16 abril, 2007

Por qué disparo más para un lado

Tengo un amigo que es como mi hermano y, para más suerte, colega en mi Facultad. Me lee las cosas de este blog con el ojo crítico que se espera de los amigos leales, me señala las frecuentes erratas y, de vez en cuando, me plantea interesantes cuestiones. Después de ver la nota de hace un par de días, en la que me metía con un editorial de El País, me pregunta por qué casi siempre disparo para ese lado. Es una buena pregunta y me lleva a una reflexión que aquí quiero compartir con él y con todos.
Estoy de acuerdo en que El País es un buen periódico. Me explico. Dejando al margen lo que a veces me parece tendenciosidad de muchos de sus editoriales que tocan la política nacional, y el sesgo zapaterista de bastantes de sus noticias nacionales, sus informaciones suelen estar llenas de calidad. Por ejemplo, en materia de información internacional me parece insuperable. Además, los que prácticamente hemos crecido leyéndolo encontramos sumamente agradable, tal vez por familiar, su formato y hasta su tipografía.
Procuro todos los días, al menos cuando el tiempo disponible me lo permite y en medio de mi irremediable desorden horario, echar un buen vistazo como mínimo a El País, El Mundo y ABC. Y no voy a afirmar, ni mucho menos, que esos periódicos, o los demás, tengan menos marcadas sus preferencias y usen en medida menor de ciertas argucias retóricas para llevar agua al molino de sus inclinaciones o de su empresario. Entonces, ¿por qué meterse tanto con El País?
En mis tiempos mozos mis simpatías estaban totalmente con los partidos de la izquierda. Todavía sonrío para mis adentros cuando recuerdo a qué partido voté la primera vez que pude hacerlo. También me hace gracia rememorar el cabreo que se pilló el cura de mi pueblo cuando se enteró de que en las primeras elecciones democráticas allí ganó el PCE. Por entonces me empapé todo lo que pude de lecturas marxistas. Me acuerdo con nostalgia del seminario sobre teoría marxista que, allá por tercero de carrera, seguí en Oviedo con Ramón García Cotarelo. Eran también los tiempos del activismo sindical en la Unión de Campesinos Asturianos, mano a mano com mi buen amigo Óscar Sirgo, de Piñera, Gijón, que por ahí sigue, y con el ubicuo Alberto Cotarelo, de Taramundi, ya retirado.
El maniqueísmo propio de aquella edad creo que se me curó y aquella fe un tanto elemental se fue disolviendo, como otras. Pero, hasta hoy, no me han abandonado las simpatías con eso que llamamos la izquierda. Pero, ¿qué es la izquierda? Para mí, caídos ya tantos dogmas y muros –aunque muchos muros mentales se mantienen incólumes-, izquierda significa meramente la creencia de que el Estado debe redistribuir al menos mínimamente la riqueza y velar por los derechos sociales, amortiguando en lo posible las diferencias que un mercado libre establece entre los ciudadanos, todo ello sin cargarse las más básicas libertades individuales. En resumen, izquierda supone trabajo en pro de la igualdad de oportunidades entre los ciudadanos de un país y, también, entre los ciudadanos del mundo.
A esa característica principal se podrían sumar otras varias, con las que también me identifico. Señalaré dos, la mayor simpatía por una sociedad laica en lugar de por un Estado confesional o fuertemente condicionado por iglesias y credos religiosos y el esfuerzo en pro de una sociedad regida por los objetivos de la Ilustración. Y cuando digo Ilustración estoy pensando en una filosofía primero individualista y luego solidaria, tal como la que durante bastantes décadas y en unos cuantos países europeos cultivó la socialdemocracia. Me refiero, pues, a un Estado que obre en pro de que cada ciudadano, sea cual sea su origen social y donde quiera que haya nacido, disponga de los mínimos recursos e instrumentos para ejercer su autonomía y realizar su vocación. Precisamente si hablamos de igualdad de oportunidades, nos referimos a que cada individuo goce de las mismas que cualquier otro, sea blanco o negro, payo o gitano, mujer u hombre, etc. Sentada esa mínima igualdad de base, al que Dios se la dé, San Pedro se la bendiga; a competir en el mercado, sí, pero sin que en la línea de salida tenga más ventaja el que nació en una u otra cuna o en este o aquel lugar.
