13 febrero, 2014

¿Nacionalistas contra las fronteras?



Hace unos días sucedió la gran desgracia de Ceuta, cuando varios inmigrantes africanos intentaron cruzar a nado la línea fronteriza entre Marruecos y España y varios de ellos murieron ahogados. Es muy triste y lamentable el suceso y nos puede dar para hablar largo y tendido sobre docenas de asuntos importantes. Pero lo que me resulta llamativo es lo siguiente. He visto a algunas personas de talante progresista, o que por tales se tienen, lamentarse de ese efecto cruel de las fronteras y pedir, o poco menos, que no se reprima a los que, buscando una vida digna, intentan cruzarlas. En mi modesta condición de poco amigo de los estados-nación y de simpatizante del cosmopolitismo, puedo estar muy de acuerdo con ese deseo de fondo, si bien para no caer en el caos absoluto, en xenofobias violentas y en disturbios de mil tipos, habría que ir constituyendo ese Estado mundial en el que rigiera la igualdad de derechos entre todos sus ciudadanos, los ciudadanos del mundo, y el derecho de cada uno a la libertad de movimientos dentro de todo el territorio… mundial. 

Pero da la casualidad de que algunos de ésos de aquí que parecen estar contra las fronteras y contra la represión de los que quieren cruzarlas sin papeles, simpatizan bastante con variados nacionalismos. Habrá de todo, pero estos amigos de los que hablo, que son o se tienen por progresistas y bien a la izquierda, no ven modo de acogerse al nacionalismo español, pero sí regalan sus simpatías al nacionalismo vasco, catalán, gallego… Muchos de ellos desean o no juzgarían con malos ojos que Cataluña o el País Vasco se convirtieran en estados independientes. Y ahí viene mi pregunta: si el objetivo se cumpliera y, pongamos, Cataluña fuera Estado soberano y perfectamente independiente, ¿tendría fronteras? Simbólicamente o jurídico-formalmente sí, por supuesto, no puede ser de otra manera. Pero preciso más la cuestión: ¿esas fronteras las podría atravesar en perfecta libertad y sin ser rechazado cualquiera que sin los correspondientes permisos de ese estado quisiera entrar, sin rechazado incluso por la fuerza cuando por la fuerza se hiciera el intento de pasar?
Si esos amigos me contestan que sí, que en efecto, que podría entrar quien lo quisiera y que se abstendrían los encargados de la vigilancia fronteriza de usar, para impedirlo, cualquier medio represivo y hasta abrirían las puertas de par en par para que nadie tuviera que arriesgarse a morir al ir a nado de una playa extranjera vecina a una playa catalana, mi admiración será total, pero mi perplejidad todavía será mayor. 

No conozco ni se me ocurre que pueda haber ningún estado soberano que no limite la entrada de extranjeros por sus fronteras, especialmente de extranjeros que quieran quedarse y que no lleven dinero, sino que vayan a intentar ganarlo. Porque los Estados se hacen, entre otras cosas, para eso, para que se pueda diferenciar en derechos a los nacionales y a los extranjeros y para que los extranjeros no puedan estar a su antojo, cuando les dé la gana y sin control ni límite en ese territorio que es de los nacionales, que para eso son nacionales y están encantados de serlo y pelearon por eso. 

¿O es que si es el Estado español el que no deja pasar a los senegaleses, por ejemplo, es un Estado malvado e inhumano, mientras que si fuera el Estado catalán o vasco no habría nada que decir?
Insisto, a mí me agradaría que mis hijos o mis nietos en si día vivieran en un mundo sin fronteras y donde las naciones, sean lo que sean, no fueran estados, un mundo donde no hubiera extranjeros y nadie fuera tratado como tal en lugar alguno, donde la ley, bien justa y respetuosa con cada individuo, fuera la misma para todos y a todos tratara ecuánimemente, aunque bien sé que lograr ese sueño no es labor de un día. Por tanto, no estoy defendiendo las fronteras ni las soberanías estatales que las necesitan ineludiblemente. Lo que me planteo es nada más que esto: ¿se puede estar contra las fronteras españolas o francesas o belgas o finladesas y, a la vez, ser partidario del nacimiento de un nuevo Estado soberano? ¿Se puede querer algún Estado nuevo y, al tiempo, pensar que en él no habrá extranjeros ni serán reprimidos los que intenten entrar a buscar mejor vida, sean mil o sean un millón?

