Quien
pudiera y supiera debería estudiar reposadamente por qué una sociedad tan
anómica clama de esta manera por justicia y contundencia de los jueces. Es como
si los equipos de fútbol que todo el día anduvieran amañando partidos y entrenando
patadas para lesionar a los contrarios se pusieran a gritar que aquí hacen
falta árbitros rigurosos y una Federación muy seria. Primero con las actitudes
muy extendidas se convierte en fosfatina el reglamento y después nos quejamos
de que sus aplicadores no persigan a los malos. Los malos que, naturalmente,
son los otros. Y, para mayor inconsecuencia, con la presión sobre los jueces lo
que estamos poniendo en solfa son las garantías de todo justiciable; o sea, las
nuestras, si se tercia o cuando se tercie.
Me
viene la pequeña reflexión a cuento de lo siguiente. Amigos que mucho estimo y
que tengo por ejemplarmente honestos se me han mostrado compungidos y perplejos
por causa de una sentencia en el caso que paso a recordar sumariamente. Se
acordarán muchos aquel escándalo en la Universidad de Vigo, cuando se descubrió
que un grupo de profesores había plagiado (o copiado, o como se quiera decir)
un buen trozo de un artículo científico. Lo que se supo fue que publicaron como
original y suyo un trabajo en el que al pie de la letra se “fusilaban” unos
buenos fragmentos esenciales de una publicación anterior de un grupo de
investigadores chinos. La dirección de la revista montó en cólera y el asunto
fue recogido en la prensa española y alemana y bastante comentado en los
ambientes académicos de nuestro país. El plagio por estos lares está a la orden
del día, bien lo sabemos, por desgracia.
En
aquella Universidad, la de Vigo, se crearon comisiones para investigar el
suceso y ver si cabían sanciones o medidas de algún tipo. Se concluyó que no
había ilicitud ninguna en dichos comportamientos y que, a lo más, había habido
descuido y defectuosa praxis, falta de cuidado o negligencia de algún becario o
similar, pero plagio no y nada que mereciera castigo o reproche serio. Durante
ese tiempo los autores del hecho no sólo siguieron en sus puestos y labores,
sino que hasta ascendieron y fueron haciéndose con puestos de mayor
responsabilidad académica. Es más, al mismo grupo la Xunta de Galicia le
concedió una jugosa financiación como grupo investigador de excelencia. Quienes
protestaban por todo eso recibían reproches y acusaciones de obrar mala fe.
Estando
el tema todavía en el candelero, uno de aquellos investigadores y destacado
firmante del problemático artículo fue seleccionado para recibir premio
extraordinario de doctorado de la Universidad de Vigo. La comisión que había
otorgado dicho premio alegó que se había limitado a aplicar los baremos y
criterios formalmente vigentes al efecto. Con esto creció el escándalo y, a
ultimísima hora, en supremo órgano de gobierno colectivo de esa Universidad
votó que se retirase dicho premio, premio que al fin no se le entregó al
profesor de marras. Éste recurrió a los tribunales y acaba de salir lasentencia del Tribunal Superior de Justicia de Galicia que le da la razón. Lo
que, al parecer, dicha sentencia recuerda es que entre los criterios que el
baremo correspondiente incluye no hay ninguno que permita negar el premio por
“mala praxis”. En otras palabras, y según entiendo, que si el profesor cuenta
con los méritos que formalmente le han sido reconocidos y no retirados y si no
ha sido objeto de sanción ninguna, el que ahora la Universidad se escandalice
no puede ser motivo jurídicamente válido para negarle la mencionada distinción.
También cabría decir que no parece de recibo que vaya la Universidad contra sus
propios actos, pues fue el propio Consejo de Gobierno el que se negó a ver
ilicitud en aquella conducta anterior.
Aun
con mi indignación previa por el tema de fondo, lo que trato de indicar es que
tiene muy poco sentido descargar en los jueces las responsabilidades de otros y
pretender que los jueces respalden una sanción simbólica que, amén de muy
dudosamente legal (esto es lo que el Tribunal resalta) sirve para dejar las
cosas capitales como estaban, pero dando la impresión de que algo se ha
solucionado.
El
Tribunal no estaba resolviendo si hubo plagio o no, y con ello atentado contra
la propiedad intelectual. Tampoco le correspondía al Tribunal dirimir la
posible disputa sobre la honestidad académica y científica de los implicados en
el plagio aquel. La sentencia dice que no fue conforme a Derecho la retirada
del premio de doctorado concedido por la comisión competente y en aplicación
del baremo establecido. En un baremo tal ni estaba ni puede estar el criterio
de ser buena gente o un poco pirata. Así que a buenas horas, mangas verdes, o a
burro vivo, la cebada en el pesebre.
