02 octubre, 2013

Un experimento con iusmoralistas y iuspositivistas



                Si a alguno le va a parecer raro, tonto o inútil esta especie de experimento intelectual o de hipótesis teórica que voy a plantear, le responderé que por qué, aun en mi modestia, no voy a poder hacer yo estos jueguecillos, si pudieron los filósofos políticos contractualistas andar imaginándose fantasisos estados de naturaleza o si, en versión contemporánea, pudo Rawls pergeñar su situación originaria con velo de ignorancia incorporado, o pudo Nozick hacer surgir su Estado ultramínimo de una ensoñación figurada de egocéntricos compulsivos. Y no digamos lo bien que se lo pasaba Dworkin con su juez Hércules, personaje ficticio y fingido al que don Ronald le ponía de todo lo que a él le gustaba. Así que déjenme proponer mi historia.
                Imaginemos un mundo o sociedad futura en donde ocurriera lo siguiente, bien sorprendente, por cierto. Todos los filósofos del derecho y teóricos del derecho que argumentan y entre sí discuten sobre iuspositivismo y iusmoralismo son extraordinariamente respetados, reciben todo tipo de premios académicos y cobran unos sueldos que les permiten vivir como marajás. Pero, por alguna extraña razón, sus escritos y opiniones no llegan más allá de ese círculo, del círculo de los iusfilósofos y iusteóricos. Si, pongamos por caso, disertan sobre las normas de competencia o sobre la historia del derecho de contratos o sobre el concepto de responsabilidad en el derecho de daños, cualquiera puede escucharlos y pueden dirigirse a cualquier foro. Mas en cuanto se meten en el debate estricto sobre el positivismo y el iusmoralismo y entran en lo de si entre moral y derecho hay unión conceptual inescindible o si rige separación conceptual entre dichos sistemas normativos, nadie más que ellos mismos se entera. Más todavía, basta que uno de esos iusfilósofos se dedique a cualquier tarea de la práctica jurídica, por ejemplo haciéndose juez o fiscal o abogado, para que de inmediato quede completamente aislado de esa sempiterna discusión entre positivistas y antipositivistas. En otras palabras, y para simplificar, que es totalmente imposible, en ese mundo, que tales disquisiciones tengan consecuencias prácticas o la más mínima influencia en el modo como a diario actúan los legisladores, los jueces o cualesquiera otros operadores jurídicos, y tampoco llegan al ciudadano común que vota y calla.
                Vamos a dar por sentado que a esos profesores les siguiera gustando, pese a todo, el diálogo sobre esa materia de iuspositivismo sí o iuspositivismo no, o que tuvieran que seguir con él para ganarse la vida así de bien. Tengo una pregunta ahora, y una hipótesis para responderla. La pregunta es: ¿quiénes, iusmoralistas y iuspositivistas, se mantendrían en sus tesis teóricas y quiénes perderían las ganas de seguir defendiendo las suyas? Y la hipótesis mía: los positivistas se mantendrían en sus trece y los iusmoralistas irían abandonando sus doctrinas. ¿Por qué? Porque el iuspositivismo es una teoría que pretende describir el derecho que es, el que como tal funciona, y no se propone a través de la recepción que tengan sus tesis cambiarlo, mientras que buena parte motivación del iusmoralismo está en la intención de alterar el derecho existente a base de negar la cualidad de jurídicas a las normas jurídicas que sean o le parezcan inmorales.
                ¿Quiere decirse que el iuspositivista es inmovilista o conservador o que carece de opinión moral sobre las normas jurídicas? En modo alguno, para nada. Iuspositivistas y iusmoralistas pueden perfectísimamente compartir su opinión crítica sobre el derecho vigente en tal o cual país y su deseo personal de cambiarlo. Pero los primeros piensan que ni el derecho que hay se mantiene o se respalda moralmente al describirlo, pues la descripción de un objeto existente es política y moralmente neutra, ni fían a la alteración de las descripciones la función de modificar el derecho que tengan por injusto. Para los positivistas, cuando el teórico del derecho identifica y describe un sistema jurídico que socialmente existe y funciona hace algo estructuralmente similar a lo del geólogo que describe la composición mineral de una roca o a lo del historiador que da cuenta de cuál era la mentalidad social que, por ejemplo, predominaba entre los artesanos medievales en materia de familia o de religión o de trabajo. Que no nos guste lo que pensaban sobre las mujeres los artesanos del siglo XV no puede llevarnos a negar la condición de mentalidad o ideología genuina que regía sobre esa materia en dicho grupo. De igual manera, que no aprobemos moralmente un sistema jurídico talibán no nos permite, en opinión del positivista, decir que no es derecho el derecho de un país talibán.
                En cambio, cuando los iusmoralistas pasan un sistema jurídico que es y existe por el tamiz de cómo debe ser moralmente un sistema jurídico y niega la condición de derecho al sistema jurídico inmoral, su propósito principal está en influir para que los derechos que son sean como deben ser, negándoles el ser a los que no son como es moralmente debido. De ahí que, según mi hipótesis, en aquella imaginaria situación en la que no pudieran tener repercusión social efectiva sus tesis carecerían del acicate básico para mantenerlas.
                En la referida situación imaginaria, y ante tal bloqueo práctico de la teoría jurídica, iuspositivistas y iusmoralistas con probabilidad coincidirían en la crítica moral a la práctica jurídica que de consuno consideraran injusta o inmoral. Para el positivista sería poca renuncia y no tendría por qué alterar su doctrina, pues siempre opinó que el derecho se modifica desde la moral y desde la política, no desde la teoría que explica lo que el derecho es. Para el positivista es básica la distinción entre el derecho que es y el que moralmente debería ser. Un ser humano no deja de ser un ser humano aun cuando sea de la peor calaña. Una norma jurídica, si lo es, no pierde esa condición por ser moralmente aborrecible. Reconocerle la humanidad al malvado no es comulgar con su maldad; admitirle la juridicidad a la norma jurídica inicua no es comulgar con esa iniquidad. Al malo le argumentamos moralmente para tratar de hacerlo bueno, y sobre el derecho argumentamos moralmente para intentar volverlo justo. En esa argumentación moral pueden y suelen coincidir hoy iuspositivistas y iusmoralistas.
                Seguramente, en la situación hipotética del experimento citado, unos y otros concordarían en sus argumentos morales sobre el derecho, pero sospecho que los iusmoralistas dejarían de presentar el derecho que debe ser como parte del derecho que es y de negar la juridicidad al derecho que es cuando no es como moralmente debe ser. Para pelear por un derecho más justo argumentarían todos desde la moral y la política y no usaría ninguno la teoría que describe el derecho como herramienta para modificar los contenidos del derecho.
                El derecho es de todos y la moral es de cada uno. En democracia, lo que es de todos no se cambia haciendo pasar por descripción de lo común la valoración moral personal. Los teóricos del derecho, en democracia, carecen de legitimidad para seleccionar a su antojo las normas que son jurídicas y las que no. De la injusticia de lo jurídico hay que convencer a la colectividad para que la colectividad lo cambie y lo haga mejor. Lo otro es volver a hacer a una casta sacerdotal suprema legisladora. No es admisible una nueva forma de democracia censitaria, esta vez basada en los títulos académicos o en la pretensión de superioridad moral e intelectual. No cabe democracia controlada por el paternalismo de los que se tienen por sumos conocedores del bien y la verdad. Las élites morales, si las hay, que demuestren su empeño haciendo política por cuantos medios legítimos estén a su alcance, no parapetándose en oscuros arcanos conceptuales y jugando a ser los únicos intérpretes autorizados del Libro Sagrado.

27 comentarios:

Anónimo dijo...


Coincido que hay mucho que temer de los sacerdotes dworkinianos (parece que con su ultimo libro Dworkin realmente se erige como profeta). Pero para hacer un cuestionamiento en el espíritu de Dworkin, no es su último párrafo un argumento moral para separar derecho y moral?

