01 marzo, 2008

Blogs y libertad de expresión

Muchos amables frecuentadores de este blog habrán observado con perplejidad o guasa la que se ha liado a estas alturas con aquel post de noviembre en el que me permitía algunas licencias con ciertos hábitos de algunos profesores españoles que visitan países como Colombia y con algunas críticas a algunos aspectos del entramado académico local.
No voy a entrar aquí y ahora ni en explicaciones ni en aclaraciones ni en justificaciones propias o ajenas. Un profesor de allá se dio por aludido, de la misma manera que se podrían haber molestado más de cuatro profesores de acá. Comenzó una larga escaramuza en la que ha habido de todo y que es bien significativa para ponerse a meditar sobre esto de los blogs y sus efectos. Un bloguero colombiano entró en la polémica y le sucedieron también a él cosas curiosas. Al parecer, y según cuenta ese compañero ciberespacial, el asunto va a acabar en un foro sobre blogs, internet y libertad de expresión, que se celebrará en una universidad bogotana y coorganizado por la revista Semana. Sobre eso quisiera aportar aquí alguna reflexión sencilla y con ánimo tranquilo.
Me parece que en términos estrictamente jurídicos el tema tiene, todo lo más, alguna complicación técnica para la que no soy especialmente competente. Supongo que a las dificultades normales para delimitar los alcances y límites de la libertad de expresión, en el caso de los blogs y otras vías de expresión a través de internet se suman los problemas derivados de la dificultad para situar a los posibles autores de comentarios que puedan ser jurídicamente ilícitos y para entablar las correspondientes acciones, en su caso. Pero en este tema me atrevería a plantear una tesis marcadamente “liberal” o tolerante.
Internet supone una extraordinaria vía para expresar y comunicar todo tipo de ideas y opiniones y, frente a tal ventaja de este medio, conviene ser muy prudente a la hora de proponer censuras o de instar controles. Además, quien entra en este mundo ya sabe donde se mete. Quizá se podría mantener que en este ámbito el autor de un blog actúa asumiendo el riesgo, obra auf eigene Gefahr, que dirían los teutones. Si yo, mismamente, puedo utilizar esta página para hacer críticas o bromas o para repartir mandobles, he de asumir que se me responda de la misma manera y hasta que cada cual lo haga a su estilo y según su personalidad, y más existiendo, como existe, la posibilidad de que el respondón aparezca embozado en un nick o cómodamente resguardado por el anonimato. Eso también forma parte de las reglas del juego que tácitamente se aceptan en este medio. Otra cosa son las imputaciones personales que desde un blog se hagan a terceros. Ahí sí que debe ser más estricta la defensa, pues es demasiado fácil intentar desde la red y el anonimato destrozar la reputación de alguna persona concreta.
Mucho más interesante me parece meditar sobre los componentes de psicología individual y social que a través de las discusiones en los blogs se ponen de manifiesto y sobre cómo aquí se ponen de relieve con particular nitidez las distorsiones de la comunicación. Aludiré a algunos de esos aspectos que más me llaman la atención.
En nuestras relaciones ordinarias resulta sumamente infrecuente recibir un mensaje anónimo, sea carta, e-mail o llamada telefónica. En cambio, en la comunicación a través de los blogs esa excepción se convierte en regla. Para empezar, un blog puede hacerse ocultando la identidad de su autor y con la consiguiente impunidad social. Idéntico privilegio logran los comentaristas que se resguardan tras el anonimato o un alias. Gracias a eso son muchísimas las personas que se animan a expresar opiniones y juicios que jamás formularían a cara descubierta. Aunque en algunos casos puedan seguirse de esto inconvenientes y haya quien se propase y aproveche para jugar muy sucio, veo en esa circunstancia más ventajas que inconvenientes. Gana así libertad para que circulen ideas de todo tipo y para que el debate se trabe sin tapujos y sin el tipo de reservas que limitan nuestro intercambio de argumentos en la vida ordinaria. Quien no pueda soportarlo, que no juegue en este campo.
Cosa distinta es que uno se lleve por esta vía considerables sorpresas, y que hasta pueda acabar medio paranoico o deprimido aquel que no tenga medianamente asentada su personalidad. Habría que contar con datos y estadísticas de muy difícil obtención para respaldar la hipótesis que ahora mismo voy a plantear, pero allá va, como hipótesis nada más: dejando aparte los blogs de personajes famosos por la razón que sea, la mayoría de los que visitan un blog de los “normales” son personas que conocen personalmente a su autor, sobre todo, como es obvio, cuando éste no oculta su persona. Por tanto, muchos de los comentarios están condicionados por esa circunstancia, tanto los positivos como los negativos. Es más, me atrevo a sostener que la mayoría de los comentarios fuertemente críticos y hasta abiertamente insultantes suelen provenir de personas que no sólo tratan al autor del blog, sino que se cuentan entre sus amigos o las personas con las que existe una relación formalmente cordial. Igualmente sucede con los comentarios laudatorios o los que defienden al autor, pero en esos casos lo más común es que quien los suscribe acabe dejando pistas para su identificación por el bloguero. Acaba por resultar que la comunicación a través de un blog tiene una especie de efecto multiplicador de ciertos condicionamientos y servidumbres de nuestras relaciones sociales y que el blog es una especie de altavoz de las fobias y filias de todo tipo que influyen en tales relaciones.
