15 mayo, 2010

Nuestro hombre en Helsinki. Por Fernando Losada

El texto lo publico con su permiso, pero el título lo he puesto yo. Esta mínima introducción también. Seguro que él no me la autorizaría.

Fernando Losada es un joven doctor en Derecho, especialista en Derecho europeo y autor de una magnífica tesis doctoral defendida no hace mucho ante un tribunal con algunos miembros de gran lujo. Es honesto, culto, buena gente. Y gallego internacional, del mismísimo Vigo. Habla variadas lenguas, sin contar el gallego. Ha sido becario en diferentes universidades y centros de investigación de España, pero ya no tiene sitio aquí. Está todo lleno, bien sabemos por qué y por quienes. Así que ha cogido el petate y se ha marchado a Finlandia, contratado allí por un puntero instituto de investigación en asuntos jurídicos y políticos. A los finlandeses no les ha importado que no sea de una parroquia cercana ni hablante de algún dialecto local ni pelotas de jefecillos. Se lo han llevado por su currículum y les basta que hable un buen inglés y un buen francés. ¿No tendrán familias allá? ¿No valorarán la amistad? ¿No se intercambiarán favores y prebendas? País extraño, no me digan que no.

Pues Fernando ha enviado a los amigos esta crónica de su llegada a Helsinki y seguro que a muchos amigos de este blog les gusta saber cómo se siente en ese trance un joven español expatriado por amor a la ciencia. Léanlo:
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Después de algunos retrasos, comprensibles dada la situación, procedo a relatar mis primeras impresiones tras mi llegada a Helsinki. Antes de nada, un poco de "el durante", esto es, el viaje. Hacía escala en Copenague, así que me resulto imposible no establecer una primera comparación entre los dos tramos. En el primero, Madrid-Copenague, gente
hablando a todo volumen, e incluso se podría decir que sin muchos modales, acerca de qué harían en Copenague. En el segundo un silencio sepulcral. No sé qué será mejor, pero dadas las condiciones de mi viaje, preferí el segundo, con mucho. Parecíamos personas viajando en un avión y no borregos aerotransportados (y no era por el aparato, no, que eran muy similares ambos).

Bueno, llego al aeropuerto y mi primera sorpresa es al comprobar que Helsinki no tiene como terminal un edificio suntuoso con tropecientas tiendas y cafeterías en el que puedas perderte. Era más grande que el de Vigo, sí, pero no mucho más. Ojo, hablo de la terminal, porque fuera tenían comunicaciones estupendas con el centro de la ciudad. En el transcurso de ese traslado voy escuchando en la radio lo que parece un pop folclórico que no me esperaba escuchar por estos lares. Y ya llegando al centro de repente suenan los acordes de... ese tema de Roy Orbison que es imposible no conocer...

tara tara taaaan...
tara tara taaaan...
taratarataratara
taratarataratara
"Kaunis nainen!" Walking down the street*
"Kaunis nainen!" The kind I like to meet*
...
*(también en finés, claro)

Vamos, que lo primero que aprendí a hacer en Helsinki es aguantar la risa. Y lo segundo, decir "mujer guapa". ¡Ahí es nada!

Llegué al hostal que me sirve de base de operaciones durante este primer mes y salí corriendo a ver la ciudad. Estaba nublado pero la temperatura era agradable, y empecé a descubrir algunos edificios más que interesantes. De hecho, la entrada me había decepcionado un poco, porque eran sobre todo edificios de estilo soviético (influencia que no está perdida del todo, pese a que quieran desprenderse de ella), hormigueros impersonales, pero en el centro de la ciudad las cosas son muy distintas:edificios modernistas, racionalistas, muy variados, pero siempre con alguna sorpresa en sus fachadas, siempre distintos, originales. ¡Igualito que en España! Hay que reconocerles que tiene muy buen gusto estos fineses... de momento, y a falta de ulteriores incursiones en la arquitectura local: Finlandia 1 - España 0.

Después de darme un paseíllo, charlé un rato con un "rey pescador" que se me acercó mientras observaba maravillado la estación central (un tipo que parecía salido de una peli de Terry Gilliam, casi un muppet de Jim Henson, con sus blancos pelos largos y sus gestos de marioneta; ¡De hecho se parecía a Zoot! Un link que me recuerda a mi infancia para quien no le conozca: aquí. ¡Y, ya puestos, un par de bromas de músicos que acabo de encontrar! Aquí y aquí. Bueno, a lo que iba, charlé un rato con el hombrecillo este, que decía ser guitarrista y que le dio un punto raro y se largó así como vino: de improviso. Después del paseíllo me pasé por un supermercado para comprar frutas (cinco al día, ya sabéis), pan, yogures y quesos. Gran elección, como veréis. Por cierto, que sepais que en Helsinki tenéis Vivesoy de Pascual y gazpacho Gvtarra, para que no os los traigas al venir... Llego al hostal, me tomo alguna cosilla, contacto con la familia y a la cama.

Al día siguiente tomo posesión de mi despacho, conozco a alguna gente en la universidad y me lanzo a la búsqueda de piso. Pero vayamos por pasos. Lo primero, los trámites administrativos pertinentes cuando uno cambia de país y que dan lugar a lo que los juristas llamamos el "administrative trap": que si te tienes que abrir una cuenta en un banco finlandés, pero para hacerlo necesitas un contrato de trabajo; que si para el contrato necesitas una cuenta bancaria nacional; que si ir a la policía de inmigración a conseguir el papel para registrarte, para lo que necesitas el contrato de trabajo; que si ir al registro civil para notificar que vives en Finlandia antes de que pasen siete días desde tu llegada, aunque sin una dirección definitiva no es posible registrarse; que si la seguridad social precisa de tu registro para darte de alta; que si la tarjeta fiscal sólo te la dan cuando todo lo hayas completado... y sin ella no te pagan. Vamos, que el guirigay administrativo/burocrático es propio de todos los países (Finlandia 2 - España 1). ¡Pero, eso sí, qué educación la de los funcionarios finlandeses! Cada vez que recuerdo la cara de la funcionaria francesa ante la que tuve que gestionar mi "Carte de sejour" en París... Ahora entiendo por qué en inglés se dice "civil servant": son servidores públicos y nos tratan con respeto porque ESTÁN PARA SERVIRNOS. (Finlandia 3 - España 1).

Un par de días se me fueron con estas cosas (bueno, hay trámites que siguen aun pendientes, pero algo que he comprobado aquí es que las gente es eficiente: en un par de días a lo sumo los trámites se solucionan). Sigamos. Llegamos a uno de los momentos cumbre, eso por lo que todos me habéis preguntado: la comida. Pues vamos allá. Mi incursión en las especialidades locales todavía no ha sido mucha, pero de momento no ha resultado demasiado satisfactoria. El primer día me aventuré con lo más típico de lo que se servía en la universidad, y claro, la primera en la frente. Me comí unas bolas de pescado (literalmente "fish balls") bañadas en una salsa de espinacas. Cuando pregunté de qué pescado se trataba, me miraron como si fuera extranjero (la primera vez que me pasaba eso por aquí): aquí nadie sabe de qué pescado están hechas las fish balls. Yo lo quería saber más que nada para no repetir, siempre que sea posible. No es que estuvieran malas, pero sencillamente era comer por subsistir. Y para eso...

Bueno sigo con el apartado comidas, aunque el orden cronológico se pierda (cosa que muchos agradecereis, que puedo ser muy pesadito relatándolo todo... ¡pues no leas más si no quieres, leñe!). Bueno, a lo que voy, más de comidas. Anteayer comí con el director del CoE (donde trabajo) y demás mandamases de la universidad en un sitio que decían ellos que estaba bien. No sé cómo me las apañé pero terminé comiendo alcachofas (que me gustan), champiñones (que me gustan), patatas, pisto (todo me gusta). Pero desconozco por qué razón les gusta comer todo eso frío. No frío de temperatura ambiente, no, frío de frigorífico. No acabe de entender muy bien qué tipo de broma era esa, pero los demás comían con fruición y parecían disfrutar de lo mismo que yo no... (Finlandia 3 - España 2).

Pero atención. Porque el otro día tuve la genial idea de ir aun MacDonalds (ya sabeis que no me va mucho la comida rápida) y me quedé IM-PRE-SIO-NA-DO. ¡¡Me tomé la mejor hamburguesa que me he comido en mi vida!! Tenía un toque de pimienta y un queso espectacular. De verdad que aun salivo al pensar en ella. Ha sido un sorpresón esto de que estuviera tan buena. Disculpadme los aficionados, pero en España las hamburguesas son bastante cutres (por no hablar del sabor que tienen, que parecen a la carne lo que las fish balls al pescado). Jamás pensaba que escribiría un párrafo loando una hamburguesa, pero esta lo merecía de verdad. (Finlandia 4 - España 2).

Más cosas relacionadas con la alimentación. Como antes comentaba, tuve la genial idea de aprovisionarme de lácteos ya desde el primer día. Me encantan. El Camembert es una delicia. Pero, por favor, recordad que si vais a estar en un hostal no debéis comprarlo. ¡Madre mía qué tufo desprendía el quesazo este! ¡Y qué vergüenza cada vez que salía de la habitación para cualquier cosa y el olorazo se expandía por el pasillo! Comí queso a marchas forzadas durante un par de días. Ahora estoy con frutas y cosas menos agresivas para la pituitaria ajena. El descubrimiento han sido unas uvas de la India... ¡Sin pepitas! Estos indios aun no saben nada de nuestro fin de año, pero aquí dejo una idea para un espabilado que quiera hacer negocios hortofrutícolas...

Y ahora hablemos de la gente. Aun no he mantenido mucho contacto con los aborígenes, pero de entrada me parecen gente muy educada, como he dicho. Aquí todo el mundo, desde el ujier hasta el catedrático, ha estado alguna vez en España, aunque en esa España que es más ajena a mí: Málaga, Torremolinos, etc. Más sorprendente fue que el técnico informático, mientras configuraba el ordenador para que pudiera conectarme a la red de la universidad, se me pusiera a hablar de Ganivet y sus "Cartas finlandesas" cuando le dije de dónde venía. ¡Justo igual que en España! No me imagino yo a los técnicos informáticos hablándole a un finlandés de Sibelius, pero todo es posible. Lo que está claro es que Ganivet es un personaje prácticamente olvidado en nuestra España actual, en la que todo lo ocupa la Belén Estaban. No hay duda: Finlandia 5 - España 2.

Otra cosa que me sorprendió es ver la cantidad de gente que me he encontrado pidiendo por la calle. Y no, no parece que sea una cuestión de la crisis. Salvo que la crisis afecte sólo a la gente morena de piel con aspecto de... ¿gitanos? No sé muy bien si se trata de gitanos o no, pero que no son blanquitos y de pelo caoba no hay duda alguna. Ya me enteraré de cual es la situación, pero esto no me lo esperaba (Finlandia 5 - España 3).

Se me quedan un montón de cuestiones en el tintero, pero creo que es mejor que las deje para otro día. Por una parte, para poder contar algo en el segundo report; por otra, para que no os indigestéis con mis correos (lo dicho, leedlo si queréis; aunque si habéis llegado hasta aquí entiendo que al menos tendríais curiosidad).

De todas formas, no perdais las buenas costumbres. Como dicen los ministerios, comed cinco frutas al día y leed mucho. Yo cumplo. :-)

¡Muchos abrazos a todos!

Hali!

