10 diciembre, 2006

Acueducto de Segovia, hoy. Por Francisco Sosa Wagner

Al pasear por Segovia se encuentra uno con el acueducto, una vista hermosa la de esta obra pública convertida en símbolo de una ciudad, en su seña de identidad, como ahora dicen los modernos del embrollo político.
Me acordé de Ramón Gómez de la Serna que tiene una novela que se llama precisamente “el secreto del acueducto”. Es una novela, como todas las de Ramón, desencuadernada, sin hilo conductor ni trama, como no sea el esfuerzo de trenzar ocurrencias, frases, ingeniosidades del lenguaje. No es una novela apta para quienes andan buscando un guión de cine o si Julio Alberto se casa con Yolanda Tania o si al final él la mata muerto de celos por las miradas que echa la gachís a un vecino que tiene el músculo altivo y trabajado. Las novelas de Ramón son para quienes gustan del lenguaje como gusta un castillo de fuegos artificiales, para el deleite momentáneo, fugaz, sin remuneración directa. Igual que una verónica de Sebastián Castella. Son placeres efímeros pero es que justo ahí está su busilis.
Véase un ejemplo de la prosa de Ramón: “don Pablo creyó que debía someter a su esposa a su mismo andar, como si fueran pareja del mismo tílburi. Macho y hembra”. Y luego: “no te lo digo, que me da vergüenza decirte estas cosas delante del campo”. Cuando se enfrenta a las tejas, Ramón dice de ellas que “el tiempo se las come como galletas tiernas para sus formidables dientes de anciano”.¿Somos muchos o pocos los que apreciamos esta forma de decir? No lo sé, tampoco me importa, a mí me gustan y las releo porque es una manera de dar un achuchón al diccionario y meter anarquía en su vida ordenada y alfabética. Ramón en la Academia de la Lengua hubiera sido un ser tan extraño como lo sería el pirata Morgan haciendo de magistrado en la sala de lo civil del Tribunal Supremo.
Pero a lo que íbamos: el acueducto. ¿Para qué sirve un acueducto? Pues para llevar el agua de donde está, allá en su regazo natural y en sus soledades desdeñosas, al lugar en que se consume porque los humanos se empeñan en instalarse en sitios raros. Esta simpleza, lejos de ruborizarme, es la que me llevó a pensar en el blindaje de los ríos, y de ahí pasé a los trasvases de agua de una cuenca a otra. La conclusión a la que llegué es que hoy, con la fiebre estatutaria y ecologista, no se hubiera construido el acueducto de Segovia porque se hubiera constituido una coordinadora y una mesa contra la obra que hubiera dado al traste con ella. O se hubiera visto envuelta en una maraña de pleitos contencioso-administrativos imposible de desenredar. Una cabalgata fastuosa de abogados y procuradores. Es decir que el intento hubiera quedado atrapado en escritos de demanda, en proposiciones de pruebas, en trámites de alegaciones, y en una catarata de considerandos, de sumandos y de normandos. Enterrado en cemento de papel.
Sin embargo, la obra se hizo porque de aquella no había estatutos ni coordinadoras y probablemente porque los romanos disponían de unas leyes destinadas a llevar a cabo sus proyectos, no a permitir su paralización indefinida por el juego de intereses encontrados (por lo demás, siempre inevitables). El resultado ha sido no solamente que muchos han bebido y se han lavado sus posaderas con el agua transportada a lo largo de los años, sino que se logró construir un emblema urbano.
Por eso, quien se opone a los trasvases debe oponerse también al gasoducto que trae el gas de Argelia o al que nos enchufará a las reservas rusas. Es decir, se apunta a la idea de que la armonía de la naturaleza diseñada por la divina providencia es perfecta y la mano del hombre no es quién para meter en ella la pata. Igualito que sostenía la Iglesia hace siglos ante determinadas construcciones, por ejemplo las vías férreas. De donde se sigue que quien más alejado cree estar de los postulados religiosos, más envuelto se halla en puridad por el discurrir teológico.
Paradojas, lector, acaso las alforjas de nuestras vidas.

09 diciembre, 2006

Libertad de expresión

La libertad de expresión es la madre de todas las libertades. Por eso la primera tentación de toda tiranía y de todo autoritarismo, y la primera propuesta de los poco liberales –en el sentido más noble de la expresión "liberal"- consiste en suprimirla o limitarla de múltiples modos, brutales unos, los otros sutiles. Y en esas estamos siempre, no hay tregua. Los amigos de la libertad han de aguzar su sensibilidad para defender ésa como la primera de todas; los liberticidas tampoco bajan la guardia e inventan cada vez nuevas excusas para oprimirla, domesticarla, someterla a otros imperativos privados o públicos.
Los que detestan la libertad de expresión se pueden encajar en dos grupos. Unos, los que piensan que la mejor manera de que un mundo ideal –esos mundos ideales suelen ser asquerosos y opresivos, pero ese es otro cantar- llegue a realizarse es hacer que antes se hable mucho de él. Otros, los que creen que la manera de evitar que el mal –y hay que ver qué cosas consideran algunos como manifestaciones del mal; por ejemplo, el libre uso del propio cuerpo entre personas con capacidad de elección que consienten- llegue a hacerse es evitar que se hable de él. En las tiranías esas dos vertientes, positiva y negativa de la censura, van unidas como dos caras de la misma moneda. Verdaderamente la distinción es meramente analítica, son dos manifestaciones del mismo fenómeno, aunque unos hagan más hincapié en un aspecto y otros en el otro. Algo de las dos cosas hay en el actual imperio del lenguaje políticamente correcto.
Una muestra de lo primero se da en los que opinan que si hay más clases de religión en las escuelas habrá más creyentes. Un ejemplo de lo segundo aparece en quienes creen que si se reprime la literatura homosexual habrá menos prácticas homosexuales. Ambos tienen razón cuando piensan que de cuantas más cosas podemos hablar más alternativas personales y sociales podemos plantearnos. Pero los dos bandos se equivocan en la creencia de que se puede poner puertas al campo, cercados a la imaginación. Al final, la censura y la represión de la palabra compensan su impotencia con el uso de la fuerza, de la represión física y la eliminación del disidente que propone otras cosas. Caen después de la libertad de expresión los otros derechos básicos.
En esas estamos, como siempre. Para comprobarlo sólo hace falta echar un vistazo a los periódicos. Dos noticias de hoy, mismamente. El País da cuenta de cómo el lobby judío va consiguiendo que se les cierren puertas y foros a los intelectuales, incluso intelectuales judíos, que critican el modo de conducirse del actual Estado de Israel. Es lo que está pasando con Tony Judt, prestigioso historiador que vio cancelada una conferencia en el Consulado de Polonia en Nueva York después de una serie de llamadas a las autoridades polacas de la Liga Antidifamación y del Comité Judío Americano. Fue ejemplar la reacción de algunos: "Una larga lista de profesores universitarios e intelectuales, entre los que figuraban Mark Lilla, Richard Sennett, Ian Buruma, Franklin Foer y Timothy Garton Ash, entre otros, publicó una carta abierta a la ADL en la que repasaban los hechos y afirmaban: "En una democracia sólo existe una forma adecuada de responder a una conferencia, artículo o libro con el que uno no está de acuerdo: dando otra conferencia, escribiendo otro artículo o publicando otro libro". Y continuaban: "Aunque los abajo firmantes discrepamos sobre diversos aspectos políticos, nos une la convicción de que un clima de intimidación no es coherente con los principios fundamentales del debate en una democracia".
Otro caso, más problemático seguramente, es el empeño de tantos Estados en convertir en delito la negación del Holocausto. Asociar con la censura la defensa de los derechos humanos y la dignidad de las personas no parece la mejor receta. Convertir en mártires de la libertad precisamente a esos “negacionistas” descerebrados sólo servirá para conseguirles las simpatías que no merecen y para mitificar lo que no es más que desvergüenza e ignorancia. Ahora, según viene hoy en El País, resulta que se reúnen en una conferencia multitudinaria en Teherán y se convierte así en arma política lo que no es más que bobaliconería. Que lo cuenten aquí, caramba, con la misma libertad con la que hemos de poder criticarlos y desenmascarar sus falsedades y sus intenciones más aviesas.

