12 septiembre, 2013

Extraños aquí mismo. Cuarto acto.

Cuarto acto.



(Candela con el móvil)
CANDELA.- Sí, estoy sola. ¿Qué voz es ésa que tienes? Bueno, sube si quieres, Eduardo no va a volver hasta la noche… ¿Aquí mismo? Vale, pues te abro.
(Va a abrir la puerta y reaparece en el salón con Víctor)
CANDELA.- Sorpréndeme más, si cabe.
VÍCTOR.- Estoy destrozado, Cande, no puedo más. Que me parta un rayo ahora mismo.
CANDELA.- Déjame que adivine. Has descubierto que tu señora tiene dos líos, no sólo el de mi marido. O sea, dos amantes, como tú.
VÍCTOR.- Pues así es, pero peor. ¡Putas pastillas de mierda!
CANDELA.- Soy toda oídos, pero no esperes de mí grandes consuelos, no tengo el ánimo para muchas conmiseraciones ni para solidarizarme con el sector masculino de la humanidad, espero que lo entiendas.
VÍCTOR.- Nieves se ve con tu marido, sí, con Eduardo.
CANDELA.- Creo que algo sabíamos ya de ese tema.
VÍCTOR.- Pero eso no es lo peor.
CANDELA.- Pues ya me dirás. No será lo peor para ti.
NIEVES.- Tiene una relación erótico-sentimental con una mujer. Se encaman y se quieren.
CANDELA.- Mira, no se nos ocurrió preguntarle a Eduardo si también se lo hacía con algún tío. ¿Y quién es la afortunada novia de tu mujer, si puede saberse? Espero no tener el gusto de conocerla.
VÍCTOR.- Pues la conoces de sobra.
CANDELA.- Víctor, no me fastidies. No me digas que es de nuestro grupo.
VÍCTOR.- Sí.
CANDELA.- Esto es una casa de putas.
VÍCTOR.- El mundo es un antro miserable, Cande.
CANDELA.- Ya, y tú pones las copas en el antro en cuestión, estamos buenos para hablar. Venga, suéltalo de una vez. Sería maravilloso que Deysi estuviese acostándose contigo y con tu santa por separado y a escondidas.
VÍCTOR.- Es Luisa.
CANDELA.- Sí, muchas más candidatas no había, a mí misma ya me había quitado de la lista de posibles.
VÍCTOR.- Por lo visto, Luisa es bisexual y hace unos meses se encontró no sé dónde con Nieves y acabó seduciéndola.
CANDELA.- Seduciéndola.
VÍCTOR.- Así me lo contó Nieves entre hipos, con esa misma expresión.
CANDELA.- Follan, o como se diga entre damas.
VÍCTOR.- Follan. Pero además Nieves dice que está loca por ella, que se ha enamorado de Luisa y que quiere convencer a Luisa para liarse la manta a la cabeza e irse a vivir juntas.
CANDELA.- Y dejarte a ti. Y a Eduardo también, se entiende. Pues no lo veo mal del todo, si te soy franca.
VÍCTOR.- Lo de Eduardo me lo reconoció de pe a pa. Repite y repite que es bueno en la cama tu marido y muy cariñoso. Y que siempre habla de ti con mucho afecto.
CANDELA.- Mira qué contentísima me pongo, no voy a saber cómo agradecérselo a los dos, tanta deferencia con la cornuda.
VÍCTOR.- Pero Nieves insiste en que, aunque se vaya con Luisa, puede seguir viéndose conmigo, y hasta con Eduardo, si queremos. Que Luisa le ha hecho ver que ella, Nieves, también es bisexual, y que quiere explotar esa gran ventaja existencial.
CANDELA.- Pues, chico, yo paso de todo. Por mí como si os tiráis al Lucero del Alba unos y otros. Olvidadme y dejadme en paz.
VÍCTOR.- Tengo que decirte algo más.
CANDELA.- No, por lo que más quieras. Ya basta.
VÍCTOR.- He citado aquí a Luisa con una disculpa tonta y debe de estar a punto de llegar.
CANDELA.- Aquí, en mi casa. Ahora. A cuento de qué. ¿Qué coño os habéis creído todos que es mi casa?
VÍCTOR.- Es para pedirle explicaciones, para saber mejor a qué atenerme. Llevo dos noches sin pegar ojo, Cande, y a este paso no volveré a dormir jamás.