La moral puede entenderse de forma restrictiva (buenas costumbres, valores, etc.), o amplia (razon practica y prudencia).

Un positivismo excluyente fundamentado en el problema del desacuerdo sobre moral de primer piso (digamos first order morality) y en la democracia (que quizá implica algo sobre la igualdad humana) tiene las mismas raíces que cierto iusnaturalismo. Ambos inician en la razon practica, pero su primer paso es distinto. Si el fundamento es el mismo, siempre habrá en la base una cierta inestabilidad, cuando el derecho nos obligue a hacer cosas que juzguemos profundamente inmorales.

Un argumento moral (en sentido amplio) por el positivismo excluyente puede contrastarse por ejemplo, con la vision de Leiter, que señala que el positivismo fuerte es verdadero porque solo él es compatible con las mejores teorias cientifico-sociales que explican el comportamiento judicial.

Eso me parece poco convincente, pero es una manera de realmente no compartir nada con el iusnaturalismo.

Saludos,

GA

Juan Carlos Sapena dijo...

Yo no usaría como fuente de legitimación la democracia, principalmente porque lejos de ser el consenso de las mayorías abunda en la dictadura de la minoría más votada y eso no tiene mucho asidero legitimante. Un abuso más de la estadística, como quien dice.

Por lo demás, las democracias, positivistas ellas, nos dieron, frente al absoluto monarca (sin elefantes pero lo siento mucho) la Alemania nazi y las cambiamos por otras con positivismo constitucionalista, o criptonaturalismo mejor mirado, según se sale una cruz por persona, aprovechando que estaban en garantía y en China no había entonces ni chinos (llegaron allí como a todos los sitios con los restaurantes, ésto es cosa bien sabida)

Y esas nuevas democracias nos han llevado a la Europa tenía un precio y tú un ajuste económico, laboral, social, derechal, constitucional...

Si nos va a proponer, ahora, más democracia, díganos de cual para saber por dónde.

Tiene gracia que señores tan serios como los que citan busquen la verdad en el Derecho, e incluso antes...digo yo que buscarán su verdad (de ellos)

Un saludo, verdadero objetivamente y coherente por tanto con el criterio de validez del sistema, signifique éso lo que signifique ya sabe que es solo por incordiar.

Bernardo dijo...

A mi me encanta esto, lo de complicarles la vida a los parlamentarios: viven, luchan por un escaño y cuando llegan, se encuentran que existe un iusnaturalismo colgado del candil que está a punto de caer sobre la cabeza.El dia a dia en los tribunales, eso es otra cosa.

EAM dijo...

Probablemente no termino de entender su reflexión porque no soy técnico en la materia, pero si me lo permite, con humildad infinita quiero comentar algunas cosas que escribe.
A) Dice: “(…)iuspositivistas y iusmoralistas con probabilidad coincidirían en la crítica moral a la práctica jurídica que de consuno consideraran injusta o inmoral”. Creo que eso explica con claridad que el derecho natural es el fundamento legitimador del derecho positivo y que las responsabilidades del hombre, que de él se derivan, constituye el cimiento de la moral general. La moral, como concepto amplio, por si misma también constituye un conjunto de preceptos destinados a regir la vida de los hombres y tiene un radio de acción más amplio que el del Derecho, ya que establece los deberes del individuo no solamente respecto de sus semejantes, sino también respecto a si mismo.
B) Continua diciendo: “Para el positivista sería poca renuncia y no tendría por qué alterar su doctrina, pues siempre opinó que el derecho se modifica desde la moral y desde la política (…)”. Interpreto que lo que usted llama política es el Estado. Si no hierro, en mi opinión, el Estado establece un orden jurídico muy determinado que nace de una unión de voluntades orientada al bien común, por tanto, debe hacerlo desde el respeto al derecho natural y le corresponde tan solo, apreciar y valorar los elementos de hecho que condicionan la ordenación jurídica en relación al bien público temporal.
C) Por ultimo dice: “El derecho es de todos y la moral es de cada uno”. Pues siento disentir. En mi opinión, creo que simplifica usted demasiado. Hay una moral general, como base del derecho, cuyos valores vienen asumidos en esa voluntad común que conforma el Estado y puede haber o no, una moral de grupo o individualista, que si no contradice o lesiona los valores comunes es perfectamente inocua para el derecho general y debe ser respetada.
En mi opinión, su problema deviene, que por desgracia, vivimos hoy una crisis de carácter superlativo en todos los ámbitos. El cáncer político ha propiciado una metástasis tan extendida que esa voluntad común ha muerto, la Constitución como norma suprema del desarrollo legislativo es violentada a conveniencia y, dependiendo de lugar, las decisiones jurídicas en el ámbito del Estado no se cumplen. A modo de ejemplo, le recuerdo que la Generalidad catalana es parte del Estado.
Un saludo.

Juan Carlos Sapena dijo...

EAM:
Disculpe la "metida", pero eso de que el Estado busca el bien común resulta tan ingenuo que, me veo obligado a que ponga usted encima de la mesa un ejemplo de ello. Le dejo coger año y época, teniendo en cuenta que la bruma de la historia suele vendernos utopías y anhelos de difícil demostración sobre su existencia.
Mucho altruismo parece aunque debo reconocer que va en la línea de unir, en una falacia de correlación cualquiera, el bien común con el derecho natural...
Echo en falta, no obstante, la afirmación de que la moral de usted es la única verdadera, y casualmente coincidente con esas normas tan naturales.
Por tener la terna completa del buen iusnaturalista, simplemente.

Un saludo, ya me voy...

EAM dijo...

Sr. Juan Carlos Sapena, no tengo muy claro si su “ya me voy” quiere decir que no quiere respuesta a lo que califica como su “metida”. En cualquier caso, lo haré si el director del Blog lo permite, aunque por como escribe usted, parece vivir en la selva y en ella solo cabe el instinto. Muy mal le han debido ir las cosas y créame que lo siento. Naturalmente quizás usted solo ha vivido bajo la podredumbre moral que impera hoy en la que hasta el derecho está, sino anulado, por ahí le anda. Y para ello le recuerdo que el Derecho es el conjunto de leyes, preceptos y normas a que están sometidos y regulados los integrantes de una sociedad. Que yo sepa eso tipifica el Estado, que además de normas es o debe ser (y esto usted no lo ve, como tampoco lo vio Hans Kelsen) una unión de voluntades.
Por lo que veo usted no contempla que justica, deber, licitud, ilicitud, responsabilidad, culpa, etc. Tengan la menor relación con los principios morales naturales o generales. Y en mi opinión, ninguno de ellos es un invento arbitrario sino que dimanan de un dictamen superior a nuestras particulares ideas y sentimientos.
Si usted basa su experiencia en la realidad del sistema actual, he de darle cierta razón, pero en cualquier caso usted ha descalificado todo en momento y lugar. Ante ello no cabe que yo le ponga ejemplos ni situaciones, porque no las admitiría. No hay peor sordo que el que no quiere oír. Tan solo le recordare a Platón: “ Si no hay un derecho absoluto, no hay, en general, derecho alguno”

un amigo dijo...

Si no estoy cayendo en un error de tomo y plomo, aquí están ocurriendo barios fenómenos relacionales estaños. No quisiera dar la impresión de que me arrogo un saber superior al de torios los oros, y os lo arsenio, elevándome arbitrariamente sobre un sodio. ¡Lejos de helio, aunque crea tener radón! Conste además que tengo mi vida privada, y no quisiera arriesgar una crisis de mi antimonio. Volviendo a la política, creo que el cadmio positivo existe. En cuanto al éxito y al relumbrón, vanadios son, y a nadie se los iridio.

Salud,

Juan Carlos Sapena dijo...

EAM:
Hombre, pues si lo dice Dios...

Un saludo, y otro para su jefe.

Juan Carlos Sapena dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Juan Carlos Sapena dijo...

EAM:

Perdón por el doble post, pero acabo de leer que usted aroga a Kelsen justo lo contrario de lo que dijo y no puedo/debo pasarlo por alto.

