24 abril, 2013

Que no se exciten a costa de usted



                Uno de mis propósitos más firmes para esta temporada primavera-verano es hacerme menos sociable. Estoy en ello desde hace algo de tiempo, pero se trata de ahondar, como diría un político hortera. ¿Que a qué me refiero en particular? Pues a dar menos conversación en general a la gente. Con ese puñado exiguo de amigos de primera no hay problema y a seguir escuchándolos y largando con ellos, que para eso están y estamos. Hablo de los otros, de los conocidos que un día se te arriman un poco más o de esos con los que tienes un trato cordial pero que están un peldaño más abajo del amigo fetén. A esos les voy a poner cara de palo en cuanto pretendan colocarme dos frases de más o amaguen el menor desplante cuando sea yo el que les dice cuatro palabras porque se las buscaron ellos.

                El mundo de la conversación está llenito de pajilleros. Llamo tales a quienes, pudiendo dialogar contigo educadamente y con mutuo disfrute, prefieren escucharse solamente a ellos y ponerte como frontón en el que rebotan y del que a sus propios oídos vuelven las palabras con las que tanto se gustan. Ese narciso oral te quiere de asentidor, y a ser posible que pongas caras de que cuánta sapiencia y qué excelsa locuacidad, mientras él perora y se recrea y se alza y se crece mecido por su mismísimo verbo y por tu cara de idiota mientras piensas cómo diantres te puedes zafar antes de que te salpique.  

                Sin ir más lejos, no hace tanto que en no sé qué celebración académica fui a caer con un abogado que dirige, al parecer, alguna cosa para abogados, una de esas en las que cuatro picapleitos y algún otro profesional del Derecho se matan por dar dos horitas de clase y sentirse profesor por un día, de paso que se ganan sesenta euros que, oye, te dan para unos calamares congelados y unas lombardas. Bueno, pues se me viene encima el hombre con sonrisa ecuménica y presto para el abrazo, abrazo que le devuelvo junto con una mueca en mi cara, ya que su pinta me sonaba pero no conseguía recordar quién diablos era ese sujeto que me abordaba como si desde la infancia nos conociéramos o hubiéramos hecho la mili juntos. Esa es otra cosa por la que hay que dejar de cortarse, que noten que no tienes ni puñetera idea de quiénes son, y no por una precoz demencia tuya, sino por su inmanente inanidad. Nada de torturarse y disimular, el día que consigamos salir con un y tú quién (coño) eres habremos madurado de verdad y seremos hombres y mujeres libres y no estos cuitados de diván argentino y pastas con té entre cuñadas.

                Al fin caí en quién era, aunque el nombre no me vino entonces ni lo recuerdo ahora, ni falta que hace. Mientras mi mente buscaba su misérrima identidad, él ya había tomado carrerilla. Pude concentrarme un poco más y descubrí que me estaba contando no sé qué cosa de lo importantísima que resulta la teoría de la argumentación para los abogados y que precisamente había visto él el otro día un libro sobre eso y que aquí hay mucho ignorante togado y que no se dan cuenta de que sin argumentar no somos nadie, no sé si me entiendes, y que, jolín, no le sale el nombre del autor pero que le parece que había también una tía, y que si los abogados están así, imagínate los fiscales, como burros auténticos, pero que él va a organizar unos cursos sobre teoría de la argumentación y poner a todos a leer a ese, cómo se llama, un nombre con una tía que parecía checa o así. Como había vino y canapés, se interrumpió dos segundos para tomar uno de tortilla, y cuando ya se disponía a escupirme la mitad en pleno rostro, erre que erre con lo suyo, metí baza y le dije que a lo mejor se refería a Perelman. Réplica suya: sí, creo que sí, ¿cómo es que lo sabes tú? Hombre, le respondí, es muy conocido y ya precisamente en mi juventud y cuando la tesis doctoral… Corcho, no había pasado yo de esas cuatro palabrejas, dichas con gesto bien modesto, y el sujeto ya se me había esfumado. ¿Dónde se metió? Miré a derecha e izquierda y lo vi en otro grupillo ya, lanzando las últimas migajas del pincho al ojo de un procurador de los tribunales y disertando sobre lo importante que es la teoría de la argumentación y que si ellos no leyeron a Perelman o qué. Me acordé de la dudosa virtud de su progenitora y seguí a lo mío, que básicamente consistió en buscarme algún amigo de confianza y sustraerme al riesgo de que me topara otro como aquel, pues abundan, y más donde se come gratis y de vomitorio están tus orejas.

