07 febrero, 2006

CULTURAS/CIVILIZACIONES: ¿TODAS IGUALES?

Llego de mi Asturias, patria (¡?) querida, cavilando. Y me pongo, cansado, a perpetrar un post que supongo que me dará para debatir más de un rato con tanto amigo de los que cada día hacen más agradable y formativo, para mí, el debate. Es tarde y también conviene cenar, así que voy al grano y hago el argumento sucinto, sin perjuicio de ulteriores ampliaciones cuando me lleguen las primeras estocadas.
Enunciaré de mano la tesis central: no todas las culturas son iguales en valor, no todas valen lo mismo, las hay mejores y peores. Conozco bastante bien los debates en filosofía política entre individualistas y comunitaristas y entre universalistas y relativistas culturales. Pero hago abstracción por ahora de la cosa doctrinal y paso directamente a tomar partido por algunas causas. Al afirmar que no todas las culturas (o civilizaciones, me permito aquí y ahora usar los dos términos como intercambiables, aunque quepan precisiones analíticas que marquen diferencias) son igual de valiosas estoy pensando, por ejemplo, en que la moderna cultura occidental, ésta en la que estamos los que aquí hablamos, es superior, y desde múltiples puntos de vista preferible, a la cultura del paleolítico, o a la cultura europea de la Alta Edad Media, por poner dos ejemplos bien contundentes.
Por supuesto, toda comparación se hace por relación a un referente, a un patrón de medida. Y es necesario explicitarlo. El patrón que yo estoy tomando aquí adopta como eje al ser humano y atiende principalmente a dos cuestiones que le conciernen: la calidad material de su vida (índices de mortandad, niveles de sufrimiento físico, número de años de perspectivas de vida, nivel de satisfacción de necesidades físicas primarias, etc.) y el grado de libertad de todo individuo –con independencia del sexo, el nacimiento, la apariencia, etc.-, entendida como capacidad para elegir la forma de vida y los valores que la inspiren. Esto requiere, sin duda, desarrollos más amplios, pero creo que podemos entendernos, por el momento, dejándolo así expresado.
Pues bien, si por esas dos razones combinadas la civilización moderna occidental es superior a sus antecesoras inmediatas o más alejadas, es superior también a todas las culturas contemporáneas, actuales, incluida la islámica: porque en estas otras culturas, como la islámica, el dominio absoluto de una religión, elevada a religión de Estado excluyente y exclusiva y que da pie a auténticas teocracias, imposibilita el tipo de desarrollo social y de actividades que permiten tanto el progreso material –repito, hablo de aportaciones de la ciencia para nuestra calidad y posibilidad de vida, no de otras cosas- como la libertad de espíritu, que va ligadada siempre a la tolerancia y a una reconducción de la religión al fuero interno de las personas.
Pensemos en por qué nos espanta la pretensión de los creacionistas norteamericanos de someter la enseñanza y la ciencia estadounidenses –y de todas partes, si pudieran- a la censura y el filtro de su compatibilidad con el tenor exacto del Antiguo Testamento: porque significaría paralizar la posibilidad misma de que se desarrollen ciencias como la paleontología y determinadas ramas de la biología, probablemente, como la genética. Y no digamos nada de lo que supone en términos de marcha atrás de conquistas tales como los derechos de la mujer. Las consecuencias de su triunfo se presentarían como retroceso científico general, y de ciertas libertades, lo que conduciría a daño inmediato para nuestra calidad de vida. Porque supongo que nadie me negará que hay más y mejor calidad de vida allí donde se deja, por ejemplo, a la medicina (médicos y médicas, ojo) avanzar en los métodos de curación de enfermedades o a la ingeniería en la construcción de puentes o de edificios más seguros y baratos. Si negamos eso, poco nos quedará por debatir. Pero, eso sí, que me lo niegue uno que vaya a pie, pase de quirófanos y viva en chozas; o que si tiene un cáncer prefiera ir a que se lo vea el chamán de alguna tribu o ponerse a orar al dios de la salud.
Pues ése es el problema de gran parte de las culturas contemporáneas, comenzando por la islámica, ya que se trata de culturas que no han pasado por esa experiencia capital que en otros lugares, también regidos por una religión monoteísta del Libro, han posibilitado la eclosión simultánea del conocimiento libre y la autodeterminación personal, sobre la base de una idea de verdad independizada de los textos del Libro y de una concepción de la dignidad personal que arranca de la libertad de conciencia, base de la autonomía personal. ¿O acaso los reparos que aplicamos a los creacionistas no nos sirven para otras cosmovisiones limitadoras y de efectos equivalentes o peores?
Sentado lo anterior, la pregunta es qué hacer en la situación presente, cómo debe comportarse esta cultura nuestra a día de hoy. Mi respuesta primera es ésta: debe, en primer lugar, procurar la universalización de esas dos enormes conquistas civilizatorias, ciencia libre y conciencias autónomas. Esto equivale a que los que creemos en estos valores de fondo de nuestros sistemas sociales debemos congruentemente ansiar su disfrute por toda la humanidad, al margen de razas, lenguas, naciones, culturas y religiones. Yo deseo firmemente y con absoluta convicción que cualquier niño o niña que en este momento esté naciendo en Pakistán, Indonesia, Bolivia, Tahití o Sierra Leona tenga exactamente las mismas posibilidades, las mismas, de llegar a viejo y de decidir qué quiere ser de mayor que tendrá el niño que ahora mismo esté naciendo en León, Madrid, Bruselas o Helsinki.
¿Y cómo lo conseguimos? Esta pregunta nos conduce a mi segunda respuesta. Sentado el qué, hay que ver el cómo: pacíficamente y mediante el diálogo intercultural. Y en ese diálogo intercultural tendrá también nuestra cultura que ceder y cambiar en multitud de cuestiones que no tienen que ver con las esencias antes mencionadas: verdad empírica, ciencia secularizada y libertad de espíritu. El mestizaje, el intercambio, la evolución, son buenos y enriquecedores para todos y por definición. Ahora bien, decir diálogo es decir mucho. La orientación al diálogo es una actitud (y requiere también una aptitud), es una disposición de ánimo, un talante, incluso. Y el problema estriba en que dos no pueden dialogar cuando uno no quiere, cuando se muestra inflexible; o cuando el otro se muere de miedo por la violenta fiereza de su interlocutor. El diálogo con Torquemada y sus más radicales secuaces en los tribunales de la Inquisición me temo que era imposible. A los inquisidores no los venció el diálogo, los derrotó el Estado moderno desde la filosofía ilustrada que lo alimentó en sus orígenes. Sin un componente mínimo de esa filosofía y de esa praxis, que lo fueron de la tolerancia, al menos tolerancia de mínimos, no hay posibilidad real ninguna para esos niños de los “otros mundos” que antes mencioné como ejemplo. Traducido a términos más prácticos, lo anterior significa que la necesaria disposición al diálogo por “nuestra” parte tiene que estar alimentada de convicciones humanísticas, no de escepticismo radical, autocrítica enfermiza (subrayo el adjetivo) y relativismo cultural extremo, ése que proclama que cuentan más los grupos que los individuos, y que cualquier cultura es tan buena como cualquier otra (incluidas, si queremos ser consecuentes, nuestra cultura teocrática medieval) y tan conveniente, por tanto como ésta que hoy aquí vivimos.
Respeto total al otro, sí, pero al otro por ser humano, y respeto al otro que muestre una mínima disposición a respetar al ser humano, en su cultura y en la nuestra; respeto al ser humano por encima de su religión, de su raza, de su lengua, de sus costumbres, de cualquier cosa que pueda convertirse en jaula que encierre irremisiblemente su libertad. Esto significa reciprocidad, y equivale, con un ejemplo sencillo, a que de la misma manera que aquí debemos aceptar al que decida convertirse en musulmán o irse a vivir a la selva con los indígenas y a su manera, allá se debe respetar igualmente al que desee mutar sus creencias o elegir otra forma de vida. Toda cultura que quiera imponerse a la fuerza sobre sus miembros es una cultura opresiva, y así debe ser llamada y así debe ser tratada. Ojalá mañana aquí convivan cien iglesias y sin forzamiento ninguno, tampoco para los ateos; ojalá mañana así sea también en Pakistán, Indonesia, Sierra Leona o el más escondido paraje amazónico.
Hasta aquí he hablado de ideas e ideales. Toca ahora referirse a la práctica. Me parece que es urgente que sentemos una distinción fundamental, la distinción entre propósitos y ejecuciones. Los errores de ejecución o las traiciones que en el seno de nuestra civilización han padecido y padecen tales ideales de fondo, que nos definen como cultura, no son indicio de maldad congénita de la misma, sino muestras de eso, de errores y traiciones. Que el poder supremo en esta civilización lo ostente en estos momentos un cafre fanático como Bush no es señal de que sea esta civilización el colmo de la perversidad, sino de que padecemos graves desajustes internos o de que se nos están disolviendo peligrosamente nuestros propios principios. Pero la solución es corregir esos desajustes en nombre de los mismos ideales que nos dan pie a la crítica frente a Bush, o frente a la guerra de Irak, o frente al doblez moral de ciertas multinacionales petroleras; no tirar por la borda, por culpa de esos sujetos, de esas empresas o de determinado país, todas las conquistas civilizatorias, ésas que nos han permitido descubrir vacunas, explorar el espacio, avanzar en la igualación jurídica y social de las mujeres o acabar con la esclavitud.
Mientras conservemos la fe en lo valioso de la filosofía de fondo, podremos corregir tantos errores o incongruencias entre teoría y práctica de los derechos humanos, por ejemplo. Pero si renunciamos a las convicciones, al grito de todo da igual o persuadidos de que nuestro mundo es el peor de los posibles, todo estará perdido y volveremos al imperio libérrimo del fanatismo, la opresión y la fuerza. Si por lo que este mundo ha hecho tan mal (colonización, descolonización, capitalismo salvaje, guerras por interés meramente económico, retorno de la tortura –que aquí y sólo aquí está vetada y que aquí y sólo aquí podemos volver a exterminarla-) nos abandonamos a creer que son mejores, o igual de malos, esos regímenes primitivos, cleptómanos y fanáticos que imperan, por ejemplo, en gran parte del mundo islámico, no lograremos el ideal de universalizar los más básicos de esos que llamamos derechos humanos; conseguiremos sólo que tampoco rijan aquí, ya sea porque nos venza el fanatismo de fuera, ya porque ganen la partida los fanáticos antiilustrados de dentro.
Nuestra cultura ha incurrido en practicas odiosas que primero han dejado a las otras gentes en la miseria material y moral y ahora están sirviendo de coartada para los que allá quieren perpetuar la dominación más cruel y la extirpación de todo asomo de libertades individuales. Eso es rigurosamente cierto. Pero la solución no está en renunciar a ella y abandonarse al retorno de los dioses sanguinarios y los sátrapas que los invocan. La solución está en perseverar en ella para que, desde ella, podamos, mediante el diálogo, ayudar a la liberación de los que no pueden elegir sus dioses, o su oficio, o su orientación sexual, o la persona con la que quieren casarse. Pero ese diálogo ha de ser tan abierto en las formas como firme en lo irrenunciable. Porque es de miserables proclamar aquí las virtudes liberadoras del matrimonio homosexual, por ejemplo, y añadir que merece el mismo respeto una cultura en la que los homosexuales sean apadreados o ahorcados. Pues la culpa de que se les hagan tales cosas, por seguir con el caso, no es exclusiva de ni de Bush ni de la colonización ni de las multinacionales; es, en gran medida también, de la maldita mezcla de religiosidad premoderna y de dictadura sanguinaria en que han ido a parar esas otras culturas. ¿O acaso no es mejor para cualquiera, de acá o de allá, vivir en EEUU, pese a Bush, que en Arabia Saudí -salvo que se sea familia del jeque de turno y se venga cada veranito de putas a Marbella- o Afganistán, pongamos por caso? Pues debe llegar el día en que se pueda morar con la misma libertad y la misma esperanza de vida en un lugar que en otro. ¿O no? Si estamos de acuerdo en eso, podremos debatir luego sobre táctica y estrategia para lograr la liberación de todos y ver, por ejemplo, cuánto y hasta cuándo se debe excepcionar la libertad de expresión para no ofender a los dioses de otros. Si no, no hay nada más que hablar. Y cuando no se quiere o ya no se puede hablar, la violencia reemplaza a la comunicación, gane quien gane.

Una frase de Goethe. La vida sigue igual.

Un colega y, sin embargo, muy querido amigo me remite esta frase de Goethe:
"En esa época vemos a toda una serie de personas más o menos destacadas, pero ni rastro de una orientación compartida o de unos intereses en común: cada cual vivía encerrado en sí mismo y siguiendo su propio camino, sin participar en lo más mínimo en las aspiraciones que movían a los demás. A mí me parecen bolas de billar que recorren ciegamente el tapete verde sin saber nada las unas de las otras y que, cuando por fin chocan entre sí, no hacen sino alejarse aún más". Fin de la cita.
Talmente parece que está hablando de aquí ahora mismo. Se ve que en todas las épocas se cuecen habas.

