23 mayo, 2007

Divinos divertimentos

Que me perdonen los dioses (y sus fieles sobre todo, y especialmente los amigos), pero esto no hay por dónde cogerlo. Uno, que es ateo tranquilo y que no gusta de gastar la pólvora en salvas, habiendo, como hay, tanto malandrín terrenal al que zumbarle, da por buenas sin mayores meditaciones teologías, teogonías y teodiceas, con la sola condición de que lo dejen en paz a su bola y con sus cosas, hoy tomándose una cervecita mientras ve un partido de fútbol, mañana zampándose una chuleta de cerdo o de toro y pasado practicando el sexo con la pareja de la manera y en la postura que le parezca más antinatural y pecaminosa al cura de turno, en su inexperiencia alimentada de códices y manías de beduinos o pastores arameos.
Pero es que las cosas llegan a un punto en que ya dan ganas de decir algo, por una vez. Asumamos que hay un Dios (o varios, o una pandilla de ellos) que creó el mundo y puso cada chisme en condiciones de funcionar. Demos por sentado incluso, si no es tanto pecado como para que puedan quemarlo a uno por semejantes especulaciones, que se aburría como una ostra y que se deleitó con el juguete hasta el punto de complicar bastante su funcionamiento. Bien, lo que se quiera, pero un tipo que es capaz de organizar una movida así no puede ser tonto del todo. Sólo los bobalicones se quedan colgados de los detalles más irrelevantes y si Dios existiera no podría ser bobalicón, digo yo, y creo que digo bien.
Por otro lado, un constructor tan esmerado y diestro de tan prodigiosos artilugios y resortes como los que, mismamente, adornan el cuerpo humano, no habrá querido montar tanta virguería para nada, para luego andar todo el día con esto no lo uses, aquello no lo toques, por aquel agujero no te metas, ese humor no lo viertas acá o acullá... Diablos (con perdón), si lo que quería era legislar que se hubiera hecho unas tablas de la ley para Él solo, que para eso tendrá también su conciencia autónoma -más autónoma que ninguna, se supone- y podrá prohibirse cosas. Si lo que buscaba eran esclavos y esbirros, que se hubiera construido soldaditos de plomo y no estos seres, nosotros, a los que se dice libres pero se les tocan las narices con vetos y amenazas que no tienen más razón de ser que la de probar si su paciencia y su estulticia son mayores que su inteligencia.
Porque vamos a ver, ¿alguien que crea en un Dios medianamente majo y tratable y del que se pueda pensar que de verdad montó todo esto y no es un impostor que se lleva méritos ajenos, puede explicar cómo es posible que la mayor parte de las religiones gasten las energías en tamaña lista de chorradas? ¿De verdad que se honra a Dios pensando que puede ser verdad que Él –o sus delegados, intérpretes, managers o matarifes autorizados- pierde el tiempo –aunque lo tenga todo, por ser eterno; aun así- en prohibir a éstos o a aquéllos comer cerdo, carne no sé qué viernes –marisco se puede, tranquilos todos-, matar vacas –aunque se muera de hambre todo dios-, tener perro en casa, beberse una botellita de vino tinto, tocarse la pilila o el chichi (a uno mismo o a quien esté igualmente por la labor) sin haber pasado por cierto rito y un porrón de juramentos, mirar con deseo la obra divina de un cuerpo ajeno o... mezclar en una chaqueta lino y algodón? Por Dios, hombre, por Dios; un respeto para Dios. Yo ni siquiera digo que Dios no exista, me abstengo todo lo que haga falta. Sólo que, si existe, no puede ser así. Y que, si es así, hay que ir pensando en organizar elecciones.
Me viene todo esto a mi cabeza pecaminosa al leer la noticia de que Zara se ha metido en Israel en un lío y va a tener que indemnizar a no sé cuántos porque ha vendido prendas de vestir masculinas en las que se mezcla lino y algodón, cosa que, al parecer, para judíos ortodoxos y en opinión de los rabinos que tienen acceso a las grandes verdades (?) de esa fe, es un pecado de no te menees, pues a Yahvé, por lo visto, le dio en su momento por prohibir la “ropa híbrida”. Tendría un día torcido, yo qué sé.
El caso es que vaya tela. Así está la cosa divina. Y luego nos quejamos de nuestros políticos. ¿Qué se puede esperar? Cómo no le va a gustar a la Salgado andar prohbiendo cosas. Se siente como Dios la tía.

3 comentarios:

Antón Lagunilla dijo...

Todas las religiones tienen ritos y costumbres la mar de curiosas, algunas de ellas, como la que comenta, totalmente inofensivas (menos para Zara, claro; eso le pasa por no etiquetar debidamente, o acaso por una laguna de la legislación israelí sobre el etiquetado de las prendas de ropa, no lo sé).

Lo malo es cuando Dios te invita a liquidar al que no cree en Él como tú, es decir, al infiel. Cuando, como ahora mismo en Irak, sin ir más lejos, los sunitas intentan exterminar a los chiitas, y éstos a aquellos, en nombre de su fé respectiva. O cuando se lapida públicamente a una joven por el grave delito de intimar con quien no es de la religión de su tribu. O cuando se adoctrina a muchachos para que abracen el martirio, mediante el uso de un cinturón de explosivos en la plaza del mercado, en nombre del Altísimo. O cuando se justifica desde la religión pegar a las mujeres, o mutilarlas, o someterlas. Se argüirá que no todas las religiones son así, y es cierto. Pero cuando las que no son así callan, o miran para otro lado, o no intervienen, ¿no son acaso cómplices?

Por otra parte, el ateismo o el agnosticismo tampoco garantizan una conducta diferente. Pero, al menos, no sirven como coartada para justificar ni aquellas brutalidades, ni estas complicidades.

irichc dijo...

Me parece una idea equivocada el creer que por aceptar una prohibición nuestro albedrío queda anulado y aniquilado. En opinión mía, es justo al revés: en estos supuestos es donde la libertad mejor se demuestra frente a la inercia de la costumbre. Creo que fue Picasso quien dijo que la medida de un hombre es aquello a lo que renuncia.

Que haya prohibiciones sin sentido, eso ya es otro debate.

Anónimo dijo...

http://www.diariodeleon.es/se_laultima/noticia.jsp?CAT=427&TEXTO=5833435