Puede usted criticarle diciendo que la teorización que establece parece insuficiente ya que no se valoran adecuadamente los problemas redistributivos, no sólo como criterios de justicia, sino también como prerrequisitos o condiciones materiales del funcionamiento de una democracia formal basada en la participación efectiva de los ciudadanos en las decisiones de gobierno y de producción jurídica (véase I. de Otto en su nota preliminar a H. Kelsen, Esencia y valor de la democracia, Barcelona, 1977, pág. IX. ) También puede usted decir que esta teoría kelseniana de la democracia le parece incompleta en tanto en cuanto reduce el completo ciclo de la legitimación democrática a la teoría organológica, central para la Staatslehre, pero que, para un Estado que pretende llevar a cabo el máximo de publicidad de las decisiones colectivas, no realiza las condiciones suficientes de transparencia (L. Monereo, Estudio Preliminar “La democracia en el pensamiento de Kelsen”; en H. Kelsen, Esencia y valor de la democracia, Granada 2002, pág. LI)
Pero es que no parece que Kelsen quisiera algo más que una mera concepción formalista de la democracia y, por supuesto, se puede y se debe ir mucho más allá de lo planteado por él. Su genialidad, en mi opinión, estuvo en consagrar la libertad, y no la igualdad, como la esencia de la democracia (y ésto si que no lo ven muchos)

Tanto en “Teoría de la democracia” como en “Fundamentos de la democracia”, Kelsen insiste hasta la saciedad en la imposibilidad de fijar científicamente valores absolutos, lo que debe conducirnos a considerarlos todos como relativos, se abre paréntesis de libertad, actitud que es la correcta para la vida democrática, pues excluye la imposición de unas determinadas concepciones del mundo sobre otras,se cierra paréntesis de libertad (parafraseado de Ignacio Torres Muro, Historia Constitucional, nº8, 2007). Esta línea de pensamiento le lleva a afirmar que ni siquiera la democracia misma podía ser impuesta a quienes no la quisieran (se nos ha escapado la libertad). No sé si le parecerá a usted suficiente creencia en la unión de voluntades como criterio de validez en Kelsen...

El profesor, creo que transcribió hace algún tiempo algo parecido en este blog. En todo caso, es algo que se puede comprobar.

Bien está que viva usted su jubileo particular pero no dejemos el rigor a un lado, que una cosa es citar a Platón como argumento, usando la cita como el argumento en sí (falacia ad hominem) y otra mentir. Kelsen vió y defendió perfectamente la unión igualitaria de voluntades, bien que libres en primer lugar. El que no ve a Kelsen, porque no ve la libertad, es usted. Esa democracia que usted defiende y podríamos dialogar sobre otros sistemas post positivistas como el nuestro de la misma forma, serían muy poco democráticas a la luz del sr Kelsen porque carecerían o andarían faltos de libertad.

Como no quiero hacer otra falacia "ad hominem", para despedirme, en vez de una cita yo le pondré el título de una obra de arte: "El sueño de la razón produce monstruos." capricho nº43 de Francisco de Goya y Lucientes.

Salvo mejor opinión.

Hala, otro saludo.

EAM dijo...

Mire usted por donde me satisface más ésta, su segunda intervención, que la primera. Aunque reincide en juicios de valor sobre mí (incluido el insulto) con su facilidad para ver falacia en cualquier rincón. Al menos en ésta, trata usted de argumentar. Cosa que es lo que se debe hacer entre personas normales.
No contestare a su primera intervención, por su talante escabroso, dado que, cuando a un inmanente se le habla de moral, automáticamente piensa en religión y se obnubila. Y esa ha sido mi impresión al respecto.
En relación a la segunda me da la impresión que mezcla churras con merinas: En primer lugar, democracia y derecho son dos asuntos (juntos pero no revueltos) absolutamente distintos; en segundo lugar, generalizar la palabra democracia, cuando se habla de derecho, puede llevar al equivoco, pues democracias las hay en multitud de formas y el derecho, en ellas, puede tener y de hecho suele tener un fundamento común referido a la libertad individual y a las costumbres.
En relación a Hans Kelsen, en mi opinión, analiza el derecho como un fenómeno autónomo de consideraciones ideológicas o morales excluyendo cualquier idea de derecho natural. Reconozco que no soy un experto Kelsiano, hay mucho de él que no he leído pues abunda más en sus trabajos el derecho internacional, asunto que es lejano a mi interés y por tanto no discutiré sobre él en profundidad, pero dicho esto, como se puede creer en el Estado como unión de voluntades, si no hay nada que sustente esta. Desde luego ni las ideologías ni las religiones sirven para ello, solo esa parte del derecho natural que vulgarmente llamamos razón y que en definitiva es una moral aceptada por la mayoría.
En mi opinión, ese asunto es el que en nuestro sistema falla. El predominio de las ideologías algunas de ellas chocantes con el derecho natural, hace que quiebre esa voluntad común que debe sustentar al Estado. La ausencia de un mínimo moral aceptado por todos que avale esa “unión de voluntades” es lo que yo detecté en Helsen al despreciar tan tajantemente el derecho natural. De ahí mi conclusión.
Para terminar no sé de dónde saca usted que defiendo este sistema nuestro. Yo creo firmemente que todo sistema humano termina muriendo. Ayer lo hicieron los emperadores y seguro que a no muy tardar, este sistema nuestro también fenecerá. Está como yo, en su último tramo. La vida humana es más corta, pero este sistema de partidos al corte de los que nos dirigen, demuestra a diario su obsoletísimo.
Y para que no se quede esta vez sin su tan traída etiqueta de falaz que me adjudica, le recuerdo que hay una frase que se ha puesto de moda: “Hoy día el sentido común es el menos comun de los sentidos”
Yo también le saludo

Juan Carlos Sapena dijo...

EAM:

Me malinterpreta usted, fuera de mí hay mucho pero no puedo evitar percatarme de que es mucho y muy variado con lo que los reduccionismos no me atraen, porque suelen dejarse fuera lo mejor. Justamente por no estar encerrado en mí mismo, o por no pensar que con mi razón se agota todo, soy permeable a las distintas verdades que voy entendiendo. Estos son mis principios, pero si no le gustan tengo otros (Groucho Marx, es solo una cita pero da tanto juego...)

Desde este punto de vista mío el que usted hable de moral, así en singular, me parece errado. Digo yo que habrá más morales por ahí, acaso podemos incluso aventurar que, en nuestra propia sociedad, todos no compartimos una misma moral. Desde la experiencia cotidiana digo (porque si lo hiciéramos desde la inmanencia deberíamos creer que solo hay una moral, la nuestra, y fin del problema o también podemos despreciar la de los demás diciendo que son propias de la selva, y yastá)

Ya le comenté, pero me renuevo en ello, que es muy ingenuo obviar el poder, el biopoder, la biopolítica de Foucault y otros, como usted quiera llamarlo, porque es algo evidente que siempre ha sido así: el que manda lo hace pensando en él. Viene a colación porque ahora da usted un paso más y pretende la existencia del pacto social...

Vamos a ver, que una cosa son las ficciones jurídicas, realizadas al albur de los intereses del poder (recordemos a Groccio inventando el Derecho internacional porque era letrado al servicio de la Compañía de las Indias orientales, a Suarez y otros con el tema de las causas justas en España para justificar el desmadre colonial, Hobbes y su derecho a la propiedad, etc, etc, etc...) a lo que hay que añadir, la feliz idea del poder de ir poniendo nombres a las cosas: democracia, cámara legislativa,etc... que no se corresponden con su auténtica función en absoluto, meras fachadas, y otra crérselas a pies juntillas y hacer de ellas un dogma de azucarillo del café.

Le estoy diciendo que una cosa es creer en el sistema de representación y en la Ley d'Hondt y otra afirmar que ese señor de Cuenca que se sienta en el escaño transmite con eficacia plena el sentir mayoritario de un grupo heterogéneo de 25.000 españoles. Le digo ingenuo porque no es mi deseo que se sienta insultado aunque mi estilo es brusco, lo admito. El Derecho será lo que hagamos con él, o no será; porque es una creación humana pero detrás de él está el poder.

