18 enero, 2011
No quiero que me representen "mis" sindicatos. ¿Qué puedo hacer?
Son como son
Miren esta foto que un amigo nos indica, no tiene desperdicio. Está alojada en este blog y proviene de aquí, pero se la copio igualmente:

16 enero, 2011
¡Ha vuelto la FANECA!
15 enero, 2011
El feisbú
- Na
- ¿Bien?
- Tirando
- Llevas zapatos nuevos
- Son del año pasado
- Ah
- De cuando nos vimos en la boda de Manolo
- Sí
- Bueno, me voy, que llego tarde a la peli
- Vale
- Ya te la contaré
- Como quieras
- Hasta luego
- Adiós
¿Qué les parece ese diálogo? Pues sí, cutre del todo, una de tantas pseudoconversaciones insustanciales de dos que se cruzan por ahí y van a lo suyo. Un rollo bárbaro. Bueno, pues si en lugar de ser un encuentro callejero, se tratara de una "red social", estaría todo el mundo entusiasmado, incluidos los protagonistas. Nuevas formas de comunicación, revolución total. Hay que joderse.
Tienes un vecino con el que te has cruzado unas cuantas veces sin deciros más que hola y adiós. No os apetece nada poneros a pegar la hebra en el ascensor o en el bar de enfrente, aunque quién sabe, igual habría cosas para contaros, a lo mejor ha tenido el tipo una vida apasionante y te estás perdiendo su narración detallada delante de una botella de buen vino. Pero no, ni ganas, qué fastidio y qué pérdida de tiempo meterse en conversaciones con el personal. Pero un día recibes en tu correo el aviso de que tu vecino quiere ser amigo tuyo en facebook. Ah, eso ya es harina de otro costal. Le dices que sí y empezáis una relación cordial e interesantísima.
Hoy él ha puesto en su muro que su tía de Zaragoza le contó que menudo frío esta noche. Aquello se pone que arde; la página, digo. Tú le contestas que jo, vaya tela que debió de ser el frio ese. Una tal Josefina, que aparece en la foto de su perfil montada en un tiovivo y con un tigre de peluche entre las piernas, aclara que en Valencia, en cambio, la gente ha ido a la playa. Rubén manda una foto con paisaje nevado y el muñeco correspondiente. Preciosa. Cinco amigos votan que les gusta la foto y un tal Eduardo dice que gracias, Rubén, por regalarnos ese paisaje tan precioso. Entonces Rubén escribe que gracias a ti Eduardo, y tu vecino planta un comentario más con un poema de Neruda sin decir que es de Neruda, y una tal Graciela contesta de inmediato que muchas gracias y que le encanta Benedetti. Tú vas y recomiendas una canción de Édith Piaf que habla de la nieve en París, pero es en francés y nadie te dice ni pío. Porca miseria, no es tu día. Así que te marchas a toda prisa al facebook de tu primo Estanislao, donde hoy están hablando mucho de por qué ahora los tíos se depilan las axilas. Ahí sí que tienen ambiente selecto y un tema de muchos quilates.
Uno en su blog mete la pata a base de bien, para eso está. Verás como se me pican varios amigos que tienen su facebook y se dan por aludidos. Que no, queridos, que no es por vosotros. Me consta, además, que alguno lo usa para comentar noticias bien sesudas o informar de descubrimientos científicos abracadabrantes. Habrá de todo y no soy quien para juzgar con propiedad, pues he frecuentado muy poco esos lugares virtuales, sus muros, sus fotos y todo eso. Ni siquiera sé muy bien cómo va. Me llegan todas las semanas varias solicitudes de amistad, con frecuencia inversa a mis posibilidades de hacer amigos en vivo, en carne y hueso, en cuerpo mortal, en la vida propiamente dicha. Serán los tiempos. Alguna que otra vez respondo que vale, pues hasta me hice un día un perfil o me registré o algo así. Entonces llego a la correspondiente página, miro por encima y me digo que seguro que por torpeza mía no acierto a ver el mucho y buen contenido que allí ha de alojarse. Sólo encuentro fotos de gente que no conozco y frases del tipo "hola a todos", "son muy bonitas las margaritas", "está preciosa la tarde" o "gracias por el enlace". Menuda basurilla. Pero, insisto, seguro que se debe a que no alcanzo a descubrir los más íntimos y ricos recovecos.
Así que me desentiendo del asunto. Pero el otro día, por no sé qué casualidad o maniobra extraña de un servidor (no mía, sino de uno de esos lugares de almacenaje), empezaron a llegarme por correo electrónico los mensajes que se estaban intercambiando en el facebook de un conocido gallego. De un gallego conocido mío, quiero decir, profesor de universidad, por más señas. Vaya tela. Resumo. El primer mensaje era lo que él acababa de escribir allí: hoy he cocinado caldo gallego, invito al que quiera. Primera respuesta: vale, yo llevo el vino. Contestación del anfitrión: trae también lencería fina. Otro que se mete: si Fulana va con lencería, me presento yo también. El anfitrión: pero tú te vas en cuanto acabemos de comer. La otra: huy, me parece que me voy a cortar. El anfitrión…
Oigan, se pasaron tres horas así, haciéndose pajas virtuales a lo tonto del todo. Que si voy, que si vengo, que si me pongo, que si me quito, que si tú no vienes, que si tú te quedas. Ya picado en mi curiosidad, me di una vuelta completa por el lugar y resultó que era casi todo así y todos los días, con el único añadido de fotos frecuentes, de enlaces al youtube para ver a Lady Gaga y de recomendaciones de películas y series de la tele.
Vamos a ver, tengo yo una pregunta para ustedes, pregunta genuina de despistado total: ¿es eso lo que llaman redes sociales? ¿Es por disponer eso por lo que se está forrando un tal Zuckerman? Pues manda pelotas. Y yo con esta hipoteca. Sí, lo sé, no todo es igual. Vale. He visto algún lugar diferente. Pocos, pero hay.
No pasa nada, cada uno ha de poder montárselo como quiera. Lo que me fastidia es que en vivo y a la cara cada vez es más difícil tener una tertulia o marcarse una conversación decente. Nadie tiene tiempo ni ganas, pues hay que salir corriendo para enchufarse en casa cinco horas en el facebook y el twitter y el otro y colgar otra foto de cuando eras pequeño y te llevaron a la playa y decir que vaya mayor que se ha puesto Harrison Ford y que cuánto te gustan las judías verdes nada más que con un sofrito. Mecagoenlaleche, qué profundidad y cuán intensa comunicación. Vivan las redes supersociales. Masturbación para everibody. Narcisismo a tutiplén y otra foto de cuando la primera comunión.
Ya sé, me dirán que bueno esta uno para hablar, con lo que le mete a este blog. Paso a justificarme. Escribo el blog precisamente porque ya casi no hay con quien hablar y porque los que hablan no escuchan y te atizan el rollo de cuando la mili y en cuanto te dispones tú a abrir la boca para contar cómo fue tu campamento, se acuerdan de que tienen los garbanzos en el fogón, los cabrones que ni cocinan ni nada.
Además, un respeto y una cosa, aquí meneamos temas que tienen su enjundia. En lo que no me veo, francamente, es con el cuelgue diario de cuatro o cinco horas para comentar con la vecinita, en la red "social", que qué sabrosas están las peras de Lérida (perdón, Lleida). Y después, cuando la tropiezo en la escalera, le planto un escueto buenos días y salgo corriendo a buscar un ordenador y escribo que me encanta toparme con vecinas que lleven una minifalda azul.
Estamos enfermos, creo. O serán cosas mías.
13 enero, 2011
Interludio sobre libros electrónicos, negocios y descargas
Ya me he despistado. Iba a otra cosa. No a debatir sobre el fondo, sino a contar cómo va lo mío, pues me he embarcado en lo de los libros electrónicos y quiero poner en relación mis teorías -y la de los amigos de aquí- con mis hechos. Ya les cuento.
Les había dicho que en navidades me compré un lector muy majo. Ya lo manejo con toda la soltura que cabe para estas edades. ¿Y saben cuántas novelas lleva ya en sus entrañas? Casi mil. Ayer mismo bajé más de quinientas de una dirección que es una mina, una locura. Tiene miles y miles de libros en un formato raro, pero también he averiguado ya de dónde se descargan programas para cambiar sin problema de un formato a otro. Total, y resumiendo, que usted encuentra en la red, y gratis, prácticamente cualquier cosa que busque de cualquier autor. Eso, a día de hoy, es así. No tengo ni idea de quién y por qué hace el considerable esfuerzo de colgar tanto libro..., pirateado no, como se diga. Digitalizado, debe de ser.
Me tengo -¿o me tenía?- por un aceptable comprador de libros, en especial literatura. ¿Seguiré igual o gastaré menos -o mucho menos- en adelante? Ah, ahí está la cuestión. ¿Seré representativo del comprador estándar de libros? Por qué no. Si lo soy y en el futuro adquiero menos, resultará verdad que el mercado de los libros sufrirá lo suyo.
Pues yo creo que sí, que ya no voy a gastar tanto en libros en papel. Además, estoy muy satisfecho con mi lector: perfecta calidad de la pantalla y la letra, lectura muy cómoda, posibilidad de marcar páginas, subrayar, hacer anotaciones en los márgenes...
