31 marzo, 2007

Otra más de lógica (pati)difusa

Escrito al post anterior, me pongo a leer el artículo de hoy de Santiago Carrillo en El País, de quien en el pie se dice que fue secretario general del PCE y que “es comentarista político”. Mira, como yo, que siempre ando comentando cosas de política por ahí. De política, de gastronomía y de todo. Me lo voy a poner en tarjeta, bien visible debajo de mi nombre: comentarista político y de todo. Mola. Pero, fuera de eso, ¿por qué estos tipos nunca firman como “pensionista”, "jubilata" o similar?
El artículo en cuestión corta el hipo. Constituye, para empezar una aportación interesante a la desactivación de la crispación e insiste insultantemente en cuánto insulta el PP. Sigue el paradigma que entre todos han ido estableciendo con tanto esfuerzo -¿quién empezó? ¿cuándo?-: el paradigma "y yo en la tuya". Miren cómo arranca:
La derecha española, encabezada por los dirigentes del PP, trata de dar fuerza a una especie de Frente Nacional -que recuerda el movimiento de Le Pen- cuya ala "marchante" integra cómodamente a los residuos del franquismo y al Foro de Ermua. La oposición al terrorismo aparece como el elemento aglutinador de este Frente”. De Frentes algo recordará el buen hombre, sí. Y de dictadores y así, pues más de una velada se pasó haciendo risas con Bresnev y Ceaucescu. En cuanto al estilo del escrito, pues como si lo hubiera redactado esa ultraderecha a la que critica. Cabría hacer unos refranes y todo: “Entre Acebes y Carrillo, aquí gobierna el más pillo”; o "Entre Zaplana y Carrillo, el pueblo en un bocadillo".
Pero no traigo a colación al venerable jubilado por las virtudes de su escrito, sino porque nos da otro ejemplo de la lógica ilógica de que hablábamos en el post anterior. Miren esto que dice, así como el que no quiere la cosa: “Impedir la muerte de De Juana y acatar la absolución de Otegi, aunque ello fuese una concesión -y no lo que es, el simple cumplimiento de las leyes-, es un acto de Gobierno sabio”. De acuerdo, será de gobierno sabio y no pretendo discutir ese fondo del asunto, pero aquí hay trampa en el argumento. Cierto es que no la inventó él, sino el Gobierno mismo. Se razona así: lo de Otegui y De Juana no fue una concesión porque fue legal. Aplastante. A usted su vecino le pide que le regale dos mil euros y usted, bien por que le da la gana o porque está acojonadillo, acepta y se los da, sabiamente. Pero no fue una concesión a su vecino, eso no, pues nada hubo de ilegal en su donación. Excelente. Nada que se haga legalmente supone, pues, concesión. Tampoco puede ser lamentable, o vergonzoso o triste o supercalifragilístico. Lo legal es legal y punto.
Es un adjetivo omnívoro este de “legal”, se come a todos los otros y les quita el sitio. O, mejor dicho, suple sólo a los calificativos negativos. Usted dice que lo de Otegui y De Juana fue feo, cobarde o afrentoso y le replican que de eso nada, que no puede ser tales cosas porque fue legal. En cambio, mantenga usted que fue hermoso, humanitario, generoso o valiente y le van a decir que claro que sí, que por supuesto y que de eso se trataba. “Legal” es la palabra-zulo en la que se esconden los términos que no queremos oír.
Así que ya sabe, amigo, cuando su mujer (o su marido, etc., etc, pero disculpen que no me pare a organizar toda la ensalada de variantes y desinencias) lo ponga de vuelta y media por llegar el viernes a las cinco de la madrugada y oliendo a Veterano, no se pierda en argumentos, razones y disculpas, diga simplemente: es legal. Pues lo es. Verá como ella achanta, sabedora de que ya no queda más razón que la razón de este derecho que se ha hecho público y se ha echado a la calle.

1 comentario:

Antón Lagunilla dijo...

No sea ud. tan inclemente con Carrillo, al que debemos la doctrina de la reconciliación con un franquismo vivito y coleando. Tenga en cuenta que el pobre hombre está ya amortizado, y que su única posibilidad de conseguir un obituario presentable es arrimarse lo más posible al abrigo del poder, y ello tiene un precio. Además, se trata de un converso, y aunque de los conversos no hay que fiarse nunca, pues todas las fuerzas de su alma se les van en demostrar que son, efectivamente, conversos (lo que les hace serviles hasta la abyección), hay que comprender que la vida a su edad es dura, y la pensión escasa.