21 diciembre, 2007

Paga y calla

Si me tocara la loto a lo bestia me encantaría subvencionar a amigos y conocidos, hacerles préstamos a fondo perdido, regalarles objetos lujosos a cambio de que me echaran piropos y me dijeran que qué listo y qué majo, financiarles con gesto cómplice algún vicio tan caro como inconfesable; vamos, que sería de un dadivoso que ríete tú de un gobierno en precampaña. Sin embargo, como ni me ha tocado la loto ni es previsible que tal cosa me vaya a ocurrir, me da por el saco que con el dinero que aporto al sostenimiento del garito común se ande haciendo regalitos a la gente por todo el morro.
Hoy el Consejo de Ministros ha aprobado financiar la rebaja del 50% por ciento del peaje de la autopista que une León y Asturias, la conocida como Autopista del Huerna. Viajo entre León y Asturias con mucha frecuencia y hoy mismo lo he hecho. Pero me parece muy mal esa medida. Tendré el día torcido, no digo que no. Para empezar, existe una hermosísima carretera alternativa por la que el viaje entre León y Oviedo dura unos escasos veinte minutos más. Una preciosidad de vía de montaña, en buen estado, no peligrosa y que hasta permite que uno se pare en Villamanín a comprar chorizos y cecina en Casa Ezequiel, en Busdongo a mercarse unas hogazas de pan como el de antes, o en el mismísimo puerto de Pajares a tomar un café y disfrutar de un incomparable paisaje de picos con su toquilla blanca. Yo suelo ir por ahí, salvo que esté malísimo el tiempo, y lo hago así tanto por disfrute como por economía. En el futuro ya veré, pues si alguien me paga la mitad del peaje… No necesito para nada que me inviten a tal cosa, pero si se empeñan…
Paga el Estado, genial. Se ve que el Estado trabaja en algún lado y se saca su sueldecillo, que distribuye magnánimamente, hoy para comprarle a uno esto, mañana para regalarle al otro lo otro. Mentira cochina. Sus dineros nos los saca a nosotros del lomo (a unos más que a otros: al currante de a pie mucho más) y a un servidor le parece rematadamente mal que ande haciendo regalitos por igual a quien los necesita y a quien los dilapida. ¿Ayudas por hijos? Estupendo, pero en función del nivel de ingresos, no a todo votante por el mero hecho de ser votante y aunque le salga el oro por las orejas peludas. ¿Descuentos en los peajes? Pues en función de las necesidades y del nivel de renta de los usuarios, no al buen tuntún y por igual para el cochazo de un Botín que para el vendedor ambulante que pasa camino del mercado de Mieres.
Y es que, aunque uno lo disimule bastante, en el fondo le queda eso que un cura llamaría una señal indeleble, un resto de aquellos ideales sociales, socializantes, socializadores y tal. Y ese resto le dice a uno al oído que repartir a tontas y a locas lo de todos y lo que entre todos ponemos es malgastar y darnos el palo mientras estamos en cuclillas y a lo nuestro; y que la buena política y la que merece apoyos y votos no es la que se dedica a favorecer genéricamente a asturianos, leoneses o leperos, sino la que da más al que más lo necesita, con total independencia de dónde nació el gobernante, de dónde quiere pacer votos o de en qué parte son más lloricas y puñeteros.
Pero, como la felicidad nunca puede ser completa, lo que con una mano te dan, con otra te lo quitan. Y ahora vamos a lo del famoso canon digital. Entiendo poco de eso y no temo arruinarme por los cuatro deuvedés en blanco que me compro al año, pero tiene gracia. Como no hay manera de pillar al pirata malón, se presume, con presunción irrebatible, que piratas somos todos y que entre todos hemos de pagar las fechorías de algunos o de un buen puñado. Ya somos sospechosos habituales. ¿Qué va a hacer usted con ese cedé, vamos a ver? Grabar unas fotos de mis hijos. Ah, so jueputa, falsario, bucanero, ladrón, mentira cochina; usted piensa bajarse la última película de Penélope Cruz y el último disco de Los Changuitos. Que no, que le juro que no, que mire que soy ciego y medio sordo. Nada, nada, déjese de juramentos y hostias y suélteme los tres euros de rigor del impuesto revolucionario…, digo de canon digital.
Aplastante la lógica del canon digital. Socialicemos el ilícito. En lugar de localizar y, en su caso, sancionar al que proceda ilegalmente, multamos a todos por anticipado y hagan lo que hagan. Ejemplar. Además, la víctima se queda la mar de contenta, pues no sólo recupera lo que deja de ganar por causa del pirateo, sino que se saca unos euros extra, y tanto si su obra es de la mejor calidad como si se trata de una caquilla que no vale ni para forrar la pata de una mesa coja. Como las dos terceras partes de las películas -por llamarlas de alguna manera- españolas que se estrenan -supuestamente, pues algunas no llegan ni a salir de la lata- al año en este país nuestro de Jauja, películas que primero han tenido financiación pública –o sea mía y de usted- y luego van a tener premio, también a mi cargo y al suyo de usted, y todo ello aunque no las vean ni tres despistados o pervertidos.
La lógica de lo del canon es aplastante y como se generalice la idea de fondo va a ser cosa de ver. Se trata de que hay gente que copia ilícitamente obras y con ello perjudica a la correspondiente industria y a quienes poseen los derechos de autor. La solución: que entre todos, culpables o no, paguemos para evitar ese perjuicio o compensarlo. Muy bien. Pues resulta que también hay un montón de hurtos y robos cada año, y que no siempre la víctima puede ser resarcida, por unas razones u otras. Pues mira, cada vez que compres un kilo de alubias, que te cobren un euro extra para el canon de hurto. Y así con todo, hasta que lleguemos a conseguir que nadie nunca pierda o deje de ganar nada por ninguna razón. Seguro universal-universal. Y pregunto: ¿alguien saldría ganando algo?
Por cierto, si con el canon ya conseguimos que el pirateo no cause perjuicios a los autores y empresarios, se legalizarán la copia, incluso la masiva, ¿no? Si no hay víctima y el daño ya ha quedado preventivamente resarcido...
Así que unas veces para que estén contentos los asturianos o los de Vitigudino y otras veces para que vivan bien o vayan tirando cuatro(cientos mil) chorras que se lo montan de autores la mar de creativos y originales y que no tendrían donde caerse muertos si funcionara el mercado en lugar del apaño nacional, usted y yo nos pasamos el día soltándole la mosca a papá Estado, a este estado pródigo, putero, cobardica y cretino al que definitivamente deberíamos incapacitar. Para construir luego otro y en serio.
Propongo la instauración del canon político. Cada vez que un ciudadano vaya a votar en elecciones nacionales, autonómicas o locales, que pague seis euros. ¿Por qué? Por el posible mal uso de sus derechos políticos. Porque hay mucha gente que sólo vota a su primo, o al más ladrón, o al que es de su partido y sólo porque es de su partido, aunque rebuzne; o por si ese mismo que vota es candidato, gana y luego se lo lleva crudo. Seamos definitivamente y para todo ciudadanos sospechosos y adelántesenos la pena por si acaso; porque, aunque nada hayamos hecho aún, algo haremos, eso seguro. Vaya pagando sus multas de mañana en cómodos plazos anticipados, so cabrón.

