24 enero, 2006

Cómo está El País y cómo es el país.

Comenzaré con algunas aclaraciones. En estos tiempos, decir algo que se salga de la verdad progre-oficial-discursoúnico-modelo-soy-guay exige ocho mil disculpas y cuatro pliegos de descargo. Me someto humildemente a tan onerosas condiciones, impuestas por una sociedad crecientemente pluralista y avanzada. Allá van mis modestos atenuantes y luego pasamos a la carga.
- Procuro leer todos los días, o al menos ojear con algún detenimiento, varios periódicos bien distintos. Así que diariamente me entretengo buen rato con El País y ABC, a lo que, siempre que puedo, añado buenos vistazos a El Mundo y, para oxigenar, una miaja de prensa extranjera. Con todo y con eso, o por eso, vivo sumido en la incertidumbre, el desconcierto y el creciente convencimiento de que casi nada tiene arreglo fácil en este país de fariseos y nuevos ricos.
- Sé que cada periódico tiene una marcada línea ideológica y, peor aún, partidista. He dicho cada periódico.
- Sé también que detrás de cada uno de ellos hay un grupo empresarial movido por afán de lucro y que tiene como fin supremo hacer su agosto a base de que un día ganen los suyos, para lo cual se impone comerle el coco duramente al sufrido votante adicto al rebaño y la consigna elemental.
- Durante muchos años miré con perplejidad a los lectores de ABC y contemplé divertido su aspecto y maneras de cavernícolas.
- De un tiempo para acá me divierte aún más observar a todos esos progres guapos que recitan los editoriales de El País con el mismo espíritu entregado con que los fieles de ciertas iglesias protestantes cantan a voz en grito los versículos del Antiguo Testamento. Hace poco, un compañero muy apreciado y con gran oído musical me hacía reparar en el modo especial en que los progres guapos entonan la expresión "viene hoy el El País que...". En artesanal transcripción sonaría algo así como "viene hoy en El Paíííííís que...". Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.
- Tengo para mí que el profundo sentido social de esos lectores y sus afanes de justicia social les llevan a olvidar que detrás de dicho prestigioso diario hay una empresa del copón que bebe a cociencia en el beneficio capitalista y ejerce su apego a todo poder que rinda beneficio económico. Como todos, sí; pero no se olvide, pues, que como todos. ¿Cómo dice usted? ¿Que lo que quiere PRISA es una sociedad socialista en la que el capitalismo más o menos salvaje deje paso a un equitativo reparto de la riqueza y a poner coto al beneficio empresarial desbocado? ¿Que su modelo de mercado no es el mismo que el de los dueños de ABC? Pero, hermano, usted en qué mundo vive. Apuestan a distinto caballo, es cierto, pero la carrera es la misma y el hipódromo idéntico.
- No me quita el sueño el asunto de los papeles de Salamanca y me da bastante igual donde estén unos u otros documentos, aunque puedo entender que la Generalitat quiera los suyos o que otros crean sinceramente en la unidad del archivo o en lo bueno que es para Salamanca tenerlos allí. Ahora bien, descreo mucho de todo acto de justicia que se derive de un pacto de conveniencia, es decir, que sea parte del pago de un precio. Pase como precio, y lo comprendo, pero que no me lo pinten como cumplimiento poco menos que de un precepto de derecho natural. Como dicen en mi pueblo, tan burdos, tan zafios, tan poco finos, tan al margen de la political correctness -una cosa tan gringa, mira por donde- bien está joder, pero no arrancar los pelos.
Dicho todo esto, que será poco aún para evitarme las iras de los tiralevitas del Big Brother, vamos con El País de hoy. Qué editorial, oiga. Véalo, véalo (y más abajo se lo copio por si mañana no está visible a través del link). Trata de los papeles de Salamanca y la Audiencia Nacional.
Debo de estar muy pasado de rosca, lo admito, pues mientras lo iba leyendo no podía dejar de pensar en Arnaldo Otegui y su troupe. ¿Se acuerdan de que cada vez que hay una sentencia o actuación judicial que no les beneficia dicen que los jueces están comprados, que son una panda de fachas, que los manipula el PP, que son unos retrógrados que se oponen al progreso y a la paz? Eso sí, cuando el fallo les va bien no dicen que qué majos los tribunales y que qué maravilla de justicia garantista. Como el otro día con lo del juicio de Otegui.
Pues aquí tienen el editorial de El País dando caña, con la misma amplitud de miras, a la Audiencia Nacional por haber osado decretar unas medidas cautelares provisionales que, todo lo más, retrasarán unos días la llegada a Barcelona de las cajas de la discordia. Sin compasión. Y todo por contrariar al Gobierno y a su culta Ministra de la cosa culta. Justo ahora, vaya por dios, que ZP acaba de tarifar con Carod y le iba a dejar los papeles con el mismo gesto con que uno le hace el último regalito a la novia a la que le acaba de poner los cuernos para siempre. Mecachis.
Además del enorme respeto que muestra el periódico-biblia a los jueces y a su independencia, contiene el editorial de marras algunos párrafos que no tienen desperdicio. Nos toman por tontos, no hay tu tía. Por ejemplo, cuando dice que "El motivo aducido, que en las cajas hay documentos que no corresponde trasladar, es un mero pretexto para obstruir el cumplimiento de la ley". O sea, que si realmente hubiera documentos que no se deben trasladar en aplicación de la ley en cuestión, hay que trasladarlos igual por imperativo de tal ley y porque sí y porque lo dijo la Calvo, ozú. Cualquiera les pone a éstos un interdicto de retener, te disparan con un editorial y te dejan seco. Eso sí, como añade el prestigioso diario independiente, "al tratarse de instituciones del Estado, todo lo que se hace está sometido a estricto control de legalidad y a su ejecución pertinente". La cuadratura del círculo jurídico. Un estricto control de legalidad que excluye su operatividad por los tribunales contenciosos. Genial. Se ve que la legalidad que conviene al Gobierno la controla directamente el Espíritu Santo, pischa, ozú, olé, oremos y no recurramos.
Pero hay otro chiste mejor, realmente antológico, aunque no nuevo. Resulta que "No hay irreversibilidad alguna que obligue a una intervención intempestiva de un tribunal". Claro que no. Todos sabemos que si los papeles llegan a Catalunya y luego un tribunal dice que tienen que regresar, aquellos amables nacionalistas los devuelven ipso facto acompañados de unas botellitas de cava y el deseo de feliz año. Es fácil y divertido imaginar la escena, cientos de jóvenes gudaris de ERC encadenados y altisonantes declaraciones de Mas y más (¿esto no es un supemercado?) que harían quedar por pacatos a los salmantinos y como tímido irresoluto al tal Lanzarote, que según El País es poco menos que un peligroso golpista, casi el terrorista Carlos.
El caballo de Espartero es un pony al lado de estos adalides de la prensa libre.
Ahí copio la cosa:
Desafío judicial.
El pasado viernes la Audiencia Nacional demostró que cuando se trata de paralizar al Gobierno puede incluso trabajar de noche. Los más antiguos del lugar recuerdan vagamente sólo un antecedente en un caso en que estaban en juego derechos fundamentales. La sección séptima de la Sala de lo Contencioso Administrativo se reunió de urgencia para adoptar, a petición del Ayuntamiento de Salamanca, unas medidas "cautelarísimas" para paralizar en la sede del Ministerio de Cultura los papeles del Archivo de la Guerra Civil que iban a ser entregados a la Generalitat de Cataluña en cumplimiento de una ley aprobada por las Cortes Generales. La Sala de la Audiencia celebrará hoy una vistilla con abogados del Estado y del consistorio salmantino para decidir si mantiene o anula la paralización decretada el viernes.
No hay lugar a dudas de que los magistrados aceptaron con gusto el envite lanzado por el alcalde de Salamanca, Julián Lanzarote, de politizar el caso hasta contaminar a la propia justicia y producir un golpe de efecto en mitad del traslado y en plena negociación del Estatuto catalán. La ejecución del traslado no tiene nada de precipitado ni de clandestino. Sólo la obstaculización sistemática del señor Lanzarote obligó a realizarla de madrugada y sin contar con camiones para la carga. Es una medida no tan sólo legítima por parte del Ministerio de Cultura sino obligada, después de que la devolución de
los documentos incautados tras la Guerra Civil fuera aprobada como ley por el Congreso de los Diputados. El motivo aducido, que en las cajas hay documentos que no corresponde trasladar, es un mero pretexto para obstruir el cumplimiento de la ley.
Las medidas tomadas el viernes por la Audiencia Nacional constituyen un desafío al Ejecutivo. La Sala deberá explicar en primera instancia cuál es el título que habilita al Ayuntamiento de Salamanca para recurrir, pidiendo la adopción de "medidas cautelarísimas", un acto del Ministerio de Cultura sobre un archivo que es de su propiedad y sobre cuyos fondos carece el Ayuntamiento de cualquier titularidad. Constituye, por lo demás, un acto de desconfianza supina entre las administraciones, dado que el traslado ni siquiera implica a particulares, sino a instituciones del Estado.
No hay irreversibilidad alguna que obligue a una intervención intempestiva de un tribunal; al contrario, al tratarse de instituciones del Estado, todo lo que se hace está sometido a estricto control de legalidad y a su ejecución pertinente. Existe ya un recurso, planteado por la Junta de Castilla y León ante el Tribunal Constitucional, sobre cuya decisión y cumplimiento parece tener muy escasa confianza tanto el Ayuntamiento de Salamanca como la sección de la Audiencia Nacional que ha aceptado el recurso. De ahí que lo único pertinente sea el levantamiento inmediato de las medidas cautelares, a la espera, por supuesto, de lo que decida en su día de forma definitiva el Tribunal Constitucional.

23 enero, 2006

Ya viene la revolución, hermano.

Historia rigurosamente real y reciente. Una profesora venezolana va a dar una conferencia en Suiza, invitada por un importante organismo internacional y en el marco de unas jornadas para profesores latinoamericanos.
Se retrasan los pagos de las dietas y viáticos y la señora se ve en Suiza sin dinero con el que hacer frente a la factura del hotel y similares. Sus colegas le dicen que pague con tarjeta y que saque dinero en cualquier cajero automático. Y la buena señora, compungida, les cuenta que:
a) No les está permitido a los venezolanos comprar con bolívares, la moneda nacional, más de cuatro mil dólares al año. Funciona, eso sí, un floreciente mercado negro de divisas.
b) Las tarjetas de crédito que sus bancos les pueden dar allá no tienen, por imperativo legal, validez internacional, con lo cual ni puede pagar con su tarjeta ni puede sacar dinero con ella en Suiza.
Da algunas importantes informaciones adicionales. Por ejemplo, que si eres venezolano y no tienes pasaporte, debes esperar unos tres años para que te lo den, desde que lo solicitas al organismo estatal correspondiente.
Y a uno, que en su juventud, antes de la caída del Muro, algo viajó por la DDR, Hungría, Yugoslavia..., le vienen tantos recuerdos...
Otra vez los tiranuelos más sinvergüenzas van a engañar a los más estúpidos gobernantes y a los ciudadanos más ingenuos en nombre de un socialismo cuyo nombre manchan y de la liberación de unos pueblos a los que solo quieren oprimir.
Pero es tan majo ese Chávez, y tan antiimperialista...
Manda güevos con las revoluciones de pacotilla. Por cierto, ¿la vaselina es un derivado del petróleo?