14 mayo, 2010

Especuladores

Sorprendente noticia de hoy. La crisis económica ya tiene su precio en sangre española. Según cuentan diversos medios, una turba de madrileños indignados ha linchado a más de veinte conciudadanos en lo que va de día. En estos momentos los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado se baten con denuedo para detener la ola de violencia en las calles de la capital.
Todo comenzó, según las crónicas, cuando esta mañana varios políticos y numerosos tertulianos llenaron las emisoras de radio de críticas a los especuladores. Los especuladores, decían al mismo tiempo y como si estuvieran coordinados, son los causantes de este hundimiento del euro y de los mercados, los especuladores han provocado el déficit de las cuentas públicas y las dificultades para pagar la deuda, los especuladores son, a fin de cuentas, los que fuerzan ahora a la congelación de las pensiones y a la rebaja de los sueldos de los empleados públicos. Era de esperar que la paciencia del ciudadano se acabase, ante esas declaraciones y ante la maldad que denunciaban.
Un señor que iba en un taxi oyendo la SER -extrañamente, pues en los taxis madrileños sólo se sintoniza la COPE-, ante uno de esos comentarios radiofónicos le dijo al taxista en un paso de peatones “Mire, ése que pasa ahí es un especulador. Es cuñado mío y lo conozco bien. Menudo elemento”. El conductor, en un impulso irrefrenable, aceleró y se llevó por delante al peatón aludido.
Ante el tumulto que se formó en la calle, el taxista se deshacía en explicaciones ante los curiosos y los que intentaban reanimar al atropellado, ya irremisible cadáver. “Era un especulador”, repetía una y otra vez. La gente, entonces, hacía gestos de comprensión o muecas de asentimiento o de “se lo tenía merecido”. En un aparte, el pasajero que con su inocente comentario había provocado la violenta reacción le dijo al taxista que quizá se habían pasado y que no era para tanto. “¿Cómo así?”, replicó el otro. “Pues porque en realidad lo que había hecho había sido nada más que meter veinte mil eurillos de sus ahorros en unas acciones de Telefónica. Las compró cuando estaban baratas y las vendió a los tres meses con una ganancia de tres mil euros”. “¿Y le parece poco?”, replicó el del taxi, a la defensiva. “Eso no lo gano yo ni en tres meses trabajando diez horas al día”, añadió, muy enfadado.
Escuchó la conversación un prejubilado de la banca que había sido de los primeros en arrimarse a contemplar los resultados del atropello. Y terció tal que así: “No, poco no es. Estos son los que arruinan el país”. Y como el tono de su voz era alto y su gesto decidido, se aproximaron más de los presentes y con esto creció su fogosidad de orador: “Pero conozco casos peores. Ahí mismo, a la vuelta de la esquina, vive un tipo que lleva años dedicado al más salvaje pelotazo, un especulador, pero en plan profesional”. “Dónde, dónde”, fue el grito que salió de varias gargantas al unísono. “Ahí a la vuelta, en el portal veintisiete, piso tercero B”.
Nadie más lo escuchó, pues salieron todos corriendo a una hacia la dirección indicada. Rompieron el cristal de la entrada del portal y tumbaron la puerta de la referida vivienda. Al cabo de cinco minutos, su morador, un administrativo de Correos, yacía muerto sobre los adoquines de la acera. Según averiguaciones de El País, de diez años para acá había comprado y revendido cinco pisos, con muy sustanciosa ganancia en cada transacción. Desde que pinchó la burbuja las tornas habían cambiado y se había quedado sin poder deshacerse de dos apartamentos nuevos que ahora intentaba alquilar. Ya no tendrá ocasión.
Como a mediodía la noticia que las emisoras de radio y televisión difundían era que se había desatado una ola de violencia contra los especuladores, se consiguió extender y multiplicar los ataques. A las cuatro de la tarde ya habían sido ejecutados de modo similar un comerciante de vehículos usados, el dueño de una gestoría, la encargada de una agencia matrimonial y una pareja alemana que iba camino de Mallorca para tratar de vender su apartamento de allá. Cometieron estos últimos el error de delatar sus intenciones a una amable compañera de asiento en el metro, añadiendo que esperaban sacar algo de ganancia para poder pagarse una residencia de la tercera edad en Friburgo de Brisgobia. La buena mujer los denunció de inmediato y a la salida mismo de la estación de Sol fueron sacrificados por la masa justiciera.
Estos hechos provocaron la caída del IBEX. La Vicepresidenta Primera del Gobierno se ha apresurado a declarar que debe detenerse esta ola de agresiones contra los culpables de la crisis, pues puede hacer que se aleje el capital inversor, tan necesario para el refrote (se supone que quiso decir reflote o reflotamiento) de nuestra economía en estos momentos. Zapatero ha manifestado en una entrevista en PUNTO EN LA RADIO que el pesimismo no crea puestos de trabajo y que son unos antipatriotas muy malísimos los que no se dejen matar por Empaña. Y que con confianza saldremos adelante, vaya que sí.
El Rey ha pospuesto su regreso a Madrid y sigue con una clínica catalana.

13 mayo, 2010

De periódicos (y) rijosos

Me asomo a la edición digital de El Mundo y me encuentro el titular siguiente: “Turquía bloqueará ELMUNDO.es por un vídeo del líder opositor con su amante”. Y, cómo no, me meto ahí a ver qué pasa. Somos asquerosamente humanos, salvo los siervos de Marcial Maciel, que son divinos. Ayer ya había leído que por culpa de ese vídeo había tenido que dimitir el líder de la oposición laica en Turquía. En la grabación, difundida en alguna página web del país, se lo ve en la habitación con esa amante, que también es diputada, al parecer.
La noticia y la película dan para unas pocas reflexiones. Una, que hay que ver, se trata de El Mundo. El periódico presume de que, pese a las amenazas oficiales de bloqueo de su web en Turquía, no va a ceder y será posible seguir contemplando las imágenes subrepticiamente grabadas a ese señor. Es más que evidente, viendo las tomas, que detrás de semejante jugarreta al opositor turco están o los servicios secretos de allá o alguna mafia gubernamental. ¿Les va sonando? ¿Recuerdan? Pues sí, espectacular: ahora es El Mundo el que hace gala de bemoles enseñando al mundo al buen hombre en su vida sexual estrictamente privada.
Segunda reflexión: se confirma por enésima vez que los varones de cierta edad y con canas estamos más que lamentables en calzoncillos y con calcetines. Me dio una ternura enorme la mujer, al verlo a él. Posiblemente lo ama. Otra explicación no cabe.
Tercera: yo me he quitado hace tiempo, pero si usted aún frecuenta hoteles en compañía secreta y no tiene ganas de aparecer de la mentada guisa en youtube, para descojone de sus enemigos y ejercicio de la libertad de información de los periódicos defensores de los derechos fundamentales, mónteselo con la luz apagada. Tiene su aliciente a día de hoy, no crea. Y, sea como sea, eche un vistazo por si hay cámaras, mírelo todo, registre cada rincón y hasta las lentillas de su amante. El enemigo acecha. Y quítese los calcetines en el baño, por Dios, y no se exhiba ni ante ella con esos calzones de abuelete. La lujuria para el que la trabaja.
Cuarta, la más seria. Tiene tela que en medio mundo -y desde luego aquí- no dimiten los políticos a los que pillan robando a manos llenas y, de propina, sus votantes sigan apoyándolos como si tal cosa. En cambio, en cuanto la mafia o el servicio secreto, que vienen a ser lo mismo, cuelgan el vídeo en el que un político aparece en trance retozón con quien no sea su pareja legal, se acabó su carrera. Tienen impunidad los políticos ladrones y los curas rijosos, pero los políticos dados al placer carnal sufren la más dura condena. El mundo al revés. Yo no me fiaría completamente de un político que no se dé una vuelta cada tanto por la habitación de un hotel o motel en compañía de diputada o diputado y con calcetines presentables. Debo de ser un raro.
Así que, aunque nadie me escuche, propongo una nueva y revolucionaria regulación legal. Qué digo legal: que se incorpore a las mismísimas constituciones. Basta un articulito que claramente establezca esto:
a) que jamás de los jamases se podrá volver a presentar a elecciones ni ocupar cargo público de ningún tipo el político al que se condene por delitos contra la propiedad o el erario público;
b) que cuando un cargo electo, de concejal para arriba, es judicialmente condenado por delito contra la propiedad o el erario público, se suspende automáticamente toda actividad del partido por el que fue elegido para su cargo y, además, se aplica a dicho partido una multa por el importe resultante de multiplicar por cien mil el valor de lo “mangado” por el cerdo que iba en sus listas;
c) que queda terminantemente prohibido y sometido a grave sanción la publicación de grabaciones no consentidas en las que se vea a políticos o cualesquiera cargos públicos en e(x)cenas de contenido sexual con quien nos sea su pareja oficial;
d) que con las grabaciones con la pareja oficial se puede hacer lo que se quiera, cualquiera que sea la forma, lícita o ilícita en que hayan sido obtenidas.
Jolín, es que lo que yo quiero ver es al José Luis con su santa de los gorgoritos. Debe de ser de mucha risa.

Bibliografía para investigadores latinoamericanos

Que sea la última vez, pero hoy voy a poner publicidad aquí.
Se llama Virgina, es doctoranda conmigo en León y por un módico precio:
a) Hace búsquedas bibliográficas de cualquier tema jurídico, filosófico y político en las bibliotecas europeas.
b) Envía por correo electrónico cualquier bibliografía, hasta la más difícil de localizar.
Es decir, sin moverse de su casa, cualquier investigador latinoamericano en estas materias puede tener a su servicio un experto "conseguidor" de bibliografía y documentos.
Además:
c) Gestiona todo tipo de cursos en León, incluido el alojamiento.
De lo que yo respondo: es persona trabajadora, seria y completamente de fiar. Ah, y conste que un servidor no lleva comisión. Sólo faltaba. Se trata de ayudar a sobrevivir a una excelente doctoranda sin beca y, al tiempo, brindar un servicio muy útil a investigadores que no puedan trasladarse a España o Europa.
Para ponerse en contacto, este correo electrónico: virginiacleal@hotmail.com

12 mayo, 2010

Tengo una pregunta para el economista de guardia

De Economía no entiendo, pero me vienen ocurrencias. Y digo yo, y lo consulto con quien sí sepa: si resulta que a los funcionarios nos bajan el sueldo y a los pensionistas les congelan las pensiones, unos y otros -y tantos que vean peladas las barbas de su vecino- empezarán a consumir menos, y al bajar el consumo no habrá salida para la producción y/o bajarán los precios y más empresas cerrarán o abaratarán costes y... subirá el paro. ¿O no?
Los griegos están en el diez por ciento de paro y tienen por ahí margen para su ajuste de gasto público. ¿Y nosotros?
Y también digo: aquello que gastamos en plan-E y así, para combatir el paro, hizo subir el déficit y ahora para bajar el déficit va a aumentar el paro -si es cierto lo del punto anterior-. O sea, ¿que hicimos el tonto? Y lo de subvencionar la compra de coches, por las mismas ¿va a hacer que ahora baje la venta de coches y también crezca el paro en la industria del automóvil?
Que alguien me diga pronto, por favor, que yerran mis ocurrencias. Porque ando en un ataque de pánico de padre y muy señor mío.
Me voy a la cama y a lo mejor decido no salir más.