06 febrero, 2006

Impresiones pluriculturales de mi hijo en Dinamarca

ESTO ME ESCRIBIÓ MI HIJO AYER. ESTUDIA EN DINAMARCA. LO PUBLICO CON SU PERMISO, CLARO. Y NO LO PONGO CON NINGÚN PROPÓSITO CONCRETO, SINO POR LO SIGNIFICATIVO QUE RESULTA, SIN MÁS. SIGNIFICATIVO DE DISTANCIAS Y MUTUOS DESCONOCIMIENTOS QUE SÓLO ASÍ SE PUEDEN SUPERAR, CON LA CONVIVENCIA Y EL ENTREMEZCLAMIENTO REAL.

Vivo con 3 pakistanÍes y un indio musulman. Paso de preguntarles, la verdad, porque me temo que quienes más lamentan todas esta movidas son ellos... estando aquí ahora. Lo que sí es triste, incluso en esta gente, que es gente culta (para sus standares el menos... están en Europa estudiando una carrera, cosa que no es poco), es el profundo desconocimiento que tienen de Europa. Y lo que es peor, hay uno que cree saber, pero el pobre no sabe... Se me "lamentaba" un dÍa de cómo en España (ay, ay, qué sabrás de España, hombre) es una lástima que la mujer trabaje, porque se pierden las tradiciones y no se qué mandangas más. Resulta tambien que lo del matrimonio "apañao", como digo yo, es una manera de proteger a la mujer. De quién, o de qué, pregunto yo. Insisto, son buena gente. Pero se huele, se huele -incluso en éstos que han tomado la iniciativa de venir a Europa- un desconocimiento profundo. No digo irrespetuoso, pero simplemente ignoran sin saberlo. Porque cuando se les aclara o explica, lo aceptan con"ohh, ahh".
Recuerdo una vez que el indio, el más majo de todos, me preguntó: ¿en España puedes casarte con quien quieras? Tras unos segundos de reflexión y varios chistes malos que me pasaron por la cabeza, del estilo de "bueno, o con quien se deje", opté por el simple "sí". "¿Y lo que digan tus padres no importa?", a lo cual respondí con un "en absoluto", y ante su cara de estupor tuve que puntualizar que importaba en tanto en cuanto era una opinión muy a tener en cuenta, jaja. Pero que en el fondo un servidor haría lo que en gana le viniese, so to speak. Claro, el chaval me preguntaba medio a sabiendas, y me explico lo que ya me habían contado otros, que eso en la India/Pakistan no se estilaba. Que a él no le parecía justo eso de que escogiesen tus padres por ti con quién ibas a pasar el resto de la vida (cualquier otra concepción del matrimonio, como unión potencialmente temporal, no ha lugar) no le parecía como muy justo, a lo cual asentí. Porque resultó que el chaval les había dicho algo así a sus padres (no sé si porque la hija del alcalde de su pueblo oyó hablar de ése que fue pa Europa que es buen partido), a lo cual parece que aceptaron... pero ah, eso sí. que sea musulmana. Fair enough, que dirian los guiris. Y yo creo que con eso el hombre ya se da con un canto en los dientes. Lo que son las cosas.
Batallitas del estilo, muchas más. Como la de que, atención, los europeos, con nuestra promiscuidad, vamos por ahí embarazando a todas (¡?) y que luego nos damos el piro y que eso qué es, etc. Alguien le replica con lo evidente, pero no hay tu tía, al final éstos son mas papistas que el papa y comparten lo del mejor método, la abstinencia. Así que somos malotes, que comemos cerdo (animal que dios puso en la tierra como ejemplo de impuro, cita cuasi textual) y un tanto decadentes por eso de hacer lo que el mayor o menor conocimiento de cada uno nos da a entender. Insisto en que nos llevamos bien, y que estoy aprendido cantidad sobre su cultura con esta gente, que es ciertamente abierta, y seguro que representante de una mayoría dentro de su cultura. Aunque se perciban cierto regusto a doctrina, pero vamos, que eso no sorprende a nadie. Además cocinan picante, como a mi me gusta.
Siempre está tambien el ciertamente idiota, que critica como ¡¡oigh, comen con las manos!! Menudo plantel, idiotas en todas partes. Sorpresa, ninguna tampoco. Bah, yo rompo la baraja y unos días como con las manos, otros cerdo... El otro dia, precisamente, oí a un cazurro un cagamento buenisimo... iban dos cazurros (parece esto un chiste) en una sola bici y uno medio se cayó. El taco of choice fue un "me cago en tu dios" que casi me hizo caer a mí tambien de la bicicleta, jajajaja. Con tanto mestizaje cultural, uno ya no sabe, oiga.
Y tengo que contar esto: en navidades, alguien puso un papá noel bastante grande en el corcho que hay en la cocina, en plan de coña. No faltó el paki que me preguntó... si el papá noel era alguna deidad para nosotros. Cuando les contestas con ironías y chistes y les ves la cara de poker, te lo vuelves a pensar y ya les dices que no... no realmente. Y los "aunque bueno" te los guardas pa mejor ocasion, que pobre susto se llevaron en halloween con la gente disfrazada de cosas por los container pidiendo caramelos. "¡¡¿¿Quienes eran esos!?!" "¿Nunca has oido hablar del halloween?" "Mmm no.." "¿Ni en esas peliculas americanas..." "Mmm no" "Ya, bueno, pues es eso que has visto" y me vuelvo a la habitacion pensando que seguramente por Islamabad no ponen muchas peliculas de esas de jolibud.

05 febrero, 2006

HEINE Y NOSOTROS. Por Francisco Sosa Wagner

Seguir los aniversarios, centenarios etc es muy significativo y da en cierta manera la temperatura moral de una sociedad. Hace unas semanas, encaramado en esta columna, recordaba yo tempranamente el cincuentenario de la muerte de Pío Baroja. Decía entonces que la figura del escritor no gustaba a buen seguro a las mentes ortodoxas y marimandonas que actualmente padecemos, por cierto, con hechuras de plaga de mayor calado que las bíblicas. No tardó enponerse de manifiesto esta premonición y así, en alguna ciudad vasca, se ha vivido una situación bochornosa en la que el nacionalista de guardia quiso equiparar a Baroja con un cuadrúpedo local, ante la mirada pasiva y distante de un progresista de caseta de feria que en las inmediaciones se hallaba.
La única conmemoración que pasa entre triunfos es la de Mozart porque su música inmortal da buenísimos rendimientos a quienes de ella han hecho mercadería.Por el contrario, de Dimitri Shostakovich, que nació en 1906, apenas se habla, acaso porque iba a poner en más de un apuro explicar la persecución que sufrió porparte de aquel benefactor del pueblo ruso y mecenas artístico que se llamó Stalin.
Ciento cincuenta años se cumplen ahora también de la muerte en París de Heinrich Heine, el gran poeta alemán. Para nosotros tiene interés ahora la obra de Heine porque, con su pluma, se desempeñó como un rebelde ante el orden establecido: el alemán, que no le gustaba, y el francés, país al que emigró en 1831. Heine era judío y sufrió la persecución tradicional. Napoleón intentó suavizarla pues, cuando sus ejércitos se asentaron en Prusia, permitió a los niños judíos acudir a las escuelas. Heine se aprovechó de esta circunstancia. Pero la vuelta a la “normalidad” le llevaría a hacerse bautizar por un pastor protestante. Sin entusiasmo, únicamente para tratar de no complicar su futuro. Lo revela su comentario ácido: “antes me odiaban los cristianos, ahora ya me odian los cristianos y los judíos”. Seducido por la Francia del rey burgués (revolución de 1830), Heine se instala en París donde vivirá hasta su muerte (y aun en su regazo pues allí se halla enterrado). Pronto vería también los costurones del régimen instaurado por aquel frivolón que proporcionó negocios pingües a la oligarquía apoyado en el garrotede su ministro Guizot. Como compañía femenina tuvo Heine a Matilde, una analfabeta que jamás intuyó con quien compartía lecho y sexo (hay que hacer un estudio sobre los grandes creadores ligados a mujeres analfabetas). Murió Heine en 1856, cuando ya el escenario se había ocupado de forma imperial por Napoleón III, pero ya no estaba el poeta para bromas pues pasó años sepultado en la inacción de la cama.
Heine tiene actualidad en la España de nuestros días porque supo ver el peligro del nacionalismo con gran perspicacia. Y eso en un momento en el que todavía traía la vistosa vitola revolucionaria, es decir, cuando se hallaba asociado a las ideas democráticas y de libertad, nuevo fundamento de la legitimidad para mandar. Porque, a finales del siglo XIX, la causa“nacional” pasaría de las manos liberales a las de una derecha antirrepublicana, antidemocrática e intransigente (Charles Maurras y compañía). Pues bien, Heine vio bien pronto el peligro del nacionalismo como fuente de odio y de desunión. Por eso fue un europeista convencido, no evidentemente en términos políticos, pero sí en aquellos culturales y de civilización -en la linea de un Schiller- que son los que están sirviendo de fundamento para la actual construcción europea. Heine: irónico, envuelto en distancias profilácticas, disfrutó de los grandes espacios, abominó del tufo del establo cercano.

YO TAMBIÉN SOY DANÉS

Yo también soy danés.
Frente a la barbarie religiosa, soy danés.
Frente a los que detestan las libertades, soy danés.
Frente a los asesinos, soy danés.
Frente a los que odian al infiel y quieren su muerte, soy danés.
Frente a las religiones estúpidas, odiosas, cerriles, soy danés.
Frente a los que aman las cadenas, soy danés.
Frente a los dioses y profetas sanguinarios, soy danés.
Frente a los relativistas culturales, soy danés.
Frente a los cobardes que no plantan cara a los liberticidas, soy danés.
Frente a los que no merecen la libertad que disfrutan en esta civilización occidental moderna, soy danés.
Frente a la tolerancia fofa, soy danés.
Frente a los que entienden o disculpan al que mata por un dios, soy danés.
Frente a los que quieren aliarse con la parte más infame del género humano, soy danés.
Frente a los que prefieren rendirse ante los que nos amenazan con la muerte porque somos libres, soy danés.
Frente a las teocracias, soy danés.
Frente a los que no están dispuestos a mover un dedo para que sus hijos sean libres, soy danés.
Frente a los que se muestran comprensivos con los tarados del puñal y la bomba, soy danés.
Frente a los de aquí que dan la espalda a los daneses libres, soy danés.
Frente a las masas furiosas de allá que gritan, amenazan y queman, soy danés.
Para el que quiera castigar, reprimir, humillar o matar a los daneses, sépalo, yo también soy danés. Para los daneses que nos enseñan a mantener la cabeza alta y a sentir el orgullo por una cultura de libertad, que lo sepan, yo también quiero ser danés.