¿Qué creo que me va a ocurrir? Seguirá gustándome tener en papel y ver en las estanterías de mi casa ciertas obras de los grandes, pero estoy casi seguro de que no volveré a gastar un euro en muchas de esas novelas que uno lee y luego amontona porque no son de releer propiamente. Por poner un caso, me parece que ya no me agenciaré más novela negra en papel. ¡Está todo en la red! ¡Tengo todo ya en mi cacharro! Cuando digo todo, digo todo, desde los clásicos (Hammet, Chandler..) hasta los últimos buenos, españoles y de fuera; incluso suecos y noruegos y un islandés, fíjense qué nivel.
Es verdad que hay que afinar el cálculo. Nadie se compraría en edición de imprenta tantos libros como puede descargar. Por cuestiones de sitio para colocarlos, por dificultad para ordenarlos y..., por dinero, claro. Si a mis setecientas novelas les pongo un modesto precio medio de doce euros, me salen ocho mil cuatrocientos euros. Es lo que valdría, en papel, esa literatura que me he procurado... gratis. Pero no es que las editoriales y librerías se hayan perdido esos ocho mil y pico machacantes míos, ya que no todos los habría comprado. La clave está en esta otra pregunta: ¿cuántos de esos setecientos que he conseguido por la cara habría mercado en librería, si no los tuviera de ese otro modo? No lo sé. Pero, tirando por lo bajo, por lo menos veinte o treinta. ¿Se compensará esa pérdida -para ellos- de algún modo? Lo ignoro. De momento, no parece que el descubrir gratis a un autor que me apasione me vaya a llevar a adquirir sus obras en papel; me incitará a... piratearlas (huy, discúlpenme), pues en la red -por lo que he visto- las encontraré seguro.
He leído hace un rato el trabajo que viene en El País sobre todo esto, titulado “A un paso del duelo final”. No me aclara gran cosa, salvo que nadie sabe nada. Hablan primero de Bubok. Algunos de los resultados del último proyecto de investigación que he dirigido están publicados como libro ahí. Es un sistema estupendo. Nosotros elegimos que el libro sea gratuito y pueda descargarlo cualquiera. Si alguien lo quiere en papel, puede pedirlo, se lo sirven en menos de una semana y cuesta unos quince euros. La ventaja grande, bajo mi punto de vista, es que te libras por completo de las servidumbres de las editoriales comerciales, que primero te dicen que no les interesa lo tuyo, luego te añaden que si pones tres mil euros te lo sacan, nunca te dan contrato a firmar ni te reconocen derechos de autor, después, milagrosamente, te avisan de que van a imprimir una segunda edición porque la primera se agotó -conozco casos- pero siguen vacilándote y sin pagarte porque la vida está muy achuchá y, entretanto, te insisten en que quites cien páginas de tu original y en que retires ese párrafo donde dices “mamonas” y “pajilleros”. A la porra. Quien escribe sobre materias académicas para dialogar con los colegas y estudiantes y mostrarles su trabajo a ellos tiene que poner sus cosas en la red, en lugar de andar suplicando como un pobre menesteroso a un editor de Ciudad Real o Basauri que primero te desprecia, después te vacila y por fin saca una pasta a tu costa pero se enfada si no le das las gracias y no publicas con él -gratis también- un manual de tu asignatura. Ah, por cierto, Bubok y las demás editoras gestionan ellas solas ISBN y demás datos para poner en la aplicación de las acreditaciones. No problem.
Siguiendo con lo de El País, luego echo una mirada a la página de Copirrait, plataforma que agrupa a muy famosos y meritorios “creadores”. Defensas encendidas de la Ley Sinde. Van de cráneo. Contra los hechos valen poco las normas. Y los hechos son: a) yo puedo descargar hoy, en un solo día, cinco mil novelas de las que pueblan ahora mismo los estantes de una buena librería; b) mi acción no es ilegal; c) para perseguirme a mí y a quienes como yo hicieran, habría que convertir el Estado en un engendro autoritario y sin garantías procesales y sustantivas, habría que poder espiarme, controlar mi uso de la red, etc; d) A los “piratas” (perdón, perdón; era con ironía y mucho cariño) que disponen los servidores con ese material échales un galgo; cambian de “alojamiento” y se reproducen con mucha facilidad, se evaden a “paraísos cibernéticos” (mira qué bonita expresión, como los paraísos fiscales), etc., etc. Nada que hacer, impotencia, puertas al campo, agua en un cesto. O cambian las bases de la producción, el mercado y los modos de retribuir a autores, editores y demás, o se acabó lo que se daba. ¿Se acabó lo que se daba?
Seguirá habiendo novelistas y poetas, pero quizá los primeros no puedan seguir viviendo de sus escritos, igual que no viven de ellos los segundos, salvo uno de León que siempre sufre en sus versos porque la dictadura -contra la que retroactivamente está luchando a brazo partido- le puso casa y Zapatero premios y conferencias en los Cervantes del mundo. O tendrán que inventar maneras de obtener algún lucro precisamente a través de la red y con los intercambios que en ella tengan con sus lectores. A lo mejor se democratiza el mundo literario y ya no hay que ser de la cuerda de algún capo catalán o darle gusto al tal para verse editado. Te autoeditas tú en la web y los cibernautas deciden... No sé.
Lo que tiene guasa es lo de Libranda, lo de los editores españoles. También, siguiendo el artículo de El País, volví a mirar su página. Un horror. Y cómo esconden en su catálogo los precios de las ediciones electrónicas, los cabritos. ¿Cuáles precios? Algunos ejemplos a vuelapluma. Muñoz Molina -autor al que admiro mucho-, La noche de los tiempos -su última novela-: en papel, 24,90 euros; en formato digital (e-pub): 17,49. Joyce Carol Oates, Infiel (estupendos cuentos, éste lo tengo en la estantería): en papel, 22 euros; digital, 9 euros. ¿Están locos? ¿Están locos de remate? ¿No se dan cuenta de que de internet se descargan por cero euros?
Ni estoy justificando el “pirateo” (perdón, lo siento, se me escapó otra vez) ni poniéndome de parte de los autores o las empresas. Lo que hace falta es encontrar caminos nuevos. Sigo diciendo que no ha de poder “colgar” cualquiera lo que le dé la gana, un escrito mío que me arrebata sin permiso y sin que yo lo hubiera regalado al público, una foto íntima de mi tía, los números -tristes- de mi cuenta corriente...; pero verdad es que constituye engaño grave pensar que el aire que respiramos o el agua de los ríos se puede vender envasado y a precios muy altos y que la gente lo va a comprar en lugar de respirar o bañarse sin coste.
Si a mí me dicen ahora mismo los de Editorial Anagrama (o los de Tusquets o los de Alfagura o los de Acantilado o los de Salamandra...) que por treinta euros tengo acceso a todo sus publicaciones de este año y puedo descargar lo que me dé la gana, y que por treinta más me abren su catálogo antiguo, ni me lo pienso, firmo de inmediato. Y, si quieren echarle imaginación, pues que den una clave para que una vez a la semana pueda chatear uno con su escritor favorito, o descuentos para irse de fin de semana barato a Madrid o Barcelona cuando hay presentaciones... Yo qué sé. Tienen que darse cuenta, en cualquier caso, de que ahora, para bien o para mal, la sartén por el mango la tiene la gente, y que para leer ya no hay materialmente necesidad de apoquinarles lo que pidan. Es como cuando a uno -que no soy ni seré yo, de verdad- le salen novias a porrillo y la parienta, envejecida y “musculosa”, se pone borde. Pues ya ves qué problema, corazón. Con las editoriales sucede lo mismo, nos guste o no nos guste y sean cuales sean a medio plazo las consecuencis para eso que llaman la cultura y que ya no se sabe qué es, si lo de los libros, lo de la gastronomía o lo de hablar sin decir tacos ni ofender a los nuestros aunque sean... Quieto parao, que he dicho que me reformo y me reciclo, en lugar de refocilarme.
Discriminados
(Publicado hoy en El Mundo de León)
Se nos vienen el Gobierno y la señora Pajín con una nueva norma, pues les parece que había pocas. Presentaron el otro día el anteproyecto de Ley Integral de Igualdad de Trato y No Discriminación, que pretenden que entre en vigor en 2013. Largo me lo fiais. Para dentro de dos años, todos calvos. No será lo peor que nos pueda ocurrir, al paso que vamos y mientras el poder legislativo legisla igual que el que reza a Santa Bárbara cuando truena, por hacer algo y que no se note que no sabe de meteorología.
He estado ojeando esa norma que nos arrojan ahora, y resulta la mar de chusca. Es para que nadie se sienta discriminado por cualquier cosa, empezando por lo del género y la orientación sexual, que no son lo mismo, pero suelen ir de la mano. Por ejemplo, si un varón se presenta a un casting de macizas para anunciar una colonia de mujer y no lo eligen porque es hombre, habrá que aplicar la ley antidiscriminatoria y obligar a que le den el papel o sancionar a alguien por andar mirándole malamente el sexo; o, si un heterosexual aspira a plaza de camarero en local homo y le responden que nones, otro tanto de lo mismo. O a lo mejor he entendido yo mal el anteproyecto, no sé. Según las autoridades, el propósito es evitar las humillaciones que sufren los que llevan las de perder cuando hay trato desigual. Loable objetivo. Acabará siendo ilegal que los concursos de belleza los ganen los guapos.