Lo de hoy

Es un día divertido. Tristemente divertido o divertidamente triste. Me encontré por los pasillos a un par de colegas (funcionarios, of course) que habían votado al cazurro cutre. Iban jurando en arameo, y con la risa que me vino casi se me olvida que yo soy funcionario también y me va a caer la rebaja. Me refiero a votantes zapateriles de segundas. Con los de la primera vez no me meto para nada. Con los repetidores, sí. Hace falta ser pardillo para no calar a ese pequeño cretino después de haberlo visto gobernar, mentir como un bellaco, engañar a todo zurrigurri, alentar las pasiones más bajas de la gente, dividir todo lo posible al país, ensañarse con los mejores de su partido, derretirse ante los cresos, aparentar y sólo aparentar con los símbolos y la palabrería más vacua. En fin, para que seguir. A fastidiarse todos. Es la democracia y así se acepta. La mayoría manda. Zapatero fue el más votado. Pues ya está. La temporada en el purgatorio la pasamos todos de la mano, los ciegos y los que, aun miopes, eran y son capaces de ver lo evidente: que el que con niños se acuesta meado se levanta y que el que vota a un indocumentado impresentable se arriesga a que su candidato preferido gane las elecciones.
Se acepta, repito, pero a veces pienso que hay gente que lo votó a sabiendas y nada más que para joder, por masoquismo y mala fe. El bueno de John Rawls ponía en la base de su teoría de la justicia el presupuesto de que los humanos somos autointeresados, pero no envidiosos; esto es, que cada cual busca maximizar su bienestar, pero nunca renuncia a grados de bienestar propio con tal de ver perder más al vecino. Yo, modestamente, después de observar a los votantes zapateriles de segundas -insisto, no me meto con los de la primera vez: había que verlo y comprobar lo que daba de sí, y veníamos de lo que veníamos; alguno de estos lodos viene también de aquellos polvos con bigote- me permito dudar de que Rawls tuviera razón: aquí hay gente que ha votado a Zapatero por el puro gusto de ver cómo el país se va a tomar por el saco, o con psicología de jugador de ruleta rusa: a ver a quién le cae el tiro de la pistola esa, cargada, que hemos puesto en manos del tonto del pueblo. Ahora, chitón y a aguantarse. RIP.
Pero volver hoy a la carga con la descripción de la incapacidad y la falta de categoría humana, moral, política e intelectual de Zapatero no tiene una maldita gracia y ya me arrepiento del párrafo anterior. Es como pegarle a un taradito. Aunque releo y vuelvo a lo que quería decir: que se chinchen mis compañeros de curro que lo votaron. Por ellos va el desahogo. Yo asumo por demócrata el resultado de lo que con sus votos nos trajeron, pero no tengo por qué callarme lo que pienso sobre su frivolidad y su descarriado entendimiento de lo que significa la izquierda. Porque manda cataplines votar a Zapatero con el argumento de que somos de izquierda y él es un izquierdista. Manda cataplines, vuelvo a decir. Rompetechos veía muchísimo mejor. Y manda narices votarlo porque no hay otro voto posible si no es el de Rajoy. Retrato en desnudo y con cagarrutias de lo que es la estulticia del llamado voto útil, que es el más inútil y lelo de los votos. ¿Que se ve usted izquierdista a tope? Pues vote usted a IU, querido/a amigo/a. ¿Que no quiere eso ni a Rajoy? Pues ahí tiene a UPyD, a los partidos nacionalistas o a cualquier partido testimonial. O no vote. O vote en blanco. O vote nulo. Pero anda que hay que tenerlos cuadrados para votar a Zapatero de segundas. Cuadrados y huecos. Así que hala, a sostenerla y no enmendarla. Apóyelo de nuevo a la próxima y a la siguiente. Con un par. De neuronas. Y nos vemos en la caverna comiendo sopa de ortigas, corazón.
Hoy es un día sombríamente gracioso y dramáticamente simpático. He pasado un rato mirando los comentarios de los lectores a las noticia del día en El País y El Mundo y está diciendo la gente unas verdades como puños sobre cómo y en qué se podría recortar gasto. Verdades como puños. Estaría bien hacer una pequeña antología aquí y a lo mejor lo intento más tarde, si me queda un poquitín de tiempo al final del día.
¿Cómo me siento personalmente, en mi condición de funcionario con muy aceptable sueldo? Pues trataré de explicarlo con el necesario pormenor. El trasfondo de la reflexión, cómo no, es esta crisis, con este paro del veinte por ciento y este endeudamiento público del más del once.
Si miro nada más que hacia mí mismo, no tengo nada que objetar a la rebaja de mi sueldo. Me alcanza para vivir cómodamente lo que ha de quedarme y sé de qué puedo recortar si vienen más apreturas. Ya se me ha quitado, en una hora, la tentación que me rondaba estos días, la de cambiar de coche para tener uno como el de mi amigo César. Mano de santo. Ojalá eso que voy a ganar de menos sirva para tapar un agujero de verdad o para socorrer a alguien que esté en apuros y no se lo embolse el cabronazo de un banco o, peor aún para mi gusto, un paniaguado de alguna Consejería nombrado a dedo por andarle con el dedo al Consejero o la Consejera. Tal cual.
Ah, pero ¿ven?, en cuanto miro alrededor me voy calentando y acabaré echando chispas. Aticemos el fuego de la santa indignación.
Primero. Hasta ahora me dolía cobrar lo mismo, poco más o menos, que otros colegas cercanos o lejanos que no dan golpe, que ni trabajan ni dejan trabajar, que son unos sinvergüenzas y que fardan de profesores universitarios sin merecerlo ni justificar su puesto con el rendimiento correspondiente. Ahora me llevan los demonios al reparar en que a ellos no les van a rebajar los emolumentos más que a mí y que ellos seguirán a lo suyo y yo a lo mío, como antes. Eso sí, estoy segurísimo de que el grito en el cielo estos días lo pondrán ellos más que nadie. Yo con esos tipos no voy ni a huelgas ni a manifestaciones ni a comprar yogures, aviso. Yo solicito formalmente que fusilen a unos cientos de ellos; no sólo para ahorrar, también como escarmiento y para tener al menos un indicio de que la Providencia existe (es un lugar en las afueras de Gijón, con preciosas vistas sobre la bahía de San Lorenzo) y los dioses no nos abandonan.
Segundo. Bien está lo de la rebaja de los sueldos funcionariales, ya lo he dicho. Pero miro alrededor y veo gasto inútil a mansalva. ¿Por qué no empezamos por ahí? Ejemplifico con lo próximo a mí, pero cada uno que sepa algo de Administraciones públicas podrá establecer con facilidad las correspondencias. ¿Cuántos cargos hay en la universidad de León -o en la de Sierra Morena, da igual- en Rectorado, facultades y escuelas, departamentos, institutos universitarios, etc.? Sobran, sin ningún género de duda, dos terceras partes. Además, ¿a cuánto asciende en total de los suplementos que por los cargos se pagan? Ahora esos puestos puntúan para las promociones y para comprar leche pasteurizada en Carrefour, así que fuera pagas: un tercio de los cargos y sin compensación económica. Y si no aparece quien los ocupe, a cerrar universidades, facultades o departamentos. Se acabó el chollazo.
Les confesaré un secreto. Me lo guardan, por favor. También me tranquiliza el saber que, pela arriba o abajo, seguirán llegándome esos cholletes que vienen con sobresueldo: evalúa esto, informa sobre lo otro, asiste a aquella comisión con dietas. No soy de los que más ganan por ahí, ni con mucho. ¿Y saben qué? Inútil todo. Cuento. Cachondeo. Disculpas para atrapar euros extra. Fuera comisiones, agencias, y demás. Se ahorraría mucho. Y entonces, preguntará alguno, ¿cómo hacemos, por ejemplo, para asignar proyectos de investigación, para decidir cuál se financia con dinero público y cual no? Pues de cajón: por factores externos y con automatismo: número de tramos de investigación del investigador principal, más media de tramos del equipo, más algún otro índice objetivo (número de publicaciones indexadas, número de idiomas en que se ha publicado...). Y sanseacabó.
¿He dicho proyectos de investigación? Pues mire, prohibido gastar ni un euro de ellos en viajes y dietas. Los dineros son para aparatos y libros. Nada más. Insisto, que cada uno haga la equivalencia en otros campos. Por ejemplo, tengo amigos en el mundo de la Justicia que se lo pasan pipa -casi como profesores- de curso en seminario y de seminario en jornadas. A gastos pagos y para actualizarse, cómo no. Córtese ese gasto de raíz. O finánciese sólo el viaje y la estancia del que al final del curso apruebe un examen sobre lo tratado.
Pero ampliemos el horizonte del cabreo y pasemos al punto tercero. Echemos una mirada a ministerios, consejerías, ayuntamientos, diputaciones... Cuevas de Alí Babá. Cargos a porrillo, nombramientos a dedo, concursos amañados, parientes y conmilitones enchufados, multiplicación de puestos innecesarios y de plazas inverosímiles. ¿Solución? A la calle los de libre designación. ¿Más? Aplicación estricta del principio de mérito y capacidad. ¿Más? Nada de tarjetas institucionales ni de comidas de trabajo ni de dietas por desplazarse al ayuntamiento de al lado. Ni de bajas laborales por la cara. Y tantísimas cosas... Ah, y los liberados sindicales menos liberados: una hora a la semana. Y sobra, al menos en la Administración.
Cuarto. Pero salgamos al fin de la Administración. Hay una crisis, vale. Y una deuda del copón, de acuerdo. Y congelamos las pensiones y el sueldo de los funcionarios, está bien. ¿Y las grandes fortunas del país? ¿Y las sicav? ¿Por qué las superpensiones vitalicias de los politicastros? ¿Por qué se salvó a los bancos que había que dejar caer? ¿Por qué ningún fiscal está investigando el dinero desaparecido en la Caja de Castilla-La Mancha y en otras? ¿Por qué la ley no permite meterle un paquete al partido político que se ha financiado ilegalmente o que ha seleccionado para sus listas ladrones profesionales? ¿Por qué se suprimió en casi todas partes, por cierto, el impuesto de sucesiones? ¿Por qué hasta hoy mismo se está pagando el llamado cheque-bebé lo mismo al hijo de desempleados que al nieto de Botín? ¿Por qué se regalaron por igual al pobre paupérrimo que al rico riquísimo aquellos cuatrocientos euros con los que el cazurro compró votos como si estuviéramos en la monarquía bananera en la que estamos, rodeados de feladores de bananas? ¿Por qué, maldita sea, en este país hay cada vez menos igualdad de oportunidades y no va a mejorar eso, sino al contrario, ahora que a mí me bajan el sueldo?
Quinto. ¿Y si miro hacia atrás? ¿Por qué, si la crisis la veía hasta un ciego, me han subido el sueldo el año pasado y el anterior y han seguido regalando cheques y descuentos y cuentos? ¿Por qué, durante la crisis y hasta ayer mismo, han seguido creciendo los puestos de funcionario y los cargos a dedo y los departamentos inútiles y los gastos estúpidos y las subvenciones ofensivas? Por cierto, puesto que me reducen el sueldo, exijo, que, en justa compensación, no haya un euro más para, entre otras cosas, los directores de cine, las galerías de arte inverosímil, las esculturas kitsch en las calles, la iglesia católica, los sindicatos verticales y los proyectos de investigación sobre las partes del clítoris o del prepucio, sean éstos míos, de Pajín o de s.p.m. Y si no se atiende mi petición, me lo voy a cobrar yo como pueda. Aviso.
Sigo mirando hacia atrás y me pregunto por qué hace dos años y hace dos días el cazurro felón nos dijo que no se iba a tocar el dinero para gastos sociales, y ahora atizan a las pensiones, nada menos; que no habría ajuste duro, y ahora toma ajuste. Y así sucesivamente. No digo en este instante que esté bien o mal lo de las pensiones -está mal, salvo en el caso de las verdaderamente altas, que son pocas- o lo del ajuste, sino que digo: ¿por qué consentimos que este cabroncete mienta de tal manera y como si nada? ¿Y ese mentiroso es el que decide recortarme a mí el sueldo y por su mala cabeza y su mala gestión del país y de la crisis voy a ganar menos ahora? Pues me cisco en sus antepasados, que en gloria estén, ya está. Advertí que me iría calentando.
Ah, pero por qué cambió de idea. Sexto. Atentos los defensores del orgullo patrio y los entusiastas del antiamericanismo. Llamó Obama ayer. Quieto parao. Firmes, ¡ein! Pero ¿no era este cantamañanas el que no se levantaba al paso de las tropas del Imperio? Corcho, pues ahora basta una llamada del Emperador y me encoge a mí el sueldo. Tócate aquello. También lo llamó la Emperatriz, la Merkel, lo llamó al orden en Bruselas. Yo no digo que falte razón o razones a Obama, Merkel, Sarkozy o el Lucero del Alba. Yo sólo pregunto: ¿qué clase de payaso con personalidad apabullante es éste que nos gobierna? ¿Quién manda aquí? ¿Para qué y para quién se gobierna aquí?
Eso sí, tenemos un gobierno de izquierdas y progresista que alucinas. Habrá quien aún lo crea. ¡Cielo santo! Recuperar la izquierda es lo que hace falta, ya lo creo que sí. Y rescatar un partido socialista que no haga escarnio de su nombre.
Séptimo, y último. Está bien, tenemos lo que merecemos para el país de descerebrados y pillos que somos. Pero estamos llegando a un excelente momento para volver a pensar un poco y para replantearse unas cuantas cosas. Es necesario cambiar de cabo a rabo el modo de organización y de funcionamiento de este Estado (o lo que diantre sea esta Cosa). Esto ya no puede volver a ser ni Jauja ni la cueva del pirata Morgan. Sobra Comunidades Autónomas o sobran las Comunidades Autónomas; y si no sobran CCAA, sobra Administración central del Estado. Sobran ayuntamientos y hay que reorganizar los que queden. No sé para qué diablos sirven las diputaciones además de para colocar a fracasados furiosos. Y no digamos la falta que hacen y lo que cuestan ciertos organillos consultivos y similares. A determinados gastos ha de ponérseles tope legal. Los trabajadores públicos han de ser reclutados con respeto escrupuloso a los principios constitucionales de mérito y capacidad. La Administración pública tiene que ser gestionada exactamente con el mismo rigor con que se gestiona la empresa privada eficiente.
Y lo más urgente: por el procedimiento que sea, hay que sacar de las Administraciones públicas, trátese de la estatal, la autonómica, la local o la institucional, a los inútiles que se han hecho fuertes en ellas; cueste lo que cueste; pase lo que pase. Y, mientras tanto, un nuevo lema: escupe al zángano y al enchufado. Y manda al carajo al que te insinúe que va a votar otra vez a Zapatero; por insolidario, fachorro y desalmado. El votante, digo.

