16 octubre, 2005

Lula, la corrupción y nosotros mismos.

Escribe Ignacio Ramonet un editorial de Le Monde Diplomatique titulado, Brasil, el atolladero. En él se refiere a los casos probados de corrupción del Partido de los Trabajadores, el de Lula, que compraba a precios bien altos los votos de los parlamentarios de los partidos aliados y que financió también con fondos ilegales, al parecer, la campaña misma que dio la Presidencia a Lula. Se nota cómo a Ramonet se le abren las carnes al tener que reconocer un dato que le sorprende, el de la corrupción de un partido progresista y de izquierda como el PT, y hace gala de su mejor estilo para oponer, al menos, atenuantes a esas prácticas que ya no se pueden negar: Lula no está pringado, no se ha probado que las corruptelas hayan servido para aumentar el patrimonio personal de los políticos del PT, es la de la compra de votos práctica usual en muchos países con sistemas parlamentarios deficientes y a ella son proclives, por lo que se ve, los partidos y parlamentarios coyunturalmente aliados con Lula, no el PT mismo, etc., etc.
Comparto plenamente con Ramonet (en mi modestia, que tiene que ver con algo que diré al acabar) un sentimiento de profunda decepción. Pero tal vez no las razones de la misma. A mí (modestamente) no me sorprende absolutamente nada que la corrupción haya impregnado también el partido de Lula, una vez en el poder. Luego diré por qué. La decepción que comparto tiene que ver con el fracaso, si no total sí muy elevado, de Lula y su partido a la hora de comenzar a solucionar en serio y con eficacia los tremendos problemas sociales de Brasil y, ante todo, la apabullante pobreza de una gran parte de su sociedad, unida a la riqueza descomunal de unos pocos. Parecían el partido y el hombre apropiados, pues prescindían de veleidades pseodorevolucionarias y genocidas -y corruptas- del tipo de las de la guerrilla de la vecina Colombia, y prometían una política capaz de combinar el respeto a la democracia con la acción constante, segura y eficiente en favor de la mejor distribución de la riqueza en Brasil. Y, por lo que parece, los logros en ese campo son bien escasos. Ésa es la pregunta que hay que hacerse y ése es el fracaso cuyas causas conviene averiguar. Si Lula fracasa, se desvanece tal vez la última esperanza seria para Latinoamérica. Quedarían tan sólo el populismo y la demagogia de sujetos como Chávez, antes militar golpista y hoy consumado payaso, especializado en tongos electorales y deslumbramiento de jóvenes políticos incautos y prejuiciosos.
¿Y la corrupción? Nada sorprendente. Siguen muchos, como Ramonet, dando por sentado que los gobiernos conservadores son corruptos por definición, y no así los de izquierda, que se presumen puros, muchas veces con fuerza casi irrebatible. Me parece que el error está ahí, en extender el maniqueísmo también a este asunto. ¿Cuándo vamos a aprender de la historia del siglo XX, sin ir más lejos? Y esa historia nos enseña que regímenes y gobiernos corruptos lo han sido los de una mano y los de la otra. Corrupción hasta los tuétanos en los fascismos y corrupción hasta el alma en los llamados países comunistas. Y en las democracias, corrupción en los gobiernos conservadores y corrupción en los gobiernos socialistas. Tal cual. Así que la propensión a hacer de la práctica política una rentable empresa personal o grupal no es signo distintivo de esta o aquella ideología. Tampoco lo es de credos de otro tipo, comenzando por el religioso. Todos hemos visto putrefactos gobiernos católicos y otros ateos no tan corruptos. Y exactamente igual a la inversa en otras ocasiones.
Que el supremo líder no se enriquezca dice bien poco también, historia en mano. Lo mismo parece demostrado de Stalin, Hitler, Franco, etc. ¿Eso los hace mejores o menos responsables? De Pinochet se decía hasta hace poco, cuando al fin se demostró que era un ladrón, además de un asesino como los demás. Sí hay una curiosa coincidencia en casi todos los casos, y que también dicen que salpica a Lula: ellos no ponen la mano, pero siempre aparece algún familiar (hijo, yerno...) que sí se forra a cuenta de su influencia, real o presunta, en el régimen.
¿De qué dependerá entonces este molesto asunto de la corrupción? Pues creo que no queda más remedio que pensar que es un asunto ligado a la naturaleza humana, una cuestión de carácter. O de talante. La tentación de la riqueza, del lujo y del privilegio es muy fuerte en todo ser humano, sea cual sea su credo o su militancia. Y la mayoría sucumbe. Sólo se salvan unos pocos, de un lado o de otro, armados de una conciencia escrupulosa y una voluntad muy sólida.
¿Y no hay soluciones? Desde luego, si las hay no pasan por creer que el problema se resuelve mágicamente porque gobiernen blancos o negros, mujeres u hombres, progresistas o conservadores, defensores del mercado o partidarios del Estado, creyentes o descreídos. No. La corrupción, como termita, penetra y roe en cualquiera de esos grupos en cuanto tienen poder y acceso al arca de los dineros. ¿Entonces?
Las soluciones sólo pueden ser estructurales, y pasan por la acción combinada de dos mecanismos. Uno, una reglamentación de la gestión de los asuntos públicos que ponga las mayores barreras a esas prácticas, procurando el grado más alto de transparencia de las decisiones y de responsabilidad de los gestores. Y dos, más importante, que la sociedad participe de una moral de lo público muy estricta, de modo que sea muy fuerte la convicción de que es un indeseable el que se prevale de su responsabilidad pública para robar o lograr para él o los próximos lo que no se corresponde con su mérito, y que al que así proceda se le condene al más oprobioso ostracismo social.
Y en esas dos cosas las sociedades actuales transitan hoy los caminos inversos. La legislación suele ser puramente simbólica, orientada a cultivar apariencias de combate de la corrupción, al tiempo que subrepticiamente se crean reductos cada vez mayores de impunidad y opacidad. Otras veces esto último ya se hace a cara descubierta, como ocurre en la Italia de Berlusconi. En cuanto a la moral social dominante, mal puede resistirse a la corrupción y condenarla una sociedad en la que los más sucios ladrones, los campeones absolutos del cohecho y la mordida, son el modelo admirado que todos quieren imitar. ¿O es que no nos gustaría que un hijo nuestro presidiera algún importante equipo de fútbol, por ejemplo?
Todo esto es muy abstracto, lo sé. Así que terminemos con algo más cercano y práctico: usted, amable lector, si formara parte de un tribunal que resuelve un concurso para el acceso a una plaza de funcionario, ¿decidiría a favor de un pariente suyo, o de un amigo suyo, o de uno de su partido, su sindicato o su barrio, en detrimento de un desconocido que tuviera mayores méritos objetivos? No hace falta que me conteste, pero sea sincero consigo mismo. Verá como entiende lo que pasa. La limpieza debemos comenzarla por la casa de cada uno, en lugar de confiar en que venga un Lula que nos transforme tanto como para que no nos reconozca ni la madre que nos parió.
Ah, me faltaba algo que había prometido. Varios amigos que frecuentan el personaje y sus ambientes me aseguran que el mencionado director y editorialista de Le Monde Diplomatique exige hotel de cinco estrellas cuando es invitado a dar una conferencia por estos lares. No, eso no es corrupción, en absoluto. Ni delito. Ni siquiera inmoralidad. No pretendía insinuar nada de eso. Sólo que parece un aristócrata conservadorón a la antigua usanza, no un tipo de origen humilde y espíritu igualitario como Lula. Nada más.


El cuadro de la semana













Lo que queda de España.
Homenaje a Cernuda

Aníbal Huidobro.