Por otro lado, en esta forma de comunicación se ven igualmente acentuadas las dificultades para entenderse a través de la palabra. A partir de los debates más enconados en un blog cabría realizar un muy significativo catálogo del uso de falacias y de las distorsiones habituales de nuestra comprensión. Alguien escribe, por ejemplo, “los asturianos son fanfarrones”, y de inmediato hay que contar con reacciones como las siguientes: a) algún asturiano va a responder que fanfarrona lo será la señora madre de uno; b) otro va a soltar que bien se ve que el autor nunca ha estado en Asturias o no se ha enterado de nada sobre el auténtico ser de aquella tierra; c) un tercero puede animarse incluso a amenazar al autor con un par de guantazos la próxima vez que lo vea en Asturias; d) un cuarto va a decir que sí, que vale la afirmación, pero que por qué el autor dice solamente eso y no añade también, para ser más ecuánime y exacto, que los catalanes son agarrados y los madrileños chulos; e) otro, desde sus conocimientos de psicología profunda, explicará que bien se nota que el autor fue rechazado por alguna moza asturiana y que de ahí su tirria con las gentes de aquella tierra; f) el de más allá se valdrá de la coyuntura para afirmar que se queda corto el autor y que fanfarrones no, unos auténticos cabronazos los asturianos; g) surgirá también el que, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, explique que esa fanfarronería obedece a que allá gobierna el partido X o el partido Y; y h) el más gracioso es el que replica que si un asturiano –yo lo soy- escribe que los asturianos son fanfarrones, es porque está reconociendo que él mismo es un fanfarrón lamentable.
Y todo eso, curiosamente, por una afirmación tan simple, que encierra un más que manido tópico, que contiene una elemental generalización, con alguna base o con ninguna (de eso sí se podría discutir), pero una de tantas como a diario usamos sobre cualquier tema en nuestras conversaciones, del tipo “la langosta del Cantábrico es sabrosa”, “los inmigrantes están muy explotados”, “los universitarios actuales tienen pocas inquietudes”, “los programas de televisión hoy en día son aburridos” o “la cultura francesa está en crisis”. Si nos estuvieran vetadas aseveraciones así, apenas podríamos hablar de lo que no fueran sujetos y eventos totalmente concretos (no podríamos decir "Alemania es un país frío", sino solo "en Alemania la temperatura hoy es de X grados"). La generalización, en nuestra conversación ordinaria, da por sentada siempre la presencia posible de la excepción, por lo que nunca pueden ser ese tipo de aserciones tomadas como sinónimas de “todos los X son Y” (“todas langostas del Cantábrico son sabrosas”, “todos los inmigrantes están muy explotados”, etc.).
De ahí provienen algunas de las más peculiares experiencias que puede acumular el autor de un blog. Lo que uno ha dicho de viva voz ante numerosos interlocutores y no ha provocado más que sonrisa, asentimiento o muy civilizada réplica, puesto por escrito en la red puede desencadenar la madre de todas las batallas, especialmente con contendientes encapuchados. Y conste que sigo viendo una de las grandes ventajas de los blogs en la posibilidad de que los comunicantes no se identifiquen, si no quieren.
También es llamativo el tema de la ecuanimidad o la difícil presencia del elemento kantiano en estos intercambios de opiniones. Uno escribe, por ejemplo, que el régimen nazi fue un régimen asesino. Un sujeto que vea con más simpatía dicho régimen va a replicar que tanto o más asesino fue el stalinismo y que por qué el autor no lo menciona junto al nazismo. En cambio, si uno escribe que el stalinismo fue un régimen asesino, ese mismo sujeto va a contestar que muy bien y que por supuesto, pero no va a preguntar por qué no se alude también al nazismo. Muchos demandantes de ecuanimidad la piden sólo para lo que les agrade o en lo que favorezca a su equipo. Así somos. Sólo que a través de los blogs, por ejemplo, se nota más que somos así.
En fin, trivialidades, o poco menos. Pero podríamos intentar una especie de mínimo código ético de la comunicación en los blogs y a través de los blogs. Seguro que hay muchos ya, pero inventemos algunas pautas bien simples.
A) Reglas mínimas para el autor de un blog.
- Si ocultas identidad real, medita sobre qué cosas de las que dices no te atreverías a mantener a cara descubierta.
- No pierdas de vista que la crítica y hasta el improperio tienen mayor mérito moral, en su caso, si los diriges contra el poderoso o el que puede perjudicarte que contra el indefenso o el que no esté en situación de contestarte.
- Asume las consecuencias de las críticas, acusaciones o reproches que escribas.
- Es mucho más honesto admitir los comentarios a tus notas que evitarlos o censurarlos.
- De los comentarios ajenos a tus notas también eres responsable. Cuando sean críticos o insultantes con otras personas concretas, los estás asumiendo si no los cortas o si los toleras en silencio. El blog es como una casa tuya y alguna responsabilidad tienes por lo que en ella suceda.
- No olvides que donde las dan las toman y no apliques la ley del embudo, indignándote con quien te contesta en tu mismo tono o con tus mismos argumentos.