11 mayo, 2010

Malditos teléfonos

(He mandado este texto de abajo para mi columnilla del jueves que viene en El Mundo de León. Sé que es tema repetido, pero toda insistencia es poca. Además, tiene el valor de que, detalle arriba o abajo, es exactamente eso lo que me ocurrió esta misma mañana).
Estás a punto de hacerle a un amigo la confidencia que a nadie has revelado: que te vas a divorciar, que vas a tener un hijo con la portera, que te ha tocado el gordo de la primitiva, cualquier cosa tremenda. Empiezas: “Mira, resulta que mi vida va a dar un giro absoluto porque...”. No pasas de ahí. Ha sonado el móvil de tu interlocutor, quien, por supuesto, responde. A los cinco minutos vuelve a hacerte caso: “Perdona, chico, era el jefe con sus rollos de siempre”. Retomas tu asunto: “Pues verás, últimamente he estado deprimido y...”. Ahora es un pitido. Tu amigo mira la pantallita y se pone a teclear. Al cabo te lo explica: “Mi mujer, que se retrasa en la peluquería y que no la espere para ir al híper”. Ahora finges tú un súbito apuro y te largas con viento fresco. A la porra. ¿Verdad que a todos nos ha ocurrido alguna vez una cosa así?
Esta mañana entré a tomar un café a un bar de barrio. Cuando me sentaba en la barra, saltó el teléfono del local. La señora que atendía lo tomó y se embarcó en una larga discusión familiar. Me fui a otro bar a buscar mi café, para que hablara tranquila. Como me sobraban unos minutos, decidí comprarme unos zapatos. Mientras me probaba un par, de los caros, al dependiente le vibró el móvil y se puso a charlar con un amiguete. Me despedí por señas, sin comprar nada. Que hable a gusto.
No lo creerán, pero les doy mi palabra de que es cierto: a continuación tenía cita con un médico y durante la consulta nos interrumpió dos veces el teléfono del despacho. El galeno hablaba a grandes voces, colgaba, me pedía que tosiera y me relataba que no lo dejan en paz con papeles y encargos, y mientras yo me ponía la camisa, volvieron a llamarlo y de nuevo contestó y se tiró así diez minutos, dale que te pego con el aparato. Al tiempo, rellenó una receta y me la tendió, indicándome la puerta con el dedo extendido.
No hay derecho. Malditos teléfonos. ¿Por qué el ausente que llama tiene preferencia sobre al presente que nos habla? ¿Por qué, si yo hago cola durante dos horas ante una ventanilla o espero tres meses una consulta médica, no se me da prioridad frente al que telefonea? ¿Por qué ya no quedan amigos que lo escuchen a uno sin enredar con el puñetero chisme?

10 mayo, 2010

Misterios del neoconstitucionalismo latino (fragmento de un prólogo)

(Un querido amigo de allende los mares me ha pedido un prólogo para un magnífico libro que ha escrito sobre constituciones y constitucionalistas. Copio aquí un fragmento de tal prólogo, para ir haciendo ambiente).

Con el neoconstitucionalismo suceden algunos fenómenos que, bajo el prisma de una cierta sociología del conocimiento jurídico, resultan en verdad llamativos. Uno de ellos es la sintonía neoconstitucionalista entre teóricos de orientación ideológica aparentemente opuesta, fuertemente conservadores y tradicionalistas unos y altamente progresistas y deseosos de cambios sociales los otros. ¿Qué puede explicar que de tan hondas discrepancias políticas y morales salga un acuerdo tan intenso respecto a la esencia axiológica, moral, de la Constitución, respecto a la prioridad de esos valores constitucionales sobre los resultados de la soberanía popular o de la justicia “objetiva” sobre la política democrática?

En mi opinión, se trata de una tregua y de un desplazamiento del campo en el que ha de darse la batalla definitiva. Unos y otros se remiten a los jueces y confían en hacer valer sus valores y su sistema moral por medio de la judicatura y a base de controlar y manejar a quienes integren los más altos tribunales. Yo estoy de acuerdo con usted en que lo que ha de dirimir el conflicto que nos ocupa no es ni la letra de la ley ni la de la Constitución, en lo que tengan de claras, y tampoco la pura e inevitable discrecionalidad judicial en lo que haya de indeterminado en textos constitucionales y legales, sino que han de hallar los jueces la respuesta única y objetivamente correcta a la luz de los valores superiores de la Constitución y de los más excelsos principios constitucionales; pero..., voy a luchar para nombrar yo a esos jueces o para que sean de mi cuerda.

Al neoconstitucionalista le suelen ocurrir dos cosas que para un “observador externo” y algo escéptico resultan bien llamativas. Una, que pese a su confianza en valores y principios constitucionales y en la “fuerza de irradiación” de la Constitución material, nunca desdeña la ocasión para luchar por los nombramientos de magistrados afines para las cortes constitucionales o los tribunales superiores. Diríase que esa Constitución moral, armónica y objetiva, que con tango rigor y certeza aporta para cada caso las soluciones indubitadamente correctas o de peso más claro a tenor de la debida ponderación, en realidad le habla nada más y sólo le muestra el camino debido al magistrado bien escogido, al de nuestro bando o de nuestro partido. Ese neoconstitucionalista que desdeña la política legislativa y que descree de que de las deliberaciones sociales puedan seguirse leyes que encierren una mínima justicia o que no desmerezcan de los ideales constitucionales, se lanza con pasión a la política judicial, diserta y conspira para que los magistrados de las últimas cortes sean unos u otros, en la convicción de que sólo una exigente política de nombramientos de jueces podrá servir para que la Constitución, con sus valores y principios, hable por sí misma y haga verdad el plan social de justicia y beatitud que encierra. ¿Por sí misma? Al parecer, la Constitución habla por sí misma, pero no a través de cualquiera: hace falta una especial cualificación política del médium. Por lo que se ve, los derechos pesan lo que pesan en cada caso, pero para ponderarlos no vale la báscula de cualquiera. La Constitución es muy precisa, pero muy suya.

La otra peculiaridad de los neoconstitucionalistas es que no suelen dudar de que su moral personal coincide, al menos en lo fundamental, con la moral objetiva que a la Constitución da su razón de ser y su aliento y que las cortes constitucionales y la judicatura en general ha de hacer valer en cada caso y ocasión. No recuerdo haber oído nunca a un neoconstitucionalista afirmar una cosa como esta: “discrepo de esa sentencia porque mi lectura o mi ponderación de los valores o principios constitucionales en juego es diversa de la del tribunal, pero reconozco que la del tribunal también puede ser correcta”; o como ésta: “yo había ponderado, pero mi ponderación era errónea y, sin duda, es más acertada la que con mayor precisión o mejor método ha llevado a cabo el tribunal en su sentencia”. No, su razonamiento acostumbra a ser de este otro tenor: “obviamente, el tribunal ha errado al ponderar o al calcular el alcance de la moral constitucional para el caso, y cualquier observador imparcial colocado en mi lugar llegaría a la misma conclusión que yo mismo: el tribunal se equivocó por no pensar como el observador imparcial y como yo mismo”. A ese juego pícaro entre observadores imparciales y parciales se le suele llamar constructivismo ético en estos tiempos de gatos pardos. El neoconstitucionalista nunca, por definición, hace ponderaciones constitucionales erróneas; las erróneas son, si acaso, las de los tribunales o los colegas que no coincidan con las suyas.

Otro fenómeno que en sede de sociología del conocimiento jurídico merecería un análisis detenido es el siguiente: el neoconstitucionalismo ha encontrado en muchos países de Latinoamérica su recepción más entusiasta en las universidades más elitistas y caras, en las que suelen estudiar los vástagos de las clases económica, política y socialmente dominantes. No será ésta regla sin excepción, pero sí tendencia que como hipótesis lanzo para su examen y, si es el caso, refutación: cuanto más cara y exclusiva una universidad, tanto más y con mayor empeño se darán sus constitucionalistas al neoconstitucionalismo y a la lectura moral de la Constitución y de sus derechos. ¿Por qué ocurrirá tal cosa?

Puede que buena parte de las peculiares circunstancias que acabamos de reseñar halle su explicación en lo que podríamos denominar elitismo populista: las élites académicas, sociales y jurídicas mantienen su preeminencia y su control sobre los resortes básicos del sistema jurídico a base de adueñarse de la interpretación constitucional y de aparentar que en la Constitución se encuentra el cimiento para la construcción de una sociedad al fin justa y equitativa, sociedad justa y equitativa que ellos, expertos en principios y valores y armados con las herramientas de la más exquisita dogmática constitucional -a ser posible adquirida en el extranjero-, al fin van a traer al país y a los más menesterosos de sus conciudadanos. También podríamos hablar del complejo académico-judicial: la judicatura se nutre, en lo personal y en lo doctrinal, desde la academia; en la academia, a su vez, tienen su mejor voz y su mayor influencia esas universidades de las élites económicas y políticas; y los profesores que ocupan la vanguardia doctrinal del constitucionalismo son aquellos que se legitiman con títulos extranjeros y terminologías importadas. Todo ello para explicar y hacer valer que la revolución definitiva que conducirá a la implantación plena del Estado social de Derecho en países plagados de miseria, infestados de desigualdades hirientes y hasta desangrados por las violencias de todo tipo, será una revolución pacífica que se hará desde arriba y gracias al humanismo y las luces de lo más selecto de la sociedad y la academia.

Entiéndaseme, no es que me parezca mal que el profesorado más granado de las universidades más costosas pretenda implantar la justicia social y los derechos de tercera y cuarta generación a golpe de principios y sentencias; bien al contrario, me parece de lo más loable y estimulante. Lo que se me hace raro es que no lo consiga, pese a que en sus aulas y bajo su magisterio se forman los grupos rectores y las clases dominantes. Quizá es culpa de los viejos y rancios positivistas que quedan en alguna universidad más popular, más barata y, en consecuencia, menos comprometida con la liberación de los oprimidos.

09 mayo, 2010

El alemán en coma. Por Francisco Sosa Wagner

Las injusticias no conocen la medida en esta sociedad de nuestros dolores y muestras se nos ofrecen todos los días. Pero su máxima expresión la acabo de leer en una noticia de agencia difundida por Yahoo: una muchacha croata sufre un accidente y queda en coma varios días. Se desata la lógica consternación entre sus familiares, la inquietud crece y crece porque la joven no mejora, los médicos esparcen pronósticos sombríos, parece que el temido final se acerca ... Hay en la habitación del hospital un olor a luto, se hacen plegarias, se leen en voz alta las poesías tristes de un poeta español que había ganado el premio Cervantes y todo es en fin un revuelo de duelo, el haldear angustioso de las mujeres. Flota en el ambiente terso y perfumado por las medicinas un mensaje de silencios y misterios.

Cuando de pronto la enferma empieza a moverse, después a agitarse en la cama, los ojos muy abiertos, se destapa, se incorpora, esboza una sonrisa que es fruición de fruta y desde el cielo parece llegar un hosanna que suena a pura bendición celestial entre los parientes ateridos de fríos y de sorpresas.

La niña vive, la niña habla ... pero ¿qué habla la niña? Siempre se expresó en croata pero ahora no se la entiende, ¿será serbio? ¿o serbocroata? Mejor es no meterse en averiguaciones lingüísticas porque estas son conflictivas en la región. Hasta que a la niña se la ofrece una galleta mojada en un vino dulce pensado para recibir a los resucitados que vienen de los resplandores del más allá y entonces es cuando se oye de manera diáfana un “Danke”. El estupor es enorme: ha dicho “gracias” y lo ha dicho en alemán. Así lo confirma un tío por parte de madre que había luchado contra los nazis y acabó de prisionero en un campo de concentración.

Expresar el agradecimiento en alemán resultaba extraño pero fue explicado por el hecho de que la niña estaba aprendiendo ese idioma, sabía ciertamente muy poco pues llevaba apenas un mes de clases pero el “Danke” era probable que ya se lo hubieran enseñado. Lo curioso -según el redactor de Yahoo- es que, a partir de ahí, la niña siguió hablando alemán con la misma desenvoltura que emplea la señora Merkel cuando se dirige al Parlamento de su país para explicar las intimidades de sus decisiones de gobierno. O cuando Hanna Arendt se dirigía a Jaspers para discutir sobre el asunto de su tesis doctoral después de haber abordado otras intimidades.

Este es el hecho portentoso que ahora intentan explicar los logopedas, lingüistas, fonéticos y sintácticos que existen por Croacia sin que de momento hayan llegado a una explicación plausible.

Espero que, cuando la encuentren, nos hagan llegar por Yahoo sus conclusiones. Porque se comprenderá la irritación que produce a este humilde plumilla -y a cualquier español aprendiz de ese idioma endiablado- el hecho de que se pueda aprender alemán estando en coma. ¡Las horas de desconcierto que he vivido declinando, conjugando, maldiciendo ...! Persiguiendo los prefijos y sufijos, las terminaciones de los verbos que se ponen al final de las frases y a las que se llega exhausto, sin aliento, sin saber si lo que vamos a encontrar es una cosa o la contraria.

Cuenta la mujer de Gregorio Martínez Sierra, María Lejárraga, en sus memorias, además de que era ella la autora de lo que firmaba su marido, que no entiende los crucigramas pues no hay mejor pasatiempo que intentar construir una frase en alemán. Con lo lista que era esta señora ¿qué hubiera dicho ante el fenómeno de la joven croata?

Por mi parte, hubiera cambiado unos días en coma o en cualquier otro signo ortográfico por las noches en vela intentando hacer malabares con la interminable lista de verbos irregulares: backen, buk, gebacken; befehlen, befahl, befohlen ... ¡He andado tan a tientas con el dativo, tirano y caprichoso como un dios descarriado!
(Nota del bloguero: Para más información sobre la noticia que inspira este magnífico y divertido texto pueden ver aquí o aquí).