Represión

Vivimos, aquí y ahora, en este país, en una sociedad eminentemente represora y reprimida, acoquinada por temores de medio pelo y reparos tontitos. Ya no es aquella represión exterior (y malísima también, peor, de eso no hay duda: la represión era peor, pero la gente era menos cobarde y cómoda) de cuando la dictadura, que era represión estatal. Ahora que las normas nos permiten ser considerablemente libres, funciona a toda máquina la represión social, que es mucho más sutil, pero casi igual de efectiva; o más. Antes se nos cercenaban las libertades básicas desde el código penal y los reglamentos administrativos. Ahora estamos de nuevo atados, pero por las convenciones sociales enraizadas en el discurso único. Hace décadas la maldición te llegaba si no eras sumiso al régimen; ahora, si no te atienes a las reglas para ser guay y modelno. Ante el medio autoritario la gente antes se defendía hablando; en este momento la opción absolutamente mayoritaria es la de callar. Uno ya no sabe cómo hablar ni qué decir. Ves a tu alrededor tropelías sin cuento, abusos manifiestos, descaro congénito, pero líbrente los dioses de levantar la voz o de dar a tu protesta un tono que no sea de mansa suavidad, ya que, en caso contrario, serás tildado de cavernícola, retrógrado y violento.. Sólo cuando los poderes mediáticos y los mandamases de algún partido dictan consigna se puede alzar la voz para gritar, en grupo y formación, eso sí, “nunca más” o “Aznar, asesino” o “ZP, traidor”. Se autoriza así, según y cómo, el exabrupto contra lo lejano feo, pero no se permite la denuncia de la corrupción inmediata ni del mangoneo próximo.
Bajemos un momento a la anécdota con afán ilustrativo. Cuando un servidor casca aquí o en algún periódico sobre las vergüenzas de la universidad, vienen de tres en fondo los amigos con un “tienes razón, hombre, pero no se puede decir así, deberías moderar el tono y ser más suave”. ¿Más suave con qué y para qué? Pues para que nadie se enfade, para que ninguno se dé por aludido y, sobre todo, para que los que mandan no se ofendan. Ah, pues muy bien, chitón y a chupar del frasco. Se indigna uno ante tan amistosos consejos y, entonces, el buen amigo de turno te consuela con el argumento de que total para qué, que te complicas la vida sin necesidad, que esto no tiene arreglo, que luego te lo van a hacer pagar y es una pena. Miedicas. Tramposos. No gustan, ni siquiera muchos de los honestos, de más crítica que la clandestina, esa que se practica los sábados por la noche en la intimidad de la cena de matrimonios y con un buen brandy en la mano. Y cuántas veces acaban estas amables reconvenciones en un “yo te conozco y sé que no, pero el que te lea va a pensar que eres del PP”. Todo el que no reconoce que qué bien y que estupendo y qué mundo maravilloso es sospechoso de hacerle el juego al PP. O eres ciego y mudo y complaciente o eres del PP. Tertium non datur.
Otra historieta mínima. Hace poco más de una semana explicaba en Sevilla en un curso de doctorado. Se me ocurrió la malhadada idea de contar una historia real que yo había visto y que tenía como protagonistas a dos profesores varones estúpidos y una profesora igual de tonta. Sin dar nombres, me referí a los primeros haciendo ver que eran varones tramposos, deshonestos y bobos. Cuando apareció en la historia el tercer protagonista, que era una dama, se levantó indignada una estudiante y dijo “¿y por fuerza tenía que ser una mujer la tonta?”. Le tuve que responder que si lo prefería le ponía pito a la señora y contaba la historia diciendo que versaba sobre tres señores tontos, pero que eso era falsearla en nombre de una igualdad de género que es identidad en el género tonto. Y que por qué no se ofendían sus compañeros varones de que los dos primeros protagonistas malparados fueran de su mismo sexo.
Y es que nos pasamos la vida así, esto es insufrible. Cada vez son los márgenes más estrechos. Nos obligan a hablar sin criticar a nadie, pues todos somos iguales y nadie es más que nadie. Hay que hablar sin ponerle género a los personajes, pues eres sexista tanto si dices que qué guapa como que qué fea, que qué lista como que qué tonta; o que qué listo o qué tonto. Si dices algo negativo de los partidos catalanes eres españolista y activista del boicot. Si criticas a Rajoy, eres cómplice de los que desmembran esta patria nuestra; si tus iras van contra ZP eres un revanchista y un renegado. La lista de los personajes públicos que puedes denostar es cerrada y se circunscribe a Bush y Sharon. Mas ni se te ocurra zumbarle al presidente de Irán, pongamos por caso, porque te cae encima un pacifista indignado. Sí, sí, un pacifista de consigna y manifa y, por tanto, tuerto, de los que sólo ven las armas de un lado. Y así hasta el infinito. ¿Qué carajo hacemos los que queremos criticar a todo el mundo, sobre la base de que la razón –buena o mala- no tenga que inclinarse ante el prejuicio?
Esto cada día se soporta peor. O repites acríticamente consignas bobaliconas o te fríen las neuronas con frases hechas por el departamento de marketing de los partidos y los periódicos. Si queremos que esta sociedad conserve un mínimo arsenal crítico, si queremos que la libertad de expresión, y la de conciencia, y la de cátedra, y un puñado más de ellas, no queden en nada, debemos superar dos miedos que atenazan por completo a esta sociedad, comenzando por sus supuestas élites culturales: el miedo a infringir el código de lo políticamente correcto y el miedo a no parecer progre. No habrá más progreso real en este país mientras continuemos así, como una masa de meapilas reprimidos. Reprimidos por los apóstoles de variadas liberaciones, manda güevos/as.

04 febrero, 2006

Una amiga revela que se rebela. Nos sumamos a su rebelión.

UNA AMIGA QUE FIRMA COMO "ANÓNIMO II" HA DEJADO POR AHÍ ABAJO UN COMENTARIO QUE MERECE PRIMERA PLANA. ME APUNTO SIN DUDARLO A SU ENFADO Y LANZO LA PREGUNTA DE CÓMO PODEMOS LOS CABREADOS MANIFESTAR NUESTRO MALESTAR DE MODO EFICAZ, PARA QUE ALGO IMPORTANTE VERDADERAMENTE CAMBIE, PARA QUE CESE EL ENGAÑO SISTEMÁTICO EN QUE ESTA SOCIEDAD FARISAICA SE HA INSTALADO, CON SUS POLÍTICOS A LA CABEZA.
ESTE ES EL TEXTO DE "ANÓNIMO II".
Creo que quizá no me he explicado con claridad. No pretendo exponer problemas"burgueses" o de mera comodidad, ni mucho menos. Lo que pretendo es exponer algo tan sencillo como que se está perdiendo un tiempo precioso en discutir conceptos, metaconceptos y supraconceptos de una forma absolutamente chabacana y sin ninguna seriedad o rigor doctrinal mientras que nadie nos explica o da cuenta del día a día y de cuestiones que son de mucho más calado a largo plazo para el propio mantenimiento de nuestro sistema social tal y como lo entendemos. Y de momento apenas he apreciado debate de verdad, del auténtico en el tema del Estatuto. Sólo he visto política rastrera, barriobajera por parte de todos los implicados, electoralista, apocalíptica por todas las partes y agorera. Pero debate real, del bueno, con argumentos, barajando repercusiones, consecuencias, razones y motivos, de eso nada de nada. Por eso me da asco la situación. Porque mientras el Presidente de Castilla y León clama por la aprobación del Estatuto y las consecuencias económicas que eso va a suponer para una Comunidad deprimida como Castilla y León, el Vicepresidente de la Comunidad intenta "sisar" los fondos prometidos por Zapatero a las provincias León, Zamora y Salamanca (que veremos a ver si llegan), fundándose, entre otras lindezas, en la aportación económica más fuerte deValladolid y Burgos a la Comunidad. ¿De qué me sonará a mí ese discurso...?
Y lo siento, pero no comparto su análisis porque me resulta demasiado complaciente. Hay que plantar cara. Nuestros diputados cobran una media de 6.000 euros al mes ¿y qué hacen a cambio? Por poner sólo un ejemplo, la LRU fue un desastre en la educación universitaria de los ochenta que sólo alcanza parangón con la aprobación de la LOGSE para la educación no universitaria. Y no me refiero a la existencia de ordenadores o a las clases a la sombra de un árbol, me refiero a que mientras discutimos si Cataluña es o no nación, estamos formando generaciones de auténticos borregos, sin capacidad crítica ni de análisis, que no saben escribir correctamente, que son incapaces de leer un texto complejo y entender su significado porque en clase hay que explicar términos tales como "gravamen" (caso real y la explicación la tuve que dar yo a alumnos de tercero de Universidad), estudiantes que no leen la prensa porque no saben ni que existe, les basta con El Marca (real, de 120 alumnos en clase sólo uno levantó la mano y confesó leer el periódico local los domingos)... esa generación (con honrosas pero cada vez más escasas excepciones) responde a un modelo educativo que absolutamente nadie ha abordado con el rigor, la seriedad, el consenso y la participación social necesaria. Eso por no hablar del sistema de selección del profesorado y de la formación de este último que también tiene honrosas excepciones, pero que desgraciadamente tienden a escasear cada vez más. El genio que decida quedarse en la Universidad sale corriendo nada más ver la cantidad inhumana de formularios de becas, proyectos, acreditaciones, certificaciones, habilitaciones, contrataciones temporales, cuasitemporales y supratemporales que debe rellenar antes de tener un tiempo mínimo para sentarse a TRABAJAR. ¿Por qué será que soy tan desconfiada de pensar que ese caldo de cultivo favorece precisamente a esos mismos políticos que desvían nuestra atención de lo que es más importante para lanzarnos a discutir sobre el concepto de moda metiéndonos unos a otros el dedo en el ojo?
Nuestro sistema educativo, por continuar con el ejemplo, permite ahora que alumnos peguen a sus compañeros sin que el centro pueda hacer nada, porque si lo intenta siquiera corre el riesgo de que el nenín pegue fuego al centro con el director dentro. Y permite también que en Cataluña un director de colegio pueda decidir por encima de la opción personal de los padres si el niño va a recibir o no educación en castellano como "lengua vehicular". No quito importancia al debate sobre la inclusión, por ejemplo, del deber de conocer catalán o del término nación en el estatuto pero me parece increible que toda la prensa y clase política de este país se lance a hacerse"pajas mentales" con estas ideas sin un estudio crítico, riguroso y serio de la legislación vigente, nacional y comparada, de la situación real existente en Cataluña y de tantas y tantas cosas de las que se debería de informar con algo más de profesionalidad. Por cierto, algunas de esas "novedades que van a hacer estallar la patria" llevan vigentes desde hace muchos, pero que muchos años sin que ningún Gobierno de la sacrosanta Nación española decidiera hurgar en la herida no sea que me quede sin el apoyo parlamentario preciso (léase, CiU). En la educación universitaria en Cataluña más del 90% de las clases se imparten en catalán. No recito de oídas. Lo afirmo. Respuesta oficial ante cualquier intento de obtener respuestas en castellano durante la clase: si eres de fuera de Cataluña, estudia allí. Hace tiempo que en determinadas asignaturas se ha optado por publicar los programas y entregar los exámenes solamente en catalán. Hace mucho, pero que mucho más de un año que se persigue el pequeño comercio por no rotular su establecimiento por dentro y por fuera en catalán (no hará falta que recuerde cuándo y quién empezó la política lingüística que ahora tanto se critica).Hace mucho más que ha desaparecido la bandera española de los edificios oficiales. ¿Y justo ahora hay que dejarlo todo, salir corriendo y paralizar a todo el país por estas dos "novedades" del Estatuto? Pues lo siento pero me rebelo. Son asuntos de importancia capital, pero para tomársela con el interés debido. No para adoptar la postura que más me va a favorecer electoralmente y montar el pitote tirando de la cuerda en dos direcciones totalmente contradictorias.
Lamento mucho mi aburguesamiento, pero no todos tienen la suerte de disponer de casa, empleo y medios suficientes. Y lo siento sobre todo porque tampoco es éste un país que facilite el" hágase a Ud. mismo a base de trabajo y esfuerzo". Imagino que estará al tanto de la generalización del término "mileurista" a raíz de una carta publicada en El País, por cierto muy realista y muy alabada por todos los periodistas y "expertos" de rigor, de una joven madrileña que se quejaba y con absolutamente toda la razón de la situación de los ciudadanos de este país, especialmente de los jóvenes. Hace tiempo que todos nuestros jóvenes leoneses (y de muchos sitios más) tienen que emigrar a Madrid para poder trabajar, ciudad donde pasan por el año o dos años de"becario" (explotado sin sueldo) para pasar al de empleado con sueldo mínimo (explotado con sueldo de risa). ¿Me quiere decir qué va a pasar el día que sus padres no puedan seguir manteniendo dos casas, pagando estudios, másters, postgrados, formación, etc. para después seguir ayudando al pago de alquileres, hipotecas, facturas, etc. mientras su hijo/a gana una porquería eso sí con todos los honores cum laude habidos y por haber?
Ayer se publicaban en La Crónica de León las declaraciones de una diputada por León que gana 6.000 euros al mes y que afirmaba, sin sonrojo alguno, que esa cantidad "entre alquileres y desplazamientos apenas le alcanza para llegar a fin de mes"? ¿Dónde están los sindicatos? ¿Dónde los partidos políticos contrincantes? ¿Dónde tantos agentes sociales implicados? Pues cobrando del otro lado y recortando nuestros servicios y derechos sociales. Ya sabes, hay que apretarse el cinturón y no ser muy "burgués" pero ellos, casualmente, necesitan 6.000 euros al mes en una ciudad donde la mayor parte de los jóvenes titulados universitarios con menos de 3 años de experiencia en cualquier rama laboral ganan una media de 1.000 euros al mes. ¿Le sigue pareciendo un asunto "menor" si debido a todas estas disfunciones educativas y laborales la tasa de natalidad es de las más bajas de Europa, nuestra Seguridad Social está al borde de la quiebra y sólo es capaz de salvarse a partir de una llegada indiscriminada y malgestionada de inmigrantes extranjeros? Fíjese en todos los problemas que la situación está planteando ahora pero no olvide los que planteará en el futuro cuando los hijos de esos inmigrantes sean españoles de pleno derecho igualitos, igualitos a nosotros y se pasen la Constitución y el Estatuto por el arco del triunfo para ir a recibir a los gavilanes en plena Plaza Colón o para asistir a la enésima pelea de los Latin Kings en cualquiera de nuestras ciudades. Ojo, con esto no estoy haciendo un planteamiento xenófobo o racista, basta con mirar hacia Francia, Alemania, Reino Unido, Estados Unidos para ver qué nos aguarda a la vuelta de la esquina en esta materia. Me ratifico, con nuestras pajas mentales hemos descuidado aspectos sociales y jurídicos básicos, que determinan nuestro modelo de convivencia mucho, muchísimo más que el Preámbulo del Estatuto catalán. Y sin embargo, a nadie parece importarle.Lo siento si mis preocupaciones le parecen"nimias" pero a mí me parecen realistas. Lo que no se puede jamás es olvidar que los Estados, naciones, nacionalidades, regiones, Administraciones públicas, poderes públicos y cualquier otra entelequia organizada del tipo que sea (incluidos los políticos que en ellos se integran) están al servicio de los CIUDADANOS. No deconceptos metajurídicos, ni de fantasmas nacionales, grupales, tribales o lo que sea. De los ciudadanos y de sus necesidades reales.