                También es cierto que la incontinencia ajena a veces lo libra a uno de cometer errores o de explayarse como no debe. Esto me ha pasado muchas veces, muchas, en particular cuando me he tomado unos traguitos de algún elixir espirituoso. El alcohol en dosis moderada me produce dos reacciones que no siempre acierto a combinar sin sobresalto. Por un lado, me hace confianzudo y me lleva a pensar que estoy entre amigos y que a qué tanta discreción; por otro, me exacerba la sensibilidad ante pelmazos, groseros y gritones. Consecuencia: muchas veces estoy en un tris de contar algo bien secreto o indudablemente sabroso para la concurrencia, comienzo con un exordio de nada y a la cuarta palabra ya hay uno que me interrumpió o que se viene con alguna frase hecha de hondo lirismo, como la que entre intelectuales se suele mencionar cuando uno pronuncia la palabra cinco. Ya me entienden, que está la concurrencia graciosa, dicharachera y gustándose, vaya. Consecuencia: uf, gracias a ese modo de regurgitar gilipolleces los de al lado o al empeño de alguno en regalar él primero un chiste de un norteamericano, un alemán y un español, me da tiempo a recapacitar y a dar marcha atrás. Compartir secretillos en tal ambiente es bien parecido a aquello de echar margaritas al que da los jamones.

                Además, ya he aprendido también a recrearme vengativamente durante el rato posterior. Tú habías empezado con lo de voy a descubriros una historia que nunca he contado y que tiene mucho morbo, y fue entonces cuando el zascandil aprovechó para, a propósito de morbo, preguntar si habíais visto el otro día las tetas de no sé cuál de la tele. Pero, al cabo, el más sereno o mejor educado del grupo te recuerda que ibas a narrar algo picante, y ahí es donde hay que aprovechar para fastidiarlos bien, con frases tal que así: jolín, creo que era alguna anécdota reciente de cuernos entre conocidos o de que habían pillado a un amiguete en grave renuncio, pero se me ha ido de la cabeza justo hace un minuto. Es mentira, pero conviene adornarse de esa manera para verlos sufrir y hasta increpar al tontaina que te atajó con el chiste sobre aquella vez que Jaimito le dijo a la maestra.

                También ayudan dichos incontinentes masturbatorios a mantener a buen recaudo los detalles de tu vida, tengan importancia o no. Esto funciona mucho con compañeros de trabajo, según tengo entendido. Tú llegas después de un fin de semana o un puente y te encuentras con alguien de la oficina a la hora del café y que te pregunta qué tal lo has pasado estos días. Resulta, que, por un casual, han sido unos días excepcionales por mil y una razones, y, sin que sirva de precedente, te dispones a explicar el caso con brevedad, pensando, además, que al otro puede interesarle eso que tú has descubierto. Así que comienzas: pues verás, como el sábado nevaba… Y no te deja la contraparte articular ni una palabra más, pues te corta de esta guisa: Aaaaaaaaay, pues para nieve la que había aquí el domingo en la estación de San Isidro, que fuimos y a quién te crees que nos encontramos, a Mariano y Mariana que se han reconciliado, y comimos con ellos un cocido que tenía unos garbanzos así de pequeños pero sabrosísimos y… A tomar por el saco, ya se te pasaron las ganas de explicarle tú eso que seguramente podría beneficiarlo a él o de descubrir alguna faceta de ti mismo bastante más curiosa que los putos garbanzos con Mariano y Mariana y toda su árbol genealógico.Por cierto, ¿quiénes son Mariano y Mariana?

                Así que ya está, decidido. El día que quiera ponerme plasta o desahogarme o tender mi corazón al sol, me aprovecho de los amigos auténticos o escribo una entrada para el blog. Y a mandar a la porra a quien me busque para explicarme que fíjate tú cómo le quedaron el otro día las truchas con jamón o que su prima de Cercedilla se ha operado de los juanetes, sin que tenga yo el gusto de conocer ni a la prima ni sus amputados juanetes. Lo que pasa que he tardado en averiguar cómo se factura hacia la porra a semejantes pelmazos ociosos, pero ya lo tengo: por ejemplo, explayándote sobre el último artículo que estás escribiendo: mira, Fulano/a, andaba loco con lo del fin de protección de la norma como criterio de imputación objetiva, hasta que el otro día leí una sentencia… No te dejarán llegar ni a lo de la sentencia, habrán huido antes a buscar otra oreja para ellos. Que les vaya bonito y que nos dejen en paz, rediez.

23 abril, 2013

¿Una solución de cajón para la "piratería" de libros en la red?