Yo mismo puedo resultar muy beneficiado con esta ley, igual que muchos de ustedes. Verán por qué. Como leonés de adopción, me siento a menudo humillantemente discriminado. Sin ir más lejos, me parece una infamia que un catedrático igual que yo cobre en la Universidad Pública de Navarra bastante más de lo que a mí me pagan en la de aquí. Para colmo, el navarro tiene un sistema fiscal distinto y apoquina menos en impuestos. ¿No es discriminatorio esto? ¿Y humillante? ¿Y lo de que en el sistema sanitario nuestro tengamos derecho a menos prestaciones que en otras Comunidades? ¿Y qué me dicen de cómo se sentirán los guardias civiles o policías que ganan un rato menos que si fueran mossos d´esquadra? Podrían ser mil ejemplos. Menos mal que la nueva ley nos va a igualar en lo que de verdad importa. ¿O va de coña/o?
12 enero, 2011
Los y las de siempre siguen con el sexo en la boca. Recomendación de un divertido artículo
11 enero, 2011
La lesgislación que viene, por nuestro bien.
Pues no sé si es por andar todo el día sacudiendo leyes y quitándoles las pelusas, pero el caso es que mi última adivinación versa sobre legislación estatal. En el 2020. En un Estado que acojona también, pues tendremos de presidenta del gobierno a doña Leire, para que luego digan ustedes que la chica no vale y no tiene su fondo, aunque sea de armario. Corre el año 2020, como digo, y hace tres años que el PSOE ha recuperado absolutamente la mayoría, esta vez porque un día antes de las elecciones generales, a las que iba de favorita Esperanza Aguirre –estamos jodidos por donde quiera que nos miremos, ya lo sé-, cayó en Guadalajara un meteorito que armó un desastre, y la gente se dio cuenta de que era castigo divino por las malas andanzas del PP. Pásalo. Ahora manda en serio la Pajín, Zapatero es consejero de Estado, el Estado está como era de esperar con esos consejos que le dan y Rubalcaba acaba de ser nombrado magistrado del Tribunal Constitucional, gracias a que el propio TC ha hecho una interpretación extensiva de lo de juristas der reconocido prestigio con mucha experiencia profesional y ha visto que, aunque Rubalcaba es químico, otros son rubios o con pocas tetas y no por eso dejan de ser elegidos para guardianes de la Constitución. O qué. Son las cosas del neoconstitucionalismo, que es más viejo que Carracuca y ya lo practicaba hasta Calígula cuando lo del caballo. Por cierto, la que a estas alturas está muy malita es las Constitución, pero dicen sus cuidadores que tranquilos y que ya ellos mismos le dan la extramaunción y la “eutanasian”, sin problema y para esos estamos, heil.
Bien, pues ese es el panorama que se me acaba de anticipar, y resultó que después de un consejo de ministros en enero –ahora los consejos son los martes, como aportación de este gobierno a la política social- comparece –comparecerá- el ministro de Sanidad y Cultura y presenta el anteproyecto de Ley de Sanidad Integral Sostenible en Restaurantes y Casas de Comidas (LSSRCC; pronúnciese por señas, como hace el ministro, que es una chica lesbiana, sordomuda, patizamba y de La Corredoria –Asturias-, por no sé qué rollo de cuotas que no he llegado a entender muy bien). Un gran avance del Estado del bienestar e, incluso, del Estado de Derecho. Resumamos los contenidos de tan afortunada norma.
La Exposición de Motivos de la ley, que ahora se llama Motivación de la Exposiciones, por razones de "simetría semántica de tendencia lingüística", o algo así, alude al éxito de la llamada Ley Antitabaco, de 2010, y a cómo hay que seguir aondando en las libertades. No se preocupen, lo de “aondando” no es ni errata ni falta de ortografía de un servidor. Lo que pasa es que la Academia de la Lengua, que ahora preside un antiguo concejal de Convergencia y Uniò que es bilingüe y está muy leído y que llegó a la Academia y al cargo de resultas del pacto de gobierno en el 2015 entre el PP y los catalinistas, la Academia, digo, ha suprimido la letra hache porque a alguien se le ocurrió comparar su forma (h) con la de las carnes de las señoras culonas, y de inmediato el Obervatorio para la Igualdad propuso que se suprimiera esa letra que a algunos tarados recuerda a ciertas mujeres y que, encima, no suena, lo que es, ya, el colmo de la discriminación afrentosa.
¿Qué se contiene en el articulado de la ley? Pues medidas muy enjundiosas que aprovechan los últimos avances tecnológicos. En resumidas cuentas, lo principal es que en la puerta de cada restaurante o lugar en que por precio se sirvan comidas al público, deberá estar instalada una máquina que por el iris de los clientes detecta su estado general de salud y prescribe la dieta pertinente. ¿Que usted anda con el ácido úrico subido? Pues la máquina lo canta y saca una carta adaptada a su dolencia, carta de la que han desaparecido los mariscos, la cerveza, el tomate, el vino tinto y no sé cuántas cosas más. Si anda alto de tensión, con problemas de azúcar, bilirribuna o similares, de inmediato el aparatejo decreta la prohibición de la sal, de los pasteles, de la remolacha o de lo que corresponda a tenor de los siempre cambiantes avances médicos. Por ejemplo, en este año 2020 vuelven a ser malísimos los aceites de oliva y el pescado azul. También se han prohibido los condones de látex porque en algunos casos provocan acidez de estómago, dicen. Cosas de la ciencia dura.
Lo más llamativo son las sanciones, como siempre ocurre en estas normas que salvaguardan nuestras libertades y todos los derechos fundamentales que tenemos, que son un montón. Si un cliente del restaurante se empeña en tomar unos percebes y el chisme de la entrada le ha dado calabazas, es decir, le ha prescrito un menú a base de calabazas nada más, y, para beber, agua sin gas, sólo por decirlo el cliente ya deberá pagar tres millones de pesetas. Lo de las pesetas es porque esos cabrones nos echaron del euros y ahora estamos ahorrando para joderlos a ellos. Si dicho comensal simplemente piensa cuánto le apetecería zamparse unas gambas prohibidas, aunque no lo mencione, la multa es de millón y medio. ¿Que cómo se sabe lo que pensó? Porque hay en el techo detectores de pensamientos culinarios, igual que en todos los semáforos los hay de pensamientos lúbricos, para poder castigar a los hombres que se digan para sus adentros que vaya culo guapo que tiene esa torda que cruza la calle. Eso son dos años de privación de libertad y posterior orden de alejamiento de los semáforos. Si es una señora la que calladamente opina que le encantan los pectorales depilados de un jambo que pasa, no hay sanción, pero si lo dice, recibe el premio a la liberación como es debido, dentro del Plan Trienal de Acción Afirmativa, también puesto en marcha por este gobierno de progreso y buen rollo genérico.
En el caso de los camareros, aquel que sirva un plato indebido a un cliente recibirá de inmediato una orden de ayuno personal y podrá ser condenado a penas de hasta quince años de cárcel y vegetarianismo. Como medida complementaria, siempre que un camarero así delinca, se suspenderá también de empleo y sueldo al jefe de cocina y a la limpiadora, a fin, según la citada Motivación de Exposiciones, de incentivar la solidaridad social y el papel de España en el concierto de las naciones sostenibles y eólicas.
Lo dejo aquí. Sólo tenemos que esperar nueve años y verán cómo acierto de pleno. Es lo que tiene ser buen visionario. Ahora tal vez nos sorprendan esas noticias del futuro, pero más raro nos habría parecido hace quince años lo que ahora se legisla, y mira. Por no hablar de lo que habríamos dicho de jóvenes si nos hubieran contado que durante nuestros mejores años nos iba a gobernar un pobre *** iletrado,con su gobierno de *** y ***. Son las dinámicas de la Historia, ineluctables; ya lo dijo Hegel.
10 enero, 2011
Porquerías jurídico-familiares
Mientras, sigue uno leyendo patochadas y constatando desenfoques sin cuento y con cuento. Hoy mismo he visto en El País una noticia con este titular: “El Gobierno insta a los jueces a no esgrimir una patología inexistente”. Reconózcase que es un encabezamiento enigmático, bien oscuro. ¿Que los jueces esgrimen patologías y, encima, inexistentes? ¿Cómo, dónde y con qué las esgrimen? ¿Con la mano, con el mazo, con un tenedor…? Habrá que mirar el subtítulo: “Un informe concluye que el llamado Síndrome de Alienación Parental, usado supuestamente por madres para lograr la custodia, carece de validez científica”. Sigue sin entenderse, pero da la impresión de que van a hablar de asuntos científicos y jurídicos de mucha enjundia. Impresión falsa, ya que se trata de la típica ensalada espesa e intoxicante, dinamita para los pollos, alimento –con toxinas- para cerditos y cerditas, cuento chino. Es kommt mir Spanish vor.
Pero lo leí, porque ya se sabe que la curiosidad mata al gato y al bloguero que debería ocuparse de cosas serias en lugar de escribir sobre las mamarrachadas que se llevan. No sé si lo habré entendido bien, más allá de captar sin lugar a dudas que los hombres somos una calamidad y que hay jueces machistas sin remisión. Puede que también los haya feministas, pero creo que eso no es problema.
No había oído hablar del Síndrome de Alienación Parental, que el periodista escribe con mayúsculas, de lo que deduzco que debe de ser más grave que el cáncer de próstata, que siempre se pone así, en minúsculas. Además el cáncer de próstata no tiene siglas (podrían ser CP, mira qué original), mientras que al Síndrome este sí se las asignan en el artículo periodístico (SAP), nuevo indicio de que tiene que ser materia de mucho nivel. ¿En qué consistirá?
