18 octubre, 2005

DEMOCRACIA DE BASE

Publicado por J.A.Gª Amado en La Nueva España, Oviedo, el 9 de enero de 2005

Al común de los ciudadanos la política se nos aparece como una actividad cada vez más alejada, ajena, inasible, podríamos decir incluso que esotérica. Se nos muestra como labor para iniciados, menester de especialistas con dotes particulares, con experiencia extraordinaria o con muy cuidada formación. Todo lo cual, por cierto, casa mal con el perfil real de la mayoría de nuestros políticos profesionales, intelectualmente mediocres y personalmente vulgares.
Lo cierto es que se ha conseguido alejar al ciudadano de la política y reducirlo a mero votante escasamente reflexivo, arrastrado casi siempre por la pura emotividad de desear que venza el partido de sus simpatías, con la misma actitud con que desea que gane el domingo su equipo, porque son los suyos y nada más, porque él toda la vida ha simpatizado con esos colores. En lugar de conciencia política, pasión tribal; en vez de ideas, consignas; frente a candidatos con personalidad y programas con contenidos tangibles y diferenciables, moñigotes de diseño y tópicos insinceros.
Se obra así un distanciamiento abismal entre nosotros, ciudadanos, y las decisiones que colectivamente nos vinculan, de manera que asumimos mansamente que los hilos los mueven otros sin que nos sea posible participación ni influencia ninguna, salvo la tan tenue de elegir entre casi iguales cada cuatro años. Y ese mismo escepticismo, propio de quienes asumen su impotencia como destino ineluctable, es el que nos lleva a no ejercitar tampoco otros derechos mediante los que podríamos hacernos oír y respetar, como las libertades de manifestación, asociación, etc. Nos quedamos en casa convencidos de que no hay vía de ningún tipo para que nuestras opiniones y preferencias cuenten algo.
Con todo esto queda la sociedad civil completamente expropiada de política, y la política convertida para la ciudadanía en simple espectáculo en el que no le cabe más papel que la contemplación pasiva. Las decisiones sobre los temas que más pueden preocuparnos se toman delante de nuestras narices con todo descaro, pero haciéndonos ver que cuanto teníamos que decir ya lo dijimos con nuestro voto, mutado luego en cheque en blanco para la mayoría de turno.
Pues bien, creo que hay en todo eso un engaño tan burdo como interesado. Nuestro poder real, como meros ciudadanos de a pie, es en todo momento inmenso, pero sólo se realizará como tal cuando tomemos conciencia de que lo tenemos, cuando nos demos cuenta de que somos sujetos activos de la política de nuestra sociedad no solamente mientras votamos, sino en todas y cada una de las ocasiones en que con nuestras decisiones condicionamos las posibilidades y el futuro de los grupos e individuos que nos rodean. Pongamos un ejemplo sencillo. Si yo estoy en contra del machismo maltratador y violento, haré bien en votar al partido que lleve en su programa electoral propuestas útiles y creíbles para acabar con ese cáncer social. Pero aún más eficaz para ese fin será que deje de saludar a quien sé que es un maltratador, o que me niegue a compartir la mesa o la barra del bar con uno solo de ellos o de quienes los jalean. Y si detesto el terrorismo, nada de reírle las gracietas al batasuno amateur que tome café en el mismo bar que yo. Si la más mínima violencia, por supuesto. Pero sin concesiones.
Nos expresamos con nuestras acciones mucho más radical y claramente que con nuestros votos. Y nuestra fuerza colectiva es infinitamente mayor cuando somos muchos los que en el día a día obramos en consecuencia con lo que sentimos y queremos. En las últimas semanas hemos tenido una prodigiosa demostración de esto con el asunto del cava catalán. Quién nos iba a decir que el comportamiento de los consumidores navideños resultaría más efectivo para moderar ciertas chulerías que todos los talentos del talante. Y digo que eran chulerías y no convicciones serias y respetables porque se las envainaron cuando descendieron las ventas. Eso son ideas mercenarias, creencias de mercachifle, canciones de cabaret cutre.
