04 enero, 2009

Pildorillas dominicales (2)

Los que desean perpetuarse en sus hijos suelen ser los que no tienen nada que merezca ser perpetuado.

Padre e hijo eran ante todo amigos. Ambos coincidieron en la adolescencia, pese a la diferencia de edad.

La familia es la célula básica de la sociedad, gritó el macho dominante a toda la manada.

Me casaría con él a ojos cerrados, dijo. Y así fue. RIP.

Marido y mujer se compenetraban tan bien que parecían amantes. Un día, cayeron en la cuenta del detalle y se divorciaron para seguir así.

Trátame como si fuera tu puta, le suplicó su mujer en pleno ardor. Y él comenzó: verás, mi mujer no me entiende porque...

¿Por qué los mayores defensores de la familia tradicional suelen estar o haber estado enmadrados?

Una de las frases habituales de las esposas que más emocionan a los maridos: voy a depilarme, que tengo cena de la ofi.

Ya sé por qué a los niños los mandaban al limbo.

¿Los niños que van al cielo crecen o siguen así todo el rato?

Tomó la pistola, la puso en su sien, apretó el gatillo delante de todos. La Asociación de Padres de Alumnos presentó una queja formal a la Inspección por las malas formas del profesor y su poco respeto a los chicos y chicas de su aula.

Cerró los ojos y alcanzó el clímax. Pero luego no se atrevía a reabrirlos.

Su marido deliraba. Los médicos le habían dicho que le quedaban pocas horas de vida. ¿De quién era ese nombre que repetía? ¿Por qué volvía a sonreír, después de tantos años?

Fue una orden terminante del Consejo de Rectores: quémense los libros de las bibliotecas universitarias para ampliar las salas de juntas y comisiones.

La jaqueca sólo es atenuante cuando el sexo es una pena.

¿Por qué Dios no tiene pareja?

Lo torturaron hasta la muerte. Dos mil años después, la gente llevaba colgadas esculturillas representando esa dura agonía.

Aquí y ahora sería delito forzar al Hijo a un destino así.

Un año de esta manera, paralizado en esta cama de hospital, dicen que en coma. Y contando cada vez los días que faltan para el turno de la enfermera con voz de grillo y manos de seda que me asea con esa maña encantadora.

Era la famosa curva donde en las madrugadas se aparecía a los automovilistas la joven con un velo blanco. Esta vez eran muchas, un enjambre de mujeres desnudas que se abrazaban y reían. Algunas se besaban. No me atreví a parar.

Ten en cuenta que no hay crimen perfecto. Fue lo último que me dijo. Luego expiró.

Cuando se despertó la mujer seguía allí.

1 comentario:

roland freisler dijo...

De todas las pildorillas , la que es mas intrigante es la referida al crimen perfecto. Es la obsesio de todo gran estudiante del derecho y llevado al cine con gran maestria interpretativa de Stewart Granger.