B) Reglas mínimas para el comentarista en un blog.
- No sabotees el posible debate con comentarios o consideraciones que no vengan al caso.
- Tiene mucho más mérito replicar a una idea que insultar a su autor. Matar al mensajero es una manera de intentar censurar los mensajes.
- Cuando alguien en un blog te señale algo, no concentres tu crítica en el dedo que señala, sino en la pertinencia o no de lo señalado.
- No aproveches un debate para ajustar cuentas con una persona, especialmente si no muestras tu identidad.
- En aras de la calidad del debate, evita en lo posible los juicios de intenciones, y más si no conoces a aquellos con los que dialogas.
- Puesto que en una discusión interesante la primera condición es entenderse, antes de montar en cólera procura comprender cabalmente el texto al que te enfrentas.
¿Cómo dice usted? ¿Que me lo aplique yo mismo? Pues por supuesto, cómo no. En eso estamos.

10 comentarios:

Apelaez dijo...

Técnicamente es fácil limitar el anonimato. Bueno, al menos obligar a que dejen un email falso y se pongan un nick como vengador34. El anonimato, obviamente incentiva las gamberradas, pero también facilita algunos comentarios difíciles de hacer sin una careta. Los podrá uno tachar de cobardes, pero no de interesantes en muchos casos. Comparto su posición. ahora sigo...

Eva dijo...