08 diciembre, 2006

El tribulito y los hijos de Putin.

Bueno, bueno, bueno, lo que nos faltaba. La ciencia sigue resolviendo misterios. Leo en los periódicos de ayer que se ha descubierto que la contaminación química está produciendo cambios de sexo en peces y caracolas. Al parecer, es una sustancia llamada tribulito la que hace que les salga un pene milimétrico a unas caracolas que no gastaban tal atributo, o que les aparezcan ovarios a unos salmonetes que iban de machotes. Les pasa también a las ostras, ¡ostras!
Lo prudente sería ir estudiando, con discreción, si los humanos también nos estamos tomando del tribulito ese. Así se explicarían muchas cosas. Por ejemplo, el lenguaje políticamente correcto, que es como hablar con un penecillo milimétrico surgido en el cerebelo; o los discursos de nuestros líderes parlamentarios, que a lo mejor contienen tantas paridas porque el tribulito les ha puesto unos ovarios chiquitines en la epiglotis. Y qué decir de esas damas que le pegan a uno semejantes bufonazos cuando suelta un chiste en el que queda mal una señora.
Me parece que también debe de ser el tribulito el responsable de que a tantos se les haya puesto estrábico el progresismo y a la virulé el ansia infinita de paz. Porque si todo el mogollón de pacifistas y defensores de los derechos humanos (causas nobles donde las haya y merecedoras de todo aplauso cuando están en manos y cabezas de personas íntegras o consecuentes y no de charlatanes y chupaconsignas) no están en las calles, los medios de comunicación y las galas de los Goya para protestar por la práctica sistemática del asesinato por obra y gracia de ese nuevo Rasputín que se ha quedado sólo en Putin, debe de ser por culpa del tribulito, pues seguro que esa maléfica sustancia ha producido una descompensación en la parte de ahí mismo, que nos hace ver del mundo sólo la mitad o indignarnos únicamente con las acciones del diez por ciento de los cabrones sádicos y asesinos que en el mundo son, mientras que a los otros los contemplamos con ojitos amorosos, entre atribulados y atribulitados. Como lo de Cuba, mi amol, ¿te acuerdas de cómo lo gosamos?
Porque explíquenme si no, queridos amigos, cómo es que ni los antinucleares dicen esta boca es mía cuando los agentes del tirano aquel que fue matón del KGB contaminan los aviones y el sushi a base de polonio radiactivo, igual que las feministas achantaron cuando mataron hace poco a aquella valiente periodista o los enemigos a muerte de la guerra en Iraq miran para otro lado cuando los rusos se andan con menos miramientos (aún) en Chechenia. Una nueva epidemia que necesita nombre científico: desviación de columna moral; o este otro: moral bífida.Seguramente es el tribulito la secreta razón de que nos estemos convirtiendo en unos auténticos hijos de Putin

07 diciembre, 2006

Escritores mal fusilados: Hinojosa y Ciges. Por Fracisco Sosa Wagner

Como en la granja de Orwell había unos animales que eran más iguales que otros, en el recuerdo de la guerra española hubo algunos más asesinados que otros. O mejor asesinados, no sé, con mayores miramientos o, quizás, asesinatos cometidos ya con la vista puesta en los libros de literatura y de historia.
Viene esta consideración a cuento de dos escritores que fueron fusilados, uno por los republicanos, el otro por los nacionales, precisamente en 1936, sin que hayan sido citados a lo largo de este año de conmemoraciones, tan pródigo por otro lado en recrearnos en los pormenores del enfrentamiento civil. Me refiero al poeta José María Hinojosa, asesinado en Málaga por ser persona vinculada a las derechas, y también al narrador Ciges Aparicio, asesinado en Ávila por ser afiliado al partido de Manuel Azaña.
Ciges intervino en la guerra de Cuba en su juventud, época que llevó a varias novelas que tituló “el libro de ... la cruedad, la decadencia etc”. Crítico con las prácticas corruptas de la Restauración, se acercó a Azaña quien le metería en la política activa republicana. Fue muy combativo desde las páginas de los periódicos y dejó testimonio literario de conflictos sociales espectaculares, como el de Mieres de 1906, en la novela “Los vencedores”, donde hace un retrato despiadado de la poderosa familia Gilhou, propietaria de la Fábrica de Mieres, lo que desencadenaría una persecución contra él bastante cruel. Los ejemplares de esta novela llegados a Asturias fueron adquiridos íntegramente por los señores retratados (y maltratados). Más lío minero describió en “Los vencidos” (1910), ahora con Río Tinto y Almadén como escenarios. Su obra es bastante larga, también como biógrado (de Joaquín Costa) e historiador (los Borbones desde principios del XVIII a 1931).
Se afilió a la Izquierda Republicana y ostentó los cargos de gobernador civil en varias provincias. En la de Ávila murió fusilado por las tropas franquistas en los primeros días de agosto de 1936.
La última novela que he leído de él -fuera de una que me parece se llama “La romería”, muy floja- es “Los caimanes”, descripción de las miserias de la España rural, libro soberbio por su fuerza y por la pintura de (arque)tipos.
El poeta José María Hinojosa, miembro de una familia de propietarios de tierras, estuvo vinculado, como no podía ser menos dado su origen malagueño, a Emilio Prados y la revista “Litoral”. Tuvo las amistades propias de un poeta de la época que se movía en el mundo del surrealismo, es decir, se relacionó con Dalí, Buñuel, Alberti, Lorca, Cernuda y Altolaguirre. Dalí llegó a ilustrar varios de sus libros de poemas que va publicando con un considerable ritmo productivo: “Poema del campo” (1925), “Poesía de perfil” (1926), “La rosa de los vientos” (1927), “La flor de California” (1928) ... La amistad con Dalí y con Gala fue grande y pasaron juntos vacaciones en la hoy llamada Costa del Sol.
Determinante en su evolución ideológica fue el hecho de haber viajado a Rusia a admirar los logros de la revolución. Como tantos otros, advirtieron que casi todo era una patraña estalinista y volvió despotricando de quienes le habían contado unas mentiras que consideró gigantescas. En 1931 publica su último libro de poemas “La sangre en libertad”, y en 1932 está ya entregado a la política, del lado agrarista y conservador. En julio de 1936 fue encarcelado por las autoridades republicanas y, como consecuencia de un bombardeo de los militares sublevados, los anarquistas asaltaron la cárcel y muchos presos fueron pasados por las armas ante las tapias del cementerio: entre ellos, Hinojosa y un hermano de Manuel Altolaguirre.
¿Alguien se ha acordado de estos dos creadores, Ciges, un epígono del 98, Hinojosa, un poeta del 27, ambos trágicamente desaparecidos a causa de la violencia y la intolerancia política? Por eso decía al principio que hay fusilados y fusilados. Y que hasta en esto de ser fusilado hay que tener suerte para saber hallar a quienes lloran y recuerdan sin discriminaciones.