02 febrero, 2006

Unimafias

Voy a poner al lector un caso práctico y a pedirle algunas respuestas, aunque sea para sus adentros. Vea esta historia imaginaria (más o menos):
Se hace un sorteo de siete profesores funcionarios para integrar un tribunal de habilitación para plazas de profesor titular o catedrático de Universidad, plazas funcionariales, por tanto. Los candidatos firmantes son un buen puñado, las plazas en juego son, pongamos, tres. En esa disciplina hay varios grupos de poder. ¿Que qué es eso? Pues quiere decir que hay un grupo de personas que obedecen sistemáticamente y sin rechistar las órdenes de un líder o capo, incluidas órdenes de ejecución sumarísima. Pues bien, en la historia más o menos (más bien menos) ficticia que estoy narrando, hay tres de esos capos implicados, pues cada uno de ellos cuenta con pupilos entre los aspirantes y tiene cada uno interés en que alguno de sus protegidos obtenga plaza, ya sea porque se le considera intelectualmente muy competente -caso excepcional, esa es la verdad; pero alguna vez ocurre y hace días lo he visto suceder en un caso- ya sea porque es diestro en otras artes que no benefician a la ciencia pero dan gusto al científico. Cada uno de esos tres capos tiene bajo su estricta y perruna obediencia a algunos miembros del tribunal sorteado (sit, X, sit), pero ninguno tiene votos suficientes para garantizar que ganen el concurso sus candidatos. ¿Qué hacen en tal caso? Pactan y se reparten el pastel: tal barrio para ti, tal otro para mí. Ay, perdón, me equivoqué, en qué estaría yo pensando. Quiero decir que pactan en términos de el tuyo sale con mis votos y el mío con los tuyos y así gana uno de cada uno. La cosa funciona a la perfección, pues lo que excluido estaba de antemano es que no cumpla con su voto alguno de los mandangas a sueldo -baratísimo, eso sí: unas caricias en el lomo y, si acaso, una conferencita; pero hay excepciones y algunos son mas caros, de alto standing propiamente- que cumplen las órdenes a pies juntillas. Cada uno votó al que le mandó el macho dominante de su camada, y todos se fueron a la cama tan contentitos. Pero algunos de esos jefes de grupo quedaron tan satisfechos con los resultados del acuerdo que decidieron mantenerlo hacia el futuro y repartirse así todas las plazas venideras, en los nuevos concursos. Alguno de ellos hasta ha escrito sesudos artículos contra la corrupción, mira tú que cosa, cielo.
Sólo me falta darle al lector un detalle adicional, ciertamente importante y en el que seguro que ya ha reparado: con esos pactos el resultado del concurso está decidido mucho antes de que comiencen las pruebas del mismo, por lo que nada van a contar el mérito y las capacidades que los distintos candidatos ahí muestren. El señalado por el dedo velludo de los dioses va a triunfar aunque rebuzne; el que no tenga tal visto bueno celestial no gana ni aunque sea el Pelé de la disciplina.
Y ahora vienen las preguntitas, y vuelvo a rogar al lector paciente que trate de responderlas para sí con toda la buena fe de que sea capaz, que será poca, por fortuna:
a) ¿Qué ideología cree Vd. que tienen los tres capos de la historia? ¿Serán derechistas, izquierdistas, multiculturalistas, sarracenos, masones, contorsionistas...?
Respuesta correcta: todos fervorosos defensores del Estado de Derecho, garantistas y legalistas a más no poder, no faltaba más.
b) ¿Qué actitud cree Vd. que mantienen esos capos frente a nuestra vigente Constitución?
Respuesta correcta: continuas proclamaciones de amor encendido a la norma suprema, juramento incluso de dar por ella la vida y lo que sea que no sea muy caro, más exégesis esmeradas para sacarle a la norma de normas lo mejor de todo lo que lleva dentro.
c) Dice esa Constitución que algunos nos creemos que el acceso a la condición funcionarial estará regido por el principio de mérito y capacidad. ¿Qué cree Vd. que opinan los referidos maestros constitucionalistas de tal pauta?
Respuesta correcta: se la suda y se parten de risa.
Y ahora vamos con esos que con tan acrisolada disciplina (inglesa) obedecen y ejecutan las decisiones de los capos, muchas veces con un rictus de pena en la boca y mirada de lo siento chico, pero órdenes son órdenes (es bien conocido el argumento de la obediencia debida en ciertos ámbitos, por ejemplo en los ejércitos totalitarios).
Pregunta: ¿qué cree Vd que ven esos/as tipos/as cuando se miran al espejo?
Respuesta correcta: eso, exactamente eso que usted está pensando y que ni usted ni yo vamos a pronunciar ahora, pues se acerca la hora de comer.
Eso sí, unos y otros, amos y sumisos, se proclaman progresistas a carta cabal, personas de exigentísima moral y paladines de todas las causas nobles. Dicen en mi pueblo un refrán que viene de perillas, y pido perdón por sus términos: “el cagau no se huele”. Pues eso.
Y luego presumimos de ser un Estado moderno. Una mal administrada casa de putas decadentes, eso es lo que somos. Comenzando por la Universidad.
Firmo y rubrico: Juan Antonio García Amado, Catedrático de Universidad.
PD: la responsabilidad por todas y cada una de las cosas dichas en este post es plenamente mía y solo mía. Ruego, por tanto, que quien se sienta molesto no tome revancha por ellas contra ningún amigo mío que sea más débil o se halle más indefenso que éste que suscribe. Porque tal proceder, también habitual es este medio, es propio de despreciables cobardes.

01 febrero, 2006

Progresamos hacia atrás: en el mundo y aquí mismo

Cuentan hoy los periódicos que más de veinte países árabes elevan su enójadísima protesta ante Dinamarca, pues un periódico de allá publicó hace días unas viñetas en las que aparecía una caricatura de Alá, revestido de aspecto belicoso, guerrero. Esos países piden castigo para el periódico en cuestión. El periódico se ha disculpado ya y el primer Ministro danés dice que con eso basta y que hay que respetar la libertad de expresión. Desde aquellos países confesionales no se admiten licencias expresivas en lo que toque a su dios. No hay derechos humanos que valgan frente a la inmunidad divina y la intocabilidad de la fe. Los creyentes no admiten crítica ni caricatura de sus símbolos. Estamos a la espera de que Juan Goytisolo, siempre ejemplar en la denuncia del autoritarismo y la represión propia de este perverso y pervertido Occidente laico, denuncie el fundamentalismo y sus excesos.
Por aquí también comienza el lobezno a asomar sus orejitas. Una anécdota doméstica. Ayer mismo, en mi clase con alumnos de último curso de Derecho en mi universidad, tuve la malhadada ocurrencia de hacer unas bromas, yo diría que bastante inocuas -pero lo que a uno le parece inocuo, el otro lo puede considerar diabólico-, a propósito de la nueva encíclica de Benedicto XVI en que admite el disfrute carnal pleno en el matrimonio. Les insinué algo acerca de la liberación que ello significaría para tantas parejas de férrea disciplina católica en las que la antigua fobia eclasiástica al placer carnal llevaba a los esposos, y especialmente a las esposas, a la represión del placer y a la exclusión de cualquier variante erótica al margen de la postura del misionero y poquito más. Les conté algo, de pasada, de personas mayores próximas a mí, que habían vivido traumáticamente la furia de sus confesores por permitirse ciertas licencias amatorias con sus cónyuges. Todo ello en no más de tres o cuatro minutos. Todo para congratularme de la nueva libertad concedida por el reciente Papa.
Por qué lo hice, maldición. Al salir de la clase, un estudiante, un buen estudiante, vino a mí y, muy educadamente y con nobleza, eso es cierto, me dijo que con mis palabras seguramente habían ofendido muy seriamente las creencias de muchos de sus compañeros, y que no debo decir esas cosas ni hacer bromas de ese tipo, y que no es cierto que la Iglesia haya nunca reprimido ninguna forma de disfrute carnal entre los cónyuges. En esas estamos.
Traté de explicarle que en ese mismo día y en los anteriores me había permitido hacer bromas y críticas de cosas tales como el neoliberalismo, el comunismo, el PP, el PSOE, el pueblo en el que nací, los asturianos, los leoneses... Y hasta a costa de mi pobre madre había hecho algún chiste. Y ningún problema. Hacer guasas a costa de ZP o los ateos, por poner dos casos, da pie a una complaciente y complacida hilaridad de los jovenzuelos estos. Pero con la Iglesia hemos topado, amigo Sancho. Pero no, seguramente es más ajustado decir que hemos topado con unas jóvenes generaciones que saben poco o nada de la historia y la dogmática de las propias creencias que acríticamente abrazan, esas que, por tanto, asumen superficialmente y con talante estrictamente maniqueo y futbolístico.
Llueve sobre mojado. A principios de este curso les hice leer un documento de la Conferencia Episcopal Española contra el matrimonio homosexual. Sospecharon algunos, o muchos, no sé, que mi propósito era crítico, y recibí un buen puñado de correos electrónicos anónimos en los que se me llamaba rojo de mierda, sociata maricón y lindezas similares. Y podría contar más casos así, del pasado curso.
Es lo que hay. Si el lunes les hago ver cuánto se parecen sus actitudes a las de los gobiernos islámicos antes citados, volverán a tomárselo a mal. Mejor me callo y les hablo de las normas anankástico-constitutivas. Si consigo que no lo entiendan, les parecerá muy bien.
Y ya sé que hay de todo en todas partes. Pero cuán oprobioso resulta el silencio estabular de la mayoría. Más oprobioso aún que la militancia fundamentalista e indocumentada de los otros.
Yo paso. Me rindo. Que nos zurzan a todos. Vivan las cadenas.

31 enero, 2006

Jueces de paz escolares. Por José Calvo González

Mi colega y buen amigo José Calvo me envía este texto que publicó en el diario Málaga hoy el pasado 18 de enero. Contiene una propuesta digna de atención, y por eso la comparto aquí con los amigos de este blog.
Aprovecho esta nota para explicar que hoy vuelvo a la carretera, hasta el sábado, y que tal vez por eso sean irregulares mis apariciones por aquí estos cuatro días. Quedan pendientes buenas discusiones. Se hará lo que se pueda. Ya lo dice mi madre: hijo, no sé para qué te ha valido estudiar, vivirías mejor si trabajaras en la metalurgia. Bah, no será para tanto. Es que a algunos nos va la marcha. Donde más se descansa, si se quiere, es en este oficio mío.
Salud.
Este es el texto mencionado.

JUECES DE PAZ ESCOLARES
Por José Calvo González

Fue 2005 año de conmemoraciones judiciales. Coincidieron las del Tribunal Constitucional, con 25 años de existencia, y de los Juzgados de Paz, que celebraron los 150 de su creación, instituida por RD de 22 de octubre de 1855. Aniversarios en el más alto escalón de Justicia y también en el más elemental y básico. Pero pintan bastos en torno a los últimos; jueces legos, no profesionales, que llevan a cabo funciones jurisdiccionales y durante el desempeño de su cargo integran el Poder Judicial. Las críticas, no del todo infundadas, señalan la deficitaria formación técnica de sus titulares y evidentes aprietos constitucionales al evaluar la efectiva garantía de independencia, inamovilidad, aunque temporal, responsabilidad y único sometimiento al imperio de la Ley. Principios inherentes a la función judicial en un Estado de Derecho (art. 117 CE) que en el sistema de acceso a la Justicia de Paz resultan claramente problemáticos por dependencia con el Alcalde o grupo municipal mayoritario que los designa, planteando así serios equívocos respecto a su independencia e imparcialidad. Se entienden insuficientes las modificaciones introducidas por LO 6/85, de 1 de julio, a su vez desarrolladas en el Reglamento 3/95, de 7 de junio. Lo preciso es abordar una regulación específica de las competencias de esos Juzgados, mejorar su funcionamiento y, en previsión de un incremento de atribuciones, requerir a los Jueces de Paz la acreditación de determinada suficiencia jurídica, por ejemplo con la promoción de licenciados en Derecho, así como establecer parámetros de rendimiento objetivables. También hay quienes, contrarios a paliativos y desnaturalizaciones en su actual configuración, abogan lege ferenda por la supresión.
Bien, soy un romántico de la participación popular en la Administración de Justicia, y hasta me mantengo juradicista aún en medio del nublado; siempre recuerdo el romance cantado por ciegos recién introducida la modalidad de enjuiciamiento por Jurado (Ley de 2 de abril de 1888): “el Tribunal justiciero/ que al pueblo sienta en estrados/ tribunal que al funcionar/ con su libertad de acción/ hará brillar la justicia/ en la española nación”. Y así, también me resisto a que sin más la figura histórica del Juez de Paz deba desaparecer. Admito la conveniencia de limitar sus atribuciones, pero manteniendo las de conciliación o mediación. El diseño de programas de formación y asesoramiento de jueces de paz para el adecuado aprendizaje y correcto empleo de medios alternativos de resolución de conflictos (conciliación, negociación, arbitraje y mediación) podría ser labor que ocupe a las Facultades de Derecho. Creo, por tanto, en la Justicia de Paz, y en su potenciación como magistratura conciliadora al estilo de, en la hermosa denominación anglosajona del s. XIII, guardians of the peace. Y porque no me libro de ese romanticismo, quizás a causa de no haber superado completamente mi escepticismo nada incrédulo hacia la justicia contenciosa, confío en esa figura y su útil filosofía incluso más allá la organización judicial. Consideraría beneficioso transportar y extender los mecanismos autónomos y alternativos de resolución de conflictos a ámbitos no jurisdiccionales. Mi sugerencia es la elaboración de un plan de “justicia de paz escolar” que, como política de Estado pudiera desarrollase por el Ministerio de Educación y Comunidades Autónomas para ser implantada en todos los centros escolares, a fin de favorecer desde las aulas una idea de ciudadanía corresponsable en el fomento y gestión de la convivencia pacífica.
El Consejo Escolar de Andalucía aportó recientemente cifras estremecedoras: 130.000 incidentes, 26.000 de ellos graves, computados en apenas 1000 centros, con un perfil de alumno conflictivo el tramo de edad entre los 11 y 12 años. Los datos revelan una realidad compleja, no ajena a la inexistencia en los diferentes niveles y modalidades de nuestras instituciones educativas de una “enseñanza jurídica de la paz” que instruya en la posibilidad de dirimir los conflictos de forma no violenta. La cultura de justicia de paz y derechos demanda imaginación de procesos de formación jurídica ciudadana ya desde la misma escuela. Uno de ellos debería ser buscar y hacer efectivo el comprometimiento en ese objetivo de todos miembros de la comunidad escolar. Será bueno que entre el profesorado se potencie al tutor como mediador, y lo será asimismo implicar al propio alumnado en la construcción de herramientas de justicia eficaz y cercana para la resolución de conflictos. Los escolares son en su ámbito directos conocedores de los problemas cotidianos derivados de la convivencia social plural y la identidad intercultural, de donde “jueces de paz escolares” elegidos por y entre alumnos con liderazgo generacional y capacidad de identificar las causas subyacentes que provocan el clima de violencia, tanto puede prevenir tales situaciones como favorecer el hallazgo de respuestas autónomas y equitativas, de justicia no formal ni necesariamente retributiva, aceptables para solventar diferencias, mejorar la integración y ordenar pretensiones concurrentes. A la capacitación de unos y otros en el apropiado manejo de modelos y medios restaurativos para una pacífica y satisfactoria solución de los conflictos puede también contribuir el mundo jurídico universitario. Ningún argumento a favor de la no violencia y la erradicación del recurso a la “justicia por la propia mano” es hoy superfluo. Estimular respuestas participativas y armonizadoras a través de una Justicia de Paz Escolar nos acercará a una sociedad más digna. Aprender desde la escuela a convivir en paz y en comunidad será siempre, finalmente, el mejor medio para impulsar el acceso en igualdad, libertad y justicia a la ciudadanía y los derechos.