De acuerdo con apelaez. En otros blogs hay unos filtros mínimos. Pero su amplia hospitalidad favorece, a mi entender, que haya una participación más variada y rica, de gente muy joven y con sana curiosidad... Y desde la perspectiva que da haber coleccionado muchos años creo que los improperios son torpes sarampiones que se sanan con dosis de sensatez. Salud, E.C.

Mercutio dijo...

Buen análisis. Bravo.

Anónimo dijo...

Ojalá se respetaran siempre las reglas que propone, pero sobre todo:

No pierdas de vista que la crítica y hasta el improperio tienen mayor mérito moral, en su caso, si los diriges contra el poderoso o el que puede perjudicarte que contra el indefenso o el que no esté en situación de contestarte.

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

Me ha gustado mucho esta entrada, que supone una buena reflexión sobre la libertad de expresión, el anonimato y sus límites en elos blogs.
Te invito a ver las conclusiones de unas jornadas que tuvimos en la UBU y que estoy publicando en mi blog. Aun faltan tres entradas sobre el tema, que iré publicando en los próximos días:
http://laacequia.blogspot.com/search/label/Mutantes
Un saludo.

Ariadna, un poco al hilo dijo...

Copio un comentario de hace un par de días de Arcadi Espada, en su blog de El Mundo. Es sobre la biografía que Bernat Soria tiene colgada en su web, muchos de cuyos datos son, por lo que se ve, falsos. Yo me he quedado estupefacta cuando he leído el post del sr. Espada. ¿Será verdad que todo eso que pone la web de Soria es mentira? En caso afirmativo, ¿cómo se puede ser tan torpe? Si en la era googleliana se puede llegar a saber todo!
Y a ello contribuyen, positivamente, los blog.
Un saludo,
A.

Texto de Arcadi Espada:

Mi Correo Catalán de hoy trata sobre la mentira. Estaba acabándolo cuando entró por una ventana esta carta. Estuve tentado a incrustarla de alguna manera en el texto, pero lo desbordaba. La carta no es anónima, pero su firmante me pide que no exhiba su identidad.


Querido Arcadi,

Ayer miré el blog de mi colega Bernat Soria, al ver en la edición digital de El Mundo un titular que decía, «Algunos científicos ganan mas que un ministro» y sentirme indignado por la imagen distorsionada que una frase así crea respecto a nuestra profesión. Siempre me he sentido contento al hacer el balance entre las satisfacciones que me da la ciencia y lo que cobro por ello, pero es profundamente injusto proyectar frívolamente la idea de que es mas sacrificado ser ministro que científico! Es cierto que, ocasionalmente, los científicos desarrollamos actividades que nos proporcionan ingresos adicionales, como libros, conferencias, asesoramientos, etc pero desde luego no creo que en la inmensa mayoría de los casos proporcionen ingresos ‘de ministro’. Puede, finalmente, que haya algún investigador que ha aprovechado el papanatismo oficial para venir de vez en cuando a España y cobrar un montón de dinero mientras trabajan fuera. Sin embargo, resulta descorazonador que un científico como se autocalifica el ahora político Bernat Soria, nos use una vez mas para promocionar su imagen personal de sacrifico y desprendimiento. Para colmo de males, leo la biografía de su blog y observo con estupor las mentiras que están escritas allí, algunas basadas en distorsiones interesadas de la realidad, pero otras como los mentores de su carrera científica o la afirmación de que ha sido Decano de la Facultad de Medicina de Alicante sin haber ocupado nunca un puesto en ella, y que son literalmente una vergüenza. Te las subrayo, para tu regocijo.

Me he preguntado de verdad si los periodistas conocen mentiras similares a éstas de todos los políticos y simplemente han tirado la toalla respecto a denunciarlas, renunciando a descubrir a los ciudadanos como son quienes nos dirigen o simplemente son tan malos periodistas de investigación que no analizan críticamente la catadura moral de nuestros políticos. En la denostada sociedad norteamericana, unas falsedades constatables como las que te comento le costarían el puesto a un político.