                No quiero aquí y en este momento entrar en otras polémicas, especialmente sobre la de si la cultura debe ser gratuita en todo y para todos o si habrá que defender los derechos de autor y la propiedad intelectual en su vertiente económica. Pero a lo mejor en una cosa estamos de acuerdo los capuletos y los montescos: en que si el autor no gana, porque no ha de ganar o porque socializamos gratuitamente su obra, tampoco tiene por qué obtener beneficio económico el que cuelga sus obras en la red para que otros las descarguen. Además, parece que jurídicamente la clave se pone en que haya  no ánimo de lucro y efectivo beneficio para quienes organizan las páginas de descarga.

                Pues bien, asumamos, al menos como hipótesis, que hay personas, entidades u organismos que tienen interés en poner coto a eso que vulgarmente se llama “piratería”. Sabemos que los procedimientos para cerrar tales páginas o para, en su caso, sancionar a quienes las mantienen son lentos, técnicamente difíciles y jurídicamente tortuosos. Y a eso vamos, a si no habrá alternativa viable, en caso de que alternativa se busque.

                Les voy a revelar una página en la que con toda comodidad se puede conseguir por la cara prácticamente cuanta novela negra se publica en castellano. Se llama “diamantesgratis” y pueden verla aquí. Es impresionante y a cada rato me pregunto cómo es posible que se mantenga abierta y tan lozana. ¿Será que nadie hace cuentas de ella, que no la persiguen o que está puesta en algún servidor de la Conchinchina? No lo sé ni me importa mayormente y, además, repito que en la cuestión de fondo no me voy a meter en este instante.

                Pero otra cosa he observado y pueden comprobarla ustedes mismos: hay abundante publicidad en ella, publicidad muy bien montada, por cierto. Se anuncian, según los días o los momentos, compañías de seguros, aparatos de nuevas tecnologías, ordenadores e impresoras, cursos de variadas temáticas y ¡librerías, editoriales y hasta novelas que uno puede descargar en páginas similares a esta! Y a eso voy: esas empresas anunciadoras sí que son fácilmente localizables e identificables. Ellas son las que con esa publicidad dan el beneficio al gestor de la página en cuestión. ¿Qué tal si tales empresas fueran multadas o sancionadas de alguna manera? ¿Acaso no están también ellas persiguiendo su beneficio con esta inversión en tal lugar?

                En esto, como en tantas otras cosas y en algunos asuntos con dimensión penal, tenemos demasiada tendencia a ajustar cuentas al que cobra y a olvidarnos del que paga. Quizá no estaría mal apuntar al otro lado.

                ¿Y saben qué? Si esas compañías, editoriales incluidas, pueden poner sus mensajes publicitarios en esas páginas, ya no me da remordimiento ninguno indicarles ésta yo a ustedes. Además, yo sí que no percibo ni un chavo por este blog ni por nada de lo que digo o sugiero. Así que, una vez más, que aguante su vela cada palo.

22 abril, 2013

¿Universidades en crisis o universidades macarras?



                Información completamente fiable de una universidad española cualquiera. No cambio ni una coma, aunque no doy detalles más concretos para no poner a alguna bruja a la caza de congéneres.

                Un profesor consigue un proyecto europeo de mucho dinero, dinero del que la universidad correspondiente se queda con la correspondiente “mordida”. Durante la ejecución del proyecto, a dicho profesor le pone la burocracia universitaria local los más inimaginables obstáculos, variopintas trabas. Así, le plantean inconvenientes para contratar algún investigador temporal (permitido por la institución europea que financia) porque es sudamericano, le retrasan infinitamente los pagos a proveedores, le piden los más inverosímiles papeles a ese investigador principal, etc., etc. A todo esto, Europa fue adelantando el dinero muy puntualmente, pero, como tantas, esa universidad lo usaba para tapar agujeros o hacer pagos que nada tenían que ver con el proyecto. Eran tantos los obstáculos e inconvenientes para los pagos pertinentes, que el investigador principal decidió que dejaba veinte mil euros sin gastar. Naturalmente, ese dinero no invertido debe ahora retornar a quien lo anticipó a la universidad, tiene que volver a las instituciones europeas. ¿Y qué está pasando en este preciso instante? Pues que en la universidad española de marras nadie contesta a los mensajes ni se pone al teléfono cuando llaman de Bruselas, y los encargados europeos están que trinan. ¿Qué pasó? Los de aquí se pulieron a su aire ese dinero por el que tanta pega le ponían a quien lo dirigía cuando presentaba facturas. Y ahora no tienen de dónde sacar lo que les toca reintegrar.

