08 septiembre, 2013

Olimpiadas de ética



                Divertido lo del Madrid olímpico. Tristemente divertido.
                Vaya por delante que a mí me parecía bien que Madrid hubiera ganado el torneo ese de ciudades maravillosas para el olimpismo, o como se llame. ¿Por qué me parecía bien? Pues no sé, por cuestiones elementalmente emotivas. Por simpatía a los madrileños de bien, porque a lo mejor había algún beneficio para Madrid o para España (cuestión discutida, lo sé), porque quizá mejoraría un poco el humor y la depresión de la gente… Aunque en contra pesa el posible aumento de la alienación político-deportiva y el eximio partido en el gobierno se lo iba a apuntar como otro indicio de que somos buenísimos y la crisis ha pasado. En fin, ya da igual.
                Pero llegan los peros a los que voy. Ayer ya me estaban venciendo los escrúpulos antes de que se conociera el resultado. Luego ya casi me alegré, antipatrióticamente quizá. Por lo que sigue.
                Lo de los idiomas. Vaya primero que este que suscribe no es precisamente un genio de las lenguas. Puedo chapurrear y comunicarme más o menos en tres o cuatro idiomas, además del español y el bable. Pero, fuera del español y el bable, todos los hablo mal y ninguno escribo ni medio bien. Incluido el alemán, que es al que he dedicado más tiempo y después de haber vivido una buena temporada de mi juventud en Alemania. Pero para lo mío me arreglo. Si aspirara a presidir el gobierno o a ser alcalde de una capital de tronío, por mis muertos aseguro que dominaría a base de bien unas cuantas lenguas extranjeras y hasta me pondría a estudiar ruso, por si acaso.
                Ay, los idiomas. Patético lo de la señora Botella, alcaldesa de Madrid. Patético y tremendo que no consigamos tener un presidente de gobierno que hable al menos un poco de inglés. Lo dominaba aquel Calvo Sotelo que fue flor de un día. Y pare usted de contar en inglés. Hoy, tener un cargo político importante y no saber inglés es como ser contable y no entender de sumas o como ser trapecista y padecer de vértigo a las alturas. Inconcebible.
                No se entiende. Si usted se ha pasado años y años porfiando para ser presidente del gobierno, ha tenido tiempo para estudiar algún idioma. Si llega a presidente y sigue a uvas en eso será o por dejadez supina, por vagancia extrema o porque es un burro si atenuantes. Todas las alternativas asustan, en su extremo realismo y porque no caben otras. Rafael Nadal, el tenista, se expresa en inglés, Fernando Alonso, el piloto de fórmula 1, se expresa en inglés. Zapatero no sabía una palabra y Rajoy tampoco. Los votamos igual, tal vez no son suyas todas las culpas. Puede que nos gustan así, de la dehesa o como recién bajados de la braña.
                No puedo imaginar que los representantes de Tokio que andaban defendiendo esa candidatura no hablaran más que japonés, y apuesto a que los de la candidatura de Estambul dominaban algo más que el turco. Los más visibles de los nuestros, con la excepción del Príncipe, tienen dificultades hasta con el buen castellano y se les atraganta la sintaxis española. Dan ganas de llorar.
                A la alcaldesa de Madrid no se le conoce otro mérito o capacidad que el de ser esposa de José María Aznar. Un currículum impresionante. Y, de propina, y habilidades idiomáticas aparte, o mucho engañan las apariencias o es sencillamente tontita. Explicó en su discurso final que Madrid es una ciudad guay para tomar cafés y comer en las terrazas de la Plaza Mayor. El más tonto de mi pueblo muestra más luces y tiene algo más de pudor.
                Excelente representación. La gente y los periódicos se consuelan con que vaya bien que estuvo el Príncipe y que sí se maneja con ingleses y franceses. Vale, encantados todos. Para eso le hemos pagado los estudios, supongo. Sólo faltaba. Pero estaba en Buenos Aires en su condición de heredero de la Jefatura del Estado. Porque aquí hay monarquía y la Jefatura del Estado es hereditaria. Es una tradición que tenemos y que a más de uno le hará su gracia. También más de uno habrá pensado que jolín con la familia reinante. Un prodigio de gente, con una ética ejemplar. La mejor presentación por esos mundos.
                En la imagen culminante se ve también a la mujer del Príncipe, Letizia con zeta. Su cargo es ése, mujer del Príncipe. Ya van dos que si no llegan a casarse no andarían por allí. Va siendo hora de que revisemos los efectos jurídico-políticos del matrimonio. Y de que, ya puestos, votemos todo para que, al menos, sea culpa nuestra. Por cierto, y ya que estamos con cuestiones familiares y morales, la familia real también está como para ir enseñándola al mundo, henchidos de orgullo. Jefatura del Establo.
                En todas las fotos sale igualmente el Presidente del Comité Olímpico Español. Hasta en la prensa alemana se ha escrito sobre cómo plagió su tesis doctoral y cómo dio un cargo a quien como directora firmó esa tesis copiada, al parecer. No me consta que el señor Presidente del COE haya usado el derecho de rectificación ni haya desmentido fehacientemente semejante noticia. Más ejemplaridad. Para colmo, va el hombre y hace un discurso explicando que nuestro error no fue permitir el dopaje, sino perseguirlo y hacer así que el mundo se enterara de tanta fechoría. Que lo teníamos que haber tapado todo, vaya. La misma lógica para cada cosa, viva la ética pública y privada.
                Parece que en la representación española había un buen puñado de deportistas y antiguos deportistas. Ignoro cuántos saben inglés o algo. También desconozco cómo se celebró el concurso de méritos entre ellos. Imagino el dedo amigo. Un sorteo habría sido más presentable, un sorteo entre los que superaran un elemental examen de lenguas y cultura general.
                Peor que los hechos son los indicios. Todo indica que ni nos avergonzamos ni nos arrepentimos de nada. Vamos a exhibir nuestros méritos y llevamos todo lo que nos puede abochornar. Cuando nos dan en las narices, nos enfadamos y no entendemos nada. Es que son muy corruptos por ahí, ¿sabe uzté?
                Anoche escuché en la radio a un famoso locutor al que yo antes oía mucho, hasta que se convirtió en abogado informal y pertinaz de Urdangarín y su familia política. Ya he cambiado de emisora. Contaba ayer que los del Comité Olímpico Internacional son todos unos corruptos, pues no nos votaron. Si hubiéramos ganado, serían personas ejemplares y caballeros y señoras sin tacha. Nuestra suprema ley nacional es la ley del embudo.
                Dan ganas de borrarse de todo. Menuda tropa tenemos y somos.

