07 noviembre, 2007

Lucha política

Leo con asombro que ha nacido un nuevo deporte, el ajedrez-boxeo y que ya hay incluso un campeón del mundo, un militar alemán grandote y que mueve con idéntica soltura la dama y el puño. En la competición se alternan minutos de sublimado combate en el tablero y de mamporro real en el cuadrilátero.
Hay que ver lo que inventan. Lo siguiente podría ser el fútbol-geometría, para ver si esos centrocampistas que, según los comentaristas, triangulan tan bien con el esférico, son capaces de resolver sobre el papel unas sencillas aplicaciones del teorema de Pitágoras, que era delantero centro de una secta griega. Pero aún mejor estaría la política-lucha, que enriquecería la lucha política de los discursos parlamentarios y los mítines de partido con torneos en que los contendientes se atizasen de veras guantazos y coces y se aplicasen mañas nada metafóricas. Al fin y al cabo, lo que de la política va quedando por nuestros lares ya está plenamente reducido a una sarta de necedades y ofensas que los líderes y sus secuaces se arrean por un quítame allá esas pajas o un coméntame esa sentencia.
Cuánto ganaría el Parlamento y cuánta gente contemplaría con fruición los debates sobre el Estado de la nación y la nación del Estado si, después del los desahogos verbales y las recias afirmaciones del Presidente sobre lo bien que va el país y las viscerales réplicas del jefe de la oposición para convencernos de que va de puñetera pena, se subiesen a una pista de pressing catch y se consolasen con unas buenas bofetadas, unas llaves bien aplicadas en las partes más sensibles y unas torsiones forzadas hasta que el oponente diga basta ya. Se extasiarían los espectadores al contemplar la furia destructiva de la Bestia Gallega y el Sádico Bambi, y las empresas televisivas se zumbarían también, en los tribunales y fuera de ellos, para ver si se emitía el combate en abierto o cotizando a tanto la leche.
Y qué me dicen de los secretarios generales, saliendo de las ruedas de prensa de cada uno para ir a darse trompicones no puramente verbales con el del partido de enfrente, ante el aplauso apasionado de periodistas de parte y filósofos del consenso. ¿Se imaginan el primer asalto entre Pepiño, alias Puño Sin Seso, y Acebes, conocido como Hostia Negra? El combate político ganaría en rigor y racionalidad, pues los atentados a la gramática quedarían compensados por los físicos mandobles y la contundencia de los golpes restaría importancia a la evanescencia de los hechos que tan tramposamente se alegan en los discursos y proclamas. En los partidos ascenderían a los puestos de más responsabilidad los expertos en artes marciales, en lugar de éstos que sólo lo son en zancadillas con nocturnidad, y el noble arte de la lucha a cuerpo limpio ocuparía con ventaja el lugar de la vigente puñalada trapera, tan poco deportiva.
Los del PSOE no necesitan ni cambiar sus símbolos, pues ya llevan la rosa en el puño. Los del PP sólo tendrían que ponerle cara de fiera redomada a su gaviota. Lo que no sé es cómo lo iban a llevar los de IU, con lo pacifistas que son. Aunque el otro día escribió Llamazares en El País un nostálgico artículo sobre el Che Guevara y a lo mejor eso indica que ya se están preparando para la nueva lid. Pero tiros no valen en este nuevo deporte, ojo. En cuanto a Carod, seguro que ponía la excusa de que él no pelea fuera de su pueblo; por si acaso. De la asistencia a los lesionados podría ocuparse una nueva y muy innovadora Unidad Militar de Enfermería Civil, para asegurarse de que nadie se pone a discutir sobre la competencia de vendajes, apósitos y pomadas.
Puede que esta propuesta no suene políticamente correcta, pero a ver quién se anima a sostener que sería más inmoral este nuevo torneo político que la competencia actual de mentiras e insultos de patio de colegio. Además, ya hay precedentes en el Parlamento británico, que es de los más antiguos y con mayor solera.

4 comentarios:

Antón Lagunilla dijo...

No dé ideas, no dé ideas. Por cierto, al presidente socialista de la Diputación de Málaga, un tal Salvador Pendón, le han condenado por lo penal por agredir a un oponente político en el bar del pueblo. Preguntado sobre si piensa dimitir, la risa se ha escuchado a kilómetros. Los de IU, sin cuyo apoyo el tal Salvador no sería Presidente de la cosa, ni sabe, ni contesta.

Ahora bien, apreciado profesor, si se acepta su propuesta, que me parece sugestiva, al menos que la lucha reglamentaria entre los contendientes sea el pancracio. Ya que lo hacemos, hagámoslo en condiciones, y de la forma más aproximada posible a la vida (política) misma.

Ariadna dijo...