                Se dirá que es por la crisis. Y sí, algo habrá de eso. Pero más que nada es porque la inmensa mayoría de los gobiernos universitarios están en manos de desarrapados intelectuales y de bandoleros cutres. Por cierto, ese científico que consiguió el proyecto era profesor contratado y se acreditó cuando aún no se había cerrado el grifo de las titularidades. La suya, al parecer, la pararon porque faltaba un papelito en la solicitud de titularidad, papelito ínfimo que los mierdas que mandaban en la sección correspondiente no reclamaron para que nadie se lo diera a tiempo. Estaban haciendo sus vendettas de putas baratas. La humana naturaleza de cada cual es irrefutable y los genes son los genes, no hay tutía.

                El profesor del que hablo dirige en la actualidad una de las más prestigiosas revistas internacionales de su especialidad. Eso tiene sin cuidado a la muy mezquina autoridad universitaria local, que, como la mayoría de su especie, por las noches soñará lúbricamente que al final de su mandato lo hacen director general de corsetería autonómica o cosa de similar empaque. Una buena parte de los rectores y vicerrectores de estos tiempos odian al buen investigador y al docente capaz. Por algo será. A ellos les van más las tontas. También será por algo.

19 abril, 2013

Defensa de infanta y ofensa de plebeyos.



He leído los resúmenes que los periódicos traen del escrito con el que la defensa de la Infanta Cristina de Borbón se opone a su imputación. Aun cuando la defensa de la cuasiinimputable Infanta es doble, pues también la ha asumido el fiscal con entusiasmo digno del quien buscara un marquesado o un viaje con el Bribón, no ha de ser fácil hacer de abogado de un miembro de la casa real que o es condenado por felón o es salvado de las garras de la ley a base de quedar como idiota que firmaba sin saber y creía que los millones caían del cielo como el maná e igual que cuando con papá. No es precisamente un indocumentado el defensor penal de la Infanta, Jesús Silva Sánchez, viejo conocido mío y algo amigo, pero tengo la impresión de que o bien no ha estado muy afortunado o bien el equipo de la defensa ha decidido asumir ciertos daños colaterales con tal de que la norma penal no le caiga encima a la real señora como si fuera de la familia mía o la mujer de Diego Torres.

            No sé si la Casa Real, el Gobierno, los variados asesores o los propios Duques de Palma deberían hacer una sosegada reflexión sobre qué estrategia conviene más y desgasta menos. Esta de sus abogados me parece a tal propósito inconveniente, aunque pudiera penalmente tener alguna virtud. Digo que resulta inconveniente porque reclama para personajes como la Infanta privilegios, presentando para ellos como carga insoportable lo que para el común de los mortales se considera peso ineludible y lastre razonable. Es discriminación favorable para los privilegiados lo que se pretende, y temo que eso ni los va a hacer más merecedores de clemencia a ojos de los jueces ni más simpáticos para la opinión pública. Y no sólo se busca discriminación positiva, sino que, repito, la Infanta es presentada como una marujona incapaz y confiada, una tonta del bote que pone su firma donde el marido le dice y que ni se entera de nada ni sabe hacer la o con un canuto. Con lo que, al fin, nos preguntamos todos cómo un ser tan inútil e inadvertido puede trabajar para la Caixa y llevar la sección internacional de su obra social, o algo así. ¿No deberían buscar para ese cargo empleado más capaz, dado que a ésta cualquiera se la da con queso?

            Dice el alegato de la defensa que para personajes con esta relevancia pública la mera imputación funciona como una condena provisional y que por esa razón deben los jueces andarse con especial cuidado a la hora de valorar los posibles indicios que hagan sospechar delito. En otras palabras, éstas mías: volvamos al Antiguo Régimen y al orden estamental, que la nobleza de sangre o la aristocracia de revista del corazón tenga un estatuto jurídico distinto del del común de los mortales. Porque para ellos, pobrecilllos, la fama es carga que debemos aliviar base de compasión procesal y de mirar para otro lado si meten la mano en el saco y se llevan nuestros cuartos. Eso, al fin, si se los llevaron o no, si se trata de choricetes sin escrúpulo o de inmaculados inocentes es lo que en el juicio toca dirimir, para lo cual se requiere la previa imputación si se cuenta con indicios razonables de delito. Pero como, según los defensores de la borbona ingenua, si corre sangre azul por tus venas el mero imputar ya es penosísima condena, el privilegio se hace doble y el descaro se consuma en impunidad: no podrá haber condena judicial porque ya se condenó al imputar, y para la evitación de la informal condena al imputar debemos abstenernos de dicha imputación. De modo que ni condena formal al acabar el juicio ni condena popular antes de empezarlo, que hagan lo que quieran y que ni como imputados ni como condenados tengan de sufrir afrenta. Un chollo cojonudo que hasta a los indiferentes nos torna de inmediato en fervientes republicanos. Por eso decía que con defensas así no sé si no valdría más asumir errores y latrocinios y pedir perdón y una prórroga de paciencia.