7 comentarios:

Juan Carlos Sapena dijo...

Me debato con este tema de su artículo entre la seriedad normal de mi carácter, ya de por sí, y la pandereta nacional de la sociedad en la que vivo, ya de por pues también.
Voy a intentar resumirlo, así, a vuelapluma. Tenemos;
- una delegación, absoluto esperpento, que pretende representar, y vender, la candidatura de Madrí a unos señores muy serios, habrá de todo pero, que no saben más idioma que uno de los patrios y a trompicones; y cuando hablan en inglés, por aquello, no lo entienden los propios ingleses ni por dónde.
- Una marca Ejpaña, cuyos abanderados, en número indeterminado, tienen en marcha o deberían tener procesos por evasión de impuestos y fraude a la Hacienda pública cuando no pagan o evaden simplemente sus pingües ganancias allende las fronteras con viejos trucos societarios.
- Un país en quiebra donde los elementales recursos sanitarios, educativos o asistenciales son depredados por la oligarquía dominante y sus familias y allegados para mayor alegría de sus gestores bancarios (los de ellos) a la que no se le ocurre nada mejor que montar unos JJ.OO. digo yo que por fundir el oro de las medallas.
- una peregrinación, quizá romería, motorizada y constante a Suiza, Andorra o visaorolandia, de estos padres de la patria toda.
- un monarca que mata elefantes a cañonazos, lo siento mucho, un gobierno que se encomienda a la virgen del rocío, a los mercados o al fantasma de los hijos que no tuvimos.
Y cuando todo este elenco de portentosas mentes se reúnen para pedir unos juegos olímpicos, los ejpañoles que no tienen ni para pagar los libros de medio texto de sus hijos (vamos, su futuro como quien dice) llenan las plazas para sufrir en una piña, tipo Bob esponja en coma etílico, con los cabestros enviados el inevitable desenlace...y luego cinco horas en todas las cadenas nacionales de cómo nos roban y nos envidian por las afueras de ésta corrala y que siempre igual vayapordios...

Mientras tanto CiU dice que quiere ser independiente pero ahora no, dentro de un año si eso que ahora no les viene bien la agenda...

Como aquel niño de la película que a veces veía muertos, también yo, a veces, pienso en antorchas pero no son olímpicas. Simplemente, no tiene gracia y si alguien se la ve ruego comparta gozoso la dicha.

Un saludo, el artículo excelente como siempre. No me canso.

Anónimo dijo...

Muy buen artículo, Juan Antonio. Excelente. Además de certero, con un toque de humor. Me he reído leyéndolo.

Gracias y un saludo,

D.M.S.

Garciamado dijo...

Gracias, amigo D.
Estimado Sr. Sapena, extraordinario su comentario, muy bueno. Lo felicito y me permitiré copiarle alguna cosa en el futuro, como lo de Visaorolandia o esa imagen tan expresiva del Bob Esponja comatoso.
Saludos.

Juan Carlos Sapena dijo...

Y yo pues que encantado, profesor.

Un saludo, o dos.

Anónimo dijo...