06 diciembre, 2006

Barato, barato

Nuestro Presidente del Gobierno ha vuelto adonde le gusta, a casita, después de entrevistarse largamente con el Presidente de Senegal allá en aquel país. Cuentan las crónicas que las pasó negras ZP para entenderse, pues todos sabemos que no está hecho lo que se dice un políglota y aquellos senegaleses hablan nada menos que francés. Y eso que esta vez se lo había aprendido hasta con música, pues como iba a darles a los senegaleses, entre otras cosas, unos barcos para vigilar sus costas, lo cantaba tal que así:

Il était un pertit navire,
il était un petit navire,
qui n'avait jajaja mais navigué,
qui n'avait jajaja mais navigué. Ohé! Ohé!

Y Moratinos, con el embajador y un par de docenas de subsecratarios, secundando al jefe. Pinche aquí y oígalos.
Como si nada. El senegalés, impasible el ademán. Empeñado en venderle a José Luis un cinturón. Cuero, cuero puro, le decía, chapurreando la lengua de Cervantes en lo que le convenía. Y José Luis que no, que ya tiene. Y el senegalés que bueno, entonces abanico, barato, barato, pa Consoles, más barato que Carrefour, José Luis, José Luis, Conseles contenta, tú vas a ver. Y Moratinos terciando, cómprale algo, Papes, joer, a ver si hay manera de hablar de lo nuestro. Pues cuánto el cinturón, le pregunta José Luis. Y el negrito que dos mil euros y José Luis que suelta la exclamación, confiado en la torpeza idiomática del interlocutor: ¡la madre que lo parió! El negrito que se pone negrazo y que le habla apresuradamente y de modo airado a su traductor. Y éste que resume: que usted, señor Zapatero, le ha mentado a la madre y que o pide disculpas o él retira al embajador en Madrid y pone una fábrica de cayucos. Bueno, perdón. Nuestro Presidente pone esa cara suya, convincente, tan riquín. Y el otro que vale, pero que además el cinturón. Saca José Luis la cartera, pero se le adelanta Moratinos y paga los dos mil euros. Creyendo solventada esa parte inicial del protocolo, vuelve la delegación española a la carga con el tema principal de la reunión. Óiganlo.
Como si nada. El otro apenas los deja terminar su musical perorata y contraataca con una billetera. Billetera, cuero, barata, barata, para fondos reservados. ZP y Moratinos se miran, le echan paciencia y preguntan que cuánto otra vez. Tres mil, tres mil, ustedes muchos euros, barato, barato, más barato que Carrefour. Se les congestionan los rostros a los españoles y el otro lo nota. Así que interpela a nuestro ministro de Exteriores: tú comprender negro porque tú Mora, tú comprender negro porque tú Mora. Caramba, no había caído, comenta Moratinos con una sonrisa de oreja a oreja. Qué jodío, mira qué ocurrente. Cómprale la billetera, hombre.
Y así fue transcurriendo la reunión, según fuentes diplomáticas. Todo un éxito. Allá se quedaron varios barcos guardacostas que ya los senegaleses están examinando a ver si son reversibles o de doble uso. Y la delegación española regresó feliz, cargada de presentes. Bueno, al menos ya tengo resuelto lo de los reyes para Sonsoles y las niñas, comentó al aterrizar José Luis. Qué tío, cómo negocia.

05 diciembre, 2006

Duelo de cerdos

Cáspita y recórcholis, ojeo La Voz de Galicia y no doy crédito al titular: “Muere el cerdo de George Clooney”. Mis dos primeras sospechas se demuestran infundadas en cuanto con un clic accedo al cuerpo de la noticia. Había creído que se había muerto el famoso actor y que el redactor gallego la tenía tomada con él por alguna oscura razón, tal vez un problema de lindes en algún pueblo de la Ribeira Sacra. Pero no, Clooney sigue vivito y coleando, se supone, para deleite de sus muchas admiradoras, y el que sí estiró la pata fue su puerco, llamado Max y que, con sus 130 kilos, estaba realmente hecho un cerdo.
Mas, pensándolo bien, sí me parece que el periodista quería ajustarle las cuentas al guaperas de Hollywood por algún motivo que se nos escapa. Quién sabe qué disputarán. A lo mejor andan quitándose percebes o moviéndose los mojones por las noches. Pues vean el subtítulo con que aparece la luctuosa noticia: “el animal convivió con el actor a lo largo de 18 años”. Convivió. No hace falta ser Roland Barthes redivivo para darse cuenta de lo poco inocente que resulta la expresión. ¿Convivían? Sólo hubiera faltado, para hacer las delicias del periodismo galaico de manda carallo, que el animal hubiese sido hembra. Imagínense: “muere la cerda con la que George Clooney convivió 18 años”. Y todos a deshojar la lista de actrices famosas y modelos de postín y visa platino. Verdad es que el actor lleva también su parte de culpa, por andar declarando lo que declaró. Pues dice, si a Burela no llegó la noticia deformada por los vientos de estos días, que no se va a echar otro cerdo, pues “Max cubrió todas mis necesidades de cerdo”. Es lo que tiene la convivenica con un cerdo, que cansa. Que se lo digan a más de una.
A propósito de cerdos: hace un rato escuché en la radio que el cardenal primado de Santiago de Chile, que ni sé si se llama Max ni cuánto pesa, visitó hoy a Pinochet -quien, dicho sea de paso, se está curando milagrosamente- y al salir rogó a los fieles que recen por su recuperación. Por la recuperación del otro cerdo, quería decir. ¿Y esos dos cuánto convivieron, 18 años o más? Hay que joderse.

04 diciembre, 2006

El pozo de las palabras

Los años se notan en cómo se van escapando las palabras. Algunas no vuelven o cuesta una barbaridad recuperarlas. Llevo años intentando acordarme de cómo se dice luciérnaga en asturiano. De niño veía muchas por la noche al lado de una fuente que llamábamos del Recebonío. Otras se muestran renuentes, se resisten, amagan pero no vienen hasta muy tarde. Vamos perdiendo la memoria de los términos, y no digamos de los nombres. Es como si todo eso que en nuestra cabeza estaba se fuera hundiendo en un pozo, perdiéndose en la oscuridad. El fondo del pozo debe de ser el Alzheimer.
Antes, allá por los veintitantos, era distinto, se nos grababan los diccionarios, cazábamos al vuelo cada nueva expresión y nos la quedábamos, repetíamos cualquier nombre de persona o lugar con sólo oírlo una vez. Y cree uno en su juventud y pese a las advertencias que permanecerán todas esas palabras grabadas a fuego en nosotros, indelebles, duraderas, compañeras seguras para siempre. Mentira, un día, hace tiempo, se nos marchó una, luego unas pocas más; a partir de cierto instante, no sé cuál, tal vez con la cuarentena bien cumplida, se percibe cómo se alejan en multitud, casi se siente el ruido que hacen al desfilar hacia afuera, al abandonarnos.
Y uno va cambiando ciertas técnicas sociales. Aprendemos a sonreír a cualquiera que con efusividad nos salude, aunque no tengamos ni la mínima idea ya no meramente de su nombre, ni siquiera de si alguna vez lo hemos visto y de por qué diablos ha de conocernos él. Cuando presentamos a un recién llegado decimos que es un gran amigo o una persona muy querida, en lugar de dar su nombre al otro, como mandan los cánones. A los/as amantes, quien los tenga, ya no se les repite su nombre al oído con voz ardiente, sino que se usan las manidas fórmulas estandarizadas e intercambiables, no vayamos a liarla por una jugarreta de la memoria.
Será que se van muriendo neuronas, será que las vías cerebrales se deterioran y se llenan de baches y charcos, no sé. Pero a veces sospecho que nuestra memoria no se empobrece porque en sí se debilite, por el mal que ella misma carga, sino que la causa es externa a ella, está en el mal funcionamiento de otras partes. ¿Cuáles? La reflexión y la imaginación, tal vez. Con los años, los pensamientos se vuelven repetitivos, obsesivos, cada vez menos variados, machaconamente los mismos. Pensamos con monótona repetición de unos pocos temas, vueltas y vueltas a lo mismo. Es un horizonte que se empobrece, un campo que se estrecha. Y al pensar en menos cosas, son muchos menos los datos que repasamos, los recuerdos que traemos al presente, las palabras que necesitamos para explicarnos las cosas. Es ese pensamiento-noria que marca la vejez, son las rancias obsesiones que desplazan a la fresca exploración con la mente. El pensamiento deja de ser aventurarse y se torna repetirse, abandona lo incierto y se encierra en lo seguro, lo fijo, lo inmóvil. Las otras cosas, los recuerdos diferentes, se van porque apenas les damos ya cabida en nuestra reflexión.
Antes, uno se esforzaba por repetirse a sí mismo los nombres de aquellas calles de la ciudad en qué vivió, los apellidos de los compañeros de antaño, la lista de las estaciones por donde transitó. Era revivir, era seguir allí de alguna forma. Ahora, cada vez más, nos concentramos en exclusiva en darle vueltas y repasos a lo cabronazo que es el jefe, lo caros que están los riojas o que el niño este no acaba de echarse novia y no sé yo. Y con el anquilosamiento de los recuerdos se abotaga también la imaginación. Cuando uno mira a su espalda es para calcular cuánto le falta para llegar a su destino al frente, para seguir corriendo hacia ese horizonte que se aleja y se aleja. Cuando uno ya ni recuerda ni sueña, es como si se hubiera sentado. Como si esperara la muerte, como si de las retadoras incertidumbres no quedara ya nada más que unas pocas dudas elementales. Es triste. Por eso, mecachis, hay que recordar para seguir haciendo, hay que jugársela para volver a ganar, hay que salir para volver a encontrarse. Eternamente; es decir, hasta la muerte . Para que no se nos vayan para siempre las palabras, para seguir hablando. Para seguir siendo.