Marruecos

Interesante artículo de Ángel Aznarez, notario en mi querido Gijón (y en tiempos pasados profesor de Derecho Internacional en Oviedo), sobre Marruecos y otras cosas, publicado hoy, domingo 16, en La Nueva España, sección de opinión. Me permito cortar y pegar aquí lo que opina del Estado marroquí en cuanto empresa familiar de sus monarcas. De todos modos, ¿acado eso nos va a hacer dudar de que Mohamed VI es un amigo leal y su sistema político mucho menos merecedor de reproche y rechazo que estas pervertidas democracias occidentales, y no digamos la de EEUU?
Ahí va lo que dice Aznarez:
"En este siglo nuevo, la mal denominada comunidad internacional sigue teniendo a los estados como actores y protagonistas principales -la mayoría de las organizaciones internacionales son una mera yuxtaposición de estados-, habiéndose multiplicado el número de éstos. Sí en vísperas de la II Guerra Mundial eran sesenta, con los procesos de descolonización pasaron a ser ciento dieciocho en 1963, alcanzando en el año 2000 la cifra de ciento noventa y seis. Tal hecho permite tres deducciones. La primera es el atractivo que la idea de Estado sigue teniendo para muchos pueblos (o mejor, para sus dirigentes), que aspiran tenazmente a la autodeterminación y a la soberanía estatales. La segunda es lo que se ha llamado «la descomposición interna y externa de la soberanía» (Pierre Rosanvallon «Lección inaugural del Colegio de Francia el 28 de marzo de 2002»), haciéndose los espacios físicos y territorios de la política cada vez más pequeños y reducidos, al tiempo que, opuestamente, los espacios económicos se hacen cada vez más globales. Por ello, lo que viene ocurriendo en España desde hace años forma parte de una tendencia generalizada y preocupante, donde la política, cada vez más encerrada en pequeños territorios, facilita la aparición de señores feudales, como si del Estado moderno se regresase al medievo, y de caciques, cuyos intereses particulares, básicamente económicos, van en contra de los generales del pueblo (cada vez más los discursos políticos falsean conscientemente esa realidad lamentable). Finalmente, la tercera deducción es que en tan elevado número de estados hay de todo; junto a verdaderos estados, hay otros, que de Estado sólo tienen la apariencia (fantoches), siendo en realidad organizaciones dedicadas a la delincuencia (al terrorismo, al narcotráfico, a tráficos ilegales, a la evasión fiscal y a la custodia de los dineros de la corrupción política y económica). Y nuestro vecino del sur, Marruecos, ¿qué tipo de Estado es? Su importancia geoestratégica siempre ha sido grande. Antes, en plena guerra fría (hasta 1989), fue pieza fundamental en el norte de África al servicio de Occidente, controlando el filocomunismo de otros vecinos, en particular el de Argelia (República Socialista de Houari Boumédienne). Ahora es instrumento clave, también al servicio de Occidente, en la estrategia primera de información y penetración en el hermético Islam radical (no hay país musulmán donde los espías trabajen tan cómodamente) y la posterior de su contención. Fue a la muerte de Hassan II, en libros y en revistas especializadas de economía y geopolítica, donde se reveló el entramado económico-financiero del Reino alauita, resultando que los intereses económicos de la llamada «familia real» son los motores de la política marroquí. Eso es nuestro vecino Marruecos: una empresa familia dedicada al «business» con forma de Estado, a merced del más pagador, y con una gran importancia estratégica. Tal naturaleza del vecino ha colocado y coloca a España en una posición delicada y frágil, pues muchas cosas graves aquí ocurridas han sido dirigidas desde allí, bien por cuenta propia o bien por cuenta de terceros. Los españoles no deberíamos haber olvidado el episodio de la «marcha verde», que fue uno -entre otros- de los preludios de la intervención extranjera en la Transición política española; ahora ya sabemos quién estuvo detrás de tal marcha, allá en 1975, que dejó muy desairado al entonces Príncipe de España, que se estrenaba en funciones de jefe de Estado, por el vergonzoso abandono del Sahara Occidental y de sus habitantes en infame retirada española. Meses antes, la que era emblemática revista «Cambio 16» (número 155, de 10 de noviembre de 1974), titulaba en portada: ¡Que viene la CIA! Haría muy bien el Gobierno de España, si pudiere, profundizar y responder a las informaciones de algunos medios españoles, acaso sin fundamento, sobre la intervención marroquí, por su cuenta o por la de otros, en el criminal atentado de marzo de 2004 en Madrid. Y ello, porque aclarar dudas es, aunque atípico, un derecho de los ciudadanos; y también porque la «seguridad del Estado», expresión pomposa donde las haya, debe ser algo más consistente que una frágil pompa de jabón para distracción de niños.¡Qué temerario es tener tal vecino, ser al tiempo detestado por Norteamérica y aliarse con el venezolano Chaves! Y eso aunque los EE UU a veces se distraigan, como distraídos debían de estar en marzo de 2004".

15 octubre, 2005

Derecho y poesía.XIV.

CHINOS DE CHINA
en Panama Air
las azafatas
son muñecas mestizas
de orquídea negra y mujer

los chinos roncan cansancios
reconocen la coca-cola y el huevo duro

trabajarán
tierras ocultas en selvas roturadas
o buscarán el oro negro en bosques aterrados
las azafatas se casarán con petroleros
o hacendados
y morirán degolladas por los hijos de estos chinos

en el año dos mil.

Manuel Vázquez Montalbán, Pero el viajero que huye.

14 octubre, 2005

LAS COSAS CLARAS Y LA ACADEMIA ESPESA

La Academia Sueca acaba de conceder el Nobel de literatura a Harold Pinter, afamado dramaturgo inglés. La justicia del galardón se supone (al menos en todo lo que se pueda suponer justicia en los asuntos humanos) y, sea como sea, no soy yo quien para cuestionarla. Lo que sí me admira es la claridad con que la prestigiosa institución que lleva el nombre del inventor de la dinamita ha justificado dicho premio.
Según cuenta El Mundo “La Academia Sueca señala en su argumentación que Pinter deja al descubierto en sus dramas "el precipicio que hay detrás de la conversación diaria y que irrumpe en los espacios cerrados de la opresión". En sus dramas, Pinter "crea situaciones dramáticas a partir de conversaciones cotidianas, que para nosotros ponen en evidencia la existencia humana de una manera única", ha añadido”. La Vanguardia recoge así la argumentación: “Horace Engdahl, secretario permanente de la Academia Sueca, indicó que la labor de Pinter, "basada en el drama, descubre el precipicio de las conversaciones cotidianas e irrumpe en los espacios cerrados de la opresión (...) revelando la existencia humana con una habilidad sin precedentes". Muy bien. Así, con un par de cataplines/as. Ya ningún ciudadano, o al menos ninguno de los de a pie, tendrá dudas sobre los méritos literarios de tal escritor ni sobre los contenidos de su obra. Y de paso se fomenta la lectura, naturalmente. Qué menos se podía esperar, sino que fuera sublime la literatura con que se da cuenta de un premio Nobel de literatura. Si lee esas parrafadas mi tía Obdulia, se sentirá irremisiblemente atraída por la obra de Pinter y correrá afanosa a la librería para mercar todos sus libros.
Uno se abandona a las ensoñaciones y se imagina que un día le dan un premio de éstos, por ejemplo por este blog mismamente, qué caray, y que los mecenas que a uno así le distinguen y le hacen justicia se sueltan con un discurso tal que así, verbi gratia: “destaca en la obra de garciamado la voluntad de simetrías compactas que sintetizan el claroscuro de la densa paradoja que impregna el trasunto existencial en que se aúna el vértigo histórico del homo sapiens y el rictus sincopado del homo ludens, matizado todo ello por una conciencia que se hace a sí misma al deshacerse en fútiles morosidades”. ¡Guau, cómo me pone!.
La cultura al alcance de todos, como tiene que ser. Y yo con estos pelos.
Menos mal que, al menos, Pinter es de los nuestros. Será por eso que ayer Radio Nacional de España (¿para cuándo la enmienda de ERC que proponga que pase a llamarse Radio Transnacional del Estado Español?) después de leer parrafadas como ésas añadió que recientemente Pinter llamó idiota a Blair y asesino de masas a Bush. Lo mismo que opinan la mitad de los de mi pueblo sin ser conscientes de que están al nivel de todo un premio Nobel. Para que vean como somos los de Ruedes.

13 octubre, 2005

Buen artículo para un buen debate entre gente seria

Interesantísimo el debate generado por el artículo valiente que ayer publicaba Alfonso Rojo en ABC (mañana cuento algo sobre los riesgos de leer y mencionar ABC en público) y que hoy reproduce, con muchos comentarios de lectores, Periodistadigital. Se estará de acuerdo o no, pero lo indudable, a mi modo de ver, es que planteamientos así hacen falta para acabar con el maldito discurso único de lo políticamente correcto y para que nos pongamos de nuevo a pensar, en lugar de repetir consignas fofas de las que quedan bien en los cócteles de la gente guay que aspira a carguito o puestito o polvete con chica/o progre. Pues eso, más madera es lo que hace falta.