CANDELA.- Tú crees que Luisa te va a contar sus planes y sus refrotes con Nieves, así por las buenas y porque le jurarás que duermes mal.
VÍCTOR.- Por las buenas no, con una pastilla de esas que tú sabes dónde están.
CANDELA.- ¡Víctor, ya está bien!
VÍCTOR.- Tú también podrías aprovechar para lanzarle alguna pregunta. Fue amante de tu marido hasta no hace tanto, ¿se te ha olvidado?
CANDELA.- Sí, tiene bemoles, fue amante de mi marido y ahora es amante de la amante de mi marido, que por cierto es tu cónyuge. Deberíamos hacernos un esquema o algo, un croquis o así.
(Timbre. Candela abre. Llegan Luisa y Fernando)
LUISA.- Hola, Candela, hola, Víctor. Se me ha pegado Fernando en cuanto le dije que nos reuníamos aquí un momentín para pensar en un regalo guapo para Eduardo. Casi se me olvidaba que cumple años la semana que viene.
FERNANDO.- Se pondrá contento el doctor Eduardo con cualquier detalle de estos amigos. Él es la persona más generosa que he conocido.
CANDELA.- El regalo, claro que sí, mira qué idea tan entrañable.
VÍCTOR.- ¿No nos invitas a tomar nada, Candela?
CANDELA.- Bueno, decidme qué os apetece, café, té, infusión, algún licor…
LUISA.- Si tienes café hecho, café, está bien.
CANDELA.- No te preocupes, con la maquinita sale en el acto.
FERNANDO.- También un café para mí, por favor.
(Víctor y Candela se hacen señas para ir juntos a la cocina. Salen un momento)
FERNANDO.- Tengo aquí un par de pastillas que he cogido del laboratorio. ¿Se las ponemos?
LUISA.- ¡Estás loco! Si se entera Eduardo nos mata. Además, a cuento de qué quieres preguntar a estos.
FERNANDO.- Tú déjame. Sospecho que Eduardo me ha usado a mí en alguna ocasión de cobaya y sin decírmelo. Ahora voy a enterarme yo de alguna cosilla de su vida. La rebelión del obediente becario, vas a ver.
(Vuelven Víctor y Candela con una taza de café cada uno y se las ponen a los otros dos).
CANDELA.- Aquí tenéis vuestro café. Los nuestros están haciéndose, es un momentito.
FERNANDO.- Yo los traigo, sentaos vosotros.
CANDELA.- Hombre, Fernando, no te molestes.
FERNANDO.- No es molestia, Candela. Entre las funciones clásicas de los becarios está traer cafés. Estaba en las bases de la convocatoria.
CANDELA.- Bueno, si te pones así… Como nunca he tenido un becario, vamos a ver qué se siente.
(Sale Fernando)
LUISA.- ¿Y qué creéis que le gustará a Eduardo de regalo?
VÍCTOR.- Tal vez un polo o una camisa bonita.
CANDELA.- Sí, ya lo conocéis, es bastante presumido y le gustan los trapos.
(Vuelve Fernando con los cafés de Candela y Víctor y se los pone. Los cuatro beben)
FERNANDO.- Muy rico el café. ¿De máquina italiana?
CANDELA.- Sí.
LUISA.- Me regalaron una mis hermanos para Reyes. Ahora ya no me gusta otro café.
VÍCTOR.- Yo conozco al que las importa, es amigo mío. Para otra vez me lo decís y os la consigo a mejor precio.
FERNANDO.- ¿No hace un poquito de calor aquí? (Se quita la chaqueta y tiene hipo).
LUISA.- Sí (hipa), a mí también me lo parece. (Saca un abanico del bolso y se pone a abanicarse).
VÍCTOR.- (Hipando) ¿De qué estábamos hablando?
CANDELA.- (Hipando) Sería de cuánto nos queremos todos y de cómo nos enrollamos unos con otros.
VÍCTOR.- Sí, qué capacidades.
LUISA.- A mí este Fernando me vuelve loca. ¡Tiene un arte!
CANDELA.- ¿Y mi Eduardo qué tal te trataba cuando erais amantes?