El mayorzaragocismo, un fenómeno curioso.

Sí, ya sé que me voy a repetir un poco. Es inevitable, llevo año y pico dándole casi a diario a este invento y al final lo que de tanto tema se va destilando son las obsesiones de uno. Pues eso.
Vuelvo a preguntarme qué maléfica razón lleva a que investigadores ya de prestigio o en camino hacia el alto rendimiento científico sacrifiquen sus años de formación por unos platos de lentejas, aunque sean deconstruidas en El Bulli, o se autoinmolen en los fastos engañosos de la política y la burocracia, con olvido total de lo que parecía una vocación segura y una vida plena en esa feliz lejanía de oropeles y deslumbramientos que la ciencia, se supone, puede proporcionar.
Como no sé la respuesta a esa pregunta, me conformo con trabajar el concepto. Fenómenos así necesitan palabras nuevas, términos que resuenen con suficiente contundencia y precisión, que sin más explicación despierten en nuestras cabezas la asociación con los hechos que tratamos de referir. Creo que para este asunto que estamos comentando es palabra perfecta la de “mayorzaragocismo”.
Hace veintitantos años, en aquellos tiempos gloriosos de becario en Múnich, donde comenzaron algunas amistades que perduran y perdurarán, coincidí con un joven bioquímico al que llamábamos Fosforilo y que era discípulo, no recuerdo si directo o de segundas, de Federico Mayor Zaragoza. Y nos contaba que ese maestro suyo era una eminencia y un científico de primera. Y ya ven en qué se nos ha quedado, haciendo lo que cualquier político podría cumplir igual de bien: de cargo en cargo y ni uno paso de largo. Esa es la diferencia determinante, dramática: que muchos políticos podrían desempeñarse poco más o menos igual de bien que él en la UNESCO, antes, o en las maturrangas de la Alianza de Civilizaciones -¡ay, señorito, déme algo!-, ahora, pero ninguno de esos políticos sería capaz de ayudar ni un carajo al avance de la ciencia. Ahí tenemos una buena diferencia: los políticos son fungibles, mientras que los científicos de altura son únicos en sus frutos y, por consiguiente, irrepetibles en sus contribuciones a nuestro progreso.
Echa uno un vistazo a la biografía de este hombre y brota la perplejidad. Nacido en 1934, se doctora en el 58 y en 1963 ya es catedrático de Bioquímica en Granada, con veintinueve años, por tanto, cosa que en aquellos tiempos no resultaba tan inusual. Cinco años después, en 1968, y contando, pues treinta y cuatro años, es rector de la Universidad de Granada. No recuerdo que ya por ese tiempo fuesen democráticas las universidades ni progresistas los rectores, pero se nota que ya le tira al hombre lo de los cargos. En 1972 se hace con cátedra de su especialidad en la Universidad Autónoma de Madrid. Por esos años es Vicepresidente y Presidente en funciones del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Luego Diputado en el Parlamento de España, consejero del Presidente del Gobierno, ministro y eurodiputado. También fue Director General Adjunto de la UNESCO y, desde 1987, Director General de esa misma cosa. La UNESCO es ese organismo de la ONU que va diciendo cada año que cachos de ciudades, qué campanarios o qué tumbas son patrimonio de la humanidad toa. Desde el año 2000 preside la Fundación para la Cultura de la Paz, pero desconozco quién pone el parné en esa Fundación. En el año 2004 se jubiló de su cátedra en la Universidad Autónoma, cuyas aulas supongo que no pisaría ni tres veces, al menos para explicar bioquímica. Menos mal que Javier Solana, también catedrático universitario, pero de Física, lo es en la Complutense. Así se reparten las lagunas.
Siguiendo con el Mayor Zaragoza, en 2005 fue designado Co-Presidente del Grupo de Alto Nivel para la Alianza de Civilizaciones por el Secretario General de las Naciones Unidas. Digna culminación de una gran carrera... política, porque lo que se dice científica no parece. Y, oigan, qué se sentirá de Co-Presidente de un grupo de tan “Alto Nivel” como el de la Alianza de las Civilizaciones? ¿Dará vértigo por la Altura? ¿Tendrán mucho que hacer? ¿Les pagarán dietas o, al menos, dinerete de bolsillo para tomarse unos vinillos o para cogerse alguna turca a base de raki -ruego se le dé a la expresión "coger una turca" su significado más castizo y no el de allende los mares-?
Gana fama y échate a dormir. Aquel amigo mío me contaba en el ochenta y cuatro que Mayor era un bioquímico de primera, pero según estas cuentas que saco ahora debió de hacer su último experimento de laboratorio –los de despacho son cosa aparte- diez años antes. Lo que habrá sufrido ese hombre sin poder entregarse a su pasión por la ciencia, sin lograr satisfacerla como él deseaba.
Los mayorzaragocistas son personajes trágicos. Poseidos de genuino celo investigador, se lanzan a las cátedras y los laboratorios, pero se pierden por el camino, tentados por sirenas taquimecas, serviles mayordomos –primos éstos de aquéllos, como se ve por el apellido- y choferes con librea. Renunciaron al Nobel genuino en la segunda infancia por soñar con el sucedáneo del de la paz, pero se quedaron a medias, pues ni inventaron para salvaguardar la paz nada que no fueran placebos ni disfrutaron embarcándose en las guerras inocuas de los científicos. Son como esos jóvenes de los que oímos contar que iban para genios pero que se perdieron con la droga. La droga de los mayorzaragocistas es el carguete, el sillón, la visa oro por cuenta de otros, el coche oficial y la palmada en el hombro de cuantos malandrines gobiernan el mundo a fuerza de sonrisas y puñales, más, ahora, el polonio.
Lo que habrá sufrido esa gente. ¿Pero será verdad que se perdió algo bueno la ciencia o eso también se lo inventan ellos?