Pues, al parecer, es cuando en procesos de divorcio y en el fragor del combate para ver quién se queda con los hijos, el varón alega que la mujer “manipula al menor para que sienta aversión contra él”. Se entiende que contra el padre. Dicen las estadísticas -que siempre aparecen aunque no se sepa quién las hace ni cómo- que el 89% de las veces que tal acusación se formula es por obra del hombre, mientras que las damas sólo imputan esas maniobras a sus ex en el 11% de los casos. Pero lo absurdo es cuando lo alega el paisano, dónde vas a parar. Si lo dicen ellas suele ser con verdad, y así se hará constar en la nueva legislación sobre igualdad, que viene haciéndose pajines y que pretende que no se humille ni a los gordos ni a los feos ni a los que tienen espinillas ni a los eyaculadores precoces ni a los afroamericanos, aunque aquí no tengamos apenas. Ni a las mujeres ni por ser mujeres ni por ser mujeres.
Al margen de la guerra de los géneros, y en especial entre progenitores/as que deberían haber sido amputados de sus partes reproductoras a su debido tiempo, la historia parece sencilla. Mientras lucha por quedarse con los niños, que también son ganas, uno de los papás, generalmente el papá, le dice al juez que el otro –generalmente la mamá- anda hablando malísimamente de él delante de la descendencia. Eso puede ser verdad o puede ser mentira, según lo afirmado coincida o no con los hechos y sin que tengamos que remontarnos a citar a Tarski y la teoría de la verdad como correspondencia ni zarandajas por el estilo. Y esa alegación será jurídicamente relevante o no según que la ley dé o no dé cancha a ese tipo de guantazos dialécticos entre los no castrados a su debido tiempo. Parece sencillo, y una persona normal creo yo que no le daría más vueltas. A veces será verdad que el padre o la madre le hablan al niño pestes del otro y a veces será pura falsedad. Caso por caso, no estadísticamente, porque si es verdadero o falso que yo comí callos a la asturiana este mediodía -sí los comí, comprados en Mieres el sábado- no depende para nada de datos estadísticos sobre la frecuencia con que se toman callos en León en el mes de enero. Y no hay más tutía.
Bueno, pero si ya es un bien escaso la normalidad cuando hablan los juristas, ni te cuento lo que puede quedar de ella cuando, de propina, se meten los científicos sociales –esta vez psicólogos, pura ciencia exactísima, rigor en estado puro-, los periodistas y los que hacen de su sexo profesión y fe, sacerdocio y sacerdocia, dedicación de tiempo completo, obsesión propiamente dicha, maniqueos a los que el aparato reproductor se les ha subido a la cabeza y a ver esa deformidad quién la opera o si no será un síndrome con siglas.
Así que, según la oscura redacción del artículo periodístico que cito, resulta que el Síndrome de Alienación Pariental (SAP, no se olvide) es mentira. ¿Que son siempre falsas aquellas acusaciones? No, que es mentira el síndrome. Que no hay una dolencia psicológica consistente en andar diciendo pestes de la contraparte a la prole. Y que, como el síndrome es más falso que la falsa moneda, según los psicólogos, el juez no tiene por qué tomar jamás en cuenta dichas imputaciones, las formule el papá o las formule la mamá. Creo que el razonamiento se entiende bien: como el síndrome no es propiamente tal, no es verdad que el padre o la madre anden manipulando nunca al chaval de esa manera. Es como el día que se descubra que el síndrome del tabaquismo no es tal síndrome, de lo que se deducirá con aplastante lógica que la gente nunca fuma ni fumó. ¿Que mi pareja declara que ayer me vio atizándole unas deleitosas caladas a un Camel? Si lo que pretende es insinuar que soy rehén del síndrome de abstinencia provocado por la nicotina y si un día unos psicólogos de Nebraska o de Viana do Bolo averiguan que ese síndrome no es tal, resultará que yo ni de broma me fumé un Camel o, si lo fumé, no lo disfruté un carajo. Así es la ciencia posmoderna, tonta del culo.
Sé que estoy haciendo algo de caricatura, pero estas cosas hay que tomárselas con humor. Miren, algo más en serio -no mucho-, lo que cuenta el periódico: “El informe insiste en que ni la Asociación de Psiquiatría de Estados Unidos, ni la Asociación Española de Neuropsiquiatría ni la Organización Mundial de la Salud conceden validez científica al SAP o lo consideran un trastorno verificado por la comunidad científica. El Síndrome de Alienación Parental -hasta los años 90 se denominaba Síndrome de la Mujer Maliciosa- es un término acuñado por Richard Gardner, un psiquiatra militar norteamericano que en la década de los ochenta lo definió como trastorno mental invalidante para ocuparse de los hijos. Es, según él, "una campaña de denigración injustificada contra un progenitor alienado", para que el menor rechace vivir con él o acudir a las visitas. Se aplica sobre todo en algunos estados estadounidenses, Argentina y España. La Asociación de Psicólogos de estos dos últimos países avalan el SAP, la comunidad médica no lo rechaza -el Colegio de Médicos entiende que es una decisión que corresponde a cada profesional- y otro tanto ocurre con el Colegio de Abogados. El Tribunal Europeo de Derechos Humanos lo ha tenido en cuenta en las alegaciones de algunos procesos revisados. En este contexto variopinto, algunos jueces lo aplican a rajatabla. Y eso es, sobre todo, lo que preocupa al Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad y al Observatorio. La polémica, siete años después de la primera sentencia española que tomaba en consideración el SAP, continúa”.
No me digan que no es para reírse un buen rato. Ni serio ni nada, pura rechifla. O para rasgarse las vestiduras. Resumamos toda esta falta de rigor de la pseudociencia de las narices, unida a la demagogia barata de los medios y a su sumisión al "decurso" único:
a) Las fuentes científicas son exhaustivas y demoledoras: La Asociación de Psiquiatría de Estados Unidos, la Asociación Española de Neuropsiquiatría y la Organización Mundial de la salud. Dicen las tres que no, que no existe tal síndrome. Pues vale. ¿Y qué dicen la Asociación Francesa de Tejido Cerebral, la Asociación Canadiense de Neurocirugía Ornitológica y la Asociación Extremeña de Mujeres Separadas o la Asociación Murciana de Varones Escamados? Huy, perdón, con este último ejemplo se me han mezclado los apartados.
b) Pero, por lo visto, aunque la Asociación Española de Neuropsiquiatría sostine que no hay síndrome que valga, la Asociación de Psicólogos de España –igual que la de Argentina, qué buena compañía nos hacemos los “gallegos” y los psicoanalistas compulsivos- afirman que vaya que sí, que ya lo creo que anda mal del síndrome mucha gente. Jolín, y a veces hasta el Tribunal Europeo de Derechos Humanos se lo ha creído. No sabe uno a qué atenerse.
c) Pero ya se sabe quién resuelve cualquier duda científica en este país nuestro, puntero donde los haya en materia de saberes y cosas de tías y tíos: el Ministerio de Igualdad. Si, como ahora, están juntos Igualdad y Sanidad -como si lo desigual fuera enfermizo- miel sobre hijuelas. Dice el Ministerio Con Señora que ni síndrome ni hostias. Mano de santa. Por lo visto también anda por ahí un Observatorio que, por más que observa, ni ve síndrome por ningún lado ni verdad en las acusaciones cuando van contra damas con niño. Pues ya está.
d) “El pronunciamiento oficial sobre este supuesto síndrome constituye una vieja reivindicación de las asociaciones de mujeres, que reprochaban a la ex ministra de Igualdad, Bibiana Aído, el silencio del Gobierno. Ahora como secretaria de Estado, y con Leire Pajín como ministra, el Ejecutivo asume su inexistencia y tiene previsto hacer público el informe en los próximos días”. Esto es otro párrafo de la noticia. Se comenta solo. El ejecutivo ha asumido la inexistencia del síndrome y va a comunicarlo un día de estos. Como cuando no había crisis económica o como cuando éramos y seguimos siendo un Estado social a tope y muy protector de los desamparados. Menudos. Será por declaraciones.
Manda tal.
Consiéntanme un comentario final antes de venirse con la caballería, que es una manera muy nuestra de venirse. Admiro a mi querida esposa por muchas cosas, incluida esta que voy a contarles y que no es de importancia tan menor como parece. No hace mucho, en presencia de otras personas, estábamos hablando de separaciones y cosas por el estilo. Muy seria por un momento, me miró y me dijo tranquilamente, de manera bien creíble: si un día nos separamos, con la niña te quedas tú; ni sueñes que voy a pelear yo por custodias ni similares. Magnífica. Deberían muchos y muchas tomarla como ejemplo. Y a otros y otras habría que caparlos a tiempo, ya se ha dicho. Y punto pelota.