Igual está usted hablando de justicia, no de Derecho o confunde ambos o cree que son lo mismo. La unión entre democracia y Derecho que comenta es la Constitución, el pacto social, otra ficción jurídica que usted se cree a pies juntillas (como las religiones del libro veneran los sagrados textos, pongo por caso no se me enfade pero la analogía es así) y a la que califica como "fundamento común referido a la libertad individual y a las costumbres" pero que a los españoles, por ejemplo again, nos sirvió para perpetuar el aparato franquista y olé...La democracia, todas en cualquiera de sus formas, tiene que ver con el Derecho lo que el poder quiera que tenga que ver porque ambos, el sistema normativo moral jurídico o religioso y el sistema político, serán lo que el poder quiera que sean (ando mezclando Ihering con Foucault, ya veremos lo que sale...)

En resumidas cuentas EAM, pongámonos primero de acuerdo en los conceptos y en la realidad de la que pretendemos discutir, y luego ya,si le parece, nos tiramos a la hinchada yugular. Yo tengo muy claro lo que es el Derecho de cada uno, la moral de cada cual o las religiones del más allá, pero si me ponen palomitera nueva en el cine, allá que me voy y lo que mi palomitera diga. Así que no se corte y argumente sin miedo.

Es que buscar la verdad así, es como ser pianista en un burdel.

Un saludo.

Garciamado dijo...

Estimados comentaristas, me están ustedes poniendo los dientes largos y tengo buenas ganas de meter baza en la polémica y también de dar mi punto de vista sobre alguna interesante objeción que se me ha hecho. Pero disculpen que por el momento no pueda, ando viajando y cargado de clases y labores por esos mundos.
Gracias y saludos.

EAM dijo...

Ciertamente no nos entendemos… curioso asunto, empleando el mismo idioma. La diferencia es que usted tergiversa lo que escribo y me acusa.
Me dice usted:
“Desde este punto de vista mío el que usted hable de moral, así en singular, me parece errado. Digo yo que habrá más morales por ahí, acaso podemos incluso aventurar que, en nuestra propia sociedad, todos no compartimos una misma moral.”
Y yo lo que he escrito es:
“como se puede creer en el Estado como unión de voluntades, si no hay nada que sustente esta. Desde luego ni las ideologías ni las religiones sirven para ello, solo esa parte del derecho natural que vulgarmente llamamos razón y que en definitiva es una moral aceptada por la mayoría.”
Anteriormente me acusa de defender el sistema político actual, cuando yo, si he hecho mención a él ha sido para criticarlo. Entre otras cosas, porque en mi opinión, es el primer responsable, como sistema, de la situación en que nos encontramos, pues ha contribuido en mayor medida a romper esa voluntad común. Y en esta ocasión lo hace arrogándome la pretensión de imponer mi particular moral a los demás y me ilustra que hay más. Para ilustrarme en obviedades no me hacen falta estas alforjas.
A modo de declaración de principios le diré:
Derecho natural es el conjunto de normas, expresión jurídica de las leyes naturales, que manan de la esencia misma del hombre, es decir de su “naturaleza” humana. Por lo tanto el fundamento de cualquier derecho es la naturaleza humana. Se suele distinguir el derecho natural en primario y secundario.
El derecho natural primario, u originario, es lo que procede de la naturaleza del hombre considerada en sí misma, inherente por esto a todos los hombres de todos los tiempos. El principio se basa en el hecho de que las normas del derecho natural son absolutas aunque no inmutables. Para evitar la confusión, que haga pensar en su incapacidad de adaptación, existe el derecho natural secundario. Este siempre deriva de la naturaleza humana pero en relación a situaciones creadas por el hombre.
Esto, a mi juicio, exige ser reconocido y codificado como derecho integrado en las legislaciones humanas, en las leyes civiles como fundamento del derecho positivo. Lo justo por naturaleza aspira a traducirse en un justo por ley. La tarea de expresar y traducir en normativa de ley las exigencias universales presentes en las situaciones concretas de la naturaleza pertenece al derecho positivo, el cual a su vez será válido sólo en su conformidad con el derecho natural. la norma jurídica positiva, puede incrementar mandatos, pero no puede abolirlos ni quebrar las prohibiciones naturales. Por tanto, el derecho natural es indispensable fundamento del derecho positivo, por su taxativa racionalidad y universalidad. Como consecuencia, es la forma inspiradora y orientadora del derecho positivo. Esto es lo que me llevo a decir que como Hans Kelsen, había analizado el derecho como un fenómeno autónomo de consideraciones ideológicas o morales excluyendo cualquier idea de derecho natural, difícilmente podría entender el Estado como una unión de voluntades. Usted lo entendió como lo entendió y, casi casi, menos bonito me ha llamado de todo. Usted no cree ni en la vocación, ni en esa unión de voluntades. Yo sí. Y no es que crea como en algo que no se puede demostrar, es que la empírica de mí ya larga vida me lo ha demostrado. Quizás si solo me remito a la experiencia de los últimos decenios, podría pensar más cercano a usted, pero por suerte o por desgracia, no puedo quitarme años.
Las leyes naturales conforman un derecho natural y ambos una moral natural: “La de la razón”.
Alguien dijo y yo estoy con él, que la base de nuestra civilización eran el respeto a la razón de los griegos, el derecho romano y la filosofía social cristiana. Naturalmente hoy esas tres columnas parecen sufrir de aluminosis… y así nos va.
Un saludo

EAM dijo...

Garciamado, yo no llamaría taxativamente objeción a mi intervención primera, tendré mucho gusto de leer sus opiniones que en cualquier caso me enriquecerán. Le deseo éxito en sus trabajos y magnífico viaje de vuelta.
Saludos

Juan Carlos Sapena dijo...

EAM:
A ver, hombre de Dios (naturalmente lo digo no se me enfade aún) a ver si lo he entendido. Dice usted:
"el derecho natural es indispensable fundamento del derecho positivo, por su taxativa racionalidad y universalidad. Como consecuencia, es la forma inspiradora y orientadora del derecho positivo." Y sobre lo que es Derecho natural afirma sin rubor:"conjunto de normas, expresión jurídica de las leyes naturales, que manan de la esencia misma del hombre, es decir de su “naturaleza” humana."
Uniendo ambas obtenemos que:
1- Hay una naturaleza humana.
2- de esta naturaleza se deducen, manan, unas leyes naturales
3- estas leyes son el fundamento del Derecho positivo y
4- tienen una taxativa racionalidad y universalidad.
1- Hay una naturaleza humana, propiamente dicha se supone, esto es, afirma usted que todos los humanos compartimos algo que nos hace diferente del resto de seres vivos que andan intercambiando fluidos de consistencia variada por este planeta. Pues sírvase explicarse a este respecto porque así dicho "naturaleza" resulta ambiguo e inconsistente. Mis preguntas: ¿en qué consiste esa naturaleza, cual es su fundamento, biológico, espiritual, tecnológico, un catálogo de Ikea, una circular del ministerio de la verdad...? ¿Cuáles son las evidencias palpables que la demuestran, porqué somos algo más que el resto de animales, porqué no somos unos meros animales, porqué no hay otros animales que tengan su propia naturaleza, porqué la naturaleza somos nosotros solos? ¿Porqué somos mejores/superiores al resto de animales, no somos un animal acaso y entonces qué somos: vegetal, mineral? ¿No estará usted negando la contumaz realidad mediante la aceptación de una reducción idealizada?
2- Dado que existe esa naturaleza propiamente humana, de ella se deducen unas leyes llamadas naturales propiamente humanas, pero qué quiere decir con naturales, otra vez la palabrita, que son anteriores al ser humano, que se fundamentan en la razón propia de él (quizá sea esa la naturaleza) ¿que son consecuencia de la costumbre? ¿cuál es el nexo entre la naturaleza y las leyes naturales? ¿ése nexo se comprueba siempre y para todo hombre en cualquier momento o surge en un momento histórico determinado fruto de unas coordenadas ideológicas concretas con un fin? ¿Cómo pueden ser humanas y anteriores a él, o son posteriores, pero entonces no serían creación natural sino humana?