08 mayo, 2010

Oídos que no quieren oír

Puede que sea una actitud humana muy comprensible. Se vive mucho mejor en la inopia, se está mucho más relajado sin pararse a pensar cuánto cambalache nos rodea. Pero, con todo, no dejo de sorprenderme.
Tampoco es descartable que sea uno mismo el que anda como unas maracas y que esas miradas que ponen tierra de por medio sean el resultado de un diagnóstico certero: está muy loco éste que así habla y más convendrá no hacerle caso y fingir gran prisa para salir pitando.
Sí, siento que a veces los amigos me rehuyen. Cielos, esto sí que parece grave. Pero vamos a aclararlo en lo que se pueda. No me refiero al acontecer cotidiano y los encuentros comunes, ahí marcha todo más o menos, sin gran novedad. Cuando las cosas se complican es al tomarse unos vinos y empezar a hablar en serio y a opinar con verdad. Sin careta ya no me desean, mecachis.
Sé que me he vuelto un bocazas. Quiero decir, lo que muchos juzgan como un bocazas: alguien que al hablar apea determinados tapujos. Podría poner ejemplos de diferentes campos y de variado grosor, pero en este instante sólo me interesa referirme a los asuntos sociales. Y lo mejor será que trabajemos con ejemplos.
Pongan que en un grupo de amiguetes y colegas se está hablando de la universidad. Lo de siempre, que si andamos mal, que si qué fastidio, que si Bolonia. Es decir, lo reglamentario, tópicos a mansalva, material de relleno. A veces la crítica repetida es una manera más de evitar la crítica, y el acuerdo en el desacuerdo supone una manera maja de no buscarse problemas. Si todos dicen que fatal Bolonia, yo digo también que horrible y todos contentísimos: joer, qué críticos somos, y qué inconformistas. Auténticas fieras. Eso sí, se suele emplear el impersonal (“SE invierte mal el dinero”, “no SE regulan bien las acreditaciones, “SE está bajando en exceso el nivel de las asignaturas), para que nadie se ofenda. Como cuando antes culpábamos de todo al sistema. Mientras las culpas sean de alguna entelequia, nosotros tan tranquilos como aparentemente disconformes.
Y en ese punto es donde a un servidor suele cruzársele el cable. Por ejemplo, supongan que estamos todos mostrando nuestra indignación porque bajan las partidas públicas para investigación y para proyectos de tal. Es posible que a mí me salte el pistón y me ponga a contar a mis interlocutores que lo que pasa es que hay muchísimo investigador principal robando a manos llenas el dinero de los proyectos. Miradas de perplejidad, un paso atrás, consultas del reloj para ver qué hora será y si no habrá ya que irse a cenar en casa. Pero uno, ya embalado, sigue, aunque nadie le pregunta detalle ni le pida mayor aclaración. Uno sigue y narra que es un chollazo eso de poder destinar los dineros de los proyectos de investigación a viajes y dietas y que qué maravilla que baste que uno mismo declare que estuvo en París tres semanas buscando bibliografía a la orilla del Sena y que con eso se cobra lo que haya costado el avión, el hotel y las dietas diarias, que en el extranjero suponen una pasta. Y que eso es robar y que eso es una porquería y que suele pringarse hasta el lucero del alba. Al acabar la filípica, ya no queda alrededor ni el gato, todos tenían que ir en ese instante a recoger a sus niños que salían del colegio a tal hora, a las nueve de la noche.
Dirán ustedes que pasará así cuando uno se explaya de tal guisa con los investigadores que dan el palo y que claro, cómo se lo van a aguantar. Falso. Si uno habla a los tahúres puede pasar que se queden o que se vayan, pero normalmente no se ruborizan ni dejan de estar tan panchos. Es más llamativo lo que sucede cuando esas cosas se las cascas a los mindundis, con todas las pruebas que sean del caso. Son los mindundis, los inadvertidos, los del montón, los felices e indocumentados, los que menos quieren saber. Porque a ellos les encanta sentir que forman parte de un mundo más o menos ordenado, con algún que otro incidente lamentable acá o allá, pero mundo básicamente aceptable y majo. Si son profesores de universidad, se hinchan al poner el oficio en su tarjeta o declararlo a los cuñados o a los vecinos: soy profesor de universidad. Y, claro, no pueden asumir que también en la universidad hay mucho ladrón, mucho chorizo y mucho cabronazo, aunque exista de todo. Pero que entre los que trincan, los que escaquean y los que callan por interés y para ascender con la boca llena, el ambiente general es de club de carretera de medio pelo. ¿Ven? Huy, por Dios, cómo puedes decir eso. Y uno estaría dispuesto a discutir indicios, valorar pruebas y precisar porcentajes, pero no hay con quien. Todos salen corriendo porque se vive mejor en Babia. Yo enseño en la Facultad de Ciencias del Despiste de Babia, parece que nos dicen con su actitud. Que les aproveche.
Era solamente un ejemplo. El tema no tiene por qué ser la universidad. Puede tratarse de cuestiones municipales, de política nacional o del ejército. Juicios del tipo “está todo muy mal”, “no sé adónde vamos a parar”, etc. son admitidos y compartidos con gesto de complicidad y tómate otra caña. Pero intenta mostrar las pruebas que tienes de que ese concejal que conocemos roba, y descubrirás que a tu compañero de conversación se le acabó el tiempo o le vino la tos y ha de ir corriendo a la farmacia.
Tengo para mí que algo de los males del país se explica también por esa actitud tan extendida, por ese no querer saber nada que nos comprometa ni conocer dato ninguno que haga que nuestros juicios tengan toma a tierra, en lugar de moverse en los más evanescentes lugares comunes. ¿Será por comodidad? Puede. Pero más que nada hay cobardía. No queremos saber para no tener que actuar. ¿Debería yo denunciar a ese compañero que mete la mano en la bolsa y se lleva los bocadillos de todos? Ay, mamá, qué violencia. Miro para otro lado y me hago el tonto. Soy tonto. Soy una piltrafa. Una piltrafilla feliz. Y a lo mejor se caen unas migas de la mesa de don Corleone y me dejan lamerlas en el suelo. Soy un perrillo. Guau, guau. Miren cómo muevo mi colita. Qué ricura de ciudadanito. ¿De qué raza es?

Quince fanecas

Ya está en el aire el nº 15 de FANECA. Esto nos trae:
- Sobre áreas de conocimiento. Por Antonio Miguel Nogués Pedregal.
- El hombre acecha (en el centenario de Miguel Hernández). Por Fco. Javier Álvarez García.
- Del árbol de la sabiduría a la selva de las instituciones. Por Mercedes Fuertes.

No se pierdan este artículo de Félix de Azúa

Pueden verlo aquí en su versión original en El Periódico. Se podrá discrepar en este o aquel matiz, pero el dianóstico de los males del país y de sus políticos es tan apabullante como certero. Así estamos.

06 mayo, 2010

Los otros

(Publicado hoy, jueves, en El Mundo de León)
Posiblemente hasta somos mayoría, pero nos puede la discreción y no se nos ve bastante. Deberíamos salir a la palestra y cantar unas cuantas verdades a los cuatro vientos. Ahora o nunca. Quizá estamos haciendo falta, justo en este momento.
Somos los otros, los distintos. ¿Distintos en qué? Pues miren, mencionemos nada más que un par de detalles. Para empezar, no nos gusta la ley del embudo ni creemos que hecha la ley, hecha la trampa, y que bien está así. Un rato antes de escribir esta columna he estado hablando por teléfono con un amigo. Me insistía en que todo el que se mete en política es para robar y que todo el que protesta es porque espera su turno de ladrón. Yo, suavemente, intentaba explicarle que no y que algunos aún cultivamos ciertos ideales por lo que valen, no por lo que pagan por ellos, y que hasta conozco algún político bien honesto y deseoso de servir al prójimo en lugar de aprovecharse de él. Después me gritó que nadie podía llegar más lejos de lo que alcanzasen sus relaciones sociales o las de los suyos. Se lo negué mentándole mi propio ejemplo o el de mi hijo, que vuela alto sin que yo nunca haya movido un dedo para buscarle un enchufe o gestionarle una recomendación. Me aseguró que no son más que excepciones que confirman la regla. A mí me parece que los que así se manifiestan y juran que sólo existen ladrones están buscando una excusa fácil para robar ellos mismos: si nadie obra ni puede obrar de otra manera… Eso como regla general y aunque mi amigo sea honrado.
Los otros, los diferentes, somos los que cuando nos cuentan que alguien hizo tal o cual cosa no preguntamos de qué partido es antes de opinar, pues nos parece que lo reprochable es reprochable lo hagan Agamenón o su porquero, el PSOE o el PP; y lo mismo lo que merezca alabanza. Nos dan grima y despreciamos a esos políticos que para los suyos invocan la presunción de inocencia y para los demás la de culpabilidad, o los que piden en partido ajeno limpiezas que no aplican en el propio, o los que exigen mano durísima para mil delitos, pero votan a favor de que no tengan responsabilidad penal los partidos, ahora que van a tenerla otras personas jurídicas.
Los otros somos muchos, tal vez mayoría, pero estamos muy mal representados.