22 enero, 2006

Por el PIB de un sereno.

Entiendo de economía menos que un catedrático de la materia (dice un colega que si tanto saben de las pelas, por qué no se hacen ricos). Me las arreglo malamente con el ábaco y un poco del sentido común que va quedando. Así que me salen las cuentas de la vieja y no más. Pero suele alcanzar.
Leo ahora mismo en la edición digital de El Mundo que, según los términos del acuerdo para el Estatut, "En los próximos siete años, Cataluña recibirá inversiones del Estado equivalentes a su aportación al PIB total y nunca por un valor menor. En estos momentos, Cataluña aporta el 18,5% del PIB español y recibe inversiones en torno al 11%, según CiU".
Y yo, sumando con los dedos y conociendo al personal, me pregunto: en adelante, ¿alguna otra Comunidad Autónoma va a admitir, sentado este precedente, recibir inversiones del Estado por un valor inferior a su contribución al PIB? Si es que no, como parece, se acabó la solidaridad interterritorial y la idea de que en España debe invertirse más donde haya más atraso y más pobreza. Bye, bye, justicia redistributiva. Si es que sí, si alguna Comunidad tragara con tal cosa, sus ciudadanos se sentirían legítimamente discriminados por comparación con los catalanes, y pensarían que los estaban tomando a ellos por el pito de un sereno, mientras que a los del seny bien que los cuidan. Eso sí, de aquí a siete años todos calvos. Y Santa Rita-Rita, lo que se da no se quita.
O expresado el problema de otro modo: si los recursos del Estado son limitados, y lo son (y ahora más, por Tutatis, que mira que dentellada han dado a los impuestos los catalanes); si, por tanto, su reparto equivale a lo que se llama un juego de suma cero y lo que se le da más a uno se le tiene que restar a otro (si un padre no tiene más que cuatro caramelos y los reparte entre sus dos hijos, y si decide que uno debe recibir tres, al otro por narices le queda sólo uno, por mucho que el padre les haya prometido a ambos que tendrán los mismos y que se van a poner ciegos de tanto chupar caramelos), uno se pregunta ¿a quién le va a tocar recibir de menos la parte correspondiente a eso que trinca Cataluña?
Hagan juego, señores, se admiten apuestas. ¿Al País Vasco? Ni de coña, que peligra la pacificación y se enfadan los gudaris de sin corbata, tan majos y modelnos. ¿A Andalucía? Pero si es nación también, ozú. ¿A Galicia? Frío, frío; y húmedo. Pues van quedando menos. Siga usted.
España progresa adecuadamente. Va bien. Para los ricos. Menos mal que estaban al quite los de Izquierda Unida-Los Verdes, que si no... Se van a poner moraos. Izquierda Unida-Los Morados. ¿Cómo que Morancos? Mo-ra-dos, he dicho morados.
Agrupémonos todos en la ducha final. No es una errata, no.



Onésimo.

El otro día, en Madrid, un amigo de confianza y con información de primera sobre los arcanos pesoeros me contaba algo gracioso.
Que a Felipe González ZP le cae como una patada en la parte presidencial es bien sabido, pues se corre el comentario de cenáculo en cenáculo y no hay ágape en que González no lo repita, si bien no se anima a poner blanco sobre negro sus juicios ni a cantarle al otro las cuarenta en bastos, no se nos vaya a chafar el chiringuito. Lo que un servidor no había oído nunca es el mote que González le ha puesto al Zapa: Onésimo.
Me quedé un segundo medio turbado, pensando qué relación podría haber entre la joya de León y el ideólogo falangista. Caritativo, iba a concluir que tal vez la comparación se debía a que ambos nacieron pucelanos, más o menos. Pero no, me aclaró mi compadre, no es ese Onésimo, es el futbolista, que lo fue del Valladolid y el Barça, entre otros. Ah, caramba, ¿y eso? Pues que Onésimo era maestro absoluto del regate en corto, un virguero con la pelota en los pies, que talmente parecía suya, un mago del dribling. Pero carecía por completo de visión de la jugada, no levantaba la cabeza, no veía más allá del palmo sobre el que brincaba entre defensas perplejos.
Acabáramos. Pues puede que no esté mal la comparación. Sigue fino el Felipe, mira por dónde.
Acaba ZP de marcarse unos regates para el acuerdo sobre el Estatut. Es probable que la jugada acabe con gol en propia puerta. Pero, entretanto, qué dominio del balón. Y de las pelotas en general. A este nuevo Onésimo le ha salido un partido redondo, aunque el equipo haya perdido. ¿Que qué equipo? La selección nacional, hombre, cuál va a ser.

LA PUNTITA NADA MÁS. La negociación del Estatut y la cosa de la nación: entre preámbulos y consumaciones.


Personajes:
Él: Un político nacionalista catalán.
Ella: ZP
La madre (ausente): Estado español (de soltera, España).

La escena transcurre en un amplio salón, adornado al estilo tradicional burgués. Los personajes están sentados en un mullido sofá, muy juntos.
Él.- Hay que meterlo entero, llevo años aguantándome.
Ella.- A mí me gustaría, pero no me dejan. Mi madre se enojaría muchísimo si se enterara.
Él.- Tu madre es una retrógrada, por eso me tiene tan harto y quiero alejarme de ella. Vente conmigo.
Ella.- Ya, para ti es muy fácil. Pero yo aún vivo de las propinas que me da. Y en su casa.
Él.- Tú puedes hacerla cambiar.
Ella.- No es tan fácil. Es vieja y ya no tiene la mente para muchas novedades.
Él.- Lo que pasa que en el fondo tú la quieres.
Ella.- No digas eso, la detesto. De buena gana me iría y prendería fuego a todo lo que hay en esa casa.
Él.- Pues hazlo.
Ella.- ¿Y qué sería de mí? Tengo que ir componiéndomelas con discreción, a mi manera. Pero algún día haré lo que me dé la gana, ya verás.
Él.- Yo quiero verlo ahora mismo, ya
Ella.- Ay, eres un impaciente, pero te adoro.
Él.- No vas a engatusarme de nuevo con bonitas palabras. Tienes que decidirte.
Ella.- Tu sabes que me entregaría a ti con el mayor gusto y sin reservas. Pero me pueden echar de casa.
Él.- No se enterarán, quedará entre nosotros. Metámoslo.
Ella.- Pero nos ven que estamos juntos y... nos lo notarán en la mirada. Dicen que a nosotras nos cambia la expresión.
Él.- Tú sabes disimular muy bien, no habrá problema.
Ella.- El problema puede ser otro, peor.
Él.- ¿Cuál?
Ella.- Lo sabes de sobra. Si lo metemos entero podemos concebir otro ser.
Él.- Es lo que más deseo.
Ella.- Y yo, pero no puedo. Aunque me encantaría ver la cara de mi madre. Si me atreviera.
Él.- Atrévete
Ella.- Ardo de deseo, casi no me domino, pero no puedo.
Él.- ¡Reprimida! No me amas.
Ella.- Te amo, te deseo. Pero tengo miedo a las consecuencias si lo metemos entero.
Él.- Confía en mí.
Ella.- Sabes que no puedo confiar. Tú deseas que pase eso que yo no me puedo permitir ahora, sueñas con ese parto.
Él.- Entonces me voy. No volverás a verme. No querré más tratos contigo. Y se acabaron los arrumacos y los calentones. Ya sabes cómo os llaman a las que nos ponéis en el disparadero y luego nada.
Ella.- Espera, no te vayas, por favor, te necesito. Eres mi único apoyo en la vida y mi pasión secreta.
Él.- Pues entonces ya sabes lo que te toca. Llevo mucho esperando y tengo grandes planes para nosotros y el nuevo ser que venga, que vendrá. Metámoslo, anda.
Ella.- ¿Puedo proponerte una cosita?
Él.- Di.
Ella.- ¿Y si en lugar de meterlo entero, entero... la puntita nada más?
Él.- ¿Y así qué adelantamos? Es meter, al fin y al cabo.
Ella.- Sí, pero si pasa algo podemos decir que fue un accidente, que nosotros no queríamos, que pensábamos que sólo con la puntita no había riesgo...
Él.- La puntita nada más. Pues vaya. ¿Y nos quedamos así?
Ella.- No, tontín. Te prometo que luego seguiremos disfrutando.
Él.- ¿No dejarás de darme gusto después de lo de la puntita?
Ella.- Te daré más, mucho más de lo que sueñas. La puntita es sólo el preámbulo. Sabes que luego puedo hacerte gozar de mil maneras.
Él.- ¿Y un día lo meteremos todo?
Ella.- Claro que sí, mi amol, cuando mi madre esté más débil.
Él.- Te vas a enterar de lo que vale mi puntita, vida mía.
Ella.- Y tú vas a ver que sólo me importas tú. Y de lo que soy capaz.
Él.- Golfa, estoy loco por ti.
Ella.- Destrózame, cabrón.
Él.- Deberíamos matar a tu madre.
Ella.- Espera, espera. Ven, vamos a nuestro preámbulo. Tengo tanta urgencia....Ah.
FIN. CAE EL TELÓN. DETRÁS SE ESCUCHAN SUSURROS, RISAS Y GEMIDOS.