Yo siento que esa delegación impresentable y el sentimiento de que una victoria habría sido usada para sacar tajada, política y de todo tipo, ha producido tanta repugnancia que a la mayor parte de la gente le ha importado muy poco el fracaso y la imagen de ridículo. Desde el punto de vista de "concepto de país", esta situación es un auténtico drama.

Exiliado dijo...

En cierto modo, sentí un alivio cuando la candidatura de Madrid fue rechazada.

Profesor, coincido con la mayoría de sus críticas, aunque yo insistiría aún más en las consecuencias económicas (en mi opinión, negativas) de celebrar los juegos olímpicos en España. Entiendo que hay algún estudio que sostiene que la celebración de las olimpiadas proporciona beneficios económicos para la ciudad o país elegidos, pero tal como está la situación en España habría que tener pruebas fehacientes de tales beneficios antes de arriesgarse al desembolso requerido. Sin embargo, es fácil tirar con pólvora del rey en un país donde “el dinero público no es de nadie”, como dijo alguien en su momento.

Además, el elemento panem et circenses no es desdeñable. Aunque el futbol ya cumple bastante bien esta última función en España, añadir un poco de divertimento extra, como las olimpiadas, mantiene al pueblo más contento y dócil.

En cualquier caso, pienso que la principal motivación para obtener la sede en Madrid era puramente política: bombo y platillo para los cargos de turno.

Por último, aunque coincido plenamente con su crítica de la muy española ley del embudo a la hora de lamentarse por la corrupción, me gustaría añadir que el Comité Olímpico Internacional es de hecho una cueva de ladrones, razón de más para tener el menos contacto posible con ese ámbito.

un amigo dijo...

Delicia de los tiempos presentes, hemos llegado a un punto tal en el que resulta prácticamente sintéticamente definitorio del verdadero carácter de una actividad... las personas que la promueven. "Dime quién te promueve y te diré quién eres..."

Así cuando uno ve el hatajo de indeseables e incapaces al que el anfitrión de estas líneas ha pasado sucinta (y aún compasiva) revista, un grupo de personejas que, sin sus oropeles de casta, no serían n-a-d-i-e (no les confiaríamos las llaves del coche para aparcarlo, mucho menos las llaves de la oficina para limpiarla), se entiende inmediatamente, sin necesidad de ulterior esfuerzo analítico, que las Olimpiadas son una gran mierda pinchada en un gran palo.

Bien venga, pues, el resultado. La mal llamada 'derrota' de la repetitiva, cansada, deteriorada candidatura olímpica es en realidad un éxito para España y para Madrid. Nos ahorra ulterior desperdicio de fondos públicos; nos ahorra la enésima devastación caprichosa del tejido urbano; nos ahorra una megaoleada de contratación pública urgente y dudosa, otorgada a dedo por cucarachas a otras cucarachas; nos ahorra despilfarro suntuario en un momento en el que el gasto social ha caído a mínimos históricos, paragonables al pre-desarrollismo; nos ahorra sufrir a esa misma casta trompeteando imbécilmente delante de los medios sobre su 'exito'; nos ahorra carísimos espectáculos idiotas; nos ahorra...

Deja en evidencia el modelo de 'desarrollo' de Madrid, en cuanto a infraestructuras y servicios públicos, que es un gran bluff, un collar de pelotazos, desde el vulnerable e incomodísimo megaaeropuerto, que renquea cada vez más, a la concentración injustificada de líneas de alta velocidad que poca gente utiliza (sobre todo ahora que está saliendo a la luz cuánto se ha gastado en centros comerciales en las estaciones, y cuánto en seguridad de la línea), pasando por la red radial de casi permanentemente vacías autopistas de peaje donde la 'iniciativa privada' ha asestado un sablazo colosal en las corvas del contribuyente, ...

Madrid, rompeolas de todos los bandidos...

Y por supuesto, el batacazo olímpico nos ahorra contribuir a una gran mentira. Desde hace bastantes décadas -desde la explosión de los derechos televisivos y publicitarios, para ser precisos, que han proporcionado combustible para sus fechorías-, el llamado movimiento olímpico internacional es una lobby asquerosa que utiliza sin pudor alguno los buenos sentimientos de un puñado de inocentes, véanse voluntarios y deportistas, pero que controla un poder inmenso de forma absolutamente opaca y endógama; y que está basado en una mayúscula mentira, a saber, que sea 'no profesional' algo que se ha profesionalizado y mercantilizado al máximo. Viva el deporte, pero lo más lejos posible de las olimpiadas, que son la esencia de lo antideportivo.

En resumen, ambas vías, la sintética y la analítica, dicen las mismas cosas. Y no dejan muchas dudas sobre lo que pretendía en realidad esta pantomima. Como diría un castizo, "blanco y en botella... en botella y blanco". ¿Qué será, qué será?

Salud,