03 septiembre, 2009

Comparaciones odiosas

(Publicado hoy en El Mundo de León)
Cuando Hitler se hizo con el poder no derogó la Constitución de Weimar ni la reformó por la vía en ella prevista, pero la alteró por completo. Los juristas paniaguados del régimen se apresuraron a explicar que se trataba de una revolución, sí, pero una revolución en nombre de la esencia de la Constitución, y que, aunque muchas de las reglas esenciales del juego habían cambiado, importaba ante todo atender al auténtico espíritu de la Constitución, a su naturaleza como suprema norma del pueblo alemán organizado como Estado, mucho más relevante esa esencia nacional y popular que la pura letra de este o aquel precepto. Mientras, el partido nazi aplicaba una política de hechos consumados, llenaba los tribunales y todos los órganos de control de leguleyos cebados por el Führer e invocaba la voluntad del pueblo y sus manifestaciones multitudinarias como indiscutible legitimación del nuevo estado de cosas. Y pasó lo que pasó.
En Argentina, la Constitución de 1886 no fue formalmente derogada por los golpes militares que en aquel país se sucedieron. Simplemente los jueces, convenientemente seleccionados, afirmaban en cada ocasión que lo más importante era salvaguardar la vida del Estado y los sacrosantos intereses del pueblo y que los militares estaban dentro de la ley. Sabemos lo que pasó.
Los caudillos latinoamericanos de hoy hacen con las constituciones de sus países lo que les viene en gana y como tapadera convocan referendo tras referendo y usan así las urnas para perpetuarse y para avalar sus oscuras maniobras con la disculpa de que sólo sirven al deseo popular. También Franco organizaba plebiscitos para respaldar las Leyes Fundamentales de su régimen y dirigía concentraciones masivas para celebrar cada vuelta de tuerca de la dictadura.
Aquí y ahora nos están avisando de que si el Tribunal Constitucional no da por bueno todo el contenido del Estatuto de Cataluña, habrá problemas, pues el pueblo catalán ya dejó clara su intocable voluntad en el correspondiente referéndum. Se llama a nuevas manifestaciones y se amenaza con la desobediencia. Los que deberían hablar callan y al Tribunal Constitucional le tiembla el pulso.
Las comparaciones son odiosas, pero es lo que hay. Aunque nos duela.

10 comentarios:

roland freisler dijo...

No es muy afortunada la analogía ya que según dice Vd en Alemania y Argentina los jueces eran del partido y sin embargo, al TC "le tiembla el pulso" solamente. Pero en fin .

Martín Juárez Ferrer dijo...

Estimado JA,

la Constitución argentina es de 1853/60 (hubo una reforma muy importante en 1860, por eso se la conoce como de 1853/60).

Por otra parte, los gobiernos de facto solían "incorporar" documentos con jerarquía supraconstitucional, como por ej: las actas del proceso de reorganización nacional del 1976, actas que tenían contenidos jurídicos, que suspendían la vigencia de derechos y garantías y que los jueces (indignos) tomaban como superiores a la constitución.

un abrazo

martín

AnteTodoMuchaCalma dijo...

Huy, es verdad, aunque nos duela Zapatero es como Hitler, la Casas es como Videla y Pepiño como Fidel Castro.

¿Saben cómo llamaba el buen Leo Strauss a esto? Reductio ad hitlerum. Y ya saben que cuando se echa mano de la reductio ad hitlerum... Pero seguro que el Leo Strauss este era otro sociata.

En la netiquette se habla de la "Ley de Godwin"...

AnteTodoMuchaCalma dijo...

Y hablando de comparaciones...

elquebusca dijo...

Celebro haber encontrado este blog gracias al de Pseudópodo.

Garciamado dijo...

Juraría que esta vez no había dicho ni pío de Zapatero. Todo lo más, a la misma caja que un montón de gente, y con un papel más bien secundario, de machaca. ¿O es él el que ha convocado estos días manifestaciones y cosas por lo del Estatut? Yo no lo sabía. Pero está la cosa tan chunga que hay que defenderlo hasta cuando no se le ataca, al pobre incapaz. Nunca un general tan torpe tuvo tan buen ejército. Podríamos llamarlo reductio ad zapaterum, pero invertida: en cuanto alguien se queja de que le duele un juanete, saltamos para gritar que Zapatero no fue y que seguro que es culpa de Rosa Díez o de la Cospedal.
En cambio a mí me trae sin cuidado la otra comparación, ya ve. Por qué será. Es más, le sugiero que sigamos jugando a eso: cada vez que yo diga algo que pueda molestar a un primo segundo de Zapatero, usted saque una caricatura de UPyD. Que es, digamos, como si yo le hablara de la velocidad y usted siguiera agarrado al tocino.
Gracias por el dato, estimado Martín, fue error mío.
Y bienvenido, Elquebusca.
Saludos cordiales a todos.