LUISA.- Él era más de tipo cariñoso, más de arrumacos y preliminares. Pero bien. Disfrutamos de lo lindo y luego no sé muy bien qué pasó. Lo fuimos dejando.
FERNANDO.- ¿Estuviste con el doctor Eduardo? No me lo habías dicho.
LUISA.- Seguro que tú tampoco me has contado a mí otras cosas.
CANDELA.- Claro, como que ahora mismo te la está pegando con unas cuantas más de tu estilo.
LUISA.- ¿Es verdad eso?
FERNANDO.- Con dos o tres solamente. Pero tampoco te he preguntado nunca si tú me eres fiel.
VÍCTOR.- Pues no lo es. Tiene sexo con mi mujer.
FERNANDO.- ¿Con Nieves? ¿Luisa? No me lo puedo creer. Dime que es mentira, Luisa.
LUISA.- Pues créelo, majo. Pero es una relación muy bonita. Entre mujeres es distinto, mejor, si me apuras.
CANDELA.- Nieves dice que eres bisexual y que ella ahí va.
LUISA.- No sé lo que soy ni me importan las etiquetas, quiero a Fernando y a Nieves y lo paso estupendamente con ambos. Un día voy a intentar juntarlos y verás qué bien. Ya os contaré.
FERNANDO.- Bueno, no sé. Reconozco que Nieves está muy bien para sus años. A mí también me gusta. Y Candela, contigo tengo las mejores fantasías, pero nunca me he atrevido a decirte nada, porque eres la mujer de mi jefe.
CANDELA.- Es muy considerado por tu parte, pero ya he tenido bastantes emociones esta temporada. Si me hubierais avisado a tiempo me habría prodigado más.
(Todos siguen con hipo cada tanto)
LUISA.- ¿Tú has tenido algún amante alguna vez?
CANDELA.- Víctor y yo tenemos nuestro rollo particular. O lo teníamos, ahora no se sabe, con tanto jaleo…
LUISA.- Víctor, no lo esperaba de ti, tan serio y conservador que pareces.
CANDELA.- Sí, serio. Pues ahí donde lo ves, se las apaña conmigo y con Deysi, con las dos.
FERNANDO.- ¿Es verdad eso?
VÍCTOR.- Sí. Son cosas que pasan. Pero Eduardo anda con mi mujer, con Nieves, desde hace años. Ya estaba con ella mientras era tu amante antes, Luisa.
LUISA.- Nieves no me ha dicho ni pío de eso. ¡No puede ser, entre nosotras no hay secretos!
CANDELA.- Pues mira, maja. Fíate tú de los amores entre mujeres, no parece que haya tantas diferencias.
FERNANDO.- Creo que me he perdido. Sigue haciendo mucho calor aquí.
(Entran Eduardo y Rufino).
EDUARDO.- Anda, ¿y esta reunión?
VÍCTOR.- Nada, charlando amigablemente.
LUISA.- Eduardo, no me habías contado que te acuestas con Nieves.
VÍCTOR.- Ni tú a él que tú te lo haces con Nieves también; o sea, con mi señora.
RUFINO.- Pero qué es esto. ¿Estáis jugando a algo?
CANDELA.- Pregúntanos, pregúntanos por Deysi. Anda, Rufino, pregúntanos.
RUFINO.- ¿Qué pasa con Deysi?
CANDELA.- Pues que también se la está beneficiando Víctor. O ella a él, ponlo como prefieras.
RUFINO.- No puede ser, por qué me decís eso, estáis de coña.
EDUARDO.- Mira qué hipo tienen todos, se han empastillado. Esto es la leche.
RUFINO.- Pero Deysi no está, ella no puede haber dicho eso.
CANDELA.- Me lo contó a mí hace nada, cuando le di la píldora de la verdad. Aquí mismo fue.
EDUARDO.- ¿Estás loca? ¿Por qué se la diste precisamente a Deysi?
CANDELA.- Para enterarme de si era cierto lo que Nieves sospechaba, que había tomate entre Deysi y Víctor.
EDUARDO.- Pero Víctor lo había negado. Y, además, a ti qué te importa.
CANDELA.- Cariño, me importa porque Víctor y yo estamos enrollados desde hace rato. Igual que tú y Nieves, por cierto.
EDUARDO.- Estás fantaseando, os habéis pasado con la dosis.