03 diciembre, 2006

Hamburguesas y pena de muerte. Por Francisco Sosa Wagner

La polémica es intensa y se desparrama por tertulias, mentideros y figones. ¿Es procedente que el Estado prohíba, por razones de salud, el consumo de hamburguesas con más de mil calorías? ¿O es una impertinencia fuera de lugar? ¿Tiene atribuciones un ministerio para entrar en semejantes asuntos? ¿o debe hacerlo una consejería de comunidad autónoma con su competencia calentita y blindada, recién salida de su nuevo Estatuto?
Los argumentos se disparan y la verdad es que produce una cierta perplejidad atender las argumentaciones de los contendientes en la pugna dialéctica. Porque resulta que, a través de la hamburguesa, se plantean cuestiones de subido tono teórico que conectan con el ser del Estado, su origen como organización que trata de imponer la paz social, sale incluso a relucir el homo hominis lupus, y de ahí se invoca a Locke, a Montesquieu, a Rousseau y a un largo etcétera de autoridades remotas y, las más de ellas, paganas. Es decir que la hamburguesa opera en cierta manera como la magdalena en el té de Proust, un motivo nimio pero que es la llave para entrar en el mundo de los recuerdos y las evocaciones más variopintas.
El liberalismo, las formas de intervención de las autoridades públicas, el “laissez faire, laissez passer”, son capítulos que comparecen en la polémica, de manera que desfilan ante nuestros ojos los ismos más acreditados del pensamiento político, los que más tesis doctorales han engendrado. El mismo Keynes, que fue un sabio opuesto al Tratado de Versalles y un socialdemócrata contenido, surge en el enredo. ¿Hubiera avalado Keynes una medida de esta naturaleza? ¿Y el padre Adán, me refiero a Adam Smith, hubiera asegurado que la producción de hamburguesas era la causa de la riqueza de las naciones? Pues y Marx ¿qué hubiera dicho? Es seguro que este hombre habría escrito doce tomos con trece epílogos sobre el asunto. Pero ¿a favor o en contra? Todo son hipótesis, conjeturas, y cada cual -como suele ocurrir- barre para su propio cotarro ideológico. O a favor de sus prejuicios, vaya usted a saber.
Solo que la polémica está mal enfocada desde sus orígenes. Viciada “a radice”. Y ello porque el asunto no es si el Estado debe prohibir o permitir la hamburguesa de mil calorías por razones de salud sino que el Estado debe enviar sin contemplaciones a la cárcel a quien consuma tales productos, pero no para velar por su hígado, sino por razones estéticas y de rigor gastronómico. Quiero decir que la persona que, pudiendo comerse un botillo del Bierzo, de sacrosantas verduras y carnes henchidas de gloria, se come una hamburguesa de inciertos componentes (o “inputs” como diría un cretino), debe pagarlo con prisión menor. Eso para abrir boca, nunca mejor dicho, porque la reincidencia supondría los treinta años y un día.
Además, la reinserción del penado, tan difícil en otras ocasiones, en este caso sería sencilla. Bastaría proporcionarle un libro sobre la gastronomía de Castilla y León para que aprendiera finuras y poco a poco fuera alimentando sus ensoñaciones y segregando jugos. Pero, santo dios, en esta tierra donde hay, según el padre Isla, “torreznos, hornazos, longanizas y chorizos”, todos ellos con calorías que superan las que con tanto recelo analiza el ministerio, tomarse una hamburguesa apócrifa es una muestra de ignorancia compacta que ni siquiera la vigencia de la LODE justifica.
Donde se confeccionan yemas de santa Teresa, rosquillas bañadas, magdalenas memorables, la tarta de císter o de las monjas, donde se cosechan infinitas variedades de miel, en estos pagos, con tales endulzados productos, todos ellos por encima de la muga de las mil calorías, a quien se le ocurra profanar la tradición con una hamburguesa, a la cárcel con él. Sin miramientos, es que no puede haber piedad. Y dejo la pluma porque en mi irritación -que va subiendo de tono- voy a acabar pidiendo la restauración de la pena capital.

02 diciembre, 2006

¿Pueden los progres usar un lenguaje sexista y tratar a las mujeres como objetos?

Dice El País hoy que Sabina, don Joaquín, ha dicho en Guadalajara (México), lo siguiente: "Quiero mirarle el culo a las chicas cuando vaya por la calle y no que sean ellas las que se vuelvan para mirarme a mi".
Pues eso, reitero la pregunta.

Poetas y sistemas

Me ha venido un escalofrío poético. Me he venido en un escalofrío poético. O inspiración. Al leer el periódico de ayer, que ya es raro. Miren qué parto. Se podría titular "Sufrimientos de poeta" esta pieza que perpetro:
Hegeliano tormento del poeta
que en dialéctica síntesis se sabe
opositor ferviente del tirano
que le da de comer y pone piso
junto a la catedral, poder perverso.
Que tu musa izquierda no se entere
de que tiendes también la otra mano,
ambidiestro, sol y sombra,
corrosivo desgarro que tú sufres,
ya se nota,
como mandan los cánones,
como dictan los tiempos,
como dicen los medios que lo ocultan.
A ver. El País de ayer. Concesión del premio Príncipe de Asturias a Antonio Gamoneda. Estupendo, es buen poeta -como Brines, como Caballero Bonald..., entre los vivos- y, además, hay que darle su lugar a la poesía en los ritos mundanos. Nada, pues, que objetar, modestamente. Escritor de provincias, Gamoneda, como Jiménez Lozano, castellano de dichos y de hechuras, que también recibió el Cervantes allá por el 2002.
Me deleito con la lectura de las hagiografías pertinentes. Julio Llamazares nos recuerda al poeta paseando al lado de la catedral, allí mismo donde vive, en "vetusto edificio solariego". Ángel L. Prieto de Paula nos cuenta que "hasta 1975 Antonio Gamoneda había organizado su existencia a la contra: contra la opresión, contra la mendacidad, contra la miseria diaria. Muerto Franco, desaparecían bajo sus pies los motivos en los que había sustentado su vida". Vida dura, vida tensa, pues una información firmada por Javier Rodríguez Marcos nos hace saber que en 1969 "se hizo cargo del área cultural de la Diputación de León". No sé en qué parte explican que esa casa solariega y hermosa, con vistas a la catedral, era también de la Diputación en aquellos tiempos. La Diputación que, muerto el dictador, le publica, en 1977, Descripción de la mentira. Siempre fueron buenos sus títulos. Cuando aquella crisis vital del final del franquismo, pues ya no sabe el vate cómo orientar su vida sin tanta lucha, "asumió la gerencia de la Fundación Sierra Pambley" (ibid.), a la que pertenece hoy ese edificio en que vive, digno verdaderamente de poeta.
De que la poesía de Gamoneda merece el Cervantes, y también el Reina Sofía que recibió estos días, no me cabe duda alguna. Pero también el poeta, el buen poeta, está desnudo. A qué vestirlo de dialécticos trapos, con qué fin ponerle, a él también, los correajes de los abuelos aquellos que ahora resucitan.
Tengo un amigo que el otro día me contaba, muy serio, que él en su primera juventud había sido rockero y batería de un grupo alternativo. Qué jodío. Yo lo conozco desde que era un puro crío. Excelente estudiante y para de contar. Ahora creo que sueña con los Grammy.

No todo va a ser leña a los docentes. Así andan los estudiantes universitarios.

Pinchen aquí encima y echen un vistazo a este texto que ahí abajo nos colgó AnteTodoMuchaCalma. No tiene desperdicio y habla de cómo se malgastan recursos con muchos estudiantes que no los merecen. Suum cuique.