(Im)Posturas

En los viajes largos en avión suelo dormir plácidamente un montón de horas. Una bendición. Pero en uno de mis últimos trayectos transoceánicos no pegué ojo: ocho horas hablando, por lo menos, de las nueve y media que duró el viaje. Y conste que cuando me instalo para esos vuelos pongo cara de pocos amigos y de no tener ninguna gana de conversar con nadie. La experiencia es maestra de la vida y nada más angustioso que caer en poder de un plasta cuando no tienes refugio ni puedes salir por pies.
Pero esta vez fue distinto. A mi lado se sentó una muchacha la mar de curiosa. ¿Edad? Unos treinta, calculo. ¿Nacionalidad? De uno de esos queridos países, pero eso es bastante secundario en esta historia. ¿Motivo de su viaje? Pues a acabar de casarse con su amor del otro lado. Una relación telemática. Ya no es ninguna novedad. Cada vez que en una de esas salas de espera de aeropuerto pongo la oreja a las conversaciones o me fijo en las familias, ratifico que ahora el personal se apaña por internet. Pero nada de eso me llamó la atención en el caso de mi compañera vuelo. ¿Entonces?
Pues que desde el principio me causó la siguiente sensación contradictoria: esta persona es tan original y peculiar que tengo la impresión de que ya la he visto mil veces antes de ahora. Lo que me decía era a la vez tan llamativo e ingenuo, que me sonaba a recitado más que pensado. Como si estuviera leyendo un libro, ciertos libros. Detallemos ordenadamente.
¿Qué me decía, una vez que la conversación empezó a fluir? Pues por ejemplo explicaba que tenía poderes extrasensoriales y que captaba corrientes de energía y descargas positivas o negativas de las personas. Me encanta que me cuenten esas cosas. No por descreído, que lo soy, sino porque me chifla ver la originalidad de esos sujetos que son idénticos a otros miles que dicen lo mismo. También había tenido sus experiencias ufológicas y de la existencia de vida extraterrestre inteligente no le cabía ninguna duda. Algunas de las cosas que le pasaron con marcianos me las narró con lujo de detalles. A cada rato, dejaban de cerrárseme los ojos y recobraba yo la atención, ora porque surgía un venusino, ora porque una vez ella había adivinado el destino de alguien. Por supuesto, tenía la mujer su ángel de la guarda, al que veía cada tanto, con el que hablaba y con quien mantenía una relación muy fluida y confianzuda. Hasta su nombre me dijo, el de él. Se llamaba Olmedo. Cuando le expliqué que yo había estado allí, en Olmedo, no me entendió, pues desconocía que ése es el nombre de un recio pueblo castellano, de Valladolid. Del Caballero de Olmedo tampoco había oído, sólo del ángel, el suyo.
No sé si les he mencionado que ese tipo de conversaciones me estimula un montón. Debe de ser una perversión mía, no lo niego. Y les aseguro que no me pongo irónico en esos casos ni me mueve la mala idea o el colmillo retorcido. Al contrario, me quedo medio lelo pensando y pensando en lo que puede haber en las cabezas de según qué gentes y en las mil maneras tan diversas de montárselo en esta vida; o de ser feliz como si tal cosa.
Fue inevitable que acabara interesándose ella por mi propia vida, amablemente y seguro que admirada por la sensibilidad de la que hacía gala yo ante sus arrebatos místico-pucelanos. Así que me puse a relatarle algo de mis orígenes campesinos y de que me había criado en un pueblo con vacas y todo eso. Para qué queremos más, acabamos de liarla. Su entusiasmo fue inenarrable. Tuve que contradecirla muchísimo, con harto dolor de mi corazón. Mas creo que no le afectó mayormente. Quizá no quiso entenderme o me tomó a broma. Ahora les cuento, y al final puede que hasta saquemos moraleja, si no se les acaba la paciencia y siguen leyendo.
Comienzo por aclarar que la buena mujer era urbana del todo y había residido casi siempre en la capital de su Estado. Eso sí, de pequeña la habían llevado algún fin de semana al campo y, ya adulta, se había documentado muchísimo y por su cuenta sobre todo tipo de pormenores de la vida natural. Ahí fue donde empezamos a discrepar, en lo de la vida natural. Pues al saberme venido de la vida agraria casi premoderna, empezó a comentarme unas cosas preciosísimas sobre el modo como los campesinos aborígenes y las tribus de todo tipo aman la tierra, sobre cómo la respetan, sobre la forma mágica y sobrecogedora en que se acompasan con el medio ambiente y tal. Yo oía, la miraba y me preguntaba a mí mismo: ¿se lo digo o no se lo digo? Se lo dije, por qué no. Le dije que lo que han hecho los campesinos de toda laya y en cualquier parte ha sido desangrar la tierra y degradar el ecosistema cuanto estaba en su mano. Eso sí, cuando lo que estaba en su mano era poco, el sistema les sobrevivía; otras veces acababan ellos con él.
Eso que se llama conciencia ecológica es algo estrictamente moderno, de hace cuatro días y, además, puramente ciudadano y burgués; dicho sea lo de burgués sin ánimo peyorativo en este caso. El campesino de aquí o de allá nunca ha tenido conciencia ecológica. ¿Cuál es la teoría científica más acreditada sobre la desaparición de la civilización en la Isla de Pascua? Aquellos tipos se cargaron todos los árboles. ¿Por qué se extinguieron muchas de las pujantes civilizaciones precolombinas? Porque aquellos elementos acababan con la vegetación o esquilmaban la tierra o modificaban el curso de las aguas y terminaban éstas llevándose todo por delante. Pues claro que no tenían conciencia ecológica ni intimidad con la tierra ni leches. No podían tenerla, no se había inventado aún. Por supuesto que sabían lo que había que hacer para que creciera una patata o cuál era la mejor manera de cultivar el maíz con los medios que tenían. Pero eso no es conciencia ecológica. Eran los mismos que se daban a los sacrificios humanos y se comían las vísceras de sus enemigos. ¿Unos salvajes? No, estaban en su papel y en su tiempo. Mientras, los de aquí, se entretenían quemando herejes o, después, con la Inquisición y sus amables ritos. ¿Sin conciencia del valor de los derechos humanos? Pues claro que sin ella, eso aún no tocaba. Eso lo inventaron unos repulidos burguesotes con pelucón, y bien está.
Es falso que los campesinos y los grupos más o menos primitivos tengan la famosa conciencia. Su apego a la tierra es de otro tipo. Es como el apego que le tiene a su pareja el mismo que le pega si no lo obedece o que la mata si ya no le da hijos. Tal cual. Lo que pasa que al burguesito citadino de nuestros días le encanta imaginarse arcadias felices, armónicas culturas, paraísos de beatitud con pajaritos, peces y danzas tribales al son de la ocarina. Desconociendo que la danza de marras era para comerse a uno de la tribu de al lado o para invocar suerte en la próxima expedición a robar y violar a los del poblado vecino.
Salvando las distancias, es como cuando oigo eso de la famosa actitud ecologista de los cazadores. Pues será. Supongo que Delibes, don Miguel, la tenía de verdad. Pero yo debo de haber padecido malísima suerte al tratar con cazadores, sea en mi juventud asturiana o en mi madurez castellana (perdón, leonesa). Porque todos los cazadores que yo he conocido, todos, cuando se sienten impunes y no temen que ande cerca el Seprona o el guardamontes, le disparan a todo bicho que se mueva, sea un simple gorrión o una especie protegidísima. Y si pueden cazar fuera de la veda, lo hacen. El noventa y nueve por ciento de los cazadores que conozco le dispararían a un oso pardo de la Cordillera Cantábrica si se les apareciera mientras van por el monte y si estuvieran completamente seguros de que nadie los va a descubrir o denunciar. ¿Que era el último oso que quedaba? Tanto da. Y si van en coche por la noche y se les pone quieto un conejo en la calzada, pegan un volantazo para atropellarlo. Y así todo. Le encuentran gusto a matar, y punto. ¿Que hay excepciones? Segurísimo, usted mismo será una. Lo único que afirmo es que la generalización aquella sobre los cazadores y su extraordinaria sensibilidad ante el hermano lobo es demasiada generalización; una patraña, vamos. Una patraña inventada por los cazadores para seguir cazando.
También hablamos en aquel viaje de los animales, precisamente. Mi interlocutora adoraba los animales y a mí también me gustan, y no sólo para comerlos, aunque algunos también. Sí, como usted, no me ponga esa cara, salvo que sea usted un vegetariano en condiciones. Me pedía que le contara cómo era en mi pueblo nuestra relación con los animales, que ella se imaginaba idílica, llena de ternura y de mutua entrega. Sí le hablé de mis recuerdos de aquel perro con el que sigo soñando, de algunos gatos que acompañaron mis siestas de entonces, de tantas vacas a las que llegué a entender mejor que a la mayoría de los catedráticos que traté más tarde. Pero, fuera eso, no me quedó honestamente más remedio que narrarle algunos otros detallitos.
Mismamente, que en esos sistemas de vida mata uno mismo lo que se come. ¿Ha visto usted alguna vez cómo se mata una gallina, un conejo o un cerdo? Yo sí. Se matan tranquilamente y sin pararse en disquisiciones sobre si tendrán o no derechos los animales. Sin ir más lejos, en los pueblos hay gatas y perras, pero la gente sabe que no se puede dejar que sobrevivan todas sus camadas. ¿Ha matado usted, querido lector, gatitos recién nacidos, de dos o tres días? Yo sí, muchos, docenas y docenas. Mi padre decía: “Ha parido la gata en la tenada, hay que matarle las crías antes de que se las lleve a otro lado”. Y me mandaba a mí que lo hiciera. Y yo lo hacía, entre otras cosas, porque, si no, el comentario general en la familia y en toda la “tribu” iba a ser tal que así: “Este niño no vale para nada, es un flojo, una piltrafilla”. Porque en las tribus, entre los aborígenes, en las comunidades originarias, se dice eso y se piensa así. No: “huy, qué maravilla que Fulano se niega a sacrificar conejos o cerdos o a cazar zorros con un cepo atroz”; sino: “A ese inútil que no vale ni para cazar una maldita alimaña hay que echarlo del pueblo o de la comunidad por cretino y para que no nos avergüence ante nuestros dioses y nuestros antepasados”. O se le dice marica, que allí es peor. Allí, es peor. Eso, amigo capitalino, querida burguesa, es la vida “natural” de los que están en contacto íntimo y diario con la tierra y sus criaturas y los que respetan a muerte sus seculares tradiciones, no lo que ustedes se imaginan mientras leen el último boletín de ADENA o las últimas reflexiones de un catedrático de ética que no sabe distinguir una azada de un queso. De ahí que siempre que en una aldea se ha instalado una comuna de alemanes, los nativos los han visto como una panda de gilipollas sin remisión. Los de la comuna piensan que hacen vida natural y los que hacen vida natural, los de allí, piensan que esos guiris son unos imbéciles. Tal cual.
Y conste que mi padre era una de las personas más sensibles que cabía topar en aquel pueblo. Por eso cuando mataba o mandaba matar unos gatitos decía que había que hacerlo con un golpe seco contra una piedra, ¡zas! Porque, ¿saben, amigos, cómo lo hacía la mayoría de los vecinos? Pues unos cavaban un poco y los enterraban vivos, u otros buscaban un charco grande y los tiraban allá para que se ahogaran.
¿Ustedes han matado alguna vez un perro adulto? Yo sí. Pero de un tiro. Hubo que matarlo porque atacaba a las gallinas y acababa con ellas. Y en el pueblo a las gallinas hay que defenderlas, pero no porque tengan derechos, sino porque ponen huevos y esos huevos hacen falta para comerlos o venderlos. ¿Y no duele matar al perro? Pues, allí y entonces, casi no. Porque allí y entonces, porque en esas comunidades tan idílicas, matar es absolutamente natural. Es en la ciudad donde para "eutanasiar" al perro o al gato se los lleva uno al veterinario para que les aplique la inyección letal. En Ruedes no era así; entre las tribus amazónicas tampoco, se lo aseguro. Así que no me duele aquel tiro, ¿saben además por qué? Pues porque era la manera menos cruel de ejecutarlo, pues de una ejecución se trataba. ¿Les cuento cómo lo hacían allá y cómo lo hacen aún en medio mundo muchos de esos arcádicos indígenas? Les voy a ahorrar el mal trago y sólo les menciono que hay un árbol, una cuerda y un palo.
¿Sensibilidad con los animales de la gente sencilla y las poblaciones no desarrolladas? Pero vamos a ver, alma cándida, ¿ha estado usted alguna vez, en alguna parte del mundo, en un poblado un poco primitivo? ¿Ha visto los perros que pululan por allí? Sí, ya sé, la mirada es selectiva y cada uno ve lo que quiere ver. Por eso muchos asesinos de sus esposas siguen diciendo que lo suyo es puro amor y que no ven el delito de género por ningún lado: la maté porque la quería y era mía. Pues así, tal cual, mutatis mutandis, suele ser el burguesito que va de excursión o que lee lo que escribió un catedrático de California sobre la intensa comunión entre el campesino y su medio natural: qué armonía, qué respeto, qué equilibrio, qué sabiduría antigua. Pamplinas, pamplinas y pamplinas.
A la mayoría de esos pequeños cretinos los curaba un servidor con una receta infalible: ven, guapetón, a vivir un mes en esa aldea o ese poblado, pero no en plan turista con Coronel Tapioca o antropólogo con libretita, sino a pie de obra. Y luego hablamos. Ah, y si te viene la diarrea, ya sabes, remedios naturales de los que sacan los nativos de los árboles y no el Imodium o el Fortasec que llevas en la mochila, so pillín.
Bueno, todo eso le expliqué con mi inevitable vehemencia, pero no se quedó nada impresionada ni se apeó tanto así de la burra. Es tan bonito creer en ángeles, arcángeles, bondadosos indígenas y prístinas comunidades originarias, mientras la azafata del Airbus nos sirve la cena a nueve mil metros de altura y vamos a convivir con el hombre que hemos conocido vía internet. Es todo de lo más natural, ¿verdad Olmedo?
PD.- Escrito todo con sincero afecto y grato recuerdo de aquella buena persona que con su charla y su simpatía hizo cortas las largas horas de aquel vuelo. Pero los que venimos de la naturaleza somos así, brutos y sinceros.

05 mayo, 2010

Entre griegos, irresponsables e ineptos. Un comentario de "un amigo"

Me he permitido poner ese título y subir aquí, a primer plano, el comentario de "un amigo" a la entrada de anteayer sobre los griegos y sus cuitas. Creo que da en el clavo de muchas cosas y que merece lectura sosegada y reflexión sesusa. Ahí va. Y gracias, amigo.
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Al hilo de lo que dice Carmen. Ineptitud hay mucha, muchísima -y aquí concordamos-, pero yo creo que muy bien repartida.
Y el tema de la entrada sirve como espléndido caso ejemplo.
Se lleva semanas hablando de "solidaridad" (aargh) "entre pueblos" (reaargh).
Cuando se están obviando los siguientes puntos:
1) No se sabe todavía el dinero que va a costar - 150.000 millones por lo menos, pero puede que siga subiendo.
2) No va a ser un préstamo - es un regalo. Grecia tiene probabilidad O de devolverlo.
3) No ha "caído del cielo". Viene de muchos años de mentiras y falsedades, por parte de las autoridades griegas, y de incompetencias y de omisiones por parte de las bruselesas.
4) Son créditos basura, ya lo sabemos. Ahora bien, en créditos basura hay dos responsabilidades -la del deudor, que ha pedido dinero para fundírselo, sabiendo que había un agujero, y la del acreedor, que ha corrido riesgos, y no ha procedido a las debidas diligencias para verificar la solvencia del deudor.
Las cuestiones que cualquiera con un mínimo de aptitud se tendría que plantear, pues, son:
Ante 1) ¿Puede alguien cerrar una cuenta clara de lo que va a costar la broma? ¿Una cuenta que permanezca válida diez o quince días, si no es mucho pedir? ¿Y ese alguien, puede responsabilizarse de ella?
Ante 2) Visto que en nombre de la solidariedad entre los pueblos vamos a "ayudar al pueblo griego", ¿puede alguien hacer un esquema claro -en unidades de no menos de mil millones, no nos pongamos pejigueros- de adónde va ir destinado un regalo de 150.000 millones? ¿Pueden responsabilizarse de ello? ¿Pueden darnos garantías de que va a ir a ayudar al pueblo griego, y no a los bolsillos de los de siempre, prestamistas y especuladores sin escrúpulos, y vivillos en altos cargos?
Ante 3) ¿Va a responsabilizarse alguien, por lo menos en el plano político, mejor aún si en el penal? ¿Se va a llevar a los tribunales a quienes falsearon las cuentas? ¿Se va a por lo menos inhabilitar a quienes debiendo haber controlado, no controlaron?
Ante 4) ¿Se van a asignar responsabilidades, y repartir la pupa, a deudores y acreedores? Concretamente, para los bancos e instituciones ahora acreedores, que prestaron a Grecia, ¿va a dimitir alguien? ¿Sus juntas generales de accionistas van a exigir responsabilidades, incluso penales, a los malos gestores? ¿Se les va a obligar a encajar al menos una parte sustancial de las pérdidas, visto que se informaron mal, y decidieron mal donde invertir?
Parecerían prerrequisitos razonables, visto que nos van a sajar al menos unos 500 € mal contados a cada ciudadano de la Eurozona, antes d einvocar el sacrosanto principio de solidaridad.
Ahora bien, ante esos prerrequisitos, evidentes para un chaval de doce años al cual se le explique en media hora lo que ha pasado, ¿cuál es el panorama?
Los parlamentos nacionales, callan como putas (con perdón de las putas). El europeo, también, junto con la Comisión y el Consejo. Casi todos los gobiernos nacionales callan como putas. Las oposiciones, lo mismo (mírese bien cerquita, ensordecerá el silencio).
Un silencio casi generalizado se extiende por Europa. Y los ciudadanos, a pagar.
Ay, ay, ay, ojalá Zapatero fuera el único inepto. Por el contrario, tiene tantos rivales, dentro y fuera de las fronteras.
¿Al ciudadano, qué le queda?. Al menos, llamemos al pan pan y al vino vino. Qué "ayuda al pueblo griego de 9.872 millones" ni qué niños muertos.
No: lo que nuestros queridos ineptos están aprobando entusiastas es un REGALO DE AL MENOS 150.000 MILLONES, EXTENDIBLE A NO SE SABE CUÁNTOS MÁS, COMPLETAMENTE OPACO EN SUS CONDICIONES Y DESTINO, FUNDAMENTALMENTE DIRIGIDO A INSTITUCIONES FINANCIERAS, ESPECULADORES Y POLÍTICOS CORRUPTOS, ACOMPAÑADO POR UNA AMNISTÍA COMPLETA Y DEFINITIVA DE TODO TIPO DE RESPONSABILIDAD POLÍTICA O JURÍDICA RELATIVA A LOS HECHOS.
¿Y saben Vds. lo más gracioso? Cuando esté la fechoría cumplida, Grecia va a quebrar. Al tiempo (y ni siquiera mucho).

