17 diciembre, 2006

Congreso razonable. Por Francisco Sosa Wagner

De vez en cuando se toman en España iniciativas bien encaminadas. Naturalmente pocos les prestan atención pues las que más atraen son las polémicas acerca de si somos nación, cáfila o simple partida de jugadores del parchís. Una de las ideas plausibles es la celebración de un Congreso para racionalizar los horarios españoles. Se trata de preguntarnos si nuestros hábitos son razonables o sería conveniente introducir cambios. Naturalmente no me refiero a la propuesta de uno de los partidos que gobiernan en Galicia -¡ah, tierra cercana y hermana!- de acomodar el horario de Lugo al de Manchester. A este asunto es preciso dedicarle la debida atención y así lo haré próximamente, añadiendo de mi cosecha algunas ocurrencias personales que pueden hacer muy emocionante la vida de los gallegos.
Lo del Congreso era otro asunto. Parece ser que el millar largo de empleadas de una empresa de fabricación de maletas y bolsos se plantó un día ante el jefe de personal para anunciarles que no estaban dispuestas a estar en la cadena de montaje por encima de las tres de la tarde. Entrarían a las siete, comerían de forma escueta y se marcharían en cuanto sonara la hora indicada. A regañadientes se aceptó la propuesta: dos años después, estas mujeres han aumentado la productividad, han reducido a un tercio el absentismo laboral y están contentas de cómo logran conciliar sus vidas laboral y familiar. Al jefe de personal lo ascendieron y le dieron la oportunidad de implantar el mismo régimen en otras dependencias de la empresa.
Este es el modelo tratado por los asistentes al Congreso. Sin duda porque es preciso convenir que vivimos en un disparate que carece de parangón en Europa. Un español viajado y cosmopolita como es Pedro Duque, que conoce bien lo que es la la curvatura del tiempo, ha tratado este asunto con ironía y certera expresividad: "Si llamas desde Alemania a cualquier empresa española a primera hora te dicen que aún no han llegado; a las 11, que están con el café; a las 14.00, que acaban de salir a comer, y a las cinco, cuando empiezan a regresar a los despachos, nosotros ya nos hemos ido porque acabó nuestra jornada laboral".
Esta es la realidad aunque tenga un punto de exageración pero la exageración siempre es conveniente cuando se trata de llamar la atención. Coincide con mi experiencia personal: en los años en que tuve que someterme a un horario bastante riguroso, cuando anduve en un cargo político en Madrid -entre finales del 82 y principios del 87, primeros gobiernos de Felipe González-, advertí el dislate que se practicaba en mi ministerio -en todos los ministerios- sobre todo por las tardes. Solía haber comida de trabajo que, como empezaba muy pasadas las dos, terminaba más o menos a las cinco. Comíamos bien, no en balde soportábamos el peso del Estado y este exige sacrificios en la dieta. Después había un rato de siesta, practicada en uno de los sofás del ministerio que cumplían así la misión para la que habían sido concebidos y traídos al mundo. La actividad se reanudaba a partir de las seis, hora en que se recibían visitas y personalidades venidas de provincias -que ya empezaban a abandonar esta aflictiva condición y pasaban a ser unas señoras Comunidades autónomas-. Hubo épocas en las que yo despachaba con el ministro los asuntos del Consejo de Ministros a partir de las diez y las once de la noche. No han cambiado mucho tales hábitos enloquecidos.
Esto es lo que tratan de cambiar unos españoles beneméritos. No lo conseguirán porque se trata de algo razonable y no estamos para excesos en este terreno. Cuando alguna vez se ha hablado de este problema en mi presencia y he expuesto la bondad del horario alemán -que conozco bien- he oído burlas y sonrisitas: “este quiere que nos vayamos a la cama como los lapones y que encima comamos carne de reno”. Así están las cosas de manera que seguiremos hasta horas avanzadas de la tarde e incluso noche perdiendo el tiempo.

20 comentarios:

tumbaito dijo...

Así que el pájaro este fue ministro en la época siniestra del felipismo.

...

tumbaito dijo...

¡Qué dije, Ministro! El-yo-soy-muy-muy-listo-y-el-pueblo-es-muy-muy-tonto-y-necesitan-un-secretario-técnico-que-les-joda no medró mucho.

¿Quizá no le iba la sosa?

IuRiSPRuDeNT dijo...

A nivel funcionarial deberían introducir la jornada partida. Ya de tener la fama de no marcarla por lo menos que les ocupe todo el día.

