28 octubre, 2013

El color con que se mira



                Estoy muy tranquilo y muy contento porque dependía de un presidente negro, de Obama, espionaje masivo a los líderes políticos y los Estados de medio mundo que se dirigía desde la Casa Blanca. Pero lo de negro es lo de menos, no somos racistas. Lo importante es que se trata de un presidente demócrata y progresista a carta cabal. Igual que lo de Guantánamo, que no se ha cerrado, pese a la promesa en la primera campaña de Obama, pero ahora es muy distinto y debe de ser que ya casi no se abusa allí de los presos y sus derechos, puesto que casi nunca hablamos ya de eso ni nos escandalizamos ni nada.
                Además, vamos sabiendo que una de las muy espiadas, con sus teléfonos intervenidos día a día y con informes directos a Obama, era Angela Merkel, y ya se sabe que Ángela Merkel es más mala que un demonio. Cuando acabemos de descubrir que también se le intervenían por la espalda las conversaciones a Zapatero, en tiempos de Obama al mando, nos dará un poco más de rabia, pero seguro que era por si un día a Zapatero lo llamaban los del PP con alguna añagaza y había que tomar medidas para evitar la propagación del mal. Y lo que se habrán reído con Zapatero, eso tampoco lo perdamos de vista y tendremos un espionaje simpático y con buen humor.
                Con Bush fue o habría sido muy distinto, pero Obama hace esas cosas por nuestro bien. No vamos a andar clamando contra Obama ni a poner sobre el tapete los derechos humanos, eso no, ya que si no los defiende Obama, a ver quién los va a defender. Por eso le dieron el Nobel de la paz antes de que pudiera decir esta escucha es mía o de que ordenara matar por la brava a Bin Laden y todo eso. Era mejor darle por adelantado el premio de pacifista porque así luego ya no te arrepientes ni protestas, achantas para no ir contra tus propios actos y porque en el fondo es buen tío aunque las haga pardas y de a kilo.
                Bien mirado, a lo mejor el mundo no se divide en buenos y malos, y acabamos admitiendo que malos son todos. Eso nos fuerza a alterar la clasificación, a hacerla más exacta. El mundo se reparte en malos y peores, y con Obama tenemos suerte, porque por muy mal que se porte con los humanos y sus derechos, siempre será lo mejor de lo malo, que viene a ser como lo peor de lo bueno. O sea, lo horripilante siempre será lo peor de lo malo, que son los otros, los que no son de los nuestros los que violan propiamente los derechos humanos, que no son los nuestros, quiá.
                Cada día me chiflan más los progres. No digo los progresistas, que ahí habrá de todo. Me refiero a los progres. Progre es el que jamás juzga una acción sin averiguar quién fue su autor. Por si acaso y no vayamos a pisarnos el juanete entre los más fetén o a meternos codazos los gorditos. Es juicio político de autor, pero con dos caras, bipolares con parka, al enemigo ni agua y para el afín lo que haga falta. Justicia de andar por casa, sin venda, pero guiñando un ojo y hoy por ti, mañana por mí.
                ¿Qué unos opositores al régimen mueren en un sospechoso accidente de tráfico? Quieto parao, miremos dónde ocurrió el suceso. ¿En Cuba? Accidente desgraciadísimo, no hay más vueltas que darle. ¿Y si hubiera sido en una democracia un poco derechosa? Ah, entonces urge organizar unas comisiones de investigación y que vayan unas organizaciones de derechos humanos a averiguar qué pasó y ya de camino que se cisquen en la madre del gobierno mismo. Sépase que hay opositores a las dictaduras que son tan malos, tan malos, que son peores que las dictaduras mismas. Más todavía, algunas dictaduras tienen opositores tan malvados, que las hacen buenas y no puedes decir nada en contra de la dictadura misma porque favoreces a unos demócratas que no son democráticos ni nada. Por ejemplo, seguro que a la oposición cubana la maneja el imperialismo estadounidense. ¿El mismo que espía las instituciones europeas y los Estados de Derecho europeos? No, para, para, el mismo no, porque si espía Obama, no será por imperialismo, los imperialistas son los espiados.
                Jolín, qué lío. ¿Y si resulta que Obama andaba poniéndole escuchas en el teléfono a Hollande o, un suponer y para verlo más claro, a Cayo Lara? Ay, mi niño, Obama guapo, eso es que los quería llamar y comunicaba y se cruzaron las líneas sin querer. Los buenos nos pegan porque nos quieren, son como mi Manolo, que tiene mal pronto pero buen corazón. Los malos de verdad son los machistas sin sentimientos, los que te maltratan sin cariño.
                Conste que lo entiendo y que vale, pero me siento raro. Llevo días esperando algún mensaje cómplice que me anime a manifestarme ante la embajada de EEUU o aquí mismo, en la plaza del pueblo, y porque siempre recibo mensajes para defender los derechos humanos. Quizá los convocantes habituales no se fían ya del móvil ni del correo electrónico, será por eso. Pero, hombre, es frustrante que no me incite nadie esta temporada para ir a cualquier parte a gritar “Obama, amigo, estamos contigo” o “El pueblo luchando, Obama escuchando” o “Obama, escucha, el pueblo está en la lucha” o “Pía, pía, pía, fascista el que no espía” o “Obama, no te rajes, escucha más mensajes” o “Espía pro nobis” o “Obama, no nos cuelgues” o “Contra la opresión, más intervención” o “El pueblo unido y por Obama intervenido”. De verdad que va siendo hora de darle apoyo a nuestro hombre, no sea que se nos llene todo de imperialismo, abuso y merma de los derechos de los humanos.