Puede que esté un servidor muy obcecado y no sepa ver la profunda congruencia de tales amigos nacionalistas que defienden la libre inmigración declarada o tácitamente consentida (por ejemplo, poniendo muros en la línea fronteriza, pero no evitando que los que quieran los salten sin peligro para su integridad física). Si es así, ruego explicación y que, quien tenga paciencia, me aclare esta duda. Quedaré muy sinceramente agradecido, palabra de honor.

4 comentarios:

Juan Carlos Sapena dijo...

Sucede que el nacionalismo camina de espaldas y con los ojos vendados.
Como ideología, siguiendo a Althusser, podemos ubicarlo en la mente de sus seguidores y verlo realizarse en la medida en que sea utilizado por ellos en los usos sociales. ¿Quiere decir ésto que no existe o que no tiene una sólida consistencia, que no podemos considerarlo manifestación política?
Bueno, una ideología es una relación imaginaria que establecemos con la realidad. Es decir, se origina en el sujeto (en su mente) y se intenta aplicar a la realidad, no precisa de un poder, ni el poder interviene o interactúa con la ideología necesariamente. Una política, sea cual sea la definición que adoptemos, sí que necesita ese poder porque o bien es fruto, consecuencia, del mismo o se desarrolla junto al poder o es una función del Estado, que es el poder.
El problema lo encontraremos en el propio Estado. Los Estados actuales ya no pueden ser considerados Estados redistribuidores porque en ellos los órganos de poder político-jurídicos están supeditados al poder económico y éste solo se dirige por la ganancia, por la ley del capital.
El Estado no negocia los conflictos de la sociedad, no interviene en ella. El Estado solo administra la inseguridad y el miedo, es un Estado meramente policial donde las formas de dominación y control son la política (entendida como ejercicio del poder)
Colocar aquí el nacionalismo subvierte el sentido expuesto antes (del sujeto a la realidad) porque la política tiene el sentido contrario (parte de una realidad aparente y trata de que el sujeto la admita como real) El estado actúa de espaldas a los sujetos, no es receptivo ni conciliador.
Ésto supone el fin de la ideología. Un Estado catalán independiente acabaría con la ideología del nacionalismo catalán.
Entre otras cosas, éste es el mayor impedimento que yo le veo a los nacionalismos, que aunque anuncian un pasado mejor al que hay que tender, cuando lo alcanzan se extinguen. Yo les llamo ideologías de paso, también se puede entender que las políticas nacionalistas son mentira, simplemente. Los partidos nacionalistas están supeditados al suicidio ideológico porque, en realidad, están igual de subordinados a los intereses económicos cuyo fin es un marco que les posibilite mayores ganancias (o menos reparto)
Sirva lo anterior para el caso catalán. Para los demás casos, como bien apunta usted, profesor, habría que cambiar antes el concepto de Estado, e incluso el de política. Que no digo que no pueda ser, pero sería en otro mundo, en éste no lo veo, de ahí mi escepticismo hacia los nacionalismos en general y hacia el cuento chino catalán en particular.

PD: Aún así, que hagan lo que les parezca, ojo.

Betawriter dijo...

Es bastante sencillo. Marketing: captar clientes ingenuos para obtener una masa crítica y unos objetivos concretos. Una vez logrado, cualquier parecido con lo anunciado es mera coincidencia, pero ya no te devuelven el dinero.

Saludos.

Juan Carlos Sapena dijo...

Vamos a ir un poco más allá, desarrollando la idea que intuyo en el texto del profesor:


Los nacionalistas catalanes no quieren un Estado catalán, éso es lo que quieren los políticos nacionalistas catalanes. Los nacionalistas (ideológicos) querrían otro Estado, conciliador, donde la política se defina por sí misma y no como el ejercicio del poder.
La resaca post constituyente, si se realizare, hará que se derive hacia un Estado totalitario y que se frustren las expectativas de los que ahora vitorean a esos políticos. De otro modo, las masas (ahora) nacionalistas serán el enemigo, los disidentes, del nuevo Estado catalán.

Ahí lo dejo. Me apunto la fecha.

roland freisler dijo...

Coño ya podía avisar que el libro no está todavía disponible en librerías, al menos en La Universitaria. Me he quedado de "mono".