26 septiembre, 2013

LOS NUEVOS CRITERIOS DE EVALUACIÓN DEL PROFESORADO UNIVERSITARIO A DEBATE (Un artículo que se publicará en El País el 5 de mayo de 2023).



                Nunca es completo el acuerdo sobre el mejor sistema de selección y promoción del profesorado universitario. Cuando no se había terminado el siglo XX, se criticaba la endogamia a que daban pie los sistemas de la LAU y la LRU, se discutía sobre las ventajas e inconvenientes de las habilitaciones, primero, y del sistema de acreditaciones por agencias evaluadoras, en especial la tan recordada ANECA, después. Una reforma sucedía a la otra y luego venía una más, pero, con todo y pese a múltiples cambios de detalle, se ha mantenido hasta hoy, 2023, el sistema de acreditación por agencias ante las que los candidatos presentan su currículum, sea para acceder a plazas de profesores contratados, sea para poder concurrir a puestos funcionariales de profesor titular o catedrático de Universidad.
                La última revisión del sistema aconteció hace ya cinco años, en 2018, y resultó problemática desde el momento en que daba singular valor a nuevos méritos de los aspirantes, junto a la consideración, en verdad menguante, de las pautas tradicionales, como la trayectoria investigadora y la experiencia docente. Particularmente complicada ha resultado la aplicación de un nuevo criterio que permite sumar hasta un veinticinco por ciento de los puntos necesarios para acreditarse para cualesquiera figuras de profesor. Se trata de lo que popularmente se conoce como dedo en el culo, si bien en el Real Decreto de 27 de septiembre de 2018 recibe el nombre más pomposo de mérito “por persistencia anal”. El apartado j) del artículo 43 del citado Real Decreto lo describe en los siguientes términos: “Hasta un veinticinco por ciento de los puntos necesarios para la obtención de la acreditación los obtendrá el candidato que aporte certificación fehaciente de que durante los dos años previos a la fecha de su solicitud y en horario laboral ha permanecido un mínimo de mil horas con el dedo corazón de su mano derecha introducido en la cavidad rectal”.
                La norma en cuestión fue fruto de arduas negociaciones y del acuerdo final entre el Ministerio del ramo, la Conferencia de Rectores, los partidos de la oposición y los sindicatos, y pese a que el Consejo de Estado apuntó algunas objeciones, de carácter formal, unas, y otras relativas al encaje constitucional del precepto.
                Los problemas no nacieron de la resistencia del profesorado, pues buena parte del personal docente de las universidades acogió con alivio esa reforma que suavizaba un tanto las exigencias atinentes a la calidad de la docencia o de la investigación o a la transferencia del conocimiento. Fueron bastantes los que opinaron que semejante requisito no era menos apropiado o viable que muchos de los hasta entonces vigentes, en especial los que asignaban muy relevante consideración a la realización de cursos de actualización pedagógica o al desempeño de cargos de gobierno en universidades, facultades o departamentos universitarios. Como declaró en su día el Presidente de la CRUE, una de las indudables ventajas del criterio de persistencia anal proviene de que es posible simultanear esa actividad con otras, como la lectura de textos científicos y doctrinales, la asistencia a congresos o, inclusive, la presentación de ponencias, comunicaciones y paneles en eventos académicos. De hecho, y pasados unos primeros meses de desconcierto y rubor, ya es común y habitual ver a todo tipo de profesores y profesoras que se mantienen en esa postura, con el dedo corazón entre las nalgas, mientras peroran ante sus estudiantes, asisten a reuniones de todo tipo de juntas y comisiones universitarias o dictan sus conferencias en congresos de altísimo nivel científico. Incluso los catedráticos, muchos de los cuales eran en los primeros tiempos reticentes, han adoptado el nuevo hábito, una vez que se ha establecido también un sistema atenuado de acreditación para el acceso a las nuevas figuras de catedrático B y A y puesto que el criterio dígito-anal está vigente en idénticos términos a esos efectos. Fue muy comentada, en los primeros tiempos, una concentración de catedráticos para quejarse por dicha reforma, pero en la que la gran mayoría de los concurrentes tenían su dedo puesto de esa manera y en tal sitio, por si acaso y por no perder comba.
                Las dificultades e inconvenientes vinieron por la muy defectuosa técnica legal de aquel citado artículo, mala técnica legal que provocó enormes debates sobre interpretaciones posibles y formas de aplicación. Para empezar, muchos profesores zurdos expresaron su incomodidad porque fuera necesariamente  el de la mano derecha el dedo insertable. Ante el primer recurso por ese motivo, la Audiencia Provincial de Jaén sentenció que procedía una interpretación amplia y no formalista de los términos de la norma, de manera que cada profesor, según su ideología, creencias y lateralidad, ha de poder elegir si se mete en el trasero el dedo corazón de su mano derecha o de su mano izquierda, si bien en la misma sentencia se puntualiza que una mínima fidelidad a la voluntad del legislador legítimo impide que se pueda cambiar de mano, una vez que la elección primera ha tenido lugar. Se explica también, a modo de obiter dictum, que no sería de recibo que el dedo elegido fuera otro diferente del dedo corazón, pues han de respetarse las razones que llevaron al autor de la norma a preferir el dedo más largo y cuyo manejo a ese fin, además, provoca menos lesiones en articulaciones, tendones y músculos.
                Aun con esa jurisprudencia, que fue de inmediato asumida por la Agencia evaluadora, los problemas prácticos no cesaron, ya que la cuestión siguiente la plantearon aquellos aspirantes a acreditación que, por muy penosas circunstancias de su pasada biografía, carecían de dedos. Fue la propia Administración la que, siguiendo la propuesta de la CRUE, aclaró mediante Orden Ministerial que, en tales casos especialísimos y desdichados y a efectos de evitar discriminaciones indebidas, computaría idénticamente la inserción anal de cualquier objeto de tamaño y textura semejantes a las del dedo y siempre que no hubiera riesgos sanitarios.
                Por su lado, varias asociaciones de catedráticos de universidad, sin cuestionar la filosofía de fondo, hicieron una solicitud que resultó muy polémica, pues reclamaron que se equiparase en valor académico y en puntos para la acreditación el tiempo que un catedrático permaneciera con su dedo introducido en el ano de sus becarios, o en la vagina, en su caso y si la hubiere. Por vía de hecho la Agencia evaluadora aceptó esa extensión del criterio, aunque hay quien dice que semejante política obedece a que las distintas secciones de la Agencia están integradas principalmente por catedráticos.
                Pero unas cosas traen otras, y más cuando el legislador no destaca por su previsión y por la minucia en sus regulaciones. Pues, en efecto, enseguida algunos colectivos de profesoras alegaron un trato discriminatorio por el hecho de que no pudieran usar ellas sus vaginas a esos efectos contractuales y de promoción profesional, viéndose obligadas a emplear el otro conducto, con desconocimiento patente de los pormenores del cuerpo femenino y atentado grosero a la justicia, que, bien se sabe, exige tratar igualmente lo igual y desigualmente lo desigual. Como no podía ser menos, una nueva Orden Ministerial añadió pautas interpretativas del Real Decreto anterior y asumió estas reclamaciones de las profesoras.
                En cuanto al modo de certificar las seiscientas horas de autopenetración digital, hubo también sus más y sus menos. Por lo pronto, casi todas las universidades incorporaron a sus reglamentos internos una cláusula que sentaba la presunción de que quienes ejercían cargos de gobierno, electivos o por designación, daban satisfacción al requisito durante todas las horas de su desempeño. En cuanto al resto del profesorado, se estipuló que correspondía a los decanatos emitir los correspondientes certificados para el personal de las facultades y se reconoció el derecho de los órganos directivos a efectuar inspecciones oculares siempre que lo estimen precedente.
                Hoy el criterio funciona ya pacíficamente y a pedir de boca. Ya ni a los estudiantes extraña ver al profesorado en tan meritoria actitud en las aulas, los pasillos o las cafeterías del campus. Hasta los de ciencias duras han decidido recortar un agujero en la parte posterior de sus batas, a fin de no verse constantemente en la ingrata obligación de andar con su indumentaria laboral remangada. En términos generales hay satisfacción entre el personal, pues se considera que es un mérito que está al alcance de todos y que da fe, como pocos, de la vocación universitaria y del esmero y la constancia como virtudes académicas prominentes. En los primeros meses de aplicación había quien decía que dolía, pero la práctica misma acabó por demostrar a todos que no era para tanto y que el supuesto dolor era un prejuicio más, proveniente de otros tiempos con menos libertad y otro tipo de relaciones sociales.
                Puede decirse que hay satisfacción en las universidades y más con el florecimiento de nuevos cursos de formación de profesores en los que se enseñan desde medios de lubricación hasta trucos para obtener del nuevo sistema rendimientos adicionales, sumando placer personal a la indudable ventaja curricular. De hecho, en una reciente foto de un grupo de rectores reunidos, se les veía a todos sonrientes y dicharacheros y con el dedo incrustado en el pompis, haciendo currículum de modo enteramente compatible con el digno desempeño de su cargo y la plena asunción de su alta responsabilidad.

