14 julio, 2005

Los terroristas no son pobres

Parece confirmado lo obvio: los que mataron cobardemente en Londres no son ni pobres ni idealistas de la justicia social mundial, son fanáticos religiosos a los que les da por el saco que nosotros seamos libres al pensar, al hablar, al practicar el sexo o al creer en el dios que se nos antoje, o en ninguno. Y como les dan asco nuestras libertades, incluidas las de las mujeres de esta civilización, se quitan de enmedio a sí mismos al tiempo que matan infieles, convencidos de que así pasarán su eternidad tirándose a unas esculturales señoras en otro mundo, sus esclavas, a las que llaman huríes. Ah, y que son vírgenes, por supuesto. Manda güevos -con perdón-. ¡Arriba, feministas de la tierra, a por ellos! Ya oigo el tronar de los "estudios culturales" norteamericanos en su feroz lucha contra estos intentos de represión, ya viene el más radical feminismo haciendo valer sus mejores tesis contra estos odiosos machistas. Creo que hasta van a pedir que se les aplique la ley más duramente a estos varones por ser agresivos y falócratas, como a nuestros maltratadores patrios.
¿He dicho algo políticamente incorrecto? Tiemblo de pensar que tal vez, sin querer, estoy ofendiendo a los parias de la tierra.
Y, para colmo, van a conseguir cargarse esas libertades que odian. Aunque ellos no ganen lo que consideran una guerra, su guerra servirá para que nuestros gobiernos restrinjan libertad a cambio de más seguridad. Seguridad que difícilmente se conseguirá, pues es más fácil producir fanáticos en serie que enseñar a la gente normal lo que vale ser libre. Entre la Inquisición y éstos, apenas un par de siglos. Lo que duró el sueño de Occidente. ¡Putos bárbaros! ¡Malditos dioses sanguinarios!
Dos buenos artículos de hoy, diciendo cosas obvias, pero necesarias, o dejándonos ver cómo asoman ya las orejas del lobo, de nuestro propio lobo: uno de Fernando Onega y otro de Lluís Foix.

1 comentario:

descreido dijo...

Los terroristas no son pobres, no, pero que lo fueran tampoco debería cambiar nuestro juicio sobre ellos. La pobreza como coartada moral para matar -o mutilar- a otros casi igual de pobres, no sirve. Con muchos argumentos, muchos matices y mucho cuidado, podría servir para matar a ricos, aunque creo que tampoco. Ni siquiera sirve para cargarse a cabrones empeñados en hacer imposible la vida ajena, porque a eso también tendrían derecho los eventuales ricos, y la pobreza ya no sería excusa.
Muy inteligente y aguda su reflexión acerca de la paradoja de suicidarse para combatir en vida contra lo que se aspira a conseguir ya muerto. Cuánto daño nos ha hecho, cuánto daño nos hace, la religión (unas más que otras, y todas mucho, mucho daño)