01 diciembre, 2006

Cómo me imagino esas coñas marineras. Homenaje a pedagogos universitarios.

Nunca he asistido a uno de esos cursitos sobre técnicas de enseñanza modelna que imparten pedagogos simplones. Pero entre lo que he oído a otros que sí han tenido que soportar tales chorradas –público cautivo en muchos casos- y lo que me puedo imaginar a base de conocer a cierto personal de ciertas facultades y de leer algunas de sus cositas, no me extrañaría que los eventos en cuestión fueran más o menos así. Vamos a presentar hoy un nuevo curso e iremos desarrollando sus clases apasionantes en días sucesivos. Confieso un problema: por mucha imaginación que le echemos para escribir gilipolleces, se nos acaba pareciendo a alguno de esos cursos que conocemos. ¿Cómo se hace la caricatura de una caricatura?

TÍTULO DEL CURSO: Renovar el aula universitaria: habilidades, competencias, apetencias, libretas y power-point.
PROFESOR.- Demetrio Trágala Contento. Profesor de Escuela Universitaria. Facultad de Ciencias de la Educación de Béjar. Licenciado en Ciencias de la Educación por la Universidad de Béjar. Doctor en Ciencias de la Educación por la Universidad de Béjar con una tesis sobre “Educar en Béjar: una experiencia sintética”. Vicedecano de Recreos de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Béjar. Autor de interesantes publicaciones, como “El alumno y tú: la interacción alumno-profesor en el contexto del aula. Un ensayo introductorio” (Béjar, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Béjar, 1983, 36 págs., ISBN: 69-7070-6969), “La relación alumno-profesor bajo el prisma relacional. Un trabajo introductorio” (Béjar, Imprenta Trágala, 1989, 29 págs., ISBN: 69-7070-9696). Ha presentado comunicaciones en congresos de su especialidad celebrados en Lugo y Tordesillas. Entre 1992 y 1993 fue concejal de Educación en el Ayuntamiento de Béjar. En su poco tiempo libre, adora los paseos por Béjar, los juegos de mesa y las estampas de arte etrusco.
OBJETIVOS DEL CURSO.- Renovarse o morir, dice el adagio. También las aulas requieren una renovación. Esa renovación no ha de ser sólo material (repintar paredes, reponer pupitres, acuchiyar parquéts, encalar techos...), sino también metodológica. Este curso se orienta a la metodología de la renovación o, en otras palabras, la renovación metodológica. Partiremos de definir qué sea método y a qué llamamos renovar para, a continuación, renovar nuestros métodos con metodologías renovadoras y siempre bajo la óptica operativo-funcional-parafarmacéutica de Empalmason y Licantrospown. Sentada la interacción curricular fonendoscópica entre los propios alumnos y el profesor del curso, ensallaremos técnicas de acercamiento fluido en aulas dinámicas, tales como juegos de rol, tocamientos leves, guiños y muecas, endilgamiento postraumático y rasca-rasca. Antes habremos presentado los diagramas de S.Wonder en power-point y dedicado alguna hora a la reflexión onírica de primer módulo. Cada media hora el estudiante habrá de enseñar al profesor y a cada compañero su libreta himpoluta y las uñas sin roña. Adquiridas las competencias retrofágicas y las habilidades helicoidales, se hará una performance mantenida en vilo y finalizaremos con un vino español y el gaudeamus.
MATERIALES.- Personal computer, sofware didáctico de Thomsom y Lhomsom, libreta de anillas con hoja cuadriculada y portada lisa, bolígrafo bic, típex, lápiz del 2, goma Milán, regla, leotardos, tampax, durex.
PROGRAMA.- Presentación del profesor. Presentación individualizada de los estudiantes. Minutos de libre interferencia. Presentación de los objetivos del curso. Exposición de los materiales individuales y colectivos. Noción de método. Relaciones personales y relaciones metódica. El aula. Noción de aula. Clases de aula. Problemas de las aulas: calor, frío, humedad, ruido, malos olores, etc. Noción de alumno. El alumno universitario, ¿alguien distinto? Clases de alumnos. El alumno y la alumna: parámetros diferenciadores. Las edades del alumno: una tipología. Problemas del alumno: calor, frío, humedad, ruido, malos olores, etc. El profesor: una noción a debate. El profesor universitario: ¿alguien distinto? Clases de profesores. ¿Influllen las áreas de conocimiento? Las edades del profesor: una tipología. El profesor y la profesora: parámetros diferenciadores. El grave problema de los matrimonios en la Universidad. Problemas del profesor/a: expresión, vestuario, presencia, calor, frío, humedad, ruido, malos olores. La interacción alumno-profesor en sus dos variantes: a) alumno-profesor, b) profesor-alumno. Una experiencia personal: el ejemplo de Béjar. Resumen: adónde vamos, de dónde venimos, quiénes somos.
Curso organizado por la Fundación UPT (Universidad para Todos) y patrocinado por la empresa Melasuda Ltda., la Asociación de periodoncistas de León y Lulú Turismo Rural Berciano.
MATRÍCULA: 100 euros.
INSCRIPCIONES: Vicerrectorado de Extensión Universitaria, Dirección de Formación, Area de cursos y recursos, Secretaría de cursos de otoño. Edificio de Servicios Rectorales Permanentes (EDISEREPE), pasillo w-33, puerta 9966.

30 noviembre, 2006

Para troncharse más. Continuación del capítulo sobre pedagogos y regüeldos.