Vuelven los escudos humanos a Iraq

La revista alemana Die Lüge publicaba ayer una noticia que me sorprende muy gratamente. Explica que en muchos países, y muy destacadamente en España, se están alistando voluntarios para viajar a las principales ciudades iraquíes que están siendo objeto de continuos y cruentos atentados con bombas contra la población civil, atentados causados por los que muchos medios de comunicación llaman "la insurgencia" y que tienen como móvil claro el de evitar que Iraq tenga Constitución y alguna forma de democracia, que sus ciudadanos sean libres y vivan en paz, en suma. Uno de los líderes de ese nuevo movimiento de escudos humanos, el vasco Gorka K., declara a la mencionada revista lo siguiente: "De la misma manera que nos opusimos a los bombardeos de Bush porque no podíamos permitir la muerte de civiles inocentes, incluidos muchos niños, tenemos ahora que hacer valer nuestra voz y nuestra presencia para parar los crímenes de los enemigos de la libertad, ésos que no reparan en atentar con la mayor crueldad contra la población civil que sólo quiere un trozo de pan, trabajo y vivir en libertad con pleno respeto de sus derechos más elementales". Informa luego la mencionada revista de que el propósito de esos valerosos defensores de los derechos de los ciudadanos iraquíes es tener presencia constante y bien visible en las calles y las entradas de las instituciones que más fácilmente los "insurgentes" pueden tener como objetivo para sus atentados, y que para ello dichos voluntarios se turnarán a lo largo del día en grupos de dos.
FIN DE LA NOTICIA
¿Se la ha creído usted? Pues es falsa, por supuesto, pura broma de un servidor.
Pero meditemos y hagámonos algunas preguntas:
- Si hubo escudos humanos para defender a la población civil iraquí frente a la agresión perpetrada por Bush cuando aún mandaba Sadam Hussein, ¿por que no los hay ahora que la población civil muere en mayor número y de forma aún más vil, si cabe? Elija el amable lector qué respuesta le parece más acertada de entre las siguientes posibles, o sugiera alguna alternativa verosímil:
a) Porque lo que cuenta no es quién muere, sino quién mata, y si mata Bush es más reprobable la acción que si lo hacen los esbirros de Al-Queda o los nostálgicos de Sadam.
b) Porque los escudos humanos de entonces confiaban en que los americanos no bombardearan cuando o donde ellos estaban, mientras que los "insurgentes" se pueden desternillar de risa ante la sola idea de frenarse ante tales escudos de occidentales que consideran degenerados.
c) Porque lo que aquellos escudos humanos defendían no era lo que decían que defendían, es decir, la vida y los derechos de los iraquíes inocentes.
d) Porque lo que aquellos señores y señoras querían no era proteger a la población civil iraquí, sino a Sadam.
e) Porque opinan que en este momento la presencia en Iraq de tan aguerridos activistas de los derechos humanos puede dañar las expectativas mundiales generadas por el proyecto de alianza de civilizaciones, y lo primero es lo primero.

11 octubre, 2005

Foto de la semana.



Y al final, la libertad

(restos del Muro de Berlín. Octubre 2005)

Juan A.Gª.Amado

MINIMA BERLINESA

- Todo un carácter Otto Schily, importante personaje histórico del Partido Socialista Alemán y ministro de interior en el Gobierno socialistas-verdes presidido por Schröeder y que ahora acaba. Declaró estos días que buena parte de la responsabilidad por las recientes avalanchas de inmigrantes hacia Europa, y en particular a través de Ceuta y Melilla, la tiene el Gobierno español, por el efecto llamada de sus recientes decisiones en materia inmigratoria, especialmente la última legalización de ilegales. Como medida para atajar por el momento el grave problema propone que Europa sancione a los países de origen que se nieguen a aceptar la repatriación de sus ciudadanos. Todo eso lo dice él, y si alguno no me cree, que se agencie la manera de consultar Der Tagespiegel del pasado domingo, página 6. Que ZP lo mande callar, carajo, como a los suyos. Además, ¿no éramos amigos de Schröeder y su Gobierno?

- Más de Otto Schily. Se halla metido en un escándalo mediático por haber permitido que, a instancia del Ministerio Fiscal y en el curso de una investigación judicial en marcha, la policía allanase las instalaciones de la revista Cicero y se llevase quince cajas con documentos que uno de sus periodistas guardaba y que contenían información confidencial que se había filtrado ilegalmente desde la Fiscalía Federal. El detonante fue una publicación de dicha revista en la que se daban datos secretos sobre la red de Al-Queda en Alemania. El Ministro, muy cuestionado por casi toda la prensa e, incluso, en su propio grupo parlamentario por causa de ese ataque a la libertad de información, se defiende con uñas y dientes y afirma que también los periodistas y los periódicos están sometidos a la ley. Pobre PedroJ como Schily caiga por España.

- Un español observa aquí mismo, en Alemania, las negociaciones para la próxima coalición entre socialistas y conservadores y se muere de envidia. Y eso después de una campaña electoral durísima y en la que se dijeron de todo. Tal vez la diferencia con nuestros pagos es que éstos políticos alemanes compiten duramente, pero no se odian. O que quieren más a su país de lo que odian al rival.
Al mismo tiempo, el partido liberal y el de los verdes rugen de desesperación, pues esta vez no les toca trincar nada. Maldición, tenemos el ejemplo a tiro de piedra de España y como si nada, a seguir llamando fachas a los del PP y a darles caprichitos a ciertos niñatos de la periferia de la modernidad. Y si vemos los términos del acuerdo hasta el momento alcanzado, la envidiosa admiración se hace ya insoportable: para el partido que tuvo unos pocos votos más, la Cancillería, es decir, la Presidencia del Gobierno. Pero, para compensar, el partido socialista tendrá en ese Gobierno de la conservadora Angela Merkel dos ministros más que los conservadores. Y Schröeder se quita de enmedio para no ser un obstáculo, aunque trata de controlar lo posible de la renovación inminente de su partido.
Y ni un minuto de tiempo ni un gramo de energía para debatir chorradas sobre si Baviera será nación o si los círculos serán cuadrados. Flipante.

- Los tribunales alemanes acaban de rehabilitar oficialmente a Johann Burianek, que en 1952 fue condenado y ejecutado en la Alemania del Este por sus actos de oposición y resistencia a la dictadura. Su "delito" había sido repartir octavillas y poner carteles contra aquel régimen canalla. Todos los que lucharon contra la tiranía y arriesgaron su vida por enfrentarse a los verdugos de las libertades merecen pasar a la historia con honores. He dicho todos. Todos.

- Este que suscribe llevaba ya casi diez años sin venir por Berlín, después de algunas temporadas anteriores por estas tierras. Y le sorprenden a uno algunas cosas, bien por contraste con nuestro país, bien por diferencia con lo que esto era antes. Tres ejemplos rápidos.
Uno, que parece que los alternativos de antaño han desaparecido o han cambiado de aires. La ciudad ha perdido colorido con eso y ya no tiene aquel tono tan especial de antes. No es raro cuando uno lee también estos días que los Verdes, una vez descabalgados del Gobierno federal, empiezan a coquetear con los conservadores, con la esperanza de alianzas con ellos después de las elecciones próximas en los Länder.
Dos, que los alemanes fuman más que los españoles y que se permite fumar prácticamente en todos los lugares en los que España ya no se consiente.
Y tres, lo más interesante, que se nota un montón que a las instituciones públicas alemanas el dinero ya no les alcanza y comienza a percibirse un cierto deterioro en la ciudad y en ciertos servicios públicos. Causa perplejidad pensar que, entretanto, en los pasados años España se ha transformado muy positivamente, hasta el punto de haber superado a los alemanes en más de cuatro cosas, gracias a.... el dinero alemán que nos llegó a través de la UE. No me extraña nada que digan que ya está bien y que ahora nos toca pagar a nosotros para que progresen los siguientes, los países nuevos en la UE.

08 octubre, 2005

SOBRE DIOSES PARLANCHINES

Fantástico artículo en la portada del Berliner Zeitung de hoy sábado 8 de octubre. Lo firma Olivia Schoeller y se titula "Cuando Dios habla de política". Toma pie en la reciente noticia de que Bush reveló a un político palestino que a él, a Bush, Dios le ordenó personalmente que atacara Afganistán e Iraq y que trabajara para que fuera posible un Estado palestino y la paz en Oriente Medio. Recuerda también la autora que Osama Bin Laden, por su lado, también dice siempre que es Dios quien le ordena atacar el mundo infiel para edificar un Estado islámico. ¿Se contradice Dios? ¿Surgen tales intervenciones contradictorias del cielo porque allá no se trabaja lo suficiente, tal vez debido a falta de celo o de productividad o a huelgas? Porque de algún modo habrá que explicar que haya el Supremo Jefe dado a esos dos líderes mundiales órdenes tan opuestas. ¿O acaso Dios ya no sabe lo que quiere? ¿O será que esos tipos creen oír voces, aunque ni Dios les dice nada? Pero la cosa es grave, pues muere mucha gente por culpa de esos mensajes de marras que al uno y al otro les caen del cielo.
Hasta aquí lo que el artículo dice, en mi versión libérrima y resumida.
No es raro que Dios vaya diciendo de todo a esos dos personajes. Tengo yo un gran amigo, culto, inteligente, viajado, sensible, que en uno de nuestros últimos encuentros me aseguró, muy serio y sin pizca de ironía, que a él Dios le dice cosas con frecuencia, que si haz esto, que si no hagas lo otro, que si hónrame así o asá, que si cásate con esa chica o no mires a aquella otra. Y a la mujer de un colega muy serio y estricto la oí no hace mucho comentar, en una cena con bastante gente, que ella conoció un día en sueños a su ángel de la guarda, que se llama Jimmy, y que desde entonces conversan a menudo y él la aconseja siempre y con gran éxito.
En verdad en verdad os digo que no sé por qué nos sorprendemos de que el Supremo Jefe le dé indicaciones a Bush o al otro cabrón. Lleva una eternidad diciéndole de todo a mucha gente. Sus razones son inescrutables, se supone. Aunque sobre sus obsesiones favoritas algo ya podemos ir entresacando con nuestra lógica, modesta por humana: le encanta dictar a quiénes se debe matar, quién debe mandar y qué partes del cuerpo no podemos tocar placenteramente a los demás o a nosotros mismos. En eso no suele contradecirse, mira. Y cualquier teólogo un poco competente nos explicará que cuando le manda a A que mate a B y a B le ordena que acabe con A, lo hace con afán generoso, para honrar la libertad de ambos y con paternal determinación de respeto a la libertad de cada uno de ellos.
Si Dios existe debe de estar que lo lleva Dios. Pues que le diga algo de verdad a alguno que sea normal, rediós.
Nota para creyentes: efectivamente, sí, el que no se aclara y manda malas cosas es el dios de los otros, natürlich. El nuestro es bueno, justo y sabio, y cómo va a contradecirse, por Dios.
Nota per tutti: si he dicho algo políticamente incorrecto e impropio de estos tiempos en que a cualquier patán le está permitido presumir de embajador de la divinidad en la tierra y con ello forrarse, salir en la tele y hasta hacerse con el dominio de medio planeta, que me parta un rayo, divino a ser posible. Pero que no me mate uno de esos dichosos recaderos de pacotilla, please.