21 enero, 2006

Dos noticias de la prensa alemana de hoy que dan que pensar

1. La monda. Die Welt da una noticia totalmente sorprendente (¿o no?) sobre el caso Susanne Osthof. Es aquella arqueóloga alemana, simpatizante con el Islam y que jura en arameo (¿o era en árabe?) contra sus compatriotas alemanes y contra el Estado que la rescató de sus raptores a base de pasta gansa. Hace semanas debatimos un poco en este blog sobre su peculiar patriotismo y sobre cómo debe comportarse un Estado con un ciudadano suyo que se cisca en sus muertos. Recuérdese, además, que la Osthoff salió de su cautiverio hablando maravillas de lo buena gente y agradables que eran sus secuestradores y de que ella quería regresar pronto a Irak y seguir sus investigaciones con cargo al presupuesto alemán. Luego hubo quien dijo incluso que ella era una espía alemana camuflada y no sé cuántas cosas más.
Pues ahora resulta, según Die Welt, que después de ser liberada la buena señora, ya a salvo y bajo custodia de personal de seguridad alemán, se tomó una ducha. Aprovecharon sus protectores para echar un vistazo a las pertenencias que llevaba en sus bolsillos y, oh sorpresa, resulta que llevaba un buen puñado de dólares y que, confrontados los números de serie de tales billetes, se comprueba que son parte de los que se entregaron para su rescate. Urge hacer una película sobre el caso y la señora, que también debe de ser un caso.
2. Esta es más seria. Cuentan por ejemplo Die Zeit y el Tagesspiegel los primeros resultados del concurso que el Estado alemán ha organizado entre las distintas universidades del país, a fin de que en el futuro reciban importantes complementos de financiación en función de su excelencia. Se presentaron setenta y cuatro universidades y han pasado la primera criba treinta y seis. Ha habido sorpresas, como la eliminación de la Humboldt, de Berlin. Se toman en consideración los resultados científicos obtenidos, la calidad de la enseñanza y el proyecto de futuro. Restan aún dos fases de la competición. Las que queden clasificadas las diez primeras recibirán 13,3 millones de euros anuales de incentivo.
Je, nos vamos a reír un montón cuando aquí se comience a hacer algo similar. Verán qué apuro de los rectores para esconder o prejubilar a toda prisa a los miles de inútiles que han promocionado en los últimos años a cambio de un voto y de unas caricias en la parte mullida del ego rectoral. Si el concurso fuera de índice de mangancia por cada cien catedráticos y titulares, aquí nos hacíamos de oro. O de desconocimientos básicos de cultura general. Pero como empiecen con la matraca de la enseñanza actualizada y la investigación de calidad se va a descubrir que estas universidades nuestras son de tipo 13 Rue del Percebe, y que el botones Sacarino está muy ilusionado esperando a que el sistema de habilitación se cambie por el de acredifelación para hacerse cátedro y cantarle las cuarenta al Dire.
Hija, qué disgusto tengo.
NOTA BENE: una puntualización, por si las moscas o los malentendidos. Entre los titulares, catedráticos, contratados, etc, y también entre los rectores, los hay que se dejan la piel y la salud mental en el oficio, que trabajan con seriedad, rigor y el mayor esfuerzo, en medio de la incomprensión gremial y las zancadillas. Yo conozco unos cuantos. También rectores. Toda generalización se refiere a tendencias dominantes y promedios, y es compatible con excepciones. Haberlas, haylas, que conste. Pero pintan cada vez menos. En la Universidad española (o lo que sea) el buen trabajo profesional en la enseñanza y la investigación y la gestión con amplitud de miras e ideales serios son excentricidades. Bentitos excéntricos, encomiables mártires. Les quedan cuatro telediarios.

Diccionario de bobaditas ZPG. 4.

Vaya, esta vez me la han pisado. La bobadita zapatogrouchesca, digo, la innovación semántica de nuestro Presi sin par. Este hombre está despatarrando el diccionario, y sólo por eso ya pasará a la historia.
Un amigo del blog criticaba un poco la anterior entrega de este diccionario de bobaditas ZPG y se preguntaba que para qué estos análisis guasones y que qué se pretendía demostrar en el fondo. Pues bien, le confieso y confieso a todos los amigos cuál es la pregunta que me inquieta, la hipótesis que no logro apartar de la cabeza y que con cada nueva retorsión terminológica de ZP se me reaviva: ¿y si simplemente tuviéramos un Presidente lelo? ¿Y si, más allá de habilidades concretas o capacidad para el regate en corto y el vis-à-vis venal, fuera simplemente un ceporrón ignorante y lerdo?
O eso o mucho descaro, tertium non datur. Porque no me digan ustedes que con esas definiciones que se gasta puede ser normal. Una de dos, o nos vacila o simplemente es que no da más de sí. Yo aún no tengo claro con cuál de esas posibilidades quedarme, la verdad, y por eso debemos seguir investigando y mirando con lupa sus sesudos discursos.
El caso es que hace tres días se animó de nuevo a definir lo que es una nación, y dijo que una nación es "un conjunto de personas unidas por un vínculo y una historia común". Así que ya sabe usted, su señora o señor y usted mismo/a son nación. Todo matrimonio es una nación. Así que demanden los casados, de consuno con sus cónyuges, libertad, amnistía y, sobre todo, estatuto de autonomía.
Pero el análisis de este nuevo hallazgo ya está hecho, por obra de Luis M. Alonso en La Nueva España del día 19. Véalo aquí.

La historia y los maniqueos. Sobre un magnífico artículo de J.I.Wert

El País de hoy, sábado 21, publica un artículo de José Ignacio Wert que me parece magnífico. Me lo parece por tres razones principales, que tienen que ver con las tres tesis que el autor mantiene.
1. Que el franquismo fue un régimen dictatorial e ilegítimo, si bien con distintas fases, que se instauró mediante un golpe de Estado contra una República que no era, ni mucho menos, un ejemplo de democracia, justicia ni orden. Volveré sobre esto.
2. Que pretender que la transición a la democracia en España está viciada por que no rompe violentamente con el franquismo y querer entroncar directamente con la legitimidad republicana es engañoso y peligroso, pues era aquella República un modelo mucho más defectuoso e injusto que esta democracia que ahora disfrutamos . Por ejemplo, los derechos de los autonomías eran mucho menores, contrariamente a los que tantos interesadamente afirman ahora.
3. Que desconocer la historia y andarse en juegos maniqueos y manipulaciones interesadas de los tiempos pasados es la mejor manera de repetir errores, algunos muy peligrosos.
Dos palabras sobre la guerra civil. Como Wert nos recuerda en el artículo, han pasado nada menos que setenta años desde el comienzo de la guerra civil. Y andamos todavía ahora, y cada vez más, con que si eran galgos o podencos. Vemos a los historiadores batirse con ánimo militante y las disputas, por ejemplo, entre Moa y Moradiellos tienen más de torneo que de ciencia histórica, o lo parece al menos. Impera la pretensión de asignar dos papeles extremos y sin matices, pues tiene que haber unos malos muy malos y unos buenos muy inocentes y puros. Hasta la historia se contamina de maniqueísmo en esta sociedad incapaz de toda lógica que no sea ese pensamiento binario que sólo ve en blanco y negro y no discierne otros matices.
Con lo fácil que sería ampliar nuestras miras de todo tipo, históricas, políticas y sociales, con este par de reglas de pensamiento, tan sencillas y obvias:
a) El enemigo o rival del malo no es necesariamente bueno.
Que Chávez sea rival u opuesto al patán de Bush no hace bueno a Chávez y no se debe descartar que los lamentables cretinos sean dos: Bush y Cávez. Y muchos más.
Otro ejemplo, para nuestro caso: que los que se levantaron contra la República aquí fueran unos liberticidas autoritarios y opresores no convierte a los políticos republicanos, a todos, en excelsos demócratas. Los había, también en ese lado, asesinos y totalitarios.
b) No todo el que se opone a un antidemócrata es un demócrata. Puede ser un totalitario de camada distinta.
Un ejemplo: en tiempos del franquismo muchos lucharon contra ese régimen movidos por afanes stalinistas. Su posible mérito personal y su sincera entrega no tiene por qué impedirnos pensar, a estas alturas, que menos mal que no ganaron, pues habría sido su triunfo el tránsito de Guatemala a guatepeor.
Por malo y odioso que fuera el franquismo, y lo era mucho, no se hacen buenos y dignos de alabanza automáticamente todos sus opositores. Por malos que fueran algunos de esos opositores, no se torna bueno automáticamente el franquismo.
¿Y si aplicáramos eso a temas de ahora mismo? Por repelente que resultara Aznar... Por estúpido que nos parezca Zapatero... Acabo de verme con unos queridos colegas y sin embargo amigos que me insistían todo el tiempo en que cualquier cosa que haga ahora Zapatero se legitima y se justifica por lo repulsivo y autoritario que (les) resultaba Aznar. Y por el otro lado andan igual, pues la obvia estulticia cazurra de ZP hace a muchos opinar que hasta un pronunciamiento militar sería legítimo y apropiado ahora. Dan miedo y un poco de grima tanto los unos como los otros, en la proporción que cada cual prefiera, eso sí.
Pero vamos con el artículo de José Ignacio Wert, que se puede leer pinchando aquí encima y que copio también a continuación:
Se titula ¿La historia interminable?
Se han cumplido 30 años de la muerte de Franco. En unos meses, se cumplirán 70 del comienzo de la Guerra Civil. Y, de no ser por los empeñosos empeños editoriales y la oficiosa oficialidad conmemorativa que una y otra efemérides suscitan, ambas pasarían desapercibidas para el común de los ciudadanos, lo que es la mejor noticia sobre la salud política básica de los españoles que cupiera imaginar.
Sin embargo, es sabido que las efemérides las carga el diablo. Y en este caso, las mismas se hilan con el propósito de forzar la consagración de una definitiva relectura de nuestra historia contemporánea no menos maniquea que la que impuso el franquismo mientras pudo. En un artículo de Javier Cercas en EL PAÍS del 29 de noviembre pasado (Cómo acabar de una vez por todas con el franquismo) creo que se resume adecuadamente el espíritu y la letra de esa relectura en la siguiente frase: "Había una vez en España una República democrática mejorable, como todas, contra la que un militar llamado Franco dio un golpe de Estado. Como algunos ciudadanos no aceptaron el golpe y decidieron defender el Estado de derecho, hubo una guerra de tres años. La ganó Franco, quien impuso un régimen sin libertades, injusto e ilegítimo, que fue una prolongación de la guerra por otros medios y duró 40 años". A esa lectura se apunta con entusiasmo la izquierda que nos gobierna.
A mi juicio, el problema que suscita esta nueva verdad oficial no está en la demonización del franquismo, sino en la beatificación de la República. La descripción del régimen de Franco que despacha Cercas en las líneas anteriores es algo simplista y omite aspectos esenciales (como, por ejemplo, la propia evolución del franquismo), pero no puede decirse que sea falsa.
Sí es en cambio, a mi entender, radicalmente errónea la frase que describe a la República. La República no fue un régimen democrático mejorable como todos. Fue un fracaso de la democracia al que contribuyeron revolucionarios y contrarrevolucionarios en semejante medida. Lo fue, además, casi desde el principio, pero, sobre todo, lo fue en el periodo final, el inmediatamente antecedente a la Guerra Civil, como demuestran, a mi juicio de forma poco discutible, trabajos recientes de historiadores tan solventes como Stanley G. Payne.
Simplemente hagamos el ejercicio de transponer la historia de esos meses convulsos a la actualidad. Imaginemos que en el lapso de unos pocos meses se hubieran producido en torno a 300 muertes violentas en incidentes políticos, y entre ellas, la del jefe de la oposición parlamentaria, a manos de agentes de las fuerzas de seguridad del Estado. ¿Alguien en sus cabales hablaría, en tal situación, de un "régimen democrático mejorable"?
La cuestión está en que un fracaso colectivo -como fue la República- no tiene por qué constituirse retrospectivamente en el mástil mora al que amarrar la nueva democracia. Esto es tan erróneo -y tan autodestructivo- como lo sería pretender que la legitimidad de la actual democracia que disfrutamos se ancla en las previsiones sucesorias del franquismo.
Pero eso, con ser malo, no sería lo peor. Lo peor es que el intento trae consigo una deslegitimación implícita de uno de los pocos procesos de nuestra historia contemporánea del que tenemos razones para sentirnos orgullosos o, al menos, satisfechos: la transición. El corolario de esa relectura es, efectivamente, que la transición no da lugar a una verdadera democracia, dado que los condicionamientos de la misma no permitieron hacer justicia a las víctimas del franquismo ni superar sus tabúes, y ello vicia las bases morales del nuevo régimen democrático.
Ése es el disparate. La transición española es casi un milagro histórico. Despreciar su valor como piedra angular de nuestra democracia es renunciar a una de nuestras mejores páginas de historia colectiva. Pero, sobre todo, es aventurarnos de nuevo en una senda de incertidumbre. La historia más reciente es pródiga en ejemplos de transiciones fallidas (sin ir más lejos, en los Balcanes o en algunos países del Este de Europa). Todas tienen en común un rasgo: en ellas, el deseo de vindicación de un pasado -por irreal, mitológico o fantasioso que éste sea- se hace más fuerte que la voluntad de construir un futuro. Esas transiciones fallidas han dado lugar a quiebras de los Estados -donde la falla histórica tenía un contenido étnico, como en los Balcanes-, a inestabilidad política, a fracaso económico y, lo peor, se han cobrado en ocasiones un costoso tributo en sangre.
Por eso, la cuestión no es académica ni teórica. Los asuntos del espacio público que ocupan el lugar central de la agenda política están refractados por ese prisma revisionista, y así nos va. Especialmente, el debate sobre el modelo territorial.
Parece que hubiera que revisar la configuración del Estado de las Autonomías para ir a una filosofía más declaradamente federal porque el sistema actual no puede dar cauce a las aspiraciones de autogobierno de vascos y catalanes. Y todo ello porque las hipotecas de la transición impidieron un rediseño del Estado tan amplio como hubiera sido necesario.
Ese argumento no se sostiene ni teórica ni históricamente. El nivel de autogobierno catalán y vasco en la República era inferior al que los propios Estatutos de Sau y de Gernika consagran. Ninguno de los dos tuvo tiempo de consolidarse y, además, ambos constituyeron, cada uno a su modo, fuentes de riesgo, amenaza y deslealtad para la República. No hay nada que mirar en ese espejo: felizmente, en casi nada nos parecemos.
A estas alturas, echar atrás la vista 70 años tiene mucho más sentido para evitar los errores del pasado que para buscar inspiración en futuros aciertos. Porque hoy ya no podemos dar por buenos los versos de Gil de Biedma ("De todas las historias de la Historia / sin duda la más triste es la de España / porque termina mal..."). Pero siempre corremos el riesgo de dejarnos llevar por estos otros de las Glosas a Heráclito de Ángel González: "Nada es lo mismo, nada / permanece. / Menos / la Historia y la morcilla de mi tierra / se hacen las dos con sangre, se repiten".