Esos ideales, que tengo asociados a la izquierda –tal vez erróneamente, visto lo que se está viendo-, me resultan muchas veces muy difíciles de conciliar con los planteamientos teóricos y las políticas concretas de los partidos que en este país nuestro pasan por izquierda. Por ejemplo, no logro asimilar las simpatías que, en el plano filosófico-político, siente la izquierda hacia el comunitarismo, ni la propensión a hacer prevalecer cada vez más los derechos colectivos o grupales frente a los individuales, ni los miramientos con ciertos credos religiosos no cristianos –mucha de la izquierda actual ha dejado de ser partidaria de un mesurado laicismo y se torna meramente anticatólica-, ni el empeño por debilitar aquí el Estado en favor de unas Comunidades Autónomas convertidas en reinos de taifas, ni la complicidad con unos poderes locales y localistas que tratan de someter a sus gobernados a su imperio con políticas, como la lingüística, que, a la larga, sólo sirven para reducir las oportunidades vitales de los individuos. Y, dado el oficio de uno, algo más: se me hace inconcebible el empeño de la izquierda –no sólo de ella, pero en España se lleva la palma en esto la izquierda- por destruir el sistema educativo, y su gusto por fabricar ciudadanos tan lerdos y comodones como reacios a todo esfuerzo; en las antípodas, por tanto, de toda utopía ilustrada. La última síntesis de localismo, antiilustración y complicidad con los más oscuros poderes que nos acosan, incluido cierto poder económico, puede verse en la nueva Ley de universidades que acaba de publicarse en el BOE. Por último, y aunque esto sea una manía estrictamente personal, los progres de salón me repatean tanto como los más rancios beatos o como aquellos señoritos del Movimiento de otros tiempos.
De ese tipo son mis reparos actuales, aquí y ahora, al PSOE e IU, sin desconocer ocasionales avances en la política social, como el que representa la llamada Ley de Dependencia, la cual, por cierto, se topa ahora con los escollos localistas que esos mismos partidos alimentan. Y por eso me parece dramática la situación y creo firmemente que quienes no renunciamos a las aspiraciones mencionadas estamos llamados en este momento a oponernos al presente Gobierno y a quienes interesadamente le bailan el agua. Para colmo del desconcierto, súmese a lo anterior el hecho de que una parte de la derecha, seguramente más por interés ocasional que por convicción, está apropiándose, al menos retóricamente, de algunos de esos objetivos que asocio con la izquierda. ¿Es esta una razón para echarse en brazos del PP? Para mí no lo es, pero sí para cargar las tintas con lo que entiendo como traición y engaño de la izquierda y con su creciente indigencia intelectual, y hasta moral.
Es fácil observar que existen dos tipos de caracteres que aquí vienen a cuento. Uno, el de quienes tienden a ocultar y pasar por alto los defectos más graves de sus familiares y amigos y reservan lo más pesado de su artillería para las taras de quienes les son completamente ajenos. Otro, el de aquellos que se duelen más de las carencias y errores de los próximos. Me cuento entre estos últimos y más de un problema me da ese talante -con perdón por la palabra-, incluso en la vida más íntima y familiar. Y algo de eso mismo es lo que me lleva a indignarme más con las tendenciosidades y manipulaciones de El País, y vuelvo así al tema después de tanto rodeo.
Me consuela poquísimo en este asunto el argumento del tu quoque, el que se aduzca que igual hacen los otros. Allá ellos. Lo que a mí me duele es que pase por izquierda este ZP que piensa en puros eslóganes, habla sin decir nada, no se guía por más interés que el electoralista y no repara en gastos para sus objetivos partidistas, ni siquiera ideológicos, pues ideología propiamente no se le conoce, salvo que rebajemos el vocablo a una lista de frases hechas y a un errático proceder en política interior y exterior -para muestra, el Sahara-; este ZP que adelgaza el Estado para dar gusto a los que en el Parlamento puedan apoyarlo hoy o mañana y pacta, o ansía pactar, con patanes sin escrúpulos y cuya consigna, vista desde el Estado en su conjunto, es profundamente insolidaria.
Por todo eso me parece lamentable que un periódico como El País, que es alimento espiritual de muchas personas que se sienten y se quieren progresistas, entre en ese juego y las prive –nos prive- del sentido crítico necesario para intentar reconducir el pensamiento político de los ciudadanos a una cierta normalidad, como mínimo. A eso tampoco ayuda el PP, desde luego que no, partido éste cuyos niveles de empecinamiento suicida y de incoherencia completan el cuadro perfecto del absurdo político en que vivimos; ni los periódicos de la derecha, por supuesto, embarcado cada cual en su batallita particular y muy interesada, y voraces jugadores del juego cainita dentro de sus propias filas. Allá se las compongan, pero, sea como sea, llega uno a la sorprendente paradoja de que a menudo le parezcan más cercanos y certeros los análisis de algunos columnistas de ABC, El Mundo y hasta La Razón, que la mayoría de los de El País. ¿O será que me he vuelto tarumba y ya no sé ni dónde tengo la mano derecha, ni la izquierda? En cualquier caso, si la izquierda son Zapatero, Llamazares, Madrazo u Otegui, a mí que no me esperen en ese lado. Y mientras El País les siga el rollo, un servidor, modestamente, continuará con su ojeriza y echando de menos un periódico progresista, crítico e independiente, incluso del Gobierno. O un periódico del que (o de cuyo dueño) no dependa el Gobierno. A lo mejor es mucho pedir.