La foto del día



¿Alianza de civilizaciones?

J.A.Gª.Amado

Berlín, 8-X-2005

04 octubre, 2005

A viajar de nuevo. Nos vemos en Berlín.

Queridos amigos del blog, los próximos siete días andaré por Berlin, buscando el modo mejor de combinar la Staatsbibliothek y la cerveza de litro. Como siempre, trataré de contar algo de lo que pasa por allá y de seguir despotricando sobre lo que no debería pasar por acá. Y alguna foto caerá, seguro.

Breviario de bitácora. 4-X-05

Ya sé qué quiero ser de mayor: miembro de un consejo autonómico del poder judicial, de esos que se van a crear. Anda, porfa, nómbrame y prometo que llenaré mis escritos de cantos a ese benéfico acercamiento de la justicia al pueblo. Si no, tendré que decir la puñetera verdad, igual que todos esos desgraciados que no trincan nada de lo que se descentraliza con tan altruista criterio. Pesebre for me o revolución.

¿Quién quiere lo que queremos? Las grandes reformas de este país en los últimos tiempos se hacen para satisfacer los deseos de la ciudadanía: nuevos Estatutos de Autonomía porque la gente los pide, matrimonio homosexual porque la sociedad lo demanda, consejos autonómicos de la judicatura, sin competencias, pero con puestos golosos y bien remunerados, porque el pueblo desea que se le acerque la Administración de justicia. Pueblo somos usted y yo, si no ha cambiado el concepto. A mi me traen al fresco las tres cuestiones, y sospecho que como a mí a muchísimos, salvo los que están en contra de esos “progresos”, que son la mayoría ¿La mayoría? Probablemente. Entonces, ¿quién quiere eso que se hace porque lo queremos nosotros?

¿Se va a producir una revolución en la Universidad? Un testigo directo y de toda mi confianza me acaba de contar lo que ocurrió hoy mismo en una reunión del Rector de mi Universidad con los decanos de las Escuelas y Facultades. A media reunión, uno de aquellos decanos se levanta y dice que buenas tardes y que hasta la vista, que le reclama un deber familiar, pues debe recoger a su hija en la escuela. Y ahora, la sorpresa: el Rector monta en cólera y le recuerda al descarado que está en horas de trabajo y que si no le da vergüenza decirle a su propio jefe supremo, el Rector, que deja de trabajar en ese momento por razones personales. Al parecer, la bronca no quedó ahí y el decano se fue a cumplir con los deberes que considera más altos, sí, pero jurando en arameo. ¿Habrá sido un hecho aislado o nos hacemos ilusiones?

YO SÍ QUE SOY NACIÓN.

Ah, qué maravilla, hoy sí que es un buen día. Me he levantado con el pie derecho y sintiendo que comienza una etapa de mi vida, la mejor. ¿Qué me ha pasado? He descubierto que soy nación. Sí, sí, yo mismo, tal cual. Este pelmazo del blog, hasta ayer mismo su humilde servidor, ha cambiado de estatuto y ya no es un vulgar ciudadano más. Ahora soy nación. Así que cuidadín, pues me veré obligado a reconsiderar todas mis relaciones con el Estado opresor de mi autonomía y con el resto del personal.
¿Qué cómo lo he sabido? Gracias a un cuento chino que leí anoche y que paso a resumir, traduciéndolo a una prosa menos florida y con la que podamos entendernos más rápidamente. Ahí va.
Pues resulta que un individuo llamado X vivía en un gran Estado que era también un Estado grande cuyas gentes se relacionaban entre sí, comerciaban, viajaban y competían en múltiples torneos deportivos. Un día un grupo de personas de las que vivían en la misma región que X cayeron en la cuenta de que las gentes de esa región tenían cosas peculiares: hablaban de un modo distinto, les gustaba comer cosas diferentes de las que eran habituales en los otros territorios de ese Estado, eran aficionados a ciertas músicas o danzas que resultaban también bastante peculiares de aquella tierra y diferentes de las de las tierras vecinas, aun dentro del mismo Estado. Así que ese grupo dijo: nosotros somos nación y una nación tiene el derecho a autodeterminarse y a tener sus propias leyes, su gobierno propio y, a fin de cuentas, su propio Estado. Convencieron no sólo a X, sino también a la mayoría de sus coterráneos y fundaron su propio Estado, del que X pasó a ser ciudadano.
En esa región, ahora Estado, X había nacido y vivido siempre en una ciudad que podemos llamar C, para abreviar. Un día, un grupo de habitantes de C cayeron en la cuenta de que los naturales de tal ciudad eran bastante peculiares. Hablaban la lengua de la zona con modismos propios y una entonación inconfundible; bailaban una jota (bueno, su equivalente en chino) que todo el mundo conocía como “la jota de C”, pues sólo allí se danzaba desde tiempo inmemorial y sólo los de allí acertaban con la cadencia exacta de sus pasos; tenían un potaje muy curioso que era en C la comida popular por excelencia y que apenas se tomaba en otros lugares de aquella región, ahora Estado. En fin, que a base de darle vueltas a sus propias particularidades, los habitantes de C llegaron a la conclusión de que eran nación, y de inmediato exigieron y lograron tener un Estado para ellos, pues es derecho inalienable de toda nación convertirse en Estado independiente. Así que nuestro amigo X pasó a ser nacional de un Estado nuevo. Ya había cambiado dos veces de ciudadanía. No sería la última vez.
En aquella ciudad C, ahora Estado C, nuestro protagonista se había criado y había vivido siempre en un barrio de las afueras, llamémoslo B. Un día estaba X sentado con un grupo de amigos en un café de B, celebrando la fiesta local de ese barrio. A partir de la tercera cerveza se pusieron a repasar lo ligados que estaban a ese barrio suyo y cuánto les gustaban las cosas especiales que tenía: ese plato que sólo se preparaba en sus bares, aquella manera de hablar tan suya que tenían sus vecinos, las leyendas que circulaban entre sus gentes y que decían de cuando aún no era un barrio de C, sino una aldea aislada y con mucha personalidad. En fin, que esa misma noche X y sus amigos cayeron en la cuenta de algo en lo que, de tan evidente, hasta entonces no habían reparado: B era una nación. Comenzó así una disputa de años, hasta que consiguieron independizarse del Estado C y tener su propio Estado, derecho irrenunciable de toda nación, como bien sabemos.
Pasó un poco de tiempo. X se casó y tuvo hijos. Uno de esos años, con ocasión precisamente de su cumpleaños, reunió en su casa todos los miembros vivos de su familia, que representaban a cuatro generaciones. Les dio un gran banquete y después de los brindis se pusieron entre todos a recordar cosas de sus antepasados, anécdotas de su vida en común y diversas peripecias de la vida de cada uno. La conclusión se les fue imponiendo por sí sola y al cabo de un par de horas ya no había duda posible: más que una familia, o además, eran una nación. Bastaba atender a cómo a lo largo de las generaciones se había mantenido en todos cierto deje gangoso al pronunciar determinadas letras del alfabeto chino, cómo habían nacido entre ellos determinadas leyendas que cada generación narraba a la siguiente, cómo se habían afirmado determinadas tradiciones, como aquella misma de celebrar los cumpleaños en familia guisando un cordero con unas hierbas que le daban un sabor único y que, se decía, era receta que había inventado una tatarabuela hacía ya siglos. Y así tantas cosas que fueron recordando y enumerando con creciente emoción.
Les costó años, pero consiguieron que aquel Estado que no quería reconocerlos se rindiera ante la evidencia de que eran nación y ante su insoslayable consecuencia: tenían derecho a su propio Estado. Y así fue.
Pasaron los años. Con cada uno que transcurría el señor X se iba sintiendo un poco más incómodo, oprimido, tenso. Ya se sabe lo que es una familia. Donde hay confianza... Todos querían mandar y cada uno invocaba su mayor derecho: el uno que si por ser más viejo, el otro que de ninguna manera, que la prioridad debía ser de los jóvenes; los varones de la familia argumentaban que tradicionalmente en esa familia, ahora Estado, habían imperado los hombres, y que la tradición es sagrada e intocables los derechos que en ella se gestan, que son derechos históricos; las mujeres, que de ningún modo y que una cosa es que ese Estado tenga su origen en una historia familiar o otra, muy distinta que haya que tragar con todo lo que fue historia. Y así todo el día, en gresca de unos con otros y con continuo movimiento de grupos, facciones, alianzas, pactos y contrapactos.
Así que X, cansado, se subió un día a la azotea de la casa familiar, azotea que era, al tiempo, la parte más vistosa del territorio de ese Estado, y se puso a reflexionar. Y vio la luz. Él, X, era un sujeto con una fuerte personalidad. Todos le reconocían siempre que era muy suyo. Y tenían razón. No se parecía propiamente a nadie, ni a su padre ni a su madre, y por el aspecto nadie sacaría que era hermano de sus hermanos. Además, tenía muy claros sus gustos. Detestaba el acento con que hablaba su familia y trataba de evitarlo poniendo en sus palabras una entonación neutra. Se había hecho vegetariano tiempo atrás, por lo que a diario cocinaba para sí y se abstenía de tomar de la perola con el potaje familiar, que era, simultáneamente, el plato típico de aquel Estado casero. Nunca había conseguido dar ni dos pasos de aquella horrible danza a la que se entregaban con frenesí en todas las celebraciones y conmemoraciones los otros miembros de aquel Estado-nación familiar, pero le encantaba el jazz, que tenía que escuchar en solitario y entre la incomprensión general. And so on, pensó después, recordando que otra peculiaridad muy suya era que le gustaba expresarse en inglés, pese a la consigna familiar de que se debían desterrar los idiomas foráneos que pudieran poner en riesgo la identidad grupal.
En esas estaba cuando, súbitamente, tuvo la revelación crucial: Dios mío, se dijo, soy una nación. Y bajó las escaleras gritando, soy una nación, soy una nación, soy una nación. Sus conciudadanos consanguíneos y afines tanto en línea recta como colateral lo contemplaron estupefactos, pero no tuvieron más remedio que avenirse a sus argumentos cuando les dijo ¿pero no veis que tengo en mí todos y cada uno de los caracteres de una verdadera nación? ¿No os dais cuenta de que pienso distinto, hablo diferente, tengo mis propias costumbres, voy desplegando mi propia historia, llevo toda la vida siendo un ser ontológicamente separado de los demás –esto no lo entendieron todos de la misma forma-? Soy libre, soy libre y tendréis que asumirlo, no os quedará más remedio que aceptar mi derecho a autodeterminarme como nación, como nación individual. ¿O acaso vamos a hacer de la libertad para autodeterminarse una cuestión de número? ¿Acaso no hemos admitido, incluso, la sociedad anónima unipersonal? Padecía cierta deformación profesional el bueno de X, pero ese es otro tema.
Ese discurso de X tuvo efectos arrolladores. El rechazo inicial de sus connacionales, tanto consanguíneos y afines, se fue tornando silencio reflexivo. En cuestión de minutos a todos y cada uno se les fue iluminando la mirada y su ceño fruncido se tornó en sonrisa: todos y cada uno acababan se sentirse y saberse nación.
La noticia corrió como la pólvora en todo el vecindario, es decir, en los Estados vecinos, en la sociedad internacional, por tanto. El movimiento nacionalista individual se hizo imparable. Al poco, a X se le ocurrió convocar una gran asamblea de naciones individuales. Miles y miles de sujetos acudieron revestidos de unas camisas en las que en grandes letras doradas estaba escrito el lema de la reunión: “soy mi propia nación. ¡Viva mi nación libre!”. Pasados dos días de pura exaltación, alguien formuló la pregunta que todos tenían en mente y nadie se atrevía a enunciar en voz alta: ¿y ahora qué hacemos? Veían los inconvenientes de que cada uno se autodeterminase por libre. Así que, sin apenas debate, acordaron fundar un Estado. Un Estado que de tan plurinacional, pues reconocía tantas naciones como habitantes, ya no era ni siquiera un Estado-nación. Era un Estado preocupado sólo por que cada uno de sus ciudadanos individuales fuera libre, tuviera cómo ganarse dignamente la vida y no sufriera discriminación.
Fin del cuento chino.
Ahora tome cuenta el lector de la profunda emoción que a mí, a mí mismo, garciamado, me embarga en este momento. Es una emoción contradictoria. Por un lado me exalta el descubrimiento de que yo soy con toda propiedad una nación, ¡ah, qué cosa más grandiosa! Pero, por otro lado constato que soy una nación sin Estado. Miro a mi alrededor pero no veo más que rebaños conducidos por oscuros pastores. Esta misma tarde saldré a buscar otros individuos-nación como yo que estén dispuestos a fundar conmigo, de igual a igual, un auténtico Estado, un Estado de individuos libres. Lo llamaremos Estado de Derecho.
Amen.