PD: Tumbaito no creo que fuera en la época siniestra del psoe, y creo que fue secretario de estado y uno de los mentores de la ley de bases de regimen local.

AnteTodoCómoAndaElPatio dijo...

Qué bien escribe este ciudadano (otra cosa que agradecerle al anfitrión).

Por lo demás: damit kämpfen Götter selbst vergebens...

Pero muy vergebens. Como decía Manquiña: A las pruebas me repito.

AnteTodo_DieJungfrauVonOrleans dijo...

La cita de Schiller de la que he abusado vilmente es: "Mit der Dummheit kämpfen Götter selbst vergebens"... (y ich gucke niemand bestimmtes an).

Antón L. dijo...

Creo entender que se preconiza generalizar la jornada continuada, y suprimir la jornada partida, y ello tanto en la Administraciòn como en la Empresa privada.

En la Administración, salvo en algunos servicios en los que es necesario trabajar 24 horas sobre 24 (sanidad, por ej.),ya es norma la jornada continuada, solo de mañana. Y en caso de tener que trabajar también por la tarde, o las 24 horas, se organizan turnos rotatorios. Esta jornada de mañana suele ser de 8 a 3, aunque en un buén número de organismos se trabaja realmente de 8:45 ó 9 a 2 ó 2:30 (Justicia, por ej.).

No sé como resuelven los alemanes los horarios de trabajo en aquellos servicios que funcionan las 24 horas (sanidad,policía, bomberos, controladores aéreos, personal de los transportes públicos, etc. etc.), pero no creo hayan suprimido los turnos rotatorios.

En la empresa privada, pasa un tanto de lo mismo. Hay empresas con jornada solo de mañana, pero muchas de ellas permanecen funcionando 24 horas (hostelería, transporte, comunicaciones, determinadas industrias, etc.) ó en mañana y tarde (restauración, comercio, etc.).

Y en los cargos de responsabilidad política, por lo general, no hay horario alguno, y siempre se está disponible, a la hora que sea.

Así las cosas, no parece sencillo imponer una única jornada para todo el mundo, ni para nosotros ni para los alemanes.

Lo importante, a mi juicio, no es tanto el horario como la productividad. Contrariamente a lo que se suele pensar, España es uno de los países europeos donde se trabajan más horas al año, pero sin embargo la productividad es una de las más bajas. Y ello no se debe solo al horario, sino a la deficiente organización de los recursos y, en la administración pública, también a la ausencia de controles de productividad mínimamente serios.

Por tanto, no basta con generalizar un determinado horario de trabajo, puesto que si no se adoptan también otras medidas para incrementar la productividad, ésta disminuirá más aún. Y, creame, incrementar la productividad no depende del mero voluntarismo de los trabajadores, como su ejemplo parece dar a entender, sino de mejoras técnicas y de gestión, aunque es deseable que una postura firme de los trabajadores obligue a las empresas a adoptar dichas mejoras, como tuvieron que adoptarlas para pasar de la jornada de 48 horas semanales a la de 40 horas.

Por último, pero primordial: mil cien millones de chinos, novecientos millones de indios, y otro tanto de otros países asiáticos tienen horarios de trabajo impensables para nosotros. Y ello en una economia global.

tumbaito dijo...

¿Cuándo metían a los vascos asesinados en sosa?

¿Acaso en los primeros años del gobierno González? Si es así este señor se echaba la siesta mientras sus compañeros asesinaban.

En relación con la ley de bases... creo que los marbellís nunca le podrán agradecer lo suficiente su ineptitud.

Pero... quizá no fue inepto y sabía lo que hacía. Aunque... buena fe se presupone. (¿Para usucapir?)

jajajajajajajajajajaja

roland freisler dijo...

Tumbaíto
nadie ha habido más asesino en ESPAÑA que los miembros del PSOE (me refiero unicamente a quienes los ejecutaron)y el que no se enteró de nada, es decir, el mafioso Filipo di Gonzalo (como le llamó El Jueves). Sin que, en mi opinión se haya producido una verdadera reinserción social de ciertos criminales como Vera, Galindo y Barrionuevo, ya que, si eres acompañado a la cárcel entre abrazos y vítores y a una cárcel chachi piruli, pues de prevención general poca y especial ninguna, retribución algo, pero poco. Así hubiese querido Luis Candelas que se las pusiesen.
Pero en la crítica que hace al maestro Sosa Wagner, 1º.- no todos los altos cargos de todos los ministerios se tienen por qué enterar de todas las andanzas macabras de otros ministerios, en especial los intelectuales.
2º.- Un delincuente no delinque porque exista una ley de bases u otra ¿o sí? Sería interesante que nos respondiera Garciamado.
3º.- ¿ineptitud Sosa Wagner?, en mi modestísima opinión, su manual de Derecho local es lectura imprescindible para cualquier jurista.