09 enero, 2011
Aquellos muchachos de la postguerra, gente mía
Esta vez no había comprado flores. Pero me detuve de todos modos y entré al pequeño recinto, tan íntimo. Estuve comentándoles a los dos qué me llevaba por el pueblo. Era un asunto relacionado con el prado que me queda de los que ellos trabajaron toda la vida, y seguro que les interesaba bastante. A esos felices enterrados cerca de casa, casi viéndola a media distancia, les importan siempre esos asuntos de las fincas que fueron suyas y de las tierras que tantas veces labraron y segaron. Por eso teníamos que charlar un poquito del tema, porque muchas veces me acerco por allí y no nos da el día ni para la conversación más simple, pero en esta oportunidad sí podíamos recrearnos un rato. No digo lo otro con pena, me acostumbré hace mucho. Cuando tienes raíces y las rompes, cuando te vas para ser otra cosa en otra parte, para abrevar en otros ríos, para bañarte en otros mares, para acariciar pieles distintas de las de los tuyos, bruñidas, duras, lo pagas así, con silencios inevitables, con distancia. No es que muera el cariño, no, es que se queda reseco y hasta puede tener púas, igual que una planta del desierto. Por eso cuando vuelves a querer más a esos que te dieron la vida y a los que dejaste un día es cuando se hacen viejos y sólo hablan de sus recuerdos y no les importa que tú te hayas marchado tantas veces o que ahora estés con la cabeza en otra parte. Y cuando más intensamente retomas las conversaciones perdidas es cuando se mueren y los visitas, ya sin mala conciencia, ya para hablarles tú nada más, pero, sorpresa, como cuando niño, como les gustaba y de los asuntos que les conciernen.
Me quedé un rato. Creo que se me pone incluso una sonrisa algo pueril. Otras veces están conmigo Pilar y Elsa, que me respetan, pero quizá me turbo un poco y no me permito más que cuatro gestos. Hoy estaba solo, nada más que con ellos. Podía explayarme sin rubor.
Luego me puse a mirar las lápidas vecinas. A muchos de esos difuntos los conozco bien. La mayoría eran casi jóvenes en mi niñez, gentes hechas y derechas cuando tocó mi adolescencia o durante mi carrera. Ahora son muertos y algo significará ese tránsito. A la mayoría los identifico por sus nombres. Otros se me escapan o nada más que me suenan, no les pongo cara ni consigo verlos en los pasos de antaño. Siempre fui un desastre para eso, hasta cuando vivía en Ruedes y me tropezaba a unos y a otros de los alrededores y no sabía quiénes eran, confundía sus nombres, no los relacionaba con tantas historias y habladurías. Seguramente porque nunca fui totalmente de allí ni de ellos. Lo cual sólo puede significar que nunca habré sido de lugar alguno ni de nadie por completo. Desarraigo. No existen alternativas intermedias ni paños calientes. O del útero materno o del aire. Pues del aire.
Me dio por pensar que es hermosa la reunión que mantienen en aquel cementerio sus muertos. Ellos sí se conocen, todos. Cuánto podrían contarnos, cómo recordarán unidos. Historia de la buena, historia vívida, biografías y épocas, no lo de los libros, no lo de los personajes que quedan en los anaqueles con el brillo prestado, pero sin vecinos para siempre y sin camposanto donde podamos hablarles con esta naturalidad.
Iba leyendo esos nombres familiares y tropecé con un muerto nuevo. No sabía que había fallecido Ricardo. Parece que fue el pasado diciembre, hace apenas un mes. Mi padre habrá sentido el suceso, pero se habrá alegrado de la compañía. Habían sido grandes amigos y siempre hablaron el uno del otro con respeto y con esa admiración de la gente del campo, que no es con propiedad admiración, sino algo más profundo, es solidaridad en la confianza, es fiarse, es aprecio a la enterza y a la hombría de bien. A Ricardo lo vi hará un par de años en el restaurante que su hija y yerno tienen en el Alto de la Madera, y me reconoció y recordó a mi padre. Sonreía, viejo, con el gesto socarrón y acogedor de los paisanos que de tanto vivir trabajando duro, pueden entender el descanso definitivo como misión cumplida.
Mi padre siempre dijo que de cuantos criados habían tenido en la casería de Ruedes, Ricardo era el más capaz, el más laborioso e inteligente. Escribe uno esto de criados y quien ande inadvertido puede pensar lo que no es. No importa lo que se crea, pero no está de más explicar los conceptos para que se comprendan aquellos tiempos y se nos nublen aún un poco más estos bien extraños que vivimos ahora.
Coloquémonos en la postguerra, cuando mi padre, con veinticuatro o veinticinco años, regresa a casa después de luchar primero en un bando y después en otro, seguramente sin entender de porqués ni de discursos, y luego de prestar dos o tres años más de servicio militar. Es la época de la escasez, de la hambruna feroz. Ruedes y todos los pueblos del contorno se llenan de mendigos que suplican cualquier cosa, un mendrugo, un puñado de castañas, un vaso de leche. Por entonces mi madre vivía en Porceyo con su retahíla de hermanos y contaba que salían a buscar caracoles por los muros y las praderas, para comérselos. No, no para cocinarlos como escargots al gusto de cualquier pijo de hogaño, quizá deconstruidos, sino para tragarlos de cualquier manera. Caracoles o hierbas o raíces. La sopa de hortigas cuentan que no está mala, pero entonces las cocían como podían y las devoraban sin indicación dietética ni gastronómica.
Debían trabajar mucho, de sol a sol y todos y cada uno de los días del año. El concepto de fin de semana o vacación no estaba en el vocabulario de entonces. De hecho no conozco expresión para esas nociones en nuestra lengua de allí. Tampoco había, entonces y en el lugar, moderneces tales como jubilación, seguro de enfermedad, baja laboral y cosa que se les parezca. Nada. Y hacían falta manos, muchas manos, para todo, todo el tiempo. Llegaban por aquellos caminos de barro y piedras, casi todo el año con charcos. En mi niñez, hasta que tuve ocho o diez años, a mi casa no podía acercarse un coche. Luego los paisanos, semana a semana y en “estaferia”, fueron cavando vías transitables para los vehículos. El progreso mayor estaba en esos detalles, nada más que en eso, y nada menos.
Por los caminos y con el agua aparecían muchos vagabundos. No se llamaban así, los menciono con terminología impropia. Se les conocía como “probes” y la mayoría tenían su ruta fija y su calendario, con lo que se sabía más o menos el mes en que a cada uno le tocaba pasar por Ruedes. Seguramente recorrían media Asturias de esa manera, con un saco, medio harapientos, barbudos. De uno me sigo acordando mucho, pues con él me asustaban de pequeñín. Era el “probe” Varisto. Si hacía alguna travesura no me apercibían nombrándome al Coco, sino al hombre del saco propiamente dicho, que era el “probe”, que tenía saco y barbas luengas y seguramente hacía creíble cualquier fábula sobre devoradores de infantes También nos sirve el personaje para entender de dónde les viene a veces el nombre a los lugares. De dónde les venía, quiero decir. El “probe” Varisto se sentaba cada vez, en su visita del año o del medio año, no sé, en el mismo lugar, donde estaba un pequeño pozo de agua. Desde entonces ese pozo empezó a llamarse para todos nosotros “El pozu de Varisto”. Todo el pueblo lo conocía con ese nombre. Ahora el lugar ya no tiene nombre, pues nos hemos ido. Yo sé dónde es y cuando me doy un paseo por aquella tierra, bien lo anoto en mi mente. Pero conmigo se irá, seguro, la última persona que lo sabía, tal vez la penúltima que lo sabe ya a estas alturas. Conmigo acabará el recuerdo de Varisto que era un “probe” que, en la etapa de su ronda en Ruedes, dormía una noche -sólo una, pues tenía que seguir su ruta infinita- en la tenada de mi casa, el lugar donde se almacenaba el heno para el invierno.
Por aquellos senderos y barrizales no sólo venían los “probes” peripatéticos y taciturnos, aparecían también padres o madres con sus niños de diez o doce años, llegaban para ofrecerlos como criados en las caserías, nada más que a cambio de techo y comida. Si había suerte y el niño o la niña encontraba quien lo acogiera, ese padre o esa madre retornaba a su aldea, lejana, tremendamente lejana para el tiempo aquel. A Ruedes arribaron así unos cuantos críos de una aldea de la montaña de Cangas de Onís que se llama Següencu. Sólo en mi casa hubo tres: Dulce, que sigue en Ruedes, que fue como mi hermana, la hermana de este hijo único, y a la que visito ahora con Elsa cuando paso por allá, para que le enseñe las gallinas, los conejos y esos perros y gatos que siempre tiene bien amaestrados y mimados como si fueran miembros preferentes de su familia. También Tano, que trabajaba al tiempo en la mina de La Camocha y en el campo, con mi padre, dos trabajos así y, de propina, una caminata de unas dos horas para ir de Ruedes a La Camocha cada día, y otro tanto para regresar. Tano tenía su cama en la panera, que –información para los no asturianos- es un hórreo con seis “pegoyos”, en lugar de cuatro. Tano me compraba muchos juguetes cuando yo era un renacuajo, adoraba los niños. Murió en la mina hace mucho. No sé qué se harían su mujer y su hija.
De Següencu había venido también Ricardo. Como ya he dicho, mi padre se acordaba siempre de lo laborioso y hábil que era, de cómo desde el primer día segaba como un “paisano” y se entendía con las vacas como si fueran uña y carne. Luego se fue, no sé cuándo, para seguir su vida. Tengo entendido que trabajó en muchas cosas, tal vez también en la mina. Como su sobrino, Antonio, que debió de aparecer bastantes años después en Ruedes de su mano, también para ser “criado”, y que se hizo minero y más tarde labrador extremadamente emprendedor y capaz y con quien compartí unos años de lucha, él mucho mayor, yo un chavalín, en aquella Asociación de Vecinos que juntos creamos y con la que conseguimos más de una gesta. Hablo ya de fines de los setenta y principios de los ochenta. Luego me marché para siempre. Antonio murió hace un puñado de años.