02 octubre, 2005

Breviario de bitácora. 3-X-05.

- Cuenta hoy el Diario de León que un chimpancé ha logrado dejar de fumar después de dieciseis años de adicción. No sé yo si eso va a estimular mucho a los fumadores humanos para dejar el vicio, o si más bien les va a parecer que dejar de fumar es hacer el mono. Como cuando algunos del PP o de la Conferencia Episcopal invocan como argumento a favor de la indisolubilidad matrimonial que hay ciertos primates superiores, ciertos monos, que permanecen toda la vida con la misma pareja. Otra manera de hacer el mono y, encima, el mono rarito. ¿Por qué no nos cuentan que son muchos más los animales, criaturas de Dios, monos y no monos, que le disparan a todo lo que se mueve sin tener que pasar por el confesionario ni por el psicoanalista? La razón está con las minorías, al parecer.
El día que un grupo de monos reivindique su derecho colectivo como nación la habremos pifiado definitivamente. Y todo se andará. Al tiempo. Al fin y al cabo, ¿qué es un rebaño?

- En la inauguración del curso de la Universidad de Oviedo, el Presidente del Principado, Sr. Álvarez Areces, dijo que resultaba inaceptable que en la Universidad se siguiera suspendiendo a tantos estudiantes y que había que buscar el método para que fueran más los aprobados. ¿No habrá pensado el Sr. Areces que tal vez el problema es que son muy torpes y vagos muchos de esos alumnos que tanto suspenden? ¿Deberían superar los cursos y carreras también los más lerdos? Temo la respuesta. Así que mejor retiramos la pregunta.

- Siguen las discrepancias sobre la procedencia de las balas que mataron en la valla fronteriza de Ceuta a los cinco inmigrantes que trataban de entrar en territorio español. Dicen los de acá que fueron los de allá los que dispararon –y parece bastante claro- y dicen los de allá que fueron los de acá. ¿Cómo no se les ha ocurrido a Mohamed VI y ZP una solución de consenso, que satisfaría a los dos y pondría fin a la disputa? Sólo tendrían que decir al unísono que fue Aznar quien disparó, y todos tan contentos.

- Ayer estaba yo tomando un café en un bar de mi tierra y una señora y un señor, sentados en mi lado a la barra, contemplaban en la televisión una carrera automovilística y veían que uno de los coches chocaba. “Mira, ese se defenestró”, dijo la señora. A lo que su acompañante respondió: “sí, en estas carreras se defenestran muchos”. Estos dos paisanos míos podrían ser locutores deportivos. O licenciados de la Universidad que quiere Areces en Asturias. ¿O profesores?

- Ayer domingo lo decía un columnista de periódico y no está de más repetirlo: si tan sensible es ZP a la autodeterminación de las naciones, ¿por qué no defiende la autodeterminación de la nación saharaui?

- Cuentan que durante su estancia de ayer en su tierra leonesa, al Presidente se le preguntó sobre si se aprobaría o no en el Congreso el Estatuto catalán, ante a lo que se respondió con una de sus precisas y bien medidas respuestas, tal que así: “Que sique, que noque, que a mi novia le gustan los albaricoques. Que noque, que sique, que a mi novia le gusta el palique”. No quedó lugar a dudas.

- Si finalmente en Alemania se hace un gobierno de coalición entre los dos mayores partidos algunos nos vamos a morir de envidia. Pero aquí el jefe seguirá pensando que antes pactar con el diablo que con esos cabrones de la derecha. Talante a manos llenas, talán, talán.

30 septiembre, 2005

SOBRE INMIGRANTES, COSMOPOLITAS, NACIONALISTAS Y CARADURAS.