30 enero, 2006

De mayor quiero ser médico (si no se me arregla lo de modisto de Estatutos).

Pues sí, de mayor quiero ser médico. Parece un trabajo tranquilo, por lo que voy a contar. No digo en cualquier especialidad, no sé; de algunas. ¿Que por qué me ha dado por ahí? Vean.
Toda la vida con una salud de hierro y en el último año se me mueven algunas tejas, cosas de poca monta –toco madera-, pero que fastidian: una hernia inguinal y media, alergias, urticarias... Parezco mismamente el Estado español, con perdón.
Así descubro, por ejemplo, la variante médica del cirujano que-te-castiga-con-su-indiferencia. Su primer reconocimiento, memorable. Fui por lo de la hernia. A la hora señalada entré en su consulta y saludé, cordial, sumiso incluso. Uno tiende a extrema la cortesía ante los de corta y rasga. A mi saludo respondió con un “qué pasa”. No “qué pasa, tronco”, ni nada así. Simplemente un seco “qué pasa”. Apenas balbuceé el preámbulos de los síntomas, cuando me atajó: “bájese los pantalones y los calzoncillos”. Vulnerabilidad total. De ningún otro modo se siente un varón más inerme y más ridículo que de esas trazas. Sin advertir de nada, me atacó la ingle, justo en el límite con el aterrado testículo, que no sabía dónde meterse, el pobre. Dijo “tosa” y me clavó el dedo por ahí, creo que me debió de llegar hasta las ideas, haciéndose hueco donde juro que no lo había. Pelín más y me toca las anginas desde el subsuelo. Ay. Cesada la tortura y mientras yo bufaba cual bestezuela apaleada, atacó por la otra banda: “dígame qué día le opero”. Glup. Acordamos y no me dijo más.
La operación bien. Me habían dicho que era bueno con los sables. Y reconozco que disfruté. El anestesista me explicó en el acto que sería con epidural, que yo estaría consciente y que para que me mantuviera tranquilo me iban a dar una pastillita. Y me tomé la pastillita. ¡Toma pastilla! ¡Qué pastilla! Menudo optimismo me invadió, que bienestar, cuanto amor al prójimo, incluidos los que oía por allí rajar piel y rajar, al tiempo, sobre el partido del domingo. Y no me dijeron el nombre de la pastilla, maldición. ¿Y qué hay de eso del derecho del paciente a ser informado? Yo quiero que me digan el nombre de la pastilla. Seguro que si la tomo el día que entrevisten a Carod o algún gudari en la Cuatro acabo creyendo de buena fe en los derechos históricos y en las naciones paridas con epidural.
Mi cirujano me dijo dos veces hola desde la puerta de la habitación, en todo el tiempo, dos días, que permanecí en el hospital. No se prodigó más en el cuidado ni en las atenciones, ni me trajo pastillas. Hombre, no es que yo ansiara sus mimos, ni mucho menos, pero una palmadita y un ánimo, campeón, siempre se agradecen en tales tesituras.
Hoy pasé su revisión después de mes y medio de la operación. Entré otra vez a su consulta y no me reconoció, claro, en la cara no tenía por qué haberse fijado ni son mis rasgos inolvidables. Cuando le di el nombre tampoco encontraba mis datos en el ordenador, pese a que yo estaba citado para hoy. No importa. Me dijo “¿qué tal?”. Yo respondí “bien”. Y sin darme lugar a añadir palabra (le iba a comentar que a veces algo ahí abajo tira un poco) me replicó: “pues por mí no vuelva por aquí”. Y me fui, qué iba a hacer. Para tomarse un café no estaba el ambiente, no.
Pero éste, al fin y al cabo, tiene que hurgarle a uno los interiores. Más llevadero es lo de mi alergólogo. Está empeñado en que a base de observaciones detectivescas hechas por mí mismo sobre mi propia mismidad, descubra yo mismo de mi mismo cuál es la sustancia que a mí mismo me produce la alergia leve que yo mismo padezco. Y que luego se lo cuente, eso sí; por lo de ampliar conocimiento supongo que será. Cada vez que voy me regaña por no haberlo averiguado todavía. Se ve que está impaciente por saber qué me pasa. Cuando me ve con cara de pues no doy con la cosa, intenta aterrarme diciéndome que igual tengo un bicho tropical en la barriga, será un Alien, yo qué sé. Y, claro, yo le replico que tranquilo, que seguro que son los tomates de la huerta de mi cuñado los que me ponen así, y que no se preocupe, que ya me encargo yo.
Pero eso debe de ser así, imagino, conforme a los métodos de la ciencia médica más rigurosa. Lo bueno es lo de la señora que acompaña en su consulta al alergólogo en cuestión. El buen señor recibe a los pacientes en un cubículo mínimo. Apenas cabe la mesa, la silla del paciente a un lado y, al otro, el hombre y una señora bastante mayor, muy pegada a él, ambos sentados. Desde el primer día ví que la señora lo observaba todo. El segundo día lo mismo. Y no decía nada, sólo estaba allí, a su vera. El tercer día fue cuando el galeno decidió encargarme un montón de pruebas, análisis, placas y exámenes diversos. Ella metía baza: “dile también tal cosa”. Y el doctor a lo suyo. Ella insistía: “¿le has pedido que se haga tal?”. De pronto, él la mira, muy serio, y le dice: “calla, mamá, eso ya se lo dije”.
Toma castaña. Era la madre. La madre que lo parió, pensé, ni el mismísimo Freud se imaginaba una cosa así. Creo que les estoy perdiendo fe a los médicos. Y, como dicen que es tan importante la cosa psicológica de uno, pues tal vez por eso no me hacen mucho apaño sus consejos. Entretanto, a ver si también ellos se curan una miaja.
(Continuará).

29 enero, 2006

ESPAÑA Y EL MODELO DE SEBORGA. Francisco Sosa Wagner.

NOTA PREVIA DEL BLOGGER: Ya sé que esto parece una explotación descarada de los escritos de Paco Sosa, buen amigo y compañero y maestro en tantas cosas. Pero es que acaba de enviarme esta nueva "sosería" y no puedo resistirme, tengo que colgarla aquí sí o sí. Pero, como alguien puede pensar que su fértil imaginación de novelista le ha servido para inventar un nuevo lugar ficticio, el tal Principado de Seborga, me permito sugerirle al amable lector que pinche aquí encima, o aquí o aquí. El mapa de la zona puede verlo aquí. Verá que Seborga sí existe, con sus 362 habitantes, con su pasado preñado de derechos que seguro que hoy son históricos, pues son pasados, of course, lo cual es una poderosa razón para que tengan que ser futuros, si aplicamos la lógica parahegeliana que rige por estos pagos paganos (de pagar) nuestros.
Esforcémonos todos, compañeros, en la lucha por una Seborga libre, y luchemos por MAS (Movimiento de Autodeterminación de Seborga).
Esto es lo que escribe Francisco Sosa Wagner. Se titula España y el modelo de Seborga.

Nadie conocía esta realidad nacional pero para
descubrir identidades no hay más que hurgar un poco y
tener un alto sentido de la individualidad
intransferible. Esto es lo que ha hecho, en la región
italiana de Liguria, el príncipe de Seborga, Su Alteza
Serenísima Jorge I, de civil y subido en el tractor y
arando, Eustaquio o Giorgio, qué más da. Aficionado a
la Historia y descubridor de manuscritos, papeles y
documentos de quebrada color ha demostrado la
independencia como nación del principado de Seborga
desde Carlomagno para acá, siglo arriba, siglo abajo.
Y allí reina tan calentito, rodeado de súbditos que
probablemente le miran compasivamente, pero contentos
porque son diferentes a los italianos. Aunque la
vecina Italia, que fue un reino unificado y hoy es una
república, desde los tiempos de Garibaldi, los Saboya
y el papa Pío IX (al que yo dediqué una biografía), no
se inmuta demasiado y toma las cosas del príncipe con
indiferencia. Pero, a mi juicio, el asunto es serio
porque Seborga tiene hechuras de nación, vaya que sí,
al disponer de un pasado, de un presente y de un
futuro que los seborganos quieren compartir juntos.
¿Alguien duda de que estos elementos conforman una
nación? Eso es lo que leemos todos los días en
periódicos sesudos e independientes de la mañana, así
que cuidado con Seborga y más miramientos con su
conformación de Estado.

Abunda el aguafiestas que asegura que esos caracteres
-tener un pasado, un presente y un futuro- los tiene
cualquiera y se aducen ejemplos chuscos como la
comunidad de vecinos, la urbanización con cancha de
tenis donde se tiene el chalé pareado o el pueblo de
Rodrigatos de la Obispalía que se halla, tan ufano y
altivo él, cabe la bicentenaria Astorga. Pero no es lo
mismo, queridos destructores irónicos de las
sacrosantas palabras. Porque, para que exista una
nación, además de todo eso -que es verdad que muchos
comparten pero unos más que otros-, lo cierto es que
hay que disponer de algo especial: de antecedentes que
acrediten haber disfrutado en el pasado de derechos
históricos concedidos por un conde de barba poblada de
restos de fideos, un conde autético, con ataques de
gota recidivantes que es lo que mejor certificaba en
el pasado la condición de conde. Si no se dispone de
esos derechos históricos, lo mejor es buscarlos cuanto
antes. “Búsquese usted unos padres presentables antes
de que termine la saison” recomienda una señora a un
joven en una de las comedias de Oscar Wilde (me parece
que en “el abanico de Lady ...”), pues lo mismo ocurre
ahora cuando estamos edificando la España plural,
transversal y unisexual, hay que buscarse unos
derechos históricos de cierto linaje antes de hacer
explícitas las ambiciosas identidades que nos
distinguen de nuestro prójimo. Y es que argumentar la
rica pluralidad no es grano de anís y para ello hay
que estudiar más que para ser notario.

Seborga es un paraíso: no tiene más que un bar, dos
restaurantes, un estanco, una tienda de alimentación y
¡ningún banco! pero, sin embargo, dispone de moneda,
sellos, matrículas de coche, Ejército, su propia
Constitución -muy aseadita ella con sus disposiciones
transitorias y contradictorias-, su Parlamento, sus
ministros con barriga ... ¿Alguien da más? No tener
una caja de ahorros cerca que nos puede atar con una
hipoteca y disponer sin embargo de un príncipe es el
colmo de la felicidad identitaria. Tendrán que andarse
con cuidado los seborganos porque un lugar tan
privilegiado habrá de contar con enemigos envidiosos
(iguales a los que disputaban a don Quijote las
glorias de la caballería andante) pero habrá razones
sobradas para que sean discriminados o exterminados
pues serían los incircuncisos contra los circuncisos,
los griegos contra los bárbaros.

Lo tenemos fácil los españoles: este es el ejemplo a
seguir en nuestro país, que debe ser Seborga de
Seborgas. Constituir muchas Seborgas, seguidas, unas
al lado de otras, no faltarán fueros y manuscritos que
exhibir. Al fin de cuentas, Seborga rima con andorga.