04 mayo, 2010

¿Por qué no estados virtuales?

Sonará a broma, pero a partir de hoy me voy a poner a pensar bien concienzudamente esta ocurrencia. Presentémosla por ahora como chusca hipótesis de trabajo.
¿Qué es el Estado? Abreviemos la respuesta: un artefacto imaginario. El pensamiento más conservador y/o reaccionario de todos los tiempos se ha dedicado a explicar que el Estado es la expresión política o político-jurídica de una nación, siendo la nación un ente colectivo real, un engendro ontológico compuesto de espíritus populares, folklores primitivos, destinos míticos, sangre de antepasados, vísceras de enemigos abatidos y otras cochinadas. En resumen, que el conservadurismo de siempre se inventa un cachivache de psicología colectiva para que el Estado no parezca artificial, sino natural: aseado y cumplido revestimiento de ese ser natural del todo llamado nación. O lo que es lo mismo: el Estado es la herramienta que los conservadores emplean para moler a palos al que ellos estimen que debe ser parte de la nación y que no quiera ser parte de la nación, sino hacer de su capa un sayo y mandar a tomar vientos a los mártires de la patria, los sanguinarios antepasados, los ritos atávicos, las costumbres ancestrales y los idiomas gangosos. También lo usan para evitar que entre en la nación o que viva tranquilo en ella quien no merezca en ella integrarse, sea por no hablar como se debe, sea por tener otro color u otras costumbres o sea por no aparecer con un fajo de billetes en los belfos. Al Estado como tal no hay por qué verlo necesariamente como enemigo de la libertad individual o incompatible con ella, pero al Estado de los carcas nacionalistas (discúlpese la redundancia) sí, sean esos nacionalistas españoles, catalanes, vascos, bretones o venezolanos, da igual.
Bien sabido es, por otro lado, cómo para el marxismo el Estado es un puro aparato de poder y dominación al servicio de la clase dominante y para la perpetuación de ese dominio, dominio que es económico y que se acabará precisamente cuando la revolución proletaria y la ulterior dictadura del proletariado consigan revertir esa función y poner el instrumental coactivo estatal a eliminar las desigualdades económicas basadas en la propiedad privada de los medios de producción, procurando antes que nada evitar que los opresores capitalistas se rearmen y vuelvan a las andadas, a mandar y explotar. Así que, una vez que desde el Estado mismo se siente y se asiente la igualdad entre todos sus ciudadanos, al Estado no le quedará nada que hacer y se disolverá como un azucarillo en el agua, para que nos organicemos e interactuemos espontáneamente con la solidaridad y la generosidad que nos caracteriza, bajo el lema de cada cual según sus capacidades y a cada cual según sus necesidades.
Una pena que el plan no haya funcionado y que el marxismo degenerado en leninismo y luego en stalinismo ni haya adelgazado el Estado y su panza armada y coactiva ni haya suprimido igualdades y discriminaciones, limitándose aquellos revolucionarios de retorcido colmillo a reemplazar con su privilegio el privilegio de los explotadores de antaño. Nomenklatura se llamó al nuevo grupo que se sirvió del Estado y en él se fortificó para cobrar ventaja sobre el común de los mortales igualados por abajo y por debajo.
No parece extraño que así terminara la historia, pues, aunque me duela decirlo, la mayor parte de las gentes que he conocido con esa propensión revolucionario-leninista eran o son unos caraduras de cuidado, unos aprovechados de tomo y lomo y unos tragones que casi nunca pagan una copa si pueden birlársela a un parroquiano ingenuo. Las cosas como son y mal que nos pese. También tienen la costumbre de pedir muchas subvenciones al Estado capitalista que quieren suprimir y suelen ponerse gordos como cerdos con lo que cobran por dar conferencias contra la ideología dominante y el pensamiento único.
La doctrina político-jurídica más tradicional y presuntamente rigurosa adoptaba un mohín de engolada cientificidad y trataba de ser nada más que descriptiva. Así que explicaba simplemente que los elementos del Estado son tres: territorio, población y poder. A veces la ciencia política ha cultivado la tautología como si fuera una exótica y delicada planta. Por ejemplo, se daba cuenta de que el territorio del Estado es el territorio perteneciente al Estado y que otro tanto pasaba, sorprendentemente, con la población y el poder. Tan profundo, en cuanto descripción de la realidad estatal, como profunda es la ciencia fisiológica o anatómica que se limite a repetir que el cuerpo humano consta de cabeza, tronco y extremidades y que cada cuerpo tiene esas tres partes a no ser que le falten, en cuyo caso tenemos un problema del que ya se ocupará otra disciplina.
La analogía que acaba de trazarse no es baladí ni inocente. De idéntica forma a como la división orgánica en cabeza, tronco y extremidades presupone una configuración necesaria y natural de cada cuerpo humano, la tripartición de los elementos del Estado hace lo mismo con el cuerpo político. Más aún, de igual manera que cada cuerpo es un cuerpo individual y es un cuerpo porque tiene esas tres partes, cada Estado lo es porque tiene las suyas. Ni se pregunta uno cómo es que yo soy un cuerpo y no un ectoplasma, ni nos preguntamos cómo es que esto en lo que vivimos es un Estado y no una entelequia imposible o una fantasmagoría malévola.
Al cuerpo individual basta añadirle el alma y ya tenemos un ser humano hecho y derecho y destinado a la salvación eterna si hay suerte; al cuerpo estatal basta añadirle el alma nacional, en cualquiera de los sentidos del término “nación”, y ya tenemos un ser político destinado a perpetuarse según el mismo orden natural de las cosas o de la Creación. Todo encaja (y en caja): cada alma en su cuerpo y cada cuerpo en su Estado y cada Estado como debe y donde debe.
El problema es que si al Estado le quitamos su alma de nación, se queda como lo que es: un ente tan ficticio como aleatorio, fuerza sin espíritu, coacción sin fundamento, azar sin dirección. Igual que si al ser humano le restamos su alma presunta se queda como lo que es: un animal con demasiadas pretensiones para lo que en el fondo constituye su naturaleza.
Cuando al Estado lo desvestimos de metafísica, de la ideología como falsa conciencia que lleva a que el súbdito se crea el cuento de que el Estado es suyo porque su Estado y él están hechos el uno para el otro, lo que parecía su orgullo se queda en sus vergüenzas al aire: el territorio no es el del Estado por designio divino o por la naturaleza de las cosas, sino aquel que un día conquistó por las malas algún príncipe rijoso; su población no es la suya por una especie de predestinación amorosa o de encuentro de dos medias naranjas -la gente y los gobernantes- en un determinado lugar -el territorio-, sino que no es más que el conjunto de gente a la que se impone por la brava una determinada ley. Y el poder deja de ser el poder del Estado, que parece poder de nadie o poder de todos, y pasa a ser de los que lo ejercen: el poder es de los que mandan, no del Estado. Lo otro es un decir, nada más.
Entre artimañas filosóficas y fusiles nos tenían bien cogidos por salva sea la identidad, pero las últimas décadas han traído novedades que han puesto en dificultad al viejo Estado y a los sacerdotes de su cuerpo místico. No en vano los que tanto lamentan la llamada globalización y los que tanto lloran por las viejas culturas nacionales en peligro son esos reaccionarios que quieren más estados y más Estado, y no menos, esos nacionalistas que disfrutan mucho más dibujando fronteras que saltándolas, o reglamentando idiomas que entendiéndose con los que hablan otras lenguas o saben hablar de otras cosas que no sean los quesos de aquí o los sueldos de los nuestros. Los estatistas metafísicos o que cobran a tanto por trozo de Estado nuevo que levanten tratan de poner puertas al campo, pero resulta que ya medio mundo se entiende en inglés con medio mundo, que cualquiera puede comunicarse instantáneamente a través de la web con cualquier rincón del planeta, que las empresas y todo tipo de organizaciones y entidades jurídicas adquieren un estatuto jurídico no sólo transnacional o supranacional, sino prácticamente virtual y se rigen por normas que ya no son las de este o aquel territorio sino, por ejemplo, por una lex mercatoria que es nuevo uso del tráfico mercantil que pertenece a todos y no es de nadie y que surge donde hay transacción, es decir, en el ciberespacio. Y así sucesivamente.
Y ahí es donde quería ir a parar, después de tanto rodeo. ¿Para cuando un estatuto jurídico-político similar, virtual, del ciudadano? ¿Para cuando nuestro paso de lo simbólico o imaginario, como es en realidad nuestro estatuto de ciudadanía político-jurídica, a lo puramente virtual o descentrado? ¿Para cuándo nuestra desvinculación efectiva, y con consecuencias jurídicas, de las ataduras grupales, territoriales y político-territoriales? A ver si me explico mejor.
Yo, como mero ciudadano, o un juez de este país podemos ahora mismo conocer cualquier norma legal de cualquier sistema jurídico del mundo. Eso lo procura internet. Y google traduce automáticamente cualquier texto del idioma que sea al idioma que se quiera. Si no lo traduce perfecto todavía, démosle tiempo, pronto se conseguirá. Entre las personas de cualquier origen o nacionalidad se establecen en el presente todo tipo de relaciones jurídicas sin que sea problema el ver qué derecho se aplica en cada caso y cada lugar a cada una de esas relaciones. Los sistemas jurídicos nacionales, supranacionales e internacional se traban en relaciones complejísimas. En realidad, el estatuto jurídico de los individuos está volviendo en cierta forma a ser un estatuto jurídico personal y la nacionalidad es uno sólo, y ni siquiera el principal, de los factores que determinan ese estatuto de cada cual.
Sólo falta dar el paso definitivo y liberador: que el estatuto jurídico-político pueda cada individuo elegirlo a la carta. ¿Por el hecho de que yo materialmente habite un especio geográfico llamado España debo estar irremisiblemente atado a un estatuto jurídico de español o a una ciudadanía española? Yo quiero ser finlandés o suizo, estoy cansado de repetirlo. ¿Por qué no he de poder sin irme a vivir allá no sé cuánto tiempo?
O fijémonos en esto: si el estatuto jurídico de género pudiera escogerse, se acabarían las discriminaciones de género. La discriminación en favor de un género se agotará cuando se pueda elegir el otro a efectos de Derecho ¿Por qué tengo yo que tener un estatuto jurídico de varón? ¿Por qué ha de determinar la biología el Derecho? No quiero ser jurídicamente ni español por haber nacido en Asturias y vivir en León ni varón por tener pito. Hala. No es que piense dejar de usar ese atributo ni de hablar castellano, es que no sé qué tiene que ver eso con lo jurídico.
En serio y como asunto para meditar con calma: ¿qué pasaría si un Estado ofreciera su ciudadanía plena simplemente a los que quisieran adoptarla? Con la condición de que el que la adopte paga sus impuestos a ese Estado, por ejemplo, o tiene derecho a cobrar, esté donde esté, el salario mínimo establecido en ese Estado; o a percibir la asistencia social o sanitaria que sea preceptiva en ese Estado. Etcétera. Esto obligaría a los estados a competir entre sí mejorándose las ofertas. Porque, pensemos, ¿quién diablos iba a ser cubano en esas condiciones, aparte de Willy Toledo? Y yo, desde luego, de aquí me piraría virtualmente con viento fresco. Hale, vosotros seguid votando a Zapatero y a Rajoy, que yo me inscribo en Islandia y que os den, aunque me pase el año tomando el solecito en Málaga.
Bueno, no me ha quedado tan serio como pretendía, pero un día volveré con más rigor sobre la idea de fondo, que viene a ser ésta: si ponemos a los estados a competir para ganarse nuestro amor y conservarnos como ciudadanos, se acabaron más de cuatro explotaciones y se fueron al carajo más de cien estados que ya están sobrando. Pues sea.

