misterio difícil de desentrañar. Quizá, en el fondo, había un profundo desarreglo en la psicología social de este pueblo que no se consideraba merecedor de su buena suerte en otros órdenes, o que quiso mostrarse a sí mismo que, si se había convertido en favorito de los dioses, lo de menos era quién lo gobernara y hasta podía marcarse la chulería de colocar en tal función al más memo del pueblo.
Ante una situación tal, una persona capaz y bien formada que se encontrase en la situación de Zapatero reaccionaría con ironía y distanciamiento, con cierta sorna y diciéndose que hay que ver cómo es el azar y las bromas que tiene el destino. Más o menos, como cuando a alguien medianamente despierto le toca la lotería y hasta le toca dos veces. En cambio, cuando un premio gordo de la lotería le cae a alguna persona poco avispada o de escaso bagaje intelectual, puede acabar creyendo que se trata de predestinación o de que los hados saben bien a quién otorgan qué privilegio y con qué misión. Posiblemente esto último le sucedió a Zapatero y hay que reconocer que, si, como es probable, padece cierta inclinación narcisista y un punto de idiocia, debió de ver, complacido, cómo se le multiplicaban los indicios. Se hizo con las riendas de un partido lleno de políticos con experiencia y con buena cabeza, pero que se habían dedicado a devorarse entre sí y a apuñalarse por la espalda. Ejerció la oposición frente a un presidente del gobierno, Aznar, metepatas, superado por su propia incompetencia, deslumbrado por las bendiciones económicas y convencido él también -es una cruz de este país y otra constante histórica que habría que examinar reposadamente- de que estaba llamado a llevar a España a lo más alto e influyente de las potencias mundiales, ya fuera en la economía, la política internacional, la guerra o el deporte. Ganó sus primeras elecciones con ayuda de un atentado feroz y a base de desunir al país en momentos en que políticos de talla noble y de moral exigente habrían depuesto el interés personal para ayudar a restañar las heridas sociales -cierto que no tenían mucha mayor talla ni más loable moral los políticos de enfrente: tal para cual-. Y volvió a vencer en otras elecciones quitándose ya toda careta y mostrándose abiertamente como el mentiroso que es y el impostor ideológico y moral que no se oculta, y, encontrándose, para colmo de la sorpresa, que el pueblo lo adoraba así, falsario, hipócrita, superficial, ignorante y pretencioso, pues posiblemente el pueblo se creía, como ya hemos dicho, tocado también por la mano de los dioses, ya que nunca una sociedad tan cutre y tan lerda había vivido tan bien y con tan grande optimismo.
¿Nos puede sorprender que se sienta bendecido, llamado a las más altas metas, comprometido con empresas mesiánicas, redentor de todos los males del país? Si fuera normal, se tentaría la ropa y preferiría no seguir enredando con la suerte, consciente de lo improbable de que la lotería toque varias veces más. Pero, siendo como es, ha de imaginar que nada se le puede poner por delante y que la historia de España no es sino el camino que a él lleva y en él culmina. Pensará: si alguien como yo llega a gobernar aquí es un milagro, y si existen los milagros no puede ser porque sí o al buen tuntún, ha de ser para algo grande, debo de ser el elegido, el llamado, el destinado. Que me echen a los etarras, que los pacifico; que me enseñen el mapa de la organización territorial del Estado, que la reparo. Le salió mal casi todo, pero, como volvió a triunfar después, se sintió ratificado en su providencial misión. Todo lo anterior había sido precalentamiento, amago, lo grande viene ahora, al fin voy a ocupar mi sitio en la Historia, definitivamente toca dar sentido a mi sorprendente presencia en el poder: estoy aquí para solucionar la crisis económica. Y allá va, impasible, convencido, encantado, optimista. Ave, Zapa, morituri te salutant. Él nunca va a asimilar el leñazo y creerá que alguna conspiración judeo-cristiana (masónica no, eso no) torció el destino y contradijo la divina voluntad. Zapatero es de los que palman en el manicomio jugando a nombrar nuevos gobiernos y proponiendo carteras a todas las compañeras del comedor. Pero el trompazo que nos vamos a dar nosotros va a ser de órdago, histórico, monumental.
Eso sí, será gran consuelo que los curas de la secta zapaterista nos griten a todas horas que con Rajoy habría sido peor y nos racionarían hasta la viagra, que en Izquierda Unida hay epidemia de dengue y no es plan y que al partido de Rosa Díez se ha apuntado uno de Soria que es hermano de uno que no sé qué. Consuela un huevo todo eso. Y son todas razones de mucho peso para que los pobres diablos sin dios pero con ganas sigan hasta el fin de los tiempos votando al político más ignorante y menos fiable del país.
Ah, y que no se me olvide: debo flagelarme porque entradas como ésta hacen el juego a la derechona y ponen trabas a la política socialista y avanzada de Zapatero. Todavía habrá alguno que tenga cara para decírmelo. Los hay que los tienen cuadrados; los prejuicios, digo. Aprovechando estas fechas, deberían sacar a Zapatero de procesión y a hombros. Ya puestos a hacer las cosas, al menos hacerlas bien.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

"yo sólo te digo que si no te da vergüenza ponerle velas al bobo ése al que adoras y por el que gastas toda esta saliva o tanta tinta"

bien, yo sólo le digo que si no se cansa de poner a parir al bobo ese que tanto odia y por el que gasta toda esta saliva o tanta tinta digital

pura curiosidad (zp me la suda, ojo)

Antón Lagunilla dijo...

Estupendo post, que suscribo.
Recomiendo el artículo de Gustavo Bueno "Obama acoge en su seno a Zapatero". El enlace:

http://www.nodulo.org/ec/2009/n086p02.htm
Saludos.

Vitraelo dijo...

Creo porque es absurdo, eslogan del PSOE para las próximas generales.

Anónimo dijo...

Ande, dilecto colega, que no se ha quedado a gusto ni nada.

roland freisler dijo...

¿Es necio el que vota a un bobo?

Anónimo dijo...

bueno,seguramente cierto y entretenido.
gracias por su esfuerzo