Perdona que te utilice para desahogarme, pero he tenido el impulso de compartir contigo mi desaliento. Un abrazo

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Sobre la biografía de Bernat Soria

Me licencié en la Universidad de Valencia (1974), me doctoré en Medicina (1978), y me colegié en el Colegio de Médicos de Valencia. Tras preparar las oposiciones, logré una plaza como médico de la Seguridad Social en los servicios de guardia. Así, me convertí en un joven médico de la Seguridad Social en el municipio de Cullera (Valencia). Allí ejercí la profesión de 1976 a 1979 (es probablemente falso. No trabajó como médico mas que un par de meses) año en el que decidí irme a Alemania para iniciar mi carrera investigadora. Mi experiencia como médico me ha marcado luego en toda mi trayectoria investigadora, buscando lo mejor para los pacientes. En Alemania comencé mi formación investigadora (1979-1980) junto a los profesores Erwin Neher y Bert Sakmann (Premio Nobel de Medicina en 1991). Luego me marché al Reino Unido (1981-1982). (Es mentira. Estos científicos estaban en el mismo instituto, pero nunca trabajó con ellos. Preguntados sobre esto, ambos han confesado que ni siquiera le conocían en aquel entonces.)




Cuando volví a España, me incorporé a la Facultad de Medicina de la Universidad de Valencia (de la que fui vicedecano) y en 1984 a la Universidad de Alicante, en la que me convirtí en catedrático de Fisiología y en el decano más joven de España, al frente de la Facultad de Medicina.(¡Es mentira! Nunca ha sido Decano de la Facultad de Medicina. Se presentó a unas elecciones que perdió.) Esto y el hecho de que mi mujer, Verónica, con la que tengo dos hijas adolescentes, sea alicantina hace que me sienta especialmente vinculado a la provincia de Alicante.




Desde 1990 y de forma ininterrumpida soy miembro de la Comparsa de Moros de Onil. Mi trabajo ha sido generosamente reconocido en numerosas ocasiones por la sociedad alicantina (Importante de Información 2004; Premio Flor de la Asociación Dones i Comunicació; Premio Dátil d'Or de Elche, Cremaor y Vicepresidente de Honor de la Hoguera Hernán Cortés de Alicante, Llama Rotaria y Paul Harris Felllow a propuesta de los Rotarios de Elche, Granera d’Or de la Hoguera Benito Pérez Galdós de Alicante). Mi compromiso permanente con los pacientes me ha llevado a pronunciar numerosas conferencias dirigidas a los diabéticos (Alicante, Elche, Orihuela, etc) y sobre la importancia de la investigación biomédica.

Además de vicedecano y decano de la Facultad de Medicina, fui el primer decano de la Facultad de Ciencias Experimentales y posteriormente director del Instituto de Bioingeniería de la Universidad Miguel Hernández de Alicante (no, de Elche y montada por una Comisión Gestora, nombrada a dedo por Zaplana, Presidente de la Generalita Valenciana, a la cual se incorporó sin aspavientos pese a que 50 diputados socialistas firmaron un recurso de inconstitucionalidad contra la creación de dicha Universidad.)

El inicio de mis investigaciones con células madre provocó una reacción negativa del entonces Gobierno del PP, que llegó a abrirme un expediente. Esto hizo que tuviera que autoexiliarme a Singapur para continuar con mis trabajos de investigación. (Es mentira. Nunca ocupó ningun puesto en Singapur ni estuvo alli como científico contratado, incorporado oficialmente a algún laboratorio. Colaboró con un grupo de investigadores en Singapur por periodos de tiempo de no mas de un par de semanas y durante unas vacaciones con su familia. No ha publicado nada desde entonces como resultado de ese supuesto trabajo.)

Soy catedrático Extraordinario de Medicina Regenerativa (¿de que universidad?) y he sido presidente de la Sociedad Española de Biofísica (1997-2000), de la Sociedad Española de Ciencias Fisiológicas (1996-98), de la Sociedad Española de Diabetes (2000-2004) y de la Federación Europea de Sociedades de Biofísica (2003-2005). He sido profesor visitante en distintas universidades y conferenciante invitado por las principales sociedades científicas. He pronunciado conferencias en el Parlamento Europeo (2002) y ante la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas (2004). En mi currículum figuran más de 100 publicaciones en revistas internacionales y la edición de cuatro libros de mi especialidad. También he sido consultor de la Comisión Europea.

