05 agosto, 2008

¿Por qué los profesores universitarios no podemos ser como Ronaldinho?

El pasado 31 de julio el periódico asturiano La Nueva España contenía el siguiente titular en su página 48, en la sección “Sociedad y Cultura”: “La producción científica en la Universidad cae un 30% en tres años”. Y en letra algo más pequeña iba el siguiente subtítulo: “La memoria de 2007 desvela una fuerte disminución de la publicación de artículos y libros, así como de las contribuciones en congresos”. La noticia maneja datos de la Universidad de Oviedo, pero sospecho que no ocurrirá cosa muy diferente en otras universidades públicas. En la mayoría de las privadas no existe ese problema: la investigación no desciende porque en ellas jamás existió, ni falta que les hace, pues tienen que poner todos los medios y todas las energías para conseguir que los hijos más incapaces y oligofrénicos de las familias guapas y con pelas obtengan títulos rimbombantes que les permitan colocarse en la empresa o el despacho de papá y votar al PSOE porque es el que más se preocupa por la política social.
Supongo que el propósito de la información era transmitir sorpresa por la bajada de la productividad investigadora del personal universitario, pero a mí lo que me extrañó fue lo suave de tal “desaceleración”. Entendámonos sin tapujos: lo normal sería que en las universidades ni San Pedro diera palo al agua. Tampoco en la San Pablo, por las razones antedichas. Por un lado, porque casi no se puede; por otro, porque, aunque se pudiera, para qué, si no nos jugamos prácticamente nada.
Comencemos por esto último. Un servidor, que es Catedrático de Universidad y de los Grandes Expresos Europeos, puede optar ahora mismo por no volver a investigar un pimiento ni a escribir una puñetera línea más en materias de su disciplina desde hoy y hasta el día de su jubilación por la tarde. Uy, qué atrevido. De atrevido nada, ya lo vienen haciendo muchos colegas más jóvenes que yo, así que no ha de ser tan difícil. Claro que no, pues ¿saben ustedes qué perdería este menda con semejante actitud? Pues prácticamente nada. Concretemos el prácticamente: cada seis años podemos hacer que se evalúe nuestra investigación de ese periodo y si da positivo tenemos un “tramo” más y nos pagan por él unos ochenta euros mensuales. Como tengo ya cuatro (fíjate, con lo joven que es, ¡jopelas!) y lo máximo a que se puede aspirar son seis, y como para solicitar el próximo debo aún esperar cuatro años, echen cuentas y vean qué poco perderé de aquí a mi jubilación a los setenta si no vuelvo a hincarla (uy, esto de hincarla debe de ser muy políticamente incorrecto). ¿Y que pasa con el resto de mi sueldo de catedrático? Pues que lo sigo cobrando igual y con nuevos trienios cuando corresponda y los oportunos complementos docentes en aumento cada cinco años. Por no volver jamás de los jamases a escribir un puto artículo de “investigación” no me bajan ni un céntimo de lo que gano ahora mismo. Así que ya me dirán qué peligro tan grande y que acicate económico para dejarse las cejas en lecturas y escrituras en lugar de jugar al mus o depilarse las pantorrillas en días impares o perpetrar chorradas en un blog.
Pero pongamos que la vocación es irrefrenable, loca del todo, burra como ministra de cuota. Pues ni por esas, salvo que eches a perder los fines de semana, te divorcies, entregues tus hijos a la inclusa, dejes de leer el Marca los sábados y vuelvas a la masturbación de propia mano como medio mejor para economizar tiempo amatorio y evitar horas de románticos prolegómenos. Porque en la universidad de lunes a viernes y en horas de luz diurna es imposible investigar o hacer nada que no sean pendejadas improductivas. Te comen los papeles, te agotan las reuniones, te invaden los mensajes, te acosan las llamadas. Ahora mismo no conozco ningún profesor universitario que haya leído en su despacho una línea científica en horas de mañana durante los últimos cinco años. Entre otras cosas, porque todo ese tiempo y más se nos va en elaborar dossieres sobre procedimientos y métodos para el aumento de la producción científica universitaria y en evaluar proyectos de evaluación de la producción científica universitaria. Esto ya no es el pez que se muerde la cola, sino algo de ese estilo pero mucho más pecaminoso y de contorsionismo aún más meritorio.
Además, todo aquel que tiene que presentarse a acreditaciones o evaluación de su curriculum y sus proyectos necesita varios años para preparar los papeles en los que se habla de lo genial que es cuando investiga, además de asistir a cursos en los que den certificados de que el susodicho domina de puto padre los más sofisticados métodos de investigación. Esto de la investigación es como el sexo en los curas: todo el día hablando, pero sin practicar, salvo con ocultamiento y nocturnidad.
Pues la solución sería que se nos tratara como a Ronaldinho y compañía. Vamos a ver, ¿alguien se imagina un equipo que quiera en serio ser de campanillas, ganar torneos, competir en la champiñóns y mantener contenta a la afición, y que haga a los jugadores funcionarios hasta que se les caigan las botas, les pague lo mismo si meten goles o se rascan las partes y los fiche todos de su cantera sin permitir que lleguen refuerzos ni extranjeros ni del pueblo de al lado? ¿Por qué no se organiza una liga en serio entre universidades? No me refiero a mamonaditas de que yo te evalúo, tú me evalúas y con nuestras evaluaciones hacemos lo que nos salga de los presupuestos. No, a competir en serio en cantidad y calidad, torneos con árbitros de verdad, y profesionales –a ser posibles extranjeros y sin amantes/as por estos pagos-, y a organizarse por divisiones y con libertad de fichajes. A las universidades de primera en investigación se les suelta una pasta. A las de segunda, menos, y las de tercera se cierran y se manda a su personal a poner copichuelas en un puticlub del extrarradio, por donde el campus, para que no noten mucho el cambio de vida. ¿Que usted es un investigador solvente? Pues se lo disputan las universidades punteras y le apoquinan como a un futbolista, por la cuenta que les tiene. ¿Que usted es un manta que acabó de profesor en no sé qué Departamento de cuarta regional a base de limpiarle los zapatos al catedrático y de rítmicos movimientos de cabeza con el torso inclinado hacia adelante y los ojos cerrados? Pues a la calle y a hacer la idem más a las claras, pero sin costarle dinero al contribuyente.
Aumentaría de narices las investigación, ya lo creo que sí. Pero que nadie se alarme, no irán los tiros por ese lado. Eso sí, si sigue decayendo la actividad investigadora haremos unos Observatorios de la Investigación para que, como su nombre indica, la gente observe en lugar de investigar, pero que parezca que no se tocan los/as pelotos/as.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

