03 mayo, 2011

(Anti)terrorismo de Estado

Algunos vivimos divididos, atrapados entre el ensañamiento temperamental y la templanza teórica. O sea, que no sabe uno qué pensar de lo de Bin Laden. Que por el lado personal me sale la bestia y no puedo disimular cierto gustillo, vaya, pero que, por otra parte, está lo de los tratados de ética y filosofía política y lo de las cortesías de andar por casa.

Porque vamos a ver. Digo yo que con tanto profesor de ética que tenemos a sueldo, habrá unos cuantos y cuantas que aprovecharán para escribir a toda prisa unos artículos y unas monografías y ponderar en qué casos es moralmente admisible esto de que vaya una tropa de élite a un Estado y mate bravamente y por la brava a un terrorista malísimo que allí se esconde. Porque, vean, la clave está en lo de malo y malísimo. Este era de los peores, de acuerdo. ¿De acuerdo en qué? ¿Cuánto de malo debe ser para que moral y filosófico-políticamente resulte admisible atizarle unos tiros en la cabeza? ¿Y si era posible cogerlo vivo, o herido, y llevarlo a juicio ejemplar, ahora que tenemos tribunales nacionales, internacionales y de parroquia? ¿Que hacerse con prisioneros así puede dar muchos quebraderos de cabeza y acarrear desventajas en la lucha? Entonces ¿ha vuelto el utilitarismo para cuando pintan bastos y lo de las éticas discursivas y constructivistas, el deontologismo fetén, el constitucionalismo principialista y demás lecciones del temario eran nada más que divertimento para tiempos de bonanza y de la casa de la pradera?

Te pones con la preguntas y ya no paras. Tengo más. Este tipo de ejecuciones, justas o injustas, legítimas o ilegítimas, legales o ilegales a tenor ordenamiento internacional o los nacionales y de lo que dictamine el profesor y profesora que ahora mira a su marido y luego calla, quién le escribía versos, dime quién era... Perdón. Que digo que si este tipo de ejecuciones son buenas o malas per se o depende de quién las ordene. Esta vez dio la orden de matar a tope Obama, que es de los nuestros. Vale, no me opongo. Sólo me interrogo sobre si es igual cuando el malo al que hay que cepillarse sin juicio es igual de horrible, pero el sheriff no es de los nuestros. Sobre la cuestión aguardo con la misma impaciencia el dictamen de los intelectuales independientes.

Pero tomemos como hipótesis que sí, que si un terrorista espantoso organiza en tu país una carnicería atroz, el gobierno de tu país tiene de su parte la moral y el Derecho, objetivos ambos a más no poder, para mandarle un comando despiadado que se lo cargue a tiros y que luego arroje su cadáver al mar. Bien. Supongamos que supiéramos o sospecháramos muchos que lo del 11-M en España lo ordenó Bin Laden; o Perico de los Palotes con Turbantes, y que nuestro servicio secreto lo tiene localizado en un lugar al que podemos mandarle a un comando de la Legión o de lo que nosotros tengamos para operaciones sin anestesia. ¿Podemos considerar que Zapatero tendría la misma legitimidad y debería recibir nuestro aplauso igual que mister Obama? ¿Nosotros o nuestro José Luis por qué vamos a ser menos? ¿Y si le tocara a Aznar la faena? ¿Y a González? Aquí a lo mejor tienen que echarnos una mano hasta los colegas de Ciencia Política, para sacarnos de esta desazón doctrinal.

Porque leo que Zapatero ha mandado un mensaje de felicitación a Obama porque los soldados de Obama han matado así a Bin Laden, y le ha dicho, el de León, que “es un paso decisivo en la lucha contra el terrorismo”. También me gustaría mandarle una pregunta a Zapatero, pero eso va a ser tan inútil como enviarles las otras a cualquier catedrático de ética que tenga un cargo. Sería tal que así la cuestión: vamos a ver, José Luis, piazo pacifista ansioso, si aquí pasara -no lo quieran los hados- que un día ETA vuelve a las andadas y las andanadas, que se hace con su control un jefe etarra malísimo y ordena unos atentados sangrientos aquí, ¿sería un paso decisivo, nuestro, en la lucha nuestra contra el terrorismo, que tú, corazón bonito, le mandaras unos guardias totales a pegarle un tiro en su refugio? Entonces ¿lo de los GAL no estuvo tan mal?

