10 junio, 2008

¿Aló? Aquí el teléfono del maltratador

Un día de éstos me voy a declarar en huelga de comentario caído. Qué blog ni qué gaitas. Empiezo a ponerme paranoico y a ver en todas partes signos de una conspiración mu mala. Porque lo que está pasando no puede estar pasando de verdad. No, lo hacen para que en los blogs y demás webs nos obcequemos y embistamos y para decirnos luego aquello de tontín, has picado, era broma, jeje. Por otro lado, si lo que ocurre, ocurre de veras, que le den por el saco al mundo y allá cada cual se las componga. Cuantos más tarados meten en un Gobierno, más simpatías despierta; cuantas más gilipolleces hace un Gobierno, más encantado se muestra el pueblo con unos políticos tan in, tan cool, tan guais. Que se vaya a la porra el pueblo. Once millones de moscas no pueden equivocarse, vota mierda. ¿Cómo dice usted? ¿Que fueron veintiuno o veintidos los millones de moscas? Tiene razón: vota mierda.
Por ejemplo, estoy segurísimo de que la mayoría de las compatriotas y los compatriotos andan encantadas y encantados con ese engendro llamado Ministerio de la Igualdad. Uy, hija, qué cosa tan progresistísima. Va a haber un antes y un después en la historia de la mujer en este país. Fijate tú, Marilú. ¿Que la Menestra no sabe hacer la o con un canuto? Chica, pero es que tampoco la han puesto ahí para andar con canutos, sino de florero ideológico, para confirmar a los de IU que se cambiaron de cama que fíjate qué bien y que estamos salvando a la izquierda frente al embate derechoso insoportable y violentísimo.
Tiene co/ajones la tipa. Suelta lo de miembra y luego se disculpa con que así se dice en ciertos lugares de América Latina que no especifica. Mentira. Lo que pasa que si no inventa palabros, a ver qué carajo/coño hace. No hay más que fijarse en las medidas que, al parecer, va a poner en marcha su Ministerio. Gilipolleces/chuminadas como la copa de un/a pino/a. Pero a mí lo que más me excita es lo del teléfono del maltratador. Ideal de la muerte. Hoy en día se ponen teléfonos para todo. Y observatorios. ¿Para cuándo el observatorio del maltratador? La imaginación al poder.
Los martes tengo visiones y capto el futuro, no sé si se lo había comentado a ustedes alguna vez. No puedo evitarlo. Hoy lleva toda la mañana persiguiéndome el runrún de las primeras llamadas al teléfono del maltratador. Se las trancribiré tal cual, a ver si me libro de ellas.

Conversación 1.
- Buenos días, aquí el teléfono para hombres maltratadores. Le habla Venus, ¿en qué puedo ayudarle?
- Verá usted, estaba yo a punto de partirle la crisma a mi santa y me dije: hombre, voy a llamar primero al teléfono este que han puesto nuevo.
- Cuénteme, ¿cuál es su problema?
- No, problema ninguno, que me dan unos ataques con mi mujer, que de hoy no pasa.
- Pero usted ha llamado aquí, eso es buen síntoma.
- Sí, yo es que llamo por si me dan alguna idea para hacer que desaparezca el cadáver.
- ¿A qué cadáver se refiere?
- Al de mi mujer, pues cuál va a ser.
- No lo diga ni en broma.
- Pero, vamos a ver, ¿este no es el teléfono que puso el Gobierno para ayudar a los maltratadores?
- Sí, señor.
- Pues ahí está. Yo soy un maltratador y quiero que me ayuden con lo del crimen perfecto. Lo tengo todo pensado menos lo del cadáver.
- No, no, no. Yo debo convencerlo a usted para que no practique la violencia de género con su cónyuge.
- ¿Mande?
- Nada de matar ni de pegar.
- Y entonces para que se supone que los llamo a ustedes, ¿para hablar del tiempo?
- Para asegurarse de que no hay que practicar la violencia de género.
- ¿Mande?
- Que no se mata ni se pega a las mujeres.
- Vale. Pero ¿usted cree que si la tiro al río con unas piedras en los bolsillos saldrá a flote muy pronto?
- Señor, creo que usted necesita una terapia urgente y yo se la puedo brindar.
- ¿Mande?
- Para compensarle el desarreglo psicomotriz que le empaña la percepción de su ego masculino en armonía con los fluidos cósmicos.
- ¡Anda ya!
- Cierre los ojos.
- ¿Cómo dice?
- Que cierre los ojos.
- De acuerdo, ya está.
- ¿Tiene las manos libres?
- Bueno, me estaba rascando las ingles, pero si quiere lo dejo.
- Ponga en contacto las yemas de sus dedos pulgar e índice de cada mano. ¿Está?
- ¿El pulgar es el gordo?
- Sí
- Pues ya está.
- Con los ojos cerrados.
- Ondia, se me olvidaba.
- ¿Listo?
- Listo.
- Ahora repita conmigo: eimmmmmmm, eimmmmm, eimmmmm. Tres veces.
- Eimmmmmmmm, eimmmmmm, eimmmmmm. Tres veces. Ya está.
- ¿No se siente mejor ahora?
- Uy, sí, mucho mejor.
- ¿No nota como si se le hubiera quitado un peso de encima?
- Ya lo creo.
- Ya ve que no era tan difícil.
- Tiene usted razón, no sé por qué no se me ocurrió antes. Lo he visto clarísimo. Enterrada en la carbonera.
- ¿Cómo dice?
- Nada, nada, cosas mías.
- Bueno, ya sabe donde nos tiene si se vuelve a presentar la ocasión.
- Vale, muchísimas gracias. Y recuerdos a don José Luís.
- Se los transmitiré de su parte.