Mucho me temo que más de uno amigo no ha hecho a conciencia los deberes que ayer les puse. Y se pierden muy buenas cosas, ya lo advertí. Porque se pasa risa de la buena. Aunque luego le queda a uno un no sé qué, una tristeza honda, una amargura nostálgica... ¡una mala hostia que pa qué!
Es imprescindible que entre los cuatro docentes decentes que van quedando se ayude a desenmascarar a esta tropa de tahúres. No podemos admitir que las universidades se gasten los cuartos en payasadas de este calibre. Debemos defender a los pobres e incautos profesores jóvenes que son poco menos que forzados a soportar tales tomaduras de pelo porque asistir puntúa las las anecas, las anepes y las comecacas diversas en las que pace todo el rebaño de trepas, zánganos y chupatintas.
Me parece que el arma mejor es la difusión de estas memeces. Que se entere la gente de lo que se cuece en esos cursitos para bobos excelsos.
Así que vamos allá un rato más.
¿Habían reparado ustedes en que si van al enlace que ayer les indiqué luego pueden pinchar, dentro de cada curso, donde pone "ficha completa del curso"? No se lo pierdan, es divertidísimo.
Un ejemplo. El primer curso, titulado, "El nuevo contexto universitario", tiene los siguientes objetivos:
"El seminario toma como referencia de partida un esquema global de los objetivos que animan el proceso de convergencia al Espacio Europeo de Educación Superior, para analizar, a partir de allí, el sentido y los puntos clave en las transformaciones que implican en la forma de entender y practicar la docencia universitaria. El objetivo es discutir y madurar una visión general del proceso en la que se ahonde de forma crítica y constructiva en sus razones, en los distintos aspectos que implica, los diferentes puntos de vista sobre los procedimientos a seguir, los principales frenos, las demandas que plantea al profesorado y los recursos y planificación necesarios. Esta reflexión global, aunque detallada en algunos de sus puntos clave, pretende profundizar en el sentido de las acciones -formación, innovación docente, tutorías...- e impulsar la planificación de una estrategia personal y grupal de trabajo para la convergencia al EEES".
Bla, bla, bla. Tienen un morro que se lo pisan estos/as tíos/as. No hay más que verles la prosa para adivinarles la impostura. Esto debería examinarlo con calma un buen equipo de psicolingüistas y sociolingüistas. Porque es un misterio que con una prosa así se pueda vender las motos que esta gente vende. Y si en el mismo sitio ven el programa de este curso, sentirán que les crece esa curiosa mezcla de ira y risa, pues es una fantástica combinación de vaciedades, un catálogo de trivialidades y una exposición de pedanterías sin sustancia.
Pero en esto del programa hay cursos más divertidos. En el curso titulado "Taller de tutorías en el contexto EEES" se menciona como uno de los objetivos el "uso del portafolio". También el curso "Aprendizaje autónomo en el contexto EEES" tiene como uno de sus contenidos "El portafolio como herramienta de aprendizaje y evaluación". Ay, que me parto. Qué panda de picarones. Y viven de eso. Hacen falta muchas competencias y habilidades para montárselo por la vida vendiendo viento de esa manera.
Un querido amigo ha echado esta mañana más leña al fuego. Me cuenta que se tomó la molestia de ir a la página del ISBN y comprobar qué libros tienen publicados, si es que los tienen, los que imparten estos cursos. Comprobó los que nos temíamos: casi nada, algún folletito, pequeñas milongas; o nada, según los casos. Por mi cuenta fui a fisgar en dialnet, base de datos bastante fiable de publicaciones de artículos recientes. Y compruebo más de lo mismo: que han escrito pocas cositas, de temas generalmente tontainas y orientadas sobre todo a la educación primaria. ¿Y esa gente va a enseñar al profesorado universitario técnicas docentes que valgan la pena? Por Dios, hombre, un respeto, seamos serios.
¿Por qué no asisten ellos -y quienes los contratan- a algún curso de verdad sobre cómo investigar o enseñar en serio en lugar de dedicarse a pendejadas de éstas? Se lo podríamos impartir muchos de nosotros. Y gratis. Así que propongo que se invierta el proceso. Que a toda esa caterva de pedagogos descarados se les obligue a cursar alguna verdadera enseñanza sobre el oficio universitario. O que los echen a la puta calle, sin más. Esto no es ni un asilo ni un orfanato ni un manicomio, rediós.
Así que propongo una cosa: creemos un grupo de activistas antipedagogía idiota, apuntémonos todos a este tipo de cursos y toreemos a esos profesores como hay que torearlos. Leña. Para que no vuelvan. Para que se dediquen a lo que verdaderamente saben: tocarse los/as cojones/as en casa.
No alargo más este post y voy a ir preparando para mañana unas escenitas que me imagino.

29 noviembre, 2006

Formación del profesorado universitario. Manda güevos.

Miren, miren, pinchen en el enlace que ahora mismo les copio y vean qué superbien se está formando el profesorado universitario de mi Universidad. Para que luego andemos algunos desalmados diciendo que no sé qué.
Insisto, porfa-porfa, no dejen de entrar ahí y ver todo con calma. Es genial. Al que se descojone lo castigamos sin recreo, ¿vale? Chachi.
PD.- ¡Y un servidor que ha tardado diez minutos en caer en la cuenta de qué carajo era lo de EEES! ¡Qué vergüenza! Y luego ando criticando a los pedagogos, criaturitas. Nó sé si apuntarme al curso de "El nuevo contexto universitario" o al de "Planificación docente universitaria para la adquisición de competencias". Tal vez a este último, que supongo que irá sobre lo de la reforma de los estatutos de autonomía y todo eso.

28 noviembre, 2006

Más de lo mismo, de la uni y tal.

Sigamos un rato más con el tema de los valores académicos. Estos días hablábamos aquí, entre otras cosas, de la sorprendente frecuencia del plagio en los escritos que se presentan a los concursos para plazas de profesor titular o catedrático y de plagios en los artículos y monografías "científicos". Y para qué mencionar el viejo vicio de que becarios y ayudantes se curren los trabajos y experimentos que luego firma -sólo o de primero de la lista- y exhibe el cátedro. Excusas podemos inventar para todo, ya lo sé. Dejémoslo estar.
Recuerdo otro caso que yo mismo viví y que seguramente ya habré contado aquí. Actuando de miembro de un tribunal en concurso a plaza de funcionario docenta universitario, me encontré en el primer ejercicio de uno de los candidatos un puñado de páginas exacta y completamente copiadas de un libro que no mencionaba, haciéndolas, pues, pasar como de propia mano. Reunido el tribunal , lo hice valer para explicar mi voto en contra de tal aspirante y la mayoría de los compañeros -es un decir- del tribunal se me vinieron encima como fieras, aduciendo que quién no había plagiado algo alguna vez. Será que cree el ladrón... Perdí la votación, por supuesto, ganó el falsario. Fotocopié las páginas en cuestión y las envié a unos cuantos colegas prominentes. No pasó nada, sólo sirvió la maniobra para alimentar los cotilleos de pasillo. Condena moral real no existe, sólo chismorreo; efecto ninguno. Tonto el último.
¿Por qué es posible todo esto? Ahí está la madre del cordero, a ver cómo se explica semejante crisis moral e intelectual de la Academia. La primera y más elemental razón seguramente está en el declive moral general de la sociedad y en la correlativa pérdida de todo sustrato ético de las instituciones. No hay sentido de Estado ni de lo público ni del interés general ni de nada, sólo prácticas de comedero, ideologías alimenticias, dobles y triples morales, picaresca. Se admira al jeta, al descarado, al osado; o, como mínimo, se toleras sus éxitos y ascensos en nombre del buen rollito. Lo importante es que nadie elevante la voz, en nombre del buen rollito y por si las moscas. Omertá. En casi todos los trabajos, sean del sector público o privado, la mayoría detesta al esmerado en su rendimiento y al honrado en su actitud.
Fuera de eso y en lo particularmente referido a las universidades, se ha perdido por completo toda consideración del honor académico, la estima corporativa se ha desvinculado plenamente del rendimiento y de las capacidades intelectuales. La universidad se ha politizado en un sentido muy especial. La lucha no se da por el trabajo bien hecho, por la docencia competente y la investigación seria, por el prestigio fundado, sino por el dominio de campos, áreas, sectores, departamentos... El modus operandi reproduce como un calco las maneras de la mafia, sangre aparte. Cuando tengo poder -en una universidad, en un rectorado, en un vicerrectorado, en un tribunal...- favorezco a los míos por ser míos, de mi cuerda, de mi camada, no por lo que en sí valgan. Luego cambian las tornas, otros llegan, a otros les toca la próxima vez. Y se aplica el consiguiente ajuste de cuentas, con idéntica lógica: ahora les toca a los míos, sus váis a enterá.
Y no se avizora solución. Lo mismo da que las normas cambien mientras no cambiemos las mentalidades. Y no cambiarán, la situación tiende a empeorar en progresión geométrica. Vienen nuevas reformas que permitirán mayores manejos y mejor impunidad. Por eso la universidad es ya un cadáver. Sólo van quedando las hienas y los buitres que se disputan los despojos. Y cuatro resistentes que no venden una escoba y que sólo pueden esperar que la jubilación no tarde.

Guerra a las compañías aéreas y los aeropuertos.

Estoy en el aeropuerto de Bogotá. Todavía no ha ocurrido nada gordo. Simplemente que, como en todas partes, mandan llegar con tres horas de antelación para los trámites de los vuelos internacionales. Llego con cuatro horas, a mi estilo histérico-aldeano. Voy todo contento al mostrador de embarque y me dicen que tengo que pasar seguridad y que han de ponerme el correspondiente sello en la maleta. Miro, y el garito de seguridad está cerrado. Pregunto que cuando abren y me dicen que unas dos horas antes del vuelo. Cojonudo. Venga usted tres horas antes para que no le abramos hasta que falten dos horas. Vuelo con Avianca, por cierto.
Hay en el aeropuerto un propio de la Alcaldía que me esperaba, pues la Alcaldía era la que me invitaba a hablar en un congreso que organizaba, y consigue meterme en la sala VIP a esperar ese tiempo muerto, o más bien asesinado. Aprovecho las instalaciones para colgar este post y empezar con el mosqueo.