1 comentario:

Aspasia dijo...

Le encuentro un poco desnortado:

1º El “regalo” de la rebaja del precio del peaje ¿no beneficia más a la empresa concesionaria (dominada por Sacyr-Vallermoso, Luis de Rivero)? Mantendrá los ingresos con el colchón del gobierno además de incrementar los peajes, sin que en ningún momento se apliquen las reglas administrativas del “equilibrio económico”, a saber: si ganas más, cobras menos...

2º Sobre el canon habría mucho que contar. Son simpáticas las propuestas de gatopardo, pero junto a las bromas: ¿cómo quiere proteger sus Teorías de la tópica jurídica, sus propuestas sobre la teoría social o su libro sobre Kelsen?.

3º) ¡y lo que nos faltaba! Pagar un canon por las elecciones... ¿Por qué no se sortean en un gran bombo como el de la lotería nacional los cargos y prebendas políticas? Sólo veo ventajas. No soy original porque las vio antes Mencken: menos gastos de campaña, menos promesas incumplidas y menos cacicadas y arbitrariedades... nadie se lo creería, etc... Estoy ya oyendo a los niños de San Ildefonso cantar el número del carné de identidad y “el ministerio de consumo” “la concejalia de fiestas”, “el premio cervantes”...

En fin, lo importante: ¡FELICES FIESTAS!