            Pareciera que la fama es desgracia y no fuente de privilegio. ¿O acaso a la tal Cristina la habría contratado la Caixa y a su marido Telefónica si fueran hijos míos en lugar de ser hija y yerno de quiénes son? A las duras y a las maduras. Si la condición real y el peso de la opinión pública abruman, pasen a la clandestinidad o a la privada vida de los más privados y conseguirán dos loables objetivos: no sólo no serán como condenas sus simples imputaciones penales, sino que no habrá nada de qué imputarles, ahí sí, ya que como particulares llanos y pueblo de a pie ningún corrupto presidente de Comunidad Autónoma y ningún alcalde retozón les regalará euros por cientos de miles para que hagan sus obras sociales en paraíso fiscal. Muertos el perro, la perra y los hijos de tal, se acabó la rabia y retornamos a la feliz e ilustrada igualdad ante la ley. No tendrán tentación distinta de la de cualquiera y para delinquir habrán de esforzarse como todo el mundo, a base de pistola y pasamontañas y no con tarjeta de visita y papá al aparato.


            No son príncipes, infantes y demás relea real los que mayor problema tienen cuando en los medios aparecen como sospechosos e imputados, ni mucho menos. Que pregunten a aquellos detenidos o investigados por ciertos delitos relacionados con menores y con sexo y verán lo que es el juicio popular anticipado. Que yo sepa, para Urdangarín y Cristina nadie anda pidiendo pena de muerte sin juicio o castración súbita para evitar la propagación de sus eventuales genes de amigos de lo ajeno, cosa que sí solicita la chusma en cuanto a uno lo señalan por hacer fotos a algún niño desnudo o por abusar asquerosamente de una señora. Claro que hay problemas procesales y sociales ligados y muy serios, y por supuesto que a mucho inocente le echan a perder la vida con una sola noticia de periódico o con una acusación infundada o una imputación errónea. Pero a esos nadie los contrata en Qatar ni les paga papá la defensa a medias entre un padre de la Constitución y un extraordinario penalista del que no nos constaba su fe monárquica ni cercanía ninguna a lo más innoble de la nobleza.

17 abril, 2013

Kelsen contra Hayek

El otro día, en Medellín, volví a explicar a una sorprendida audiencia que Hans Kelsen no sólo era un gran demócrata y un excelso teórico de la democracia, sino que, además, sus posiciones políticas no andaban muy lejos de las de la socialdemocracia europea. Al llegar a este punto siempre cuento el ataque de Kelsen a las tesis de Hayek sobre la incompatibilidad entre socialismo y democracia, y en cada ocasisón hay alguien del auditorio que, incrédulo por manipulado, se apresura a pedirme la referencia correspondiente.

Pues ahí va la referencia, junto con lo que sobre dicha polémica exponía yo, en nota a pie de página, en mi ya viejo libro "Hans Kelsen y la norma fundamental":