6 comentarios:

tumbaito dijo...

¿Qué es el progreso?

Anónimo dijo...

Un día descubrí que era bético porque a los once años mi mejor amigo lo era. Otro día descubrí que era comunista porque cuando tenía veinte años la única organización que luchaba por la Libertad era el PC. Hace ya algún tiempo que si el Real Betis baja a Segunda o juega la "Champions" me es indiferente, y la lectura y los viajes me descubrieron "el socialismo real" (recomiendo leer "Tierra, Tierra" de Sandor Marai). O sea, me es indiferente ser de izquierdas o de derechas, no me es indiferente la "Reforma de la LOU" que ha hecho el Gobierno del Sr. Rodriguez Zapatero.

Lopera_in_the_nest

roland freisler dijo...

No, profesor, la igualdad ha de ser absoluta en lo material, 1) porque es posible, 2) porque el Estado puede y debe redistribuir por igual los bienes disponibles, 3)está poco meditado su argumento "... pero sin que en la línea de salida tenga más ventaja el que nació en una u otra cuna...", porque el cerebro , hoy por hoy, no es igual en las personas, por tanto, siempre partirá con ventaja, en la actual sociedad, el que tenga más materia gris. Y mientras eso sea así, es injusto.
En cuanto al tema de los gitanos y otras razas. El argumento falaz, de los falsos progres, el que también hay delincuentes entre nosotros y que también hay españoles de raza blanca que roban, hay que señalar que las críticas son porque aunque no todos los gitanos roban, ni los tal, ni los cual, que casualidad que roban a los mismos, al es pañol medio de raza blanca, es decir, los españoles de raza blanca que roban no roban a gitanos, ni a tal, ni a cual, sino a otros españoles , pero mira tu que los gitanos y los tal y los cual (salvo rencillas familiares de toda la vida que acaban como el rosario de la aurora)sólo atacan y depredan a los españoles de raza blanca, de ahí las críticas, nunca leemos en la prensa atacado el chalet del gitano tal (y los tienen)o secuestrado exprés el hijo del gitano cual (creo recordar sólo UN caso del hijo de un traficante gitano y debía ser merchero más bien)u oleada de hurtos en los bolsos de las gitanas de tal lugar... ¿Qué pasa que no hay gitanos, rumanos, kosovares,moros, negros, etc...a quien robar? Miren como con los chinos no hay problemas, están a su rollo, su trabajo,sus estudios, "sus mafias", no dan ruido ni al morirse. Y vuelvo a repetir que hay gitanos, negros, etc... extraodinarios como personas y con mejores sentimientos y valores humanos que yo, sin duda, pero es la explicación que yo veo a ciertos "brotes" sociales.

Antón Lagunilla dijo...

Apreciado Garcia Amado:
Es curioso que, cuando critica ud. a El País (con argumentos de peso, hay que decirlo), su amigo considere que "siempre dispara para ese lado". Y me refiero al término "disparar": ¿porqué una crítica seria se percibe como una agresión?. Lo lógico sería que le preguntara por qué critica sin razón suficiente, o que rebatiera las razones de la crítica, pero no el mero hecho de criticar.

La cuestión de si El País, o El Mundo, o ABC, o La Razón son o no buenos periódicos`dependerá de lo que entendamos por un buen periódico, especialmente cuando sabemos que la información pura no existe (no hay información, sino opiniones sobre aquello de lo que se informa; se oculta o deforma la información según las opiniones, y a veces se aprehende mejor la realidad no por aquello de lo que se informa, sino percibiendo aquello de lo que no se informa).

Personalmente, valoro los medios de comunicación según varios parámetros, entre los que quizás predomine la forma en que intentan controlar la actuación del poder, sea económico, político o de cualquier otra naturaleza, pues considero que el control del poder es lo que posibilita que los ciudadanos crezcamos como tales, y no como súbditos. Y por ello mi crítica a El País se fundamenta también en su complicidad con el actual Gobierno, es decir, en el abandono de lo que debe ser, a mi juicio, la función principal de la prensa: el control del poder mediante la información y la crítica públicas.