seguimos-------------------------------------->

Juan Carlos Sapena dijo...

seguimos--------------------------->

3- Estas leyes naturales son el fundamento del Derecho positivo...hombre, pues no me lo parece. Primero porque los dos puntos anteriores no pasarían un test de alcoholemia y, segundo, porque afirmar eso supone la ingenuidad de pensar que el nexo de la norma jurídica que une el supuesto de hecho con la consecuencia jurídica no responde al interés del escribano y la Historia está repleta de ejemplos sobre el uso y el abuso del Derecho por parte de los escribanos del mismo. No son textos sagrados, no están inspirados por un ser superior (o una forma platónica, venga, no me sea quisquilloso pero es que como coincide tanto la ley natural con la de la Iglesia católica uno se confunde) una simple lectura sirve para darse cuenta de ello (si me puede indicar, a modo de ejemplo, la ley natural que se esconde detrás de la Ley General Tributaria, pongo por caso..) Por tanto, a falta de concretar los puntos anteriores, esto lo podemos dejar aparcado en un mero deseo: que a usted le gustaría que así fuera o que lo ve usted porque sus ojos son más vistosos.
4- Tienen una taxativa racionalidad y universalidad...hummmm, pues no, ya ve usted que sí admiten discusión su falta de racionalidad y de universalidad. De hecho me cuesta pensar en la raza humana como un bloque monolítico de clones que comparten unos mismos valores o ideas. Más bien es al contrario de lo que usted afirma, la Historia del hombre es la arqueología de sus ideas y tan hombre eran los indios caribes como los hunos de Atila o los yanomamos del Brasil son, aunque la razón que gobernara sus actos no fuera igual que la suya (de usted) ni compartan con usted esas leyes tan naturales (nuevamente más que realidad, aspiración, ideal, tendencia deseable, relativo Kelsen no nos abandones)
Como entiendo que los puntos 3 y 4 son consecuencia de asumir los puntos 1 y 2, no se preocupe por atender a ellos. Le agradeceré que empecemos por el principio, y luego si eso ya veremos si podemos llegar. Yo hubiera sido más epistemológico y habría entrado a saco con la confusión entre realidad y real que me parece la clave del asunto pero mejor será que no nos perdamos y concretemos una base, que tiempo habrá de ir subiendo, si le parece.

La naturaleza humana, casi nada. Me quedo a la espera de debatir sobre el punto 1 (si a usted le parece bien, por supuesto)

Un saludo.

Por supuesto, con el permiso del profesor o a pesar de él, están todos invitados. Habrá para todos me temo.

EAM dijo...

Sr. Sapena
Pues yo si estoy convencido de esa naturaleza humana, que aun aceptando pertenecer somáticamente al mundo genérico animal, no así psíquicamente. Eso altera nuestra naturaleza respecto a ellos. Sin entrar en asuntos religiosos, respecto a los cuales, los tenga o no, yo debo respetar siempre los suyos si no son contra natura. Creo que lo que nos hace distintos a los animales es nuestra capacidad de razonar, base también, de la libertad individual y la propiedad privada.
Es verdad que el principio “hacer el bien y evitar el mal” aunque no mana de la misma naturaleza, ella no es la fuente, la capacidad de razonar del hombre lo inscribe en ella. Para ello necesita definir lo que debe o no debe hacer, lo que es bueno para él y la colectividad y lo que no lo es. Y en eso consiste su naturaleza exclusiva, que si bien tiene que ver con cultura, puede ser aceptado desde la religiosidad o la laicidad.
Para el hombre, la libertad y la tendencia a la propiedad privada, le viene dado por naturaleza, está en su ser. Cuando se sancionan legislaciones en contra de ello se viola esa naturaleza y se afecta a su dignidad… no tiene más que ver sus resultados.
Para realizar su objetivo, para no deslizarse, el ser humano tiene que tener algunos puntos de referencia, algunas “normas” que seguir. Estas “normas” constituyen la “ley natural”. Sus contenidos no proceden de factores culturales sino de la ontológica del ser humano.
Aristóteles en la Ética Nicomáquea (Aristóteles, cfr. Ética Nicomáqua, 1134 b 18 - 1135 a 15) hace una distinción entre las normas de justicia establecidas por convenciones humanas, por lo tanto diferentes de pueblo a pueblo, y las normas de justicia independiente de estas convenciones, arraigadas en la naturaleza e iguales dondequiera. En otra obra aclara que el carácter innato de la ley natural establece la idea de su inmutabilidad
La Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) no es más que ese reconocimiento a la naturaleza humana, que en el art. 6 defiende el 'principio de igualdad' en virtud del que el hombre ya no viene jurídicamente considerado a motivo de su rol social, sino en sí mismo: “Cada ser humano tiene derecho, en cualquier lugar, al reconocimiento de su personalidad jurídica”, es decir a ser considerado persona frente a la ley.
La intervención más completa Cicerón la expuso en la República con esta frase: “Existe ciertamente una verdadera ley: “la recta razón, hunde sus raíces en el mismo ser del hombre antes que en su actuar”. Algo así venía a decir el profesor en otro hilo del blog titulado:” Otros significados del verbo estar en el español de hoy.” Le aconsejo que lo lea.
La antropología cultural confirma que esta ley siempre ha sido acogida desde los tiempos antiguos. Se trata por lo tanto de normas morales que cada uno, también el no creyente, puede en línea de principio conocer de cara al logro de sus objetivos. Esto significa que puede ser acogida por todos los miembros del género humano. En efecto con la sola ayuda de la razón el hombre es capaz de deducir desde la realidad del ser, la ley del actuar libre, en cuanto se arraiga en la común naturaleza humana, dotada de intrínseca racionalidad.
Pericles, en un discurso transcrito así por Tucídides en Historias se expresaba así: “Prestamos atención a las leyes, y de entre ellas sobre todo a las que están dadas para ayudar a las víctimas de injusticias, y a las leyes que, aunque no sean escritas, comportan una vergüenza comúnmente reconocida para quien las violan” (Tucídides, Historias, II, 37, 1.).
Cuando se habla de ley natural no se tiene que pensar en una doctrina (ley no codificada) sino en un dato de la experiencia, que constituye la base de ese derecho natural: Es la razón. Y podríamos de finirlo como: “como expresión racional y normativa de las inclinaciones de la naturaleza humana al bien”. Si se acepta esta definición, no hay derecho positivo sin esta base, ni puede considerase el hombre en igualdad con el animal irracional.
Un saludo

Juan Carlos Sapena dijo...