5 comentarios:

Exiliado dijo...

Excelente artículo, Profesor, aunque tan corrosivo que algún cable informático se va quemar.

Los seguidores de la ley del embudo están presentes en todas las ideologías. En España, los de izquierda y los de derecha suelen estar empatados cuando se refieren al ámbito nacional. Cuando se refieren al ámbito internacional, sin embargo, los de izquierda suelen tener más predicamento y bula que los de derecha (en otros países, como Italia, es al revés).

Como usted explica, el seguidor de la ley del embudo jamás juzga una acción sin averiguar quién fue su autor. Además (y esto es lo que encuentro más irritante) nunca reconocerá que tiene dos varas de medir: una para poder justificar las acciones que a él le convengan y otra para juzgar las acciones de los que piensan de manera diferente. Bien al contrario, afirmará tener unos principios sólidos que aplica por igual a toda conducta. Cuando se le argumenta que está tratando de manera diametralmente opuesta dos acciones iguales, siempre alega la presencia de algún elemento diferenciador, no tanto en la acción misma como en sus motivaciones. Es una manera estupenda de defender que el fin justifica los medios y de presentarse al mismo tiempo como modelo de virtud moral.

Pongamos un ejemplo práctico más bruto que el del espionaje. Imágenes de un país indeterminado. Fuerzas militares o policiales irrumpen en una casa, agarran a un individuo que estaba durmiendo, lo arrastran fuera y le pegan cuatro tiros. Ejecución extrajudicial, más allá de cualquier duda. Los partidarios de utilizar las obras de Kant como papel higiénico lamentarán el hecho pero esperarán a conocer el país y los autores. Si estos últimos son de su cuerda (real o teórica), apelarán a la calma y al dialogo, insistirán en las difíciles circunstancias del lugar e incluso insinuarán que algo habría hecho el ejecutado. Si el país o los autores les resultan odiosos, clamarán al cielo, pedirán sanciones internacionales, escribirán artículos de “denuncia” y, lo que resulta más importante desde un punto de vista psicológica, se quedarán muy satisfechos consigo mismos por su firme compromiso ideológico. Parafraseando algo que mencionó usted en otra entrada, si estamos en contra de la ejecución extrajudicial, estamos en contra de la ejecución extrajudicial; pero si sólo estamos en contra de la ejecución extrajudicial practicada por los otros, entonces no estamos en contra de ejecución extrajudicial, sino en contra de los otros.

Juan Carlos Sapena dijo...

Que digo yo ¿qué tanto había que espiar?
Millones de llamadas...y en navidades...
Luego me asalta la duda del fin que apunta Exiliado...¿de verdad tenían algún fin? ¿Podemos considerar que este fin, de existir, no era concreto, y era por tanto de estética arbitraria? ¿No es terrorista un planteamiento puramente arbitrario dirigido de manera indefinida? ¿existe una estética terrorista o una estética simplemente más allá del terror de un nobel de la paz?
¿No estaremos ante un medio para el que no existe fin justificante?
¿Es, pues, un espionaje impropio el que nos concierne? y en ese caso ¿podemos pensar que el fin de hacerlo así era justamente evitar las explicaciones en caso de ser pillados?
¿Realmente han sido pillados o se han dejado pillar?

Dejo de plantearme interrogantes porque ya no sé como puntuar los signos de interrogación correctamente.

Un saludo? pues eso.

Anónimo dijo...

Buenas tardes desde la Universidad Complutense. Acabo de ver anunciado un libro sobre Eugenio Noel. No sé quién es. Por otra parte, desearía hablar sobre las donaciones de sangre, en Madrid se sabe que son muy necesarias. Por favor, donen sangre.

Un abrazo, profesor.

David.

Anónimo dijo...

Profesor García Amado:
Quisiera saber si ya ha publicado su texto "El iusmoralismo de Carlos Santiago Nino. Una crítica" en alguna revista o libro colectivo (y, si es posible, la referencia).
Gracias y un saludo cordial.

Garciamado dijo...

Estimado anónimo:
Disculpe que le conteste con tanto retraso. Aquel trabajillo sobre Nino no lo tengo publicado aún, aunque sí lo envié a alguna revista latinoamericana que ahora no recuerdo. De todos modos, si su interés es por citarlo para bien o para mal, puede hacer referencia simplemente al texto del blog.
Cordiales saludos.