02 agosto, 2008

Tortolitos necionalistas

Uy, qué guapos se los ve. El amor es el amor, no hay tu tía. Ella más joven que él, delgadita, mona, con cara de no matar una mosca. Las mata todas él. Criaturitas; las moscas, digo. En una de las fotos que salen por ahí se cogen de la manita. Uno, que es un cochino, se acuerda de esas noticias que contaban que cuando él estaba dizque en una huelga de mucha hambre se metían en el baño y se refrotaban. Seguro que a este hombretón el semen le huele a pólvora y que la churri le pone muescas en la pistola cada vez que cae un casquete guapo. Ya tiene lo menos veinticinco.
En este país nuestro la gente acaba de enterarse de que los delincuentes salen de la cárcel cuando acaban de cumplir la condena. Mira qué cosa. Original del todo. El ABC de hoy, mismamente, viene con este titular en portada: “De Juana, libre sin pedir perdón y entre la indignación de las víctimas y el temor de sus vecinos”. Y cuentan en todas partes que Zapatero ha afirmado que “siente desprecio” por el Juanolas de los cojones. Será de poco para acá. ¿No era éste el hombre de paz? A ver si ahora nos va a salir veleta el Zapatero; no puede ser, pues sabemos que se trata de un señor de firmes convenciones, sólidas como montoncito de arena cuando sube la inflación; perdón, quería decir la marea. Para qué se abandonará uno a figuras poéticas, si acaban saliendo así, chungas y como mal intencionadas. Líbrenme dioses y roucos de criticar a nuestro Presidente, luz de luz, guía de progresistas, brújula de los desheredados, faro de los oprimidos. Y juro que no vuelvo a desayunar rosquillas de anís con mucho anís.
Pues eso, que como Zapatero no puede realmente despreciar, por mucho que diga, pues sería como pedirle a un santo que blasfemara y él es el santo de la paz y los buenos sentimientos de la señorita Pepis convertida en lesbianita por las tardes y en puta de lujo para jeques por las noches, pues que a lo que estábamos, que cómo mola la parejita y qué encantador el amor rompiendo barreras y barrotes y dejando en el alma de los tortolitos un agujero de entrada como cuando se dispara el mimo a bocajarro.
De qué hablarán esos dos cuando se encaman. Yo me los imagino tiernos, él contándole cómo hace chof la carne de la nuca bajo la punzada de la parabellum y ella dímelo otra vez que me estoy poniendo burrísima, fíjate cómo me mojo toa, ahora explícame qué sentiste aquella vez que saltó la bomba y caían del cielo cachos de carne de guardia civil, ay, amor mío, que me estoy yendo, dispárame pronto, mi gudari, hombretón, atízame con tu porra de lehendakari del mañana, cántame en euskara algo bonito de luchadores y patrias, viértete cabrón, imagínate que soy una guardia civil y que me matas, cómeme la sangre, pégame con la culata, así, ah, hijo de la grandísima puta española, mi hombre, loco, toro, liberador de pueblos, patriota de mis entretelas.
Uf, cómo se lo deben de pasar. Dicen que se chutan con jamon de york para aumentarse las ganas y luego se lo hacen aprisa, vuelta y vuelta y a correr, no vaya a venir la pasma, como si fuera en la clandestinidad, que ningún amor excita más que el clandestino, como si los acuciara la urgencia de la cita contra reloj en el camastro carcelario, arreándose vis à vis unas veces y otras, las más, por la espalda, y ella que todavía le transmite consignas de los padrinos mientras lo recibe y los ojos le hacen chiribitas con colores de ikurriña, y él que gruñe y se vierte como si chapoteara en sangre de enemigo de los vascos, y los dos gritan eslóganes y se vienen al tiempo con un viva Euskadi que los deja muertos como si acabaran de matar a media plantilla de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado. Ay, el amor, cosa bonita, romanticismo, exaltación, místico desasosiego.
¿Comerán los domingos en casa de la familia? Tal vez sí, pero seguro que cocido madrileño no, sólo faltaba. Unas alubias de Tolosa y unas cocochas, que son como los detonadores de la merluza. Ella lo mirará embobada y le dirá a su madre de ella fíjate, mamá, a que está guapo así con esos ojos dulces que se le ponen todo el rato y ella, sí, hija, sí, tu padre también era un pedazo de hombre, pero ahora míralo, todo postrado y que ni cucarachas mata ya, y la suegra le pone otra ración de higadillos de cordero, que son como perdigones gordos y lo mira arrobada y piensa cómo debe de disfrutar mi hija y qué suerte hemos tenido todos con un yerno así, no como la vecina del séptimo, que se ha liado con uno de Jerez de la Frontera que vota a Rosa Díez y parece negro. El padre de la señora de De Juana los mira manso y se le va la olla y recuerda cuando él también trabajaba en el matadero y cómo las vacas entraban confiadas y salían hechas filetes y que un pueblo necesita filetes de hombre para alimentar su autodeterminación y que qué maravilla que también su hija haya elegido un carnicero, que estos son oficios que nunca se acaban, porque carne vamos a comer siempre y alguien tiene que sacrificar el ganado para que el pueblo se nutra.
Y los dos enamorados se cogen la mano por debajo de la mesa y él le enseña un trozo sangrante de solomillo al foie y ella se relame con una lengua así de viciosa y lo mira a los ojos y piensa que esta noche él volverá a hablarle de la bandera y de las carnes de aquel guardia que quedaron quemadas, no como este solomillo con el que él hace ahora un gesto grosero, aprovechando que la suegra se ha ido a la cocina a buscar el arroz con leche, y se lo mete en la boca despacio y le queda sangre en la comisura, y ella se levanta, se lo lleva al baño y allí le lame la sangre que le rezuma a él y le baja los pantalones y se la chupa mientras se imagina que es el cañón de una metralleta y que ella se llena entera de plomo muy caliente, y que arde y que se evapora su cuerpo, convertido en aire para los globos de colores con que se celebra la liberación de Euskadi y que todo el pueblo lleva en alto las fotos de su novio mientras ella gime y se preña y le da diez millones de cerditos con cuya mierda abonar estas tierras para que en ellas prenda la vida y se pare la historia y todos griten lo mismo y se corran juntos bajo una lluvia de plomo caliente como esta que le llena ahora mismo la boca y que traga porque del amor no se debe desperdiciar ni un cartucho.
C´est l´amour, olala.

5 comentarios:

Carmen dijo...

Y en el mundo al revés, él tendrá escolta para protegerlo de las víctimas. Todo ello pagado con el dinero de los contribuyentes vascos, claro.

roland freisler dijo...

Muy bien, pero tampoco deben tener desperdicio una de cama de ZP y Sonsoles con las visceras del abuelo fusilao y bla,bla,bla.

Anónimo dijo...

sin comentarios

Anónimo dijo...

lo del anonimo anterior entonces que es sino un comentario? un metacomentario? En cuyo caso que seria esto?

Hans dijo...

Ah, qué inspirado relato para tan insólita parejuela.
Eso sí, de ella no diga que es 'mona'. Basta que señale que es 'simia', dada la babuínica naturaleza de su sangriento adláter ('ad later' por todos los conceptos). Con lo que les gusta a esa peña lo de las razas puras, es evidente que empiezan por ellos mismos, no osando la mezcla -maketizante- con seres humanos.