No se trata de seguir consignas de nadie, ni de acogerse a la disciplina de ningún nuevo grupúsculo, sino de que cada uno traduzca a sus actos cotidianos, y muy especialmente los de consumo –la pela es la pela-, las opiniones y propósitos que le suscitan las actitudes ajenas, ya sean de personas, grupos, partidos o pueblos. Yo no compro en la tienda del que me mira por encima del hombro, no voy a las fiestas del pueblo donde me llaman extranjero y no doy la mano a nadie que no aprecie más mi vida que su ideal de nación. No como donde sobro ni invierto donde me rechazan. Con esta actitud ni mato ni hiero ni insulto. Es un obrar respetuoso con todos, y muy en particular conmigo mismo y mi propia dignidad de ciudadano libre y con autoestima.
A ver quién es el guapo que dice que no es exquisitamente democrática mi conducta en esto, y plenamente considerada con los derechos de todo el mundo. El tendero faltón tiene el mismo sagrado derecho a defender sus ideales que yo a elegir al tendero que me caiga más simpático y mejor me trate. Faltaría más.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Aquí tenemos una declaración de principios muy a tener en cuenta.
Los que somos constitucionalistas y estamos en contra de la partitocracia a la vez nos vemos obligados a la diarrea mental de estar en contra de los partidos y forzados a formar un partido, pero lo tomas o lo dejas y eso es un putadón.
Yo no creo que el ciudadano esté alejado de la política, al contrario somos políticos en cada una de nuestras acciones, lo que no implica pertenecer o estar a favor de la existencia de partidos-empresa políticos.
El análisis acertadísimo que hace garciamado es de una parte del electorado, pero no de todo el electorado pues habrá ciudadanos que se lo piensen mucho y a pesar de meditar al final ninguna opción les lleva al voto o como en mi caso, que no votaría ni a Mahoma y me veo forzado a participar en elegir a ¿mi representante? ( a mí sólo me represento yo cojones).
El tema del maltrato que pone como ejemplo garciamado debe matizarse porque todos los partidos están en contra del maltrato y a priori no se sabe quién aportará mejores soluciones al fenómeno, pero la actitud cívica no se manifiesta sólo con el bochorno social del maltratador porque para ser exactos si el maltratador no ha sido juzgado, es presunto y si ha sido juzgado y condenado y ha cumplido tiene su derecho constitucional a reintegrarse en la sociedad yo más bien creo que es una operación sociológica de prevención y estudio de dónde se da el fenómeno con mayor frecuencia y creo que los maltratadores condenados son en su mayoría gente que vota a las izquierdas, pero en su inmensa mayoría, y luego hablan de libertad e igualdad.
El último párafo es muy sonoro pero admite excepciones por lo tanto queda un poco cojo, me explico : "yo no compro en la tienda ...", salvo que sea la única que hay en el lugar y me esté muriendo de hambre y no haya ningún vecino que le sobre la comida, ni medio de locomoción que me permita desplazarme a otro lugar ¿o no?, entonces ese día concreto usaré al tendero, si me mira por encima del hombro yo igual o más; "...donde me llaman extranjero", salvo que me esté follando a la más guapa del lugar , volvemos a lo de siempre, las palabras no hacen daño, ejemplo : a mí si me llaman fascista me corro de gusto porque se que a esa persona le estoy reventando sólo con mi presencia y soy consciente de que a todo el mundo no le puedo agradar, luego si me llaman extranjero donde estoy triunfando que llamen a uno lo que quieran; "no como donde sobro ...", eso será salvo que me interese digo yo porque ¿sobro para todos los comensales?
La conclusión a que llega garciamado de que es absolutamente democrática esa postura, es discutible porque no eres tú mismo sino que te dejas influenciar por actitudes que pueden cambiar esos individuos.
Por otra parte es acertadísimo el ejemplo del cava, sin duda que la unión de los consumidores es la fuerza porque ahí no hay ideología sino deseo de satisfacer necesidades o caprichos legítimos

Sherlock dijo...

Se matan entre ellos, basta ver la web compraencatala.org
http://racocatala.com/~compra/
Si lo de boicotear no fuese tan complicado -es tan difícil saber de dónde vienen los productos, la mitad de los espárragos son de china, y la otra mitad, de Perú-, si no fuese tan difícil, digo, me apuntaba al boicot. Y en lo que sepa, me apunto. A ver si el mercado les devuelve el juicio que los políticos se están arrebatando unos a otros.
Esta navidad sidra el gaitero, famosa en el mundo entero.
Pues eso.