A raíz de las avalanchas humanas en Melilla y Ceuta hay en la blogsfera revuelo de voces que se indignan ante el hecho de que las fronteras, con sus vallas y alambradas, sean la barrera que impide a los pobres y desgraciados africanos entrar en nuestro mundo opulento. Por las dudas, y para anticiparme a posibles malentendidos, aclaro que servidor hace tiempo que publicó en revista sesuda un artículo en defensa de la supresión paulatina de los Estados-nación y las fronteras y en pro de una república mundial con igualdad y pan para todos. Esto, por si no me explico bien en lo que viene a continuación. Conste que mis simpatías todas están con el universalismo cosmopolita. Abajo, pues, las fronteras... y las naciones.
En la filosofía política de las últimas décadas la discusión, a escala mundial, tiene sus dos polos principales en dos posturas opuestas, la nacionalista o comunitarista, por un lado, y la cosmopolita o universalista, por otro. Para simplificar, hablaremos aquí meramente, y sin más matices, del debate entre nacionalistas y cosmopolitas, y trataré de mostrar con brevedad lo mucho que se relaciona ese debate con estas discusiones sobre la inmigración. Y cuánto de contradictorio o paradójico hay en la postura de muchos que se dicen progresistas y defienden postulados entre sí incompatibles.
Las doctrinas nacionalistas son antiindividualistas, no en el sentido de que no valoren al individuo, sino porque entienden que lo que a cada sujeto individual le da su ser social, su personalidad, su identidad, sus convicciones y sus valores es el grupo cultural en el que nace y vive. De manera que si las señas de identidad de ese grupo se pierden o se reprimen, el individuo queda como un ser desarraigado y anónimo, vacío, sin peso ni referencias. Por esa razón, junto a los derechos individuales y a su misma altura (y muchas veces en conflicto con ellos), estarían los derechos colectivos, ya sean de cariz político, como el derecho de autodeterminación de los pueblos y naciones, ya de cariz cultural, como el derecho del grupo a usar y fomentar, y hasta imponer, el uso de su lengua propia en su territorio, etc. Este modo de pensar suele ir unido a algún grado de relativismo cultural, doctrina ésta que mantiene que no hay parámetros valorativos universales, que no es posible una ética universal o un patrón universal de justicia, pues cada pueblo y cada cultura tienen en todo eso sus propias convicciones, asentadas en su historia y en sus tradiciones, y que todas esas convicciones son igual de respetables y merecedoras de protección. Esto se hace particularmente relevante a la hora de preguntarse si hay derechos humanos individuales universales (por ejemplo la no discriminación de la mujer, la libertad religiosa, etc.), esto es, que en todo Estado deban respetarse y que la sociedad internacional deba tratar de imponer a todos, por medios pacíficos o, incluso, con algún grado de coacción violenta.
Pues bien, los nacionalistas no pueden ser demasiado críticos con la idea de frontera, con la diferenciación de derechos entre nacionales y extranjeros y con los frenos a la inmigración. Para ellos el Estado-nación es algo central e irrenunciable. Tiene que haber Estados, cada uno de los cuales debe encarnar, idealmente, la organización jurídico-política de una nación, una nación con su lengua, su idiosincrasia, sus gustos, sus valores, su folclore, etc. Y entre los deberes primeros de cada Estado nacional está la protección de sus nacionales frente a los que no lo son, por un lado, y, por otro, la salvaguardia de las señas de identidad colectiva (lengua, folclore, religión...). Esto último requerirá poner límite al número de los que de fuera, los no nacionales, pueden entrar y restringir también la libertad con la que esos foráneos puedan vivir en territorio “nacional”. Por eso el texto del Estatuto catalán, aprobado ayer mismo en el Parlament, reserva para Cataluña la competencia para regular el número y origen de los inmigrantes que podrán instalarse en aquella “nación”.
Por lo dicho, si uno simpatiza con esa filosofía nacionalista y comunitaria, tendrá que estar en contra de la supresión de las fronteras y de la irrestricta libertad de tránsito para los que vengan de otras culturas, con otras lenguas y con diferentes valores, y ello por la amenaza que suponen para la integridad espiritual y cultural de la nación a la que entran. Si se considera que las naciones son importantes y que la forma política mejor es la del Estado-nación, habrá que oponerse a la eliminación de las fronteras y a la libertad de movimientos de los que quieren entrar. Considerar que es bueno que las naciones se autodeterminen y se autogobiernen como Estados y, al mismo tiempo, pensar que se deberían abrir las fronteras a los pobres que vienen del otro lado es una forma de esquizofrenia teórica que lastra la práctica actual de muchos que se tienen por progresistas.
Por contra, las teorías universalistas proclaman que no hay valor grupal o comunitario que sea superior y pueda imponerse al individuo, que la libertad individual y la vida plena de cada sujeto son valor último y que todos los seres humanos, sea cual sea su raza, género, idioma materno, religión o lugar de nacimiento, deben tener garantizado, y garantizado por igual, el disfrute de sus derechos básicos: vida, integridad, libertades, educación, alimento, sanidad, etc. De ahí que el ideal de estas posturas sea el de un Estado mundial que tenga por norma básica el respeto de los sujetos particulares y sus derechos fundamentales, y que el Estado-nación aún subsistente se vea como un resabio del pasado y una rémora que paulatinamente hay que ir superando y dejando atrás. Secuela de esto es la insistencia de los universalistas en que el Derecho internacional y la sociedad internacional asuman cada vez mayores competencias, en detrimento de los Estados y en pro de los individuos. Consiguientemente, desde la óptica universalista y cosmopolita se ve con muy malos ojos el que un español o un catalán tengan determinados derechos o disfruten de ciertas ventajas por el hecho de ser español o catalán, y que, por lo mismo, se prive de tales bienes a los nacidos fuera del respectivo territorio nacional, por ejemplo a los subsaharianos, y, dentro de poco, a los cacereños o salmantinos.
Así pues, si uno considera que lo progresista es suprimir las vallas fronterizas y permitir que los inmigrantes entren sin traba, está manifestando un planteamiento cosmopolita y universalista, y deberá, si es que algo le importa la coherencia, entender que el nacionalismo es profundamente reaccionario, ya que frente a la igualdad de todos proclama que los nacionales deben tener más derechos, y frente a la libertad de movimientos defiende que no se deje pasar a tantos como para que puedan disolver las esencias grupales nacionales o poner en peligro la buena vida de “los nuestros”. Bien claro lo expresaron, no hace tanto, la señora Ferrusola o don Heribert Barrera –y si no lo recuerda usted, amable lector, pinche en el link de su nombre y vea, vea-.
O suprimimos las fronteras para hacer del mundo un territorio único bajo el imperio de la libertad y la igualdad o mantenemos el Estado-nación, con sus fronteras bien defendidas, para que se realice y florezca dentro de ellas el espíritu de cada pueblo y su identidad colectiva. Lo que no se puede es querer las dos cosas al tiempo, que es tanto como estar en la procesión y repicando. Deberían los psiquiatras tomar la iniciativa y echarnos una mano. Soñar simultáneamente con la alianza de las civilizaciones y con la eclosión de nuevas naciones-Estado es indicio de desarreglo psicológico y promiscuidad ideológica. O de una cara más dura que el cemento.

LOS ASESINOS QUE AMAMOS


¿Acaso no habría que pedir perdón? ¿Han cumplido ya con alguna penitencia todos aquellos intelectuales que babearon ante asesinos patológicos como Stalin o Mao? ¿Han reconocido ya que el Libro Rojo estaba hecho del rojo de la sangre de miles de inocentes?. Porque afortunadamente los secuaces de Hitler han ido recibiendo lo suyo, al menos en forma de rechazo y desprecio por lo que hicieron. Pero, ¿y éstos?
No son cosas mías, no. Veáse la portada del Spiegel de esta semana, con un título que lo dice todo: "Mao, anatomía de un asesino en masa". Y me permito incluir aquí mismo el mensaje que me acaba de enviar un querido amigo:

Veo la portada del Spiegel de esta semana que lleva el siguiente titular: “Mao, Anatomie eines Massenmörders”. ¡Quién me lo iba a decir en el 68 cuando vivía yo en T. y tenía que aguantar al progre de la época con el libro rojo a cuestas! Recuerdo a un cretino que estudiaba derecho llamado P. y a otros pero sobre todo recuerdo a mi amigo J., a la sazón estudiante por allí como yo. Recuerdo asimismo a un obrerete que me invitó a dar una charleta en Stuttgart en un medio obrero: ¡la bronca que me echó al volver -en su coche- a T. porque yo me había expresado como un revisionista que creía en la democracia, en las libertades y zarandajas por el estilo! Me reprochó no haber leído a Rosa Luxemburgo ni las obras de Mao -lo que era bien cierto, desde luego-. Un abrazo.