20 enero, 2006

Batasuna y la paz. Dialogando con un amigo.

En un comentario que está por ahí abajo dice el amigo que tiene el nick de "un amigo" cosas como las siguientes (entresaco en aras de la brevedad):
No le tengo simpatía alguna a Batasuna, pero identificarla de plano con ETA me parece, aparte de poco sutil, hacerle el caldo gordo a la misma ETA. (...).
Volviendo a Batasuna: tenemos que analizar mejor. No sé si este hipotético análisis lleve a la paz, pero es lo único que nos alejará de la ignorancia. No es un partido político en el sentido en el que lo es Convergència, o la misma Esquerra, por poner un ejemplo cualquiera, que ruego quien me lea que interprete en el plano puramente técnico. Es otro tipo de organización. Dentro de ella hay una enorme diversidad de personas. Hay, por supuesto, quienes han abrazado ya la violencia "chica" y están a punto de dar el salto a la "grande" (sin darse cuenta, como tantos otros, de que ya se cruza la peor de las barreras el día de la primera pedrada, o del primer bofetón). Pero también hay en ella personas que buscan otra cosa. Asimilar a todas en el primer caso es hacerle un flaco favor a nuestros intelectos, y a las pocas posibilidades de paz que haya en el horizonte. Y, por supuesto, es empujar a las "relativamente" cercanas hacia lo "absolutamente" lejano.
Lo siento si este pensamiento incompleto y embrionario -por ahora no tengo más- te indignara; no es la intención".
Nada de indigación, agradecimiento por la ocasión para dialogar y por las exquisitas maneras.
Por otro lado, creo que yo en el post no hacía esa asimilación automática de Batasuna a ETA, pero eso es lo de menos ahora, hablemos sobre las ideas interesantes que el amigo plantea.
No me cuesta ningún trabajo asumir que Batasuna sea una organización compleja que acoja a personas de diferentes propósitos y con aspiraciones diversas. No quiero hacer comparaciones polémicas ni echar leña dialéctica a ningún fuego, sino debatir con mesura, ponderadamente, pero es como si decimos que entre los falangistas los había también muy distintos y que algunos tenían serias reservas con Franco o las cosas de su política. Sí, pero mientras no se fueron, ahí estaban brazo en alto apoyando lo que apoyaban, matices aparte. Lo que hace que la historia hable hoy con respeto de los Ridruejo, Laín, Tovar o Torrente Ballester no es el hecho de que mientras militaban y hacían el saludo romano pudieran tener dudas o discrepancias internas, sino el dato crucial de que se fueron, de que cortaron amarras con aquel régimen. Otro caso, más delicado si cabe, y que ruego se tome sólo en lo que analígicamente sirva. En Alemania circulan mil historias de unos que otros miembros de las SS que no eran mala gente del todo, y que dudaban y que ocasionalmente trataban de evitar alguna crueldad con los prisioneros o salvaban la vida a algún judío o algún gitano. Estupendo, ¿y? Eran mejor que sus colegas más sanguinarios y fanáticos, sin duda, pero no se fueron a casa y siguieron en la rueda del sistema asesino. Nada les impedía irse, pero no se iban.
Ahora los batasunos. No pretendo decir que merezca el mismo reproche moral y el mismo desprecio el que aprieta el gatillo, el que lo aplaude y el que simplemente va de comparsa y sueña con que un día no haya muertos, pero sin dejar de disculpar al criminal. Son tres grados de miseria moral. Los primeros son los de ETA, los segundos son los que aprueban los delitos de ETA, asesinatos incluidos, y los segundos son los que comprenden y disculpan, cosa que es un grado menos que aprobar y entusiasmarse, pero que también tiene lo suyo.
Con esto le estoy dando buena parte de razón a "un amigo".
Pero conviene seguir razonando. A Batasuna los partidos y los jueces no le están pidiendo que renuncie a los objetivos independentistas de ETA, sino que condene la violencia, que proclame abiertamente que tales objetivos pueden y deben perseguirse con medios pacíficos, con cualesquiera medios que sean pacíficos. Batasuna no ha hecho tal condena. Más aún, sus dirigentes una y otra vez exaltan, vitorean, aplauden a los abyectos gudaris que preparan las bombas o dan el tiro en la nuca o extorsionan.
Podemos imaginar que hay militantes de Batasuna que se sienten mal así y que creen que tal grupo debería dar el paso de rechazar la violencia sin renunciar a los objetivos. ¿Y? ¿Se supone que porque haya tales gentes debe darse legalidad y espacio a esa organización que, como tal, sigue en sus trece de complicidad con la muerte y el abuso? ¿No sería acaso más lógico preguntarse por qué no se van esos militantes que tan a disgusto deben de encontrarse?
Es un tanto curioso que operemos con tales suposiciones, con ficciones casi. En una organización que, al menos en lo que hacia el exterior se ve, se muestra monolítica e inflexible, tenemos que presumir que hay gentes que quisieran que las cosas fueran distintas, aunque a esas gentes ni se las vea ni se las oiga ni sepamos quiénes son. ¿No sería más razonable pedir que aparezcan y se muestren antes de, por un lado, creer en lo que no percibimos y, por otro, tomar la imaginaria parte por el todo y decir que tiene derecho a reconocimiento y consideración una organización que permanentemente dice y hace lo contrario de eso que al parecer podría hacer si se dieran no sé qué misteriosas circunstancias?
Ahora es la ley de partidos la que los oprime a los batasunos y les impide mostrar la senda pacifista que íntimamente anhelan. ¿Y antes? ¿No fueron partido legal, con presencia en parlamentos y todo tipo de instituciones? ¿Por qué no aprovecharon entonces para hacer eso que hemos de creer que ahora harían si volvieran a ser legales y concurrir a las elecciones?
Con todo esto no digo que no se deban explorar las vías de la negociación. Nunca he dicho aquí una palabra contra eso. Pero una cosa es negociar de tú a tú con alguien y otra dedicarse a dar caprichos a quien sólo está dispuesto a negociar cuando ya haya ganado la contienda y no quede, por tanto, nada relevante que negociar. Batasuna está haciendo su juego y lo hace con tremenda habilidad. Es en la otra parte, en la del Gobierno ZP, donde no se entiende bien ni cuál es el juego ni qué se está dispuesto a ceder y a cambio de qué.
Y vamos con lo que aquí criticábamos el otro día. Si el Gobierno cree honradamente que la ley de partidos es injusta o ineficaz, que lo diga claramente y que la derogue o la modifique. Lo inadmisible es la pretensión de estar en la procesión y repicando; esto es, proclamar para la galaría que la ley está muy bien y es necesaria y puntualizar acto seguido que no conviene aplicarla, o que debe aplicarse sólo cuando convenga o apetezca. Porque semejante actitud encierra un mensaje que trasciende con mucho el asunto vasco: el mensaje de que la ley, cualquier ley, no es un valor central del Estado de Derecho, el mensaje de que los poderes públicos no siempre deben defenderla y aplicarla mientras esté vigente, sino que su valor es puramente instrumental, estratégico, de conveniencia. Se dice de esa ley pero la sociedad acabará pensándolo de todas. Y entonces definitivamente este Estado será como ZP: una combinación de cinismo, egoísmo, ignorancia y falta de escrúpulos. Y, entonces, apaga y vámonos.