Es de sumo interés y de plena actualidad la polémica que Kelsen mantiene con Hayek en 1955 (Cfr. Demokratie und Sozialismus, especialmente pp. 176ss). Éste, F. Hayek, proclamaba la total incompatibilidad entre democracia y socialismo. Kelsen se pregunta si tal compatibilidad es posible o no. En primer lugar, afirma que las libertades positivas o políticas (libertades de participación de los gobernados en el gobierno) son plenamente compatibles con el socialismo. La duda es si también lo son las otras libertades esenciales a la democracia, las negativas, las que consisten en la exención de coacción, en la garantía de ciertos derechos humanos básicos. 
La duda proviene del hecho de que el socialismo, con su componente de planificación económica y centralización, es incompatible con la libertad económica. Ahora bien, hábilmente argumenta Kelsen que no puede ser esa libertad económica la clave para que exista democracia, pues de lo contrario habría que concluir que ya no hay democracia en el siglo XX, pues también en los países capitalistas se ha ido imponiendo la regulación jurídica de cada vez más aspectos de la vida económica. "Lo esencial para la democracia -dice Kelsen- no es la libertad económica, sino la libertad espiritual: libertad de ejercicio religioso, libertad científica y libertad de prensa" (ibid., p. 177). La cuestión crucial es, por tanto, si estas libertades son o no posibles en el socialismo. Y aquí hace uso Kelsen de un argumento sumamente perspicaz, pues dice que la afirmación de Hayek en el sentido de que tales libertades y la democracia sólo caben en cierto régimen económico, el capitalista, y no en el socialismo, manifiesta un determinismo económico muy próximo al del marxismo y hace uso del mismo esquema de estructura económica y superestructura política y jurídica determinada por aquélla. 
Por contra, Kelsen cree que no hay por qué identificar colectivismo con totalitarismo. Admite que en una economía centralizada la satisfacción de las necesidades no es libre y depende de los fines y decisiones de la autoridad, pero se pregunta si se puede sostener que tal satisfacción sí es libre en las sociedades capitalistas y responde que en ellas puede ejercer menos libertades y satisfacer menos necesidades quien no cuenta con medios económicos abundantes que quien sí los posee. 
La conclusión a la que llega Kelsen es que, diga lo que diga la experiencia histórica, ningún argumento teórico puede acreditar la incompatibilidad entre economía socialista y democracia con sus libertades positivas y negativas. Y también se ocupa de desacreditar los sucesivos intentos de mostrar que el derecho de propiedad privada es esencial a la democracia, por lo que no habría democracia donde rija la propiedad colectiva o centralizada (ibid., 186ss). La conclusión general es, pues, que "la democracia, como sistema político, no está necesariamente ligada con un determinado sistema económico" (ibid., p. 201).

La referencia completa del art. de Kelsen, publicado originariamente en 1955 es:
"Demokratie und Sozialismus", en H. Kelsen, Demokratie und Sozialismus. Ausgewählte Aufsätze, editado por N.Leser, Wien, Verlag der Wiener Volksbuchhandlung, 1967, pp. 170-201.

¿Es útil el gobierno de la UE? Por Francisco Sosa Wagner y Mercedes Fuertes

(Publicado hoy en El Mundo)

No es fácil explicar los acuerdos que se toman en el seno de las instituciones europeas y menos en nuestros días, en los que abunda la fácil descalificación. Tal actitud no es nueva pero tiene hoy un eco mayor como consecuencia de la crisis y de la desesperación de muchos ciudadanos. No es novedosa porque entender el funcionamiento de la Unión Europea es difícil, teniendo en cuenta que en ella conviven dos almas: el alma europea, representada fundamentalmente por el Parlamento, la Comisión y el Tribunal de Justicia, y el alma de 27 Estados que defienden sus posiciones en el Consejo Europeo y en los Consejos de Ministros. Se comprenderá que, en tales condiciones, llegar a acuerdos resultados de la composición de intereses muy distantes, sea tarea diabólica. Si ya Montesquieu nos ilustró en el siglo XVIII sobre la influencia en las sociedades, en los hombres y en sus leyes de las condiciones geográficas, climáticas etc., calcúlese lo que ocurre en un espacio común que es expresión de la más perfecta policromía.

Sin embargo, en medio de muchas dificultades y embrollos desesperantes, se adoptan decisiones que contribuyen a reforzar el gobierno europeo y a dotar de cierta unidad a la acción económica. Como las referentes a la supervisión presupuestaria en la zona euro (los 17 Estados que utilizan la moneda común europea). ¿En qué consisten y por qué son necesarias? Si aceptamos que en una zona monetaria común los presupuestos que cada Estado aprueba en el ejercicio de su soberanía tienen efectos indirectos en los países vecinos, parece claro que alguien deberá estar atento a que no se adopten políticas que puedan resultar perjudiciales para el conjunto de unos países que suben la misma montaña de la crisis. Nadie puede dudar acerca de la mutua dependencia en la que vivimos ni de la necesidad de unas cuerdas dinámicas que nos unan y nos aten para evitar la caída en el precipicio de la bancarrota. Si lo queremos decir invocando a los clásicos, ya Plauto nos cuenta que en la vieja Roma se avisaba de que “mal le va a quien tiene un mal vecino”. O sea, que el asunto viene de la noche de los tiempos.