a) Creo recordar que Ronaldinho no ha dado un palo al agua desde Navidades para acá, y ya tenía en el bolso una pasta gansa; y ahora le han soltado más, y ya veremos qué hace.
b) Se le ha olvidado comentar que los quinquenios de docencia se los pagan igual a los que dan clase que a los que no: esto es, no ya dar clase bien o mal, sino simplemente no darla (y vaya si encontramos subterfugios), es todavía más tentador que no volver a investigar en tu puñetera vida.
La diferencia no deja de ser sangrante, y ya verá la risa que le da el día que tenga que la pequeña Elsa crezca y caiga en manos de muchos de nuestros dilectos colegas.

Un amigo dijo...

Creo yo que "ese día" no habrá ningún problema (siempre que la ya no tan pequeña Elsa quiera, está claro).

Basta un mentor apropiado -con bastante independencia de cuáles sean sus competencias específicas, diría yo, en la materia de que se trate- para hacer de una estadía universitaria mala una pasable, de una pasable otra excelente.

En cuanto al problema de relacionar financiación con competitividad, reconozco que es bastante más grave en las humanidades. Por lo que oigo, ya se ha abierto una señóra brecha entre las politécnicas buenas y las así así.

Yo tengo una cierta esperanza en la caída de la población universitaria, que dejará a muchos titulillos con las vergüenzas al aire.