13 noviembre, 2012

La CIA se lía por unas tías. O de cómo su director no sabía lo que haCÍA



            Es cosa sabida que las nuevas tecnologías han roto más matrimonios y deshecho más noviazgos que siglos y siglos de clandestinas relaciones y de infidelidades a todo trapo. Ese correo que llega a donde no debe o que se manda a quien no corresponde, ese mensaje de móvil que alguien se olvidó de borrar, esa foto íntimísima que parecía que se había eliminado de la cámara digital y resulta que no, aquella página web que vuelve a aparecer como por arte de magia cuando se ponen cuatro letras en el buscador, ese teléfono de última generación que creíamos desconectado y estaba transmitiendo a quien no pensábamos o grabando para quien no queríamos, ese GPS o no sé qué que tiene activado nuestra tableta y que le revela que estamos en París a quien habíamos contado que andábamos por Cuenca y que se complicó la reunión, esa cámara de ordenador que lleva al otro lado tu imagen mientras hablas a través del skype y que está mostrando unos zapatos ajenos sobre una silla o unas bragas (o calzoncillos) colgando de la esquina de la mesita ¡Ay!

            Todo esto es de cajón, y tengo entendido que cualquiera que ande en dobles vidas u ocasionales apaños se cuida muy mucho de la tecla que toca, de los chismes que lleva activados, de las direcciones a las que manda los correos electrónicos y de los mensajes o documentos que conserva en todo tipo de aparatos suyos y de los que van a la papelera primero y al vacío inmediatamente después. Y qué decir de las claves ultracomplejas y que no debería descifrar ni el más apuesto robot de la NASA, de cortafuegos y evitacotillas, de escrituras cifradas, de desconexiones automáticas... Tanto es así, que hasta el más lerdo del villorrio más lejano sabe que para andar en citas y trasteos y para dársela con queso a quienquiera que nos vigile, es mucho mejor retornar de una vez por todas a los sistemas más arcaicos, a poner una cinta amarilla en el viejo roble aquel, a modo de señal de que sí y a las cuatro, a guiñar un ojo o levantar el índice o dejar en el suelo un reguero de piedrecillas hasta el feliz lugar del encuentro.

            Con todo y con que ya nadie se llama a engaño, parece que andamos buscando todos la desgracia a golpe de mensajito y llamadita. Ya choca lo suyo que a la mitad de los más avezados delincuentes de la chorizo-política, sea real o plebeya, los cacen con unas simples y sencillas intervenciones de su móvil o sacándoles los papeles de los archivadores. Un despiste o un exceso de confianza los puede haber en las mejores familias y, de vez en cuando, en las peores. Pero que hasta en la CIA, eso clama al cielo. Tanto hablar y tanto cuento, tanta fama y semejante historial, y resultó que era la TIA.

            Al director de la CIA, nada menos, expertísimo general curtido en (la organización de) mil batallas, a quien para empezar hemos de suponer ducho en técnicas de espionaje y métodos legales e ilegales de obtención de información, a ese señor, lo acaban de pillar poniéndole los cuernos a su santa. No es que lo descubriera ella, la santa, con procedimientos de James Bond y porque tenga un pasado de mujer terrible y Matahari de temer. Para nada. Se destapa el entuerto porque la amante del general le manda en plan anónimo correos amenazadores a otra paisana que debía de ser también amante de varios generales y de diversos agentes secretos. Otra que estaba en el ajo y que, por tanto, hace lo más estúpido de todo, lo justo para que a la vez queden en pelota y al descubierto ella misma, los generales que tenían relaciones con ella y con las otras y todas las otras que se disputaban con ella el amor y quién sabe qué de los generales. De los generales, repito, que mandan en todos los servicios secretos civiles y militares. O sea, la acosada por la que tiene el rollo con el de la CIA va y denuncia el caso al FBI, los del FBI se ponen a mirar por si es un obseso sexual o un negro y dan con el Alto Estado Mayor del Ejército de EEUU matándose a polvos con las mismas chavalas. Pero que un general o un cabo furriel cultiven amantes o hasta se las presten en épocas de crisis no ha de tener mucho de particular. Lo que te deja boquiabierto es caer en la cuenta de que ellos, con todas sus medallas y sus cursos y todas las veces que habrán pasado la pista americana con una bayoneta entre los dientes y disparando el fusil con el testículo diestro, ellos, esos épicos personajes de película, son tan imbéciles como el vecino del quinto o como tú mismo aquella vez que te habías pasado con las copas y no apagaste el móvil después del buenas noches. O sea, y para resumir, que a ELLOS los pillan porque se escribían mensajitos de correo electrónico con ellas y porque ellas se mentaban mutuamente a las madre por ver cuál se encamaba mañana con el más laureado. Mensajitos de e-mail y me apuesto a que desde el ordenador de la oficina sin encriptar el bigote, con alguna que otra foto alusiva a cuando la última vez y con frasecitas que empiezan con qué ganas tengo y acaban con mi amol.

            Tócate las narices. Llevamos décadas preguntándonos como es posible que los gringos, con ese tremendo ejército y el dinero que le meten, pierdan guerra tras guerra y ya sea que luchen contra pastores de las montañas afganas o con enturbantados vendedores de mercadillo iraquí. Bien, pues ahora lo entendimos. Sus jefes más altos se dedican a tuitear con chavalas, a hacerse direcciones de gmail para mandarse fotos tentadoras y a marcar palmito de uniforme delante de unas dizque biógrafas que les aseguran a ellos que les van a hacer una biografía como nunca han sentido ninguna y que ya verás lo que voy a poner de ti en la parte de cuando estabas en el frente y te pusiste detrás, Rambo mío.