03 mayo, 2010

¿Y yo por qué tengo que cargar con un griego?

Si a usted de pronto le viene un desconocido y le dice que le preste unos cientos de euros porque las está pasando canutas por la mala vida que se ha dado, ¿usted qué hace? No me lo diga, ya lo sé. ¿Y si el señor le añade que es griego y que mira por donde? Pues menos aún le va a soltar la pasta, en efecto. Bueno, pues resulta que para rescatar a los griegos España (es decir, el Estado español como diría un nacionalista, pero catalán) va y les presta casi diez mil millones de euros. Ahí queda eso. Será por dinero. Rumbosos. De lo que se desprende que el Estado español no es un rata como usted y como yo y que, por tanto, quién sabe de dónde sacará ese carácter, puesto que del Volksgeist no se trata.
El caso es que, si Expansión no miente, "Cada hogar español se juega 586 euros en el rescate griego". No tengo ni idea de cómo se calcula por hogares, pero es dinero, aunque sea entre personas.
Si estrujamos el magín, se nos pueden ocurrir algunas buenas razones para ese acto de aparente desenvoltura, entre la picaresca y la soberbia cazurra. A lo mejor estamos pensando que hoy por ti y mañana por mí y que cómo no vamos a dar ejemplo a los alemanes de cómo se apoquina para aliviar al manirroto, si mañana nosotros seguramente... Bueno, dejémoslo ahí para no mosquear a la gallina de los huevos über alles.
O quizá somos unos paletos de tomo y lomo y nos gusta fardar de potentados y pagar una ronda para todos los borrachines del bar, justo antes de volver a toda prisa a la puerta de la iglesia, que ya van a salir los de misa de una.
Yo qué sé. Pero dejo constancia de mi parte proporcional de cabreo, en la onda de los alemanes. No entiendo por qué la ciudadanía teutona se enfadó por lo del griego financiero y rezongó antes de colocarse en pompa, mientras que nosotros ponemos cara de que venga y dele y cómo no vamos a complacer a los helenos, criaturas sensibles donde las haya.
Me acuerdo todavía de lo bigotudas que eran las griegas aquellas que conocíamos E.P.R. (querido amigo y eximio penalista) y yo cuando compartíamos casa muy apañada en Múnich, Diesterwegstr. Nr. 4, parada de metro Laim. Una vez, un par de ellas, mostachudas y desenfadadas, nos invitaron a unas fiestas y cuando se enteraron de que nuestro estado civil era más problemático que las cuentas de su país, casi nos pegan dos tiros. Y eso que nosotros sólo queríamos practicar el alemán. Pero dejemos esas historias que son agua pasada, ay. Y conste, por si le estoy buscando a mi amigo E. la perdición con efectos retroactivos, que la culpa de todo era mía y por completo. Él no quería y tal, pero yo lo arrastraba para combatir mi timidez a base de Derecho comparado.
¿De qué estábamos hablando? Ah, sí, de que yo no sé por qué aquí no nos ponemos de morros con los griegos por pedirnos, y con el gobierno nuestro por darles. Engañaron a la UE y, dentro de ella, a nosotros mismos, trampearon con sus números, falsearon sus cuentas, firmaron montones de documentos llenos de embustes, se pagaron la vida padre y madre, se pusieron de retsina hasta donde el griego y, ahora, dan cortes de mangas y amenazan a todo el que no ponga pasta para pagarles unos vasos de vino más. Y dicen que de rebajarse los sueldos y jubilarse más tarde nada y que les pasen más parné los alemanes.
De nosotros no sé si han dicho cosa alguna o nos ignoran olímpicamente, pero nuestro gobierno ha ido todo dispuesto a ofrecerles de lo nuestro para lo suyo. Y hasta el Cándido Tocho ha dicho el 1 de mayo, día de San José Obrero y de San José Luis el Patriota Sin Crisis, que es una vergüenza que los alemanes les anden regateando a los helenos y chinchándolos sin poner dinero en condiciones, y que putos germanos y viva la solidaridad de los parias de la tierra. Manda narices con los parias y con la tierra. Y con el Tocho Cándido para el griego.
Entre pitos y flautas, y tochos, ya sé a qué voy a dedicar el verano que viene. A mentalizarme. A olvidar lo que trataron de inculcarme en casa de pequeño y en la escuela del pueblo y en el colegio de los curas, amén de mis lecturas de los clásicos y contemporáneos del pensamiento moral. Esto es, tengo que reciclar mi ética para no volver a creer que está mal la ley del embudo y que cada uno ha de responder por las consecuencias de sus acciones y que por sus obras los conoceréis y que nunca te fíes del que te sonríe mientras te retuerce los cojones.
Lo digo por los griegos, pero no sólo. También por Zapatero y sus votantes. Porque la cosa es más o menos así: tú eres un país que se lía la manta a la cabeza y venga fiesta y ponme otra de caviar y mira a ver qué toman estas chicas, y luego va y te meten guita Alemania y un tipo de León que tiene un blog. Ancha es Castilla, y más ancho aún el Peloponeso.
Y eres Zapatero y haces la estatua y gilipolleces con las cejas mientras la crisis te mete goles, y dices que la culpa es de Franco y mandas a las señoras de tu servicio a financiar proyectos de investigación sobre cómo tocarse el clítoris y todo el mundo, incluidos los de tu partido, van diciendo por ahí que eres un mandanga y un sinsustancia y un tonto de capirote y un cabrón con pintas, pero luego salen las encuestas con intenciones de voto y resulta que tres cuartas partes o más de los que te votaron las dos veces anteriores van a seguir votándote, pues deben de estar convencidos de que el mejor griego es el de León y de que todo es acostumbrarse. A la crisis, digo.
¿Dónde diantre hay que apuntarse para hacerse finlandés?
PD.- Antes de que venga la réplica griega: tampoco entiendo a los que perseveran en el voto al PP, conste. Pero cada cosa en su orden y su proporción. A la historia de la decadencia con perendengues vamos a pasar de la mano de Zapatero más que nada. Salvo que consigamos demostrar que esta hecatombe económica la urdió Franco antes de que Almodóvar lo castigara con su estiloso desprecio.
En suma: no soy muy del voto griego. Ustedes disculpen mi falta de solidaridad.

02 mayo, 2010

Catorce FANECAS

El foro FANECA ya va por su número catorce. Salió ayer (bueno, hoy, pero disimulemos cual ministros de trabajo ante encuesta de población activa) y sus editores lo presentan (vale, lo presentamos) así:
Hoy, 1 de mayo, día que en el santoral pertenece, entre otros, a San José Obrero, a Santa Mafalda de Portugal y a los Santos Orencio y Paciencia, patronos de los acreditandos, la FANECA sigue erre que erre, pero empieza a poner cara de fastidio porque todo el mundo la contempla, pero pocos le dan de comer. Así que, amigos, mándennos para ella algunas de esas reflexiones sobre la universidad con que castigan a sus compañeros a la hora del café o a sus consortes durante le cena.
Entre tanto, vean lo que viene en la decimocuarta aparición del aguerrido pez:
- Nuestro agradecimiento a Txema Carbajo.
- Los abogados que vienen. Entre la ANECA y Bolonia. Por Mariano Yzquierdo Tolsada.
- Rankings de las universidades: ¿y a mí qué me importa? Por Juan Antonio García Amado.
- No sólo les pasa a los de Económicas.

01 mayo, 2010

Contra la ventaja de las religiones

Un joven acude a su clase en el instituto con la cabeza cubierta por lo que parece un gran vendaje con muchas vueltas. ¿Por qué? Puede ser porque:
a) Tiene una herida o se repone de una operación reciente en el cráneo.
En ese caso, no habrá problema, no le pondrán pegas.
b) Es dado a esa excentricidad o cultiva un gusto muy particular sobre el atuendo de la cabeza.
Entonces es más que probable que le digan que de eso nada y que su libertad para adornarse cede ante el interés general o las pautas comunes, que marcan que se ha de estar descubierto en tal lugar.
c) Una tercera razón puede hallarse en la fe religiosa del muchacho o de sus padres, si son del culto sij.
Si es una chavala la que lleva el pelo cubierto con un pañuelo puede ser:
a) Porque le da la gana.
b) Porque el médico le ha dicho que se proteja así la cabeza.
c) Porque es musulmana.
En el primer caso la obligarán a descubrirse sin vuelta de hoja, en el segundo le permitirán el pañuelo si justifica la prescripción médica, y en el tercero se organizará un debate nacional y buena parte de la progresía y todos los obispos -cada día son más las coincidencias- dirán que hay que respetar la libertad de creencias y la pluralidad de culturas, incluidas las religiones.
Bueno, pues yo, humildemente, me rebelo. Me indigna que los atributos de la religión de una comunidad cualquiera encuentren más respeto que la libertad individual. Y, desde luego, no me creo que las ventajas a los creyentes de esta o aquella confesión se concedan en pro de la libertad. Porque si se trata de ampliar la libertad, no puede haber diferencia de trato entre los casos a) y c) de los ejemplos anteriores.
Que los que profesen un credo religioso tengan mayores derechos o menores obligaciones que los que no siguen más dictados que los de su conciencia individual y libre, sin sometimiento a textos sagrados, iglesias o ayatolás, sólo puede tener una justificación, nada más que una: entender que la religión es un bien para el interés general, para la sociedad. Pero servidor por ahí no traga. Socialmente y a día de hoy las religiones o son indiferentes, es decir, ni dañan ni benefician, o son una desgracia. Hay de todo. No admito que a un católico, un musulmán, un mormón, un budista o un testigo de Jehová le den más facilidades que a mí nada más que porque yo no pertenezco a ninguno de tales rebaños, dicho sea lo de rebaño sin ningún ánimo peyorativo, sino ateniéndome al lenguaje bíblico.
O sea, no pretendo que restrinjan su libertad, ni de culto, ni de atuendo ni de nada; sólo exijo que la libertad mía no sea menor o menos valiosa: lo que ellos hagan porque les da la gana ser de esa religión, vale lo mismo que lo que haga yo porque me dé la gana montármelo así por libre. Únicamente bajo esa equiparación de nuestras libertades se evitará mi discriminación. Máxima tolerancia, pues, con los que siguen los dictados de su fe; la misma que conmigo, que sigo los dictados de mi autonomía y mis gustos.
Si, pongamos por caso, un señor puede entrar en un juzgado o en una dependencia administrativa con un crucifico colgado al cuello, yo he de poder pasar igualmente si llevo un colgante con la foto de Laetitia Casta. ¿O es que para ello debería existir el castismo entre las confesiones inscritas en el correspondiente registro? ¿Que comparo a Laetitia Casta con el Crucificado? No, para nada, créanme. Sólo digo que Cristo merecerá absoluta veneración al creyente cristiano, y yo lo comprendo y defiendo su libertad con saña. Y que él ha de comprender que su libertad para venerar y dar muestra de lo que venera vale exactamente igual que la mía, que adoro a esa mujer. Y punto.
¿Entonces qué hacemos con lo del hiyab o velo islámico en los institutos y lugares similares? Lo tengo muy claro, sin que sirva de precedente. Caben tres opciones:
(i) Prohibirlo porque nadie debe llevar cubierta la cabeza en esos sitios.
(ii) Mantener la prohibición de ir con la cabeza cubierta en tales espacios, pero hacer una excepción por el significado religioso y cultural del velo islámico. Excepción, que llegado el caso, podría extenderse a los signos o atuendos de otras religiones.
(iii) Permitir llevar en la cabeza cualquier cosa que no suponga algún daño o peligro para los demás, sea un velo, una gorra de béisbol o una bacinilla.
Yo me inclino por la (iii), aunque también admito la (i) si se dan muy buenas razones. La que rechazo de plano por asquerosamente discriminatoria es la (ii): si mañana mi hija quiere ir a clase con una pamela tipo reina de Inglaterra y se lo impiden, mientras que permiten que la hija del imán de Villamelones acuda con el hiyab, a mi hija la están discriminando por razón de religión y le están robando su libertad para regalársela a los del rebaño y a sus pastores. Contra eso es necesario alzar la voz bien fuerte.