Acaso inspirados en esa sabiduría latina, el Parlamento y el Consejo ya aprobaron en 2011 un paquete de medidas legislativas destinadas a reforzar la coordinación de las políticas presupuestarias en toda la UE. La novedad de lo que ahora está en marcha es que las nuevas normas, cuyo fundamento se encuentra en el artículo 136 del Tratado (¿en el de funcionamiento de la UE?), están pensadas exclusivamente, como hemos adelantado, para los países que manejan el euro como moneda nacional. Concebidas además como un complemento del Pacto de Estabilidad y Crecimiento, introducido en 1997. ¿Cómo habrán de funcionar? Sobre la base de un calendario presupuestario común que obliga a los Estados a publicar sus planes a medio plazo y sus prioridades de crecimiento y empleo así como sus proyectos de presupuesto. A la vista de ellos, la Comisión, si observa graves incumplimientos de las obligaciones previstas en el citado Pacto, invitará al Estado a revisar su plan. En aquellos Estados que estén sometidos a procedimiento de déficit excesivo se refuerza la supervisión de la Comisión, pues el Estado habrá de facilitar información adicional periódica acerca de las medidas internas que haya adoptado para superar tal situación, amén de atender las recomendaciones del Consejo.

Algunas de las previsiones más importantes incorporadas por el Parlamento Europeo para los Estados que reciban asistencia financiera son que, de un lado, la Comisión deberá garantizar que los recortes presupuestarios acometidos por los Estados no afecten al crecimiento o al empleo ni a la inversión en sanidad y educación; de otro, la posible fijación de calendarios más flexibles con el fin de no sumir en la ruina a los países con problemas de atonía económica.

Lo interesante de todo este ajetreo es que hace muy poco tiempo nadie hablaba del gobierno económico de Europa y hoy, sin embargo, es un lugar común, fuera de los círculos contrarios a la construcción europea. Es verdad que todo se hace a partir de progresos y retrocesos y que a muchos nos alegran los primeros y nos impacientan los segundos. Pero se trata de un avance más en el camino hacia la unidad política europea, todavía hoy embarazado por obstáculos muy relevantes.

¿Y QUÉ pasa en España? Aparentemente contamos con adecuados instrumentos jurídicos porque se reformó la Constitución y se aprobó la Ley Orgánica de Estabilidad Presupuestaria y Sostenibilidad Financiera para poner en pie técnicas destinadas a hacer posibles unas sostenidas políticas del Estado, supuesta la limitación de recursos económicos. A su tenor, las comunidades autónomas deben informar sobre las líneas esenciales de sus proyectos de presupuestos y, a la vista de ellos, la administración central puede advertir acerca de la conveniencia de introducir técnicas correctoras, si se aprecia riesgo de incumplimiento de los objetivos establecidos. Después, si se producen tales incumplimientos, hay prevista una invitación a la comunidad para que presente un plan económico y financiero. Tan solo ante su desobediencia recurrente y obstinada son posibles las medidas coercitivas y sancionadoras.

No quedan ahí los mecanismos de supervisión financiera, porque la crítica situación de algunas comunidades autónomas ha generado nuevos planes económicos para facilitar la liquidez que, a su vez, permite al Gobierno requerir más información financiera, examinar su actuación, proponer ajustes... Es decir, existen medios engrasados. Sin embargo, a la hora de usarlos, todo es renuencia y aplazamiento. Actitud que contrasta -y esto es lo relevante- con la rapidez empleada para aprobar recortes dolorosos que afectan a colectivos como los funcionarios o los pensionistas, o que generan desigualdad, como la subida del Impuesto del Valor Añadido, que iguala a todos los ciudadanos con independencia de su patrimonio (en lugar de afrontar una reforma tributaria que garantice el principio de progresividad establecido en la Constitución). Como decimos, esta agilidad, tan facilona para el gobernante, se trueca en escrúpulo y dengue a la hora de garantizar la estabilidad presupuestaria de todas las administraciones públicas y mantener unas políticas comprometidas en tratar de forma desigual a los desiguales. Ello obliga a mirar esperanzados hacia la UE que, en el largo camino hacia la unidad política, va a imponer -como hemos visto- el objetivo de evitar, en esta hora de tribulaciones, que afecte a la sanidad, a la educación, a la inversión productiva y al empleo. Se trata de desterrar el uso de la tijera allí donde se justifica el ser mismo del moderno Leviatán, monstruo ciertamente pero engendro que permite mantener viva la fantasía de la justicia y las quimeras.

16 abril, 2013

Promiscua era



Estaban los poetas haciendo una fila
para cobrar y los contables
enredados en versos infinitos.
Hay rapsodas silentes y asesinos que cantan,
navegantes varados en caseras rutinas,
pastores con su grey hipotecada.

De los libros que leo, algunos supuran
pensamientos prohibidos y otros callan
cuanto no deba ser dicho, obedientes,
al látigo inclemente del auriga.

Caminan madres jóvenes sobre la entraña
de calles empedradas según los reglamentos,
llueve a mares y los niños observan
desde los soportales o se pierden
al alba por biográficos recodos.