Además, he tenido la fortuna de recibir numerosos premios en reconocimiento a mi labor científica, entre ellos la Medalla de Oro y Premio de la Real Academia Nacional de Medicina (Es mentira, no ha recibido tal medalla sino uno de los premios de bajo nivel que la Real Academia de Medicina concede a trabajos en la etapa juvenil), el Premio Alberto Sols (Sax, 1997) a la mejor labor investigadora en Ciencias de la Salud y el Premio Galien (2005). (¡de la Revista Jano de Medicina y Humanidades!)

Hasta mi nombramiento como ministro de Sanidad y Consumo desempeñaba el cargo de director del Centro Andaluz de Biología Molecular y Medicina Regenerativa (Cabimer). (Parece que su sueldo allí era de mas de 12000€ mensuales, otorgado directamente por la Presidencia de la Junta. Seguramente, mucho mas alto que el de un ministro, como dice él que le ocurre a algunos científicos. La Junta de Andalucia se ha negado a revelar el sueldo que pagaba a Bernat Soria cuando fue requerida a ello en la Comisión de Gobierno del CABIMER por el CSIC y la Universidad de Sevilla, las otras dos instituciones que lo forman.)


Buenos días

Sigue el culebrón dijo...

Parece que el ministro se ha molestado. Y hoy, el señor Espada le contesta.
Buen día


El ministro Bernat Soria se queja de que en el periódico hay poco rigor

El pasado 1 de marzo publiqué en este blog una carta de un corresponsal donde se aludía a la biografía del ministro Bernat Soria. Algunos días después el ministro ha tenido la amabilidad de referirse a esta carta en su blog electoral.

Este es el primer párrafo de su respuesta.

"Otro tema que está generando muchos comentarios y que quiero aclarar es la falsa polémica que ha surgido sobre mi currículum. Todo este asunto procede de un origen bien confuso: una denuncia anónima sobre supuestas mentiras en mi currículum que un periodista poco riguroso decidió colgar en su blog sin preguntar ni contrastar."

Este párrafo necesita algunas puntualizaciones y voy a dárselas al ministro. En primer lugar la denuncia no fue anónima. Como ya expuse en la introducción a la carta me consta la identidad del corresponsal, aunque respeté su deseo de no hacerla pública, como es habitual en el oficio. Me consta su identidad, me consta su crédito y me constan sus conocimientos sobre el asunto que nos ocupa. A pesar de ello, y como es lógico, me preocupé de "preguntar y contrastar" sus afirmaciones. Siempre he pensado que una mentira entre comillas sigue siendo una mentira, que implica al que la formula y al que la transcribe. Por lo tanto estoy en disposición de hacer mías las principales afirmaciones de mi corresponsal y demostrar hasta qué punto el ministro ha falseado la noticia de su vida.

1. El ministro no ha sido decano de la Facultad de Medicina de Alicante.

Entre 1979 y 1994 (la franja de tiempo que interesa al asunto) los decanos fueron Alfonso Puchades Orts, Carlos Belmonte, Emilio Balaguer y Alfonso Panchón. No lo fue Bernat Soria, aunque lo intentó dos veces. En 1986, la primera, cuando perdió las elecciones frente a Emilio Balaguer. En las semanas anteriores a esas elecciones Bernat fue acting dean de la facultad, debido a la marcha del decano Carlos Belmonte a Estados Unidos (en la primavera de 1986), y a la circunstancia de que el primer acting dean, el vicedecano con Belmonte, Jaime Merchán, fuese nombrado vicerrector. Lo de acting dean (es decir, decano en funciones) no es capricho o cursilería mía: es la formulación que consta en la edición de 1998 del Who is Who donde Bernat (o quizá fueran los puntillosos redactores de la publicación) escogió la precisión y la modestia para describirse. En 1990 Bernat perdió frente a Alfonso Panchón. Después de la victoria de éste, Bernat presentó un recurso contencioso administrativo, que cuatro años después se falló a su favor declarando que las elecciones habían sido irregulares. Cuando esto ocurrió, acababa de terminar el mandato de Panchón. A fin de no perjudicar a los afectados por los actos legales de éste, el Rectorado decidió dar por válidos esos cuatro años y se celebraron las elecciones a Decano, ya convocadas de modo ordinario, con un solo candidato de consenso: Alfonso Puchades.