18 enero, 2006

Medinaceli

Viajo en coche de Madrid a Zaragoza, hoy. Acarreo una losa de hastío, un regusto amargo, pesadumbre. Hago camino entre universidades y me siento como el hanster en su jaula, vueltas y vueltas a la rueda mentirosa. Llevo empacho de mezquindades y no consigo vomitarlas. Consecuencias del malsano ambiente, de la contaminación siciliana, secuelas de caverna y atavismos.
Este maldito desarraigo no permite echar el ancla en ninguna parte apenas. La academia parecía el lugar, al fin. De la aldea a lo universal. Y resulta un universo obsceno y parroquial, apenas un planetario cutre y desconchado.
Necesito un barril para enfundármelo y salir a buscar un profesor. Dicen que cuecen las mismas habas duras en todas partes. Serán los tiempos. Tal vez me lo arreglara un anuncio: busco torre de marfil. O: compro cuarteles de invierno; abstenerse prostíbulos baratos y establos con pretensiones. La vida social se ha hecho intemperie amarga. Le levantas a la excelencia la losa de mármol y aparecen los cadáveres pútridos, amontonados. Gaudeamus.
Insisto en Celia Cruz en la radio del coche, y en el Gran Combo, pero no me levantan el espíritu como otras veces. Menos mal que aparece en el indicador Medinaceli y salgo de la autovía para ver.
Cuarenta o cincuenta minutos en la vieja Medinaceli, la alta. Cuarenta o cincuenta minutos y no llego a ver una sola persona. Pateo calles con adoquines, retrato piedras. Y ni una persona. El viento se desmelena en el único pino, los cipreses, muchos, impasibles. Hay ruido de metales que entrechoca el viento, y como de puertas batidas al desgaire. Pero no veo personas.
Llego al castillo, una mole maciza, afirmándose sola. O eso pienso, hasta que lo rodeo, con el aire helado azotándome el rostro y una luz de tarde cegadora. Y descubro en un ángulo el cementerio, pegado a los muros. Lo eterno con lo eterno, la ruina con la ruina, los tiempos idos dándose la mano. Cruza sobre los muros, muy lejos, la estela huidiza de un avión. No hay ni una persona en las calles y los caminos, sólo las piedras, los cipreses, el solitario pino y los muertos.
Vuelvo a la carretera aliviado, he dejado la melancolía en las callejas; o se la llevó el aire. Pienso que aún perdura vida, que hay gentes por ahí en algún lado y no es fácil descubrirlas, pero están. Y que resiste la vida fuera de las cloacas.
En lo que resta de camino me invaden los propósitos de enmienda. No volveré a enfrascarme aquel mundo de los muertos vivientes y las ratas. La vida única está aquí, en aquellas piedras de Medinaceli y en el camino. Y en casa.
Si la poesía se diera gratis y abundante no valdría lo que vale ni nos haría tanto bien. Por eso siento, al fin, que me hacen algo de favor los fantasmales moradores de estos tanatorios de almas entre los que me desplazo.

AnteTodoMuchaCalma pierde la calma y da en el clavo.

Me permito subir aquí arriba un comentario de AnteTodoMuchaCalma que dice cosas con mucha razón y majamente contadas. Además esta vez no me regaña a mí, parece que va por su cuenta. Y, para colmo de desconcierto, Venator lo aplaude entrechocando esforzadamente sus pabellones auriculares.
El comentario mencionado es este:
No es cierto que el diablo hiciese la más gorda haciendo creer a los hombres que no existía. Después hizo otra peor: hacerles creer que, como la AdministraciónPública es despilfarradora y corrupta, los asuntos públicos deben ser ejecutadospor mano privada (previamente untada de parné público). Cursos de formación a parados que llevan sindicatos y empresas. Custodia de documentos públicos (¡incluso historiales médicos!) por empresas privadas. Obra pública como el foco fundamental de corrupción (Transparency International dixit). Los cuarteles militares ¡vigilados por seguratas privados! (esta es de Mortadelo). En el colmo: las prisiones infantiles (sin eufemismos) en España pasan a ser masivamentePRIVADAS, en su titularidad o en su gestión (bueno: en Cataluña no). El ius puniendo sobre menores en España lo ejercen particulares... ¿sin ánimo de lucro? Supuestas ONGs que (¡oh, sorpresa!) comparten sede social con una ETT (de dondeprovienen los "educadores" que trabajan en el centro) y una empresa de seguridad (de donde provienen sus seguratas). El diablo hizo creer que el fraude de caudales públicos se da sólo la Administración, pero que en cuanto sales del edificio público, la gente respeta el erario público. Así, el mal no reside ya en el corazón del hombre: ¡reside en Nuevos Ministerios!. De modo que démosle los presupuestos públicos a sujetos privados para que persigan los fines públicos. Desde aquí, al diablo sólo le hacía falta inventarse los dos formatos. Para los conservadores, bic naranja ("subsidiariedad de la acción estatal"); para los progres, bic cristal (apoyo estatal a las ONGs). ¡Adelante! Privatización de la acción estatal en todas las ramas. Objetivo de la iniciativa privada patria: vivir de la ubre estatal, autonómica, local o lo que sea (y de sus funcionarios, más freudianamente: DOS ubres estatales mejor que una). Los riesgos del mercado, para los trabajadores. Y a los objetivos que legitimaban la inversión estatal que les den.

El chollo de la guerra. O de cuán pocos se salvan.

Ayer tuve la oportunidad de departir con un colega colombiano. Me habló largamente sobre los trabajos en pro de la paz de una organización en la que él se integra muy activamente y que tiene precisamente ese cometido, contribuir a buscar soluciones para la pacificación de Colombia, mediar en tan sangriento conflicto, participar con ideas y propuestas en las negociaciones de paz o en la creación de un escenario adecuado para las mismas.
Le pregunté quién financiaba tales actividades de tan humanitaria organización y me explicó que provenía todo de cierto Estado europeo que hace un tiempo había otorgado una generosa financiación por cinco años para tal iniciativa y dichas acciones de esa organización.
Perfecto.
Bonito.
Loable.
Nos tomamos una copa. La conversación se hace aún más fluida, especialmente por su parte. Me cuenta que él como profesor de una universidad pública prestigiosa cobre unos mil quinientos euros mensuales. Para el nivel salarial de Colombia no está mal, pienso.
Y añade literalmente esto: pero ese dinero no es nada, pues yo lo triplico con lo que recibo mensualmente de la organización. De la organización pacifista y pacificadora en la que desempeña su meritoria labor.
Triplica, o sea: pongamos, a la baja, tres mil euros mensuales a cuenta de andar buscando la paz en aquel pobre y desangrado país. No es moco de pavo ese sueldo en Colombia.
El día que se acabe la guerra colombiana no sé de qué van a vivir muchos de mis amigos más comprometidos con las buenas ideas y las loables intenciones. Esos reformistas sociales tan aliados con un pueblo que demanda justicia y mejor distribución de la riqueza.
Manga güevos.

DERECHOS INDÍGENAS EN BROMA Y EN SERIO

Era una comunidad que tenía fuertemente marcadas sus tradiciones seculares. Se trataba de una cultura campesina que desde tiempo inmemorial había vivido semiaislada. No hace ni tres décadas que la primera carretera llegó hasta algunas de sus casas. Existe una fuerte imbricación entre el poder temporal y el poder religioso dentro de la comunidad. De hecho, los sacerdotes poseen gran influencia sobre todas las decisiones que en el grupo se toman, y no digamos sobre la vida privada de los miembros, en particular sobre cosas tales como la vida sexual, el régimen familiar o las prácticas de ayuda colectiva.
Hay todo un sistema de reglas sociales de raigrambre tradicional, con una antigüedad que se pierde en los orígenes mismos de la comunidad. Afectan tales reglas por ejemplo a las relaciones entre varones y mujeres. En el hombre se fomenta y se alaba la iniciación sexual temprana y un cierto grado de promiscuidad masculina es mirado por todo el grupo, hombres y mujeres, con simpatía y como signo de arrojo, capacidad e inteligencia. En cambio, las mujeres están obligadas por las reglas y la vivencia tradicional de la comunidad a guardar una actitud recatada y a defender aguerridamente su virginidad. Importa mucho para el estatuto y la consideración social de la mujer que ésta llegue virgen al matrimonio y, en relación con eso, cae en progresivo descrédito la mujer que mantiene sucesivas relaciones sentimentales con distintos hombres sin llegar a casarse y aunque no conste que se haya consumado con ninguno la relación sexual plena.
Dentro del matrimonio la autoridad pertenece al varón de modo indiscutido. Esto se traduce en un deber de obediencia de la mujer en todos los aspectos de la vida, desde la mera organización doméstica hasta los pormenores de la convivencia social. También se exige dentro del matrimonio una plena entrega y disponibilidad sexual de la mujer para el marido, sin discusión, exigencia ni más pretensión que esa de la plena entrega femenina. Tal disciplina conyugal se mantiene a veces a base de violencia del marido sobre la esposa, violencia física incluso. Y la misma estructura jerárquica, con plena autoridad indiscutida del padre, se aplica a los hijos menores de edad y a los mayores que vivan en y de la explotación de la hacienda agraria familiar.
Un elemento esencial de la identidad comunitaria es el sentido del honor. Pocas cosas revisten mayor gravedad que la afrenta al honor. Cuando el afrentado es un varón, él está obligado a lavar tal mancha, retando al ofensor. Muy a menudo se dirime tal desencuentro de modo violento, si bien es una violencia acotada según la índole del caso y conforme a una casuística muy compleja que revela un entramado normativo que discierne grados de sanciones según una escala de gravedad de los comportamientos ofensivos. Cuando la ofendida es una mujer, es su marido el obligado por las normas comunitarias a combatir la afrenta. Si es soltera, son sus hermanos masculinos, si los tuviere, o su padre, los que han de cumplir ese papel.
Podríamos seguir enumerando usos y reglas que dan cuenta de lo compacto del sentimiento comunitario y lo completo y preciso de las reglas que son parte esencial de esa identidad grupal.
Ahora viene el problema. Desde hace tiempo y crecientemente, existe una gran presión exterior sobre el grupo, de modo que éste está siendo forzado a renunciar a gran parte de esas sus señas de identidad, a abandonar sus reglas ancestrales y a someterse a nuevas prácticas sociales y formas de vida que le son profundamente extrañas, ajenas. El problema se ha hecho más acuciante con la nueva Constitución del Estado en el que la comunidad se inserta, que reconoce una larga lista de los llamados derechos humanos o fundamentales y fuerza, al parecer, a los órganos estatales a imponer el respeto a esos derechos por encima de toda particularidad grupal y de toda tradición de las comunidades aborígenes. En concreto, la imposición de cosas tales como la igualdad jurídica entre los sexos o la prohibición de ciertos tratos autoritarios o violentos del marido hacia la esposa, la erosión de la autoridad paterna en nombre de la protección de los derechos de los niños, el inducido descrédito de las autoridades religiosas tradicionales, etc., están dando lugar a que rápidamente la comunidad pierda sus señas identificatorias, deje de poseer espíritu de grupo y sensación de pertenencia y se disgregue. Con ello sus miembros padecen sensación de desarraigo y acaban en su mayoría fuera de la comunidad y en puestos y trabajos de ínfima consideración y donde son casi todos sistemáticamente explotados y discriminados, entre otras cosas porque nunca llegan a dominar plenamente ni los resortes de la vida urbana y burguesa, ni tan siquiera el lenguaje que se habla en las ciudades del Estado.
Afortunadamente, está surgiendo todo un movimiento indigenista que trata de defender los derechos de tal grupo a permanecer en su identidad tradicional y a conservarse como comunidad. Para ello se insiste en que es preciso reconocerle al grupo autonomía normativa, por encima incluso de las normas de la Constitución. La base de tales demandas es un cierto relativismo cultural que estima que la filosofía de los derechos humanos no es más que una cosmovisión más, propia de determinadas culturas urbanas y burguesas, y que toda pretensión de imponerla a y en comunidades que tienen planteamientos distintos y normas diferentes es un acto de etnocentrismo, de imperialismo cultural y, en último extremo, de atentado contra los derechos culturales de esos grupos y contra la dignidad individual de cada uno de sus miembros.
FIN DE LA HISTORIA. AHORA LA REFLEXIÓN:
Esto que acabo de contar es una pura invención. Pero se parece muchísimo a lo que se cuenta de ciertas comunidades indígenas latinoamericanas, incluida la demanda de autonomía normativa y de que se hagan excepciones en ellas a la vigencia general de los derechos fundamentales constitucionalmente garantizados. Por ejemplo, precisamente, que se excepcione la regla de no discriminación por razón de sexo.
La inmensa mayoría de los teóricos que se tienen por progresistas avalan, emocionados, tales excepciones y esa exaltación de lo comunitario y de las reglas grupales indígenas. Por tanto, si eso que acabo de narrar se predicara de alguna tribu amazónica o de algún grupo indígena boliviano, se sumarían encantados a la exaltación y defensa de lo aborigen y tradicional frente a la ley general y abstracta que protege derechos por igual para todos los ciudadanos del Estado y con independencia de su raza, origen o sexo.
Y, sí, lo que describía en la narración hace un momento se parece a lo que se dice de muchos grupos indígenas latinoamericanos. Pero no era eso. Es una descripción, creo que bastante fiel, de la comunidad campesina en la que yo nací, en Asturias. Muy poco diferente, sin duda, de cualquier otra comunidad campesina o popular española.
Ahora a los de mi pueblo ya no les vale invocar la tradición y sus reglas para justificar su dominio sobre las mujeres y hasta la violencia doméstica. Y me parece muy bien. Los derechos humanos valen aquí lo mismo para una señora o señor de la calle Serrano de Madrid que para un o una "indígena" de las montañas de Asturias.
Y ahora mi pregunta: ¿por qué no ha de ser así también si hablamos de Colombia, Perú, Brasil, México o Bolivia? ¿Por qué para aquellos países y sus grupos indígenas se considera que no debe regir lo que aquí se impone sin admitir excepciones por razón de cultura originaria o tradición? ¿Por qué una indígena aymara no puede tener garantizados por la ley del Estado los mismos derechos básicos que ya cualquier mujer de mi aldea tiene asegurados, afortunadamente?
Como respuesta sólo soy capaz de manejar una hipótesis, que es ésta: toda la parafernalia del indigenismo y toda la propaganda comunitarista en favor de la prioridad de los derechos grupales frente a las constituciones sirve en última instancia a la perpetuación de una doble explotación de los miembros de esos grupos. En primer lugar, la explotación y discriminación por parte de los blancos burgueses y capitalinos, que se quedan tranquilos viendo a los indios permanecer en sus reservas o resguardos, atados a ellos por las propias reglas comunitarias y el predominio indiscutido de la cultura grupal. Así nunca van a tener esos burguesitos blancos que competir con un indio más inteligente en un concurso para acceder a plaza de profesor universitario o de funcionario del Estado.
En segundo lugar, se trata de perpetuar el esquema fuertemente jerarquizado de dominación interna en el grupo. Que los mismos caciques y sus sucesores sigan mandando sobre la masa de los indios sin derechos. Y que los hombres sigan dominando sobre las mujeres y los padres sobre los hijos. Etc.
Cuando el blanco burgués rechaza para los indios lo que quiere para sí y sus iguales, debemos inmediatamente sospechar. El indio sigue explotado y la nueva doctrina misionera y pseudocaritativa que justifica ahora su sometimiento se llama indigenismo. La reclamación de los derechos indígenas es la mejor manera de que los indígenas no tengan nunca nuestros derechos.
Si el indigenismo comunitarista se hubiera impuesto en mi país y mi pueblo, yo no estaría ahora aquí (hoy en la Universidad Carlos III de Madrid) escribiendo esto. Seguiría con un arado en la mano y ordeñando vacas. Eso sí, por mi bien y en pro de mi comunión con la tierra y los antepasados. A lo mejor soy un desgraciado por eso y no me entero, de tan alienado que estoy por la cultura occidental moderna y sus derechos. Vaya usted a saber.