28 enero, 2006

Heteróclita miscelánea de respuestas y observaciones

Se pone caliente el blog. Gracias, se lo debo a los que leen y meten la pluma (o el sable) de vez en cuando. Me lo paso muy bien, pero me envicia, pardiez. Acabaré fumando Chesterfield, como el amigo Iurisprudent (por cierto, a ver qué tal eso de Mercantil).
Estoy en deuda de muchas respuestas, aclaraciones, etc. Se hace lo que se puede, pero no me da para más el tiempo ni el cuerpo. Así que voy a poner aquí, todo seguido, algunas notas que pueden valer como respuestas a críticas o preguntas y, también, otras reflexiones que no vienen a cuento, pero en fin.
- Se ha descolgado el nuevo Papa con una encíclica en la que explica que el refocile erótico con amor (heterosexual, eso sí) y, supongo, en el matrimonio, no es mala cosa. Que no hay que cortarse de darle gusto al gusto, tanto al propio como al de la contraparte legal, vaya. Aleluya. Habemus copulam. Pero gosando, que dirían los caribeños. Está muy bien, llega la liberación a los matrimonios católicos dados a la disciplina. A la disciplina eclesiástica, de la dogmática, digo. Ya veo a esas parejas opusianas acudir de la mano a la librería a buscar el manual del orgasmo perfecto o la serie sobre “cómo hacer que tu hombre te satisfaga” o “cómo hacer disfrutar a un hombre”. Bibliografía hay a esgaya, que diríamos en el pueblo.
Pero no es eso lo que me inquieta, sino que me pregunto cuándo le va a pasar al Vaticano lo que ya les ha ocurrido a las tabaqueras, que les lluevan reclamaciones por daño físico y moral. He conocido muchas señoras que, férreamente aconsejadas por su confesor y atentas al sermón dominical, se negaron siempre a permitir y permitirse cualquier placer carnal, ni siquiera en el matrimonio. Tengo alguna familiar que más de una vez salió llorando del confesionario por la bronca que recibió al reconocer que disfrutaba en la cama con su santo y se tomaban libertades. ¿Y ahora qué? Quién compensa a esa gente que se lo había creído y había obedecido? ¿Cómo pagar por tanta neurosis, tanto autodesprecio inducido, tanta desesperación, tanta privación? A ver quién es el primer abogado con un par de códigos que pide una compensación sustanciosa al Espíritu Santo (no quiero ser blasfemo, para nada, que conste) por haber iluminado defectuosamente a sus portavoces. O por andar cambiando de idea de hoy para mañana.
- Ayer contaban los periódicos que en Andalucía se ha aclarado un crimen de hace treinta años. Han descubierto el cadáver de una señora, entonces desaparecida, y ha averiguado la policía quién es el hombre que la mató. El hombre vive, pero no puede ser juzgado, pues el delito ha prescrito. Por cierto, ¿cuánto hace que terminó la dichosa Guerra Civil?
- Un artículo del proyecto de Estatuto de Cataluña, tal como al parecer ha quedado redactado (véase hoy El País, página 15), dice: “En las materias que el Estatuto atribuye a la Generalitat de forma compartida con el Estado, corresponde a la Generalitat...en el marco de las bases que fije el Estado...”. Bueno, pues parece que también ahí se habla del Estado igual que yo lo hacía anteayer, como Estado central y como Administración distinta de la de la Generalitat. Pero no dice Estado central ni Administración central, dice “Estado”.
- Me tomo muy en serio las consideraciones de dos queridos interlocutores sobre los problemas de la ley de partidos y la necesidad de tener en cuenta a los más de cien mil vascos que votan batasuno, si es que se quiere que la paz sea posible. De acuerdo, no digo que no y me quedo meditándolo seriamente. Pero, en aras de la consistencia teórica, me pregunto y les pregunto si mantendrían la misma postura si el caso fuera, por ejemplo, este otro, puramente hipotético: en la Comunidad Autónoma X hay un grupo nazi que ha matado (no te mosquees anónimo, ésos no son los tuyos) ya a mil personas, como manera de reforzar su reclamación de que se cambie el modelo territorial de la Constitución y se suprima o se aligere mucho el régimen autonómico, pues tienen una fuerte idea de España como nación una. Dicen que seguirán matando si no se les hacen concesiones de ese tipo. El nuevo Presidente del Gobierno, señor Y, del PP, está dispuesto a hacer concesiones, pues cree que es mejor la paz que la victoria. ¿Les aplicamos la misma consideración, o a ellos no porque son nazis? Es una pregunta genuina, no un ejercicio de dialéctica mala leche, que no tengo ahora, palabra.
Pero, amigos, me pregunto: si en Euzkadi hay que perdonar y pasar página, ¿por qué no pasamos de una vez todas la páginas y a todos los efectos? ¿Valen más los papeles que se llevaron los facinerosos franquistas hace casi setenta años que los hombres y mujeres que mató ETA hasta ayer mismo? ¿Tapamos las fechorías de los gudaris de mierda y destapamos simultáneamente las de los otros cabrones más antiguosb -muchísimos de los cuales eran catalanes, por cierto-? Extraña lógica veo en eso, salvo error u omisión por mi parte.
En cualquier caso, a mí no me parece mal que los papeles vuelvan a Cataluña. No es la decisión en sí lo que me desagrada, sino el que obedezca a precio y el cariz de las justificaciones que a veces se dan. Es un regalo y punto. Está bien así. O como devolverle al marido las bisuterías cuando la separación.
- De lo de google en China no sé qué pensar, no lo tengo claro. Por un lado, mejor que tengan un google censurado que ninguno. Por otro, ¿qué es mejor hacer con una dictadura? Si la aislamos se perpetúa. Si colaboramos, nos hacemos cómplices. Sólo de dos cosas colaterales estoy un poco convencido. Una, que google busca el negocio, y punto. Un mercado lleno de chinos, vaya chollo. Y, dos, China crece y el progreso económico trae la libertad. No es condición suficiente, pero parece condición necesaria.
- No le tengo, GPA, ninguna manía a Evo Morales. Ojalá acierte y sea capaz de librarse de todos los monstruos que dentro y fuera de su país están esperando para comérselo a mordidas. Ojalá resista y sepa crear riqueza y repartirla bien, comenzando por su gente. Ojalá, en suma, haga de Bolivia un país moderno, próspero y lleno de ciudadanos libres y con oportunidades. Sus amigos no me parecen los más recomendables, pero bueno, ya sé que hay poco de dónde escoger. Estuve el otro día un buen rato con un peruano que ha vivido un tiempo en Bolivia y conoce bien aquello. Él confía bastante en los asesores de Evo. Veremos.Yo sólo me pitorreo de los burguesitos que andan por aquí como locos esperando a que haya en las boutiques finas jerseys como el suyo, pero de marca Boss. Para ir guapo a la manifa, hija.
PD. Añadido el domingo 29: lo que yo desearía para Bolivia y todos los países de América Latina es algo como lo que cuenta hoy Vargas Llosa, en El País, de Chile. A lo mejor alguna tronante voz argentina, que sin duda no es la de algún burguesito porteño con lecturas lenitivas, vuelve a mandarme a las catacumbas por citar a Vargas Llosa y no a algún tonadillero comunitarista patagónico, pero lo asumo deportivamente.
- Un nuevo amigo desconocido (una de las cosas más emocionantes en esto del blog es que se pasa uno el día haciendo cábalas sobre quienes serán unos y otros de éstos que son todos amigos míos, que parece que me estiman y todo y que, todo lo más, asoman la patita por debajo de la puerta; pero mola así) me manda la dirección de su blog, donde se da caña a la manía punitiva de los gobiernos y al afán estigmatizador de los más débiles: inmigrantes, menores, etc. Es éste (haré lo mismo en el futuro con otros):
http://blog.sindominio.net/blog/enchufe.
- Muy bueno y ajustado el editorial de El País alabando la probidad de los magistrados de la Audiencia Nacional que finalmente permitieron el traslado de los papeles a Cataluña. Nobleza obliga. Y sí, es verdad que El Mundo ha dado abundantes muestras de idéntico encanallamiento al criticar a los jueces que no se somenten a la disciplina de los amos. Pero "como te digo una co, te digo la o" (Sabina). El argumento tu quoque no sé si es razón bastante para desautorizar mis opiniones sobre la actitid de El País. Anticipé que TODOS los periódicos se mueven por el olor del billete y a las órdenes del que les da cadenas (o por resentimiento con el que no se las da) con las que atarnos las neuronas.
- Enhorabuena por la medalla, anónimo, es muy merecida. Sabe que me alegro de verdad. Y no me saque los colores, hombre.
- Se me acabó el tiempo hoy. Cuando pueda sigo. Por las conversaciones que dejo conversaciones a medias pido disculpas. Seguiremos hablando, sea como sea. Y gracias. En este cuadrilátero los golpes son todos limpios. Y agradables. ¿Será masoquismo?

Adivina adivinanza

Ahí van dos textos de un hermosísimo libro. Juegue el amigo lector a adivinar cuándo se habrán escrito, a qué se referirán y quién será su autor.
1. "Como quiera que sea, ésta y semejantes distinciones han levantado otra barrera más insuperable entre los dos pueblos, que será eterna mientras la religión o la filosofía no venzan el desprecio de los que ofenden y el desvío de los ofendidos. Entre tanto, toda alianza, toda amistad, todo enlace están cortados entre unos y otros".
2. "Las demás causas que retardan el progreso de la industria son hijas de las antecedentes. La pereza, que no se mueve sino a la vista de grandes y evidentes estímulos; la preocupación, que grita contra todo lo nuevo porque no lo conoce, y que prefiere una ignorancia que la lisonjea a una ilustración que la acusa; la envidia, que nada deja crecer ni madurar y que lucha continuamente por sofocar en la cuna todos los establecimientos que pueden hacer la fortuna de su vecino, y sobre todo una cierta indolencia con que algunas gentes, que tienen aquí como en otras partes la primera influencia, minan todos los medios de hacer el bien que no están fiados a su mano, y sacrifican la felicidad común al interés de su clase, son sin duda causas muy ciertas, aunque parciales, de este atraso. Pero reflexione usted que la principal nace de la ignorancia, y por lo menos es incompatible con la verdadera ilustración".
Fin de las citas.
No, no, no se precipite, no tiene nada que ver ni con el Estatut ni con la alianza de civilizaciones ni con ninguna otra pendejada de las que nos entretienen estos sosos inviernos. Para nada.
Es Jovellanos el que escribe, don Gaspar Melchor de Jovellanos, ilustre gijonés ilustrado. El texto 1 se refiere a la discriminación que sufrían en Asturias los vaquieros de alzada, de los que había en concejos como los de Pravia, Salas, Tineo, Valdés o Navia. Se les consideraba pueblo maldito y no se les permitía ocupar en la iglesia el mismo lugar de los demás fieles ni recibir la comunión con ellos. Lo cuenta Jovellanos en su Carta sobre el origen y costumbres de los vaqueiros de alzada. Estamos hablando de fines del siglo XVIII.
El texto 2 está sacado de la Carta sobre la industria de Asturias, y es el retraso asturiano y sus causas lo que preocupa aquí a Jovellanos.
Está todo ello, y muchísimo más, en un precioso libro que hace el tomo IX de las Obras Completas de Jovellanos, editadas por el Ayuntamiento de Gijón, el Instituto Feijoo de Estudios del siglo XVIII y KRK Ediciones, en 2005.
Ay, si pudiéramos leer más, qué pequeñitos veríamos a esos politicastros de hoy que salen tan grandes y orondos en los panfletos diarios.
Gracias, Paco, por prestarme el libro.