27 noviembre, 2006

Valores académicos

No hay manera de pasar un rato tranquilo y sin que brame la bestia que uno lleva dentro. Me llama un querido colega y me cuenta, escandalizado, que un compañero de otra disciplina jurídica (¡tiene tantos recovecos la Ciencia del Derecho!) le ha pasado el texto de lo que será su primer ejercicio de habilitación para cátedra postinera, y que qué horror, que tiene la sintaxis de un ornitorrinco y las haches todas aspiradas. Y de contenido que qué decir, una sarta de memeces, la mitad plagiadas.
- Pues se pegará el batacazo -le digo yo, por decir algo y con muy escasa convicción.
- De eso nada -me responde-, tiene los votos amarrados y sale seguro. Además, es guapo de cara.
Pues qué bien. Así se hace Academia, por la cara. Valores académicos.Cada día da más corte confesarse catedrático cuando a uno le preguntan el oficio. Te pueden contestar "ah, como fulano". Y ahí te hundieron, ruborízate. Urge pasar a la clandestinidad.
Un comentario que he oído muchas veces a los jefazos de escuela: ha salido una plaza, ¿nosotros a quién tenemos? Y enseguida responde el mayordomo: pues están la Conchi, la Jennifer, la Peras y el Pocholo, que ya sabes que está operado y le hace a todo. Y la Conchi qué tal es. Ah, pues muy limpia. Bueno, que vaya ella.
El otro día me contaban que a un buen amigo le acaban de planchar enterito un artículo, sin citarlo, claro. Hace un par de años, en un concurso para profesor titular de universidad, una señora, que por supuesto ganó el concurso y ahí la tienes hecha una gloria, le fusiló a mi pareja un buen trozo de libro, en el segundo ejercicio del concurso, consistente en la exposición de un trabajo original de investigación. De investigación y original, sí, y yo con estos pelos. Y el tribunal sin depilar igualmente. Mi mujer se lo dijo a unos cuantos de los que cortan el bacalao, aunque sea por la parte de la cola, y pusieron cara de póquer: vete a los tribunales, si quieres, tú verás y tal. Pero como ya no hay honor ni decencia ni la madre que lo fundó, a nadie con mando en plaza se le ocurre poner a escurrir a la sinvergüenza y condenarla al ostracismo académico. Ahora acaba de publicar como libro el ejercicio aquel y vamos a ver si el plagio de mantiene. Puede arder Troya y puede mi santa comerse el marrón enterito si alza la voz. Valores académicos.
A mí hace bastantes años, cuando era todavía más mindundi y menos calvo, me copió por la brava medio artículo un fulano de otra materia que, para más joder la marrana, era rector. Magnífico. Valores académicos.

26 noviembre, 2006

El marido de Sissi. Por Francisco Sosa Wagner

En nuestros pagos se le conoce como el marido de Sissi, la princesa que iba a caballo por las montañas hermosas de Baviera y de Austria. Era la esposa -fría y una pizca botarate- de Franz Joseph, el emperador de Austria-Hungría, cuya muerte se produjo el 21 de noviembre de 1916. Hace pues noventa años. Había logrado un récord de trienios como soberano: sesenta y ocho años estuvo sentado en el trono.
Mucho tiempo pero, en rigor, el mínimo imprescindible para lograr entender el magno embrollo político de nacionalidades, religiones y lenguas que presidía, escoltado por una turba de personajes palatinos refitoleros y algunas -pocas- personalidades notables que acudían, en cuanto el tiempo lo permitía, a Ischl o a Marienbad, a beber aguas de vagos efectos y someterse a curas complacientes. Todo bien ensamblado por el hormigón del Ejército y una burocracia escéptica pero leal e instruida. Allá a lo lejos, los acordes agobiantes de la marcha “Radetzky”, compuesta por el viejo Strauss, interpretada por unas bandas militares incansables. Siempre me pregunto por qué hoy se toca en España con ocasión de la Navidad y es además seguida con pasión por un público que a buen seguro ignora su significado. Entusiasta Francisco José de los uniformes y las paradas militares, poco interesado por la cultura, conoció todas las calamidades del mundo (“en mi Imperio la desgracia no conoce el ocaso” musitó cuando un anarquista asesinó a Sissi), con plena conciencia de presidir un Estado que era una supervivencia histórica. Abandonado -de hecho- por su mujer, supo consolarse hasta la ancianidad con jóvenes súbditas, como demuestra el siguiente cotilleo -difundido en las memorias de Alma Mahler-Werfel-: la mujer del compositor Alban Berg, Helena Berg, era hija ilegítima de su majestad, habida con una cestera cincuenta años más joven que él y con la que trabó relación en uno de esos paseos matutinos a los que tan aficionado era el soberano y que le servían para entonar las neuronas antes de dar vueltas a los escritos de rumanos, rutenos, checos, polacos y demás pueblos de aquel Imperio, urdimbre de fragmentos traviesos, trozos de un cántaro roto hacía ya muchos años, cuando desapareció la esperanza de encontrar el pegamento salvador.
En una obra de Alexander Lernet-Holenia, Die Standarte, novela con barones, sirvientes fieles, oficiales del Ejército y algún amorío, aparecida en 1934, es decir, en plena nostalgia habsburga, cuando ya se sabía dolorosamente quién era Dollfuss y por ello se intuía que Hitler no andaba lejos -de hecho fue Hitler quien ordenó asesinar a Dollfuss, a la manera del actual demócrata Putin-, aparece un personaje que asegura con la voz quejosa de quien trata de borrar la historia: “a veces los hombres destruyen edificios que han construido las generaciones anteriores como si no fueran nada. Son capaces de quemar palacios tan solo para calentarse las manos”. Es “el mundo de ayer”, de la apacible juventud perdida, que tan bien describe -desde el lado austriaco- Stefan Zweig en sus memorias, o Sándor Márai -desde el húngaro- en sus “confesiones de un burgués” y en algunas otras obras.
Lo cierto es que, tras la muerte del emperador y la finalización de la guerra en 1918, en el firmamento de aquel noviembre, un cometa desplegaba su luz: el principio de las nacionalidades, ideado por el presidente de los Estados Unidos, Woodrow Wilson. Tal ocurrencia, una de las más nefastas de la Historia (Hobsbawn dixit), traerá una larga cola de fuego. Que todavía emite llamas en los trozos descolgados del Imperio habsburgo y que aquí por cierto parece que queremos reproducir inventado naciones, realidades nacionales y demás peligrosas identidades.

25 noviembre, 2006

Perdido en Panamá

En verdad, en verdad os digo que a Phileas Fog le costaban bastante menos estas vueltas. Aquí estoy, dejado de la mano de Copa Airlines en un hotel del centro de Panamá City.
La historia es la de siempre. Tenía que enlazar aquí a Bogotá. El avión salió de Managua con una hora de retraso. Unas treinta personas perdimos los enlaces. Los que vamos a Bogotá debíamos tomar el avión a mediodía. Ahora saldremos en el de las siete de la tarde. Cruzo los dedos.
Pedí el libro de reclamaciones y primero no entendieron y luego tuvieron que sujetarse la panza para reír a gusto. Me dieron una dirección de correo electrónico.
No sé si echarme a la calle a pasear un rato o hacer la calle propiamente. Al fin y al cabo, esto sería lo más congruente con el modo como lo tratan a uno.