Conversación 2.
- Buenos días, aquí el teléfono del maltratador. Le habla Deysy.
- Yo quiero hablar con un tío, mecagoentó.
- Cuénteme a mí lo que le pasa.
- Pues que tentado estoy de darle un par de cachetes a la parienta.
- No debe hacerlo, ni se le ocurra.
- ¿Ves? Lo que yo le decía. Pero ella burra y burra y que por qué no le atizo en la rabadilla como hacen en las pornos.
- ¿Se refiere usted a las películas pornográficas, caballero?
- Sí, a las pornos. Antes las veíamos juntos, pero la Juani, mi mujer, coge todas las mañas y no me deja vivir.
- Dígale a su esposa que ésos son espectáculos degradantes para la mujer.
- ¿Degraqué?
- Degradantes.
- Ah. Bueno, como le iba diciendo, doña Bety
- Deysy.
- Eso. Pues que mi señora insiste en que le arree cachetadas en el culo mientras practicamos el sexo, pero a mí me da cosa.
- Es usted un varón ejemplar, muy bien.
- Gracias, ¿pero, entonces, no debo atizarle un poco para que le guste?
- ¿A qué se refiere usted exactamente?
- Pues mire, doña Deysy, a que según ella está en pompa y yo ataco desde el sur, le dé así con la mano abierta en las posaderas.
- ¿En las posaderas?
- Sí, mujer, en las nalgas. Pero sin hacerle daño.
- ¿Y a ella le gusta?
- Se pone como loca.
- ¿Y le da usted muy fuerte?
- Bueno, mucho, mucho no.
- ¿Con las dos manos?
- Esto..., pues unas veces con una y otras con la otra. Más con la derecha.
- ¿Y ella gime?
- ¿Cómo que si gime?
- Así: ummm, ahhhh, aaaaay, ohhh.
- Más o menos. Oiga, ¿se encuentra usted bien?
- Sí muy bien. Eres un encanto.
- Pues, esto... gracias. En fin, ya llamo otro día un ratito más.
- No, cielo, espera. Cuéntame qué le dices mientras le das palmadas en el culo.
- Pues qué quiere que le diga, que no sé a quién salió tan guarra.
- ¿La llamas guarra, mi amor?
- Bueno, es en confianza.
- Llámame guarra a mí, anda.
- ¿Cómo dice?
- Que me llames guarra y me digas que me vas a azotar un poquito en el trasero el día que nos veamos.
- Oiga, señora, que usted se confunde. Voy a colgar.
- No por favor, que ya falta poquito.
- Descarada, fresca, cerda.
- Ay, así, así, sigue.
Clic.

PD.- Sí, ya sé. Me la he vuelto a cargar. Caerá sobre el que suscribe la furia incontenible de las vestales y los vestalos de la corrección política. En cambio lo de la Aído no son chistes, ¿verdad? Manda narices. Qué país.

3 comentarios:

rogelio dijo...

Veo que sigue tomándose a chufla la creatividad del padre de la Alianza de Civilizaciones y sinceramente no me parece serio por su parte.

Sr. Profesor ¿ es que aun no se ha enterado del último PROYECTO ESTRELLA del Misterio de Igual Dá ?: Va a proponer que se apruebe el término "MIEMBRA", para designar al miembro femenino, que supongo no se estará refiriendo a la cosita de las chicas sino más bien a la integranta femenina de un grupo dado.

Pobres miembros y miembras de la RAE, la que se les viene encima con Bilbaina, van a tener más trabajo en esta legislatura que en el tiempo transcurrido desde que le dieron la primera capa de barniz a esos lustrosos sillones.

De haberse olido esta tostada Fernando Fernán Gómez habría estirado su andadura por este valle de lágrimas para poder mandar a alguien al mierdo.

roland freisler dijo...

Muy bueno Rogelio y Rogelia.

Hans dijo...

Sensacional. Sensacional. Qué precisión descriptiva, Maestro.