14 enero, 2013

La vela de cada palo



                Me devano los sesos para buscar una analogía o comparación adecuada. Probemos suerte con esta. Hay una comunidad de vecinos que abarca cien viviendas, una urbanización bien grande. La comunidad, con sus fondos propios o comunes, juega a la lotería y le tocan seiscientos mil euros, un dineral. Esa comunidad acuerda lo siguiente: sin perjuicio de que la familia que vive en cada vivienda alimente a sus hijos como quiera y pueda, la comunidad va a poner a disposición de cada familia una serie de viandas que son sumamente alimenticias y que resultarían caras si cada uno tuviera que pagárselas: carne de primera, pescado fresco del Cantábrico… Demos por aceptado que esos alimentos proporcionan las mejores vitaminas, proteínas y demás, de modo que, sumados a otros que puede cada cual comer en su casa (fruta, leche…), harán que los niños crezcan en mejores condiciones para ser adultos sanos y que puedan “competir” por el mundo en las mejores condiciones; aceptemos esto.
                Entre los padres de ese vecindario se dan varios tipos de reacciones y consiguientes comportamientos:
                (i) Unos dicen que estupendo y que aprovecharán la oferta, en bien de sus hijos y de su economía doméstica.
                (ii) Los hay que dicen que muy bien y muchas gracias, pero que ellos tienen dinero de sobra para pagar la mejor carne y el mejor pescado y que no harán uso de la aportación comunitaria.
                (iii) Otros se manifiestan vegetarianos y alegan que esos alimentos brindados por la comunidad no los quieren para sus hijos, pues desean que su alimentación sea vegetariana, y por eso preferirían que la comunidad ofreciese leche, legumbres o frutas selectas.
                (iv) Una parte de esos vecinos están reñidos con la comunidad. Como la comunidad oferta carne y pescado, concluyen que la comunidad se identifica con la carne y el pescado, razón por la que: a) rechazan servirse de las viandas comunitarias; b) retiran de la alimentación de sus hijos la carne y el pescado para que los pequeños no se identifiquen por esa vía con la comunidad, esa comunidad que ven como enemiga de la familia o perjudicial para la familia. De resultas, hacen a sus hijos vegetarianos y (quedamos en que esto lo aceptamos) asumen que estén peor alimentados o crezcan menos sanos.
                Juzguemos ahora sobre el cariño que esos padres profesan a su prole. Diríamos que es menor, desde luego, en el caso de los del último grupo: los de esos grupos prefieren que coman peor, y ni siquiera lo prefieren, como los de (iii) por razón  de convicciones de fondo o vitales. Privan a sus niños del complemento alimenticio para que no se relacionen con ni cobren apego a la comunidad que los mayores detestan.
                Bueno, pues hoy viene en los medios de comunicación un estudio que señala que el español es la tercera lengua más hablada y estudiada en el mundo y que hasta los usuarios de las otras lenguas mayoritarias (inglés y chino) están poniéndose masivamente a estudiar español. El gobierno de Cataluña y muchos catalanes no aceptan que a sus hijos se les enseñe español en las escuelas, o que se les enseñe bien o se les enseñe bastante.  Díganme si vale la analogía y, si es que vale un poco, en cuál grupo de los anteriores los colocaríamos.
                Los de (i) tienen interés en que los chavales dominen un idioma que aumentará sus opciones de todo tipo el día de mañana. Los de (ii) los mandan a colegios de pago donde se les enseña español (y en su caso inglés, francés, alemán…). Los de (iii) objetan al español, pero les parece o les parecería muy bien que en las escuelas se enseñara a los críos inglés, chino o francés, con lo que no es que deseen que hablen solamente catalán, sino que prefieren que no se les enseñe español. Los de (iv), si no son igual que los de (iii), querrían que no tuvieran sus hijos más idioma que el catalán, al menos como idioma dominado asimilado desde la infancia.
                Yo soy uno de los que están encantados en esa comunidad que garantiza a mis hijos la carne y el pescado, aunque, en verdad, también agradecería que les proporcionase la leche y los huevos de gallinas de campo. O sea, inglés y chino. ¿Qué pienso de mi vecino que prefiere que los suyos no coman tan bien? Pues que mira que hay gente rara de narices. ¿Y del vecino que cree que si su niño come de lo mismo que los demás dejará de quererlo más que a nadie en el mundo a él? Pues que pobres chavales los suyos y que menudo egocéntrico egoísta el papá. Y que qué suerte que el padre mío me mandó a estudiar fuera del pueblo y para que aprendiera lo que allí no podían enseñarme.
                Ahora bien, tampoco veo tanto motivo como para ponerse a discutir con semejantes elementos del vecindario. Que cada palo aguante su vela. ¿Que si no me dan algo de lástima sus hijos? Sí, bastante, pero que se rebelen los hijos cuando les toque. Todo se andará y cada cosa a su tiempo. Dicen que quieren cambiar de urbanización o hacerse una casa para ellos solos. Bueno, vale. Los hijos míos crecerán más sanos y fuertes y el día de mañana, si se dedican a dar conferencias por ahí, podrán impartirlas en español en un montón de países. Los de los otros, si el propósito del papá se cumple, no. Pues ya está. Ya sé que otros preferirán discutir sobre las comunidades. Yo pienso en los niños.
                Soy partidario de respetar la voluntad de las familias y los pueblos. También los testigos de Jehová dejan a los suyos morir antes de transfundirles sangre ajena. Sacrosanto derecho de cada uno a joder hasta a sus hijos. Con su pan se lo coman. Y que lo paguen, el pan.