EAM:
Valoro, aunque mi tono socarrón en ocasiones pueda parecer lo contrario, su buena disposición al diálogo y espero entienda las licencias de mi estilo como lo que son. Dicho esto, de poco me sirve como respuesta a los interrogantes planteados el apoyo en autores si junto a éste no se extiende la explicación en la que esos autores lo sustentaron. De otra manera, a Aristóteles se le atribuye lo expuesto, como usted bien dice, en la ética a Nicómaco, pero también se le atribuye ésto otro dicho en la Política (1254b 13-15) “...el macho es por naturaleza superior y la hembra inferior; uno gobierna y la otra es gobernada; este principio de necesidad se extiende a toda la humanidad.” Lo cual no deja de ser una majadería digna de todo desprecio.
Dice usted: “Creo que lo que nos hace distintos a los animales es nuestra capacidad de razonar, base también, de la libertad individual y la propiedad privada.”
Me detengo un poco en esta afirmación suya para destacar que el razonamiento no es exclusivo de la especie humana, que es algo que se da no solo en otros mamíferos como el delfín, las ballenas, el elefante o los primates, sino también en algunas aves e incluso en insectos. De hecho, es fuente de estudio para la etología cognitiva, ciencia de sumo interés para el observador curioso y por ello no me extenderé más sobre la cognición animal pues está suficientemente documentada. Claro que siempre se puede coger usted a un criterio cuantitativo sobre este razonamiento de otros animales, pero es que como usted lo utiliza en tono cualitativo…
Tampoco paso por alto que da usted como base de la propiedad a la razón…la propiedad privada no se asienta en la razón más de lo que la propiedad pública o la falta de propiedad lo pueden hacer porque de otra manera ambas serían irracionales ¿qué hay de racional en decir que esto es mío y de nadie más? Indudablemente la apropiación del bien es reflexiva, como todos los actos humanos, grosso modo, y quizá por ello se puede decir que es fruto de la razón, pero se apoya en la fuerza, propia o del sistema de normas como coacción, de tal manera que sin ellas se suele perder frente a los demás. Por tanto, aunque fruto de la razón, es la fuerza la que subyace detrás del acto de apropiación, del dominio y de la defensa “erga omnes” de la cosa por parte del propietario. La propiedad se constituye siempre frente al otro y se sustenta en la fuerza, de tal manera que si no hubiera alteridad carecería de utilidad afirmarla o defenderla.
Dice usted: “La libertad y la tendencia a la propiedad privada, le viene dado por naturaleza, está en su ser.” Pero la cuestión EAM, es que esa correlación que hace usted no es cierta. La libertad es una aspiración humana desde hace poco tiempo. Mientras duró el Antiguo Régimen o el feudalismo nadie se lo planteó, al menos de manera absoluta (retroceder más atrás en el tiempo es tontería porque antes de la llegada del cristianismo lo “natural” era la esclavitud) Todo lo más se buscaban ciertas aproximaciones, pero el pensamiento humano andaba en la justificación del poder, ya sea a través de buscar la legitimación de los monarcas o, como Hobbes y su “Leviatán”, en justificar, mediante el derecho a la propiedad privada, una tímida emancipación frente a él. Cuando aquellos autores hablaban de libertad no lo podían hacer en los términos en los que usted la utiliza porque su paradigma era otro (y su cabeza tendía a separarse del cuerpo con una cierta facilidad) Dicho esto no se sostiene que siendo algo natural e intrínseco al ser humano sea tan reciente su defensa y reivindicación…lo mismo se puede argumentar para la falta de naturaleza de la propiedad, pues existen culturas colectivas, o en cierto grado de colectividad, así como otras que no la conocieron en absoluto, salvo una mínima expresión siempre cuestionable, como las sociedades nómadas y recolectoras en las que se organizaban los seres humanos, tales como usted o yo, hasta hace dos días. Así que muy naturales e intrínsecas no parecen amigo EAM.
Seguimos ---------------------------------------

Juan Carlos Sapena dijo...

Estamos siguiendo ---------------------------
También afirma usted: “…con la sola ayuda de la razón el hombre es capaz de deducir desde la realidad del ser, la ley del actuar libre, en cuanto se arraiga en la común naturaleza humana, dotada de intrínseca racionalidad.” Suena bien pero no existe esa común naturaleza humana, los clásicos griegos lo veían así por lo reducido del mundo cultural en su época o por superioridad intelectual, pero no es así. Tan humana era la cultura caribe, a la par que canibal, como la más actual pashtun, la del burka, como la juedeocristiana occidental que usted toma siempre como referencia. Siendo todas humanas son diferentes y sus normas de conducta incluso opuestas ¿será que no son tan “naturales” como la nuestra quizá, que no han sabido llegar a nuestras leyes y por eso son peores o más atrasados o inferiores o necesitados de “iluminación”?
Ya por último, dice usted también que se podría definir: “como expresión racional y normativa de las inclinaciones de la naturaleza humana al bien” Entiendo entonces que, a contrario, el no cumplimiento de dichas normas implica, también desde la razón, la realización de un mal. Al apropiarse de la idea de bien, o al relacionar el Derecho natural con el bien, le opone usted todas las acciones que, desde la razón, no se adecúen al mismo. De otra manera, ciertas acciones serían malas, en tanto en cuanto no fueran “naturales”; como resulta que se me ocurren algunas acciones no muy “naturales” que tampoco son malas pues que no lo entiendo esta correlación, si me lo explica con más detalle, lo intento de nuevo.
Tengo la sensación, corríjame si le parece, de que está usted ignorando la propia naturaleza del ser humano. Parece que habla usted todo el rato de un deber-ser al que el ser humano quiere tender (aunque no lo sepa pero) más que de un ser sobre el que se despliegue esta construcción racional que lo explica…aunque supuestamente partía de una realidad anterior que le servía de base, parece que es posterior, fruto del propio hombre.
Yo sigo sin ver, racionalmente, qué es esa naturaleza humana, más allá de una idea más o menos feliz fruto de un anhelo de reducción (o quizá de acomodación a la verdad revelada, que siempre es una reducción, claro, los seres superiores que dialogan con los humanos suelen ser maestros en el arte de la economía intelectual)…. Quizá si pusiera algún ejemplo de ley natural que lo dejara claro y no admitiera duda racional (digo, porque lo apoya usted en la razón, más que nada)

Un saludo.

Enrique dijo...

Argumenta usted su opinión, en conceptos que puedo respetar pero no compartir. Al parecer usted cree que ciertos animales razonan y mi opinión respecto a ello, es que los animales siguen un rol que conforma su ser y, precisamente dado su no raciocinio, no pueden abandonarlo, capacidad que por el contrario, el hombre si puede permitirse.
En este sentido, opino que hay ciertos animales más dados al aprendizaje que otros. Pero su aprendizaje se basa en lo repetitivo y está muy vinculado a sus instintos. El domador premia siempre tas la acción aprendida y ejecutada. El animal no razona, es su instinto el que le indica que haciendo eso o no, obtiene premio o castigo. Si razonara tendría la capacidad del hombre para superar o controlar su instinto, dominándolo al discernir que debe o no hacer.
La intrínseca racionalidad del hombre y lo que nos diferencia del mundo animal, es que puede amoldar su sensibilidad y doblegar ese rol instintivo. El león sigue siendo igual desde que apareció en la tierra. Si se come a sus crías es simplemente por hambre o porque su instinto ha sido capaz de enseñarle que la hembra entra en celo cuando las pierde. Lo hacía cuando apareció en la tierra y lo sigue haciendo hoy, al igual que el delfín, el elefante etc., Al no razonar no podrá alterar esa acción. El hombre sí altera su sensibilidad, es capaz de razonar y alterar costumbres y renunciar a acciones en función de su progreso. Me pone usted el ejemplo de los esclavos y las mujeres, cosa que a mi juicio, simplemente comparando el ayer y el hoy, confirma su racionalidad como exponente de la naturaleza humana. Por ello, también le decía que el derecho natural era un dato de la experiencia. Hoy lo que no ha cambiado es que sigue habiendo cosas que el hacerlas sonroja.
Para terminar, en relación al derecho, si usted no cree en el derecho natural como la inclinación al bien, tampoco debiera hacerlo de otros derechos, la maldad existe y todos ellos lo que pretenden es el bien ¿Hay algún derecho que propicie el mal? En mi opinión si existiera, no podríamos llamarle derecho, sería otra cosa. Por ello se deduce como natural propiciar la defensa del bien. El ser humano socialmente solo progresara con justicia, dignidad y seguridad.
No le quepa duda.
Un saludo

Juan Carlos Sapena dijo...