Así transcurrieron unos buenos minutos, pensando, dando vueltas a estas historias, sonriendo al imaginar cómo sonreirían Rosario y Enrique, mis viejos, allí. Me puso contento ver aquella pandilla de pueblerinos esforzados que se habían concertado para quedar juntos para siempre, que regresaron a Ruedes para no volver a irse. El último vistazo se lo eché al nicho que hay vacante al lado de los suyos. Es mío. Es el que me espera. Ya imagino el recibimiento de todos, cuando toque, “coño, Toñín, volvisti. Facía tiempu que non te víamos. Toma un pocoñín de sidra, anda, que ya yes grande y bien puedes. Y luego vamos a sayar, que ta la maleza apoderándose de les fabes. Mira, mira qué xatu más guapu parió la Perla. Llévailu a mamar y ten cuidau de que non i zuque mucho”.
Sí, alejarse era inevitable, no cabía alternativa. Había mucho que ver allá afuera. Cumplí con el destino debido al desarraigarme, al llorar y hacer llorar. Y en esas estamos. Pero todo tiene su momento, y su final también. Regresaré, como regresaron ellos.
07 enero, 2011
Cinco falacias en el debate sobre propiedad intelectual y descargas. Por Un Amigo
1) Falacia de la medida única, imprescindible y específica. No es creíble decir que ahora "sólo" se actúa contra estas malvadísimas webs, cuando en la última década hay una larga cadena de acciones, más o menos forzadas todas ellas, que apuntan en la misma dirección - la de restringir la libertad de intercambio de archivos, sin importar qué caiga con ello. Me atrevería a decir, regocijándose con lo que caiga con ello, porque mejor se controlará al rebaño. ¿Pretenden que nos olvidemos de la historia reciente? ¿Pretenden que ignoremos que los poderes fácticos ven con irritación cualquier manifestación de libertad, y más en interné? Suele ir acompañada por la falacia de la omnipotencia de la güeb y de la intocabilidad de los internautas. Ya llevamos años viéndolas. Lo que ocurre es que les da rabieta que cada mazazo que creen 'definitivo', 'imprescindible', se les dé la vuelta, y se les escapen los archivos por otro coladero en el que no habían pensado.
2) Falacia de la indefensión. Si hay algo ya protegido y archiprotegido en nuestra sociedad es la propiedad privada, venga ya. Especialmente la de los poderosos. Están los Estados modernos montados para ello. Pero la distribución comercial de la cultura se ha vuelto un negociete desde hace tiempo, un negociete de unos pocos y para unos pocos. Estas zarrapastradas actuales quieren transparentemente preservar el negociete, cueste lo que cueste. El problema es que está caduco, por sus propias insuficiencias, no por las muchas maldades de los muy malos. Yo sigo viendo que quien hace, promueve, dirige una peli atractiva de veras, se forra, la copie quien la copie. Quien canta bien -y también muchos que no cantan bien, pero eso es otro problema- llena los conciertos con entradas de muchos euros. Y quien escribe una novela resultona, vende un montón. ¿Entonces? ¿Cómo es que la indefensión se produce misteriosamente en unos casos sí y en otros no?
3) Falacia de la ausencia de compensación. También llamada falacia del ‘gratis total’. Se calla al contribuyente que en el actual modelo de producción "cultural" se está obviando -dolosamente, en opinión de más de uno- el principio esencial de no permitir que se pague más de una vez por la misma cosa. El producto "privado" que los wertes de este mundo reclaman que se proteja pasando el rodillo a las garantías de todos … suele estar ya subvencionado públicamente, con los dineros del contribuyente, tanto del que copia como del que no.
Aquí toca dar un puñetazo colectivo sobre la mesa y decirle a estos rinconetes y cortadillos, de una vez, que los que están practicando la replicación no autorizada -del cobro- son ellos. Que el producto que reciba un euro, digo un euro, de subvención pública, ya ha sido pagado por el público. Si les parece poco el pago, que renuncien a las subvenciones, que son libres de hacerlo. También se ha pagado, con creces, cualquier producto que se transmite por una cadena pública o privada con una densidad de publicidad elevadísima – pues se han consumido, para lucro de la distribución audiovisual, millones y millones de horas de los espectadores – esas sí que ‘gratis total’. En el caso de la cadena pública, naturalmente deficitaria, esa transmisión está siendo también proporcionalmente subvencionada con dinero de todos nosotros. Finalmente, cualquier producto que se copia en un medio que ha pagado el canon… pues ha pagado el canon de copia, ¿no querían eso? ¿precisamente por ese concepto? Hasta el que no ha copiado nada está pagando, así que figurémonos.
4) Falacia del lucro cesante. Se calla que de ningún modo es equiparable la circulación de una copia con el cese de la venta de una copia original. Si impides el acceso a la copia, la enorme mayoría de los usuarios buscará una alternativa de ocio a costo comparable, dice la economía elemental. Y en una de esas se te pone a leer un clásico, jeje, o se vuelve a ver una película que ya compró.
Quien tiene acceso a la copia, por el contrario, y la goza (en caso contrario, puf y se acabó, y lo único que se ha evitado es un engaño comercial, es decir, la venta de un mal producto al precio de uno bueno), es frecuente que derive ese goce hacia otros consumos culturales reglados, en los límites de su renta disponible: el concierto, la adquisición del original de la misma obra o de otras del mismo autor, etc. El visionado de copias tiene un efecto promocional no desdeñable. ¿Tenemos que descubrir América ahora, y decir que las experiencias culturales aficionan a la cultura? ¿Que abren horizontes? ¿Que suscitan intereses?
5) Falacia del apoyo a la creación. Se calla, finalmente, que el actual modelo de propiedad intelectual ha hecho tierra quemada en algún que otro sector relevante de la cultura. Cito un ejemplo, en un campo donde un poquito me he movido: la música contemporánea. Cuando a un conjunto instrumental o a un coro se le pasa por la mente interpretar una obra contemporánea, el respeto de la legalidad vigente suele generar tales pesadillas que tantas veces, cuando no se cuenta con una estructura administrativa potente –lo que describe la mayor parte de los casos–, la decisión es, a la mierda el último cuarteto de García, ése del 2008, por muy interesante que sea; tocamos uno de Mozart y santas pascuas. No vean ustedes qué cara se le queda a García, y cuán protegido y mimado se siente como creador por estas nobles leyes. Es lo que hay.
Algo parecido ocurre para el fotógrafo en sus primeros pasos que quiere difundir sus obras en los medios. Posibilidades tendentes a cero – ¿y quién se va a meter en líos por una foto bonita? Amos anda, monto un garabato cualquiera y ya tengo ilustrado el artículo.
En fin, me he explayado un poquito. ¡Consultores son lo que nos faltaba! Para aquellos de ustedes que estén generando obra intelectual, me permito una sugerencia: licencias abiertas. Es lo que hago con lo "mío" -ya dejé hace tiempo, para mi fortuna, de creerme autor de nada, y mucho menos de lo que escribo-, y lo que propongo en los proyectos donde intervengo. Lo está haciendo cada vez más gente, asqueada por toda esa sarta de patéticas mentiras. De fábulas de consultorete reconvertido o de filosofín perlinplín. De proteccionismos vetustos que recuerdan a los de la época colonial. ¡Aire! ¿No son esos genios unos genios creadores? Pues que creen, carajo, con sus propios recursos y respetando las garantías constitucionales, un modelo que funcione.
Más sobre propiedad intelectual y otros tipos de propiedad
Pero mi perplejidad, a día de hoy y tres jornadas después de redactar el texto que sigue, no es meramente teórica, también se ha vuelto práctica. Les cuento. Hace un par de semanas compré un libro electrónico, un e-book de esos, un Sony la mar de majo. Maravillado, lo cargué con ciento y pico obras de clásicos de nuestro idioma -Valle-Inclán, Unamumo, Valera, Clarín, Pardo Bazán...- y traducciones castellanas de clásicos de otras tierras (Wilde, Dickens, Twain...). Fabuloso. Todas son de "libre dominio" y se pueden bajar legalmente -creo- de distintas páginas que las acogen. Hay muchísimo material de ese tipo en la red.
Andaba un servidor (¡¿un "servidor"?! tan feliz leyendo en su chisme "Su único hijo", la novela de Clarín, y hete aquí que un amiguete me pasa otras direcciones en las que se ofrecen libros en el formato ideal para bajar, en formato e-pub. Me meto y ¿qué me topo? Cientos de libros ultimísimos, hasta de fines del 2010, cosas como las últimas novelas de Vargas Llosa o Muñoz Molina. Colecciones entereras de novela negra, de la traducida aquí esta temporada. Por decir algo y para no comprometerme en exceso, bajé todo lo traducido de Harlan Coben y de Ian Rankin. Supongo, a tenor de la jurisprudencia de la que tengo noticia, que no es ilegal lo mío. ¿Y lo de la página que ofrece ese material? Pues no sé. Mas lo esencial para nuestro tema estriba en pensar si esa página debe ser tratada como legal o ilegal y en qué deban consistir las medidas y sanciones en este último caso.