CANDELA.- Que sepas que ayer la pastilla no se la puse a Víctor, sino a ti. Nos contaste todo, lo siento. Donde las dan…
RUFINO.- Esto es insoportable, yo me voy.
CANDELA.- ¿No quieres saber lo que dijo Deysi para explicar lo suyo con este cabronazo de Víctor? Pues que no le iba bien el sexo contigo, que tienes problemillas en el catre, que no disfruta, vaya.
RUFINO.- Demonios, Eduardo, por lo que más quieras, dame a mi una pastilla de esas o me voy a volver loco.
LUISA.- Eduardo, yo que tú me tomaría una también. A ver si así te aclaras de lo que pasa.
EDUARDO.- ¡Esto es una pesadilla! ¡Quiero despertarme ya!
(Candela se levanta y vuelve con dos vasos de agua. Entrega uno a Rufino y otro a Eduardo, que los beben de un tirón).
RUFINO.- (Habla todo el tiempo sin hipo).- Así está mejor. Necesitaba hablar sin tapujos. Yo quiero mucho a Deysi, y me gusta.
FERNANDO.- ¿Pero?
RUFINO.- Me atraes tú, Fernando, desde el primer día que te vi. No conocía esos impulsos ocultos dentro de mí. No puedo explicármelo ni a mí mismo siquiera.
CANDELA.- Nada, otro bisexual. Tenemos de todo y en abundancia.
FERNANDO.- A mí no me gustan nada los hombres, que conste.
LUISA.- Eso creía yo con las mujeres, pero después de estar con Nieves ya tengo claro que sí.
EDUARDO.- ¿Con Nieves?
VÍCTOR.- Sí, compañero, sí, con mi mujer. Os la estáis repartiendo Luisa y tú. Menos mal que Candela y yo nos consolamos mutuamente y, oye, todo queda en casa y muy entre amigos de toda la vida.
(Suena el timbre. Eduardo va a abrir. Entra con Nieves, que está borracha. También llega Deysi).
NIEVES.- Mira qué reunión tan preciosa. Menos mal que me traje a Deysi, así ya estamos todos los de la pandilla. Me encantáis, chicos.
DEYSI.- Yo no sé nada.
EDUARDO.- Nieves, qué te pasa. No sé si llegas en muy buen momento.
(Nieves abofetea a Eduardo)
NIEVES.- Cabrón. Ya sé que fuiste amante de Luisa cuando ya te veías conmigo. Y tú, Luisa, me podías haber dicho algo.
LUISA.- Nieves, sabes que te quiero, temía perderte si te confesaba eso. Es agua pasada. Y tú bien que te estabas callando conmigo lo de Eduardo. Eso valen tus promesas, ya lo veo.
EDUARDO.- Y tú, Nieves, cómo te enteraste de eso.
NIEVES.- Víctor me lo contó, que para eso es mi marido. Él sí ha sido sincero, no como tú, por cierto.
EDUARDO.- ¿Te ha explicado también que él y Candela son amantes?
NIEVES.- Pues que les den a los dos. Ya me da todo igual, no puedo más (Se deja caer en el sofá). Eduardo, dame una de esas píldoras tuyas y que sea lo que Dios quiera.
CANDELA.- Yo te traigo una ahora mismo. Y otras para Eduardo y Rufino. Esos vasos de antes sólo tenían agua. ¿Una ronda más de la droga de la verdad para todos?
TODOS.- Sí, venga, vale, pues adelante. A  ver si reventamos o qué.
EDUARDO.- Qué más puede pasar, a estas alturas.

3 comentarios:

Juan Carlos Sapena dijo...

Solo una cosa (o dos):
- ¿Habrá amor después de las pastillas en esta obra?
- Igual podría haber pastillas defectuosas. En ese caso ¿cómo lo sabríamos?

- Una última (solo para iniciados): yo creía que eran pastillas de la verdad pero no de su verdad de cada cual ¿a quién le interesa éso?

Un saludo desde aquí mismo.

Nube de puntos dijo...

Estoy enganchada, me acabo de leer los cuatro primeros actos de un tirón. ¿Para cuándo el desenlace?

Anónimo dijo...

Donen sangre, por favor, sobre todo del tipo 0. Sobre todo en Móstoles, donde hay pocas reservas.

Gracias, profesor.

David.