Si estas manos tejieran, si amasaran,
si acariciar supieran, si brindaran,
si tuvieran poder para aplacar alguna fiera,
si no temblaran, si pudieran ser
ajenas a los ojos, independientes libres,
libres para reptar como serpientes
por esos cuerpos y para asir el aire
neblinoso y fugaz de los atardeceres,
si me sirvieran al fin para más cosa
que contar con los dedos o apuntarme.

07 abril, 2013

Polvo eres... Por Francisco Sosa Wagner



Todo muere, polvo eres y en polvo te convertirás, ars longa, vita brevis y así seguido reza un número indefinido de expresiones, aforismos y refranes que nos recuerdan la condición de mortales, de nosotros y de cuanto nos rodea. La muerte es condena pero también liberación como nos enseña Cervantes en “La Galatea”: “mas todos estos temores / que me figura mi suerte / se acabarán con la muerte / que es el fin de los dolores”.

Pero incluso esta, la muerte, tiene su fin, tal como proclama la tradición cristiana al defender la resurrección de los muertos, las trompetas del Apocalipsis y demás. O sea que la vida tiene su fin pero también el suyo la muerte. Que esto es un galimatías nadie lo puede negar pero tampoco que se apoye en las mejores tradiciones y en una fecunda e ingeniosa imaginación.

Pues ¿y el amor? ¿Es necesario hacer hincapié en lo delicada que es esta flor, fugitiva como el despuntar de la aurora? Páginas y páginas han ocupado los poetas para referirse a sus  efímeras diabluras, a su inconstancia, al dolor del enamorado que pierde de pronto a la linda Belisa o a la bella Filis... El amor como un sueño, como un imposible, como un fantasma esquivo, una sombra, el relámpago que sin acabar de lucir ya se le puede dar por apagado. Miles de flores naturales se han ganado en los certámenes literarios de pueblos y villas por jóvenes inspirados que han sabido exprimir estas ideas que vienen de los griegos, de los babilonios y de otros pueblos egregios y con muchos trienios en la Historia. Grandes prestigios se han labrado batiendo en endecasílabos suspiros, gemidos, recuerdos, labios, galanuras y hermosuras.

Así es todo de fugaz. Menos el yogur. Porque respecto de este inocente producto fabricado con leche, que empezó siendo alimento de enfermos y dispépticos y hoy es desayuno, postre y cena de personas sanas y en el uso cabal de su mejor circunstancia, se ha decretado por el gobierno que no está sometido a caducidad.

Hasta ahora tenía el yogur un plazo de vida, bastante corto, nada que ver con los plazos que rigen la de los pleitos en el mundo judicial que se miden -como sabe cualquier abogado- por eras geológicas. El fin inminente del yogur, veinte, treinta días a lo sumo, pendía sobre él como una condena bíblica. Transcurridas esas fechas, el yogur abandonaba su cómoda vida en la nevera o en los anaqueles del supermercado y pasaba directamente al humillante cubo de la basura. De nada servía ya: no solo sus propiedades curativas se habían extraviado sino que incluso podía despertar elementos patógenos que en nuestro organismo vivieran un estado de inofensiva vigilia. Desde hace unos días empero la orden es clara: el yogur carece de caducidad por lo que puede tomarse en cualquier momento cualquiera que sea la fecha de su venida al mundo y de su envasado. 

“Hay golpes en la vida tan fuertes ...” exclama César Vallejo en sus “Heraldos negros”. He de confesar que para mí este de la inmortalidad del yogur es uno de esos golpes que exigen mucha entereza para superarlo. ¿Cómo se puede entender que el yogur no esté aquejado de la brevedad que nos acorrala y determina nuestra existencia?  Es difícil pero como así lo quiere la autoridad, las personas sentimentales debemos abanderar sin demora un movimiento que exija la resurrección de todos los yogures caducados que en el mundo han sido.

03 abril, 2013

Pequeñas vacaciones de blog

Van pasando los días y tengo el blog abandonado. Ahora estamos pasando en Gijón un par de días, no más, un poquillo de descanso. Pero antes, en casa, se me ocurrió la fatal idea de ordenar los libros y las cosas que me acompañan en la buhardilla hogareña en la que me refugio a estudiar, leer, escribir y dormir alguna siesta. Tres días enteros recolocando volúmenes y tirando papeles. Así que, ya dados a la infidelidad ciberespacial, me tomo unos días más de descanso de posts y recupero energías y ganas de gresca. 
El domingo debo cruzar el Atlántico otra vez y gastaré una semana en tierras americanas, pero ya buscaré la manera de contar algo desde allá. 
Saludos.