15 enero, 2006

Los peques pegan a sus padres. Ya era hora.

Je, je, je, je. Me parto de risa. Esos mocositos tan mimaditos, tan cuidados, tan exclusivos. Esos a los que ningún maestro o profesor de secundaria puede decirles ni pío, pues aparecen los padres/as furibumbos y dispuestos a partirle la cara al osado enseñante. Esos a los que sus progenitores colman de atenciones, arrumacos y mimitos. Esos a los que nadie, absolutamente nadie, y tampoco los padres, contradice ni contraría. Esos que desde su más tiernos años amargan a cualquiera que caiga al lado de la ejemplar familia en un restaurante, un asiento de tren o avión o una sala de espera de la seguridad social. Pues esos maleducados, tiranos, déspotas y odiosos chiquitines al fin han decidido revolverse contra los causantes de su condición infrahumana y de su talante de monstruos repulsivos: ahora les pegan a sus padres. Je, je, je, je.
Me imagino a tantos padres tratando de protegerse con la colección completa de "Cómo ser padres chachis" o de "Tu tontito y tú", o invocando con voz trémula las consignas TFE (tolerancia familiar extrema), o preguntando a sus retoños, compungidos, por qué no les apetece más ver otras diez horas la tele que golpearles a ellos.
Ya me imagino los kioskos y tiendas de dentro de pocos años. Facículos sobre "defensa personal frente a hijos" y sobre "curas y apósitos para mamás heridas". Puertas blindadas y antimortero para habitaciones paternas. Cursos de primeros auxilios para padres atacados por sus criaturitas divinas-mira-qué-ricura-de-hijo-de-puta-chiquitín-es-igualito-a-ti.
Y los pedagogos seguirán erre que erre: aguanta, papi, no frustres la creatividad del chaval. Reprimir sus agresiones puede causarle algún trauma psíquico irreversible al muchacho. Él, el pobre, sólo pretende con sus golpes proyectar su hondo sentido creativo. Cada leñazo que te propina es un paso en su proceso de maduración multifacética y supercalifragilística.
Y digo yo, ¿cuándo toca empezar a zumbarles a los catedráticos de pedagogía? No digo a los pobres maestros y profesores de ESO o lo que sea, digo a los artífices de la demagogia pañalera, a los tontainas que siguen diciendo supinas bobaditas ideales de la vida y que son los causantes últimos de que hayamos llegado a alimentar a estos mamarrachos pequeños que van a convertir el mundo en una definitiva porquería en cuanto los dejemos crecer y los multipliquemos un poco más. No, lo pregunto porque cuando sea el turno de darles unos azotes bien dados a los pedagogos guays me gustaría apuntarme. Le quedan a uno tan pocas ilusiones...
Y que conste que conozco niños y muchachos absolutamente maravillosos, educados, alegres, despiertos, atentos, amables, laboriosos. Pero también conozco a sus padres, claro. Y no son nunca de la especie mi-niño-es-el-rey-y-hay-que-darle-lo-que-pida-pobrecito-mío.
Ojo, no estoy diciendo que la solución sea andar todo el día con la vara zurrándole al rapaz o la rapaza, como hace cincuenta o cien años. Ni ese extremo ni éste; ni violencia paterna ni idiotez paterna, ese es el punto.
Pues me he puesto así por la noticia que viene hoy el el Diario de León. Pinchen aquí encima y véanla, que no tiene desperdicio. Cuenta el fiscal de menores (que, por cierto, es un buen amigo y colaborador de este blog) cómo aumentan vertiginosamente los casos de menores que maltratan con saña a sus padres. Y que sus padres salen corriendo para el juzgado a pedir ayuda para que encierren a la bestia que hicieron.
Y no se pierdan este detalle de la noticia, nada baladí: dice un experto que tales menores no suelen pertenecer a familias desestructuradas, todo lo contrario. La mayoría pertenecen a familias "guapas". Es que me parto. Discúlpenme, ya sé qe no es políticamente correcto ni muy educado. Pero no puedo aguantar la risa. Hace falta un fiscal que proteja a mayores con hijos. Y los GEO.

Demoledor Vargas Llosa.

Este artículo de Vargas Llosa que sale hoy en El País justifica un domingo. Este hombre les tiene perfectamente tomada la medida a los idiotas de todo pelaje, tanto a derechas como a izquierdas. A los nostálgicos de rebaños y padre autoritario. A los inútiles para la libertad. Y, sobre todo, a los jetas que querrían ver el planeta convertido en un zoológico de razas, con cada una en su jaulita-país, y nosotros -ellos, los jetas- dando conferencias sobre lo bien que vive cada grupito con sus ritos y sus tradiciones, tan monos.
Además, ha visto muy bien cuál será la nueva moda de los pijoprogres, una vez que el foulard de Arafat ya no se lleva. Qué buen tipo aquel Arafat, tan ahorrador. Y cuánto hizo por la industria textil.
El último párrafo de antología. No se lo pierdan.
Copio entero aquí el artículo, aunque recomiendo verlo en El País pinchando aquí.

RAZAS, BOTAS Y NACIONALISMO
Mario Vargas Llosa

La gira por Europa de Evo Morales, presidente electo de Bolivia, que dentro de unos días asumirá la primera magistratura de su país, ha sido un gran éxito mediático.

Su atuendo y apariencia, que parecían programados por un genial asesor de imagen, no altiplánico sino neoyorquino, han hecho las delicias de la prensa y elevado el entusiasmo de la izquierda boba a extremos orgásmicos. Pronostico que el peinado estilo "fraile campanero" del nuevo mandatario boliviano, sus chompas rayadas con todos los colores del arco iris, las casacas de cuero raídas, los vaqueros arrugados y los zapatones de minero se convertirán pronto en el nuevo signo de distinción vestuaria de la progresía occidental. Excelente noticia para los criadores de auquénidos bolivianos y peruanos, y para los fabricantes de chompas de alpaca, llama o vicuña de los países andinos, que así verán incrementarse sus exportaciones.

Lo que más han destacado periodistas y políticos occidentales es que Evo Morales es el primer indígena que llega a ocupar la presidencia de la República de Bolivia, con lo cual se corrige una injusticia discriminadora y racista de cinco siglos cometida por la ínfima minoría blanca contra los millones de indios aymaras y quechuas bolivianos. Aquella afirmación es una flagrante inexactitud histórica, pues por la presidencia de Bolivia han pasado buen número de bolivianos del más humilde origen, generalmente espadones que habiendo comenzado como soldados rasos escalaron posiciones en el Ejército hasta encaramarse en el poder mediante un cuartelazo, peste endémica de la que Bolivia no consiguió librarse sino en la segunda mitad del siglo XX. Para los racistas interesados en este género de estadísticas, les recomiendo leer Los caudillos bárbaros, un espléndido ensayo sobre los dictadorzuelos que se sucedieron en la presidencia de Bolivia en el siglo XIX que escribió Alcides Arguedas, historiador y prosista de mucha garra, aunque demasiado afrancesado y pesimista para el paladar contemporáneo.

No hace muchos años parecía un axioma que el racismo era una tara peligrosa, que debía ser combatida sin contemplaciones, porque las ideas de raza pura, o de razas superiores e inferiores, habían mostrado con el nazismo las apocalípticas consecuencias que esos estereotipos ideológicos podían provocar. Pero, de un tiempo a esta parte, y gracias a personajes como el venezolano Hugo Chávez, el boliviano Evo Morales y la familia Humala en el Perú, el racismo cobra de pronto protagonismo y respetabilidad y, fomentado y bendecido por un sector irresponsable de la izquierda, se convierte en un valor, en un factor que sirve para determinar la bondad y la maldad de las personas, es decir, su corrección o incorrección política.