MOZART Y LOS ESTATUTOS. Francisco Sosa Wagner

¡Menos mal que a Wolfgang Amadeus Mozart se le ocurrió nacer hace justo ahora doscientos cincuenta años! ¡Qué detalle el de este hombre! Tener tantas cosas en la cabeza a un tiempo, tantos compromisos, tantas
ocurrencias sacrosantas y, encima, no se le olvidó nacer en tan oportuna fecha.
Porque Mozart no solo se preocupó de escribir la música de don Giovanni o de las bodas de Figaro, la sinfonía Júpiter, el concierto para flauta y arpa etc, etc, sino que logró advertir que ese año sería, pasados dos siglos y medio, en un rincón de Europa, en España, el año del Estatuto de autonomía de Cataluña y de los demás Estatutos, los de las demás comunidades autónomas, y entonces se dijo ¿cómo libero yo a los sufridos españoles de semejante tedio? ¿como les indulto yo de las preguntas atosigantes acerca de si son nación, región, horda, cáfila, o panda de jugadores de parchís? ¿cómo del fino pero torturador debate acerca de si las competencias son concurrentes, confluyentes, condicionantes o emocionantes? Pues naciendo y a ello se puso, con la colaboración apreciable de don Leopoldo, su señor padre, y doña Anna María Pertl, su señora madre, que tuvo el detalle de ponerse de parto en el momento oportuno reclamado por la Historia. Porque ¿díganme ustedes qué sería de nosotros si este año no pudiéramos conmemorar la
llegada a Salzburgo de aquel hombre, empedernido en sus músicas? De verdad ¿cuál sería nuestro destino? ¿repasar y repasar el artículo 3.623 del Estatuto de Cataluña? ¿analizar los trabajos preparatorios del de Castilla y León, que me temo que ya los haya? ¡Ah, cielo clemente, que nos deparas efemérides liberadoras! ¡Alabado seas! Es decir que el genio de Mozart se manifestó, por supuesto, en su música alada, pero su eucación y sus xquisitos miramientos, en la fecha que escogió para nacer. Propongo al lector (hoy, ciudadano/ciudadana) qe, cuando tenga una debilidad y le dé por pensar en ese asunto tan animado de la España plural, que se levante del asiento, introduzca su CD en el aparato de reproducción de discos y se entregue a escuchar la Haffner, la Obertura del rapto en el serrallo o un concierto para piano, el 27 por ejemplo. O compre una entrada para los infinitos conciertos que se están celebrando en todas las ciudades. Ya verá cómo se relajarán sus sentidos, se le aclararán las ideas, se ordenará su mundo, se le disiparán las nieblas, conjurará a los rayos, ahuyentará la rutina, le bajará el colesterol y se le regulará la tensión. Y soltará, por fin, una carcajada fulgurante. De verdad, el efecto es automático y está acreditado por las mejores y más repetidas experiencias. ¡Estatutos a mí! dirá con la misma calma con la que don Quijote dijo “leones a mí y a tales horas!” en la famosa aventura que tiene a estos animales como protagonistas.
Dicho esto, también añado que quien prefiera el preámbulo del Estatuto o alguno de sus artículos a escuchar al mago salzburgués, debe acudir sin perder trámites a un especialista reputado para que le haga las correspondientes pruebas y le someta al más exigente tratamiento. Siempre he tenido a quien no gusta de la música de Mozart o a quien vive de espaldas a ella por un sujeto irredimible para las emociones finas y los sentimientos delicados, pero quien encima sea capaz de anteponer el debate estatutario a sus creaciones, este ya es un enfermo desahuciado que merecerá el infierno, pero no el tradicional poblado de llamas que a fin de cuentas dan calor, sino un infierno rebosante de disposiciones transitorias y contradictorias, artículos, estatutos, naciones, identidades, lenguas, derechos históricos...
¡Gracias, Wolfgang Amadeus, por acordarte de nacer!

27 enero, 2006

Sevilla con lluvia

Cuando llueve en Sevilla llueve más triste. Se les vela la mirada a los sevillanos y hasta los muros toman una expresión hosca. Es más oscuro el cielo aquí en esos días porque lo sienten todos con nostalgia de azul, de ese azul posesivo al que se abandonan.
No hay algarabía, la gente habla menos y habla bajo. O será que el premio del agua se vive con religioso recogimiento, algo que no puede entender fácilmente un asturiano, seríamos como monjes en tal caso en mi tierra.
Llueve en Sevilla hoy torrencialmente, pero no huele a tierra mojada, no hay aromas, ni sabores, ni sonidos, sólo el bronco motor de los coches que pasan.
Reventará mañana la luz de nuevo y traerá las risas. Ya no estaré.

LA POLÍTICA ESPAÑOLA ACTUAL: EL MUNDO AL REVÉS.

Si hubiera que caracterizar la situación política en hoy en España, podríamos decir, muy pedantemente, que oscila entre lo paradójico y lo aporético. Ello provoca un desplazamiento radical de las expectativas, del que correlativamente se deriva una profunda desubicación de los juicios políticos del ciudadano, al que no le queda más alternativa que el escepticismo paralizante o un tipo de afinidad política totalmente desideologizada, descaradamente maniquea y que se parece más al tipo de simpatía que se tiene por un equipo de fútbol que a la actitud reflexiva con la que se supone que se toman, o se deberían tomar, las opciones políticas en el seno de las llamadas democracias deliberativas.
Esa gran paradoja de la política en España se manifiesta en tres aspectos principales:
1. Para tener alguna posibilidad de ganar el gobierno del Estado, vía mayoría parlamentaria, se ha hecho ineludible hacer política antiestatal. En otros términos, se torna poco menos que inviable obtener una mayoría parlamentaria y de gobierno si no es a partir del compromiso previo de adelgazar el Estado central, de sacar a subasta y liquidación sus medios y sus poderes. En sí no es malo, en absoluto, que haya una tensión dinámica, un contrapeso entre Estado central y tendencias descentralizadoras de distinto tipo. Pero esa tensión rompe por uno de sus polos cuando el Estado deja de estar en condiciones de defenderse, cuando los gestores de su política lo abandonan a la búsqueda de sus intereses u obsesiones puramente personales.
Y ahora la gran paradoja. Puesto que son los partidos que ocupan el lugar de la izquierda, PSOE e IU, los que avalan con hechos y palabras esa desestatalización del Estado, le toca a la derecha hacer un tipo de oposición que la saca de sus esquemas habituales, de sus casillas, y rompe de raíz con su tradición, pues se ve obligada a tomar en su mano la defensa de quien tradicionalmente le ha gustado muy poco: el Estado. La tradición política de la que venimos habla de una izquierda estatista, en el sentido en que confía en un Estado fuerte que sea capaz de aplicar las políticas de solidaridad y redistribución a las que alude el punto siguiente; y de una derecha que hace su base del mercado, por un lado, y de poderes locales, de fuerte impronta caciquil y elitista, por otro.
Primer aspecto, por tanto, en que tenemos una especie de mundo al revés que sume a muchos progresistas sinceros en la perplejidad, pues respaldar a los partidos de izquierda supone alinearse con actitudes que han venido caracterizando a la derecha, mientras que avenirse a votar a la derecha por su recién proclamada lealtad al Estado de todos y a la Constitución sume en el desconcierto y la desconfianza. En resumen, una izquierda tradicionalista y una derecha que hace gala de patriotismo constitucional es algo así como la pasar a ver el mundo invertido en la imagen del espejo: todo está al lado contrario de lo que se suponía la realidad.
1. Para tener alguna posibilidad de lograr el gobierno del Estado es necesario ahora propugnar una política antiigualitaria y muy escasamente solidaria en el conjunto del Estado. La opción prioritaria por las comunidades parciales dentro del Estado y por los poderes locales pone al gobierno estatal en permanente subasta entre esos poderes, que otorgan mayorías a cambio de tratos de favor y privilegios comparativos. Cualquier comunidad autónoma que carezca de un partido nacionalista con representación parlamentaria significativa acaba y acabará en el furgón de cola. Y si, para colmo, su economía no es de las más boyantes del Estado, esa comunidad se ve condenada a que su posición desventajosa se acreciente en lugar de mermarse por la acción de la política estatal, pues un gobierno del Estado que tiene que complacer a los más poderosos que le dan los votos con que se sustenta, renuncia, en un contexto de recursos obviamente limitados, al objetivo redistributivo e igualador de los derechos y servicios de todos los ciudadanos del Estado.
De ahí nace la segunda paradoja, pues vemos a la izquierda aprovecharse de la fragmentación y favorecer con ánimo de medro político inmediato los movimientos centrífugos y los egoísmos locales de las comunidades políticamente poderosas, mientras que le queda a la derecha el papel de predicadora de la solidaridad y defensora de los servicios públicos y los derechos sociales igualitariamente repartidos. Otra vez el mundo patas arriba, pues esa función de preconizar la solidaridad interpersonal e interterritorial, de la mano de una Administración estatal central suficientemente fuerte, dotada y dinámica, ha sido hasta hace bien poco la tarjeta de presentación de la izquierda, mientras que la derecha fiaba toda distribución a la mano invisible del mercado y subordinaba la solidaridad a los intereses sociales más fragmentarios y egoístas, comenzando por el interés empresarial y continuando por los intereses particularistas de burguesías locales y lobbies comunitarios.
3. Para poder obtener actualmente el gobierno del Estado español se hace cada vez más conveniente, si no imprescindible, afirmar la prioridad de los derechos grupales sobre los derechos individuales de los ciudadanos. Un buen ejemplo, de plena actualidad, nos lo ofrecen los derechos lingüísticos. El derecho de una comunidad nacional o cuasinacional a mantener su idioma como seña esencial de la identidad colectiva se hace prevalecer, por ejemplo, sobre el derecho individual de los comerciantes a rotular sus artículos en la lengua que quieran, o de los médicos a elegir el idioma en el que hablan con sus pacientes o de los padres a escoger en qué lengua desean que sean prioritariamente educados sus hijos.
La historia del Estado moderno está determinada por la denodada lucha de los movimientos progresistas por lograr la prevalencia de las libertades individuales sobre las tradiciones y los vínculos grupales, por liberar a los individuos de las ataduras a la tierra, la familia, la religión del grupo, las tradiciones y los demás lazos de la tribu, el clan o las comunidades particulares. A esto se añadió, en segunda fase, la porfía, bastante exitosa, por unos derechos sociales -educación, sanidad, vivienda...- concebidos como recursos al servicio de la autonomía individual, del más pleno dominio del individuo sobre sus decisiones y su propia vida. En cambio, el conservadurismo ha tenido secularmente su nota característica en planteamientos comunitarios o grupalistas de base tradicional, y de ahí su apego constitutivo a instituciones como la familia o como la nación, sustancialistamente entendida, como entidad suprapersonal, como organismo que es titular de derechos que predominan sobre las libertades de sus miembros en caso de conflicto. La izquierda ha preferido siempre al Estado sobre la nación, un Estado impersonal, hecho de normas generales y abstractas al servicio de reformas sociales de propósito redistributivo e igualador, mientras que la derecha otorgaba trato de favor a la nación como entidad material, frente a un Estado impersonal del que desconfiaba, pues sabía que en la tradición que hace a las naciones hay una importante baza para resistir frente a las reformas inducidas desde un Estado comprometido prioritariamente con la liberación personal y social de los individuos.
Es evidente que también en esto las posiciones se hallan hoy invertidas. La caída del Muro y la desafección de la clase trabajadora ha llevado a la izquierda a una desesperada búsqueda de nuevos sujetos colectivos de la revolución o agentes de la lucha contra "el sistema", y ha ido a encontrarlos en las comunidades nacionales y culturales, con total prescindencia del hecho de que tales comunidades son muchas veces escasamente respetuosas con la sed de autonomía de sus miembros y están muy a menudo gobernadas y manipuladas por oligarquías económicas y políticas que revierten en beneficio particular la cantinela de los derechos del grupo. También con esto la derecha pierde su habitual clientela y se ve forzada a abrirse espacios en el electorado mediante la defensa de libertades y de un modelo de individuo autónomo que tradicionalmente le importaron muy poco o nada.
Si el anterior análisis fuera válido, serviría de base explicativa para fenómenos que aquí y ahora tanto nos desconciertan, como los siguientes:
- Hay muchos izquierdistas y derechistas cabreados porque los partidos de su sesgo hacen exactamente la política opuesta a la que venía siendo su razón de ser y la fuente de sus apoyos.
- Los partidos tienen que suplir con adhesiones personales acríticas y con una intensificación de la propaganda y del alineamiento social basado en la crispación y la dialéctica amigo-enemigo lo que antes era un más comprensible y reflexivo debate de ideas y propuestas de acción social. Se debilitan, por tanto, la ideología y el debate serio sobre ideas y son reemplazados por una combinación de posibilismo de los cuadros partidistas y de sumisión acrítica al líder que asegure un gobierno valorado sólo como poder, ya no como instrumento para el cumplimiento de programas de acción social.
- Obtienen toda la ventaja los partidos o líderes que renuncien por completo a una política basada en principios y que se fijen como objetivo exclusivo la obtención del poder, pues ese aligeramiento del "lastre" moral e ideológico facilita una política de pactos y promesas libérrima y no subordinada a más condición ni traba que el regateo de ventajas materiales y políticas entre los socios de turno.
- Los partidos que traten de mantener la prioridad de una política de Estado o que quieran formular nuevos principios aglutinadores de la política común (por ejemplo, la idea de la prioridad de España como nación que defiende Rajoy como base de su impepinable suicidio político) se ven y se verán sumidos en procesos de descomposición interna -véanse los casos de ahora mismo, Piqué, Nuñez Feijoo, Camps, incluso...-, pues sus cuadros locales sólo pueden obtener votos en sus feudos si entran al trapo de la subasta del Estado central y la búsqueda del privilegio territorial. Así que si la derecha quiere ganar el gobierno del Estado tiene que apuntarse a la esquilmación del Estado y tiene que abandonar, de paso, toda veleidad nacionalista españolista, pero no para hacerse cosmopolita o universalista, sino nacionalista "periférica". Lo que es bueno para el PP del Estado es malo para el PP de Cataluña o Galicia, y viceversa. La defensa del Estado perjudica irremediablemente a los partidos estatales que quieran hacer política de Estado, paradójicamente, salvo que se concertaran para una defensa común de lo estatal, cosa que requeriría una altura de miras y una dejación de resentimientos que no parecen nada probables.
Por tanto, pase lo que pase y mientras la ley electoral no cambie -y no se cambiará- o mientras la izquierda no sea capaz de recuperar su espíritu definitorio o la derecha de cambiar su discurso metafísico y rancio, poco creíble, por una defensa real y comprometida de los derechos, el Estado español, en cuanto Estado efectivamente apto para implementar políticas comunes y velar por los iguales derechos de todos sus ciudadanos, está condenado a muerte, salvo en lo que quede, durante un tiempo transitorio, de cascajo meramente simbólico y nominal.
Es tiempo de caraduras sin programas, ideales ni escrúpulos, de trepas, de arribistas. A la izquierda y a la derecha. Descansa en paz, España. Descansa en paz, socialismo democrático. Vivan las tribus y la lucha de clases.