Yendo
la fondo del caso y al margen de consideraciones legales y garantías
procesales, es evidente que la Universidad como institución, su autoridad y sus
órganos de gobierno no habían puesto ningún interés ni en que el plagio se
investigara a fondo ni en que se calificaran con objetividad los hechos ni en
que sancionara a los culpables académicamente y jurídicamente, si culpa habían
tenido. Y ahí es donde le duele. No cabe rasgarse las vestiduras porque los
jueces no enmienden el entuerto por la Universidad tolerado y al que la propia
Universidad trató de echar tierra encima. Porque si hubiera habido ilicitud y
culpa, las medidas a tomar no pueden consistir en retirarle extemporáneamente
el premio de doctorado a aquel profesor. Eso viene a ser (salvando las
distancias que haya que salvar) como si al homicida le decimos que tranquilo,
que no fue él o no queremos condenarlo ni que se vea en juicio el homicidio,
pero luego lo expulsamos del club de tiro o le quitamos la medalla de buen
tirador. ¿Por homicida? ¡Pero si nosotros mismos hemos dicho que lo suyo no fue
homicidio ni nada y que es un bendito de Dios!
Es
la tónica general del país. Aquí cualquiera hace sus tropelías y los colegas,
los compañeros y las instituciones miran para otro lado o, incluso, le echan un
capote y lapidan al mensajero o al que denuncia, al grito de que los trapos
sucios se lavan en casa o de que tire la primera piedra el que esté exento de
falta. Somos en ese corporativos y solidarios con el truhán. Eso sí, cuando los
jueces absuelven al mismo al que nosotros hemos protegido y amparado, nos
quejamos de los jueces y de cómo está la Justicia.
Las
mil y una corrupciones se acabarían desde el instante mismo en que los
compañeros dieran la espalda al malandrín, cuando dejaran de reírle las gracias
o de buscarle atenuantes caseros, cuando dejaran de calcular mezquinamente si
les conviene estar a bien con el que saben deshonesto. Y, por supuesto, cuando
cualquier rector, por volver al ejemplo universitario, estuviera seguro de que
tapar al que no es honrado no le dará votos, sino que se los quitará. Pero es
exactamente al revés, ya se sea rector, alcalde o presidente de Comunidad
Autónoma o del Gobierno de la Nación, los votos no merman, sino que engordan
cuando la autoridad se pone de parte del pícaro o el ladronzuelo. Y eso, ay, no
muestra la maldad de las autoridades, tampoco la de los jueces en ocasiones
como ésta. Lo que queda retratado es nuestra propia inanidad, la miseria moral
de los que se identifican con el pillo y le dan palmaditas en la espalda y le
reiteran su simpatía, de los pescadores de río revuelto que hacen esos favores
para recibir algo a cambio, de los que se suman a la masa amorfa que vilipendia
al que denuncia, de los mierdecillas que opinan que hay que lavar en casa esos
trapos sucios para que nada suceda y ningún descrédito salpique a todos.
Y
los peores, los indudablemente peores, son los de la mayoría silenciosa; aunque
ahora critiquen un poco y por lo bajinis a los jueces. Al fin y al cabo, los
dichosos jueces no son de los nuestros y, ya puestos a cargar con culpas, quién
mejor que ellos. Nosotros, el resto, tan tranquilos con nuestras clasecitas y
nuestro cafelito y a ver si me nombran un día de esto director de algo o
presidente de una comisión de cualquier cosa. Ratoncitos felices y pululantes,
moscas que siguen a la vaca para ver cuándo les regala una boñiga suculenta.
3 comentarios:
Como de esto no se va a informar lo dejo en esta pagina libre :
"
Dos hombres fueron asesinados a balazos hoy ante las puertas de una oficina del partido neonazi griego Aurora Dorada en las afueras de Atenas, informó la policía, en el barrio ateniense de Neo Iraklio.
Las dos víctimas, de 22 y 26 años, fueron abatidos desde una motocicleta en la que iban dos personas, informó la policía, que ha lanzado una operación de búsqueda. El portavoz de Aurora Dorada, Ilias Kasiriadis, ha informado de que las dos víctimas eran miembros del partido.
Según ha informado el diario griego Kathimerini en su edición digital, las víctimas eran responsables del partido, uno de ellos secretario local de la formación política.
Se cree por el momento que los responsables de los disparos son dos hombres armados con un fusil AK-47 que dispararon desde una motocicleta en marcha. Una de las víctimas falleció en el acto. La segunda murió de camino al hospital, según informa la cadena griega Skai. La Policía todavía no ha dado a conocer las circunstancias del suceso."
Profesor :
El odio es muy grande, mataron a estos camaradas míos griegos como a perros.
Creo que en lo humano sea comprensible sentir un dolor desgarrador por la trágica perdida de dos jóvenes que luchaban para que Grecia no sea pasto de una inmigración excesiva.
Se dice que tal vez la razón sea la muerte de un rapero, pero si a efectos dialecticos aceptaramos el ojo por ojo, el rapero era uno y estos fueron dos y un malherido por lo que no salen las cuentas.
La lucha está en Grecia, las Temópilas cobran actualidad, en cuanto pueda me largo para allá, siento el mismo deseo de largarme para allá que Vd cuando quiere largarse de aquí. Le comprendo.
Amigo Roland: tiene razón, Grecia le necesita. Corra, corra a ayudar a sus camaradas en esta hora oscura y, sobre todo, no reserve billete de vuelta.
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