29 septiembre, 2005










Juguetes
J.A.Gª.Amado

Pequeño tratado de lógica elemental para nacionales y extranjeros

Érase una vez un país donde se vivía bien. Se llamaba Pluripaña. Tenía frontera con otro país donde se vivía muy mal y en el que las gentes pasaban hambre y penurias de todo tipo. Entre otras cosas, porque estaba gobernado por un tiranuelo que se hacía llamar rey y que tenía una fortuna incalculable a base de expoliar a su pueblo y a todo el que pillaba, lo cual no impedía que el gobierno de Pluripaña lo considerara un amigo muy majo y enrollao. Los habitantes de este segundo país querían a toda costa pasar a Pluripaña e inventaban todo tipo de argucias y artimañas para colarse por sus fronteras, jugándose la vida en el empeño, y perdiéndola muchas veces.
En Pluripaña sucedió lo que a continuación vamos a narrar. Rogamos al amable lector que trate de: a) buscar el hilo o trabazón lógica entre los siguientes puntos de la historia; b) Reproducir tal historia en un esquema o presentación sucinta en power point.
1) La mayor parte de los intelectuales y gobernantes pensaban que la Ley de Extranjería, que pone trabas y dificultades para que los habitantes del otro país entren, vivan y trabajan en Pluripaña, es una ley muy injusta y que debería suprimirse o atenuarse mucho, para que aquellos otros pobres ciudadanos del otro lado puedan entrar y ganarse la vida honradamente en Pluripaña.
2) Esos mismos intelectuales y políticos mantenían que las fronteras entre países y las diferencias de derechos entre nacionales y extranjeros no son mala cosa y deben mantenerse. Es más, dentro incluso de Pluripaña se quiere construir nuevas fronteras y nuevas distinciones entre los derechos de unos y otros de sus ciudadanos.
3) En Pluripaña hay ejército, formado por soldados que llevan armas, son adiestrados para luchar contra enemigos y entrenados para disparar, usar bayonetas, etc.
4) La mayor parte de los ciudadanos de Pluripaña y de los políticos que la gobiernan dicen que es malo que haya ejércitos, que los ejércitos lleven armas y, si las llevan, que las manejen. Varias asociaciones de madres y parientes de soldados han solicitado, con importante eco popular y mediático y con la expresa simpatía del Ministro de Defensa, que en lugar de fusiles los soldados porten rosas y que en lugar de guerreros se les considere cooperantes, bajo el mando directo de las principales ONGs.
5) En Pluripaña se fabrican armas (pistolas, fusiles, ametralladoras, cañones, misiles, barcos de guerra...) y hay gran preocupación política y social ante el riesgo de que un día una crisis del mercado armamentístico pueda obligar a cerrar algunas de esas fábricas, con la lamentable secuela de paro y crisis económica.
6) Esas armas se venden muchas veces a países gobernados por ex-militares golpistas y pendencieros, o a dictaduras cleptómanas y profundamente corruptas, pero confiando siempre en la promesa de que sólo se utilizarán para el progreso y la producción de bienes de primera necesidad de las respectivas poblaciones, palabrita del Niño Jesús. Nuestras armas de guerra no son para la guerra, declaró recientemente un alto gobernante pluripañol con su más beatífica sonrisa. Queda, pues, más que justificado que se sigan fabricando en Pluripaña tales armas.
7) Pluripaña también tiene policías y guardias que llevan pistolas y toletes y que saben usarlos, más o menos. Ellos dicen que son para defender a los ciudadanos y sus derechos, pero hasta el ministro que los manda anda con la mosca detrás de la oreja y declara que antes de llegar él al cargo andaban matando y torturando de mala manera en sus comisarías y cuarteles. Menos mal que ya no.
8) Un día en el país vecino se juntaron cien personas que querían atravesar la frontera con Pluripaña, echaron a correr y saltaron, todos a una, la valla que separaba los dos países. Los guardias que estaban en la frontera no pudieron pararlos a todos ni convencerlos por las buenas de que regresaran. Uno de aquellos extranjeros murió y los guardias recibieron críticas e investigaciones porque tal vez la causa había sido una pelota de goma lanzada por uno de ellos.
9) El gobierno progresista, con el apoyo de la mayoría social progresista, decidió que: a) pobres extranjeros, es una putada no dejarlos entrar; b) no dejarlos entrar; c) reforzar la frontera haciendo más alta la valla; d) enviar más guardias para que, sin herirlos ni poner en peligro su integridad, impidan, a mano, la entrada de nuevas oleadas de aquellos extranjeros.
10) Unos días después, se juntaron quinientos extranjeros, construyeron escaleras más altas, saltaron con ellas la valla y entraron a la carrera. Los guardias no pudieron parar, a mano, más que a unos pocos, y en el fragor de los choques, saltos y carreras murieron más extranjeros.
11) El gobierno y la sociedad volvieron a preguntarse si aquellos guardias no se estarían pasando y si no serían unos abusones de los pobres extranjeros, razón por la cual se decidió: a) hacer más alta la valla; b) enviar más guardias para proteger la frontera frente a las entradas en tromba de extranjeros; c) contratar a varios entrenadores de rugby para que enseñasen a los guardias las técnicas del placaje inocuo.
12) Al poco tiempo se juntaron mil extranjeros que, con escaleras más altas, volvieron a saltar la valla y a correr hacia territorio pluripañol, con el resultado de que algunos no lo consiguieron, pero muchos sí, y algunos más resultaron muertos.
13) A todo esto, los que conseguían rebasar a los guardias y penetrar unos metros en territorio pluripañol ya se quedaban en él, pues no podían ser devueltos ni reenviados al país desde el que habían saltado, ya que las autoridades de éste siempre declaraban “Santa Rita, Rita, lo que se da no se quita”. Se formó una comisión mixta para estudiar el significado enigmático del dicho aplicado al caso, pero tras meses de reuniones y después de consumir un alto presupuesto en viajes y dietas, llegó a la conclusión de que lo que los vecinos habían querido decir era “Al que Alá se la dé, Mahoma se la bendiga”. Hubo satisfacción general, pero ninguna recomendación adicional, más que nada para no herir sensibilidades multiculturales.
14) El gobierno, con amplio apoyo social, decidió: a) hacer la valla más alta; b) enviar al ejército a proteger la frontera, pero no porque el ejército tenga más armas o sepa usarlas mejor, que eso no cabe, sino porque se habían acabado los guardias disponibles y en aquellos días de frío las viejas apenas salían de casa y los soldados ya no tenían que ayudarlas a cruzar las calles; c) contratar a varios ex-jugadores de fútbol americano e incorporarlos el ejército con grado de subteniente.
15) Pocos días después se juntaron cien mil extranjeros al otro lado de la valla, construyeron ascensores y la rebasaron en masa. Los soldados, que eran unos diez mil, consiguieron parar a algunos, pero otros muchos pasaron. Murieron un buen puñado de extranjeros y unos cuantos soldados.
16) En esos mismos días, el gobierno y la mayoría social que lo respaldaba cayó en la cuenta de que por qué no los dejamos entrar libremente, si son nuestros amigos y aliados. A todos esto, estaba dicho gobierno trabajando con gran éxito en una iniciativa llamada Alianza de Civilizaciones.
17) Un periódico descubrió que la anterior política de fronteras de Pluripaña era fruto de una conspiración conservadora para sabotear la Alianza de Civilizaciones y para sembrar la división entre pueblos hermanos y fomentar la violencia entre las naciones.
18) El Ministro de Defensa y varios de sus asesores fueron ejecutados al amanecer, después de juicio sumarísimo.
19) El Presidente del Gobierno se convirtió al Islam a cambio del apoyo parlamentario del grupo inmigrante tras las recientes elecciones. Ha pedido perdón por sus pasados errores y jurado que no volverá a nombrar ministras. Dice que seguramente los anteriores fallos se deben a vicios constitutivos del sistema democrático y a las sucias maniobras conspirativas del imperialismo yankee. También ha decidido que en el plazo de un año todas las ikastolas habrán sido sustituidas por madrasas.
20) El pueblo ya no sabe cómo expresar su entusiasmo y no dice nada.

27 septiembre, 2005

CONCEPCIONES DE LA PENA Y FINAL NEGOCIADO DEL TERRORISMO. Filosofía - con perdón- de la pena para no juristas.

