27 septiembre, 2013

Un artículo de Mariano Rajoy, de 1983


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5 comentarios:

Juan Carlos Sapena dijo...

El Derecho se estudia mucho y se aprende poco.

Un saludo.

PD: menuda sarta de sandeces, hasta para 1983...

un amigo dijo...

"... cada uno de ellos aporta al huevo fecundado sus veinticuatro cromosomas..."

¿Veinticuatroooooooooooooooo?

Se le veía ya la predisposición para el rigor científico (entre otras cosas).

Por mi parte, la sarta de sandeces del entonces, que haberla hayla, me parece inocente e insignificante comparada con las que vomita en una intervención típica del presente.

Salud,

Carmen dijo...


De aquellos polvos (los de sus progenitores) vienen estos lodos.

Lo trágico es que su política actual se basa en ese artículo, que confunde (desconozco si deliberadamente o debido a su estulticia supina) igualdad de riqueza con la de oportunidades.

Y lo peor está por venir, ju.

Un optimista saludo.

Javier dijo...

No quisiera irrumpir aquí abogando por el diablo, pero hay que reconocerle a don Mariano los esfuerzos realizados para salir de su estado natural de gallega abstracción, casi misticismo, que le llevan –a su pesar, hay que decirlo– por los muy parecidos derroteros que atravesó, desierto mediante, su ínclito don Aznarín, de infausto recuerdo.

Tampoco parece pretensión de este nuestro presidente (que por poco no lo es), ni entonces ni ahora, cosa distinta de la gloria eterna, que, no pudiendo alcanzarla recogiéndose en monacal retiro, intenta sibilina, paciente y reiteradamente con artes más humanas, más cercanas y, sobre todo, más rentables. Siendo como es persona leída, con carrera y plaza de funcionario, doy por sentado y sentido que no era su intención menoscabar, y mucho menos menospreciar –lamento la cacofonía–, los altos valores que declaran la igualdad de los hombres recogidos en los derechos universales que normativamente, y solo normativamente, nos asisten a todos los de esta especie humana, tan poco sabidos en esos truculentos años. Su intención era sin duda valorar y ensalzar el esfuerzo individual, la clara igualdad de oportunidades para los que sí son realmente iguales, el premio a la perseverancia y a la ambición, el reconocimiento público de los aristoi, a cuya estirpe pertenece, por supuesto y aunque modestamente no lo diga él mismo de sí mismo, el fomento de la competitividad, tan superior a esa insensata idea que se llama cooperación, y, sobre todo, el saber hacer de ese hombre sensato, consciente, inteligente y eficaz que debe, obedeciendo a su natural superioridad, ostentar sus desiguales competencias, que se dice ahora. Y a fe que lo ha conseguido, porque no es lo mismo ser tonto que tener carné (de tonto, claro). No sé si se me entiende…

Un abrazo

Anónimo dijo...

La gente que se esfuerza por atenuar las crueles desigualdades es tonta, holgazana y atenta contra la naturaleza, entendida sólo como depredación y combate competititivo en aras de la supervivencia y de la acumulación capitalista. Viva el neodarwinismo social. Todo lo que suponga desigualdad, despotismo de los más ricos o fuertes sobre los débiles, visión Nietzschiana ramplona y aristocratizante sea bienvenido. Los débiles, discapacitados, " diferentes ", pobres, menos dotados, "deberían desaparecer ". Aunque obviamente sean tan humanos como los otros, en todos los sentidos, y sean protegidos por la ley, el nomos frente a la hybris de la physis. La civilización frente a la barbarie casi hitleriana. Cuidado. Se suponía que existía una igualdad de oportunidades constitucionalizada, una protección social de estado de bienestar, una discriminación positiva, unos cupos sociales, unos servicios sociales y públicos, una igualdad ante la ley. Frente a lo que es sino jungla total. Nada más. Gracias.