Plantear el problema latinoamericano en términos raciales como hacen aquellos demagogos es una irresponsabilidad insensata. Equivale a querer reemplazar los estúpidos e interesados prejuicios de ciertos latinoamericanos que se creen blancos contra los indios, por otros, igualmente absurdos, de los indios contra los blancos. En el Perú, don Isaac Humala, padre de dos candidatos presidenciales en las elecciones del próximo abril -y uno de ellos, el teniente coronel Ollanta, con posibilidades de ser elegido-, ha explicado a la organización de la sociedad peruana, de acuerdo a la raza, que le gustaría que cualquiera de sus retoños que llegara al Gobierno pusiera en práctica: el Perú sería un país donde sólo los "cobrizos andinos" gozarían de la nacionalidad; el resto -blancos, negros, amarillos- serían sólo "ciudadanos" a los que se les reconocerían algunos derechos. Si un "blanco" latinoamericano hubiera hecho una propuesta semejante, hubiera sido crucificado, con toda razón, por la ira universal. Pero como quien la formula es un supuesto indio, ello sólo ha merecido algunas discretas ironías o una silenciosa aprobación.

Llamo a don Isaac Humala un "supuesto" indio, porque en verdad eso es lo que han dictaminado que es sus paisanos del pueblecito ayacuchano de donde la familia Humala salió para trasladarse a Lima. Una socióloga fue recientemente a husmear los antecedentes andinos de los Humala en aquel lugar, y descubrió que los campesinos los consideraban los "mistis" locales, es decir, los "blancos", porque tenían propiedades, ganados y eran, cómo no, explotadores de indios.

Tampoco el señor Evo Morales es un indio, propiamente hablando, aunque naciera en una familia indígena muy pobre y fuera de niño pastor de llamas. Basta oírlo hablar su buen castellano de erres rotundas y sibilantes eses serranas, su astuta modestia ("me asusta un poco, señores, verme rodeado de tantos periodistas, ustedes perdonen"), sus estudiadas y sabias ambigüedades ("el capitalismo europeo es bueno, pues, pero el de los Estados Unidos no lo es"), para saber que don Evo es el emblemático criollo latinoamericano, vivo como una ardilla, trepador y latero, y con una vasta experiencia de manipulador de hombres y mujeres, adquirida en su larga trayectoria de dirigente cocalero y miembro de la aristocracia sindical.

Cualquiera que no sea ciego y obtuso advierte, de entrada, en América Latina, que, más que raciales, las nociones de "indio" y "blanco" (o "negro" o "amarillo") son culturales y que están impregnadas de un contenido económico y social. Un latinoamericano se blanquea a medida que se enriquece o adquiere poder, en tanto que un pobre se cholea o indianiza a medida que desciende en la pirámide social. Lo que indica que el prejuicio racial -que, sin duda, existe, y ha causado y causa todavía tremendas injusticias- es también, y acaso sobre todo, un prejuicio social y económico de los sectores favorecidos y privilegiados contra los explotados y marginados.

América Latina es cada vez más, por fortuna, un continente mestizo, culturalmente hablando. Este mestizaje ha sido mucho más lento en los países andinos, desde luego, que, digamos, en México o en Paraguay, pero ha avanzado de todos modos al extremo de que hablar de "indios puros" o "blancos puros" es una falacia. Esa pureza racial, si es que existe, está confinada en minorías tan insignificantes que no entran siquiera en las estadísticas. (En el Perú, los únicos indios "puros" serían, según los biólogos, el puñadito de urus del Titicaca).

En todo caso, por una razón elemental de justicia y de igual-dad, los prejuicios raciales deben ser erradicados como una fuente abyecta de discriminación y de violencia. Todos, sin excepción, los de blancos contra indios y los de indios contra blancos, negros o amarillos. Es extraordinario que haya que recordarlo todavía y, sobre todo, que haya que recordárselo a esa izquierda que, arreada por gentes como el comandante Hugo Chávez, el cocalero Evo Morales o el doctor Isaac Humala, están dando derecho de ciudad a formas renovadas de racismo.

No sólo la raza se vuelve un concepto ideológico presentable en estos tiempos aberrantes; también el militarismo. El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, acaba de hacer el elogio más exaltado del general Juan Velasco Alvarado, el dictador que gobernó el Perú entre 1968 y 1975, cuya política, ha dicho, continuará en el Perú su protegido, el comandante Ollanta Humala, si ganase las elecciones.

El general Velasco Alvarado derribó mediante un golpe de Estado el gobierno democrático de Fernando Belaunde Terry e instauró una dictadura militar de izquierda que expropió todos los medios de comunicación y puso los canales de televisión y los periódicos en manos de una camarilla de mercenarios reclutados en las sentinas de la izquierda. Nacionalizó las tierras y buena parte de las industrias, encarceló y deportó a opositores, y puso fin a toda forma de crítica y oposición política. Su desastrosa política económica hundió al Perú en una crisis atroz que golpeó, sobre todo, a los sectores más humildes, obreros, campesinos y marginados, y el país todavía no se recupera del todo de aquella catástrofe que el general Velasco y su mafia castrense causaron al Perú. Ése es el modelo que el comandante Chávez y su discípulo el comandante Humala quisieran -con la complicidad de los electores obnubilados- ver reinstaurado en el Perú y en América Latina.

Además de racistas y militaristas, estos nuevos caudillos bárbaros se jactan de ser nacionalistas. No podía ser de otra manera. El nacionalismo es la cultura de los incultos, una entelequia ideológica construida de manera tan obtusa y primaria como el racismo (y su correlato inevitable), que hace de la pertenencia a una abstracción colectivista -la nación- el valor supremo y la credencial privilegiada de un individuo. Si hay un continente donde el nacionalismo ha hecho estragos, es América Latina. Ésa fue la ideología en que vistieron sus atropellos y exacciones todos los caudillos que nos desangraron en guerras internas o externas, el pretexto que sirvió para dilapidar recursos en armamentos (lo que permitía las grandes corrupciones) y el obstáculo principal para la integración económica y política de los países latinoamericanos. Parece mentira que, con todo lo que hemos vivido, haya todavía una izquierda en Latinoamérica que resucite a estos monstruos -la raza, la bota y el nacionalismo- como una panacea para nuestros problemas. Es verdad que hay otra izquierda, más responsable y más moderna -la representada por un Ricardo Lagos, un Tabaré Vásquez o un Lula da Silva-, que se distingue nítidamente de la que encarnan esos anacronismos vivientes que son Hugo Chávez, Evo Morales y el clan de los Humala. Pero, por desgracia, es mucho menos influyente que la que propaga por todo el continente el presidente venezolano con su verborrea y sus petrodólares.

14 enero, 2006

Qué pensaría un marciano.

Iba a decir que qué pensaría un marciano si se diera una vuelta por aquí y nos viera con esta facha. Pero voy a plantearlo de otra manera.
Imagínese usted, si es lector que ya anda por los cuarenta o más, que allá por el ochenta y tantos a usted le hubiera dado un patatús y se hubiera quedado inconsciente. Y que acaba de despertarse, ahora mismo, en pleno uso de sus facultades mentales, como si nada hubiera pasado y con sus recuerdos completos.
Usted recordaría aquellos primeros gobiernos de Felipe González. O, antes, a Suárez y sus gentes. Y lo a gusto que estábamos, y lo orgullosos, con una Constitución tan a la última, y metiéndonos de cabeza en Europa, y quemando etapas a toda velocidad. Y gobernados por unos tipos que daba gusto cómo hablaban, pues hasta se les entendía lo que decían. Y que habían leído. Y que tenían experiencias vitales, políticas y profesionales variadas y ricas. Y con una oposición que vaya tela. Nunca creí que en este país acabaríamos añorando la cabeza de Fraga, a pesar de tantos pesares. Y su talante en tiempos de mutaciones. Sí, he dicho su talante y no he bebido más que un café aguado. Es que, recuerde, el trato de Fraga con Carrillo y de Carrilo con Fraga, por ejemplo, era exquisito y elegante, sin que lo cortés excluyera de ninguno lo valiente. Como ahora talantín y talantón. Igualito.
Bueno, pues después de hurgar en su memoria, usted, recién despertado de tan largo sueño, enciende la radio y la tele y se pone a leer los periódicos con frenesí. Quiere enterarse de cómo son hoy los del gobierno y los de la oposición.
En cuanto lo consiguiera, apuesto a que comenzaría a implorar a todos los dioses para que le privaran nuevamente del seso.
Porque, vamos a ver, ¿cómo hemos podido caer tan bajo? ¿Qué hemos hecho para merecer esto?
Uno ve la alineación del partido gobernante: ZP, Pepiño Blanco, Caldera, Carmen Calvo...
Y ve al clan de la quijada encabezando (y acabando) la oposición: Rajoy, Acebes, Zaplana...
Y ya si miramos a los aliados, para qué.
Y he dicho ver y mirar. Si, ya por puro masoquismo, ponemos la oreja a cómo hablan, la monda. Es como haber regresado a la infancia, a Carioco, Anacleto y las Hermanas Gilda. Y que me perdonen los últimamente aludidos.
Ando así porque hace un par de días vi en La 2 un trozo de documental sobre la apertura de relaciones diplomáticas con Israel en tiempos de Felipe González. Y salían muchos de los de entonces. Y hablaban...
Ay, qué más nos puede pasar.
Necesito fumar, ya.