Enrique:
Le agradezco su sinceridad y entiendo perfectamente que no comparta lo que expongo. Cuando escribo más arriba que el razonamiento no es exclusivo del ser humano no estoy formulando una opinión personal. Hay una rama específica de la ciencia dedicada a su estudio en los animales que genera incesante documentación que puede ser consultada por usted para comprobar el grado de confianza que le transmite. Es por tanto, un argumento.
Pensar que los animales actúan por instinto y el hombre mediante la razón exclusivamente, es una reducción de la realidad que choca frontalmente con Freud, la teoría del psicoanálisis y el concepto de pulsión. El hecho que comenta del cambio de comportamiento en los humanos podría obedecer más a la fuerza, directa o por coacción, que al uso de la razón.
Es evidente que el hombre ha ejercido violencia sobre la mujer desde tiempos remotos y también es evidente que si alguna vez cambia este comportamiento lo será por la fuerza o la coacción que reciban los que sigan esa línea de actuación, pero también coincidirá conmigo en que la violencia se sigue ejerciendo a pesar de todo y así seguirá la cosa si no en el ámbito familiar, en el laboral, en el social, en otras culturas, etc…Lo mismo se puede decir de la esclavitud en todas sus formas. Por tanto, no es tanto que el hombre no sea capaz de modificar su comportamiento, que es indudable al menos para algunos miembros de la especie, cuanto que ese cambio, la diferencia que usted aduce, si se produce no es voluntario ni general con lo que difícilmente se puede concluir que sirva de base a una ley, salvo que se pretenda la exclusión de la especie humana de la gran mayoría de sus representantes.
El problema que veo al asociar Derecho natural con el bien es que no todas las acciones naturales sean buenas solo porque no estén recogidas en él. Un ejemplo: el sexo es algo natural y parece una cosa buena puesto que ayuda a la procreación. Sin embargo si lo disociamos de ésta ya no es natural y por lo tanto es malo. Lo mismo puede decirse de la homosexualidad, calificada como contra natura…o del aborto…a mayor abundamiento el estado de la tecnología actual nos permite separar sexo y procreación. Son realidades que el Derecho natural rechaza, aún cuando sean socialmente admitidas y ejercidas con profusión. Esto coloca al Derecho frente a la sociedad y resta libertad dado que las leyes naturales no dejan de ser dogmas y, en ese sentido, están más próximas a la verdad revelada de las religiones que a la razón (que precisa libertad) Sobre el mito del progreso que apunta usted, se nos va del tema y es interesante pero igual solo son ganas de darle un sentido a lo que igual solo es vida. Lo cual no quita para que usted lo vea con trascendencia, por supuesto, en su opinión. El único motor de cambio que veo en la Historia del hombre son las ideas, las que usted dice suenan bien pero igual se quedan en nada después: ¿es justo expulsar a los inmigrantes cuando se les está condenando a una muerte segura en su país de origen? ¿es digno expulsar a una familia de su hogar sin que puedan aducir ningún motivo para evitarlo? ¿es segura una sociedad donde el gobierno legisla de espaldas a la pobreza y al desempleo desde la impunidad? Pues esa sociedad tiene una constitución llena de Derecho natural, se llama España y ya ve usted el resultado de concebir así el Derecho…

Un saludo.

Lo que sí le reconozco de positivo al Derecho natural es la legitimación del derecho de reacción frente a lo que considera injusto, aunque creo que se puede llegar igual a este punto con otras concepciones.

Enrique dijo...

En mi opinión, interpretar a Freud en el sentido que lo hace, parece hacer abstracción de que el hombre, como muchos animales, es social y esa interrelación con los demás condiciona su actuación y le permite adoptar roles distintos (derecho natural primario y secundario). Aunque haya quien parezca hacer abstracción de su razón, es precisamente ésta, la razón, la que limita y minimiza la “ley del más fuerte”. El animal no puede escapar del suyo dentro de su especie, el más fuerte es el jefe de la manada y cuando pierde esa fortaleza otro lo desplaza por la fuerza.
Luego parece confundir instinto (el hombre no está libre de él) y razón. En mi opinión, el rol del hombre (sus instintos) le conducen al hedonismo sin freno, si quiere, más a la maldad que al bien, es la razón la que domina este rol y convierte el hedonismo en algo positivo. Tan solo hay que observar al bebe, aun no tiene uso de razón y es hedonismo puro. Más adelante cuando empieza a razonar, puede controlar su egoísmo e incluso compartir. El animal no lo hace si no es por temor.
Respecto a la mujer o la sexualidad, también tengo otro punto de vista. La mujer y el hombre solo son iguales en cuanto a que ambos son personas y como tales, han de tener exactamente el mismo derecho ante la ley. Son tan personas jurídicas uno como el otro y tan libres uno como el otro. Pero eso no evita que sus roles naturales sean distintos y en ese sentido, en mi opinión, aunque ambos tienen la capacidad de alterarlos ( libre albedrio) cuando esa alteración se hace contra natura, cuando menos es peligrosa porque indudablemente acarreara otro tipo de problemas en su relación con ella misma y con los demás. La experiencia y la interacción social, naturalmente cambia las sensibilidades, pero hay que ser muy prudente en esto.
Todo lo que está en la naturaleza es natural, por tanto, el homosexualismo no es antinatural, está dentro del instinto, pero desde luego no es lo ordinario y la educación y el ambiente, no le quepa duda, puede alterar los porcentajes de aceptación o no a esa tendencia. Podría decir lo mismo de la promiscuidad, pero la experiencia dice que es peligrosa, porque el sexo tiene una relación muy directa con los sentimientos humanos y en muchas ocasiones el sentimiento herido provoca males muy graves. La razón del hombre que avala su libertad, debe paliar todo efecto negativo de una acción o tendencia, más cuando vive en sociedad, es por ello que considero se fundamenta el derecho natural en la razón, tendiendo a lo que es bueno y no a lo que es malo o peligroso para la interrelación del ser humano o para sí mismo.
Del aborto voluntario, le diré que lo considero antinatural, lo natural en la mujer es parir. Otra cosa es el aborto necesario. Amputarse una mano es tan antinatural como el aborto, no está en la naturaleza del ser humano. Pero la razón lleva a ello ante el riesgo de morir por gangrena. La naturaleza nos inclina a proteger la continuidad de la especie y a la integridad física, pero la razón nos indica cuando debemos violentar esa tendencia… es la libertad de la razón que no viola el derecho natural.
Le he contestado muy rápido porque emprendo viaje y no quería dejar de contestar su muy amable comentario… al menos en eso vamos avanzando.
Un saludo

Juan Carlos Sapena dijo...

Enrique:
Entiendo que su punto de vista es, como ya resumió Plauto en “Asinaria” y popularizó luego Hobbes con su “Leviatán”, que el hombre es un lobo para el hombre. No obstante, le subrayo que este punto de partida, el humanismo pesimista, es la justificación de las monarquías absolutas, por la necesidad de protección y como única alternativa frente al caos en que la vida “natural” con su ausencia normativa se traducía. Ya cayeron esas monarquías y el caos no vino…
Trae usted a colación el aspecto social, gregario, del ser humano como factor distintivo frente al resto de animales. Siento decirle que tampoco es exclusivo este matiz. Existen, por descontado, numerosas especies que se organizan dentro de complejas estructuras sociales, que definen marcados roles entre sus miembros y que admiten una jerarquía y una división de las tareas cotidianas. También en el reino animal se encuentran por doquier numerosos casos de simbiosis entre especies diferentes que colaboran para obtener un mutuo beneficio. Por otro lado, el uso de lenguajes complejos, incluso para nosotros, por parte de otras especies, como los cetáceos por ejemplo, e incluso la constatación de ayudas altruistas entre los miembros de la manada y diversas estrategias colaborativas apuntan a que en ellos opera algo más que un instinto codificado genéticamente o la ley del más fuerte como usted indica y los acerca a nuestros modelos de conducta. No obstante, ya le digo que la etología cognitiva se dedica por entero a este menester y a ella me remito. Lo que sobran son pruebas científicas, lo que falta es voluntad para aceptar la realidad y modificar nuestro razonamiento en base a ello. De hecho, en EE.UU. se está registrando una considerable resistencia frente a teorías científicas, como la de la evolución, por parte de pensadores destacados en la corriente creacionista….Forma parte del juego de la razón, supongo.
Sobre el bebé, un ser humano en formación, y el hedonismo, una crítica moral-religiosa-cristiana, no le veo acierto. No veo qué maldad puede haber en un bebé, lo siento y tampoco veo esa correlación suya de que la razón le inducirá a compartir. Más bien, la experiencia demuestra lo contrario, el adulto tiene una resistencia frente a compartir y una tendencia a acumular, al menos en nuestra sociedad occidental y a pesar de la educación empeñada en lo contrario.
Tampoco veo que tiene de no natural, y por tanto de mala, que una mujer no quiera ser dominada, física, social o psicológicamente, por los varones de su entorno. Es evidente que ha sido siempre así pero no veo porqué no puede cambiar esta asunción de roles cuando entra en juego la libertad ¿debemos mantener unos roles claramente injustos, por no equitativos, solo porque esa es la costumbre o por no ir “contra natura”? Lo mismo para lo que comenta sobre la homosexualidad, no veo donde está esa maldad ni porqué, desde la razón, no se puede llegar a ella. Desde la razón se llegará a la sexualidad sea ésta la que sea, digo yo. A este respecto me llama la atención que la homosexualidad en sí misma, como dice usted, sea “natural”, pero los actos homosexuales no lo sean y sean reprochados moralmente. Por último, si la promiscuidad tiene algún efecto negativo será por causa de las personas que no la admiten desde la intolerancia, los celos o el dominio sobre los que pretenden asentar su relación de pareja. Constrúyala usted desde el respeto y la aceptación libre del otro y ya verá como no hay tensiones ni enfados.