Ya tengo como cuatrocientos novelorrios buenísimos en mi e-book. Creo que seguiré comprando literatura en papel, pero por fetichismo más que nada. Pero verdad es también que me he metido en páginas de editoriales y empresas de las que venden libro electrónico, y lo que he visto ahí me ha dejado de piedra: de una buena novela actual la versión electrónica cuesta poco menos que la versión en papel. ¡Están completamente locos los editores! Se van a hundir por su propia estupidez. Dan ganas de pasarse con armas y bagages al ejército de los defensores de los más fieros piratas. Por decir algo, a uno o dos euros el libro -en versión electrónica- yo me compraría ahora mismo -o me iría comprando a lo largo del año- todas las mejores colecciones de poesía que se editan en España. Y no dudaría en adquirir a dos o tres euros las cien mejores obras literarias en prosa que salieran de aquí a diciembre. Bueno, a lo mejor se me disparaban las cuentas. Pero verdad es que me gasto mucho dinero en libros, cada uno tiene sus vicios. ¿No habría mejor negocio editorial con precios de ese calibre? En fin, cada perrillo.... Yo ya decidiré lo que compro en papel y lo que bajo de la red. Pero a los precios de hoy ni hablar, no me bajo de la red ni uno por lo legal.
Sinceramente, es todo un gran lío. Allá va, en cualquier caso, mi texto, que quiere ser provocativo y que probablemente es tramposo como pocos. Pero quizá nos permita seguir pensando juntos.
Entro, de nuevo, como elefante en cacharrería, pues del tema dichoso de las descargas en internet y la propiedad intelectual no sé más que un ciudadano del montón, acaso menos. Es sobre todo por el gusto de meterse en un debate guapo.
Por otro lado, lejos de mí toda simpatía por la Sinde y su ley. No la he ley-do. Pero me declaro de siempre defensor de las garantías y, si eran escasas, pues que se aumenten cuando y donde proceda. No me son simpáticos tampoco los de la SGAE y me parece un abuso el canon digital.
Lo que me interesa, vuelvo a decir, es la naturaleza del derecho de propiedad y el tratamiento jurídico-político de sus diversas especies. En tal sentido, dos amables y muy agudos comentaristas de la entrada de hace poco, Un amigo y Ángel, diferenciaban entre derechos (entiendo que de propiedad, con su secuela de derecho a los frutos de la propiedad) sobre bienes replicables y sobre bienes no replicables. Además, Ángel ponía algunas comparaciones muy inteligentes. Comenzaré por estas.
Decía Ángel así:
“Caso 1: Yo compro un DVD, lo veo, lo recomiendo a un conocido a quien se lo presto. Lo ve en su casa y me lo devuelve. Paga una persona y disfrutan dos.
Caso 2: Yo voy a un bar, pido un café, lo pago y, mientras lo tomo, leo el periódico sin pagarlo, al igual que muchos clientes ese mismo día. Paga uno y disfrutan unas decenas.
Caso 3: Yo compro un DVD, lo cargo en un servidor de internet y permito que quien quiera lo disfrute. Paga uno y disfrutan unos miles
Pregunta: A parte de las numéricas, ¿qué diferencias hay entre estos casos? ¿Por qué no hay tribunas pidiendo que se acabe con la lectura de periódicos en los bares o con el préstamo de libros o DVD´s entre particulares?”.
Más que saber propiamente, intuyo que buena parte del quid del gran debate está en que acertemos a manejar con fundamento este tipo de distinciones. Especulemos un poco sobre el particular, con ánimo constructivo y espíritu amateur. Lo importante es meter baza y seguir dialogando a nuestro aire, aprovechando que no somos ni de los que cobramos por un lado ni de los que perdemos por el otro ni de los que ponemos publicidad en nuestras partes.
Pidiendo mil disculpas, voy a comenzar con una de las chanzas habituales aquí, lugar también de obsesos de la cosa rijosa. Con perdón. Tú te echas una novia y la compartes con tu primo Pepe porque eres muy liberal y los aprecias mucho a los dos, a tu novia y a tu primo, que, además, se gustan un poco. Tienes una novia tú y la disfrutáis dos, no pasa nada. Y donde digo dos, digo diecisiete si hace falta. El caso es que todo el mundo, todos los implicados, y en primer lugar ella, CONSIENTAN.
Segundo caso. Tú te echas una novia, le haces unas fotos en pelotas y las cuelgas en el jodido facebook sin el consentimiento de ella. Si ella te demanda, te la cargas y te saca los higadillos en indemnizaciones. ¿Por qué? Porque su cuerpo y la imagen del mismo son suyos. Y también su intimidad.
Tercer caso. Tú te echas una novia, pones un bar, la obligas a o la convences para que alterne con los clientes y se acueste con ellos por precio y llevándote una comisión, y te la cargas otra vez. Se llama proxenetismo. Es delito. Entre los tipos penales del mismo, está el que menciona el último párrafo del art. 188.1 del Código Penal, que habla del que “en la misma pena –prisión de dos a cuatro años y multa de 12 a 24 meses- incurrirá el que se lucre explotando la prostitución de otra persona, aun con el consentimiento de la misma”. Aun con el consentimiento, no lo olviden. Si es sin él, la pena es más alta.
¿A cuál de esos casos se parece lo de las descargas “ilegales” en internet? Cuando quien cuelga sin permiso del titular el material protegido por la legislación de propiedad intelectual OBTIENE LUCRO ECONÓMICO, tengo para mí que el parecido es con el caso tercero. Pero a lo mejor me equivoco y confundo el culo con las descargas.
¿Por qué si yo escribo una novela buenísima –sería bonito, ay- y la publico en edición comercial y alguien la piratea y la pone en la red, he de quedarme sin instrumentos jurídicos para decir que es mía y, en cambio, si lo que alguien pone en la red sin mi autorización es una foto mía con el pitirrín al aire, tomada por la ventana de mi alcoba al levantarme, sí gozo de protección? Yo valoraría más mi novela que mi modesto apéndice, palabra, y también creo que podría darme mayor ganancia a estas alturas. Eso está descompensado. ¿Será solución que para equiparar propiedades se desproteja la imagen y la intimidad de cada uno? ¿Consideran los de la Asociación de Internautas Comunistas que su imagen de cada uno es suya de cada uno? A lo menor en algún caso a mí me gustaría que se socializase o se compartiese por la cara y sin pagar. O la de las novias. ¿Por qué no voy a poder colgar yo, para que la compartamos y la disfrutemos todos, una foto en tanga de la novia de un socio internauta y, sin embargo, sí puede colgar él un libro mío para compartirlo? ¿Por qué el libro es replicable? La IMAGEN del tío o la tía también. Y dentro de nada, hasta el body propiamente dicho. En cuanto sea usual la clonación, yo me bajo un clon de su chica de usted. Hala.
Se me ha ido la cabeza, lo sé. Pero al absurdo también se puede razonar.
Sigamos con las comparaciones de Ángel antes citadas. La interesante es entre el periódico que se lee gratis en el bar y el dvd que se cuelga en un servidor de internet para que lo disfruten miles habiéndolo pagado uno solo. La comparación era que el periódico lo pagó uno, el dueño del bar, y lo leen docenas, mientras que el dvd lo pagó uno, el que lo cuelga, y lo disfrutan miles. Se nos pregunta por la diferencia, fuera del número de los que aprovechan. Y existen algunas, vaya que sí.
Para que la comparación funcionara sin trampa ni cartón habría que retocarla. Vale si lo que hace el dueño del bar es escanear el periódico del día y colgarlo en la red; o fotocopiarlo y repartirlo a la puerta; o poner el ejemplar, junto con una fotocopiadora gratuita, en la entrada del establecimiento. Si no, no vale, pues tener el periódico a disposición de los clientes en el bar es lo mismo que si les pone música de Perales. Se me dirá que por la dichosa música viene la SGAE y le cobra al del bar. Pues muy mal, con eso estoy radicalmente en desacuerdo. O que le cobren también un canon por lo del periódico, aunque me parezca mal.
El del bar es el dueño del periódico y me lo presta a mí cuando entro en su local a tomar un café. Igual que podría prestarme un dvd con música para escucharlo allí o para que me lo lleve a mi casa. Ni un préstamo ni el otro son equiparables a colgar en un servidor de internet –quizá localizado en la Chimbambas- el periódico escaneado o el dvd convertido a mp3 o lo que sea que sea ahora.
Si estamos de acuerdo –y alguno podrá legítimamente estarlo- con que tanto el periódico escaneado como la música del dvd editado por una discográfica puedan ponerse, por el del bar o por mí, tranquila e impunemente en un servidor de internet, me surge la pregunta de cómo discernir casos lícitos e ilícitos, o si han de ser jurídicamente lícitos todos. Déjenme que enumere algunos al buen tuntún.
a) Vd. es un muy reputado fotógrafo y la galería G le organiza una exposición. Eso tiene unos gastos; tal vez el galerista y Vd. buscan también unos beneficios. Se supone, además, que el trabajo fotográfico de Vd. tiene un valor. Valor moral, por de pronto, pero también económico, por qué no. ¿O es que, por ejemplo, los fotógrafos de prensa o de moda no deben cobrar? Bien, pues imagine que yo, que también soy fotógrafo, aunque muy malo, voy con mi cámara a la galería G el día de la inauguración y hago a cada foto una foto exacta, que positivo luego de idéntica manera a como lo están las suyas y monto mi exposición paralela en un bajo de mi tía. Pongo: “Galería El Amado, pasen y vean la última exposición del famoso fotógrafo Pepito”, que es usted. ¿Lícito o ilícito? ¿Admisible o inadmisible? Suponga además que no cobro entrada ni vendo las fotos ni nada, solo las enseño. ¿Y si sí cobro entrada y no le doy a usted ni un chavo de lo que saco? ¿Y si vendo sus fotos como si fueran mías? ¿Y si pongo publicidad del restaurante de mi abuela entre las fotos suyas expuestas en mi bajo?
b) Vd. ha escrito, al fin, su tesis doctoral. Le ha costado lo suyo, sí. Ya pensaba que no lo lograría. La deja en depósito en su universidad, según el preceptivo trámite previo a la admisión para su defensa. Y voy yo, que puedo acceder porque pertenezco al mismo claustro de tal universidad, y con mi supercámara copio página a página, las amaño todas con un buen programa de tratamiento de imágenes y texto y la cuelgo en la red. Más que nada porque me parece una tesis estupenda, soy partidario de compartir lo bueno y no veo por qué ha de aprovecharse usted solo de las maravillas que ahí se contienen. ¿Me demandaría usted o me consideraría el Robin Hood de estos tiempos?