Tocando los suevos

Bah, voy a dejar de enredar con los periódicos y ponerme a trabajar algo serio, al fin, esta tarde. Esto es una alucinación permanente. No fume, no beba, no se meta nada: lea en los periódicos las cosas que que dice aquí cada día la tropa de cantamañanas con escaño y verá que flipe.
Reparo hoy con calma en lo que dice el inefable Antxo Quintana sobre los orígenes de Galicia como nación propiamente nacional, base de unos derechos históricos del copón y probable fundamento de una nueva y lozana monarquía peninsular. Pues según el paisano ese, que debe de ser un voraz lector de Mortadelo y Filemón, Galicia empezó a ser propiamente ella misma, con su ser en sí, en el siglo VI, cuando llegaron por allí unos paisanos que llamaban los suevos. Ahora tocan los suevos. Y se quedan tan antxos. Pinche aquí y véalo en el preámbulo mismo de la propuesta de nuevo Estatuto que hace el Bloque.
Que tiemblen los alemanes de Suabia, que era tierra de suevos, pues Antxo se los anexiona en cuanto se den la vuelta.
Además, es de sobra sabido que el idioma gallego deriva de la lengua sueva, según subes a la derecha antes de pasar el tercer cruceiro, y digan lo que digan los filólogos vendidos al imperialismo romano-español.
Este rollo nacional es lo más parecido a un restaurante a la carta. En ese imaginario lugar, hay en la entrada un mandado que le pregunta a usted si es nacionalista o no. Si dice que no, le mandan a freir churros con cajas destempladas, habráse visto el cosmopolita este, qué se habrá creído. Si dice que sí, le preguntan luego si españolista o plural periférico. Si responde lo primero le dan una camiseta de unidad de destino en lo universal y le pasan a la parte más económica y modesta del restaurante, donde sólo se sirve tortilla de patatas y banderillas.
Es mucho más divertido (y rentable) identificarse como nacionalista periférico oprimido del-tó-del-tó. En ese caso, no sólo le financian un menú lleno de exquisiteces a la última de Bocuse, sino que le ofrecen una esplendorosa carta en la que usted puede elegir sus ancestros. Se acabó el complejo por lo del butanero. Ahora usted selecciona cuidadosamente y se diseña un árbol genealógico modelo primavera-verano. Tiene usted para escoger entre tatarabuelos celtas, suevos, vándalos, alanos, tartesos, iberos, fenicios y arroz a la cubana. Luego hace usted pandi con los que se hayan puesto un padre de las mismas trazas (o el mismo padre, llegado el caso), se presenta a las elecciones vestido de lo que haya pillado y en cosa de meses estará usted superfinanciado y regateando porcentajes del IVA al jodido Estado central, que no tiene padre ni pedigree ni ná de ná. Porque no olvidemos que ya los suevos se las trajeron tiesas con Roma por el asunto de tener agencia tributaria propia y gestionar todo el impuesto sobre la renta.
Y luego dicen que no se pasa risa en este Estado español, o lo que sea.
El tema ese de la tocadura de suevos tiene calientes a mis paisanos asturianos. Desternillante y fuerte el artículo que publica hoy Luis M. Alonso en La Nueva España (artículo que, además, tiene la virtud de recordarnos los grandes logros de la ministrina de la vivienda con aquella idea tan guay de la agencia de alquileres baratos: ya van 195 en no sé cuántos meses, y la cosa está que no para), y no le va a la zaga el de Javier Neira.
¿Qué información tendrá ZP sobre los suevos, él que está tan leído? Dicen que en casa tiene prohibido decir esa palabra, pero a lo mejor esto son infundios y andan todo el día suevos para arriba y suevos para abajo.

El doble rasero de una izquierda esquizofrénica

Pinchen aquí encima y echen un vistazo a esta noticia que viene en ABC. Parece fundada. Explica lo contentitos que están los nazis batasunos (perdón por la redundancia. Y que me no se enfade el amigo anónimo que siempre está por aquí proclamándose nazi mediante flagrantes contradicciones performativas) con las perspectivas halagüeñas que se les presentan gracias al talante estrábico de ZP. No me digan que esa tropa de canes callejeros que quieren crear no se parece un montón a la Sturmabteilung (SA). El siguiente paso serán las Schutzstaffel (SS).
No tengo humor para glosar por extenso la noticia, que, por lo demás, habla por sí sola de los tiempos brumosos que se avecinan en esa parte del extranjero. Además, si me extiendo en desahogos se me quema la fabada que estoy cocinando en este momento. Y lo primero es lo primero.
No, lo que quería plantear era nada más que una pregunta, que a mí me parece de cajón, pero...
Es ésta: si en vez de ser ZP fuera Aznar, o Rajoy, y si en lugar de ser Batasuna fuera un grupo ilegal de cabezas rapadas de extrema derecha que reclamasen España una-grande-y-libre y el fin del sistemá autonómico, y hubiesen matado ya por sus "ideales" a mil personas, ¿qué dirían los periódicos? ¿Cómo serían los editoriales a toda prisa de El País? ¿Qué se comentaría en las tertulias de la SER -o no ser rico a prisa-? ¿Habría manifestaciones en las calles y se llamaría asesino o cómplice de los asesinos al presidente del gobierno? ¿Cómo se sentirían los paraprogres de este País, que son legión, entre sushi y sushi?
Insisto por enésima vez. El progresista o persona que honestamente se sienta de izquierda en estos tiempos está -estamos- prácticamente condenados a la soledad y a la subsistencia cuasiclandestina. Porque la mayoría de los que se dicen simpatizantes, votantes o militantes de la izquierda traga con carros y carretas y no le hace ascos, en el fondo, ni al asesinato, ni a la extorsión ni a las más acrisoladas y acreditadas formas totalitarias, siempre que el ejecutor de turno sea "uno de los nuestros". Y "los nuestros" son los que diga el jefe que son los nuestros. Y el jefe ahora es "eso".
Llamarse socialista y seguirle el juego a ese resentido iletrado, que odia tanto a la derecha normalizada como admira babosamente a los revolucionarios del gatillo fácil (eso sí, por la espalda) o el golpe de Estado pseudorevolucionario (¿qué es Chavez? Estos días se ha hablado mucho de los militares y de sus peligros reales o virtuales. ¿Qué es el amigo Chavez sino un militar golpista que está haciendo su segundo intento, esta vez por otra vía más sutil, de acabar con todo vestigio real de democracia?) es o una expresión de demencia o una burda manifestación de indecencia.
¿O no es verdad que los batasunos son igual de mefíticos (lo pongo así para que piensen que es inglés y no lo entiendan) que los cabezas rapadas de la esvástica? Desde luego, no seré yo quien se manche las neuronas ni mancille el teclado de mi ordenador replicándole al que vea diferencias sustanciales que excusen crímenes y justifiquen los pactos y las sonrisas de Diablín.
O refundamos una izquierda decente que merezca el nombre y la herencia de gentes que honestamente lucharon por la justicia social sin hacerse asesinos ni cómplices de dictadores psicópatas, o se va todo al carajo para siempre.

Galicia: geografía e historia. Por Francisco Sosa Wagner

Escribía la semana pasada sobre el destino de lospapeles en los Archivos y anunciaba otra polémica: la anexión de trozos de la geografía española. Nos afecta en estas tierras como afecta a nuestros vecinos asturianos porque es una fuerza política relevante gallega la que ha planteado la cuestión: algunos pueblos de los territorios leonés y asturiano podrían cambiar de jurisdicción y acogerse al pabellón gallego. Es una propuesta interesante y animosa, lástima que sea tributaria de un desconocimiento audazde la historia y de una empanada mental artesana. Todo esto de hacer coincidir las estructuras políticas conpretendidos espacios culturales se reactivó acomienzos del siglo XX de la mano del principio de las nacionalidades proclamado por el presidente americano Wilson al terminar la primera guerra mundial con el designio de desmembrar el Imperio austro - húngaro. Hoy sabemos que tal ocurrencia de fue uno de los mayores disparates del siglo, origen de calamidades que llegan literalmente hasta nuestros días, es decir,que ha tenido una fuerza expansiva avasalladora. Pero como estos son conocimientos que antes se adquirían en el Bachillerato, me parece una pedantería insistir sobre ellos, tan solo quiero recomendar a los ideólogos gallegos que se lean algunos libros de la historia de Centroeuropa porque, a buen seguro,contribuirán a desastacarles los canales por los que habitualmente fluye el pensamiento. A mí lo que realmente me fascina es pensar en la pobre geografía. Antes unida, no se sabe bien la razón, a la historia, cuando son dos disciplinas muy alejadas la una de la otra, antagónicas incluso. ¿Por qué? Porque la historia es el sobresalto, la mudanza, el cambio perenne, “¿qué se hizo el rey don Juan, los infantesde Aragón qué se hicieron?” cantaba Jorge Manrique, ofreciendo un buen testimonio poético de este fenómeno que estoy señalando, el galopar infatigable de los acontecimientos históricos. Estos brincan de la paz a la guerra, del reinado a la república, de los fueros a los Códigos, de las pelucas a las barbas, de estas a los bigotes enhiestos ... y así sucesivamente. Un trajín de taquicardia que exige un eficaz marcapasos.El Pantocrátor que podemos ver en un fresco bizantino es pantócrator precisamente porque impulsa los movimientos de la historia, da cuerda a su reloj, como si dijéramos. Si, en la Ilíada, Zeus es quien amontona las nubes, este Pantócrator es el que ordena la bajamar y la pleamar de la Historia. ¿No nos llena de escalofríos pensar que solo en esta, en la Historia,viven los muertos? Pues bien, justo lo contrario es la geografía, apacible entre las apacibles, quieta entre las quietas: la geografía es el río, soñoliento en susemblante de espejo, la montaña, sabia y altiva en sus eternidades, el humo de la chimenea, bandada de palideces, el mar, que reza su perenne plegaria de olas ... La geografía es la estabilidad, el sosiego. Es que ha sido inventada para eso: para introducir calma allí donde se desbordan las pasiones. Si los soldados de Napoleón hubieran escuchado a las colinas donde se apostaban para asaltar las posiciones enemigas, a buen seguro hubieran dejado el fusil, convencidos de la inutilidad del esfuerzo. Si alguna relación existe entre la geografía y la historia es precisamente que aquella, con su quietud burlona, es un fármaco contra las agitaciones atropelladas de esta. Esto es lo que más reprocho a los políticos que promueven la anexión de territorios leoneses y asturianos a Galicia: que traten de agitar a la geografía, que tengan el descaro de sacarla del mapa en el que descansa e intenten ponerla a trotar. Ya que no respetan la historia, pido miramientos al menos con la geografía.

13 enero, 2006

Diccionario de bobaditas ZPG. 3.

Hoy no traemos un nuevo término del glosario de nuestro Gran Hombre de Estado. En realidad, es un asunto de lógica el que nos ocupa. Creo que es un tipo de lógica nuevo, que él va sacando trabajosamente. Se llama Lógica Scottex, tiene capa doble y combina muy bien el espesor y la rugosidad.
Vean lo que pasó. Ayer ZPG declaró esto: que el Partido Comunista de las Tierras Vascas (PCTV) «no era lo que decían que era, porque en caso contrario Batasuna seguiría actuando en el Parlamento vasco».
Áteme usted esa mosca por el rabo. ¿Esto con qué se come? Vamos a ver, desempolvemos el instrumental analítico y aguantémonos la risa, que el tema no es de broma.
Si la frase zapatogrouchesca quiere decir algo (y probablemente no quiere decir nada, no nos engañemos) creo que sólo puede ser esto: de los/as del PCTV andaba diciendo todo el mundo (malhablados, criticones, malandrines, enemigos del consenso, pelandruscos, chismosos; qué gente, hombre, no la dejan a una negociar ni hacer nada) que eran una sucursal de Herri Batasuna. Que iban al Parlamento vasco en el lugar de Herri Batasuna y en su nombre. Pero no con su nombre, claro, porque está prohibido a esos efectos. Y concluye nuestro avispado Presidente que si están ellos/as y no está Batasuna, es porque no está Batasuna, con lo cual, se pregunta cariacontecido y con una ceja p´arriba, ¿cómo va a estar Batasuna actuando a través de los/as valerosos/as gudaris/as del Partido Comunista de las Tierras Vascas, si Batasuna no está?
Aplastante la lógica de este cruce de Groucho Marx y Fray Gerundio de Campazas, que nos cayó en la Moncloa porque sabe en todo momento estar en la onda (expansiva).