            No sé, ante tamaña incompetencia, cursilería semejante y esa congénita debilidad por tierra, mar y aire, recuerdo con admiración renovada a tantos viejos amigos, a Manolón, a Luisín, a Pepe el de la Castañal, a Ramonzón, a Chusón el de Santianes, a Chema Tresdedos (comprenderán ustedes, queridos lectores, que los nombres son falsos, aunque sean reales los personajes. Aquí somos de fiar, no como en la CIA), verdaderos maestros de la seguridad, hábiles en el disfraz, ágiles en la disculpa, imposibles de seguir o de localizar cuando a la clandestinidad pasaban en tardes y noches agotadoras, verdaderos profesionales que jamás cayeron en trampa ni dejaron en la estacada o al descubierto a compañero ninguno, varones de una pieza de los que nunca tuvo queja dama alguna, ni propia ni ajena. ¿Y ellas? De ellas no tengo noticia directa, pues nunca ejemplar conocí en persona, pero fue mucho lo que de tales míticas señoras me hablaron aquellos que he mentado, de su saber estar mientras estaban y desaparecer cuando no tenían que estar, de la muy fiable red de cómplices que tejían con primas y peluqueras, de su concienzudo estudio de mapas del país, planos de las ciudades y horarios del marido, de sus sofisticadísimos sistemas de señales, de su abnegación sin queja y de su sangre fría cuando había que romper un cerco, pasar una carta marcada, hacer de agente doble o desdoblarse en casa.

            Si tuviera el placer de encontrarme un día a Obama de cara, le propondría que eche a todos los cuadros y cargos superiores de la CIA y cualesquiera agencias de ese percal y que se deje caer por aquí para reclutar personal más fiable entre los viejos luchadores, aunque anden medio retirados, y las heroínas nostálgicas. Que se dé una vuelta por las Cuencas, en Asturias, y pregunte, o que pase a León y mire a ver cómo andan los de Laciana, que ponga la oreja en los bares más antiguos del Barrio Húmedo leonés o que me pida a mí las señas de un amigo mío que conoce a todo el mundo y que, si no está escribiendo una ponencia o algo, le puede dar buen consejo y presentarle a unos cuantos roqueros viejos que no usan hotmail ni se enamorarán jamás de sus biógrafas. 

 PD.- Por si no me creen lo de los americanos, miren aquí, aquí, aquí o aquí.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Divertidisimo el post y lo mejor, el titulo. Ni la editorial Bruguera, oiga.

Juan Carlos Sapena dijo...

Excepcional. y muy inteligente, esos dos últimos párrafos merecen una estatua en el museo de cera,un pisito en la Gran Vía, o cuanto menos un dentista.
Muy divertido.

Adriana Restrepo dijo...

Jajajaja... buena lección para esos -tantos- fanáticos de la seguridad en el mundo.

Ahí una pequeña muestra del dinerito que nos gastamos los contribuyentes de mundo, bueno... de cada estado, en aquello de la seguridad nacional. Sí que saben bien estos señores lo que se hace con ese dinero, y no es precisamente la seguridad de nadie. Como se ven, ni la de ellos mismos. Y sólo hablando de lo que se gasta en seguridad en el gran sector -¿empresarial?- público. Habría que mirar qué pasa con los múltiples sistemas que se han ingeniado algunos empresarios del sector privado para cobrar por el ansia de seguridad de todo el mundo. Aunque no dejo de preguntarme si algo así como un sector privado sería posible por fuera del marco del sector público.
Muchas gracias por abrir esta ventana para tan variadas actividades pedagógicas.

roland freisler dijo...

para que vean los amigos del blog como se las gastan los pacifistas o algunos de ellos
Agresión en Gerona a dos miembros de Juventud Identitaria por Cataluña
Publicado el 11 noviembre 2012.

(Identitaria.es) Esta mañana en Santa Coloma de Farners (Gerona) 8 miembros de la CUP han agredido a dos integrantes de Juventudes Identitarias por Cataluña.

Enric Juan, delegado de PxC en Torroella y Sergio Conce, delegado de Juventudes de PxC en Gerona, se encontraban realizando labores de campaña para las presentes elecciones cuando fueron abordados por 8 sujetos que directamente les agredieron, les robaron sus pertenencias y terminaron destrozando todo el material de campaña que portaban los dos jóvenes Identitarios.

Heridos de levedad se disponen a presentar la correspondiente denuncia ante la policía, donde ya han sido identificados 3 de los 8 agresores, esperando completar la totalidad de las identificaciones en las próximas horas.

Desde Identitaria.es nos solidarizamos con los dos jóvenes agredidos sintiendo su agresión como nuestra, y queremos denunciar públicamente que esta por desgracia solo es una muestra más de la verdadera tolerancia de quienes se dicen demócratas, y que en realidad hacen del odio y la violencia su modo de vida, su referente político.

Nuestro apoyo incondicional a las juventudes Identitarias de Cataluña a quienes animamos a seguir trabajando por su tierra con las manos limpias y con la decencia que siempre les ha caracterizado.