Parece que el TC ha declarado inconstitucional el 607.2 del Código Penal, que castigaba la negación del holocausto.
Les copio la noticia, por si interesa (creo que viene en El Mundo).

MADRID.- El Tribunal Constitucional (TC) ha acordado declarar inconstitucional el precepto del Código Penal que sanciona con prisión de uno a dos años la difusión de ideas que nieguen o justifiquen los genocidios.

La decisión la tomó ayer el Pleno del TC al considerar de forma mayoritaria que la vigente redacción del artículo 607.2 del Código Penal vulnera la libertad ideológica, en conexión con la libertad de expresión, ambas garantizadas en la Constitución con rango de derecho fundamental.

El artículo 607.2 del Código Penal, que ha quedado expulsado del ordenamiento jurídico tras la decisión de ayer del Tribunal Constitucional, establecía que «la difusión por cualquier medio de ideas o doctrinas que nieguen o justifiquen los delitos tipificados en el apartado anterior de este artículo [delitos de genocidio], o pretendan la rehabilitación de regímenes o instituciones que amparen prácticas generadoras de los mismos, se castigará con la pena de prisión de uno a dos años».

El delito de apología del genocidio fue introducido en el Código Penal en 1995 en clara sintonía con preceptos similares existentes en la mayoría de los Estados miembros de la Unión Europea (UE). Países como Austria y Alemania aplican activamente leyes penales específicas para combatir la negación del Holocausto judío y el segundo de ellos promovió el pasado abril, aprovechando su Presidencia de turno en la UE, un acuerdo para armonizar la legislación de los Veintisiete en esta materia.

El Tribunal Constitucional ha deliberado durante meses sobre el delito tipificado en el artículo 607.2 a raíz de una cuestión de inconstitucionalidad promovida en junio de 1999 por la Sección Tercera de la Audiencia de Barcelona.

A este tribunal le correspondió examinar el recurso de apelación interpuesto por Pedro Varela, ex presidente del disuelto grupo filonazi Círculo Español de Amigos de Europa (Cedade) y propietario de la polémica Librería Europa, de Barcelona.

En noviembre de 1998, un juez de lo penal condenó a Varela por distribuir y vender libros, carteles y vídeos «en los que de forma reiterada e inequívocamente vejatoria para el grupo social integrado por la comunidad judía se negaba la persecución y el genocidio sufridos por dicho pueblo». En las publicaciones que Varela vendía se exaltaba el régimen de Hitler y se defendían tesis revisionistas.

En una sentencia pionera, el Juzgado le impuso tres años de prisión por un delito de incitación al odio por razones de raza o etnia (artículo 510 del Código Penal) y dos años de cárcel por apología del genocidio (artículo 607.2).

Esta condena, sin embargo, quedó paralizada en 1999 tras el planteamiento de la cuestión de inconstitucionalidad por la Audiencia de Barcelona. El tribunal de apelación consideró que el artículo 607.2 no tiene otro contenido más que castigar la difusión de ideas o doctrinas que nieguen o justifiquen determinados hechos históricos, lo que, a su juicio, choca con la libertad de expresión.

«Se castiga la difusión de unas ideas sin exigir ningún otro elemento, como injurias o incitar a atacar a grupos», razonó la Audiencia, que subrayó que «toda limitación de un derecho fundamental debe estar justificada por la protección de otro derecho que merezca la misma consideración» y el delito del artículo 607.2 protege un bien jurídico «muy difuso».

El Pleno del TC aprobó ayer la ponencia presentada por Eugeni Gay, aunque no fue una decisión pacífica: tres magistrados anunciaron votos particulares discrepantes en los que defenderán la constitucionalidad de sancionar como delito la apología del genocidio.

La sentencia, que no se conocerá previsiblemente hasta la próxima semana, librará al dueño de la Librería Europa de la condena a dos años de cárcel que pesa sobre él desde hace nueve años, sobre la que ya no tendrá que pronunciarse la Audiencia de Barcelona.

Antón Lagunilla dijo...

Siempre me ha parecido que el tipo penal del artículo 607.2 del CP era tan ambiguo, que hacía prácticamente imposible su aplicación (incluso en ocasiones he llegado a pensar que tal ambigüedad tenía por objetivo, precisamente, que no pudiera aplicarse).

Habrá que leer la sentencia cuando se publique, pero en mi opiniòn, negar la existencia real del holocausto ni implica su justificaciòn, ni tampoco niega que el holocausto fuera un delito de genocidio (si no existíó, no puede ser delito ni no-delito).

Por tanto, si lo que se pretende es tipificar como delito la negación de la existencia real del holocausto, hágase con claridad y precisión, y no chapuceramente. Aunque, la verdad, tipificar como delito la negaciòn de la realidad me parece tan ridículo como la propia negación.

Anónimo dijo...
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