AnteTodoMuchaCalma dijo...

1. Caray, cómo anda el patio. ¿Cómo voy a querer molestarle con la caricatura, querido D. GA? La sátira política no busca ofender. La caricatura es una comparación simpática, y la cara de Savater queda “niquelada”. Y lo de “todo aire” se lo he oído yo a alguien... ¿a quién sería?

2. Para evitar interferencias: ZP malo malo, Pepiño malo malo, quien le apoye es como mínimo torpe.

3. Yo sigo a mi piñón: lo único que le he planteado es la continuación de su analogía de usted ad absurdum, con ánimo de discutirla. Si estamos en Weimar o en la Argentina de los coroneles o en la Cuba actual, entonces es que ZP es Hitler, la Casas es Videla (hubiera sido mejor decir Freisler: hubiera mantenido la analogía más correctamente) y Pepiño es Castro.

3. ¿Por qué continúo la analogía? Por lo mío de siempre: porque me parece que decir “estamos como en el advenimiento del III Reich, como en la genocida dictadura argentina, como en las asesinas dictaduras setenteras americanas” es una comparación fallida y se inscribe en una moda perniciosa: la de calentar ("vivimos en una dictadura totalitaria" y demás cositas que instan al no-debate y a la pura confrontación). Ya le digo: en mi modesta opinión. Por poner un ejemplo muy tonto, conforme al sentir general en el III Reich o la Argentina de Videla cabría la resistencia armada y estaría legitimado el tiranicidio, los jueces colaboraban criminalmente con una dictadura asesina, etc.

4. Para hacer sátira lo único que he tenido que hacer es continuarla sin exagerarla ni un ápice: si estamos post-weimar, estamos en el nazismo y el presidente es Hitler. Eso demuestra que la comparación es una reductio ad hitlerum como una catedral de grande. ¡Bitte, no se agarre a que ZP y tal!

5. Me salgo de la analogía y me permito una chorradilla.
a) El Estado ha aprobado una consulta popular vinculante a la que decidirá no los habitantes de un ayuntamiento sino el cuerpo electoral de una C.A.(la unidad política inmediatamente inferior al Estado). El Estado ahora establece una posible confrontación entre un órgano constitucional y la decisión de dicha consulta popular. Quien no quiera ver error generador tensión constitucional tiene que hacer juegos malabares.
b) El TC, en decisiones de estas características, no actúa como un órgano jurisdiccional sino que tiene una fundamental vertiente política. ¿No pueden tomar posición política los ciudadanos y los grupos? Si existe un grupo independentista, o uno con una posición más pro-federal, ¿no puede propugnar su interpretación del encaje constitucional de la norma en cuestión, velis nolis... o podemos compararles con los nazis que presionaban y purgaban jueces?

6. Por eso vuelvo a mi piñón: ¿debate o pedradas? ¿Argumentación o “estamos en el III Reich, en la Argentina de Videla, en el Franquismo, en el Castrismo”? Interpretado así mi post, y no como “defensa del indefendible” (¿cree que yo defendía al Pepiño?), ¿qué me dice?

Un fuerte abrazo,

ATMC

Gustavo Prado dijo...

En este caso no veo que el autor lo utilice como analogía de una situación política sino como reseña histórica que ilustra cómo terminaron dos países que se permitieron derogar, por la vía de los hechos, los Principios de Legalidad y Jerarquía Normativa. Si negamos que la Constitución es la norma suprema de nuestro ordenamiento jurídico las normas inferiores todavía serían más vulnerables y el poder de turno podría infringirlas a su antojo.
Y si además se logra atemorizar a los jueces el bucle está cerrado. (Recuerdan la bronca de la viceP. a la presidenta del TC)

roland freisler dijo...

Ante
Garciamado da en el clavo en la fantástica réplica que le hace a Vd porque Vd no acierta en donde está lo falso de la analogía del post , porque el error de Garciamado está donde yo lo he señalado : Garciamado argumenta la analogía Alemania, Argentina, ESPAÑA y Catalonia (que no es un Estado) pero falla porque el TC no pertenece a Catalonia y mientras en el resto de las comparaciones los jueces eran siervos el TC parece ser que no lo es del todo de Catalonia.
Por eso Garciamado hunde su "barco" y Vd chapotea justificando su ya conocida , por los amigos del blog , postura de defender un debate sin pedradas. Y para defender su postura no viene a cuento UP y D aunque Vd cree que sí , por lo que poco se puede añadir.

Carmen dijo...

Hombre, problemas habrá si el Tribunal Constitucional aprueba el Estatuto, eso sería razón suficiente para tener problemas serios, y no lo contrario.
Se trata de un pacto político y como dice el refranero "antes de meter venga a prometer, después de metido nada de lo prometido"...o algo así, oiga.

Un cordial saludo.