4 comentarios:

Juan Carlos Sapena dijo...

¡¡Qué país, siempre igual!! Me consta, que me han contado, que en Alemania, por aquellas fechas, ya se requerirán 1200 horas como exigidas aunque a lo mejor, pero acompañadas de previa certificación posterior y al tiempo de emisión ISO 9000 de continente y contenido contrastada por dos emisores acreditados más que alegremente, uno de ellos siempre de Zululandia (multiculturalidad forever, perdón, behind the multiculturalismo quise decir)
Y ésa falta de concreción en los lubricantes hecha desde el desconocimiento del principio resbaloso de primer grado en la teoría educativa escolástica posterior...¡¡Ay, la ignorancia y el decúbito prono...!!

Por otro lado: ¿qué querrá decir País en el 2023? ¿qué será un periódico? ¿qué significado tendrá lector? ¿leer? ¿universidad con señores dentro enseñando? ¿enseñar?

A ésto le falta cuarto y mitad del Facebook que está viniendo, me temo.

Un saludo.

Mercedes Fuertes dijo...

Genial texto que de manera divertida ofrece una visión del deterioro de la Universidad. Pero no creo que haya que esperar a 2023 para percibir tal degradación. Ofrezco un dato reciente de mi Facultad: se acaba de contratar como responsable de la docencia del Derecho Romano a una abogada a la que bien conozco porque le dirigí durante varios años su tesis doctoral. De la misma manera que soy consciente de sus positivas habilidades, también conozco su ignorancia absoluta del Derecho Romano y, por supuesto, del latín, idioma básico para manejarse en esta disciplina.

Quien haya propuesto este nombramiento ¿ha pensado en la calidad de la enseñanza del Derecho Romano -ínfima- que van a recibir nuestros estudiantes de primero? En nada quisiera perjudicar en lo personal a esta antigua alumna mía, pero adviértase que si nosotros, profesores titulares y catedráticos, no nos tomamos en serio ni respetamos la tarima a la que nos subimos para enseñar ¿quién lo va a hacer en la sociedad? Espero que alguien recapacite y que se busque para este cometido a una persona con la adecuada cualificación profesoral.

Pablo Mandrés dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Pablo Mandrés dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.