Si quiere, anticipamos el momento de la crisis. Usted aún no ha terminado de redactar su tesis doctoral, pero ya tiene anotados los principales descubrimientos que en ella aparecerán. Yo, que soy compañero suyo de departamento y convencido socializador de la ciencia y el conocimiento, copio sus anotaciones, esas en las que usted ha puesto los descubrimientos suyos, y me apresuro a colgarlas en la red, en un blog mío, por ejemplo. No me atribuyo el mérito ni nada, simplemente digo que mira lo que acaba de averiguar este compañero. Se jodió la sorpresa y la novedad y ya es de todos lo que no era más que suyo. ¿Me demanda o me felicita por mis servicios a la causa de la libertad y el conocimiento?
c) Vd. no solo ha hecho una investigación doctoral de muchos bemoles, sino que es todo un inventor y, mientras investigaba para su doctorado, ha diseñado nada menos que el calzoncillo multiorgásmico o cualquier otro invento revolucionario. Corre a patentarlo, pues piensa, con razón, que se va a forrar. Todo tipo de empresas textiles y del sexo se van a disputar esa patente y lo van a hacer millonario, bien comprándosela o apoquinando según ley. ¿Ley? No. Si compartimos, compartimos. O qué. Por qué si invento una sinfonía o una novela de internautas va a ser posible colgarla por cualquiera sin problemas en un servidor de internet y si invento un chisme van a tener que pagarme. ¿Porque una cosa es cultura y la otra un cacharro? Oiga, ¿y si lo que descubrí y registro es la vacuna contra el cáncer? Eso es más importante que la cultura. Así que si compartimos lo menos importante porque a todos beneficia, con mayor razón tendremos que compartir lo que importa más porque trae aún mayor bien para la humanidad. Aquí comunistas todos o ninguno, nada de nomenklaturas.
Preguntaba esto el amigo Ángel: “¿Por qué no hay tribunas pidiendo que se acabe con la lectura de periódicos en los bares o con el préstamo de libros o DVD´s entre particulares?” A mí, en correspondencia, me surge una cuestión similar: ¿Por qué no hay tribunas pidiendo que se termine con el derecho de patentes o con el derecho de cada científico a los resultados y beneficios de su trabajo? ¿Alguno de los de la Asociación de Internautas Comunistas tiene una empresa con logo, anagrama, nombre comercial registrado y esas cosas? ¿Los considera suyos? Qué opina de la propiedad industrial y la comercial y todas esas? ¿Son inferiores, superiores o iguales que la propiedad intelectual?
Me interesa saberlo porque sinceramente les digo a todos los amables lectores que estoy en un tris de volverme radicalmente contra la propiedad privada. Pero el día que me dé por ahí va a ser contra toda la propiedad privada, y a ver cómo se lo van a tomar los de la Asociación de Internautas Comunistas cuando les diga que el nombre de dominio –o como se llame- y la dirección de internet de su página web son míos también; y de todos. Al fin y al cabo, son muy replicables y facilísimos de repartir. Sólo necesitamos un nombre de usuario y una clave, seguramente.
También afirma Ángel que “La protección de la propiedad intelectual debería comenzar por definir su auténtica naturaleza jurídica –como apuntaba Un amigo, no es lo mismo el derecho sobre un objeto replicable que sobre uno no replicable- poniéndola en relación con el mejor modo de explotar comercialmente esa propiedad”. Me parece que no entiendo el sentido último o los alcances de esa frase, y no porque esté mal construida, ni mucho menos, sino porque creo que trata de expresar mucho más de lo que se puede en tan pocas líneas. Me atrevería a pedirle a su autor que, si es tan amable y lo tiene a bien, se explaye un poco más, porque quizá acabemos por no estar muy en desacuerdo.
Entre tanto, demos unas vueltas a lo de la propiedad de los objetos replicables y no replicables. Una casa es un objeto replicable. Costará trabajo y tiempo, pero se puede replicar, idéntica, clavada. El edificio de pisos del número 23 de la calle Ordoño II de León se puede replicar, tal cual, en otra finca, sobre otro suelo. Se puede materialmente, pero jurídicamente seguro que no. ¿Por qué? Porque sobre los planos arquitectónicos existen unos derechos que serán del arquitecto o de la empresa que los compró; o de ambos. Así que para replicar el edificio, cosa materialmente posible, va a haber que pagarle algo a alguien o a algunos. ¿Nos parece bien o mal? Probablemente no pasa nada si alguien cuelga en internet esos planos. Pero los planos no son el edificio, igual que la letra de la canción no es la canción interpretada y grabada en un disco.
El Peine del Viento o el Elogio del Horizonte, sendas obras grandiosas de Chillida, las puede replicar hasta un manitas de mi pueblo. Cuestión de hormigón y unos hierros. Pero me temo que eso vulneraría los derechos del autor y, ahora, de sus herederos. ¿Está mal así? Es posible. Lo que me interesa averiguar es si el régimen ha de ser el mismo para replicar una canción en un dvd que para replicar una escultura en un acantilado. Hoy por hoy existen más restricciones para la réplica de esculturas o edificios que para las de deuvedés. ¿Hay justificación para tal disparidad de tratamiento? ¿Habría que unificarlo? ¿Cómo? ¿Permitiendo la réplica libre de esculturas o casas o restringiendo, al nivel de la de éstas, la réplica de música o películas?
A lo mejor estábamos hablando de objetos fácilmente replicables en serie por procedimientos mecánicos o electrónicos muy sencillos y baratos. Sencillo y barato es copiar un dvd con unas canciones o una película. Tan sencillo y barato es eso para mí como para unos chinos copiar idéntico, idéntico, el último bolso de Prada. ¿Deben ser legales ambas copias? ¿Sólo para los chinos o en general? Igual de sencillo es que yo copie para mi empresa el logo de Michelín o de El Corte Inglés. ¿Cuál sería el inconveniente?
No termino de ver que sea tan diferente el derecho de propiedad cuando versa sobre objetos replicables y no replicables. Quizá dé mejor juego la distinción entre propiedad sobre bienes materiales e inmateriales. La propiedad intelectual es un bien inmaterial, cierto. Es la propiedad sobre la idea, como cosa distinta del papel o los ladrillos o el mármol en que se plasma o a través de los que se reproduce. Porque lo que se reproduce o replica es un objeto, no la idea, la creación, la ocurrencia. Cabe editar cien mil ejemplares de una novela de Fulano, pero la propiedad intelectual es una sola y no se confunde con cada uno de esos cien mil objetos, libros. Por eso la propiedad intelectual puede venderse y comprarse independientemente de esos objetos en que se plasma. La editorial puede comprarle al literato los derechos sobre su novela antes de editarla o aunque no llegue a editarse nunca. Po
Pero propiedades sobre bienes inmateriales son muchas de las que aquí he ido nombrando. La del inventor sobre el invento que patenta, la del científico sobre su descubrimiento, la del escultor sobre las formas de su escultura, la de la empresa sobre su logo, su nombre comercial, su anagrama, la mía sobre este blog y su dirección electrónica… Lo que ando buscando, y con toda sinceridad lo digo, es el criterio que permita o promueva el trato diverso; es decir, por qué todas esas propiedades inmateriales han de respetarse, no sólo en su titularidad, sino también en su explotación particular y sus frutos, y, en cambio, tiene que poder “socializarse” nada más que la propiedad del músico sobre su disco, la del escritor sobre su libro y la del director o productor de cine sobre su película. ¿Porque son éstas las únicas que pueden replicarse por internet y a partir de que se cuelguen en un servidor? Me parecería una razón peregrina. Ya dije antes que también podemos colgar en internet una foto de los perendengues de usted y ahí nos van a decir que esa imagen es “propiedad” suya y a indemnizar que tocan.
Bien, puede que alguno me diga que tengo razón y que vamos a implantar el comunismo de gratis total sobre toda propiedad que verse sobre bienes inmateriales. Pero volveré en ese caso con otra pregunta: ¿por qué sólo sobre esa? ¿Por qué he de poder yo, si quiero, colgar en un servidor el disco de usted y no he de poder dormir en su casa cuando se me antoje? O poner en un servidor de internet un anuncio que diga que en su casa de usted se puede entrar y salir a discreción. O en su cuenta corriente. Por cierto, ¿el dinero es bien material o inmaterial? No confundir con los billetes de banco. Esa propiedad sí que es tontorrona del todo: no es sobre un papelucho, sino sobre el valor que legalmente se le da. Vamos a cambiar esa ley también. Muerto el perro, se acabó la rabia. Ni propiedad intelectual ni gaitas, sin unidad de valor ya nada ha de valer. Abajo la propiedad sobre el dinero. Que, además, se replica siempre en las mismas manos.