2. El ministró no se autoexilió en Singapur

En efecto. Fue profesor visitante de la National University of Singapore y colaboró durante cortos períodos de tiempo, como ya se decía en la carta, con algunos investigadores, entre ellos, Sir Roy Calne de la Universidad de Cambridge. Lamentablemente no se conoce ninguna producción original (ambos nombres sólo coinciden en una revisión ) que fuese fruto de esa colaboración. Es cierto que hay dos papers firmados por Bernat Soria con la diabetes como asunto, y donde él utiliza su credencial de profesor de Singapur, pero todos sus colaboradores son españoles. En ningún momento, Bernat Soria dejó su puesto en la Universidad Miguel Hernández, lo único que justificaría el uso de su apasionada expresión "autoexilio".

3. No hay rastros de su trabajo con Erwin Neher y Bert Sakmann

La aparición de esos dos nombres de alto prestigio en el currículum de Soria no se tradujo en ninguna colaboración conocida. Ni una sola publicación asocia sus nombres.

4. No ha recibido la medalla de oro de la Real Academia de Medicina.

No existe la medalla de oro de la Real Academia de Medicina. Existe, sí, una medalla de honor de la Real Academia, que la han recibido ocho personas. No está Bernat Soria entre ellos. Existen también los académicos de honor. No está Bernat Soria entre ellos. Existen los académicos numerarios. No está Bernat Soria entre ellos. En 1988 sí fue nombrado académico (correspondiente) de la Real Academia.


El caso de la biografía del ministro tiene poco misterio. Es un caso típico de falsedad por hinchazón. Una muestra (y muy ingenua) de name dropping. Cuando fue nombrado, el señor ministro tuvo a bien recordarnos unas palabras que le dirigió un Premio Nobel, probablemente Bert Sakmann: "Tú llegarás a ministro". Es realmente curioso que hiciera de ellas ostentación.




Buenos días.

Anónimo dijo...

Es usted un retrasado mental. No fue capaz de asumir las críticas que se le hacen desde Colombia, y prefirió la salida fácil de escribir una "carreta" extensa sobre cómo librarse de justificar sus afirmaciones. Patético.

olu1 dijo...

Dos breves comentarios:

1. No es cierto que la mayoria de quienes comentan en los blogs son amigos del autor o personas que lo tratan en carne y hueso. De hecho, no creo que el problema sea ser o no conocido del autor del blog.

2. Si uno no insulta en la sala de casa ni hace grafitis racistas ni escupe en los sofas, no tiene por qué dejar que otros lo hagan, sean anonimos o amigos o lo que sean. Es una regla minima. Es la que he aplicado en mi blog, donde escribo sobre politica colombiana (siendo un tema que despierta todo tipo de pasiones). Pienso que haber tenido esa regla ha permitido que mi blog exista aun. (La mayoria de los blogs colombianos dedicados a la politica no duran un anho). Lo que no implica que no haya debates y que se ventilen muy diferentes posiciones.

Apelaez dijo...

Estoy de acuerdo con el punto 1 de Olga pero no tanto con el 2. Técnicamente es bien facil evitar los comentarios anónimos incluso antes de que salgan "al aire". Yo no veo el blog como mi casa, sino más bien como un lugar público, digamos un parque. Si hay gente que quiere escribir groserias o cosas racistas, alla ellos. Mientras la andanada no se salga de un cause mas o menos razonable no vale la pena ponerse a censurar.