23 agosto, 2009

Represores, pacatos y tontainas

Así nos estamos volviendo, en mi opinión. Vi esta mañana en El Mundo una noticia que a la primera me pasó medio desapercibida. Pero me quedó una inquietud ahí latiendo y volví atrás para mirar con más calma. La noticia va con el siguiente titular: “Se traga la tarjeta del móvil tras grabar a niñas desnudas en la playa”. Sucedió en Gijón, mi tierra, pero eso es lo de menos. Lo de más es la historia en sí y que estas cosas puedan pasar así hoy en día. Resulta que un señor de cuarenta años estaba grabando con su móvil, en la playa -ojo, en la playa-, a dos niñas de seis y diez años que se duchaban desnudas. El ciudadano de guardia -siempre hay varios, cada día más- llamó a los guardias y cuando éstos iban hacia el hombre, éste se tragó la tarjeta del móvil para disimular, cosa que después reconoció, supongo que cuando lo achucharon bastante. Luego vino un padre a denunciar que él también había visto cómo grababa a su hija. Así acaba la noticia.
Como anécdota puede tener su gracia eso de que alguien se coma una tarjeta de móvil ante el miedo a la policía municipal y a los virtuosos ciudadanos que le pueden arrear una panadera. Pero no sé si alcanzará para ser noticia de tirada nacional. Quiero pensar -ya me dirán los amigos penalistas- que delito o falta no habrá cometido ni por el hecho de grabar ni por comerse tan sofisticado artilugio. ¿O sí?
¿Qué nos está pasando? ¿Habría ocurrido lo mismo y también sería información de interés si a las niñas las hubiera filmado vestidas de calle o con su bañadorcito? ¿Influiría que el bañador fuera enterizo, de dos piezas o sólo de una? Si el mal deriva de la desnudez de las niñas, tendremos que concluir que sufrimos un ataque colectivo de pudibundez. ¡A estas alturas! Pero si hay algo tan malo en la contemplación, al natural o en foto, de unas niñas desnudas, deberíamos comenzar por hacer el reproche más terminante a los padres que así las dejan exhibir sus cuerpecitos. ¿O es que alguien se pone nervioso al pensar que ese pobre diablo se iba a masturbar en su casa contemplando sus grabaciones? ¿Se trata de protegerlo a él contra el vicio nefando que puede dañarle la médula espinal, como si hubieran vuelto aquel general pequeñajo y su corte de sotanas?
Replicará alguien que el peligro está en que puede ese sujeto poner la película en internet y hasta comerciar con ella. Si se trata de eso, estaríamos, creo, ante una versión extrema de lo que los penalistas llaman el adelantamiento de las barreras de punición, aunque en este caso sea una punición moral y mediante amenaza de unos municipales. Eso ya debe de ser más que un delito de peligro muy abstracto, es la idiotez como pandemia. El acabóse.
Otro detalle que también tiene su miga. El periódico no sólo cuenta el caso y dice la edad del señor, sino que da su nombre, que no es de los más comunes, y las iniciales de sus apellidos. Se ve que los policías lo obligaron a identificarse y, además, entregaron sus datos a algún periodista. La sanción social ya está en marcha. Si esto fuera un Estado de Derecho como es debido, ya debería ese ciudadano estar reclamando una indemnización.

9 comentarios:

Tomás dijo...

Acabo de leer que, además, han registrado su vehículo y su domicilio, y se han llevado todo lo que han podido de ordenadores y discos duros, en los que no se sabe qué esperan encontrar. ¿Qué clase de juez ha autorizado esa entrada y registro, reservada para los delitos graves? Yo no entiendo nada.

irichc dijo...

Completamente de acuerdo. Imaginemos una situación similar que no habría causado alarma social de ninguna clase: una mujer graba a unos niños desnudos en idéntica circunstancia. Es todo una cuestión de prejuicios y clichés del populacho, inculcados por el histerismo irreflexivo e inconsecuente de la prensa.

Anónimo dijo...

No sé si lo tengo tan claro: si yo, adulta, estoy en la playa en bikini tomando el sol tranquilamente, ¿puede un individuo o una individua ponerse delante de mi y grabarme o sacarme fotos con su móvil o con una cámara? Una cosa es salir casualmente en una fotografía que alguien está haciendo, y otra que te la saque a tí alguien que no te conoce de nada. Yo creo que no debería poder hacer eso, por mucho que yo esté en una playa pública. La presunción de culpabilidad por fotografiar a niñas y todo lo que viene después es otro tema distinto, y sí creo con ustedes que aquí la presunción de inocencia se enerva con demasiada facilidad... Pero lo que ya no tengo tan claro es que podamos ir por ahí fotografiando y grabando a particulares desconocidos, sea con los fines que sea.

AnteTodoMuchaCalma dijo...

¡Toda la razón! Qué triste que publicar algo tan razonable hoy sea casi heroico...

Garciamado dijo...