seguimos ---------------->

Juan Carlos Sapena dijo...

estamos siguiendo ----------->

Si me permite haré una reflexión general para explicar mejor mi postura porque creo que el debate de fondo es la conexión entre Derecho, sociedad y poder. Se puede admitir la utilización del Derecho por parte del poder como instrumento de control social aprovechando su coacción (iusnaturalismo) o se puede entender el Derecho como una herramienta que sirve a la sociedad para gestionar el conflicto inevitable de la alteridad, al margen del poder o evitando la utilización de éste porque su utilidad no va a ser preservar,mantener, imponer o legitimar un código moral concreto (el del poder o el de las élites dominantes) sino adecuarse a las demandas sociales actuales y evolucionar con ella. En el primer caso se pierde libertad, supuestamente con el viejo truco de ganar seguridad y como alternativa a un supuesto caos siempre anunciado pero nunca demostrado por el poder en la sombra escondido detrás de una formalidad mentirosa (criptonaturalismo o postpositivismo) En el segundo se gana, pues se refuerza, la libertad individual y el libre desarrollo del individuo al que se le facilita su convivencia. El primer caso requiere servidumbre intelectual (esta es la verdad y ya te la digo yo) en el segundo el sujeto debe activamente llegar a la verdad porque ésta cambia a cada momento junto con la realidad social (la verdad será lo que sea en cada momento, es múltiple y cambiante) El Derecho en este segundo caso es una herramienta de cambio, en el primero lo es de continuidad. No se entiende que, racionalmente, no se pueda llegar a la misma verdad por ambos caminos, no son exclusivos, pero sí son excluyentes y el papel de los individuos en uno u otro es sustancialmente opuesto. Por supuesto, el iusnaturalista es opaco a esta percepción del poder escondido detrás de generalidades (todos los hombres, siempre ha sido así) o principios de autoridad (la razón, la naturaleza, un ser superior, el determinismo, el imperativo moral) porque es una simple herramienta del mismo. Todas las dictaduras se califican como democráticas, incluso ésta nuestra aquí en España, y todas hablan profusamente de la libertad que conceden.

Pero es que es mentira, Enrique.

Un saludo y buen viaje.

Enrique dijo...

SR. Sapena
Tras el primer salto en mi camino, encuentro momento para contestarle. Seguramente ya no me será tan fácil seguir el blog a partir de mañana y mi seguimiento se hará intermitente e irregular.
A) Su primer párrafo me deja sorprendido. Reconozco que no lo entiendo más allá de que usted considera que “todo el mundo es bueno”. Pues si usted cree eso, enhorabuena pero yo no lo creo. La naturaleza humana tiene ciertas inclinaciones al mal, solo la razón, fundamento del derecho natural y este de cualquier otro derecho, pueden controlarlo, entre otras cosas, dada la imperfección humana, cosa que usted no parece tener en cuenta.
B) Luego compara casi igualando el aspecto social humano, que apellida gregario, con algunas especies animales que adaptan distintos roles en su organización. Discúlpeme pero esto ya me deja ciertamente patidifuso. Las hormigas no razonan aunque posiblemente sea una de esas especies que podamos poner de ejemplo. Como no razonan no progresan, siguen su rol natural desde que aparecieron en el mundo haciendo y viviendo en hormigueros. El ser humano es capaz, gracias a su razón de llegar a la luna y pasar de vivir en cuevas, a hacerlo hoy en casas ciertamente confortables.
C) Yo no he dicho que en el bebé haya maldad, eso lo interpreta usted, si he dicho que no tiene uso de razón aun. Si lo diría de un hombre normal que actúe como un bebe. Es cuestión de razonamiento.
D) Usted hace tabla rasa cuando dice que la mujer es o ha sido dominada social, física y psicológicamente. Personalmente opino, que en todo caso la historia de la humanidad ha ido (precisamente por la razón como parte de la naturaleza humana) flexibilizando los roles desde una concepción estricta a otros más abiertos. Y eso ha sucedido en general con los seres humanos cualquiera que sea su sexo o tendencia. En este asunto creo que las sensibilidades sociales cambian bastante más lentamente que corre la información con los medios técnicos actuales. Hoy no hay más que asomarse a INTERNET para ver que vivimos en un mundo de opinión permanente, con la circunstancia, de que muchos opinantes desconocen absolutamente lo relativo sobre lo que hablan.
E) Por ultimo su reflexión final soy incapaz de entenderla y créame que lo siento. En primer lugar creo que la alteridad, si plantea problema, este deviene más por fallos del carácter de las personas que del derecho propiamente dicho. Sobre el carácter de las personas, la educación y el ambiente, son dos factores importantísimos. Resolver los asuntos mediante el dialogo es un ideal, imposible a mi juicio si no se parte de un acuerdo moral. Y usted desecha la moral y quiere solucionar la alteridad ¡No lo comprendo!
Mi conclusión es: El existir humano, sin dejar de ser libre, está sometido a unas exigencias normativas que el hombre debe realizar. En las muchas posibilidades que hay en la originaria proyección humana se da un determinado número de exigencias esenciales cuya proyección es jurídica. Sin eticidad no hay derecho posible. La referencia al mundo de las valideces morales es imprescindible en todo verdadero ordenamiento jurídico. En el derecho natural se conjugan la inmutabilidad (Le llamaba derecho natural primario) y la abertura hacia la historicidad insoslayable de las situaciones convivenciales del hombre (le llamaba derecho natural secundario).
Lo siento querido Sr. Sapena, pero va a ser difícil apearme de esta burra. Veremos cuando regrese el profesor si nos ilumina a los dos en el asunto. Yo aún a mi edad, aprendo cosas cada día y también con usted he sacado conclusiones enriquecedoras.
Un afectuoso saludo

Juan Carlos Sapena dijo...

Enrique:
Dejando a un lado entrar en precisiones menores sobre lo expuesto, por las limitaciones del medio, déjeme decirle que entiendo su postura perfectamente (más allá, ya digo, de ciertas matizaciones secundarias) y considero que estamos alejados, sobre todo conceptualmente.

También creo que ambos planteamientos pueden conducir a las mismas soluciones. Yo ni quito ni pongo a sus planteamientos, critico desde mi razón como lo hace usted desde la suya. No me gusta la realidad actual y busco otro planteamiento.

Igual moral y Derecho son parte de un mismo concepto. Igual lo han sido hasta ahora y convendría separarlos. Igual, al final, solo hay miedo y poder. La libertad también requiere un esfuerzo, un salto en el vacío, un leve desvanecimiento, un abuso de la inteligencia (con un par de Kelsens)

Un saludo.