06 octubre, 2006

Posmodernidades y zarandajas

Vuelvo a leer alguna alusión a Michel Maffesoli, sociólogo francés al parecer muy apreciado por degustadores de recetas intelectuales posmodernas y me pongo, al fin, a revolver libros y a saltar por la red a ver si me entero de algo de lo que cuenta ese buen hombre. Me topo, lo primero de todo, con una conferencia que impartió en Carabobo (Venezuela) hace un par de años y se me queda la cara como así, bueno, será. Estos pensadores de hoy, tipo Vattimo, Agamben y, por lo que se ve, Maffesoli -salvando las distancias que haya que salvar y tasando a cada uno en lo que vale-, preparan unas ensaladas pistonudas. Se tiran diez páginas mezclando a Platón con Hanna Arendt, Gramsci y Foucault, luego salpimentan todo a base de Heidegger y concluyen, mira tú qué cosa, que hoy en día la gente ve mucho la tele. Para ese viaje...
Vistas las explicaciones sobre esta era posmoderna en la que, al parecer, vivimos, acaba uno por sospechar que todo es tan simple que no queda más remedio que enredar su explicación, porque si no ya me dirá usted de qué comemos. Que si ya no le interesan a nadie las grandes ideas, que si han muerto las revoluciones y hasta los que las soñaban, que si la política ya no engancha a la gente, que si el lenguaje se acartona, que si los cuerpos se relajan y buscan placeres rápidos y primarios..., etc., etc. Bien, será verdad guapamente, tiene pinta de que sí. ¿Y para dar cuenta de tal cosa hay que montar ese cisco de que estamos ante un modelo de paideia que no es la griega sino el Dasein partido por la raíz cuadrada de la lógica de Port Royal y multiplicado por la hipotenusa de Husserl? Vamos, hombre, relajémonos un poquito.
Antes, cuando la gente escuchaba una conferencia y no entendía ni el saludo inicial, se mosqueaba y se iba de la sala o, al menos, torcía el gesto y murmuraba con el de al lado. Ahora hasta aplaudimos, ante el riesgo de quedar como zotes que no captan que a lo mejor el ponente es posmoderno y no hace falta entenderlo para saber que tiene más razón que un santo. ¿Oiste lo que dijo de Guattari? No, qué. Puf, la bomba, lo tiene trillao.
Pensando y pensando por qué me joroban tanto los textos de ese porte, llego a la sospecha de que me inquieta ante todo el modo en que se autorrefutan, su contradicción interna. Si para explicarnos que esta sociedad ya no está para discursos profundos y relatos complejos hay que montar semejantes matracas eruditas y enhebrar tal prosa críptica, se nos impone una evidencia: si esta sociedad es como ellos la cuentan, nadie les debería hacer el más mínimo caso a ellos; y si en algo se les atiende, será porque no es verdad lo que sobre esta sociedad pregonan. Sea como sea, yerran, pues si tuvieran razón habrían de callarse o hablarían solos por los arrabales de París.
La filosofía lleva décadas muy acogotada por las arremetidas de semejante caterva de tunantes. Unos, tipo Cioran, que en gloria esté, predicando el suicidio como única salida digna de esta porquería de mundo, y, al tiempo, cuidándose el colesterol y muriéndose de enfermedad común en la vejez; otros, como tanto relavitista cultural, insinuando que es verdad universal que no hay verdades universales; por otro lado, los de Derrida empeñados en que no hay más que textos carentes de sentido y con significados perfectamente aleatorios y arbitrarios, pero poniéndolo por escrito con la pretensión de que se los entienda rectamente y les dediquen alguna tesis doctoral; y qué decir de los hermenéuticos de penúltima hornada, enzarzados en la comprensión de la precomprensión, comprensión que necesariamente será también precomprensión y no podrá ser comprendida si no es precomprendida, y el desprecomprensor que lo desprecomprenda buen desprecomprensor será.
No es que estemos en la posmodernidad y que ellos nos lo cuenten. Es que la suya es una profecía que impulsa su propio cumplimiento, pues si éstos son los grandes discursos filosóficos de hoy, para qué filosofías: a ver la tele y, luego, un pis y a la cama.

5 comentarios:

Ariadna, a otro hilo dijo...

Vengo de una boda civil, en un ayuntamiento, oficiada por la candidata a las próximas elecciones por el psoe -lo dijo antes de saludar a los novios, empeñada en que la boda le traería suerte (éramos todos medio gallegos y ni las meigas entendieron la profecía). Constato, una vez más, que urge un rito civil como dios manda -por paradójico que suene-; urge un libro de textos, escritos, poemas y conjuros, con el que los muchos torpes concejales y allegados que hay por el mundo puedan salir del paso dignamente. Para que dejen de machacar a Benedetti -no falta en ninguna boda civil, sea en su versión 'puedes contar conmigo' o en la otra de que los pobres no necesitan ni cama para follar-; para que dejen de mezclar el código civil con el amor eterno, los deberes del matrimonio con el estado de derecho, el régimen de gananciales con la democracia, etc. etc.
También al amigo-primo-vecino-exnovio- que suele hablar en la ceremonia le serán de ayuda unos textos propicios: el que habló hoy leyó un poema a lo gloria fuertes -somos dos gatos rosquito y ros estamos malitos tenemos tos- dedicado a los novios. Era un poema simpático, con rimas facilonas pero simpático. Cerca de mí estaba su madre. Me contó que no lo había escrito él, qué va. Lo había buscado por internet, y había cambiado los datos.
Urge regular el rito civil, aunque sea poniendo a los curas a impartir clases en plan master de cómo oficiar bodas.
Buenas noches

tumbaito dijo...

Lea filosofía analítica de verdad; o sea, Frege, Hector Neri Castañeda, Richard Sylvan, Graham Priest, Lorenzo Peña, Geah, Kenny...

La literatura filosófica de veras apasionaría a un Aristóteles o a un Platón, pero claro... ¡Esa filosofía es difícil, muy difícil!

Anónimo dijo...

Tumbaito, ¿no va usted un pelín sobrado? Me parece que le falta el gen de la ironía. Hágaselo ver, hombre. Y deje de pontificar, que es usted muy joven.

tumbaito dijo...

¿Sobre qué pontifiqué? (Sabía la etimología de pontífice?)

Anónimo dijo...

Estaba buscando algo sobre Mafessoli -o uatever- y me encontré con este blog. Ahora me río.
Saludos