La posibilidad (?) de que ETA abandone las armas como resultado de una negociación con el Estado español (o lo que diablos sea esto), o, para ser más exactos, con su Gobierno, está poniendo de los nervios a tirios y troyanos. Unos porque creen que esa negociación es legítima; otros, que no. Unos porque piensan que es posible; otros, que no. Unos porque opinan que puede llegar a buen puerto; otros, que no. Unos porque confían en la buena fe o disposición sincera de los que mandan entre los macarras; otros, que no. Y así sucesivamente, todo un catálogo de discrepancias y desencuentros.
Otro de tales desencuentros se da a propósito del precio que, sin perder su legitimidad y razón de ser, hipotéticamente pueda el Estado pagar a los matones a cambio de que entreguen las armas. Entre las cosas que al respecto se ponen siempre en la balanza destaca la referida a la reducción o condonación de penas, amén de condiciones agradables –por ejemplo, estar cerca de ama y aita- para el cumplimiento de los que no recibieran por completo ese perdón. Y los partidarios y opuestos a que el cumplimiento de las condenas sea moneda de cambio en dicha negociación se acogen a alguna de dos opuestas filosofías del castigo penal. De eso quiero hablar brevemente y, a ser posible –la condición profesoral de uno es serio inconveniente para tan noble objetivo- con claridad. Y que los penalistas me perdonen por invadir su huerto, aunque sea sin cobrar y por puro afán de ilustrar al vulgo. No volverá a ocurrir (al menos lo primero), palabra.
Desde los orígenes del Derecho Penal moderno se vienen enfrentando dos concepciones diversas sobre los fines que justifican el castigo penal. Porque, no olvidemos, castigar penalmente a alguien, por ejemplo encerrándolo en una cárcel o quitándole de sus bienes a modo de sanción pecuniaria, supone hacerle a ese sujeto un mal. Y la causación de cualquier mal tiene que estar justificada, pues si no equivale a arbitrariedad e intolerable abuso. Así que la pregunta versa sobre qué razones justifican que a un individuo se le inflija ese mal, cualquiera que sea, en que el castigo penal consiste.
La respuesta más fácil y que a cualquiera se le ocurre a la primera está en mantener que ese mal de la pena es pago o retribución por el mal que el castigado, el delincente, previamente causó con su acción. El lema aquí podría ser el viejo aforismo de que “el que la hace la paga”. Fuiste malo, pues ahora toma, soporta esto. Estas son las llamadas –entre otras maneras, pero no seamos prolijos, pues hablamos para gente normal- teorías retribucionistas de la pena. La acción delictiva (por ejemplo, el matar, el robar, el calumniar, etc., etc.) supone introducir en el mundo una injusticia y, con ello, un desequilibrio entre dos sujetos, el que delinque y su víctima. Y la pena restablece ese equilibrio roto, reconduciendo las cosas a su sitio: tú hiciste un mal a Fulano y ahora te hacemos a ti un mal de alguna forma equivalente. Con las variantes que no vienen ahora al caso, esta era la justificación de la pena que daban filósofos de la enjundia de Kant o Hegel. Para Kant, por ejemplo, era obligación moral absoluta hacer que los delincuentes condenados cumplieran su pena, y ninguna excusa, consideración o conveniencia podrían bastar para eximir de esa obligación primera y crucial del Estado. En términos de hoy, y vulgarizando, podríamos suponer que, por tal razón, Kant estaría radicalmente en contra de toda exención o atenuación de penas de los etarras, hagan éstos lo que hagan y prometan lo que prometan.
Tales doctrinas retribucionistas han encontrado a lo largo del tiempo objeciones muy potentes. Una, la de quienes se preguntan qué bien es ése que consiste en causar otro mal, qué rara metafísica es ésa de que el mal que a mí me hizo Mengano se sana o compensa haciéndole otro mal a ese Mengano. La suma de dos males, afirman los críticos, no da un bien, sino dos males. Como quien dice, peor el remedio que la enfermedad; o igual de malo.
La segunda crítica se basa en la pregunta de cómo se calcula la proporción o equivalencia entre el mal causado por el delincuente y la pena con que lo debe pegar. Los autores clásicos, como los mencionados (otra vez con matices que aquí no importan), eran partidarios del “ojo por ojo, diente por diente”: si mataste, que te maten; si robaste, que te quiten otro tanto (¿o que te corten la mano?). Sí, pero ¿y sí injuriaste a alguien? ¿A cómo ponemos el kilo de injuria? Por imperativo constitucional, y según la doctrina también de nuestro Tribunal Constitucional, las penas tienen que ser proporcionales o proporcionadas a la gravedad del delito. Y por causa de esa desproporción, en opinión del Tribunal Constitucional, anuló éste hace años la condena a los Miembros de la Mesa Nacional de Herri Batasuna.
Y, como tercera crítica, mantienen los antirretribucionistas que, si de pargar por un daño se trata, por qué no se sustituye la pena por la indemnización a la víctima, pues ¿qué saca la víctima, como compensación por el mal sufrido, de que su ofensor esté en la cárcel o pague una multa al Estado? Así que menos penas y más indemnizaciones, podría ser la consigna.
A semejantes objeciones los retribucionistas responden que entonces qué hacermos, ¿acaso premiar a los delincuentes en lugar de castigarlos, para que a un mal no se sume otro? ¿O suprimimos los castigos penales y los sustituimos por otro tipo de medidas, de cariz no punitivo?. Esto es lo que proponen los llamados abolicionistas y es también la aspiración de mucha de la llamada Criminología Crítica. Sí que conceden los retribucionistas que la pauta no es la del ojo por ojo, sino la de una valoración, siempre relativa y socialmente condicionada, de los bienes en juego. En ninguna parte está escrito de antemano cuántos años de cárcel o euros de multa vale un ojo mío que me sacaron de un puñetazo, pero socialmente algún baremo habrá que sentar y aplicar. Y aplicar, la que sea, férreamente, sin concesiones y al margen de indemnizaciones civiles (que no se excluyen como complemento y con otra función) pues la deuda del delincuente no es sólo con la víctima, sino con toda la sociedad, a la que daña con su ejemplo e inquieta con su accion.
Así que quienes simpatizan con el retribucionismo tenderán a ver con ojos críticos el que el cumplimiento de las penas por los terroristas sea objeto de transacción. La pena es un deber absoluto, su cumplimiento es pago de una deuda con la sociedad y eximirla o atenuarla es defraudar a dicha sociedad y socavar sus más cruciales reglas de funcionamiento. Y nos podrían preguntar cosas tales como si también estaríamos dispuestos a perdonar a los violadores si nos prometen que no volverán a hacerlo y creemos que podemos confiar en su palabra; o a los maltratadores de esposas que se hayan arrepentido o den su lamentable lucha por perdida.
Y a esta pregunta los otros, los utilitaristas, responderían seguramente que por qué no, que qué ganamos con mantener encerrado, por ejemplo, a alguien del que con certeza supiéramos que no va a reincidir; que eso es puro afán vengativo, cosa poco civilizada. Estas teorías utilitaristas o preventivas de la pena nos explican que lo que justifica el castigo no es el empeño de que el delincuente pague por su maldad, sino que ha de tratarse de un objetivo más práctico y social, un objetivo funcional: que él no vuelva a hacer lo que hizo y/o que no caigan los demás en idéntica tentación de cometer una acción así. Esas doctrinas se llaman de prevención especial cuando resaltan que la función de la pena, o su función principal, es disuadir al autor del delito, para que no reincida; y se denominan de prevención general cuando insisten en que dicha función básica consiste en informar al conjunto de la sociedad de que tal cosa no puede hacerse impunemente, disuadiendo así a todos, o al menos a muchos, de semejante propósito.
Puesto que para estas teorías utilitaristas la pena sólo se justifica por esos sus resultados, ocurren dos cosas importantes. Una, que si una determinada pena no sirve a semejante fin de disuadir al delincuente o a la sociedad, pierde su legitimidad. Si, por ejemplo, aplicando mano dura penal a los terroristas ni los condenados se arrepienten ni el terrorismo disminuye, la pena en cuestión habría que replanteársela. Y la otra, que una vez que estuviéramos seguros de que los actos odiosos no se van a repetir, por ejemplo porque todos los terroristas han dicho, de modo creíble, que no volverán a atentar, ya no habría base para mantener el cumplimiento de dichas penas o inconveniente para rebajarlas.
A esta postura los retribucionistas la atacan aduciendo, por ejemplo, que hace de asunto tan serio una pura cuestión de precio, pues si tú me aseguras que no vuelves a matar y que tampoco lo harán tus amigos, yo te pago con el perdón y te vas de rositas, o habiéndote costado muy baratas las vidas que sacrificaste. A lo que replicarán los otros que si acaso es preferible empecinarse en que la pena ni se compra ni se vende ni importan los efectos sociales de lo uno o lo otro, de forma que asumimos que por no perdonar hoy a los que mataron ayer a cien puedan otros, o los mismos, matar mañana a doscientos. A lo cual, a su vez, los retribucionistas contestarán que un Estado es una cosa seria y no una lonja o una casa de citas, y que la moral social se disuelve cuando se ve que cualquier cosa, y hasta los delitos más graves, se sana y se perdona si los delincuentes tienen fuerza bastante para chantajear al Estado y a sus gobernantes con sus amenazas.
Y así sucesivamente. Quédese el paciente lector con la teoría que más le guste. Permítaseme sólo añadir, para cerrar, que estas dos posturas se enlazan bien con dos opuestas opiniones sobre lo que debe ser la ética del gobierno y la acción pública. Se trata de las llamadas ética de principios o convicciones (Gesinnungsethik, que dicen los alemanes. Toque pedante que nunca viene mal en estos tiempos de culto a la apariencia), por un lado, y ética de la responsabilidad (Verantwortungsethik), por otro. La primera nos enseña que la práctica política tiene que estar guiada por principios firmes e innegociables, de modo que, pase lo que pase, un gobierno no debe apearse de la moral de fondo que lo inspira; no caben transacciones, concesiones ni chalaneos, aunque lo que se reciba a cambio sean bienes o ventajas sociales. Fiat iustia, pereat mundus. O: después de mí el diluvio. Un gobernante de talante así dimitiría antes de hacer lo que tienen por indebido, lo que contraría las convicciones que considera ciertas y orientadoras de su acción. Maldición, ¿por qué he dicho talante?
En cambio, los que sostienen que la ética propia de la política es la ética de responsabilidad entienden que un gobernante debe valorar sus alternativas por lo que valgan sus consecuencias. Así que si de una acción política moralmente discutible o contraria a principios que por regla general se deben defender, se derivan consecuencias buenas para la sociedad, en términos de mayor bienestar, mejor seguridad, más felicidad, en suma, bien está incurrir en la inmoralidad aquélla, pues lo que de mal supone se sana o contrapesa por las ventajas que reporta.
Casi todos los partidos propugnan una ética de convicciones cuando están en la oposición y practican una ética de la responsabilidad cuando alcanzan el gobierno. That´s life.