3 comentarios:

Juan Carlos Sapena dijo...

Hombre, la pregunta buena no es si los estudiantes catalanes deben aprender español...la pregunta es porqué los estudiantes andaluces no están obligados a aprender catalán, euskera, gallego y bable.
Un saludo a todas las españas (curiosamente España es la única palabra que hace el plural con minúscula)
Cosa distinta es que nos preguntáramos porqué deben aprender castellano...o porqué deben hacerlo de manera preferente al catalán.
Y siguiendo el razonamiento de la importancia, que tal una delegación china visitando colegios y pidiendo explicaciones de la desidia con la que se implementa el mandarín en nuestras aulas...
Ah, el Imperio, tan sencillo todo él.
Un saludo.

Anónimo dijo...

!Menudo post, madre mía!

1. Da por sentado que los padres catalanes apuestan por la inmersión para significarse y no identificarse con la "comunidad" (España), a la que ven como enemiga. Descarta usted la posibilidad de que un catalán quiera que sus hijos estudien en catalán por algo mucho más sencillo y natural: simplemente porque se trata de su lengua. Al igual que un un segoviano puede desear que sus hijos estén escolarizados en español o un noruego que los suyos lo estén en noruego. Pero no, si se trata de un catalán es porque se trata de un pérfido nacionalista que solo se mueve por razones identitarias. La lengua catalana es un elemento identitario, el castellano y el noruego solo son herramientas de comunicación.

2. Parece partir también del presupuesto de que los niños solo pueden aprender bien una lengua. Sin embargo, el aprendizaje del catalán (o de cualquier otra lengua) no impide la adquisición de otras. Todos los estudios acreditan un dominio del español por parte de los alumnos catalanes similar a la media española y superior, por cierto, al de los niños andaluces o extremeños, por poner un ejemplo (informe PISA). Sabido es, por otra parte, que los niños bilingües tienen mayor facilidad para aprender terceras y sucesivas lenguas. Es más, ¿a quién se refiere cuando habla de catalanes que "no es que deseen que (sus hijos) hablen solamente catalán, sino que prefieren que no se les enseñe español" o "que querrían que no tuvieran sus hijos más idioma que el catalán, al menos como idioma dominado asimilado desde la infancia"? ¿Sabe realmente de qué está hablando?

Lo mejor, la ponderada traca final: o conmigo y como a mí me gustaría o eres un capullo insensato que te vas a hundir en el lodo.

Así las gastamos. No me extraña que vaya aumentando el número de catalanes que nos quieren abandonar.

Exiliado dijo...

Anónimo, usted y yo debemos de haber leído dos textos completamente diferentes porque yo no encuentro por ninguna parte las dos premisas que usted menciona.