Hay un tipo de razonamiento que llaman a fortiori o a mayor razón. Una de sus dos variantes es el razonamiento a maiore ad minus, que viene a ser que si está permitido lo más, con mayor razón estará permitido lo menos. Para nuestro tema: si está permitido matar sin juicio ni nada, por orden del Presidente nada más, a un peligroso terrorista, con mayor razón habrá que considerar permitido también encerrarlo en una prisión o un campo de concentración sin juicio y hasta que el Presidente diga. O sea, que Guantánamo también tiene su aquel legal y moral, siempre y cuando que acertemos a aislar allá a los malos de verdad. Vaya, vaya.

La derecha feliz, esta izquierda contenta y palmeándole el hombro al yanqui bueno que hace lo que criticamos a los malos, el Vaticano callado porque le dura la resaca del sábado y nosotros a punto de quemar en la caldera de casa media biblioteca, qué pena, de la Ética a Nicómaco hasta las obras completas de nuestros más recientes tratadistas de moral crítica. Menos mal que esta noche hay partido y que dentro de nada Juan Pablo II ascenderá de beato a santo, que es como llegar al top de la liga de las estrellas propiamente dicha.

5 comentarios:

Diógenes de Enoanda dijo...

¿Habría sido legítimo que un comando liquidase a Hitler en plena IIGM?¿Es legítimo considerar a Bin Laden con el jefe de un ejercito enemigo y, en consecuencia, su muerte como un acto de guerra?Si Bin Laden hubiera sido detenido,¿cuantos secuestros y atentados habría habido con la excusa de conseguir su liberación? Servidor lamenta mucho tener más respuestas que preguntas

Carmen dijo...

Oiga, oiga, está obviando que "intentó defenderse aunque no iba armado."

Respecto a las felicitaciones forma parte de la alianza de las civilizaciones, Zp es su mayor precursor, ya se sabe.
A Dios rogando y con el mazo dando, es la máxima de la ley de Talión.

A mí lo que más me preocupa es un rumor que corre por ahí...lo tiraron al mar de culo a la Meca. Traerá cola.

Un cordial saludo.

Turbanto dijo...

Personalmente echo en falta una visión crítica respecto de estos acontecimientos vertida en los medios. Parece que, pese al general acuerdo existente (al menos entre el círculo de personas que me rodea), nadie se atreve a decir públicamente que lo sucedido es completamente reprobable.

En el futuro espero no ser considerado un sujeto peligroso por parte de las autoridades norteamericanas, porque visto su modus operandi no tendría oportunidad de decir ni mu y la sociedad internacional no protestaría ni clamaría por mis derechos (porque, sí, aunque nadie lo diga, Osama Bin Laden tenía derechos).

Tal vez lo que deba hacer es afeitarme y dejar de usar turbante. Sigamos renunciando a nuestras libertades para fomentar la seguridad...

Claroscuro dijo...

¿Y esto?

http://www.elpais.com/articulo/internacional/hija/Bin/Laden/asegura/padre/fue/capturado/vivo/ejecutado/elpepuint/20110504elpepuint_5/Tes

un amigo dijo...

Tres cosas al vuelo:

(1) Sobre consecuencias éticas (no es que le importen mucho a los implicados). El "tit for tat" legitima a posteriori el "tat".
En cuanto a los detalles de la operación, no tengo ni idea, porque dejan translucir sólo la información que quieren - pero aún con tan poca, parece bastante evidente que no tenían ninguna intención de capturarlo vivo. Y los comprendo - huy, a lo peor hablaba.

(2) Sobre consecuencias prácticas. Bin Laden fue un pretexto desde el principio, y lo sigue siendo, como el Cid, después de muerto. Aquí se trataba de justificar gigantescas operaciones contra las libertades dentro y fuera de los USA; los políticos lo lograron y los electores se la tragaron doblada. Alegría. Esa es la historia importante, el tema dominante del comienzo de este siglo XXI, no la del circo de este fin de semana.

(3) Sobre el contexto general. Llevamos por lo menos diez años escuchando historias poco creíbles. A pesar de nuestra insignificancia, de vez en cuando escapa por entre las rendijas del poder alguna información factual que podemos contrastar con las narrativas. Y mira qué casualidad, tres veces de cada cuatro -y me quedo corto- resulta que la narrativa era una mentira clamorosa. Inferencia aconsejable para cualquier persona prudente: tratarlos como a mentirosos redomados.

Conclusión: no tienen credibilidad, ni en esto ni en nada. Pasemos de ellos y pensemos en diversas cuestiones importantes de nuestro ámbito inmediato.

Salud,