Aborda ud. también el concepto de izquierda, desde la experiencia de su propia trayectoria personal, tan comùn a tantos de su generación (o de la mía, no tan lejana). La cuestión es importante, pero temo alargarme en exceso. Solo algunos apuntes.

1. No creo que sea muy útil el uso de términos tan indefinidos como "izquierda" o "derecha". Son conceptos, además, no unívocos, especialente el de "izquierda" (calificamos como tal al anarquismo, el comunismo y la socialdemocracia, entre otros, cuando se trata de ideologías profundamente distintas, y aún enfrentadas abiertamente).

Es cierto que, por ahora, no disponemos de otros términos equivalentes, pero ello no debería preocuparnos demasiado: es preferible no tener etiquetas, a utilizar etiquetas que nada definen. Además, ello nos obligaría a pensar en los contenidos deseables de la acción y de las propuestas políticas y/o ciudadanes (lo que, a su vez, como ud. bien sabe, requiere pensar globalmente el mundo), sin preocuparnos por las etiquetas, lo que redundaría en una mayor libertad de pensamiento.

2. Desde Marx, los términos izquierda-derecha no ha sido sino la expresión de la antinomia socialismo-capitalismo. ¿Qué es el socialismo hoy, sino un hermoso cadáver, por más que muchos aún lo añoren como se añoran nostálgicamente la juventud o los sueños utópicos ?.

3. Aprendamos de todo y de todos, también de la historia, también de las luchas por la utopía socialista. Pero que ello no nos impida pensar el mundo, este mundo.

4. Debemos asumir que ZP y el PSOE (y, por supuesto, Izquierda Hundida) no solo no tienen nada que ver con la izquieda, sino que son enemigos de los valores y de las ideas que, aquí y ahora, vale la pena defender: las que permiten avanzar hacia una sociead más justa, más igualitaria y más libre, entre ellas las que expone ud. en su entrada de hoy.

Anónimo dijo...

Querido profesor, claro que es sano "disparar" para el lado que a uno más le "duele", pero es útil en los tiempos que corren? seguramente por su formación e inteligencia me podría dejar sin argumentos. Prefiero aunque no me gusten un pelo, que me sigan gobernando los que aprueban leyes sociales y no los que lo social les importa una nada. De todas las maneras los que nos gobiernan, casi siempre salen de las Universidades, verdad? y digo yo ¿no forma usted parte del sistema educativo de este País? Claro pero no se puede ser un muy buen docente y trabajar para uno en proyectos y cosas que nos de dinero, perdón yo no tengo ni puñetera idea, si lo que ustedes hacen es investigar. No se queje tanto de lo mal que lo hacen los demás y piense que hay mucha gente que también pensamos que donde hay que formar a la gente y donde la gente tiene que ser de verdad es en la Universidad y no dar sólo clases, que no dudo serán buenas, pero sin ninguna idea para que piensen por ellos mismos, y el que no pueda pues que se dedique a otra cosa, hay mucha gente que no es universitaria y no pasa nada, pero hay que sacar licenciados como churros, sean o no sean buenos para que no nos cierrres el chiringuito.... Un poquito más de autocritica querido PROFESOR.

rafael antuña dijo...

Como siempre, nuestro querido catedrático habla con pasión y con razón.
Por mi parte solo quiero trasmitir una vivencia personal.
EL PAIS estaba considerado, con grandísima diferencia, el mejor y más moderno periódico de España, sin perjuicio de que su tendencia ideológica era la que era.
Era de lo más normal que cualquier persona interesada en informarse a fondo, aunque fuese totalmente cerrada de derechas, llevar EL PAIS entre sus periódicos... La cosa empezó a cambiar a raiz de muchos excesos en la epoca de Felipe González (tema GAL p.ej.).
Pero la situaciòn actual es increíble y desmoraliadora para todos aquellos que creemos en EL PERIODISMO con mayúsculas: el que fuera uno de los mejores diarios de Europa, es hoy un vehículo para la desinformación y la manipulación objetiva.
Pero claro, que se puede esperar si su "dueño" Sr. Polanco dijo lo que dijo en la última jutna de accionistas...
Es algo MUY NEGATIVO para todos, pues una buena prensa es necesaria siempre en un pasi moderno.
Y no estoy hablando de los demás medios, no estoy comparando, HABLO DE EL PAIS EN SI MISMO, que es lo que se hace con un gran medio de comunicación, no hay que compararlo con nadie.
saludos