Antón L. dijo...

¡Pero qué gracioso, Tumbaito, cuanto ingenio ! Por cierto, antes de meter en sosa a los vascos los dejaban ... tumbaítos. Era condición imprescindible. Que bueno,cuanta risa me da. Casi tanta como cuando oigo a los de ERC.

tumbaito dijo...

Usted que le tiene a mano: ¿en ese libro caracteriza competencia?

roland freisler dijo...

Manual de Derecho Local.9ªedición,pgs 55ss.Ed Thomson Aranzadi
No caracteriza competencia en singular, si va Vd al detalle. Vaya más al fondo ¿qué quiere Vd significar con ese detalle?

tumbaito dijo...

En un manual de derecho local no hay una caracterización de competencia?

jajajajajajaajajajajaja

roland freisler dijo...

Tumbaíto, en todo caso, es una cuestión opinable.

tumbaito dijo...

¿Qué es opinable? Es como abrir un libro de neurología y que no haya descripción de neurona alguna.

Coja ese librajo y tírelo por la ventana.

roland freisler dijo...

Tumbaíto, no es lo mismo la analogía que Vd propone ya que sería, en su ejemplo, un libro de neurocirugía que no definiese neurona en singular. Ya sabe Vd que hoy por hoy yo y la gramática, por desgracia y tratando de mejorar, como que todavía no somos muy troncos, por lo que no puedo decirle si competencia en singular es equiparable a competencias, yo creo que el maestro Sosa Wagner se refiere a ellas (con todas las cautelas en interpretarle)como cuotas de poder político, entonces en singular competencia sería cuota de poder político, pero puedo estar diciendo una barbaridad gramatical o administrativa. Por lo que si algún amigo del blog tiene a bien corregirme me lo tomaré muy a bien y agradecido.
El manual que Vd llama librajo, no se lo pienso tirar ni a la cabeza de un enemigo cuando no tenga otra cosa en la mano o a mano. Insisto en que lo considero de lectura obligatoria para cualquier aprendiz de jurista como somos Vd y yo.
Yo más bien decía que era opinable el no definir competencia en singular, quizá se da por sentado, se citan sentencias que quizá si se toma uno la molestia contengan la definición del singular. En todo caso el autor tomará cuenta de ello, sin duda. Fuera aparte, yo sigo opinando que a Sosa Wagner hay que escucharle (aparte de leerle),oirle con atención.

Anónimo dijo...

Cuanta Dummheit arrogante anda suelta por el mundo... no puedo sino aplaudir a antetodo por decir lo que creo que todos pensamos...

El intercambio serio y con ánimo de aprender que caracterizaba hace algún tiempo al blog se está perdiendo, en mi modesta opinión, por tanta tontería de algún pseudointelectual que se cree God's gift to this world... ¿o quizá sencillamente God?

Ojalá pueda recuperarse el espíritu inicial.

Anónimo dijo...

Internet es una gran cosa: permite que un analfabeto funcional y uno de los mejores administrativistas del país escriban (aparentemente) en el mismo sitio, a pocos centímetros en la pantalla, aunque la distancia verdadera es sideral e insalvable. Quo usque tandem abutere tumbaito?

tumbaito dijo...

El analfabeto funcional soy yo; sí, tiene razón.

Ahora bien, ¿quién dice usted que es uno de los mejores administrativistas?

Creo que nadie dudará de que si existe algo así como el conjunto de los grandes administrativistas en ese conjunto estará Enterría.

¿Tan alfabeto es usted que quiere poner en el mismo conjunto al leguleyo del despiporre municipal -por cierto, mi familia lleva décadas pasándose por el forro ese bodrio- que a Enterría? ¡Por Dios! ¡Un poco de vergüenza!

Anónimo dijo...

¿Se siente a gusto saboteando un blog ajeno con sus estupideces?

tumbaito dijo...

no especialmente pero meditaré profundamente el asunto durante la cena de hoy