Estimada Anómim(a):
Seguramente estamos de acuerdo en lo esencial. Pero quizá convenga detenerse un momento en la duda que usted plantea al principio de su comentario. Cuando usted pregunta si "puede un individuo o una individua" ponerse a hacerle fotos o grabarla mientras usted toma el son en bikini, la clave está en el significado de "puede". Ese comportamiento por lo general no se considerará socialmente correcto, se tendrá por un atrevimiento, por descaro del sujeto que así proceda. En consecuencia, la reacción normal y habitual será que usted le diga que la deje en paz o que cualquiera le llame la atención por interrumpir su descanso o su relajación sin motivo razonable y socialmente admisible. Ahora bien, esa conducta de tal sujeto no vulnera ninguna norma jurídica y, en consecuencia, no conlleva ninguna sanción de ese tipo: ni multa, ni cárcel ni nada de eso. Es lo mismo, a ese respecto, que si alguien trata de colársenos en la cola del supermercado, si alguien habla demasiado alto en la mesa de al lado del restaurante o si se pone a dar la tabarra con su móvil en un vagón del tren, por ejemplo. Podemos pedirle que deje de actuar así o decirle cuatro frescas, pero no tendría sentido que llamáramos a la policía alegando que su móvil puede ser robado o que tal vez estafa a Telefónica: ni es razón para que la policía lo detenga y lo registre ni, mucho menos, para que su nombre aparezca en los periódicos. Al menos mientras no queramos construir una sociedad policial y muy represiva.
Saludos cordiales.

roland freisler dijo...

Como pinchando el enlace que nos pone el profesor desde mi ordenador no consigo acceder a la noticia no puedo opinar a fondo.
Ahora bien, escribe Garciamado "...deberíamos comenzar por hacer el reproche más terminante a los padres que así las dejan exhibir sus cuerpecitos..." Faltan datos, insisto, pero un padre puede dejar que esas niñas estén desnudas por x razones , por ejemplo, que se hayan rebozado en la arena. Pero al matizar Garciamado que los padres dejan a sus niñas "exhibirse", está diciendo que las niñas tratan de que las vean, de llamar la atención. Desde ese punto de vista su razonamiento es correcto ,si los padres exhiben a sus hijas ¿de qué se asustan luego si las graban? es una contradicción.
Me gustaría que Irich dijese en que datos empíricos basa su opinión de que si fuese una mujer sería diferente, porque si no es una apreciación subjetiva, sería como decir si el que grabó hubiese sido Florentino Pérez o Cristiano Ronaldo hasta le piden un autógrafo.
Habría que saber en que actitud estaba grabando el mencionado individuo lo primero.

Carmen dijo...

Tal vez, el quid de la cuestión sea la diferencia entre paidofilia y pederastia.
Si el tipo se hubiera limitado a observar, con un hilillo de baba precipitandose por la comisura de su boca, a las nenas mientras se duchaban ¿se hubiera llamado a la poli?
¿Y si se trataba de un fetichista, de pies, manos, orejas, nariz...?

Un cordial saludo.

roland freisler dijo...

A raíz del comentario de Carmen
Es que faltan muchos datos, porque también pudiese ser que las niñas fuesen extremadamente gruesas o feas o estaban llenas de piercings y tatuajes que cualquiera hubiese grabado dicho fenómeno.
Y pregunto a Anónima si es Brad Pitt o Di Caprio o Almodóvar el que se pone a sacarla fotos y vídeos de repente ¿la parece mal aunque las rodillas la hagan de sostén?

Anónimo dijo...

Estimado Garciamado: veo por donde va su réplica pero aunque yo esté de acuerdo en que el comportamiento de ese individuo no debe merecer sanción jurídica, no estoy de acuerdo en que su conducta sea análoga a colarse en el supermercado o hablar muy alto en la mesa de al lado o molestar con el móvil. Cuando sin nuestro permiso se llevan nuestra imagen y lo hacen adrede -no porque coincide que estás en un lugar público y sales en una foto que alguien ha hecho también de casualidad- se están llevando algo que, a la larga, puede afectar a nuestra intimidad y a nuestra privacidad. Cuando el Estado nos graba con telecámaras en las vías públicas, exigimos jurídicamente que se nos garantice un buen uso de esas imágenes: exigimos que se utilicen sólo para los fines jurídicamente establecidos y no para otros, exigimos que se respete nuestra privacidad, exigimos que después de un tiempo sean borradas. Si tomamos tantas precauciones ante el Estado, ¿por qué nos fiamos tanto de las buenas intenciones de un individuo desconocido al que le da por filmarnos en top-less en la playa? No se trata de anticipar ninguna barrera punitiva, ni creo que haya que castigar esa conducta como si ya hubiese colgado las fotos en youtoube y toda nuestra familia asistiese escandalizada a nuestro furtivo topless en internet -si ese fuera el caso-. Obviamente sacar la foto y el uso que se haga de esa foto son dos cosas distintas. Pero ¿qué pasa si yo me doy cuenta y exijo al individuo que borre mi fotografía de su cámara? ¿Qué pasa si no quiere hacerlo? ¿Le doy una hostia? ¿Y si es él quien llama a la policía y termina acusándome a mi de causarle lesiones? Jurídicamente y de hipotética lege ferenda, ¿tengo más derecho yo a controlar mi imagen y quién la tiene, o él a sacarme una foto porque le gustan, pongamos por caso, mis pies...? Yo creo que precisamente para que la sociedad sea muy libre y cada uno de nosotros pueda hacer con su libertad lo que quiera, absolutamente todo lo que quiera, si algo hay que preservar celosamente y proteger jurídicamente es la intimidad y la privacidad. Y eso vale para la foto en topless en la playa y para cualquier foto en cualquier calle de cualquier ciudad entrando en un local cualquiera. Una sociedad en la que cualquiera, con un telefonito, pueda ir sacando imágenes de cualquiera, me parece mucho más peligrosa que una sociedad en la que esos comportamientos se repriman.
Un saludo