25 enero, 2006

Me voy, pero me quedo.

No es que tenga que dar cuenta a los amigos ciberespaciales de mis movimientos, pero que no parezca que abandono el cuadrilátero cuando mejor está la pelea.
Es casi media noche y acabo de regresar de Madrid, viaje relámpago, hoy, de ida y vuelta. Mañana a las ocho tomo avión para Sevilla. A inflamarles las neuronas a indefensos doctorandos durante dos tardes completas y a intentar dar unas vueltas, cámara en ristre, por el barrio de Santa Cruz y algún paraje más.
Pero juro por la lealtad de Zapatero y la hábil estrategia de Rajoy (Antetodomuchacalma me va a obligar a prodigarme más en los exabruptos hacia todos los puntos cardinales, en aras de la equidad y el equilibrio reflexivo) que intentaré sacar tiempo y medios para seguir en estas conversaciones de aquí, incluidos los amistosos rifirrafes.
Salud y descentralización.

IGUALDAD DE OPORTUNIDADES

Andamos a vueltas todos los días con lo que signifique o deje de significar que un partido o una persona sean de izquierda. No es extraño, con tanto ruido en el ambiente, con tan malos ejemplos, con semejante esquizofrenia, con tal cantidad de máscaras y disimulos. Pongamos nuestro microscópico grano de arena para un intento de ganar claridad. Y, si no, al menos, dejaré constancia de lo que yo personalmente entiendo por tal idea, pues más de un amigo de este blog se habrá quedado perplejo a menudo, cuando ve que me proclamo persona de izquierda y, que, sin embargo, embisto de continuo contra el gobierno que nos gobierna, contra sus eslóganes y contra sus habituales medios de expresión y propaganda.
La filiación izquierdista significa en esencia querencia por la igualdad de oportunidades. ¿Y eso qué es? Pues igualdad de oportunidades quiere decir que toda persona se halle en situación de competir en igualdad, sin desventajas invalidantes, por los puestos más elevados en la escala social. Desgranemos esto un poquito.
Aparece en primer lugar la idea de igualdad. En las eras premodernas se pensaba que las personas eran constitutivamente desiguales, que había personas por naturaleza o por designio divino superiores e inferiores. Y, correlativamente, que eran los superiores los llamados a dominar, gobernar y ostentar las más relevantes posiciones y disfrutar de los mayores beneficios. Este visión antiigualitaria tuvo y tiene muy distintas manifestaciones. Antiguamente se pensaba que los nobles, los de sangre azul, eran naturalmente los mejores y para ellos debía estar reservado el gobierno y la dirección de los demás, que eran o menos buenos o menos capaces. Antes y ahora, el machismo supone un desigual reparto de poderes y derechos con base en la supuesta superioridad natural de los varones. El racismo adopta el mismo esquema a base de jerarquizar las razas como constitutivamente desiguales. Para todas estas maneras de pensar, los sujetos inferiores (respectivamente: plebeyos, mujeres o no blancos) estarían por definición excluidos de las posiciones sociales más altas. La igualdad de oportunidades no tiene cabida en estas doctrinas, o la tiene sólo como competición dentro del estrato más elevado.
Las corrientes de pensamiento político hoy preponderantes asumen, al menos en línea de principio, la igualdad formal de todos los seres humanos, y afirman que nadie por razón de nacimiento, raza o sexo debe estar excluido por ley del disfrute de ningún derecho que esté reservado a otros. Eso significa igualdad ante la ley, esa igualdad que entre nosotros consagra el artículo 14 de la Constitución.
El verdadero debate ocurre a propósito de la otra igualdad, la igualdad material. Aquí los polos extremos están formados por el ultraliberalismo económico y el comunismo. El primero cree que es el puro mercado el que, sin restricción ninguna, debe repartir las suertes. La ley de oferta y demanda deparará a los más capaces la mejor fortuna y a los menos aptos o hábiles o voluntariosos la suerte peor. Todo intento de corregir esos resultados antiigualitarios se traducirá en pérdida de eficiencia del sistema, menor productividad, mayores costos de transacción, presencia de parásitos sociales, crecimiento de burocracia costosa, etc., con lo que, al final, cualquier intento de mejorar desde el Estado la distribución del mercado acabará en mayor pobreza para todos, pues habrá menos que repartir allí donde se crea menos riqueza. Digamos, en resumen, que para que el sistema económico-social funcione no quedaría más remedio que resignarse a que haya pobres, o muy pobres o, incluso, a que los más desfavorecidos se mueran de hambre y no tengan oportunidades reales de progreso, sólo virtuales o meramente teóricas, formales. Porque no olvidemos que para estas corrientes la propiedad es sagrada, e intocable también la institución de la herencia, pues se consideran atributos esenciales de la persona, derechos naturales intangibles. Los resultados del predominio de este pensamiento en muchos países son bien conocidos: miseria y radical falta de posibilidades de promoción para grandes capas de población.
En el extremo contrario estaría el comunismo. Aquí la idea esencial es que sea la colectividad, encarnada en el Estado –al menos mientras éste dure; pero no nos compliquemos más- la titular o propietaria de todos los bienes relevantes, comenzando por los medios de producción. El objetivo es que en lo que importa cada ciudadano obtenga un reparto igual del pastel social, el mismo trozo para cada cual. Eso exige una férrea centralización de la economía y un total reemplazo de las reglas del mercado por las leyes del Estado, aunque sea a costa de la pérdida de eficiencia. ¿Por qué pérdida de eficiencia? Porque los ciudadanos, privados del acicate del beneficio mayor y la ambición personal, pondrán de su parte mucho menos en pro de la producción y el crecimiento del sistema. De ahí que en los países del llamado comunismo real se hiciera un esfuerzo tan enorme de adoctrinamiento, con el propósito de comprometer a cada individuo con una empresa que, por colectiva, ya no siente como la estrictamente suya. Las consecuencias de esos sistemas, en lo que se ha podido ver en la historia real, son también de sobra conocidas: mero reparto de la miseria; reparto, además, desigual, pues se generan nomenklaturas parasitarias que se apropian del Estado para su propio medro, y, para colmo, pérdida radical de libertades básicas del individuo. Si en el capitalismo salvaje la igualdad formal y los derechos de libertad son la coartada bajo la que se justifica la explotación y la miseria de muchos, en el comunismo real la igualdad material es el subterfugio para convertir a los ciudadanos en súbditos inermes de un Estado cuasiesclavizador.
Hay unos pocos países afortunados en los que se ha impuesto en la vida política e institucionalizado en constituciones suficientemente efectivas un espacio intermedio entre esos extremos. Ese espacio intermedio se hace de una combinación de mercado y Estado, de libertades individuales –libertad de empresa incluida- y de derechos sociales. Los individuos pueden labrarse libremente su futuro en competencia abierta y sabedores de que hay suertes distintas y reparto desigual de fortunas y oportunidades, pero el Estado interviene sobre los resultados del mercado con propósito corrector: quita por vía impositiva a los que más tienen u obtienen y, con ello, procura satisfacer las necesidades mínimas de los que no pueden pagar: educación gratuita para todos y becas para los más necesitados, sanidad pública gratuita, políticas de vivienda, pensiones asistenciales, etc., etc.
Rechazados los extremos (yo los rechazo, ambos, esto es una opción personal), toca preguntarse qué significa izquierda y qué supone su elemento definitorio, la igualdad de oportunidades, en uno de estos Estados democráticos y constitucionales que procuran también un mínimo, al menos, de derechos sociales.
Las opciones políticas se van a diferenciar ahí según el grado de protagonismo que otorguen a los mecanismos distributivos del mercado y a los redistributivos del Estado. La derecha ha querido siempre que el Estado corrija muy poco el reparto que del mercado salga, y al que Dios se la dé, San Pedro se la bendiga. Su cruz ha sido una miseria insoportable de grandes capas de población, y los propios partidos de derecha razonable o inteligente han tenido que retroceder y hacer eso que se llama acercamiento al centro. La izquierda ha insistido en que tiene el Estado que modelar la sociedad o procurar construirla como diseño voluntario, para que no sea (des)orden espontáneo. El precio ha sido una combinación variable de autoritarismo y un alza insoportable de los costes de gestión, sobre todo a manos de una burocracia que se hace más ineficiente en proporción directa a su crecimiento y a su captación de privilegios. Y por eso ha tenido que acercarse también la izquierda a ese misterioso lugar, ese punto inasible, que se llama el centro. Porque el centro, en cuanto proporción perfecta y armónica de mercado y Estado, por definición no existe, pues las tensiones y las disfunciones no son eliminables del sistema.
Así que la experiencia parece que impone algunas conclusiones. Una, que las desigualdades sociales son inevitables, pues es demasiado elevado el precio por desterrarlas; y además renacen siempre. Y la otra, que esas desigualdades hay que domesticarlas un tanto, hay que gestionarlas de forma tal que, aun asumiendo que resultan hasta convenientes –el argumento del acicate- se debe evitar que se tornen insufribles, incluso criminales. Y aquí es donde cobra pleno sentido el argumento de igualdad de oportunidades como definitorio de la izquierda.
En términos prácticos y ejemplificativos, si en nuestro país existiera en este momento plena igualdad de oportunidades, significaría que cualquier niño o niña que hoy aquí nazca, sea en el barrio que sea, sea en la familia que sea, sea de la raza que sea, tenga las mismas oportunidades sociales que cualquier otro para llegar, si quiere, a presidente del gobierno, presidente del mayor banco o investigador principal del más importante centro científico. O de ser albañil, si lo prefiere. En cambio, no hay esa igualdad de oportunidades en un país en el que con certeza se sabe que prácticamente ninguno de los niños que hoy nacen en ciertas calles o barrios o en el seno de determinadas familias se va a ganar la vida en el andamio, mientras que otros, que nacen en nido distinto, con toda probabilidad están de raíz y desde ya excluidos de los oficios más lucidos y lucrativos, y tendrán el andamio no como opción, sino como condena si quieren comer.
Ya tenemos la base para una política de izquierda que merezca el nombre, y será una política de supresión de la exclusión y, correlativamente, de eliminación del privilegio. Admítase que haya bancos, y que en los bancos unos sean Presidentes del consejo de administración y otros empleados de tercera. Pero garantícese, con todos los instrumentos del Estado y del servicio público, que en la siguiente generación, o en la otra, el hijo o nieto del empleado pueda ser el Presidente y el hijo o nieto del Presidente pueda ser el empleado.
Decir esto para la empresa privada tiene sus problemas, en los que no me voy a detener. Pero baste pensar que toda empresa vive del beneficio y se asienta en el ánimo de lucro, y que a todas les conviene estar en mano de los mejores gestores. Désele al de cuna humilde la misma oportunidad que al otro de formarse, de hacer una carrera que de verdad seleccione por capacidad, etc. y veremos cómo la propia dinámica del mercado acaba brindando oportunidades de ascenso privado a ese que primero apadrinó el Estado. No cómo aquí y ahora, donde la política pseudosocial y mentirosa consiste en facilitar que todos tengan un título universitario para que, ante lo poco que los títulos forman y significan en la práctica, sean los hijos de los de siempre, los que pueden pagarse el máster y conseguir privadamente la formación que la universidad pública hurta a los otros, los que sigan perpetuándose en los puestos dominantes.
Y si decimos esto de lo privado, que decir de los trabajadores del Estado. Ese principio de mérito y capacidad que la Constitución dispone (art. 102.3) como parámetro de acceso a la condición funcionarial es la piedra angular de un Estado comprometido con la igualdad de oportunidades. No como esta corrupción permanente que vivimos con un silencio cómplice y con la colaboración vergonzosa y vergonzante de organizaciones, como las sindicales, que por historia y por designio constitucional están para defender a los más débiles y no para ejercer de mafia y de reducto del más putrefacto clientelismo. Como hoy está ocurriendo masivamente, a todos los niveles y peor cuanto más abajo, en este Estado español que presume de social y es, en todo y para todo, cada vez más tribal; o más feudal.
Un Estado de sinvergüenzas prestos a corromper o corromperse, no es, por definición, un Estado social, pues el clientelismo reproduce hasta la náusea los más pútridos esquemas del Estado premoderno, antiigualitario, clasista, opresor. Un partido de arribistas que venden su voto y su decencia por un plato de lentejas o por no tener que volver –si alguna vez han estado, que esa es otra- al tajo real, no es un partido que merezca llamarse socialista, es una mera casa de lenocinio.
Por eso despotrico contra los izquierdistas de pacotilla, de eslogan vacío y rostro de pedernal. ¿Que la derecha es peor? Y a mí qué demonios me importa, no son los míos y no me duelen tanto. Además, hace tiempo que tengo mis dudas de que sean peores. Tal vez porque peor imposible.
Vaya por dios, esto empezó como una lección la mar de profesoral y acabó como siempre. Sorry.